De Madrid a Nápoles, pasando por París, Ginebra, el Mont-Blanc · Capítulo real 6 de 9
CAPITULO X
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 80 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
CAPITULO X.
ROMA.
Roma á lo lejos.— La campiña de Roma.— Entrado en la ciudad eterna.
«5 de diciembre de 18CO.
Las primeras palabras que ha pronunciado Jussuf esta madrugada, antes de darnos los buenos dias y de avisarnos que ya estaban enganchados los caballos , han sido para dirigirnos la siguiente pregunta :
—Roma ¿ estar Francia ?
Y al hablar de esta manera, demostraba una indecible alegría. —¿Por qtíó te ha ocurrido eso? le interrogamos nosotros. —Escuchar, repuso el marroquí.
Y tendió la mano y aplicó el oido hácia la calle.
Pusimos atención , y percibimos un confuso rumor de cornetas y tambores, que recorría las calles de Yiterbo.
— ¡ La diana de los franceses l esclamó el moro. / Y estar diana de guerra, como en Argel!
Nosotros nos echamos á reir y le hicimos comprender al africano en qué forma y de qué manera un ejército francés ocupa una parte de Italia.
— Es decir, ha concluido el moro: Roma no estar en Francia; pero Francia estar en Roma.
—Como quieras. El hecho es que nosotros estamos hoy mas lejos que ayer de las fronteras de Francia , y que el camino que seguimos no es de seguro el mas corto para llegar á París.
Sin otra novedad , hemos entrado en el coche y continuado nuestra marcha.
Al salir de Yiterbo, vemos hácia el oriente una faja de luz que marca el limite del horizonte entre el nublado cielo y la tenebrosa tierra.
¡10 DE MADRID A ÑAPOLES.
I Es la aurora del gran día! II wc dies quam fecit Dominus...
Kscusado es decir que la diana de guerra con que los galos me han anunciado el amanecer del día de mi entrada en Roma, me ha hecho , cuando menos, tanto erecto como á Jussuf. . . aunque no tan agradable.
De Viterbo hasta Imposta , donde mudamos tiro , vamos siempre subiendo.
A poca distancia de Imposta llegamos á la cumbre del Monte Cimino , que se alza 1 ,000 metros sobre el nivel del mar.
El sol ha logrado romper las nubes. La niebla empieza á levantarse. El suelo está nevado en cuanto alcanza nuestra vista.
Dentro de poco , cuando aclare completamente el dia , descubriremos á nuestros pies toda la campiña de Roma.
Ahora no distinguimos mas que muchas rocas volcánicas en torno nuestro; y hacia la derecha, el lago de Vico , que ba sustituido al cráter de un volcan; y en torno del lago, selvas nacidas en las laderas que inundó la lava; y por todas partes... soledad, devastación y tristeza.
¡Oh! ¡Qué tragedias tan horribles encuentra aquí la imaginación en el mismo silencio de la historia !
Hay quien dice , por ejemplo, que cuando el lago de Vico está compleraentemente sereno, se ven en su fondo las ruinas de una ciudad...
¡Quién sabe!
Pero el horizonte se despeja... Llegó el momento...
Hé allí la Campiña de Roma vasta y desierta llanura , interrumpida por leves ondulaciones del terreno*!...— Hé altf los Montes de Albano , mas distantes de nosotros que la Ciudad eterna ! . . .
¡El cielo que vemos es, pues, el de Roma!— Roma se halla dentro de n uestro horizonte sensible.
— Allí está Roma: pronto la verán ustedes... nos dice en esto el poslillon, señalando con su látigo á una de las aplanadas colinas que rizan la monótona estensión de la comarca á que bajamos...
— ¡Allí está Roma} repelimos nosotros, armados de nuestros anteojos de campaña ; pero sin distinguir todavía la ciudad de los Césares...
Asi dejamos atrás á Ronciglione, las ruinas de la ciudad de Svtriy el lugarejo del Monterosi; asi continuamos todavía una hora, anhelantes, respirando a penas, y lamentando que no se hallen á nuestro lado todos los seres que anuimos en el mundo, para poder repetirles, señalando á aquellas colinas: ~-\Atlí está Roma\
Hemos bajado á la Campiña : avanzamos por ella. . .
Tenemos á nuestra derecha el lago Bracciano , en donde hubo otro cráter, y cuyas aguas cubren seguramente la antigua ciudad de Sabata , que se asentaba en sus orillas...
Allá , á lo lejos, íluyc un ancho rio...
Será el Tiber...
1>K MADRID A NAIMH.KS. SI I
Kl pais es cada vez mas árido , mas melancólico. La nieve se ha derretido en las aplanadas lomas, descubriendo una tierra desnuda, estéril, muerta, que parece el esqueleto de un mundo.
Después de pasar por liaccann, donde mudamos tiro por penúltima vez, llegamos a un punto en que dominamos todas las colinas sucesivas, y en que se despliegan á nuestros ojos los redoblados rizos del terreno...
Alta se ven las montañas de la Sabina; allá Tibali; mucho mas lejos Frmrafi...
Estamos á cinco leguas de Moma. ¿Y I\oma?
Roma se oculta todavía... |Oh, no! — illélaallí!
Hé allf la Cúpula de San Pairo , que surge detras de una colina...
I Salud á Koma cristiana 1
Nada mas se vó... pero esa cópula lo dice todo.
Esa cópula es la corona de la reina del mundo católico; es la gran liara que ciñe la frente de la ciudad de San Pedro; es la Iglesia que so nos aparece en el espacio para que no olvidemos que la Roma mística, la metrópoli del catolicismo, el templo de las almas se eleva magesluoso sobre los hundidos alcázares de la gentilidad.
Nosotros devoramos con la vista aquella gigantesca mole bajo la cual se halla el trono de los Papas ; aquella obra prodigiosa que hubiera bastado á la gloria artística de una civilización ; aquella maravillosa creación de Miguel Angel, digna de coronar la basílica que heredó la primacía ta bis el orbis.
Y nada mas vemos de Roma.— El resto de la ciudad inmortal permanece oculto detrás de una árida cima.
La cópula de San Pedro parece suspendida en el aire ; y es que las abiertas ventanas de la galería circular en que descansa la bóveda, se corresponden de tal modo desde nuestro punto de vista , que percibimos la luz y el cielo al través .de la calada rotonda. — Nuestras miradas han penetrado ya, por consiguiente, en el interior de la catedral pontificia.
Esta aparición dura algunos minutos. Al cabo de ellos, escóndese también la cópula detrás de un montecillo.
En cambio empezamos á ver á uno y otro lado del camino (el camino que seguimos en la autigua via Cassia), cimientos y escombros de villas ó quintas, cuyos óllimos moradores murieron hace mas de mil años.
Viniendo de la derecha , se nos acerca un dilatadísimo acueducto , que al cabo empareja con la via Cassia , á cuyo lado sigue paralelamente hácia Roma.— Es el acueducto Trajano, llamado hoy Acqua Paula, que lleva todo un rio á la cumbre del Monte Janiculo.
A la izquierda pasan:os cerca de una aldea compuesta de pobres cabañas de pastores, llamada ¡sola. — Es lodo lo que queda de la famosa Ve'ies , de la gran ciudad etrusca; de la rival de Roma, á quien eclipsaba por su belleza y poderío.
312 DE MADRID A ÑAPOLES.
En la Storta mudamos tiro por la última vez.
Son las doce... Estamos a dos leguas de la Puerta del Popólo, por donde entraremos en la cúrle de los Papas.
Sigue reinando la soledad sobre la muerta campiña. Nada nos revela que estamos próximos á una gran capital. — La multiplicación de las ruinas nos dice claramente que nos acercamos á Roma.
Pasamos cerca de unos hundidos muros... — Es la villa de Ovidio.
Allá se vé un destrozado mausoleo. Llámase vulgarmente la Tumba de Afro».— Es el sepulcro de Publins Vibius Marianus.
Bifurcamos una gran carretera... — Es la Via Flaminia.
Llegamos á las orillas do un amarillento rio , y lo pasamos sobre un magnifico puente... — ¡Es el Tibcrl
El puente se llama hoy Ponle-Mollc.—VLdM dos mil años se llamaba Pons Milvius.
En él detuvo Cicerón á los embajadores de los Alobroges , de aquellos otros hyos de Saboya. En él venció Constantino, después de haber visto la Cruz en los aires, al feroz tirano Magencio, que se ahogó en esas aguas. En él se defendieron bélgicamente los romanos, mandados por Garibaldi , contra el ejército francés que destruyó la república de Roma en 1849...
j Salud al Tiber! — No: no fue en esas aguas donde se ahogó el tirano Magencio : fue en otras que pasaron: y \ cuántas han pasado desde entonces I
Nuestro Quevedo lo ha dicho, contemplando estas ondas: — mientras que los alcázares y los templos se hunden y desaparecen,
lo fugitivo permanece y dura!
Las colinas se suceden también como las olas. La tierra sigue siendo un páramo silencioso. La ceniza de tantas generaciones ha convertido en un cadáver á la fatigada naturaleza.
jPero qué fúnebre respeto, qué solemnidad, qué severa melancolía trasmimite al alma este desierto donde ha existido un mundo I
Ya volvemos á ver la cúpula de San Pedro...
Ya descubrimos algunas torres...
Ya divisamos unos montes cubiertos de pinos y cipreses...
Todo esto sale de entre unos valles en que queda escondida Roma, como las antiguas necrópolis.
Mi corazón se calma y se engrandece , poseído de una santa tristeza , cual si estuviese á la vista de un mudo cementerio.
I Roma I dice monótonamente una religiosa voz en lo intimo de mi alma. \Roma \ repiten maquinamienio mis labios,
Y el cúmulo de mis pensamientos, de mis recuerdos, de mis emociones, me abruma de tal modo, que no acierto á Ajarme en ninguna idea, á pronunciar otra palabra.
Un poco antes de avistar las murallas cuyo lugar marcó el arado hace 2615
DE MADRID A ÑAPOLES. 5IJ años, pasamos por delante de algunas casas de campo y de la suntuosa villa liorgliexxe...
El camino que seguimos está mas bajo que la ciulad, de modo que entraremos á ella sin abarcar su panorama, casi sin haberla visto. — Solo divisamos la
t¡H DE MADRID A ÑAPOLES.
cumbre de algunas de las famosas Sicle colinas, pero no las mas habitadas, y de ningún modo los campos en que se asienta la población de hoy.
Son las dos de la tarde, lié allí los muros de la ciudad de Rómulo... lié allí por un momento la inmensa mole de la Basílica de San Pedro, el soberbio Castillo de S. Angelo, los altos jardines del Pincio...
lié aquí la Purria del Popólo!
Al acercarme a ella, mi corazón lato violentamente. — Todos callamos... — Vamos á entrar en la ciudad dos veces reina del universo; en la capital del paganismo y del cristianismo ; en la morada de los Osares y de los Papas ; en la fuente de nuestro idioma; en la metrópoli de los pueblos latinos; en el centro de la historia ; en el emporio de las Artes ; en el santuario de la autoridad ; en el Jordán de todos los pecados; en la última posada de los peregrinos
Por eso, al pasar bajo el arco de la Porta del Popólo, descubro reverentemente mi cabeza , sin acertar a formularme de otro modo la profunda emoción de mi espíritu, que con estas sencillísimas palabras, que valen tanto como el mejor discurso:
—¡Roma! ¡Roma!
II.
Primeras impresiones.— Roma en el siglo.
R(vma4;K «le diciembre de 1Kfin. - Hotel d-Euroj*,— a In hnrn mute i ítet.
Inolvidable amigo :
Al despedirnos hace cuatro meses en la estación del ferro-carril del Mediterráneo, vecina á la que fue puerta de Atocha en esa villa y corte, me exigiste que te dedicara mis impresiones en ¡toma , ó por mejor decir, que te escribiese una carta diaria dándote cuenta de mis observaciones y pensamientos en esta gran ciudad , cuyo presente , pasado y porvenir tanto le interesan , como buen católico, ajKXstólico, romano que eres por tu fortuna; y yo, según verás en su día, he ido mas allá de tu amistosa exigencia, sin mas que ceder á los impulsos do mi corazón , y te he dedicarlo desde el principio la relación de todo mi viaje de Mwlrid á Yapóles, evocando tu recuerdo al empezarla y teniéndolo presente sin cesar... Pero al llegar a este punto y hora , punto de nuestra cita y ¡tora del emplazamiento de nuestras almas, quiero atenerme estrictamente á tus prescripciones, y abandono el hilo de mi narración (que hasta ahora ha sido, como si dijéramos, un monólogo dirigido al público, aunque encaminado á ti), para entenderme contigo inmediata y familiarmente, con auxilio del correo, no sin suplicarte, y perdona la advertencia, que reúnas y conserves como oro en paño todas las cartas que te envié, pues ellas me han de servir mañana ó el otro para dar cuenta á mis lectores de mi estancia y contemplaciones en la ciudad de Rómulo y Remo.
DE MADRID A ÑAPOLES. 5t5 Con que basta do prólogo.
Es, pues, el caso, mi querido amigo, que hoy á las dos de la tarde, con tiempo nevoso y en compañía do Caballero y Jussnf , ho llegado á las puertas de Roma... ¡de Roma, cuyo solo nombro habrá hecho latir tu corazón al leerlo en la fecha de esta carta! — Por ahí podras figurarte lo que habríi pasado en el mío (súplase corazón) al escribir por primera vez una tal fecha (que ya te esplicaré), y sobro todo al cruzar hace' pocas horas bajo el arco monumental do la Puerta del Popólo.
Tú me conoces: omito, pues , reflexiones y comentarios, y voy directamente á los hechos.
La Porta del Popólo quiere decir on español la Puerta del Alamo , puesto que popólo significa indistintamente , como el popnlus latino , álamo y pueblo, y el popólo en cuestión (que los franceses traducen peuple en lugar de pmplier) proviene de unos álamos que circuían el Mausoleo do Augusto, próximo á aquel paraje.
Como quiera que sea, la Porta del Popol-o ha venido á reemplazar á la antigua Porta Vlaminia, habiendo sido dibujada por Miguel Angel en estilo dórico, y levantada con verdadera magnificencia.
Por aquella puerta se entra en la famosa plaza del mismo nombre , soberbia antecámara de la gran metrópoli, muy superior á todo lo que se encuentra . después.
La Plaza del Popólo forma una inmensa elipse. En el fondo de ella se levantan dos iglesias gemelas , coronadas por altas cópulas que se dibujan en el cielo. De estas iglesias , que son Santa Marta di Monte Santo y Santa Marta dei Miracoli, arrancan divergentemente tres larguísimas calles. La calle de en medio, que se abre entre los dos templos, frente por frente de la Puerta del Popólo , es el célebre Corso , la gran arteria de Roma , su boulevard, que dirían los franceses, por el cual se va rectamente al Capitolio. La calle de la derecha, Via di Ripelta , conduce al Tiber, á San Pedro, al Vaticano. La calle de la izquierda, Via del Babuino, por donde nosotros hemos tomado, pasa por la Plaza de España, donde vivo y te estoy escribiendo, y conduce al Qnirinal.—\Qué nombres 1
En medio de la Plaza del Pojólo se alza un arrogante Obelisco de 1 1 2 pies de altura y do 3,500 años do edad, traído de IIelió|)olis á Roma por Augusto para que adornase el Circo Máximo , y trasladado por Sisto Y al lugar donde hoy se halla. — He aquf la historia del mundo cifrada en las aventuras do un pedazo do granito.
Hace dos mil años llegan los romanos á Egipto ; encuentran un mundo, una civilización , una religión agonizantes ; ven este monumento (cubierto de gerogllficos no traducidos todavía) á la puerta de un templo en quo se adora al Sol; lo arrancan de su base y lo trasportan á las orillas del Tiber; aquí presido las fiestas del imperio y asiste á la muerte de otro mundo , do otra civilización , do otra religión, que también agonizaban; y hoy, es decir, ayer, hace tresciontos
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años, un pontífice de otra religión saca el obelisco egipcio de entre las ruinas de la Roma de los Césares ; lo levanta sobre un pedestal adornado con cuatro leones , que son otras tantas fuentes de agua cristalina , y lo corona con la cruz. — Asi está hoy , destacando su gallarda mole y el signo de la Redención sobre la faja do cielo delimitada por el Corso. — ¿Cuál será su porvenir?
Yo creería que estos obeliscos simbolizan el tiempo , por el cual pasan también, como frágiles olas ^generaciones, razas, pueblos y religiones.
En los hemiciclos que forma la plaza se ven columnas , estatuas y fuentes monumentales.— Una de estas fuentes representa á Roma, alzándose sobre una Loba que da de mamar á Itómuto y Hemo.—k la izquierda se descubren las grandiosas rampas que suben al Monte Pincio, paseo favorito de los romanos, al cual se dirigían ea aquel momento centenares de carruajes : finalmente, cerca de la puerta se halla la iglesia de Santa María del Popólo (y con esta son tres las que encierra la plaza), uno de los templos mas frecuentados por los devotos y por los, viajeros.
Todas estas cosas las he observado con algún detenimiento , á causa de haber tenido que parar la silla de posta en aquel magnifico peristilo de la ciudad por antonomasia , mientras que los empleados de las aduanas pontificias mantenían con Caballero un amistoso diálogo acerca de nuestros pasaportes y nuestros equipajes.
Ya era tiempo : hasta aquel instante no habíamos tropezado con la frontera romana, lo cual me traia muy preocupado; pues no había acertado á discernir si semejante abandono favorecería ó impediría nuevas invasiones.
Por lo demás , el diálogo de mi amigo y de los aduaneros terminó en una moneda de plata , medíante la cual nuestras maletas han permanecido cerradas y nuestros pasaportes se lian ilustrado con una nueva nota.
—¡Felice [osla! nos dijeron por último aquellos pobres hombres quitándose el sombrero hasta los pies.
Y esta frase redobló los latidos de mi corazón , puesto que me hizo pensar en que pasado mañana es Noche-buena , y en que el dia primero de Pascua asistiremos á la misa solemne que dirá el Sumo Pontífice en la Basílica de San Pedro.
Con esto, penetramos por la Via Babuino, en la cual mis ilusiones se espantaron y estuvieron á pique de volar al cielo ; pero yo estaba preparado de antemano contra semejante sublevación , y logró retenerlas dentro de mi alma.
La desilusión provenia del aspecto vulgar de la dicha calle ; del aire moderno , europeo , insignificante de las casas ; del corte parisién del traje de los transeúntes ; de ver faroles de gas en las esquinas , chimeneas de hierro sobre los tejados, tiendas como las de Madrid y aceras como las de Guadix... esto es, falta de acoras...; y finalmente, de no tener tiempo, mientras era llevado á escape, de reparar, como he reparado después, en que estos edificios, estas gentes, estas tiendas y estos trajes, no carecen de cierto sabor particular á romanos.
En cuanto á los argumentos de que me he valido para apaciguar mi imaginación, luu sido los siguientes;
DE MADRID A ÑAPOLES. 317 — Las ciudades, como las personas tienen cuerpo y alma. El cuerpo se conoce á primera vista... , y no siempre: para conocer el alma es necesario el trato. — Sócrates, considerado materialmente, era un hombre de vulgarísimo aspecto: estudiado durante una larga conversación, resultaba un ser estraordinario. — Conversemos , pues , con Roma ; tratémosla , y ya aparecerá su genio ; ya encontraremos su alma.
La única cosa notable que encontró en la Via Babuino fue la iglesia católicogriega de San A tanasio.— Después entré en la Plaza de España , acaso la mas bella de la ciudad , bajo el punto de vista moderno.
Esta plaza, irregular y prolongada, toma su nombre del Palacio de la embajada de España , que se levanta en ella.— En cuanto al palacio, es propiedad nuestra, como otros varios edificios y algunas iglesias de Roma.
España, á los ojos del Pontificado, es mas que una potencia de primer órden: es, quizás, la primera potencia del mundo; la mas respetada, la mas querida, la mas necesaria... quiero decir, la mas útil... — y no esceptúo ni á la Francia.
No hace todavía mucho tiempo, nuestros embajadores tenían jurisdicción casi absoluta sobre toda esta parte de Roma , y disponían de cierta fuerza armada con que mantenían el órden en el que pudiéramos llamar su barrio y se hacían respetar de los barrios circunvecinos. — Kl conserge del palacio, personaje importantísimo, mandaba aquel pequeño ejército. — He todo esto queda muy poco, casi nada; pero la consideración y el respeto hácia la nación que da nombre á esta plaza, subsisten todavía.
Al principio de la Plaza de España , por su parte mas angosta, arranca una anchísima y larga escalera que conduce á la iglesia de Santa Trinitá de Monte.
Al pie de osla escalera hay una singularísima fuente , que no es sino una canoa de mármol (la Barcaccia), obra del famoso Bernini.
Las principales casas de la plaza son magníficos hoteles, ocupados siempre, — menos el verano , — por viajeros de todo el mundo.
Entre los hoteles se levanta el gran Colegio de la Propaganda , ricamente dotado por los Papas, á fin de albergar en él , como alberga, un gran numero de jóvenes impíos, idólatras y herejes de todas las partes del mundo , á los cuales se da allí educación católica y se los confieren las órdenes sagradas, después de lo cual son devueltos á sus paises respectivos en calidad de Misioneros.
Dicho se está que en el Colegio de la Propaganda se hablan casi todas las lenguas del mundo ; pero el latín es, como si dijéramos, la oficial. — No obstante , dos veces al año se celebra allí una sesión pública en la que los colegiales recitan poesías en mas de cincuenta idiomas y dialectos diferentes.
En frente del palacio de nuestra embajada, se levanta el monumento recientemente erigido para conmemorar la definición dogmática de la Purísima Concepción de la Virgen. El monumento consiste en una gran columna , muy desgarbada por cierto, coronada con la ostatua do María.— Como quiera que sea, me alegro mucho de que el gobierno papal haya escogido el cuartel español para rendir este homenaje & la Patrona de las Expañas, á quien tantos altares hemos
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levantado todos cuando niños (á lo menos asi se hacia en mi país y en mis tiempos) , venerándola bajo la advocación de Patrona de las escuelas.
Por último , en la acera opuesta al Palacio de España, se encuentra el Hotel d'Europe, en cuyo patio echamos pie a tierra, no sin esperimentar una nueva emoción al fijar por primera vez la planta en el suelo de Roma.
Toda esta parte de !a ciudad es la que se llamaba antiguamente Campo Mareta (Campo de Marte).
Era la hora veinte y una; quiero decir, eran las dos y media do la tarde...
La plebe romana cuenta todavía las horas hasta veinte y cuatro, con arreglo al antiguo Cuadrante italiano, tomando por punto de partida el ocaso del sol, que marca el fin de la vigésima cuarta hora. — Entonces suena el Ave-Maria ó sea el toque de oraciones , y principia un dia nuevo para la ciudad de los siglos. . .
Era, pues, la hora veinte y una : entregamos nuestros pasaportes al dueño del hotol , a fin de que nos sacase el permiso de la policía para permanecer un mes en Roma; nos instalamos en confortables habitaciones ; nos compusimos un poco, como dicen en mí tierra; almorzamos ligeramente, sin omitir los indispensables maccarroni , y nos echamos á la calle , cada uno por su lado, á despachar algunos urgentísimos asuntos particulares , que yo me permití calificar de prévios.
Quería decir con esto , que en el programa de mi primer paseo por Roma (que ha durado dos horas y media, y del cual he vuelto hace algunos minutos), no entraba ni por asomos el propósito de verla ó estudiarla , sino por el contrario , una firme resolución de andar por ella indiferentemente , como si fuese una insignificante capital cualquiera , mas atento á mis quehaceres que á lo que encontrara al paso, y dejando para mañana mi visita solemne, oficial (perdonadme esta figura), á la insigne ciudad reina do las edades, — visita que principiaré, como buen cristiano que soy , por la Basílica de San Pedro , donde descansan las cenizas del Santo Apóstol cuyo nombre me pusieron en la pila del bautismo.
Salí , pues , á la calle , dejándome en el hotel la poesía , la devoción , la curiosidad, el respeto... (casi toda el alma!... y empecé á andar de una parte para otra, de incógnito á mis propios ojos , ó por mejor decir, huyendo y recelándome de mí mismo , y precedido de un criado de la fonda, que tenia órdenes terminantes de conducirme seguidamente y sin rodeos á la posta ,al telégrafo, á casa de un sastre, á una guantería , á un gabinete de lectura, á una tienda de objetos de escritorio, á una zapatería, á un despacho de tabaco, á un puesto de libros y á un almacén do cuerdas de arpa.
De la Plaza de España salimos al Corso por la vía Condotti.
En la via Condotti he visto las fachadas del convento español de la Trinidad, (órden fundada para la redención de cautivos,) del palacio de los Caballeros de . Malla y del palacio del duque Marino Torlonia ; muchos aparadores de riquísimas platerías y do almacenes de camafeos y mosaicos, (establecimientos que no tienen rivales en el resto del mundo y quo dan la norma del gusto en materia de joyas al mismísimo París;) la puerta del Cafe Greco, dentro del cual acostumbran
DK MADRID A ÑAPOLES. HVJ á reunirse todos los dias mas de una vez los veinte ó treinta jóvenes españoles, pensionados ó sin pensionar, que estudian las bellas artes en Roma (entre los que tengo yo algunos amigos , que ya iré á buscar allí); la muestra de la Tratíoria de Lepre, donde comen generalmente esos jóvenes artistas, y cuya historia conozco hace mucho tiempo; y en fln , otras muchas tiendas y fondas de las mas principales de la ciudad.
El Corso , el célebre Corso , del que habrás oido hablar muchas veces á propósito del renombrado carnaval de Roma , empieza , como vimos , en la Plaza del Popólo. — Por la vía Comlotti salí casi á la mitad de él.
En aquel momento reinaba allí una grande animación. Centenares de carruajes cruzaban en todas direcciones. Algunos de estos carruajes eran enormes ó iban tripulados al esterior por un cochero y dos lacayos vestidos de encarnado, con sombreros de tres picos, y provistos de inmensos paraguas también rojos : en el interior distinguía graves personajes vestidos de púrpura , acompañados de otros, no tan graves, vestidos de morado: eran cardenales y obispos; eran quizás las autoridades de Roma ; alguno de ellos pedia ser el ministro de la guerra (que aquí se llama de las Armas) ó el gobernador civil (Monsújnor Gobernalore) ó tal vez el mismo cardenal Antonelli...— Me dió miedo sin saber por qué.— En otros carruajes iban gentes de diferontes hábitos, que yo no sé distinguir todavía, llevando á la parle de afuera criados de rarísimos uniformes. La servidumbre de los paisanos y de las señoras que se dirigían al Pimío en lujosas carretelas, ostentaba también grandes libreas , cancillerescos sombreros, solemnes atributos. — Todo respiraba, en fin, en la gente que no iba á pie , categoría y ceremonia. — Muy raro ha sido el tren liso y llano que he encontrado; raro el jóven á caballo ; mas raro todavía el impertinente lechuguino que regía por si mismo su carro... inglés. — Iba á decir romano.
A pesar de no haber salido hoy con ánimo de observar , he Qjado ansiosamente mi atención en cuantas personas he encontrado en mi camino, y he pedido á sus rostros un reflejo del antiguo pueblo romano. Y la verdad es que he notado muchos caractéres clásicos en casi todas las fisonomías. Los hombres de la clase pobre , con sus capas de color, sus sombreros de ancha ala y alta copa puntiaguda , su calzón corto , su faja , su cara aguileña , sus ondulantes cabelleras y magníficas barbas, me han infundido cierto respeto. Los grandes señores parecen retratos de la Edad-Media. Las damas principales, severas, pálidas y grandiosas, tienen algo de las matronas romanas. Pero las que sobre todo me han sorprendido é interesado han sido las plebeyas, recias y altas, con su abundante y hermoso pelo, su noble nariz, sus puros dientes, su voz viril y sonora y aquella magostad del andar, que recuerda las procesiones de los bajo-relieves, ó aquel soberano reposo , que hace pensar en las cariátides.
También me han chocado estraordinariamente unas singularísimas calesas, de que he visto muchos ejemplares en el Corso. Lié aquí su estructura. A un lado, esto es, de la proximidad de la rueda izquierda , se alza , como un abanico abierto, una rama de árbol, forrada de tela pintada al oleo. Este abanico se ahue-
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ca un poco , inclinándose hacia dentro , hasta formar una especie de concha, bajo la cual se alberga un hombre, sentado sobre ocho toneles de vino , con que va por
Mujer de la eampifia de Roma
la ciudad surtiendo las casas y las tabernas. Para que todo sea raro en este vehículo, oí caballo que lo conduce lleva al margen, es decir, sujeto á uno do
DE MADRID A ÑAPOLES. 521 los lados del arnés , un haz de heno , del cual , al par qne marcha , puede ir comiendo y come... solo con un volver de cabeza.
Entre las campanillas que penden del euello del caballo se ve siempre una gran medalla que representa á la Madonna... — ¡ Estraña devoción 1
Todo esto he visto en el Corso , y además muchas tiendas de pinturas y esculturas (bastante malas), copias de los primeros prodigios del Vaticano, hechas indudablemente por tanto y tanto artista de remotos países como viene á estudiar y á morirse de hambre á Roma.
jOh!... cuantos heroicos poemas de amor al arte habrá detrás de cada una de esas audaces y desacertadas copias!
Esto me hace pensar en nuestro inmortal Ribera , alimentándose de los mendrugos de pan que sobraban de borrar y corregir dibujos en el taller de sus maestros.
Y Ribera llegó al fin. .. Pero ¡cuántos morirán en el camino l
Aparte de estos almacenes de desdichas peculiares de Roma, veo otros muchos , abundantemente provistos de los comestibles , ropas , muebles y demás erectos que son comunes en [toda Europa . . . Por cierto que he entrado en uno á comprar cuerdas de arpa , creyendo haberlas visto en un aparador, y me he encontrado con que allí no se vendía otra cosa que fideos... de diferentes gruesos, eso sí!.. — y do aqui mi lamentable error, que ha hecho reir mucho á toda una prole romana.
En cambio , me ha dicho :
—Cuerdas de arpa... las encontrará usted cerca de la Columna de Trajano. 1 Y si vieras con qué frescura me daban estas señas 1 — ¡ La columna de Trajano convertida en accesorio de unas cuerdas de arpal meditó yo: creo que mi hermana me agradecerá el regalo.
Y me acordó de aquel diccionario que decia :
NAPOLEON. — s. m. Pieza de cinco francos.— También hubo un emperador de este nombre.
Humildísima vas encontrando esta carta para escrita en la ciudad eterna... ¿no es verdad, amigo mió? Pero ten presente que hasta ahora no he hecho mi entrada solemne en Roma, y que al salir hoy á la calle me había dejado en el hotel todo lo que tengo de poeta y de artista, por poco que ello sea. — Veras cómo mañana es otra mi manera de ver á Roma y muy dilerente la entonación de mi estilo.
Con que volvamos al Corso.— El Corso , á pesar de su fama, no es sino una insignificante calle recta, angosta, muy larga, sin árboles, pero con aceras (|Cosa rara!), interrumpida por la Piazza Cotonna, que se encuentra á su mitad, y adornada de cinco ó seis iglesias y de muchos palacios, algunos de ellos interesantes y hermosos.
En la Piazza Colonna , donde se encuentra el telégrafo eléctrico , no he podido menos de ver la Columna Anlonina que se levanta en medio de ella y que le da nombre.
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Aquel solitario monumento fue erigido donde mismo se halla (antiguo Foro de Antonino), para celebrar las victorias de Marco-Aurelio,— cuya estatua lo coronaba.
Hoy lo corona una efigie de bronce dorado que ropresenta á San Pablo.
La columna mide 103 pies de altura; tiene una escalera interior de 190 peldaños; es de mármol ; está cubierta de bajo-relieves, y no se distingue ciertamente por su gallardía.
Tal vez contribuye á hacerla tan pesada , la circunstancia de que hoy se la contempla desde un punto de vista para el que no fue levantada seguramente. — £1 suelo de Roma ha subido muchísimo desde aquel tiempo , á consecuencia de tanto escombro y ruina como han acumulado los siglos y las revoluciones, y hoy, no solo no campea la Columna Ántonina sobre eminencia alguna , sino que de su antiguo pedestal quedan aun sepultados 1 1 pies bajo la codiciosa tierra.
En cuanto á la plaza , la forman cuatro magníficos palacios: el de Chigi , el de Buoncompagni , habitado por el príncipe Piombino (en la acera del Corso), el de Bracadoro y el de la Gran Guardia , donde tienen un Casino los oficiales de la guarnición francesa, y cuyo pórtico de mármol blanco está formado con esbeltas columnas traídas de la difunta Vetes.
En este ultimo edificio se halla establecido el telégrafo eléctrico.
Para mí tiene siempre algo de solemne el acto de poner un telegrama; pero mucho mas lo ha tenido hoy, al ver el nombre do Guadix (de la antigua Acci, colonia gemela de los romanos); en el libro ó cuadro de las estaciones telegráficas con que se comunica instantáneamente la ciudad eterna ; al dirigir desde la capital del mundo mi saludo filial , en vísperas de Pascuas , al hogar de mis padres ; al pensar que en aquel momento resonaba ya una campanilla eléctrica al pie de Sierra-Nevada , diciendo á los que tanto amo : Os hablo desde Roma. Felicidad; al imaginarme la emoción religiosa con que habrá sido allá recibido este mensaje , que ha puesto por un momento en comunicación material á la corte de les papas con la pobre ciudad cristiana que gimió cautiva ocho siglos en poder de los agarenos; al meditar, por último, en que mi palabra de amor acababa de recorrer toda la Italia, toda la Francia, toda la España, había cruzado por Florencia, Turin , París, Madrid y tantas otras grandes capitales, desdeñándolas y dejándolas atrás, y dicióndolas arrogantemente: \Paso\ \paso \ \ Voy á Guadixl
El telegrafista con quien me he entendido, es un pobre conde que habla medianamente el español.— El parte me ha costado 70 reales.
La moneda española es la mas corriente en Roma , cuyo sistema monetario es igual al nuestro en las piezas de plata. — Nuestro duro de 20 reales hace las veces del scudo romano : la peseta equivale al papetto , y la piexa de dos reales corresponde al paolo. — En las monedas de cobre hay diferencia, pues se ajustan más al sistema francés. El papetto , como el franco , se divide en veinte sueldos (bajocchi). — Un real tiene, pues, cinco bajocchi, representados por una enorme pieza de cobre. Además hay monedas de dos bajocchi, de un bajocco y de medio bajocco. — Las monedas de oro mas corrientes son el doblón (dop-
DE MADRID A ÑAPOLES. 523 pia) que vale 64 reales y un bajoceo; el zequiu (seccfiino), que vale 81 reales, y la pieza de tinque scudi, que no es sino nuestra moneda de cinco duros.— Para que lo sepas.
Antes de poner el parte telegráfico, he estado en el correo, lo que me ha colocado en la dura necesidad de ver el gigantesco y sublime pórtico del Pantheon y la plaza de Monk-Cilorio con su grandioso Obelisco... Pero te juro que apenas he mirado de reojo estes monumentos... — Si me hubiera parado delante del Pantheon, adiós, correo; adiós, telégrafo; adiós, cuerdas de arpa; adiós, todo! —No: no los he visto: no he querido verlos.— -Ya los veremos de la manera que se merecen.
En el correo hablaban también español : atli tenia detenidas una multitud de cartas y periódicos ; pues hace un mes que mi familia, tú y mis amigos me creéis en Roma, lo que quiere decir que en todo ese tiempo no habia recibido noticias vuestras.
I Oh ! . . . si supiérais cuan grato es al que viaja por tierra estranjera recibir en cada pueblo el saludo de la patria , de la amistad , de la familia ó del amor. . . sembraríais de cartas todo su camino ! — Hasta aquellas que os hubieran sido indiferentes, sino enojosas , en otras circunstancias, adquieren un valor inmenso recibidas en suelo estraño... — y no lo digo por lo muy caro que se paga el porte en Roma.
A.I tiempo que despachaba esta tarde los demás asuntos prévios que te he indicado , he visto ó mas bien tenido cerca de mi otros muchos monumentos de celebridad universal ; pero tampoco los he mirado , llegando á veces á cerrar los ojos para no verlos. —Yo no gusto de abrir los libros por cualquier página ni do leer el desenlace antes que el argumento. — Asi es que esta tarde solo he consagrado mi atención á la Roma del siglo XIX , á la capital corriente, si se me permite esta frase; á la ciudad de los vivos... complaciéndome en examinar las tiendas , en estudiar el carácter de las gentes, el averiguar el precio de las cosas, y en otras operaciones por el estilo.
Y asi es que puedo participarte que en Roma no hay industria alguna; que todo lo que se vende en sus almacenes es francés ó inglés; que la vida es aquí muy barata ; que sin embargo , á cada paso encuentra uno un mendigo ; que á estas horas he tenido ya el gusto de ver frailes de todas las órdenes y de todos ios hábitos; que todos los teatros de Roma están todavía cerrados, pero que dentro de cuatro dias (el segundo de pascua) se abrirán al público muchos de ellos, pues (Dios sea loado) en el dicho día principia el Camavalone; que los carteles del Teatro Albert anuncian para entonces la Presa di Tetuan (la Toma de Tetuan), á la que no faltaré seguramente ; que en el Teatro Apolo hay una gran compañía de ópera , en la cual conozco á algunos cantantes , entre ellos á mi amigo Bartolini ; que pasado mañana es Noche-buena y oiremos la Misa del Gallo en Santa María la Mayor; que el Papa está bueno y celebrará de pontifical en San Pedro el dia 25 ; que los seglares creen que el poder temporal caerá en Gaeta, si los franceses retiran de allí su escuadra ; que un comerciante me ha dicho : —
824 DE MADRID A ÑAPOLES.
((Ha hecho usted bien en venir este año á ver una gran ceremonia en San Pedro; pues el ano que viene, la Sede Apostólica se encontrará en otra parte;» que en el gabinete de lectura que he visitado no he encontrado mas periódico español que La Esperanza, ni otro lector en las tres salas de que se compone, que un cura español de quien ya soy amigo ; que allí he leido parte de un discurso de González Bravo ; que en la Plaza de España hay una tercena donde se venden escelentes cigarros habanos ; que en los buenos restaurands se encuentran esquisitas ostras; que el marqués de Miradores , recientemente nombrado embajador de España cerca de la Santa Sede, llegará á Roma dentro de pocos dias; que mi amigo y hermano en las musas (menos esquivas con él que conmigo) Amós Escalante, se encuentra hace dias en esta gran ciudad ; que me será fácil conseguir que S. S. Pió IX me conceda una audiencia, y en fin , que el Coliseo , el Foro, las Catacumbas , las Termas , el Capitolio , la Roca Tarpeya , los Columbarios , el Palacio de los Césares, etc. , etc. existen todavía y me esperan en sus sitios, de modo que con solo dar algunos pasos podré verlos...
¡Qué perspectiva de goces, de entusiasmos, de admiraciones y de asombros! |Qué mundo de nuevas, de únicas, de supremas maravillas en torno mió! ¡Qué dias tan grandes y tan deseados me aguardan l— Mi corazón late violentamente, solo con la espectativa de tan hondas emociones !
Abrumado, pues, por el cúmulo de mis esperanzas, me he refugiado en el hotel y te he escrito esta carta, que debes tolerar pacientemente , como toleramos todos la confusa algaravta que mueven los músicos de una orquesta cuando templan y armonizan los instrumentos antes de principiar la sinfonía.
Hasta mañana.
El Coliseo á la luz de la luna.
El mismo dia 22- 3 roedU nortie.
Guárdame el secreto , amigo mió. — Mi alma se ha escapado esta noche del fiotol donde la tenia prisionera , y ha recorrido á la luz de la luna las ruinas de la antigua Roma !— Que no lo sepa la Basílica de San Pedro. jQue no lo sepa yo, el peregrino cristiano I
Eran las nueve de la noche; el cielo se habia despejado , y la creciente luna tendía su manto de plata sobre la silenciosa ciudad... Una tentación irresistible se apoderó de mi alma,.. ; Habia oído hablar tanto de ello! jLo habia soñado tanto I i Era el momento tan oportuno !— Todo se reducía á un viaje de dos millas , en coche ; á un peligro mas ó menos ; á un poco frío. . . Pero en cambio vería el Coliseo al fulgor del astro de las ruinas , turbaría el sosiego de cien generaciones , evocaría sus sombras y sus recuerdos !
Vana fue la resistencia que me opusieron mi amigo y mi razón ; en vano se
DE MADRID A ÑAPOLES. 525 me habló de ladrones y se me anunció que las afueras de Roma estarían intransitables á consecuencia del hielo y de la nievo do estos dias: en vano me argüyó la pereza, protestó la conciencia y me miró asombrado el cochero a quien le digo en la plaza de España, después de sentarme a su lado en el pescante: ¡Al Colosseo!... ¡Todo fue en vano!— La suerte estaba echada. El alma había recobrado su imperio sobro los sentidos.
Y héme aquí ya de vuelta. — (Oh, lo quo he visto!... Para no fatigarte con largas declamaciones, te lo diré sumariamente.
¡He visto á ñoma\... á liRoma ideal, á la Roma de la historia, a la Roma de la poesía!— Las sombras de muerte que encubren la antigüedad, se han disipado a mis ojos... y ha habido un momento en que me he creido tras|torlado á los primeros siglos del imperio, al origen del cristianismo. — He temblado, he llorado, he murmurado, en fin, una plegaria en aquellos sitios que representan la agonía de un mundo y el nacimiento de otro. — ¡ Noche inolvidable! Todas las tempestades de lo futuro no bastarán á oscurecer en mi memoria la tibia claridad con que tu luna bañaba de melancolía los restos del naufragio de las edades paganas. — ¡ Espectáculo sublime 1
Pero bueno será que recordemos por su órden todos los pormenores de esta solemne espedicion.
Partí , como te he indicado , de la Plaza de España , encaramado en el pescante de un cocho de alquiler, al lado del auriga. — Desde aquel humilde, pero eminente puesto, dominaba perfectamente el camino que seguíamos.
Hacia un frió espantoso. El cielo estaba despejado como siempre que escarcha. La luna parecía un témpano de hielo.
Las calles que recorríamos se hallaban sumergidas en densas tinieblas y funeral silencio. El alumbrado de gas no ardia, y la luna daba ya solo en el último tercio de las casas que miraban á poniente. La atmósfera helada carecía de diafanidad, y la transición de la blanca luz á las negras sombras era violenta, súbita , fantástica á sumo grado.
El cochero tomó por unas calles angostas y desiertas. A veces pasábamos bajo altos edificios, cuyo nombre me guardaba muy bieu de averiguar... j sombríos fantasmas á quienes preguntaba solamente si eran cristianos ó gentiles ;.y esto con una rápida ojeada , que las mas veces me dejaba en duda. . . 1
Entre ellos recuerdo algunas recias y altísimas columnas , ennegrecidas por los siglos, incrustadas en casas modernas, ó por mejor decir, algunas casos modernas apoyadas en seculares columnas... ¡Melancólica alianza de las dos Romas 1
Asi seguimos por intrincadas calles, (que, según el cochero, acortaban el camino); así fuimos dejando atrás barrios y barrios ; — unos en que todavía se notaban señales de vida, á saber; ténues hebras de luz á través de las grietas de los muros y de las hendiduras de las puertas y ventanas ;— otros en que ya no se percibían luces algunas, pero cuyos edificios dejaban también adivinar (no sé por qué) que detrás de sus paredes habia gente entregada al sueño;— y otro*
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en que era indudable que nadie vivía, ni despierto ni dormido; en que ya no reinaba el sueño, sino la muerte; barrios, en fin, de casas deshabitadas; tristes albergues de la muda soledad ; playas desiertas do donde se ba alejado el mar humano; Alveo seco del rio de la vida ; — así crucé, Analmente, por delante de casas sin ventanas ni puertas; luego á la vista de otras sin techos; después por solares cubiertos de escombros, de entre los que se alzaba algún melancólico lienzo de pared; en seguida, por un trillado cascajal , término medio entre las
ruinas y el polvo hasta que por último, de pronto, sin preparación alguna,
vi levantarse delante de raí, cerrándonos el paso, una elevadísima y amplia cortina negra, ó sea un inmenso muro, simétricamente agujereado por angostas ventanas que dejaban ver el cielo esclarecido por la luna
— ¡El Colosseo\ dijo lacónicamente el auriga.
jKra él ! ¡Era el luctuoso espectro, envoelto en un sudario de sombras 1
Nosotros lo habíamos abordado por su parte mas alta, cerca del pórtico.
La luna quedaba oculta detrás de la gigantesca mole.
Para llegar al pie del coloso tuvimos que bajar algunas rampas, deslizándonos por el hielo. (El Coliseo se levanta hoy en una hondonada, á causa dolo mucho que se ha alzado el terrono que lo cerca) .
A. medida que bajábamos nosotros , el negro fantasma crecía. Cuando estuvimos ya tocándolo con la mano , parecióme que el disforme anfiteatro llenaba todo el universo.
Dejó el coche , y me puse á buscar la puerta , deslizándome á lo largo de aquel inmensurable círculo.
En esto oí un leve ruido de armas ó de llaves , y una voz que gritaba en francés en medio del mas alto silencio :
—¿Quién vke?
—¿Quién resucita? contestó un eco en el fondo de mi alma.
—Amici (amigos), respondió el cochero en italiano, añadiendo en seguida en un francés casi ininteligible :
— Monsieur: es un caballero que quiere visitar el Coliseo.
—¿Por qué monsieur? me dije yo. ¿Será francés ol conserje?
— \Áírás\ no se puede... respondió la voz en el idioma trasalpino.
Y volvió á resonar el ruido metálico , que ya no me dejó duda acerca de su procedencia. — Era rumor de armas.
— ¿Hay bandidos en el Coliseo? le preguntó al auriga.
Hasta entonces no me había acordado de Gasparoni, de Luigi Vampa, del Conde de Monlecristo... etc.
— Ya no los hay, contestó el cochero. El que nos habla es un centinela.
Era , en efecto , un soldado francés de los que dan la guarnición á Roma. — Era el galo , enseñoreándose de la ciudad de César.
Un romano de hoy acababa de decirle monsieur; acababa de llamarle amo, señor. — Nunca fue denominado asi en España ningún soldado, y mucho menos un estranjero.
DE MADRID A ÑAPOLES. ;;27 El centinela , quo nos oía cuchichear y nos veia inmóviles , añadió con mayor furia, destacandoso de su garita:
—Atrás, digo: el Coliseo no puede visitarse do noche sino con una órden del general Goyon.
—Yo busco al conserje , respondí entonces en francés y con cierta altanería. Dígame usted donde esta el conserje.
El centinela se ablandó al oir el idioma de su patria ; descansó el fusil en tierra , y me dijo suavemente :
— ¿Es usted francés?
—Como si lo fuera, le respondí. ¿De qué regimiento es usted?
— Del 25 de línea , me contestó.
— Entonces ha estado usted en Solferino...
— Justamente. ¿Y usted?
— Yo he estado también en Solferino; pero año y medio después de la batalla. Somos, pues, amigos.
— ¿Y sabrá usted dar con la habitación del conserje? El Coliseo es un laberinto sin fin, y hay algunos hundimientos en que es fácil romperse la cabeza.
— Ya daré con su habitación , repliqué; y aunque no dé con ella, habré logrado mi objeto, que es ver el circo á la luz de la luna.
Aquí juró y se rió el buen centinela, que era un gascón muy cerrado, y aceptó un cigarro que yo le alargaba, en cambio del cual me dió lumbre para encender el mió.
—No estrañe usted , me dijo entonces, que estemos tan sobre aviso. Hace siete dias que a esta misma hora y en el sitio en que estoy , un picaro romano mató a un centinela de una puñalada.
— ¿Cómo pudo ser? ¿No tenia el centinela su fusil?
— Es quo el romano se llegó á él a pedirle fuego para un cigarro: mi compañero se confió... y un momento después... ya no existia. Cuando vinieron á relevarle, se lo encontraron bañado en su sangre y sin fusil , con una caja de fósforos en la mano.
Al oir esto , me acordó de nuestros continelas , asesinados del mismo modo por los moros de Tetuan al principio de la ocupación de aquella plaza , y respeté un poco mas á los romanos de hoy.
Con lo cual di las buenas noches al centinela, y penetró por una oscura puerta del Coliseo , como el Beltran de Roberto el Diablo se sumerge en los antros infernales.
Primero anduve algún tiempo entre densas tinieblas , encaminado por la remota perspectiva de algún arco ruinoso que daba paso á la luz de la luna. A un lado y otro dejaba galerías aun mas lóbregas. El miedo á los ladrones habia desalojado mi imaginación ; pero terrores mas fantásticos lo habían reemplazado en ella.
Aquellas tenebrosas galerías me parecían llenas de sombras de mártires cristianos: la arena que se hundía crugiendo bajo mis plantas me hacia creer que
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pisaba charcos do sangre : en cada una de aquellas cavernas , cuyas negras bocas se abrían árni alrededor, me figuraba escuchar rugidos de tigres, panteras y leones... y hasta percibir su olor Mino...
Aunque sin luz que me permitiera distinguir la estructura de los arcos y bóvedas que se levantaban sobre mi , formaba idea de sus colosales dimensiones, solo con reparar en las distancias que recorria para pasar de una galería á otra, cortando en zigzag los círculos concéntricos que median entre la periferia del # edificio (1041 pies) y la dilatada arena en que tenían lugar los espectáculos — Aquello, mas que una obra de construcción, parecía haber sido cavado en las entrañas de una cantera, y me recordaba las antiguas minas romanas que visité al pie del Picacho de Vélela ; ó mas bien rae hacia adivinar las descomunales pagodas labradas en el corazón de las montañas del Thibet.
Al fin logré salir al anchuroso circo...
Al desparramar por él una absorta mirada, la primera idea que me asaltó fue la de mi pequeñez, la de mi soledad... — En aquel anfiteatro que pudo contener 107,000 personas, estaba yo solo! jAlll, donde habían aparecido tantas generaciones, no habia nadie 1 jAllí, donde mil y mil veces resonaron gritos, aplausos , risas , rugidos de fieras , ayes de moribundos , no se oia nada , nada. . . ni tan siquiera los latidos de mi corazón , paralizado también por el espanto 1 — En vez del sol, y del bullicio, y del vocerío, y de la lucha, y de la sangre... jnada!... — La luna, muerta en el cielo; la muerte y el silencio en la tierral
Por todas partes, las gradas desiertas... las gradas mudas... las gradas solas...
Cada piedra parecía el sepulcro de los que sobre ella se sentaron.
Allí el Pmlium donde se colocaban el emperador y su familia, los magistrados, los senadores y las vestales: allí los vomitorios por donde la multitud se desbordaba sobre el graderío y los palcos : allá arriba el lugar de los esclavos: de aquella parte arrancaba el velarium que 480 marinos corrían sobre el anfiteatro á fin de preservar del sol y de la lluvia á todos los espectadores : en aquel lado estaban las verjas de bronce que daban paso á las fieras : por allí entraban las víctimas... por allí los gladiadores... ¡ Y aquí , en esta arena... ¡qué horror 1
Mientras pensaba de este modo , no veia nada realmente. Estaba clavado á la entrada del vastísimo coso , y mi imaginación era presa del delirio.
Pronto me repuse y quise ver y tocar la realidad del momento.
Con una sola comparación te puedo dar la idea exacta del Coliseo visto por dentro. — Figúrate una inmensa Plaza de toros, de forma oval , toda de piedra, cuyas gradas se elevan hasta i 57 pies de altura. En torno de la arena se levanta un muro , que protegía al público contra las fieras. Sobre este muro bay una plataforma, que era el lugar de preferencia, el Podium que hemos citado. De la plataforma arrancan cincuenta gradas. De lo alto de estas gradas se levantaba la Galería superior.
El Coliseo no ha podido ser destruido ni por los siglos, ni por las revoluciones, ni por la barbarie; y sin embargo, todos estos enemigos han trabajado te-
DE MADRID A ÑAPOLES. 529 nazmente contra él. — Muchos enormes palacios de Roma han sido construidos con piedra arrancada de aquella montaña artificial, y con todo, la obra conserva
UigitizGcf by
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El Coliseo se debe á Vespasiano y á Tito. — Muchos millares de prisioneros judíos , traídos á Roma alados al carro del destructor de Jerusalem , trabajaron en esta obra nefanda, después de haber visto caer en ruinas el templó de Sa-. lomon...
I Misterios de Dios! El pueblo de Israel amasó con su sudor y su sangre el ancho circo destinado al martirio de los cristianos !
Tito inauguró el Coliseo el año 79 de nuestra era con unas fiestas que duraron cien dias consecutivos, durante los cuales perecieron allí 2,000 gladiadores y 5,000 fieras 1! — Después son innumerables los esclavos, los cautivos y los creyentes que han derramado su sangre en aquel suelo. — ¿Quién ignora, solo por lo que atañe á los cristianos , las sangrientas hecatombes de los tiempos de Domiciano, Marco- Aurelio , Setimio-Severo, Maximino, y sobre todo las decretadas por Diocleciano, las de la Era de los Mártires?
Pero volvamos a olvidar lo pasado, y consideremos el Coliseo tal como hoy s*e halla; tal como yo lo he visto esta noche.
La luna bañaba aquella mitad del circo y de las gradas en que habia dado el sol durante el dia. La otra mitad , la parte de sombra, eslaba cubierta de nieve.
Avancé hácia la región iluminada por la luna , sin separarme del Podium ó barrera (pues no só por quó , me daba miedo de cruzar diametralmente la anchurosa arena), y reparé que, de trecho en trecho, se levantaban en torno del circo unos solitarios pilares, á la manera de garitas, cuyo destino no podía comprender.
Acerquéme á uno de ellos ; pero estaba en la humbria , y no acerté á distinguir su verdadera forma, ni mucho menos la naturaleza y objeto de una como lápida, preservada por una verja de alambro, incrustada en el lado de la pilastra que miraba al centro del anfiteatro
¿Qué podía ser aquello? ¿Serian monumentos levantados para perpetuar la memoria de los Césares? ¿Serian refugios para los luchadores perseguidos por' las fieras? — Repito que no podia adivinarlo.
Llegué, en fin, á un tercer pilaren que daba la luna; fijé una tenaz mirada al través de la regilla de alambre, y... ¿qué diréis que vi ? — ¡ Vi la pálida cabeza de Jesucristo !
Era , sí , una pintura que representaba á Jesús Nazareno con la cruz acuestas , coronado de espinas , con el rostro ensangrentado , y el dolor y la mansedumbre en los anublados ojos...
Esta aparición me asombró primeramente : luego infundió en mi alma gratitud, veneración y ternura: por último, me comunicó valor y tranquilidad ; me dió compañía en aquella soledad de muerte , y alejó de mi imaginación todos los frios espectros que la aterraban un momento antes.
Y dejé dé temer que en los subterráneos del Coliseo hubiese quedado escondida , bajo los escombros del imperio romano , alguna tigre con sus cachorros; y comprendí que el sepulcro de la antigüedad pagana era la cuna de Ja Nueva
DE MADRID A ÑAPOLES. 531 Era; y encontré que no me hallaba solo en aquellas ruinas en qtie vivía el espíritu do Dios; y recordé finalmente que no estaba en un teatro maldito, sino en un templo consagrado á los Mártires.
Aquellos pilares eran un Via Crucis.
Entonces mo atreví a atravesar la arena do estremo á estremo.
Al acercarme al centro del coso, vi levantarse en los aires una enormo Cruz negra, cuyos brazos parecían tocar en Oriente y Occidente.
Esta cruz , herida oblicuamente por la l una , se copiaba en el suelo con proporciones tan colosales, que abarcaba toda la arena.
Yo me acordé de la cruz que se apareció á Constantino cuando marchaba contra Magencio, y creí leer en ella las milagrosas palabras: ín hoc signo vinces.
La cruz que se alza en medio del Coliseo fue levantada por el papa Benedicto XIV, asi como las capillas ó Estaciones de !a Via Sacra que he citado.
Desde los tiempos de aquel pontífice se celebra en el ancho circo, todos los viernes por la tarde, una función religiosa, que consiste en el Via Crucis y en un sermón — predicado al aire libre por algún piadoso fraile desde el lugar que ocupaban los emperadores durante las sanguinosas fiestas en que murieron tantos cristianos, — sermón que escucha tranquilamente el pueblo romano de hoy, sentado en las mismas gradas en que sus progenitores aplaudían hace quince siglos los cruentos espectáculos que anatematiza el predicador.
No sé por qué , al considerar estas cosas , me inquieta en cierto modo el que una misma raza sea juez, parte y testigo en el proceso histórico-religioso que se abre allí todos los viernes.
Por lo menos, puedo asegurar que en tales ceremonias no dominará aquel intimo y entrañable sentimiento con que se oye misa en Santa María de la Alhambra, esto es, en la iglesia cristiana levantada sobre los alcázares del ausente y desheredado moro ; asi como que tampoco esperimentaránWos católicos de Roma, en las solemnidades religiosas del Coliseo ó del Panf/teon, las sublimes emociones con que un español ó un francés visitarían el Santo Sepulcro... después de haber arrojado de Jerusalem (porque no bastaría vencerlos ni dominarlos) á los judíos, á los turcos y á los árabes que hoy la profanan.
Pero, en fin, esto quo digo se refiero á la presencia del romano en Roma; no á la del católico. — Nosotros, los hijos do otros climas, sentimos en las márgenes del Tibor lo mismo quo sentiriamos en las orillas del Jordán. Nosotros no somos cómplices de Nerón y Domiciano. Para nosotros, los actuales habitantes de Roma tienen algo de gentiles. Tan latinos como somos por el idioma , por la civilización, hasta por la sangre, nosotros representamos la acción del mundo sobre Roma, — acción que resultó de la altísima política de César.
El centinela galo que guarda la puerta del Coliseo, protege el santuario de los mártires contra la plebe romana. — Hace quince años el Coliseo era una cueva de bandidos.
Los romanos do hoy no se horrorizan delante do los escombros do la gentili-
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«32 DE MADRID A ÑAPOLES.
dad , por la sencilla razón do que esos escombros representan el solar de sus mayores.
Quizas no olvidan tampoco que el cristianismo fue el rayo con que Dios hirió la frente del Capitolio.
El pueblo de Roma tiene que ser, por consiguiente, ecléctico: cuando mas, se considerará á si propio y á un mismo tiempo, como el vencedor y el vencido. — La conversión de Constantino fue una transacción... Muchos han dicho que una fusión. — Y de aquí los Iconoclastas; de aquí Savonarola, Arnaldo do Brescia y Rienzi; de aquí Juan de Huss; de aquí la Reforma; de aquí muchas de las cosas que suceden hoy.
Mas de una hora he permanecido dentro del Coliseo. Durante ella lo he recorrido en todas direcciones y subido á lo alto de las gradas... — Allí , sentado en frente de la luna, con el ancho circo á mis pies , he contemplado las caducas ruinas, cubiertas de efímora nieve, y el inmutable cielo , decorado de sus luces eternas, de los mismos luceros que consultaban los fundadores de Roma, de la misma luna que vio* conspirar á los Gracos; que miró á los galos acampados á las orillas del Tiber; que brilló en los ojos de Aníbal ; que alumbró á César; que presenció el incendio decretado por Nerón; que brilló en el cielo la noche del martirio de San Pedro; que reflejó sus rayos en las hordas capitaneadas por Aladeo, Genserico, Atila, Ricimir, Odoacro, Totila y tantos otros devastadores de Roma...
j Oh I si : era la misma luna: la que inspiró á Virgilio, a Horacio, á Tibulo y al poeta de los Tristes:
Uinaque nocturnos alta repebat equos...
j Cuántas oleadas de hombres deshechas contra la roca impasible del tiempo! Los conquistadores de Grecia, de Siria, de Egipto, de Cartago, de España, de Bretaña, de Francia, de Alemania; los ejércitos que describen Salustio, César, Tito Libio y Tácito; las falanges de los Escipiones; las masas populares agitadas por Mario; el patricíado que representaba Sila; el auditorio de Cicerón; las legiones do César ; las escuadras de Antonio y Octavio ; las haces de Pompeyo; los conjurados con Catilina ; y tantos senadores , y tantos tribunos, y los pretores, y los esclavos, y las vestales, y las cortesanas, y los lictores... todo ha desaparecido como las nubes que se borran en el cielo.
Bajaron del Norte otras razas; vino de Oriente otra religión; acudieron del Mediodía las tribus agarenas ; cubrieron mares de sangre el Occidente de Europa; desbordóse hácia Occidente la nueva civilización; surgió la América.,, y el paganismo en tanto pareció enterrado para siempre.
El mundo se habia cubierto de generaciones espiritualistas ,— de anacoretas, de trovadores, de caballeros andantes, de religiosos, de cruzados, de escritores místicos, de muchedumbres penitentes , de todo linage de ascetas;— el espíritu se habia levantado un momento sobre la materia; todo era olvido y desden 6
DE MADRID A ÑAPOLES. 533 aborrecimiento y destrucción contra los restos del antiguo mundo ; el fuego , el hacha y el martillo se afanaron en destruir, en pulverizar los templos , los palacios, los arcos, las estatuas, los circos, todos los vestigios de la gentilidad...
Pero bajaron las aguas ; pasó el caos de la refriega ; brilló la luz, y el filósofo tendió una mirada sobre el universo...
Y ¿qué es lo que vió?
Vió lo que yo veía esta noche desde lo alto del Coliseo, alrayodelaluna: vió el paganismo insepulto ; los monumentos de la antigua Roma , volviendo á surgir de la tierra; el esqueleto del mundo antiguo , apareciendo de nuevo á los ojos de los mortales ; unas ruinas que han vivido más como escombros que lodo lo que se construyó sobre ellas; las raices de aquella civilización, nutridas todavía por la sabia vital , retoñando briosas al cabo de quince siglos ; caliente rescoldo debajo de las cenizas frías...— el materialismo sobreponiéndose á la idea.
Ya eran las once cuando salí del anfiteatro. — ¡ Al hotel ! le dije al cochero.
Esto era ya amigo mió y habia comprendido el objeto de mi paseo nocturno.
Háme traído, pues, á la plaza de España por un camino infinitamente mas interesante que el que llevamos para ir al Coliseo. — líame traído por las ruinas de la Roma clásica; porol Foro Romano) por el Capitolio...
Es decir que he pasado por el Arco de Constantino y por el Arco de Tito', por en frente del Templo de Venus y de liorna y del Templo de la Paz] cerca del Templo de Remo y del Templo de Anlonino y Faustino- ; al pie del palacio de los Césares; por en medio del Furo; por la Via Sacra y por delante del Arco de Selimio Severo...
Los tres Arcos citados se hallan todavía de pie : los Templos han sido convertidos en iglesias cristianas; pero conservando sus antiguos pórticos: del Foro no queda mas que el lugar que octijaba , llamado hoy por los romanos Campo Vaccino, á causa de haber habido allí hace doscientos años un mercado de bestias...
Ya volveré de dia á aquellos lugares, y te los describiré minuciosamente, recordándote algo de su historia. Por esta noche me bastará con hacerle sentir la misma emoción que yo acabo de experimentar al subir la cuesta que conduce desde el Foro hasta el Capitolio.
Desde aquel paraje se descubren todos los monumentos que he enumerado, y otros muchos mas. Allí es precisamente donde se han practicado mayores escavaciones, haciendo salir de la tierra elegantes columnatas erguidas sobre sus bases, y otras hechas pedazos y lendidas melancólicamente entre los montes Palatino y Aventino. Allí se ven las tres columnas que restan del Templo de Vespasiano (que algunos creen el de Júpiter Tonante); otras tres columnas, tarabien reunidas y como abrazadas para no caer, del Templo de Júpiter Stalor ; un grupo de ocho columnas del Templo déla Fortuna; el célebre Tabularium; la so-
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litaría Columna Focas, y mil y mil fustes y capiteles rolos y esparcidos por la tierra.
La luna hería de frente las esbeltas y desiguales moles de las columnas que se alzan todavía en aquel campo de desolación ; y al contemplarlas allí abandonadas, solas, en medio de tanta ruina, me parecían tristes huérfanas que lamentaban el hundimiento do sus antiguos hogares. Aquellas tres de quienes he dicho que se abrazan para sostenerse mútuamente, me hacían la ilusión de tres hermanas que lloran juntas una misma pena. De otras he creído que son blancas vestales que, fieles á su juramento, velan por el fuego sagrado, después de tantos siglos como han trascurrido desde que murieron los últimos Grandes Sacerdotes.
jOh 1 quien no haya contemplado un cementerio a la luz de la luna; quien no conozca la fantástica vida que adquiere el mármol cuando lo esclarece el astro melancólico , no podrá comprender todo el misterio , toda la poesía de aquel sublime espectáculo. — La luna es el sol de los que fueron, el alma de la soledad, la única compañera del olvido. — Roma antigua, vista de aquella manera, desde lo alto del Capitolio, tenia mas vida , existia mas en mi imaginación que la Roma moderna que se me apareció un momento después al otro lado de la sagrada cumbre.
Y sin embargo, el panorama que se descubría desde allí era también magestuoso. Casi toda la ciudad papal se estendía por aquella parte, coronada de torres y cúpulas é iluminada por el astro de la noche,— cuyos fulgores reflejaban en la pizarra de los techos, en los cristales de los balcones, en el agua de las fuentes.
En torno mío se alzaban los palacios que constituyen el Capitolio de hoy, dibujados por Miguel Angel : á mi lado campeaba la estatua ecuestre de Marco Aurelio : á mis pies empezaban una vasta escalera y una larga rampa adornadas con las Estatuas de Constantino y de su hijo, con la Columna miliaria de Vespasiano y de Nerca, con los trofeos de Mario, y con las célebres estatuas colosales de Castor y Polux. . .
Pero todo estó no era nada para mí comparado con la sola idea de que estaba en el Capitolio, en aquel lugar consagrado á Júpiter por los Tarquinos, en la antigua ciudadela de Roma, en el templo de su gloria, tantas veces abrasado por el incendio ó regado de sangre humana ; allí donde la antigüedad divinizó á los guerreros y la edad-medía á los cantores; allí donde fue coronado Petrarca y asesinado Rienzi; allí donde se halla la gran campana que anuncia al mundo la •muerte de los sucesores de San Pedro...
Era ya cerca de medía noche...
Jamque quiescebant hominumque canumque, Lunaque nocturnos alta regebat equos :
he vuelto á repetir en aquellos lugares ; y
Hanc ego tuspicens , et ab hae Capítol! a cerne ns , como el infortunado poeta, he esclamado, dirigiéndome, no á los dioses que él
DE MADRID A ÑAPOLES. 535 invocaba, sino a él mismo y al César que lo desterraba y á todos los grandes hombres de la antigua Roma :
¡ Esle salutati tempus in omne tnihi!
Después de lo cual he vuelto á tomar el coche, (que habia bajado del Capitolio por la rampa, en tanto que yo bajaba por la escalera) y me he hecho traer al hotel , á tiempo que la luna se ocultaba en Occidente.
AI pasar por la Piazza Trevi he oido, mas que visto, la célebre fuente del mismo nombre, cuya colosal ornamentación cubre toda una fachada de un palacio.
Por esta fuente fluye hace diez y ocho siglos un río, llamado Acqua Vergine, que llega á Roma sobre un acueducto de ocho millas de largo.
El rumor de aquellas aguas que caen de pila en pila , formando numerosas cascadas , era el único rumor que se seotia en la ciudad eterna.
Lo demás yacia en los brazos del sueño ó en el regazo de la muerte.
La Basílica de San Pedro.
Roma 23 de diciembre.
Vengo de ver la Basílica de San Pedro , la catedral del mundo.
Si aquella Iglesia de que le habló Jesucristo al príncipe de los Apóstoles pudiese representarse materialmente , diría que acabo de visitarla.
La Basílica de San Pedro se ha edificado sobre el circo de Nerón , donde tantos cristianos sufrieron el martirio , y donde se dice que fue enterrado San Pedro después de padecer muerte en cruz.
Hoy se veneran allí mismo , en un magnífico sepulcro , parte do los huesos del Pescador... — Por consiguiente, hasta la alegoría se ha cumplido. — Pedro ha sido la primera piedra del templo.
Durante algunas horas, no me he atrevido a decidir qué me impresionaba mas en aquellos lugares; si lo que pensaba ó lo que veia ; esto es , si la consideración de que me hallaba en el centro y cabeza del mundo católico , al lado del trono de los papas , ó si el aspecto de aquella gran maravilla artística , de aquel magestuoso templo, que no tiene rival, ni acaso lo ha tenido en todo el orbe...
Semejante perplegidad no carecía de fundamento.— La Basílica, bajo el punto de vista del arte, siendo como es tan augusta , tan sublime , tan prodigiosa, no interpreta genuinamente (y ya hablaré de esto mas despacio) los sentimientos, las ideas que acuden allí al alma de los peregrioos...
En este momento me aventuro ya á asegurar que de todas las emociones que he esperimentado esta mañana, la mas viva, la mas honda, la mas punzante era la que me causaba la escelsítud moral de aquel templo, su alta significación , lo
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que representaba sobre la tierra y sin embargo , he admirado también con indecible asombro , aunque profanamente y comoartisía, la portentosa hermosui-a y sin igual magnificencia de aquella obra de genios y titanes. — Son impresiones diferentes, y acaso contradictorias; pero inmensas las dos, cada una por su estilo.
Una ordenada y franca relación de cuanto he visto y pensado durante tan solemne visita, te hará comprender todo lo que llevo enunciado acerca de la iglesia de los Papas. — Empiezo , pues.
Esta mañana á las ocho salí del hotel á la plaza de España y tomé por la vm Condotti, que ya conocemos...
Antes de poner el pie en la calle , había estudiado mi camino en un plano de Roma ; habia leido la historia de la Basílica , y habia dispuesto mi corazón á las supremas agitaciones que le esperaban.
Para esto último empecé por recapitular todos mis recuerdos de la niñez y de la adolescencia , evocando todas las venerables imágenes que habían cruzado por mi espíritu siempre que habia visto peregrinos procedentes de Roma ; siempre que habia oido hablar de dispensas , ó sabido de penitentes que andaban centenares de leguas por alcanzar aquí una absolución ; siempre , en fin , que habia leido la historia de las mas célebres excomuniones...
Decia que tomé por la vía Condotti.
Esta calle corta ni Corso en ángulo recto y continúa hácia el Tibor, por cuya márgen derecha sigue con el nombre de vía di Tordinona (donde se encuentra el Teatro Apollo, que es el prineijwd de Roma , y en el que se anuncian óperas y bailes para las próximas pascuas), la cual termina en la Plaza del Puente de Sant' Angelo.
En aquella plaza, ó por mejor decir, en aquel puente principia la verdadera Roma papal , la córtp de las almas, la Ciudad Leonina, llamada asi desde que León IV incluyó aquel barrio (// Borgo) dentro del muro que circumbala á Roma.
La Ciudad Leonina so compone de la Basílica de San Pedro, el Vaticano, los inmensos jardines pontificios (Giardini Ponlificii) , el Castillo de Sant- Angelo, el Hospital de Santo -Spirito , el palacio Torlonia y unas doce calles que so cortan perpendieularmente.
En aquel barrio vivieron Miguel Angel y Rafael y otras grandes artistas amigos de los pontífices. — Hoy habita allí la mayor parte de la curia romana.
No sin emoción pasé , pues , el magnífico Puente de Sanl-Angelo.
Entre los innumerables proyectos de solución propuestos por los estadistas para transigir la árdua cuestión del poder temporal , hay uno que consiste en establecer en aquel puente la frontera de los dominios del Papa , — que de este modo quedarían reducidos á la Ciudad Leonina y á otro barrio , situado también en la márgeu derecha de Tiber y habitado por la mas baja plebe de Roma, el cual lleva el gráfico nombro del Traslerere (1).
(1) Tras »•! Tiber.
Digiti;
DE MADRID A ÑAPOLES. 537 El puente Je Smt-Angclo , construido por Adriano para dar paso á su Muí-
l*astor de l.i rauiptaa Je Ruina.
soleo, se hundid on el siglo XV (en ocasión que se agolpaba sobre él una inmensa muchedumbre, que volvía de recibir la bendición papal) sepultando bajo sus
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arcos ciento setenta y dos personas. — El papa se apresuró á reedificarlo á sus espensas , y dos siglos después el famoso arquitecto y escultor Bernini lo restauró tal como hoy se halla, colocando en él las colosales estatuas que lo decoran.
Del otro lado del puente se levanta el Castillo de Sant- Angelo, antiguo Mausoleo de Adriano , en que se hicieron enterrar también sus sucesores hasta Setimio Severo.
El Castillo de Sant- Angelo es ahora una fortísima ciudadela , que se comunica con el Vaticano por cierta oculta galería , y sirvió de refugio á Clemente VII cuando el condestable de Borbon asaltó a Roma al frente de las tropas de Carlos V. — En una de sus salas fue estrangulado el cardenal Caraffa por órden de Pío IV. — La susodicha galería es obra de Alejandro VI , del padre de Lucrecia Borgia.
Nada mus grandioso que la alta mole circular de ennegrecida piedra, resto del antiguo mausoleo. Ciertamente, es un sepulcro digno de los emperadores del orbe.
Sobre la fortaleza que ocupa el centro de la magesluosa rotonda , se levanta un Angel de bronce dorado , con las alas estendidas.
Este ángel , que da nombre a todos aquellos sitios, recuerda un interesante episodio.— Por lósanos de 600, una terrible epidemia diezmaba la población de Roma. El Papa , que lo era á la sazón San Gregorio el Grande , recorría la ciudad en rogativa , a la cabeza de todo el clero romano y de un pueblo inmenso, cuando al pasar cerca del Mausoleo de Adriano , se paró de pronto , dió un grito de alegría y levantó los brazos al cielo con verdadero trasporte. — Acababa de ver en los aires al Angel Esterminador, el cual (dijo) envainaba su espada en aquel momento, como en señal de que la peste iba á concluir... — Y asi fue: la peste concluyó á los pocos dias. — Mil trescientos cincuenta años después, Benedicto XIV hacia colocar sobre la plataforma de la colosal ciudadela el gigantesco ángel que hoy la corona , en conmemoración de un hecho tan peregrino.
Después de pasar bajo los muros del castillo , guarnecido de centinelas franceses y dentro del cual resonaban marciales trompetas, penetró en la via de Borgo-Nuovo...— Era. el instante critico y solemne
Al entrar en aquella calle , insignificante y angosta , pero recta y larga , divisé allá... á su final... la Plaza de San Pedro, la portada de la Basílica , la ingente Cúpula , el arrogante Vaticano...
|0h momento!... — Yo no sé describir lo que pasó por mi alma!
Solo recuerdo que mi soledad me llenó de tristeza , y que me detuve , y que sentí frío y cansancio , y que hubiera llorado de buena gana...
La calle estaba todavía llena de sombra y humedad. — La plaza, la Basílica y el Palacio reverberaban al sol como una ciudad de oro.
Aquella lejana, súbita y radiosa aparición del Pontificado triunfante, tenia algo de visión celeste.
I Cuán pronto me consolé !
El aspecto de la cúpula, sobre todo, ensanchaba y levantaba mi corazón...
DE MADRID A ÑAPOLES. 539 No puedo expresar do otra manera lo que al verla me sucedía. Enlouces logré ya reflexionar y darme cuenta de mis impresiones. La brillante decoración que tenia en frente era el estrado del mundo católico, el tribunal de las conciencias, el arca de la fé. ¿Y yo? ¿quién era?
En aquel momento no lo 3abia. — Apelo á Dios, que vería en el fondo de mi alma mis leales intenciones.
Pero ello es que estaba contento, y que apresuré el paso, con viva ansia de llegar pronto á aquella región de luz y de santidad.
Y jcuán larga se me hizo la sombría calle!
A medida que yo andaba , la catedral crecía, la plaza se ensanchaba, la cúpula se perdía en los aires; desarrollábase ante mis ojos la inmensa mole del Vaticano , del palacio habitado por Pío IX ; veía brillar el agua de las fuentes ; distinguía con mas precisión las estatuas, y contemplaba, en fln, con mayor asombro el misterioso Obelisco.
Por último , entré en la plaza.
Pasmo , devoción , respeto , admiración , alegría, todo lo esperimenté á un tiempo mismo.
Y ¿cómo no?
Me hallaba en frente , no de una iglesia mas ó menos insigne , sino do la Iglesia misma, de la Iglesia que se me apareció al cruzar la campiña de Roma; déla mística Ciudad de San Agustín; de la congregación de los fieles cristianos! — Estaba viendo el templo-palacio y el palacio-templo; San Pedro y el Vaticano ; la catedral y el alcázar reunidos en una sola morada , en que vive y reina la cabeza visible de la Iglesia , el Vicario de Jesucristo!...
Pero describamos ante todo la forma material de aquel cuadro.
Tenia delante de mis ojos una estensisima elipse formada por dos galerías semicirculares , compuestas de cuatro hileras de colosales columnas y coronadas de enormes estatuas.
Esta elipse, rota en el fondo, daba paso á otra plaza, en figura de trapecio, al fln de la cual empezaba una amplia escalinata.
Sobre la escalinata se levantaba el templo mas grande y venerable del mundo.
En medio de la elipse campeaba, solo y gallardo, un corpulento obelisco , y á un lado y otro , dentro de los semicírculos trazados por las galerías , se veian.. . no dos fuentes , sino dos montanas de agua.
A la derecha del templo , y fuera ya de la plaza , alzábanse las inmensurables fachadas macizas del Vaticano , con sus mil ventanas y balcones...
Y entre todo esto mediaba el espacio, se desenvolvía imponento la distancia, desarrollaba el cielo grandes campos de rutilante azul...
Pero temo que no hayas comprendido todavía las disformes proporciones del cuadro que se dilataba ante mi vista ; y á fln de que formes una exacta idea de su magnitud , no vacilo en recurrir al árido lenguaje de los números.
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Figúrale una elipse, cuyo mayor diámetro mide 758 pies.- Imagínate dos curvas galerías formadas por 281 columnas jónicas. Sobre estas galerías, cuya altura es de 61 pies, coloca 96 estatuas colosales de Santos. Alia, á lo lejos, fingete la fachada de la Basílica, de 570 pies de latitud, por 485 de elevación desde su pavimento , ya muy alto , hasta la cruz de la cúpula. A los lados de esta fachada añade otras dos galerías rectas , formadas por pilastras , y coronadas también de gigantes esculturas. ¡Cuenta, entre todas, 192 estatuas colosales! Repara en que el agua de las fuentes se eleva 40 pies sobre el suelo. Alza los ojos hasta percibir la cruz que corona el Obelisco egipcio plantado en medio de la plaza, y asómbrate al ver que su solitaria mole hiende los aires hasta una altura de 140 pies. Advierte, por último, que desde la entrada de la plaza hasta la puerta de San Pairo , media un espacio de 400 varas. . .
Mas ni aun asi creo que consigo que te figures la grandeza y el grandor de aquel lugar. — ¿Qué importan los números ni las medidas, si no puedo hacerte ver aquellas masas de piedra , las proyecciones de la luz del sol en las recias columnatas , las amplias líneas con que el templo y el palacio se dibujaban en ei cielo , el Océano de aire resplandeciente en que nadaba tanta maravilla, tii mucho menos el armonioso y bello conjunto de todas las cosas que he enumerado?
Avancemos, pues, hacia la Basílica.
Antes de subir la escalinata que la precede, dirigí una mirada hacia la galería de pilastras de la derecha, que se encamina a la gran escalera del Vaticano, y vi bajo los pórticos algunos individuos, vestidos con un pintoresco traje de vivísimos colores y cortado al estilo de la edad media, que se paseaban con una alabarda al hombro. — Kran los famosos suizos que dan la guardia al Tapa.
Continué avanzando.
Al pie de la triple escalinata por donde se sube á las cinco puertas de la Basílica, hay dos estatuas colosales, una á cada lado, cerno centinelas avanzados sobre la plaza.
Son San Pedro y San Pablo, — el Príncipe de los Apóstoles y el Apóstol de los gentiles: las dos grandes columnas de la Fé.
Desde lejos me habia parecido que estas estatuas distaban muy poco del inmensurable templo. Al acercarme a ellas comprendí que la meseta de la escalera que conduce al atrio, es por sí sola una estensa plaza, y cada escalón, una ancha calle.
Kn cuanto á la Basílica, seguia creciendo, según yo avanzaba , y se me venia encima, como se dice vulgarmente, agobiándome con su enorme pesadumbre.
La portada de San Pedro no es bella bajo el punto de vista del arte. Su magnitud carece de grandiosidad. Aquellas columnas adheridas al muro, y la división de este en puertas y ventanas, son mas propias de un palacio que de un templo. Lo único que disculpa al arquitecto que la construyó (C. Moderna), es la precisión en que estaba de colocar en la portada de la Basílica un balcón desde el cual bendijese el Santo Padre a la ciudad y al mundo el primer dia de Pascua de Resurrección.
DE MADRID A ÑAPOLES. 511 Sobre la balaustrada ó ático se vea trece estatuas gigantescas, que representan á Cristo y á los doce Apóstoles , y en cada estremo de la misma hay un reloj. — El de la derecha marca las horas á la italiana, esto es , desde una hasta veinte y cuatro , según te he esplicado ya.
La catedral , asi por dentro como por fuera, está construida, como sabrás, en el estilo del Renacimiento, no habiendo otra razón para que se llamo Basílica, que el haber sido edificada sobre una que había levantado Constantino. — Su disposición arquitectónica es de catedral.
Pero dejemos para después esta y otras cuestiones de arte; y olvidándonos por un momento de la critica , penetremos ya en San Pedro con la devoción que requiere el caso, mas atentos al espíritu de las cosas, que á la forma artística en que hayan sido espresadas.
He dicho que San Pedro tiene cinco puertas por su fachada principal. Estas dan á un estenso vestíbulo ó pórtico, en cuyos estremos laterales se ven dos soberbias estatuas ecuestres;— la de Constantino y la de Carlomagno.
A San Pedro y á San Pablo, cuyas estatuas vimos antes, les llamamos las dos grandes Columnas de la Fé. — Constantino y Carlomagno son las dos grandes Columnas de la Iglesia, sus paladines en el siglo. — El uno puso al servicio de la cruz las águilas romanas, reconoció el cristianismo, lo levantó sobre su trono, legalizó su existencia en el imperio: el otro aumentó los Estados de la Iglesia, los defendió , los aseguró para siempre. — El prímoro es el escudo, la egida de la Iglesia Romana : el segundo , el mantenedor del reino pontificio. — Hé aquí por qué los sucesores de San Pedro han dado tan alto testimonio de gratitud á esos dos principes magnánimos y piadosos, de los cuales el uno es el campeón de su poder espiritual , y el otro el campeón de su poder temporal. — Como papas y como reyes, los pontífices romanos les debian el alto honor que les han hecho al admitirlos á caballo en el vestíbulo de San Pedro.
En este mismo vestíbulo se ven unas antiguas lápidas procedentes del pórtico de la humilde Basílica de Constantino que ocupó Aquel lugar. Entre ellas hay una, de mármol negro, en que se lee una Elegia compuesta por Carlomagno en 795, con motivo de la muerte de su amigo el papa Adriano I. Las lamentaciones del emperador órincipian de este modo :
Post Patrem lachrymans , Carolus, hoec Carmina scripsi,
Tu mihi dulcí* Amor , te modo plango Pater,
Tu memor esto mc¡, sequilur te mens mea scmpcr :
Nomina jungo si nuil titulis, clarissime , nostra ¡ Hadriams., Cakolis , Rexego, tu que pater.
A las cinco puertas citadas, corresponden otras cinco que dan paso del vestíbulo al interior del templo. — Encima de la puerta de en medio se ve la célebre Navicella (la Barquilla de San Pedro) de Giotto , que también fue ejocutada para la antigua Basílica. — La cuarta puerta, contando de izquierda á derecha, está
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murada, y solo se abre cada veinte y cinco años para el Jubileo. — Se llama la Puerta Santa.
Ya no habia mas remedio que entrar. Algunos devotos que iban ó venían, me marcaban el camino del interior del templo, entreabriendo la cancela de la única puerta que no se hallaba cerrada... Un paso mas, y daban fin los muchos años que habia pasado imaginándome a San Pedro y sin haberlo visto... Un paso mas, y trocaba una esperanza en un recuerdo , y me quedaba en la vida con un misterio menos en el alma...
Di este paso , y entré.
Toda la magnificencia del templo se desplegó súbitamente ante mis ojos.
Ni el Escorial , ni la Catedral de Milán , ni la Cartuja de Pavía me impusieron, me anonadaron tanto. — ¡Cuánta grandeza y cuánta magnitud reunidas! ¡Cuánta riqueza y cuánto arte á un mismo tiempo! ¡Qué armonía, qué hermosura, qué sublimidad!
No : no seguía la reverento costumbre de admirarlo. A mí las rutinas me previenen siempre en contra; y esta prevención, asi como los pomposos anuncios, me hacen encontrar pequeñas las cosas mas grandes. Yo soy lo bastante sincero para poder confesar en cualquier caso que no abundo en una opinión universalmente admitida... Pero la Rasilicade San Pedro es grande absolutamente y para todos; grande para el artista y para el profano; grande para el creyente y el escéptico, para el entusiasta y el indiferente, para el que entra en ella preparado de antemano , y para el que la visitara sin noticia anterior de su existencia.
Suspenso, atónito , arrobado quedóme á la puerta, viéndolo todo y no fijándome en nada. — Aun no descubría el vano de la cúpula ; pero me asombraba su solo arranque y la diáfana luz que bullía debajo de ella.
Tres anchas naves; pilares enormes, cuya planta es equivalente á la de iglesias enteras; bóvedas doradas cuya altura asombra; estatuas colosales de mármol blanco, representando á los Profetas, á los Fundadores de órdenes religiosas y á una multitud do alegres ángeles ; pilastras corintias, estriadas, de increíble elevación ; los cuadros mas bellos del mundo reproducidos en admirables mosáicos ; las Virtudes , gigantescas figuras en estuco , adornando los grandes arcos; allá la Confesión de San Pedro ,. ó sea la tumba de los Apóstoles; allá el magestuoso Altar Mayor, aislado sobre el lugar donde se encuentran los brazos de la cruz latina que forma el templo; detrás , e! espacioso ábside, Coro de los cardenales, Salón del trono de los pontífices, Corte de las almas... — hé aquí las primeras maravillas que fui distinguiendo en la gran maravilla del conjunto.
Y todavía no habia formado idea de la inmensidad del templo... — Tal es la armonía , la combinada proporción de todas sus partes. — Pero cuando di algunos pasos dirigiéndome á una pila de agua bendita , sostenida por un ángel de mármol, graciosa figura que desde lejos me habia parecido débil y pequeña como la de un niño de 'pocos meses , me asombró , primero la distancia que tuve que recorrer par? llegar á la pila, y luego el colosal tamaño de aquel ángel, cuya
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mano era tres veces mas grande que la que ya alzaba para tomar agua. — Solo entonces comprendí las ciclópeas dimensiones de la Basílica.
En seguida avancé por la gran nave del centro, y al andar me parecía que pesaba sobre mis hombros , abrumándolos , la gran cantidad de aire que mediaba entre mi cabeza y las altas bóvedas.
Cuando llegué bajo la cúpula , mi admiración rayó en susto , en vértigo , en estupor. — Nunca espacio tan amplio fue robado por el hombre á las regiones serenas de la libre atmósfera.— Diríase que aquella cúpula ha invadido el cielo azul ; lo ha enlazado con la tierra ; lo ha encerrado y comprendido en un fanal de mármol , obligándole á servir de techumbre á la casa del señor.
;Loor eterno á Bramante, al soberano artista que imaginó tal portento! ¡Loor á Miguel Angel que lo realizó, que lo dibujó en los aires, que resolvió el temerario problema de levantar , como ha dicho un poeta insigne , el Pantheon sobre el Coliseo.
La cúpula de Brunelleschi en la catedral de Florencia podrá tener el mérito de la prioridad; pero no impone, no avasalla el ánimo como la de San Pedro. Esta es mas grande materialmente ; arranca de mayor altura; es mas armónica en sus proporciones; está mas ricamente decorada, y sobre todo ostenta, respira, infunde una magostad, un poderío, un sosiego victorioso, no sé qué triunfo, qué paz , qué beatitud agena al mundo de aquí abajo, que no pueden compararse sino á las plácidas , solemnes , tranquilas emociones que me causó el aspecto do la cima nevada del Mont-Blanc.
«Las nubes ceñían su cintura , sin lograr alzarse nunca hasta su frente , que se erguia desdeñosa sobro las tempestades de la tierra.»
Esto decía yo del rey de los Alpes : esto puede decirse de la gigantesca máquina que se levantaba sobre mi cabeza.
Y por eso trasmite al alma tan augusta serenidad , tan inmortal reposo.
La escelsitud material ó moral consuela siempre al hombre , hundido ó miserable en este valle de oscuridad y de tristeza.
Continuemos.
Bajo la soberbia cúpula , es decir, en el terreno que hoy cobija , viéronse en otro tiempo luchas de hombres y de fieras, presididas por Nerón, cuyo Ciño ocupaba aquel mismo lugar: allí sufrió el martirio y fue sepultado San Pedro: allí se alzó (¡cuán humilde!) en el primer siglo de la iglesia, una Capilla consa- • grada al príncipe de los Apóstoles por su discípulo San Añádelo, tercer papa, que después fue también martirizado : allí erigió Constantino la primera Basílira cristiana : allí concibieron Julio II y Miguel Angel la idea del maravilloso templo que ha sustituido á la primitiva Basílica : allí , en fin , bajo la titánica cúpula, que como una ingente corona se cierne en la soledad de los aires , se ve hoy , al pie del Altar Mayor, la tumba de bronce que encierra los restos de los apóstoles Pedro y Pablo.
Aquella tumba tan veneranda es toda de bronce, adornada de una gran cruz de oro. — Ciento cuarenta y dos lámparas la alumbran de dia y de noche , cons-
:¡U DE MADHII) A ÑAPOLES.
tantemente , menos el Viernes Santo , que reinan también las tinieblas en el sepulcro de los amigos de Jesús!... — Lo que allí se siente pudiera espresarse en un himno; pero no es para esplicado en oscura prosa. — Adivínelo tu alma.
Delante del altar que hay en el fondo de este augusto pao león , se ve una estatua arrodillada, que reza con las manos juntas, adorando á los santos mártires. — Es Pió VI, representado por el cincel de Canora. — El cuerno del pontífice yace debajo de la estatua. — ¡Pió VI , el gran legislador, el papa liberal, el príncipe patrióla , el antagonista de Bonaparle , el prisionero no vencido , el mártir victorioso!
El Altar Mayor de la Basílica, en el que solo puede oficiar el Papa, forma un suntuoso tabernáculo de bronce dorado (cuyo bronce procede del Pantheon de Agrippa), de una enorme altura y singular belleza...
Detrás del tabernáculo sigue la gran nave central , formando una especie de salón de 164 pies de longitud.
En el fondo de la nave se ve el trono del Papa, — modesto sitial forrado de blanco , símbolo de paz y mansedumbre ; — trono de amor, que me hizo recordar con pena que todos I03 tronos de reyes y emperadores que había visto hasta entonces, eran rojos... de color de sangre; trono de pureza, de inocencia, de santidad, que me infundió la veneraciou mas profunda que jamás hube csperlmentado.
En aquel que he llamado Salón , mezcla de palacio y de iglesia , precedido de un altar y terminado por otro, adornado con la Silla ó Cátedra de San Pedro, se sienten, se tocan á un tiempo mismo el poder temporal y el poder espiritual de los Papas. — Allí se legisla para este mundo y para el otro.
En aquella asamblea se ven tribunas, escaños, un trono mundanal... — y por encima, otro mas escelso trono , la Cátedra de San Pedro que he citado, la misma Silla (dice la tradición) que perteneció al discípulo del Redentor del mundo, sostenida por Sqn Ambrosio y San Agustín , los dos grandes doctores de la Iglesia Latina, y por San Atanasio y San Juan Crisóslomo, los dos grandes doctores de la Iglesia Griega.
La Cátedra de San Pedro , que es de madera , se halla encerrada y oculta bajo un magnífico revestimiento de bronce dorado, obra maestra de Bernini. — Yo la miraba; y miraba el trono pontificio colocado debajo de ella; y leia allá en lo alto , en el friso del amplio cornisamento que sirve de base á la cúpula, estas palabras escritas con enormes caracteres : Tu est Petrus et super hanc Petram edificabo Ecclesiam tneam ; et tibi dabo claves regni ca>lorum ; y recordaba aquellas otras palabras : lo que ligares sobre la tierra , ligado será en los cielos, y todo lo que desatares sobre la tierra , será también desatado en los cielos ; y estas, aun mas espresivas: Quorum remiseritis peccata, remiltuntur eis; et quorum retineritis , retenta sunt ; y pensaba , como por la mañana, en la suprema potestad de que está dotado el Sumo Pontífice; en que tiene por cetro las llaves del ciclo; en que le compete la remisión de todos los pecados; en que su diestra vibra la excomunión y reparte la indulgencia ; en que su absolución dis-
DE MADRID A ÑAPOLES. 54S peosa de toda pena y de toda culpa ; en que sus sentencias son infalibles ; en que doscientos millones de almas reconocen y acatan esta soberanía espiritual , y en que una vez recusada por la duda semejante autoridad , escala milagrosa que, como la de Jacob , une la tierra al cielo , nuestra pobre vida quedaría incomunicada con Dios ; las tinieblas reinarían sobre el mundo ; la tierra sería un calabozo
Interior de Sju Pedro de Konu.
sin salida; la esperanza no encontraría un sendero por donde buscar la libertad; y la vida seria la desesperación , y la muerte seria la nada !. ..
Esto pensaba ; y ante tales ideas, la gran Basílica me pareció mezquina, pobre y enana , á causa de sus mismas soberbias pretensiones y de su portentosa magnificencia terrena ; esto pensaba , y ante tales ideas nada encontré alrededor mió que representase directamente el sacrificio de las vanidades de la tierra hecho
5W DE MADHlf) A ÑAPOLES.
por el alma cristiana sobre el ara de la tumba á la esperanza de otra mejor vida: esto pensaba , y ya me iba , no queriendo fijar en los graciosos primores de una obra humana una atención y una reverencia que reclamaba con mejor derecho la iglesia ideal que acababa desurgir en mi mente; ya me iba, digo, dejando para otro día examinar el templo con ojos de artista ó de curioso , cuando reparé en una cosa que correspondía ciertamente á la altura de mis meditaciones. — Tal era una multitud de confesonarios , colocados como en asamblea en una de las naves laterales, formando un amplísimo círculo.— Sobre cada uno de aquellos confesonarios habia un letrero que marcaba el idioma en que podían revelarse allí los pecados. — Pro lingua ilirica... Pro lingua gallica... Pro lingua hispánica... Prolingua greca... Pro lingua lusitana... germánica... Hala... arábica.,, britannica... etc. etc.
Hó aquí , me dije , el gran tribunal de la penitencia ; hé aquí el gran océano de las culpas , en el que desembocan, como otros tantos rios, esos confesionarios, procedentes de apartadas regiones del universo : hé aquí el catolicismo : hé aquí la iglesia de todas las gentes.
En el confesonario español se acusaba una mujer vestida de negro... — Comprenderas que no llevé mi espíritu de observación hasta fijar los ojos en aquella penitente. — Adiviné, ó por mejor decir, forgé en mi fantasía una poética y dolorosa historia , y pasé.
Los confesonarios franceses eran dos. — La lengua francesa será con el tiempo la lengua universal. — Ademas que en Homa hay 25,000 galos de guarnición.
Luego pasé por delante del sepulcro de Pió VII , de aquel otro vencedor de Napoleón I. — Allí recordé un antiguo episodio que escribí hace tiempo con el título de \ Viva el Papa !
En la Basílica han sido ¡enterrados ciento treinta Pontífices , empezando por San Pedro y concluyendo por Gregorio XVI.— Imagínale ahora la inmensa variedad de suntuosos mausoleos que se verán por todos lados.
La catedral de San Pedro contiene 464 columnas, de las cuales 16 son de bronce, 239 de mármol y 209 de granito;— 281 estatuas de bronce, mármol y estuco,— y 40 alfares.
En la gran nave, á la derecha de la tumba de los Apóstoles, hay una estatua de bronce, que representa á San Pedro, tan venerada por los católicos, que le han gastado el pie derecho á fuerza de besárselo.— La escultura data del año 440.
He dicho que me marchaba , conociendo que era imposible formar idea de todo lo que encierra la Basílica y prometiéndome volver mas despacio , cuando estuviera mi imaginación bastante sosegada para estudiar minuciosamente todos aquellos prodigios de arte ; me marchaba , digo , creyendo que no habia permanecido en el templo sino algunos minutos, cuando hó aquí que al mirar al reloj, encontré que mi visita habia durado tres horas! — Asi acontece con el mar: contemplándolo , se pierde la conciencia del tiempo.
Mas no croas que salí de la Basílica para irmp a la calle... no. Aun tenia que
DE MADRID A ÑAPOLES. 547 ver lo principal : tenia que ver á San Pedro á vista de pájaro : tenia que subir á lo alto de la cúpula
Muchas y muy grandes impresiones he esperimentado durante esta ascensión, siendo las principales el aspecto esterior de la misma cúpula contemplada desde la plataforma ó sea desde los tejados del templo :— la vista interior del templo, cuando se asoma uno á lo alto de la cúpula y sumerge sus miradas en aquel profundo vacio... y distingue allá abajo las estatuas y los hombres como puntos imperceptibles que apenas se alzan sobre el pavimento de la iglesia;— y el momento en que se entra (después de haber dominado la cúpula y la linterna que la corona) en la gran bola de bronce que sirve de pedestal á la cruz.
Esta bola de bronce (la palla) puede contener diez y seis personas, y sin embargo , vista desde la plaza de San Pedro , aparece del tamaño de una naranja.
Dentro de la paila encontré dos inglesas.
Yo no olvidaré nunca el terror y el vértigo que me han asaltado en aquel lugar. - Hoy no corría viento alguno; y con todo, la bola temblaba, se mecía... como un barco agitado por el Océano.
Fuera de la bola hay todavía una escala de hierro por la cual se sube á lo alto de h cruz. — Esta última ascensión solo la hace el encargado de iluminar la víspera de San Pedro aquella cruz perdida en la inmensidad de los aires.
Hubo un momento en que pensé en subir yo también ; pero la mera idea de intentarlo me hizo perder la cabeza, y tuve que arrojarme al suelo, temeroso de perder también el sentido.
Estas emociones las han esperimentado cuantos se han visto dentro de la palla...
Y á propósito: en las escaleras de la cúpula he leido una porción de lápidas conmemoratorias de los principales viajeros que han visitado la bola de bronce, y resulta que han subido á ella mas de cien soberanos asiáticos, africanos y europeos.
Yo creo que el desasosiego que se esperimenta en aquel gabinete aéreo depende mas de la imaginación que de los sentidos. La conciencia de la altura á que se encuentra uno ; el recuerdo de la palla vista por fuera y desde abajo ; el temor álos terremotos, tan comunes en Italia; y para mí, sobre todo (lo repito), la continua tentación de escalar la cruz y abrazarme á ella, — idea que estaba seguro de no realizar, y que, sin embargo, me trastornaba por si misma, — son la verdadera causa de la intranquilidad que se siente , y que yo sentía, en un lugar tan seguro; seguridad abonada por doscientos y tantos años de experiencia.
Dicho se está que desde aquella fabulosa altura se goza de unas estenslsimas cuanto interesantes vistas.
Desde allí se domina en primer lugar toda la mole de la Basilica ,— inmensa azotea, coronada por diez cúpulas secundarias; vasto llanura de piedra, levantada en los aires, sobre la cual se encuentran calles, plazas, escaleras, monumentos... hasta viviendas humanas.
35'
54* DE MADRID A ÑAPOLES.
Se ha dicho, con razón, que «San Pedro es una especie de ciudad aparte, «comprendida en la ciudad eterna , con su clima y su temperatura propios , con »su luz particular; tan pronto desierta, como visitada por caravanas de viajeros, «ó poblada por una inmensa muchedumbre que acude á las ceremonias religio- »sas... (En algunos jubileos ha llegado á cuatrocientomil el numero de pcre- «grinos que han entrado en Roma.) — San Pedro tiene sus aljibes de agua, sus «caminos ó rampas por las que pueden subir hasta la plataforma bestias cargaodas , y su población fija que vive en las azoteas. Los San-Petrint, obreros en- «cargados de la conservación de un edificio tan precioso, se suceden de padres á «hijos y forman una corporación con sus leyes especiales y su policía.»
También se ve desde allí toda la ciudad de Roma , esto es , la antigua y la moderna; lo mismo el Capitolio que el Quirinal; asi las cuatrocientas iglesias cristianas, como los arcos, obeliscos, pórticos y templos de la gentilidad... — Aquí el Pantheon; allí el Coliseo; allá la Columna-Trajano ; acullá el Tiber con sus cinco puentes (uno de ellos colgante), con sus barcas, sus muelles, sus puertos... En este lado la Cuidad Leonina, el Vaticano, los Jardines Pontificios, el Castillo de Sant-Angelo, el Pincio, la Villa Borghesse... En aquel otro el Trastevere , las Termas de Caracalla, las de Tito; San Sebastian (donde se halla la entrada en las Catacumbas , á las cuales ardo en deseos de bajar y bajaré muy pronto); los cementerios católico, judío y protestante (pues en Roma hay tolerancia religiosa); la inmensa Basílica de San Pablo, pretenciosa rival de la de San Pedro ; los Acueductos ; la Via-Apia , trazada por dos hileras de tumbas; los melancólicos despoblados de la campiña romana ; los montes de la Sabina, los montes Albanos, la oscura selva de laurentum , y mil pueblecillos en torno á la desierta llanura, y ruinas en medio de esta, y pantanos á lo lejos, y el ferro-carril de Civita-Vecchia , y por último, en lontananza... la linea horizontal del Mediterráneo... — j Qué panorama! jQuó mundo de recuerdos! jQué abismo de meditaciones I
Tal ha sido mi primera visita á San Pedro.— Pasado mañana veremos la gran Basílica durante una de las mas solemnes ceremonias de la iglesia. — Tengo para mí que la carta que te escriba entonces , ha de interesarte mucho mas que la que aquí termina. jCono que en aquella podré describirte á Pió IX y á todo el clero romano I
IV.
El Monte Janículo.— La cclila en que murió Tasso— El Pantheon.— El Pincio.— La aristocracia seglar de Roma.— Puesta de sol.— Tertulia española.
El mismo Aü 55 i las noevedr la noche.
No salisfocho todavía con la gran vista panorámica de Roma que disfruté esta mañana desde lo alto de la cúpula de San Pedro, he pasado después toda la
DE MADIUD A ÑAPOLES. 549 tarde corriendo de cumbre en cumbre y cebando mis ojos en la contemplación de la ciudad eterna , cuyo aspecto general quiero grabar en mi alma con indelebles caracteres antes de descender al estudio interior y observación minuciosa de sus . iglesias, palacios, museos, ruinas y demás monumentos que la decoran.
Animado por esta idea, principié mi espedicion esta tarde haciéndome conducir á la cima del Monte Janículo, la mas alta de las diez colinas (no siete) sobre que se levanta Roma.
El Monte Janiculo, llamado hoy mas comunmente Monlorio (monte de oro) det color de sus arenas , se estiende entre el Monte Vaticano y el Monte Aventi- «o, & lo largo de la orilla derecha del Tiber.
Para llegar a su cumbre, hube de pasar cerca de la iglesia y convento de San Onofrio, donde murió Torcuato Tasto; y como aquel sea un sitio muy apartado del centro de Roma , aproveché la ocasión (por si no se rae presentaba, otra tan favorable) de visitar la celda inmortalizada por los infortunios del célebre poeta.
Un fraile gerónimo sumamente joven , perteneciente á la comunidad que ha— bita hace tres siglos aquella piadosa casa , me hizo los honores de ella, esplicandorae las menores circunstancias de los últimos dias de Tasso.
La celda se baila en el mismo estado en que la vió el cantor de las Cruzada s al lanzar el último suspiro.
Allí se encuentran su papelora , su sillón , un vaso antiguo de barro que había siempre en su mesa, el Crucifijo de bronce que estrechó entre sus manos al espirar, el espejo que copió su imagen... — imagen que pasó por él como una nube por el cielo...
Algunas banderas de los cruzados , coronadas de laureles que se renuevan ele tiempo en tiempo, adornan una de las paredes...
En otra parte se ve la mascarilla modelada sobre el rostro exanime del infortunado Torcuato.
El yeso repitió fielmente la horrible demacración de las facciones del tísico. . . Y i cuan dolorosa es la espresion de aquellas mejillas hundidas, de aquella frente atormentada 1
Sobre la papelera hay un tintero...
Es el mismo que usó Tasso durante los treinta y cinco dias que moró en aquella estancia!
Yo miró el fondo vacío de aquella fuente agotada , y pensé en las canciones, en los poemas, en los mundos de hermosura que se habían secado al socarse la tinta que no estrajo de allí la pluma del poeta.
De otra pared penden dos cuadros que encierran dos cartas autógrafas del cantor de Aminto.— Son sus últimos escritos.
Una de ellas , trazada por la insegura mano del moribundo la víspera de su tránsito á la otra vida , dice de esta manera :
550 DL MADRID A ÑAPOLES.
»A mi amigo Antonio Costantino.
«¿Qué dirá el señor Antonio cuando sepa la muerte de su Tasso? Y en mi . «opinión, no tardará mucho la noticia, pues me siento al fln de mi vida; qne «nunca pudo encontrarse remedio á esta fastidiosa indisposición que ha sobreve- «nido á mis otros males crónicos, á la manera de rápido torrente, por el cual, «sin poderme detener un punto, me veo claramente arrebatado. — No es tiempo «ya de que hable de mi obstinada suerte, por no decir de la ingratitud del mun- »do, que ha querido obtener la victoria de conducirme mendigo á la sepultura, «cuando yo pensaba que la gloria que, pésele á quien le pese, darán* á este «siglo mis escritos, no me dejaría al cabo sin galardón alguno. — Me he hecho «conducir á este monasterio da San Onofre, no solo porque los aires que aqui se «respiran están reputados por los médicos como los mejores de Roma, sino por «principiar desde este elevado sitio , y con el trato de estos devotos padres , mi «conversación con el cielo. Rogad á Dios por mi, y estad seguro de que del » mismo modo que os he amado y honrado en la presente vida, os amaré y non- «raré en la otra mas verdadera (lo cual es propio de una no fingida, sino since- »ra caridad), recomendándoos y recomendándome á la Divina Gracia.
«Tokcuato Tasso.»
Asi viene á estar concebida aquella sublime carta, que he traducido apresuradamente, sentado en el mismo sillón en que la escribió el poeta.
Entre tanto, el jóven gerónimo me contaba, como si la hubiera visto por sus propios ojos, la vida que llevó Tasso mientras vivió con la comunidad.
La ventana de la celda da á la huerta del convento y deja ver además un estenso panorama que comprende la mayor parte de Roma.
—Allí se sentaba á descansar, me dijo, señalando á un paraje de la huerta en que se veía un enorme tronco sin ramas. Allí había una hermosa encina, que yo he conocido, pues solo hace diez y seis años que la abrasó e) fuego del cielo... Allí escribió su último soneto á Eleonora. La mayor parte del dia la pasaba en la iglesia... ¡ Ayl Cuando vino á pedirnos hospitalidad, ya estaba muerto. Sin embargo , nosotros hicimos por él todo lo que pudimos.
Este nosotros , dicho por un jóven , refiriéndose á lo que sus hermanos de religión hicieron hace dos siglos y medio, me impresionó vivamente. — Parecía que el Tasso acababa de morir, ó que el tiempo no había corrido para aquellos lugares desde el momento en que espiró el poeta.
Creo inútil decirte que al través do aquella celda recordaba mi imaginación la ciudad de Ferrara , mi visita al Castello de los Este , y aquella leñera del Hospital de Santa Ana , donde estuvo prisionero mas de siete años el ilustre cantor de Godofredo...
Pero al mismo tiempo pensaba en que el cadáver del poeta, del loco, del mártir, fué á la tumba coronado con el laurel divino... , ceñido á sus marchitas
DE MADRID A ÑAPOLES. 55i sienes por la mano piadosa del papa Clemente VIH. — i Tardío ; pero noble y sagrado galardón de su genio y de sus dolores 1
Abajo, en la iglesia del monasterio, se halla el monumento levantado recientemente por Pió IX, en nombre de nuestro siglo, sobre la losa que cubre las cenizas de Torcuata.
La estatua del creador de Reinaldo tiene en la mano la Gerusalemne liberata , abierta por la primera pagina , leyéndose en el marmol y en letras de oro los dos versos con que principia el poema :
Cauto P arini pietusc1 , e ' I Capitano cIkí 'I gran Sopolcro lilieró di Cristo.
Una vez fuera de San Onofre , seguí subiendo el Monte Janículo hasta llegar á su cumbre, donde se halla la Fuente Paulina, llamada asi por ser obra de Pablo V.
Honia es la ciudad mas rica de agua potable de lodo el universo, y aquella cuyas fuentes públicas son mas caudalosas.
Ya te dige anoche que por la fuente Trevi corre todo un rio , llamado Acqua Vergim (agua virgen).— Por la Fuente Paulina, que se encuentra á 64 metros sobre el Tiber, Huye l Acqua Paola, que viene de los lagos Bracciano y Martignano, muy distantes de Roma, por medio de colosales acueductos.— Entra ademas en Roma t Acqua Felice, llamada asi del primitivo nombre de Sisto V (Felice Montalto).
Los acueductos que conducen por los aires estos tres rios a la cumbre de las colinas mas altas de la ciudad eterna , suman una longitud de 27 leguas, calculándose en ciento ochenta mil quinientos metros cúbicos el volumen del agua que derraman por mas de cien fuentes, casi todas monumentales.
Pues asómbrate : este caudal no es sino la décima parte del que surtía las fuentes de la antigua Roma. Entonces eran diez los acueductos , y producían un millón trescientos mil metros cúbicos de agua cada veinte y cuatro horas.
El agua de la Fuente Paulina es la mitad de la que viene de los lagos citados , y sin embargo , después de volcar su volumen en aquella altura , cual si fuese un simple adorno de un ocioso monumento, baja á la ciudad, poniendo en movimiento veinte y dos fábricas, alimentando muchas fuentes públicas y particulares y yendo á parar al Tiber. — La otra mitad del Acqua Paula desciende al Vaticano, surte el palacio de los Papas, riega sus jardines, aparece en las dos fuentes de la plaza de San Pedro y ocurre á todas las necesidades del Boryo Nuovo.
En cuanto á la vista de Roma que se disfruta desde la Fttente Paulina, baste decirte que me maravilló sobre manera, á pesar de haberme asomado pocas horas antes á lo alto de la Cúpula.
Cerca de la fuente, y por debajo de ella, se encuentra la célebre iglesia de San Pedro in Monhrio en una deliciosa posición. Dicha iglesia fue construida
552 A1AUHII) A NAI'OLKS.
pur nuestros Heyes Católicos y adornada por Felipe 111 de Austria — Los muros
Campesina romana.
del templo padecieron mucho en 1849 cuando los franceses sitiaron á Roma, defendida por Garíbaldi.
DE MADRID A ÑAPOLES. 553 Del Monte Janiculo bajó al Trastevere, al barriu clásico de la plebe romana, habitado por una raza fuerte, viciosa, iracunda, medio cristiana y medio idólatra, indolente, guerrillera, papal y republicana 4 un tiempo mismo; que jura per Baco y lleva en el puñal una efigie de María Santísima ; nunca ladrona, pero que te asesinara por el mas fútil motivo; gran jugadora de naipes y de lotería; pintorescamente vestida con su capa melodramática y su sombrero puntiagudo...—raza envilecida, que conserva en su fisonomía y en sus pasiones algo de la antigua Roma...— hijos postumos de la Loba, gobernados por un Cordero.
Todos estos caracteres de la plebe romana se advierten á primera vista , y sobre todo penetrando, como yo he penetrado esta tarde, en las tabernas en que se reúnen los trastéjennos á jugar, á beber , á maldecir y a matarse. — En una de aquellas tabernas permanecí media hora, filmándome filosóficamente un cavour y reparando mis fuerzas con un esquisito monlefiascone y unos pasteles que me han recordado el alcuzcuz de Marruecos. — ¡ Qué tipos he visto I [ Qué conversaciones he oidol ¡ Qué juramentos 1 ¡ Cómo se enseñaban los puños aquellos hombres l \ Cómo se amenazaban! jCómo reianl j Qué barbas I (Qué ojosl iQuó voces! |Quó gestos! ¡Qué tinieblas morales (por decirlo asi) en aquella atmósfera de humo de tabaco 1 ¡ Qué pasión en medio de todo !
Al pasar después por la plaza principal del barrio , me detuve un momento ante la insigne basílica Santa María in Trastevere, la primera iglesia, según la tradición, en que celebraron públicamente su culto los cristianos de Roma. La primitiva basílica fue edificada al año 222 sobre las ruinas de un hospital de inválidos, Taberna Meritoria. Luego fue destruida cuando las grandes persecuciones contra los cristianos; levantada otra vez en épocas de tolerancia; derribada de nuevo; vuelta á construir; y finalmente agrandada y embellecida por muchos pontífices.
Hoy es uno de los templos predilectos de los devotos de Roma.
Empezaba á declinar el sol , y yo quería terminar la tarde en el Monte Pitido.— Dejé, pues, el Trastevere por el Ponte-Sisto, construido sobre los pilares de otro , debido á Marco- Aurelio , y me encaminó hácia el Norte , por un dédalo de callejuelas , seguro de salir á terreno conocido.
Pronto me encontré en la plaza del Pantheon ó sea de la Rotonda , nombre que lleva también aquel magestuoso monumento , el mas completo y acaso también el mas noble y sublime que nos ha legado la antigüedad.
El Pantfteon (su nombre lo dice) fue un templo levantado á todos los dioses. Edificóse á espensas de Agripa, en tiempo de Augusto, algunos años antes de la venida de Jesucristo.— Hoy es un templo católico, llamado Santa María de los Mártires.
Nada mas sencillo ni mas grandioso al mismo tiempo que el Pantheon de Agripa. En él, solo hay que admirar dos cosas: el pórtico que lo precede, y la nave circular (la Rotonda) á que se reduce todo el edificio.
El pórtico se compone de diez y seis gallardas y gigantescas columnas de
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granito oriental , cada una de una sola pieza. El tamaño de estas columnas es de i 4 píes de circunferencia por 38 y medio de elevación. Sus bases y elegantísimos capiteles de marmol blanco, asi como el cornisamiento y el frontón que sustentan, pasan entre los artistas como acabados modelos por sus bellas y armoniosas proporciones.
Antiguamente se subía por siete gradas á este pórtico ó vestíbulo , cuya profundidad es de 61 pies por 104 de anchura. Iíoy se ha levantado tanto el terreno , que solo hay que subir dos escalones.
Las diez y seis corpulentas columnas que he citado se hallan en dos hileras, de modo que el pórtioo solo presenta ocho en su espaciosa fachada.
En otro tiempo, el frontón estaba revestido de un gran bajo-relieve de bronce dorado ; pero el papa Urbano VIH lo hizo arrancar, y con él y con la techumbre, también de bronce , que cubría el vestíbulo , hizo cuatro columnas para el tabernáculo de la Basílica de San Pedro y ochenta cañones para el castillo de SantÁngelo.
En cambio se colocaron dos mezquinos campanarios sobre este nobilísimo pórtico; campanarios que la burlona plebe romana comparó en seguida con dos orejas de burro; todo lo oual hizo prorumpir á la musa callejera en este saogrien- . to, pero justísimo epigrama:
Quod non fecerunt Barbari , fecerunt Barbar ¡ni.
Urbano VIH era de la familia Barberini.
Aquí tienes una prueba mas de lo que te decía anoche á propósito de la Via Crucis del Coliseo. — Los hijos de Roma no han sido nunca tan cristianos que abominen de su prosapia gentil. — Bueno que haya papas en lugar de emperadores; bueno que se conviertan en iglesias nuestros templos, — murmura por lo bajo *u iustinto;— pero que se respete el arte; que no se toque á nuestros monumentos paganos.
Con que entremos en el Pantheon.
Ya te lo he dicho : nada mas sencillo ni mas grandioso que aquella nave redonda , cubierta por una amplia y magcstuosa cúpula.
El diámetro y la altura del Pantheon son iguales : 132 pies.— El espesor de los muros (esto no se ve, pero se sabe, y hasta se adivina) es de mas de seis varas.
i Este singularísimo templo no tiene ventana alguna. La luz y el agua del cielo (esta tarde estaba cubierto todavía de nieve el centro del Pantheon) entran por lo alto de la bóveda , donde en vez de una linterna ó templete, como en todas las cúpulas, hay un gran redondel abierto, por el cual se ven cruzar las aves y las nubes.— El centro del pavimento está deprimido y tieue unos agujeros como los patios de Andalucía , á Qn de que corra el agua cuando llueve.
En los mismos nichos que ocupaban hace mil quinientos años Júpiter, Marte,
DE MADRID A ÑAPOLES. 555
Venus, Saturno y otros dioses paganos, hay altares consagrados á Jesús, a Marta y á algunos santos mártires.
Para concluir : en aquel augusto recinto descansan los restos del gran pintor cristiano, del principe de los artistas, del divino Rafael.
El sepulcro del pintor de las Vírgenes , sirve como de pedestal á una imágen de María, llamada la Madonna del Sasso. ¡ Ufano y gozoso debe de estar el místico genio á los pies de Aquella que tanto adoró y cuya soberana hermosura fue la inspiración de su vida!
Cerca de la tumba de Rafael se halla la de su prometida , la sobrina del cardenal Bibiena, muerta tres meses antes que el gran artista.
A la puerta del Pantheon tomé un coche y me dirigí al Pindó , pasando por la Piazza Colonna, el Corso y la Plaza del Po¡wlo, camino que ya conocemos.
Desde la Plaza del Popólo se sube al Pincto por unas estensas y redobladas rampas , sombreadas por añosos árboles y adornadas de estatuas. Centenares de coches subian y bajaban por aquellas empinadas cuestas , que son otros tantos balcones escalonados en anfiteatro, desde los cuales se disfruta una soberana vista de la parte occidental de Roma , mas dilatada y comprensiva según que se va uno elevando mas sobre la Plaza del Popólo.
Llegué, en Gn, á lo alto del Monte Pincto, y encontré una gran esplanada llena de arboledas y jardines , en torno de los cuales daban ámplias vueltas los coches y los ginetes , mientras que la gente de á pie se agrupaba en algunos paseos ó salones, donde las músicas de los regimientos franceses obsequiaban á los romanos con las melodías de Bellini y Donizetti.
Allí arriba me olvidó de que estaba en Roma : nada habia allí que recordase á la ciudad de los Césares ni á la metrópoli del catolicismo. Aquella multitud, aquella alegría, aquellos lujosos trenes, aquella música profana, aquellos trajas seglares y modernos , las miradas de amor que cambiaban los jóvenes , el humo de los cigarros, el crujido de la seda, el perfume de las damas elegantes, el matrimonio, representado en tantas parejas, los niños que jugaban, los oficiales que lucían su uniforme y arrastraban su espada , todo me daba idea del siglo y del siglo actual ; todo me hacia creer que me hallaba en París ó en Madrid ; todo me alejaba de la ciudad de los recuerdos y de las esperanzas.
Y comprendí el amor y la juventud en medio de los dos severos ascetismos que constituyen el carácter de Roma : el ascetismo filosófico que inspiran las ruinas, y el ascetismo religioso que inspiran las iglesias. Y dibujé sobre el fondo melancólico de un horizonte alumbrado por dos crepúsculos, — por el de la vida y por el de la inmortalidad, — historias de pasión , sueños de libertad, imágenes de hermosura, cánticos primaverales, todo el lirismo, todos los entusiasmos de nuestra rápida existencia.
En tanto se ocultaba el sol en el Occidente, tiñéndolo de color de púrpura. La gran masa de la Basílica de San Pedro se dibujaba en los esplendores del oca-
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so, agigantada como los navios que aparecen en el limite del horizonte al declinar la tarde. En el Monte Janículo, que acababa de recorrer y del que ya me separaba toda la ostensión de Roma , blanqueaba todavía la nieve. £1 Tibor amarillento habia tomado un blando tinte de ópalo, y los cipreses de Villa Corsini se ennegrecían y parecían cada vez mas altos, á la manera de espectros salidos de la tierra para tendej sobre el mundo las sombras de la noche.
I Hora sublime de patéticas emociones 1 — La niebla empezaba a envolver ¿ la ciudad de los siglos. — La realidad se borraba también á los ojos del viajero, y otras regiones, y otros tiempos, y otras ciudades so presentaban á mi imaginación.— Las campanas que resonaban allá abajo hablaban el idioma de la remota patria... La gente que bullía en torno mió tomaba la forma de seres conocidos, de prendas inolvidables...
......... ........ . . . . . .
Una hora después, es decir, hace dos horas, me hallaba rodeado de españoles.— La dolorosa alucinación que me angustiaba en la cumbre del Monte Pitido, habia sido como una profecía, como un presentimiento de la consoladora escena con que ha terminado mi dia de hoy.
Esta escena ha tenido lugar en el Café Greco, punto de reunión, como ya te no anunciado, de casi todos los artistas estranjeros que residen en Roma.
Allí tienen una sala particular los artistas españoles : allí he encontrado á mi antiguo amigo el escultor Vilotes ; al pintor de batallas , Fortuny , a quien conocí en Africa, pensionado hoy por la ciudad de Barcelona; á Dioscoao Puebla, pensionado por nuestro gobierno, y pintor de gran porvenir, autor de unas Bacantes que acaban de ser premiadas en la Esposicion de Relias Artes de esa villa y corte y ocupado hoy en bosquejar dos cuadros : Las Hijas del Cid y San Pablo convirtiendo á una cortesana ; á Ficueras , escultor catalán , que ha creado, dicen , una bella estatua de doña Marina , la amada de Hernán-Cortés ; á Palmaroli , pensionado por los reyes de España y que pinta un cuadro de devoción que se elogia mucho ; a ron Alejo Vera , pensionado particular, que bosqueja un cuadro, el Martirio de San Lorenzo, destinado á la futura esposicion española; á Marcial , á Francés, á Rosales, y á otros cuyos nombres no recuerdo: allí he visto también á un jóven fotógrafo vascongado , el señor Molins, cuyo establecimiento tiene gran nombradla en Roma ; á don Fernando Fernandez de Velasco , agregado á nuestra embajada , persona de gran instrucción é ingenio ; á mi querido amigo el delicado poeta Amos Escalante; al señor Ralez, agregado también á la embajada española; al distinguido compositor catalán don Mariano Soriano Fuentes; á los señores Arnau y Guardiola, empleados en los ferro-carriles romanos , que se construyen por nuestro célebre compatriota el señor Salamanca; al presbítero don Ramón Pujols, escelente sugeto, capellán de la iglesia de Monserrate, y en fin, á otros varios españoles, disjmsandos en su mayor parte. —No estaban allí ya (pero si estaba su recuerdo) Gisbert y Casado, ó sean los autores de los Comuneros y de los Carvajales : uno y otro artista partieron hace poco tiempo para España, llevándole dos obras que, según he visto en los'perió-
DE MADRID A ÑAPOLES. 537 dicos, han llenado de orgullo y regocijo á la patria de Zurbarán y Velazquez. También te recordaban á ti, — y te lo digo directamente, porque sé que has de leer el libro de que formará parte esta carta; — también te recordaban á tí en el Café Greco, ¡oh Germán Hernández, mi buen amigo, que pasaste allí tantos anos, de codos en aquellas mesas, dejando fluctuar tu espíritu entre las ilusiones del arte y las melancólicas memorias de la patria ; á tí , el idólatra de la belleza pagana, que no supiste abandonar á Roma sin hacer de una de sus hijas la compañera de tu existencia I... Allí te recordaban y allí te recordé, porque muchas veces me habias hablado de aquel ahumado templo de tus ilusiones de artista!
Desde el Café Greco, donde he permanecido dos horas, creyéndome en el Cafó Suizo do Madrid, y donde hemos pasado revista á media España, me ho venido al hotel , mas triste aun que me encontraba esta tarde en el Pincio...
Es el presentimiento del día que me espera mañana... [Mañana, dia de Noche-Buena I
La Noclw-Buena «n Roma.
...«; Noche bendita !... cantan los niños sencillas y tiernas coplas; rirn los padres tristes, y hablan los taciturnos; bendicen á Oíos las mujeres abandonadas , al ver ana mirada de amor en Ins ojos del esposo... y en tanto los viejos, que ja no «listen como actores de la vida , sino como testigos de la vida de otros , casi se consuelan de la proximidad de la muerte, al encontrarse reproducidos en »as hijos y en sos nieto»...»
Creo que no ignoras , amigo mió , el recogimiento y el respeto con que saludo yo todos los años el dia de Noche-Buena. Para mí es esta la mas santa efeméride de la vida; un religioso aniversario que celebran todos mis afectos en el ara de la memoria; la fecha en que recapitulo mi pasado , desando mis años uno á uno, evoco á mis muertos queridos, busco con la imaginación 4 mi familia y vivo mentalmente en su amoroso seno; la fecha también en que dirijo al porvenir una inquieta mirada , queriendo descubrir entre las vagas sombras de los años futuros la fórmula de mi destino, mi familia venidera, la desconocida que ha de ser mi esposa , los seres que serán mis hijos , la casa que presenciará mis patriarcales goces de la vejez, la tumba que recogerá mi cadáver...
Más de una vez he escrito y publicado mis solemnes emociones de este dia. Hace cinco años apareció La Noche-Buena del poeta , en que lloré la soledad del hijo-pródigo que busca afanado un techo amigo bajo el cual pasar la noche pascual y no lo halla : mas tarde publiqué unos Episodios de Noche-Buena, en que pintaba las alegrías de los hijos de Madrid durante todo el dia de hoy : el año pasado, en fin, tracé á la luz de una hoguera , en los montes de Africa, unos párrafos que tituló La Noche-Buena del soLlado.
En todos esos escritos he consignado ya cuanto pudiera decir aquí acerca do lo que esperimenta el que vaga por el mundo como un ave de paso, cuando, al
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marcar el reloj del tiempo esto melancólico aniversario , recuerde el alma los tranquilos días de la niñez, las dulzuras del bogar paterno y tantos años perdidos en la vanidad de efímeros placeres.— Yo te refiero, pues, á aquellos escritos, y me limitaré hoy á contarte todo lo que he hecho y pensado desde esta mañana hasta ahora que es la una de la noche.
La mayor parte del día la he pasado en la antigua Roma. No sé qué instinto dramático me habia advertido que debia hoy remontar la historia del mundo , y revolver el polvo de la edades paganas , para venir á parar á la noche al Nacimiento de Jesús, al alboreo de la nueva era , á la cuna de cristianismo.
Fulme , pues , muy temprano al Capitolio , en cuyos palacios entré , asi como en su magnifico Museo; y allí cebé mi vista en grandes obras de la antigüedad, estatuas , bustos , bajo-relieves , tumbas , lápidas , restos de todo género de una civilización hundida: allí tuve frente á frente las efigies de piedra de muchos emperadores y guerreros de Roma: allí encontré también á algunos grandes hombres griegos : Homero, Sófocles, Aristóteles, Diógenes, Epicnro, Alcibiades... : allí la estatua colosal de Julio César, la sola que se cree auténtica entre las muchas imágenes que quedaron del conquistador: allí el célebre Caballo desgarrado por un León : allí la Loba antigua dando de mamar á Rómulo y Remo: allí el famoso Gladiador moribundo , una de las obras mas bellas del ingenio humano; allí los dioses de Grecia: allí los héroes fabulosos: allí los escritores... jallí todo un mundo 1 y sin embargo, aquel Museo, comparado con el del Vaticano, que ya veremos, no es, según me dyo el conserje, sino lo que una aldea comparada con Roma 1
De camino vi la Galería de pinturas, donde hay muchas obras maestras, siendo la principal la renombrada Santa Petronila de Guerchino... Pero después de haber permanecido tanto tiempo en compañía de las nobles esculturas de la gentilidad ; después de haber recorrido la Sala de los Emperadores, la Sala de los Filósofos y la Galería de Bustos , mi alma no se hallaba templada para seulir ni comprender las escelencias de las artes de otra civilización.
Asi , pues , pasé ligeramente por la Galería de Pinturas y me hice llevar á un Gabinete reservado, donde se hallan tres prodigios del arte griego, inspirados por la mas refinada voluptuosidad , y como tales , negados á la contemplación pública.
Estos tres prodigios son la Venus Capitalina, Psiquis y el Amor; y Ijeda y el Cisne.
Desde el Capitolio fui á la Roca Tarpeya, que como dijo Mirabeau, no dista de aquel mas que un paso.
El salto de la Roca Tarpeya ha dejado de ser mortal. El abismo que se abría á sus plantas ha subido, cuarenta pies con los escombros de los siglos , y sobre estos escombros se han edificado algunas pobres casas , cuyos tejados casi se tocan con la mano desde la antes formidable altura.
Un humilde hortelano es el dueño de la antigua Roca , convertida ahora en
ÜE SIAÜIUI) A ÑAPOLES. S59 una especie de jardín babilónico ó mas bien de terrasse, plantada de berzas.
Trabajo le costó á rai imaginación ennoblecer aquel sitio , á fuerza de discurrir en las grandes escenas que alli babian pasado. Pero una vez mi espíritu en tensión armónica con los hechos , busqué con la vista la tumba de la infame Tarpeia y el lugar por donde fueron precipitados el tirano Manlio y tantos traidores á la patria. Y nada encontré, ni nada pudo reconstruir mi fantasía, que hubo al fin de contentarse con recordar la tragedia de Antonio Lafosse, Manlms Capitolinus..
En seguida bajé al Foro. Los blancos fantasmas que habia vislumbrado anteanoche á la luz de la luna, aparecieron a mis ojos en toda su fria realidad. Rotas columnas, capiteles hundidos en el polvo, trozos de elegantes cornisas, todo volvió á escitar mi admiración ; pero no ya como espectros de generaciones que abandonaban la tumba , sino como muestras patentes de la cultura artística de un gran pueblo.
Pronto pasé cerca de las ruinas del templo de Saturno , donde se hallaba el tesoro de Roma en tiempo de la república , aquel tesoro amasado con la sangre y el sudor de tantos pueblos vencidos, y robado mas tarde por César y por su hijo y matador.
Dejé atrás los esqueletos insepultos de otros famosos templos ; los arcos levantados en honor de grandes triunfos, que sin auxilio de tales monumentos, ha eternizado la historia ; la gigante mole del Coliseo , que no me impuso menos a la luz del sol que al rayo misterioso de la luna, y por último , abandonando la Via Sacra, camino trazado por monumentos de gloria, pasó bajo el arco triunfal de Constantino , puerta simbólica que dió solemne entrada al cristianismo en la gran metrópoli pagana y me dirigí en busca de las Termas de Caracalla.
Nada mas imponente que aquel gigantesco edificio, adonde acudía todo el pueblo romano á bañarse , á comer y á solazarse en varios juegos (todo por cuenta del Estado), mientras era hora de entrar en el Coliseo á cebar sus ojos en el sangriento espectáculo de las luchas de hombres y de fieras. Rn aquellas Termas , que no eran las mayores de la ciudad , habia hasta 1 ,600 sillas de baño, todas de mármol pulimentado, salones de espectáculos, tertulias, y en fin , cuanto puede comprender, aunque en mayores proporciones, el mas confortable club de Lóndres.
Hoy solo queda de tanta grandeza una confusa amalgama de ruinas descomunales ; bóvedas agujereadas por donde se ve el cielo ; arcos enormes que se sostienen aun después de haber desaparecido los pilares en que se apoyaban ; recios muros vestidos de rosales silvestres ; pavimentos de mosáicos de serpentina, pórfido y otras riquísimas piedras, y sobre todo la asombrosa planta del edificio dentro de la cual se alzarían con holgura no una , sino varias de las construcciones modernas que pasan por colosales.
De las Termas fui á la Tumba de los Escipiones, descubierta en 1780 en una viña próxima á la puerta de San Sebastian. Muchos preciosos objetos de arte se encerraban en aquella cataeumba abierta en un terreno volcánico; pero todos
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han sido trasladados al gran Museo Pontificio. Harto se ha disputado sobre si los Escipiooes enterrados en aquel lugar sen ó no son los mismos que conquistaron el Africa y la España y tantos otros países. Como quiera que sea , yo he leido en una de tas lápidas que allí se conservan, estas palabras, que me han inspirado tanta indignación como orgullo (indignación , porque la catástrofe de Numancia no puede llamarse vencimiento, y orgullo, porque eran los Romanos los que se engreían de tales triunfos): Escipkw , vencedor de España.
Pocos pasos mas adelante y en otra viña, famosa en los mercados de Roma por sus esquisitos frutos , encontré los célebres columbarios , cuyo descubrimiento dió tanta luz á la historia y á la fllosoQa para comprender muchos hechos, identificar fechas y nombres y penetrar en el espíritu de las costumbres romanas.
Los columbarios — su nombre lo dice — son una especie de palomares , ó por mejor decir, son una reducción ó miniatura de los cementerios modernos construidos por el sistema de nichos abiertos por pisos en las paredes. Estos nichos no se hallan murados : dentro de cada uno hay unas como cajitas de mármol , y á veces á la manera de ánforas , en cuya tapadera se lee el nombre del mortal cuya ceniza está allí guardada. — Escusado es decirte que al hablar de ceniza no uso mi estilo figurado, pues ya sabrás que los romanos quemaban los cadáveres envueltas en una túnica de amianto hasta convertirlos en pavesas con el fin de hacer mas cómodo su trato familiar y frecuenté con los restos de los finados.
De todo lo que hasta ahora he visto en Roma , nada me ha impresionado tan viva, tan verdadera, tan crudamente como estos singulares cementerios. Descubiertos en 1851 y en un pueblo acostumbrado ya á respetar los monumentos de pasadas civilizaciones , los columbarios permanecen intactos, tales como se encontraban hace miles de años cuando su piadoso guardador los cubrió de tierra para ocultarlos á la profanación de sacrilegos invasores , tales como el arado de un pobre labrador los hizo aparecer de nuevo á la (absorta) vista de nuestra generación. Asi es que allí se ve á la antigüedad palpitante , auténtica, fehaciente. La lámpara de bronce pende del techo: las cenizas no turbadas todavía reposan en el fondo de las ánforas, y mi mano ha sido la primera, al cabo de tanto tiempo , que ha ido á removerlas como diciéndoles j despertad I ; las paredes se ven cubiertas de pueriles pinturas al fresco que representan por lo regular guirnaldas de flores ; dentro de los nichos se ven jarros , ídolos , lámparas de tierra y otros objetos curiosos : en un solo columbario he contado hasta 600 urnas cinerarias, alguna de las cuales , según su epitafio contenia confundido el polvo de una familia entera... iSanto deposito de dolores y memorias, de superstición y de cariño, confusa mezcla de seres, como emblema de aquel pueblo en que se confundía un mundo 1 1 A qué solemnes consideraciones no se prestaba aquel pequeño recinto en que se veian espuestas como una simple curiosidad arqueológica tantas historias, tantas vidas I Allí estaban mudos, escarnecidos, desamados tanto» y tantos hombres...
DE MADRID A ÑAPOLES. 561
Al salir de los Columbario* , vi á lo lejos an largo camino adornado á un lado y otro de blancos y ruinosos monumentos.
Aquellas dos hileras de destrozados mármoles se perdían en el horizonte, con dirección á Albano.
San Juan de l^dan.
Era la Via Apia, a la cual me encaminé.
Los monumentos que se veian en él y que llegarían á mil, eran también tumbas de antiguos romanos. — Aquella fúnebre calle, sembrada de sepulturas, me trajo á la imaginación los caminos de tas pagodas indias , cubiertos de huesos de peregrinos...
¡Cuánta melancolía en todo lo que iba viendo! En torno mió se dilataba una
r,62 DB MADRID A ÑAPOLES.
estéril llanura interrumpida a veces por los enormes esqueletos de los antiguos acueductos, que parecían también sepulcros inconmensurables! ¡Sepulcros por todos lados ! j Ceniza humana do quier I
Cerca de raí se levantaba la iglesia de San Sebastian , por donde se baja á las Catacumbas, á la vasta ciudad subterránea, atestada también de sepulcros; al asilo de los primeros cristianos ; á la casa y panteón de los mártires...
No me atreví á entrar. Mi visita á las Catacumbas debe ser objeto de una peregrinación especial. Hoy agitaban ya mi espíritu demasiadas sensaciones para que pudiera entregarse completamente á la religiosa poesía de tan venerandos recuerdos.
Di , pues , la vuelta á Roma , no sin subir antes al Monte Palatino y visitar las ciclópeas ruinas del Palacio de los Césares , de la Domus Aurea de Nerón.
La ciudad de Roma habia empezado en aquel mismo Monte en que se alzó luego el mas soberbio testimonio de su grandeza. Fue, pues, siempre aquel un * lugar sagrado, que resumía la historia de la reina del mundo. — Alli levantó Rómulo el primer techo romano : allí vivió Augusto: allí espiró el imperio en las mas escandalosas disipaciones.
Cuando entré en la ciudad moderna, eran ya las cuatro de la tarde.
Todas las tiendas estaban cerradas: circulaban muy pocos coches: apenas se veia gente en las calles, y la que me encontraba, iba cargada de compras ó de aguinaldos.
La gran preocupación de los romanos , como de todo el mundo católico , era en aquel momento la colación de Noche-Buena.
A las ocho de la noche , todas las calles estaban desiertas ; todas las iglesias atestadas de gente.
Luego quedaron también solitarias las iglesias, y la gente se refugió en sus casas.
Yo me encontró solo en la calle. Eran la* nueve.
Todas las familias estaban reunidas, todos los hogares calentaban, todos los corazones contaban con otro corazón en que depositar sus alegrías ó sus penas...
Yo , movido por una invencible inclinación, encaminé mis pasos á la plaza de España y me paseé largo tiempo á la puerta de nuestra Embajada, al amparo del escudo de Castilla.
Pronto vino á reunírseme otro paseante solitario.
Era mi amigo, mi compañero de viaje, mi compatriota Caballero, á quien no habia visto en todo el dia , y que , impulsado por una triste/a idéntica & la que á mí me dominaba, iba á buscar allí el mismo remedio,— |á soñar con la patria y con la familia I
No hay elegía tan triste, ni canción tan patética , ni égloga tan dulce y tan suave , como el diálogo que en casos como este entablan dos hermanos de destierro. Andalucía, nuestra tierra común, fue evocada por nuestras tiernas memorias. Aclaróse la noche y desvanecióse la distancia. — Las ciudades , los campas,
DE MADRID A ÑAPOLES. 5fi3 los cortgos, las familias pobres y las acomodadas, los viajeros que hacían alto en las ventas del camino , todo apareció á nuestros ojos, tal como se encontraría en aqueja solemne hora. Y los cantos populares, y las costumbres de cada pueblo, y los manjares acostumbrados, y las tradiciones de una y otra casa , y la enumeración de su familia y de la mia, fueron el objeto de una sabrosa y larga plática, eco flel de la que tuvimos antes de abandonar á Florencia
Esta conversación era interrumpida á cada instante, ó por mejor decir iba acompañada continuamente de este pensamiento :-«Nuestras familias saben que estamos en Roma.»
Y el augusto nombre de Roma suscitaba un orden mas elevado de pensamientos, que se sucedían en nuestra imaginación paralelamente con las otras ideas enunciadas.
Cuando vino el Mesías, hace esta noche 1860 años , Roma dominaba en Jerusalen. Doy es Roma la metrópoli del cristianismo...
El recuerdo de la visita que esta mañana había hecho á las ruinas del imperio, mantenía viva en mi imaginación á la ciudad eterna bajo su aspecto gentil: creíame, pues, en el siglo de Augusto, en la Roma de los Césares, y desde tal punto de vista, me parecía que esta noche era, no el adversario del nacimiento de Jesús, sino la misma en que el Salvador vino al mundo.
Y busqué én el límpido espacio la bendecida estrella que vieron los pastores. Y el silencio de la ciudad de los siglos me representó la suspensión de júbilo que , según los Santos Padres, esperimentó el universo en aquella sublime hora. 0 mas bien lo traduje como el miedo de la antigua civilización, condensada entonces en Roma, al presentir que acababa de venir al mundo Aquel que debía hundir los templos y los alcázares del error y de la abominación...
Estas ideas acabaron por eclipsar en nuestra alma los melancólicos destellos de nuestros remotos hogares...— Nace nuestro Dios, dijimos, y nace para vencer y dominar á esta corrompida Roma. Regocijémonos al abrigo de nuestros templos, bajo el techo de la casa de todos los fieles, al amor del hogar que se enciende esta noche por primera vez en la distanto Judea.
Y hablando, ó pensando, ó sintiendo asi, encaminamos nuestros pasos a Sania María la Mayor, una de las cuatro basílicas que tienen Puerta Santa, la principal de las iglesias consagradas en Roma á la Virgen María, fundada en el siglo IV del cristianismo.
Para ir á aquel templo, pasamos por una conDuencia de calles, llamada Plaza de las Cuatro Fuentes, situada en la cima del Monte-Quirinal.
Cada una de las fuentes que dan nombre á aquella plaza, adorna la esquina de un palacio.
El principal de ellos es el Palacio Pontifical del Quirinal, residencia de los papas durante el verano.
Al otro lado veíamos una magnifica casa, profusamente iluminada, de mas alegre aspecto que suelen presentar los palacios de Roma, y en cuyo espacioso portal había algunos criados con lujosas libreas.
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Era la residencia de la reina Cristina , de la madre de la reina de España.
Allí habia esta noche una gran cena, á la que asistían muchas familias españolas. Tal vez aquellos criados eran compatriotas nuestros. La luz de aquel portal calentaba nuestro corazón, como si, mas que luz, fuese fuego; como si fuese un hogar de la ausente patria. — En el estranjero no se sienten las iras de las discordias civiles. —El muro de aquel palacio nos fue esta noche tan sagrado y tan querido, como poco antes el de la embajada de España.
Pasamos, y llegamos á Sania Marta la Mayor.
Las puertas de la insigne Basílica estaban todavía cerradas.— Se esperaba al cardenal que habia de decir la Misa del Gallo. — Un pueblo inmenso aguardaba sentado ó paseándose bajo el noble pórtico de la iglesia ó alrededor de la gran columna corintia que se levanta allí cerca y que perteneció" á la primitiva Basílica.
Hacia luna. El pueblo romano reía y cantaba. Muchos estranjeros vagaban de la columna al arrogante obelisco que se alza detrás del templo , en una vasta plaza. Nosotros, mas tristes y solos entre la multitud que antes en la soledad, permanecíamos ocultos en un intercolumnio del pórtico, como viajeros perdidos en noche de tormenta , que llegan á pedir hospitalidad á un castillo , cuyo puente levadizo tardan en bajar. — En esta situación, vimos á lo lejos y a la plena luz de la luna á Jussuf , al incomparable marroquí , vestido con su mejor levita y su descomunal sombrero de copa , que se paseaba filosóficamente llevando una francesa colgada de cada brazo ,— doncellas del hotel sin duda.
Asi oimos las doce , la hora solemne , y asi pasamos otra media hora.— La puerta de la iglesia no se abria : la noche refrescaba cada vez mas : yo no estaba bueno. Por otra parte , teníamos que madrugar mañana para ir á San Pedro y ver al papa de pontifical... ¿Qué era la función de esta noche , comparada con la que nos prometíamos?
Volvimos, pues, á casa; tomamos té como cualquier otra noche... he escrito esta pobre carta , y he aquí que voy á dar permiso al alma para que vuele á otros países á pasar el resto de la noche en compañía de las personas de su predilección.
VI.
El Papa de Pontifical.
Roma tS de diciembre.
Guadix fue una importantísima colonia de los romanos; después, en poder de los moros, llegó á ser hasta capital de un reino; verificada su conquista por los Reyes Católicos , aun conservó durante tres siglos algunos aires señoriles , y allá por el año de 8, cuando vinieron los franceses, los graves señores que cora-
DE MADRID A ÑAPOLES. 56b
ponían su ayuntamiento vestían sendas capas de grana , ceñían espadín y se cubrían con sombrero de tres picos. — Yo he alcanzado á conocer la capa de grana de mi abuelo, que se conservaba en mi casa como una reliquia, y que nosotros, los lujos de 1853, irreverentes á fuer de despreocupados , dedicamos á mil usos en nuestros juegos infantiles.— Como quiera que sea, cuando yo vine al mundo, Guadix era ya una pobre ciudad agrícola... menos que agrícola... una ciudad de colonos.— Los duques y marqueses, á quienes se repartió su territorio después de la conquista , y cuyas grandes y ruinosas casas coronadas de torres se ven todavía en las principales calles , se habian ido á vivir á Granada ó á la córte de las Españas: los otros pobladores empezaban á confundirse con la plebe, á consecuencia de la desvincularon que habia fraccionado sus caudales : las órdenes religiosas , dueñas de la mitad de la riqueza , habian sido suprimidas y - vendidos sus bienes: el provincial, su ilustre batallón provincial, se hallaba en Navarra ó Cataluña peleando contra el pretendiente : el ayuntamiento veía limitadas sus atribuciones: los antiguos corregimientos no existían: todo el mundo vestía ya de paisano , sin capa de grana ni espadín : los tradicionales gremios pertenecían á la historia : la Alcazaba era un montón de ruinas.
De la antigua grandeza solo quedaba en pie un monumento, y ese era la catedral. La catedral, bella, artística, rica, gobernada por ilustres prelados y sabios cabildos, descollaba sola entre las ruinas romanas, Arabes y semi-feudales. La catedral era el único palacio habitado , el único poder que conservaba su primitivo esplendor y magnificencia , el alma y la vida de Guadix.
En ella recibí yo mis primeras impresiones artísticas. Ella me dió idea del poder revelador de la arquitectura : allí oí la primera música: allí admiré los primeros cuadros. Allí también, en las grandes solemnidades, brillaron ante mis ojos las maravillas de lujo, el tisú, el brocado, el oro, la pedrería, ora en los cálices, ora en los ornamentos, ora en las vestiduras. Allí , entre nubes de incienso , al fulgor de millares de luces , al son del órgano , escuchando las concertadas voces de los cantores y los gemidos de los violines de la capilla , entrevi el arte , soñé la poesía , adiviné un mundo diferente del que me rodeaba en la ciudad. T museos, teatros, monumentos arquitectónicos , conciertos, alcázares dorados , espectáculos brillantes , todo cruzaba por mi imaginación como una profecía ; todo pal pitaba en mis entrañas , cual si un ser misterioso se despertase dentro de mí ; todo se me revelaba de la manera que los fulgores de la gloria brillan á los ojos de los estáticos.
Asi, pues, las maravillas de la tierra, el sentimiento de las artes, e\sttrsum corda de la poesía, se manifestaron en mi existencia en horas de mística devoción ; y la fe y la belleza, la religiosidad y la inspiración, la ambición y la piedad nacieron unidas en mi alma, como raudales de una sola fuente.— Figúrate, por tanto , amigo mió , la profunda emoción que me habrá producido, y que embarga todavía mi ánimo, la solemne, grandiosa, verdaderamente sublime ceremonia que acabo de presenciar en la Basílica de San Pedro: figúrate lo qu*
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habrá sido para mi la misa de Pascua , celebrada de pontifical por Pió IX en el mas grande y suntuoso templo del mundo.
Para colmo de dicha , lo he visto todo muy de cerca y desde el mejor sitio, merced á la amabilidad del secretario de nuestra embajada y encargado de negocios, señor Sandoval, que nos invitó á Caballero y á mi á formar parte de la legación española y á ocupar por consiguiente la tribuna levantada para el cuerpo diplomático, entre el altar mayor y el trono del sumo pontífice, ó sea en el coro, presbiterio ó salón de San Pedro de que ya te he hablado.
Paso por alto la emoción con que entré en la Basílica, sabiendo como sabia quealgunos momentos después ibaá ver al papa. — Esto lo adivinarás tú fácilmente.
Cuando entramos con la embajada, la iglesia estaba completamente llena, lo cual quiere decir que dentro de ella habia mas de 100,000 almas. — Allí, en una nave lateral, se veia toda la guarnición francesa, esto es, cerca de 15,000 soldados.— En otra parle y en el hueco que mediaba entro dos pilares, se encontraba todo el ejército pontificio, compuesto en su mayor parte de irlandeses , — arrogantísimos hombres , — y de los zuavos dd papa creación moderna ,— con sus uniformes grises. El resto lo inundaba la revuelta multitud , cuya mitad se componía de estranjeros. Millares de inglesas , con los velos azules y verdes de , sus sombreros echados sobre el rostro , asistían de pie al espectáculo como simples observadoras. Esta frialdad filosófica me hacia daño en aquellas mujeres tan lindas y de aspecto tan suave.— Por todos lados se veian moros, judíos, peregrinos católicos , graves ingleses de doradas cabezas , touristes de todas las naciones (Jussuf entre ellos), y como fondo de este cuadro, el pueblo de Roma, ávido de emociones, cansado de ellas, con sus altivos rostros y su actitud humilde , preocupado tal vez con la idea del peligro que dicen que corre la ciudad eterna de dejar de ser la capital del catolicismo.
En las tribunas que habia á los lados y en frente de la nuestra, encontrábanse la reina madre de Nápoles y dos hermanas y un hermano de Francisco II, todos ellos vestidos de negro... no sé si por el difunto rey ó por el hundido tronor la reina madre de España, doña María Cristina de Borbon; su esposo y algunos otros españoles : un hermano del príncipe Canino : las autoridades de Roma : el general Goyon , general en jefe del ejército de ocupación , y algunos oficiales superiores africano-franceses : los embajadores de todas las naciones , y en lugar preferente el embajador francés, duque de Grammont, que no sé por qué me parecia el dueño (y de tal se daba los aires) de la ciudad eterna y el presidente de aquella asamblea tan ilustre.
Ni un solo sacerdote se veia todavía en el templo , fuera de los que andaban confundidos con la muchedumbre. La atención y la espectativa eran inmensas. De un momento á otro debia de llegar el papa con todo el clero romano. Reinaba un profundísimo silencio.
En medio de él oyóse el estampido de un cañonazo.
El castillo de Sant-Angelo daba la señal de que el sumo pontífice bajaba de su palacio á la Basílica.
DE MADRID A ÑAPOLES. 567 A. aquel cañonazo siguieron otros , y repiques de campanas , y una indescriptible agitación en la multitud que inundaba el templo.
£1 corazón me latía con una violencia irresistible ; sentí frío y ganas de llorar. . Me desconocía.
En esto se oyó en los aires, en lo alto de la gran puerta de entrada, donde hay un estenso balcón , el acordado y melodioso ruido de muchas trompetas que batían marcha.
Aquellas trompetas me recordaron las de Jericó , é imaginé que á su religioso y marcial sonido caerían por tierra las puertas del templo para dar paso al pontífice-rey.
En efecto, Pió IX acababa de entrar en la Basílica.
Yo no lo veía ; pero las oscilaciones de la muchedumbre me iban indicando el tránsito del papa por la inconmensurable iglesia.
Y las bíblicas trompetas, únicos instrumentos que resuenan en San Pedro, seguían tocando aquella marcha triunfal, sagrada, parecida aun psalmo heroico de David.
De pronto la procesión aparece por detrás de uno de los enormes pilares que sostienen la cúpula, y veo alzadas sobre la muchedumbre unas andas de oro, en las cuales viene sentado sobre la silla gestatoria... (lo diré en la misma forma que revistió en mi imaginación) un Santo vico, (un San Gregorio, un San León, un San Félix) animado, palpitante, original...; un venerable anciano de nobilísima y apacible figura , paramentado con la capa pluvial y la Tiara , llevando en una mano las Llaves del Cielo, y bendiciendo con la otra á las naciones, á las gentes , congregadas en torno suyo; la eíigie viviente de San Pedro; el mortal que representa á Jesucristo sobre la tierra; el papa, en fin ; Pió IX... la cabeza visible de la Iglesia !
Es la primera vez que veo á un ser humano en procesión, en apoteosis, divinizado, exaltado, levantado al cielo... — Aquella sagrada imagen movia blandamente los labios para rezar, esparcía su paternal mirada sobre la multitud , so balanceaba levemente en su silla al compás de la marcha y hacia con su diestra la señal de la cruz...— Rodeábalo una nube de incienso : anchos abanicos de plumas abitaban el aire en torno de él : un alto palio cobijaba las andas : las gentes se arrodillaban á su paso...— Era un dios.
Precedíanle , acompañábanle y seguíanle mas de mil sacerdotes , entre ello» todo el Colegio de cardenales , mas de cuarenta arzobispos y obispos, los canónigos de todas las basílicas de Roma , los generales y priores de innumerables órdenes religiosas (cada cual vestido con su hábito regular), los abades mitrados, toda la Antecámara pontificia, camareros de honor y secretos seglares, procuradores del colegio, el confesor de la familia pontificia , el predicador apostólico 9 los escuderos pontificios , los camareros públicos, los capellanes comunes y secretos llevando en las manos todas las tiaras y mitras del papa , el procurador fiscal , el comisario y los auditores de la Rota , los abogados consistoriales , los capellanes cantores, los votantes de la signatura... — Y también iban los eleganr
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tes Guardias Nobles, ó sea el antiguo patriciado romane que hoy constituye la escolta personal del papa ; el Senador de Roma (otro reflejo de la antigüedad) marqués Antici-Mattei , con los conservadores del pueblo romano en trajo de ce-
» ¡||IJt tlINn I
Pintura al fresco , encontrada en Pompea.
remonia , el gobernador de Roma , el Príncipe Aíslente al solio y otros muchos personajes seglares y clérigos , vestidos con diferentes y nunca vistos hábitos y uniformes , que me traian á la imaginación siglos , civilizaciones y pueblos diversos, y aumentaban la honda perturbación que aquel espectáculo hahia producido en mis ideas y en mis sentimientos.
DE MADRID A ÑAPOLES. 56» Entre los mismos obispos , los habia del rito griego, vestidos de distinta manera que los romanos. — Representaban á la Iglesia griega unida.
A muchas consideraciones se prestaba aquel acompañamiento; pero yo no
Pintura al fresco encontrada en Pompcja.
tenia verdaderamente ni atención ni reflexión sino para contemplar al papa.
El Supremo Gerarca habia bajado de la Silla gestatoria y adoraba el Santísimo Sacramento. Luego se dirigió á pie al Trono de Tercia , y allí , mientras se cantaba aquella hora canónica , se revistió los paramentos pontificales para la misa.
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Yo lo vi cruzar una y otra vez á dos pasos de mi. Su noble y aventajada estatura , su plácida belleza , que te describiré cuando lo visite en su palacio ; su venerable ancianidad , la grandiosa riqueza de sus sacras vestiduras, todo correspondía al alto ideal que me había formado desde niño del sumo pontífice, del soberano de las almas.
En vano el ruido de sus pasos , el sonido de su voz , los accidentes comunes de su existencia humana, me recordaban á cada momento la condición mortal y finita de aquel ser tan escepcional y tan grande; y en vano también mi razón pretendía con cruel insistencia someter lodo aquel sublime instante, y los perso- . najes que en él figuraban y mis propias emociones, á un frío análisis , á un desapiadado estudio... La imaginación y el sentimiento recobraban siempre su dominio sobre el calculo; el limite de lo natural se rompía como un crisol de frágil vidrio, y la veneración, el miedo, la poesía, la fe se escapaban del alma , remontaban su vuelo y se perdían en las regiones infinitas de lo sobrenatural, de lo eterno, de lo milagroso. El hombre, en fin, no era allí nada: el pontífice lo era todo.
Ni hubiera sido leal desatender las voces con que el sentimiento clamaba por su libertad é independencia. Tan hijo mió era él como el soberbio pensamiento. Los dos habían nacido en mi alma , y yo no debía hacer al uno esclavo del otro, imponiendo á los inconscientes é indeliberados movimientos de mi corazón , que aspiraba á mayor vida, á mejor mundo, la tiranía de mis sentidos materiales, de mi escasa razón, de mi reducida ciencia. Libre, franca, confiadamente me abandonó á todo el impulso de mi propio ser , y en verdad te digo que desde aquel momento fui tan dichoso como debió de serlo Adán en el Paraíso ó como lo será el mártir y confesor después de cerrar los ojos á esta vida.
Principió el Santo Sacrificio.
El papa decía la misa de cara al pueblo. Asistíanle el cardenal Amat, como obispo asistente , y el cardenal de Silvestrí , diácono ministrante. Los cardenales Ugolini y Marini eran diáconos asistentes , y monseñor Nardi , auditor de la Rota , desempeñaba las funciones de subdiácono apostólico.
Sobre el altar se veían cuatro tiaras , dos de ellas de gran valor. Una era la regalada por Napoleón , tasada en 24.000,000 de reales. La otra, cubierta de brillantes, era regalo de la actual reina de España.
El papa cantaba la misa con voz entera y vibrante cuanto melodiosa y tierna. A aquel acento conmovedor no respondía otra música que el concierto de voces solas de la célebre Capilla Sixtina, cuyos tiples y altos , ocultos en una tribuna, acordaban sus cantos con tanta maestría , que parecían el eco de un instrumento celestial ó un coro de serafines de la Jerusalen eterna.
Todas las ceremonias se hacian con rito doble, ó sea en latin y en griego. Cantóse, pues, dos veces el Evangelio: In principio erat verbum etc. , lo cual traía á mí imaginación los primeros siglos de la Iglesia, las predicaciones de San Pablo y los Santos Padres de la Iglesia griega.
JSn el momento de altar, el papa se hallaba en su trono , á donde le llevaron
DE MADRID A ÑAPOLES. 571 la hostia y el cáliz. El sumo ponUQoe los recibió arrodillado , y en aquel momento volvieron á resonar en los aires las místicas trompetas.
Los dos ejércitos que había dentro del templo depusieron sus armas con estrépito : la multitud se arrodilló : reyes y principes postráronse también de hinojos é inclinaron la frente : elevó el papa la Forma y el Cáliz, y un sordo rumor resonó en las inmensas naves de la Basílica... eco de cien mil corazones contritos, que al golpe de otras tantas manos arrepentidas confesaban tumultuosamente sus culpas.
I Sublime y magestuoso instante l |MIIagroso poder de la bellezal | Misteriosa revelación de las escelencias del espíritu humano , producida por el concurso y fusión en una idea de tantas y tantas almas , incapaces por separado de remontar semejante vuelo l — ; Prodigios y tesoros del corazón , evocados por el arte y nacidos como nacían las ciudades griegas al son de la lira de Orfeo ! — ¡ Nobles facultades del espíritu, escondidas en él como la chispa en el pedernal I— lEsplosion de la fe, aspiración á lo eterno, evidencia de Dios! — Hé aquí todo aquel instante.
Nada mas te diré en este órden de ideas , más para sentidas que para explicadas, y que tan vivamente representa el Mortimer de Schiller. — Continúo, pues , mi relación.
Después de la Consumación ,- el santo padre distribuyó el Pan Eucaristico á los cardenales diáconos y á los nobles legos.
Entre los cardenales vf adelantarse lento , severo , imponente , un hombre alto , jóven todavía , pálido y triste , de aire pensador y dominante , el cual se arrodilló como todos delante de Pió IX, y comulgó.
Era el cardenal Antonelli , el antagonista de Cavour.
Terminada la misa y otras ceremonias, volvió á ocupar el papa las andas, en los cuales fue conducido al Vaticano con la.misma solemnidad que le trajeron.
Ya estaba casi vacía la Basílica cuando nosotros la abandonamos : asi es que he contemplado otro cuadro sorprendente y maravilloso que tampoco podré nunca olvidar.
Tal era el aspecto de la inmensa plaza de San Pedro , inundada de una copiosa muchedumbre — tal vez 150,000 almas; — atravesada en opuesto sentido por dos ejércitos, el francés y el pontificio; cruzada en todas direcciones por infinidad de carruajes, entre los que descollaban por su lujo los magníficos trenes de los cardenales y de los embajadores de todas las naciones ; dominada por las espumosas fuentes, el obelisco y los elevados pórticos; iluminada por un sol brillante, que hacia resaltar los vivos colores de los uniformes y de las libreas y relucir las haces de fusiles en movimiento; atronada, en fin , por el cañón de SantAngelo, por las campanas , por el rumor de las aguas bullidoras, por las músicas militares y por el vocerío del pueblo. .. — Era un espectáculo tan grande, como propio y digno de la oiudad eterna y de este solemne dia;
572 DE MADRID A ÑAPOLES.
vn.
Los teatros de hoy.— Las Catacumbas de San Sebastian.— Escursiones á Tiboli, Frascati y Albano.— Iglesias y palacios.— El Papa en la calle.— Fin del año.
Roma 51 de diciembre.
Ha pasado una semana, mi querido amigo, desde que te escribí mi última carta. En ese tiempo he visto mil y mil cosas que hubiera debido referirte; pero el mismo cúmulo y variedad de mis impresiones no me ha dejado tiempo ni tranquilidad para ello , y hó aquí que hoy, cuando me dispongo á realizarlo , no só ya por dónde empezar; reconozco que es imposible decírtelo todo, y hasta tengo miedo de no decirte nada en una forma inteligible.
Hace dos horas terminó el año de 1860 , que vi principiar en África al estampido del cañón de los Castillejos. Es por lo tanto también solemne la hora en que te escribo esta carta, que no he querido prorogar mas por todas las siguientes razones.
Primeramente, porque siendo hoy fin de año, me creo en el deber de cerrar, como si dijéramos , mis cuentas con lo pasado <
En segundo lugar, porque no quiero confundir en mi imaginación con ningún otro recuerdo las sensaciones que me produzca mi visita al papa, de cuya antecámara acabo de recibir la siguiente comunicación, que te traduzco literalmente al castellano :
DE LA ANTECÁMARA PONTIFICIA.
VATICiHO 31 DS MClEUMB »> 1860.
Se suplica la presentación de este billete al llegar á la antecámara.
Se advierte que no se podrá ser admitido sino de uniforme; y si no se tiene, de frac negro, corbata blanca y zapato bajo.
En tercer lugar, porque estoy vivamente impresionado con las escenas á que he asistido esta tarde y esta noche, y no quiero diferir su descripción, ni escribirlas dejándome atrás otros sucesos.
Manos, pues, á la obra.
Primeramente, sabrás que ya comenzó el deseado Carnavalone, y con él la temporada cómica y lírica de Roma.
En el Teatro di Apollo , que es el principal de la ciudad eterna, he visto un
Se previene al Sr. D. Pedro Antonio de Alarcon que Su Santidad m dignará admitirlo en audiencia el miércoles 2 de enero próximo i las once de la mañana.
El Maestro de Cámara de S. S. (Hay una rúbrica.)
DE MADRID A ÑAPOLES. 373 gran baile de espectáculo, de argumento y trajes turcos, y corte y música de Francia , tan pagano y deshonesto como los mejores de París ó de Milán ; y á la noche siguiente, en el mismo coliseo, he oido cantar la Traviata, que aquí se da con el título de Violetta , por considerarse muy escandaloso el anunciar en las esquinas que ha habido una mujer estr aviada.
Al Teatro Valle (segundo de la ópera) hemos asistido tres noches consecutivas todos los españoles residentes en Roma á admirar en la Sonámbula á madama Gassier, ó sea á la sevillana Pepa Cruz (que asi se llamaba la distinguida artista antes de casarse con Mr. Gassier), la cual nos ha llenado de orgullo cada vez que el público la ha hecho salir á la escena entre aclamaciones y aplausos.
Mis amigos y yo ocupábamos una platea de proscenio , desde la que elogiába- * mos y victoreábamos á la cantatriz andaluza en el vivo y ardiente lenguaje de su tierra; y ha sido de ver la alegría, la emoción, la gratitud, el entusiasmo con que nuestra compatriota nos correspondía; como han sido de oir los diálogos que hemos cruzado con ella sollo voce desde el palco al escenario , á pesar de no tener el gusto de tratarla.
Otra noche he ido á la anunciada Presa di Tedian en el teatro Albert.r— Era también una sustitución de nombre.— Lo que realmente se representaba era la conocida pantomima Napoleón en Egipto ó la muerte del general Kleber\ pero por no despertar un mal recuerdo á la guarnición francesa , la habian bautizado de Toma de Teluan. — Los soldados del papa , los héroes de Castelfidardo en carne y hueso, hacían en la escena una porción de evoluciones que el público aplaudía con frenesí. — Y es que en Roma, ciudad eclesiástica , el militarismo es maravilloso, estraordinario , el summum de la poesía en acción. — Como quiera que sea, tuve el gusto de ver sobre las tablas á O'Donnell , Ros de Olano, Prim, Zabala y otros respetables amigos mios , que me costó mucho trabajo reconocer, asi como á Muley-el-Abbas , Muley-Hamet y una falange numerosa de infieles.
A muchas singularidades y sustituciones por el mismo estilo da lugar frecuentemente en los teatros de Roma el carácter clerical de las autoridades pontificias. Por ejemplo : los jueves acaban forzosamente las representaciones antes de la media noche, á fln de evitar la profanación del viernes. — Un dia de vigilia, creo que víspera de San Pedro, anuncióse en el mismo teatro Albert una comedia, traducida de un vaudeville francés, titulada la Cena de los dos pollos, en cuya comedia fingen los actores que se comen aquellos dos volátiles; mas hé aquí que el señor Mateucci (monsignor gobernatore) encontró absurdo que ni por broma ó en apariencia comiese nadie pollos en un dia de magro ; é hizo cambiar el titulo de la pieza por el de La cena de los dos besugos.
Semejantes nimiedades son á veces demasiado significativas. — V. gr. En la Norma , se suprime el dúo de tiples en que figuran los dos niños , por considerarse qne una sacerdotisa no debe aparecer con hijos... — ¿Es este un celo pagano trasnochado, ó es un escrúpulo genealógico ó etimológico... de ciertas instituciones?
Hay mav.. aunque esto ya se justifica racionalmente: la Lucreizia Borgia
374 DE MADRID A ÑAPOLES.
de Donizetti se representa en Roma con el titulo de Elisa da /toco.— ¡Bueno es que se ignore un poco la historia , sobre todo por la plebe irreflexiva 1
También comprendo que la acción de la Favorita se haya trasladado al África y que los personajes vistan el jaique en lugar del hábito. — Cuando no hubiera otras razones que lo abonaran, todavía podría esplicarse esta mutación bajo el punto de vista artístico. Recuérdese lo que dije mas arriba hablando de las evoluciones que hacen las tropas en la escena entre un diluvio de aplausos. Por la misma razón que es interesante en Roma la milicia, dejan de serlo los frailes. Lo poético debe ser peregrino : lo que se ve con frecuencia no se presta á las ilusiones de la mente.
Y esta es la ocasión de decirlo , por si no se me presenta otra mejor : en Roma hay (lo copio de una estadística) alrededor de 40 obispos; 1,385 sacer- . dotes; 2,474 religiosos; 1,657 seminaristas y colegiales; 2,032 religiosas, y 2,613 pensionistas en los conventos y orfelinatos. Las congregaciones de religiosos, que ascienden á 55 y que reúnen el numero de frailes arriba espresados, se dividen en: basilios, 1; benedictinos, 21 ; camaldulenses, 20; cartujos, 17; raonges de Vallembreuso , 8; cistercienses , 39 ; olivetanos , 15; y armenios, 1.
Las órdenes mendicantes tienen: 172 dominicos; 211 menores de la observancia; 136 reformados; 41 alean tarinos; 89 conventuales; 196 capuchinos; 23 carmelitas de la antigua observancia; 79 carmelitas descalzos; 57 servitas; 5 de la Merced ; 70 trinitarios ; 36 mínimos ; 21 Gerónimos y 29 penitentes. Canónigos y sacerdotes regulares hay: 27 canónigos de San Juan de Letran; 14 teatinos; 28 bernabitas; 32 so masóos; 289 jesuítas; 20 clérigos regulares menores ; 48 hospitalarios; 19 padres de la Madre de Dios; 48 escolapios y 40 religiosos de San Juan de Dios. — Total, 10,101 , sin contar los cardenales.
Pero volvamos á mi historia de estos dias.
£1 primer recuerdo que acude á mi imaginación es el de las Catacumbas, cuyo nombre solo estremecerá tu alma cristiana.
Ya dejo dicho que la basílica de San Sebastian se levanta en las afueras de Roma , dos millas al Sudeste de la ciudad , en su melancólico desierto sembrado de ruinas. La iglesia fue construida el año de 367 sobre el cementerio del pontífice mártir San Calisto , y restaurada tal como hoy se encuentra á mediados del siglo XVII.
Cuando hube recorrido toda la iglesia , vino A mí un fraile de alguna edad y ascético semblante, y se me ofreció á guiarme por las Catacumbas. Yo le argüí con la molestia que le causaría. El me replicó que era su deber y su mayor gusto conducir á los cristianos en aquella sublime peregrinación. Acepté.
El religioso me llevó á la capilla de San Sebastian : allí encendió dos velas, de las cuales me dió una, y abriendo una puertecilla en que yo no había reparado, situada á la derecha del altar, se santiguó devotamente y pasó delante de mí.
Bajamos muchas tenebrosas escaleras , respirando un aire húmedo que me oprimía el corazón. Pronto llegamos á una galería, semejante á las de las minas,
DE MADRID A ÑAPOLES. 575 abierta en una materia volcánica sumamente densa, y empecé a ver á un lado y a otro y sobre mi cabeza, nichos, lápidas, sepulcros, losas hacinadas... Anduvimos mucho tiempo de una galería en otra : á veces tentamos que bajar de nuevo: ya debíamos de estar muy distantes del haz de la tierra: de vez en cuando penetraba por sinuosos agujeros abiertos en la bóveda algún ténue rayo de la luz del cielo. Por lo regular la galería era tan estrecha , que apenas hubieran podido marchar por ella dos hombres de frente. De trecho en trecho se encontraba alguna plazoleta , punto de coincidencia de muchas galerías. A1U era el techo mas alto , y cerca de él se abrían otros corredores , á los que se subia por escaleras talladas en' la roca. Eran otros pisos de la Catacumba , que en ocasiones tiene cuatro y seis. Pronto perdí por completo ía idea del camino que había traído y del lugar en que me hallaba, de cuánto había bajado , de la dirección que seguía. Aquello era un laberinto interminable.
T sin cesar, y en todos lados, veía tumbas y tumbas, lápidas y lápidas, de todas formas, de todos tamaños, ora en el suelo, ora en el techo, ya á los lados del sinuoso camino, ya en medio de las plazoletas. Al principio acercaba la luz á aquellas sepulturas y leia indistintamente epitafios cristianos ó gentiles, ó veía rarísimas obras de arte, estatuas deformes de los primeros siglos de la era vulgar, graciosos bajo-relieves paganos, frescos de la Edad Media, urnas cinerarias. Sobre algunas losas estaba grabado el instrumento que simbolizaba el oficio ó profesión que habían ejercido los seres allí enterrados; ora un cincel , ora una esteva , ora una espada , ora unas tenazas , ora un martillo.
El fraile que iba delante de mí y á gran distancia, se paraba de tiempo en tiempo y me señálate el lugar en que había sufrido el martirio tal ó cual papa, tal ó cual santo; ó me mostraba un sepulcro vacío. Y nos santiguábamos, y seguíamos; y el religioso desapareoia por aquellas misteriosas revueltas, y yo me perdía á veces, y le llamaba angustiado , y él se detenia hasta que percibía á lo lejos el resplandor de su vela.
Asi caminamos tres horas en todas direcciones, sin pasar dos veces por un mismo sitio. Llegué por ultimo á una plazoleta, donde babia una capillita, cerca de la cual se había sentado el fraile. Por todos lados se abrían nuevas galerías.
—Esto no tiene fin , me dijo mi piadoso cicerone. Cuando usted quiera, sal* drenaos.
— ¿Y por dónde?
—Usted saldrá por una escalera que hay cerca de aquí, y se encontrará - próximo á ana puerta de Roma. Yo volveré sobre mis pasos hasta la iglesia. Antes de separarme del religioso, hablé largamente con él acerca de las Catacumbas.
Es cosa ya probada que las catacumbas no fueron escavadas por los primeros cristianos, como han supuesto algunos autores. Las catacumbas son las canteras de donde se estuvo sacando piedra y arena durante diez siglos para la edificación de Roma. Asi consta de los poetas y de los historiadores anteriores á Jesucristo.
576 DE MADRID A ÑAPOLES.
Lo que aconteció fue que los cristianos, perseguidos por los emperadores,
Segador romano.
se refugiaron en aquellos subterráneos, los pusieron en comunicación entre si; los ensancharon en ciertos parajes é hicieron de ellos su vivienda y su panteón.
DE MADRID A ÑAPOLES. b11 Todavía no se han descubierto todas las catacumbas , que al decir de los arqueólogos sumaban una longitud de trescientas leguas (¡ tan complicadas y revueltas son sus calles!) ¡y seis millones de sepulcros!!
Los emperadores, en su odio á los sectarios de la nueva ley, cegaron ó tapiaron algunas catacumbas dejando enterrados vivos dentro de ellas á millares de cristianos, que murieron allí de hambre; y otras veces ocurrió que anduvieron persiguiéndolos muchos días por delajo de Roma sin poder dar con ellos, puesto que se pasalwin de un laberinto a otro, obstruyendo las galerías quede-
37* UE MADRID A NAPOl.fcS.
jaban á )a espalda.— Por eso se les couocia coa el nombre ile lucífuga natío (gente que huye de la luz).
Después de los Amontaos abolióse en Roma la costumbre de quemar los cadáveres y de guardar las cenizas de la manera que hemos visto en los Columbarios, adoptándose la inhumación al uso de los cristianos. Entonces las catacumbas empezaron a ser el cementerio general de Roma , al par que el asilo de ios (leles.
Asi se comprende que anden tan revueltas en aquellas oscuras galerías las sepulturas gentiles y las cristianas , hasta el punto que en una misma losa se lee por un lado el epitailo de un romano, adorador de Júpiter , con su leyenda: Diis manibus, y por el lado opuesto, el epitafio de iiu amante de Jesús.
De intento he referido áridamente mi escnrsion y evocado á la postre esos recuerdos: he querido que tú solo formes idea, antes que yo te la indicase, de las emociones que habrán agitado mi alma en aquel lugar sacrosanto. Allí nació la Iglesia : aquellas tumbas son el cimiento del vasto edificio que hoy cubre todo el universo. Allí estuvo enterrada la semilla del catolicismo. Allí fue minado por su base el mundo antiguo: de allí salió la nueva, la única , la verdadera civilización. Hoy es aquolla ciudad tenebrosa la sepultura del paganismo, como ante* fue la cárcel de los cristianos. | Allí las primeras ceremonias de nuestra fel j Allí las predicaciones y la enseñanza á los neófitos ! | Allí la elección de los papas ! i Allí el martirio y la canonización do los confesores ! | Allí la tumba de los santos ! ; Allí las cenizas de aquel caritativo ejército que , armado de la paz y revestido de la fe , luchó con el formidable imperio , hundió los altares de la gentilidad . venció con su constancia á los mas fieros tiranos y acabó por salir de la tierra y enseñorearse de los alcázares y de los templos de la ciudad reina del mundo, que los había estado agoviaudo lautos años bajo su ominosa pesadumbre! — La basílica de San Palm , el Vaticano, ei .«mino imnlítiee en la plenitud de su doble majestad , la grandiosa ceremonia que había presenciado el dia de Pascua ; todo aquel poder, tola aquella autoridad triunfante que dominaba sobre Roma, habían salido de aquellas mazmorras. — Lo esperaron los cristianos ; lo anunciaron desde el primer dia y lo consiguieron al fin. Y la cruz labrada penosamente en las lóbregas entrañas de la tierra, regada con sudor, con lágrimas y con sangre, se levanta hoy sobre las siete colinas de Roma, sobre todos los templos, sobre todos los obeliscos, sobre todas las columnas , sobre cuatrocientas iglesias, sobre el altivo Capitolio,
Cuando salí de las Catacninlias é hirió mis ojos la luz del cielo, y me encontré' solo en medio del campo, y mire en torno mío , y no vi mas que la superficie de la tiorra, muda, insensible, indiferente... , me pareció que babia soñado aquel mundo subterráneo, aquella ciudad fúnebre, aquel tenebroso, inconmensurable templo
Al. dia siguiente de esta eseiirsion , emprendí otras mucho mas largas (txmio
ÜK MAWU1) A NAPOI.KS. 571»
que empleé en ellas dos días), á Tivoli y Albano, dos pueblecitos preciosos, situados casi á igual distauoia de Roma (cuatro ó cinco leguas), pero en opuesta dirección y a la falda de los montes que limitan al Sur y al Este la campiña ro-
Los dos son muy interesantes bajo el punto de vista histórico, por los mouumentos y ruinas que encierran y por su pintoresca situación.
Para ir á Albauo se pasa por entre los escombros de la antigua ciudad de Bovilia, por mil otros restos de quintas y de acueductos, por tumbas solitarias y por grandiosas ruinas de colosales mausoleos.
Albano, situado a mucha altura, sobre la campiña romana , oreado por saludables brisas, con su abundante vegetación, sus monumentos antiguos y su gracioso lago , es , como Frascati, uno de los refugios de la aristocracia de Roma durante los calores del estío.
Aquella ciudad de 6,000 habitantes goza de gran celebridad en toda Italia por la hermosura de sus mujeres, aumentada, ó mas bien puesta de relieve, merced & su elegantísimo traje , que se compone de saya encarnada, corpino negro, toca blanca y una exorbitante profusión de zarcillos, collares y sortijas.
De Albano son la mayor parte de los modelos que han servido en todos tiempos á los pintores y escultores de Roma.— No es, pues, estraño encontrar en aquellas campesinas los nobles rostros de las estatuas mas famosas o de las Madonas mas celebradas.— Yo había reparado ya en esto al ver en los estadios de mis amigos a varias albanesas de las que , por escudo y medio , i>asan todo el día mostrando los tesoros de su hermosura a los ávidos ojos de los artistas, mal envueltas, ora en el manto, ora en la clámide, ora en la túnica nazarena, cuando no desnudas como Psiquis y Venus, colocadas siempre en interesantes actitudes, ya tendidas en divanes de terciopelo negro , ya abrazadas a la cruz como la Magdalena, ya erguidas como cariátides, ya reclinadas en la lira A en la esfera, para representar á Safo <» A la musa Urania.
Tivoli no es menos delicioso que Alhanc, y lo sobrepuja en importancia artística é histórica. Tivoli era el Versalles de los antiguos romanos, donde todos los hombres ilustres iban á descansar de las luchas civiles en el seno de los placeres.
Antes de llegar a aquella olra Capua, se encuentra la Villa de Adriano, en la cual este emperador habia tratado de reproducir todos los monumentos que había admirado en sus largos viajes y sobre todo en la Grecia , levantando en medio de ellos un magnífico . palacio. De todo esto solo quedan los cimientos y algunas preciosidades que aparecen de vez en cuando a fuerza de tenaces escavaciones. El bárbaro Totila fue el encargado de destruir aquellas maravillas, con cuyos mármoles destrozados hicieron después cal los alhamíes de la Edad Media.
En Tivoli se conservan muchas señales de las villas de Salustio, Horacio, Properoio y Cátulo. Allí se admira aun, aunque ruinoso, el célebre Templo de la Sibila. Allí se ve la estensa planta de la Villa de Mecenas, de la que todavía quedan en pie arcos y columnas de una i>elleza imponente. Allí, por Ultimo, con-
37»
580 DE MADRID A ÑAPOLES.
mueve fuertemente el corazón de todos los amantes de las letras la Casa de la Sabina de Horacio, enclavada ya en los montes de la Sabinia, y de la que solo queda el sitio, demarcado por los nombres de algunos parajes citados frecuentemente por el poeta en sus inmortales obras.
Nada te diré de las muchas y muy notables quintas modernas que ha levantado la aristocracia de la Roma papal sobro las venerables ruinas mencionadas. Tívoli , — bástelo saber esto,— sigue siendo una mansión de delicias, como los patricios romanos son todavía muy semejantes á los satirizados por Luciano y Juvonal.
• . • •••• •
También he estado en Frascali, á donde se va en camino de hierro. Allí he visto muchas villas lujosísimas, en donde veranea la aristocracia clerical de Roma, mientras el papa reside en su casa de campo de Castel-Gandolfo , que he distinguido á lo lejos, en la margen occidental de lago de Albano.
Cerca de Frascati se hallan las ruinas de Túsculo, antiquísima ciudad , arrasada por los romanos en el siglo XII. — Catón era natural de Túsculo. Allí tenia también Cicerón su casa de campo favorita. Iloy solo hay que admirar en aquellos lugares, aparte de los escombros, un convento de camandulenses y las hermosas vistas que desde él se disfrutan.
De vuelta en Roma, he pasado todos estos ültimos dias visitando iglesias y palacios.
Kn cuanto a las iglasias , no te nombraré sino aquellas en que he admirado algunas obras de arte notabilísimas. Citártelas todas fuera imposible. Roma encierra cerca de cuatrocientas , de las cuales apenas habré visto la tercera l<arte.
No pasaré, sin embargo, en silencio á San Juan de Letran, silla del patriarcado romano , de la que se ha dicho que «si ol papa es en San Pedro el soberano pontífice, en San Juan de Letran es el obispo de Roma.» Y en efecto, los i>apas , después de su elección, vienen á esta ¡lustre basílica á tomar posesión del obispado de la ciudad eterna.
San Juan de Letran fue construido por Constantino , cuya estatua colosal udorna el fondo del pórtico. El templo ha sido restaurado muchas veces ; pero siempre conservando en lo posible la edificación antigua, á tal punto, que las primitivas columnas están como incrustadas en los macizos pilares levantados en tiempo de Inocencio X.
Kn la plaza que lleva el nombre de la basílica , se ve el mas grande obelisco do Roma, procedente de Heliópolis, y trasportado. á Roma por Orden de Constancio en im barco de 500 remeros.
Kn la fachada principal del templo se lee la famosa inscripción : sacrosanta
LATERANENSIS EtXI.ESIA : OMNIUM URDIS ET ORBIS ECCI.ESIARUN MATER ET CAPOT.
^Sacrosanta iglesia de Letran , madre y raleza de todas las iglesias de la ciudad y dol mundo.)
DE MAÜK1Ü A ÑAPOLES. 381
La posición de San Juan de Lelran en un estremo deshabitado de Huma, cerca de las murallas y en una altura que domina las montañas de la Sabina y del Lacio, los viejos acueductos y la estensa campiña romana, contribuye á darle magostad y belleza á aquel insigne. monumento del pontificado.
Como arquitectura , la iglesia es mas notable por su grandor que \tor su grandeza ; y mas por su lujo que por su primor artístico; pero con todo, sorprende y hasta impone al primer golpe de vista , especialmente cuando se penetra en el interior y se ven de pronto sus cinco espaciosas naves y los diez gigantescos arcos que dan entrada á las capillas.
Sobre uno de los pilares se halla una pintura de Giotto, que representa á Bonifacio VIII proclamando desdo lo alto del balcón de San Juan de Letran el Jubileo de 1300. — El grande artista retrató entre la muchedumbre á su insigne amigo el autor de la Divina Comedia.
Al Norte de la iglesia, y ya sobre la plaza de San Juan, se encuentra la ramosísima Scaia Santa que ningún cristiano que visita á Roma deja de subir de rodillas , por creerse tradicionalmente que sus veinte y ocho peldaños de marmol blanco pertenecieron á la escalera del palacio de Pilatos en Jerusalen. — Una vez arriba , se baja en la forma ordinaria por cualquiera de las cuatro escaleras laterales que se apoyan en aquel venerable monumento.
Yo hice lo que todos. Dios me lo tome en cuenta.
También merece especial mención entre las iglesias de Roma , la nueva Uatilica de San Pablo , inaugurada por Pió IX en 1847 , sobre el lugar que ocupaba otra fundada por Constantino y devorada por un incendio en 1825. La Basílica de San Pablo, situada en las afueras de la ciudad , es indudablemente portentosa por sus proporciones, por el lujo de sus mármoles, por sus columnas gigantescas de una sola pieza y por otras circunstancias ; pero á mi juicio y en opinión de la generalidad de los viajeros , carece de armonía, de espresion, de belleza.
No sin pena dejo de hablarle de otros templos (entre ellos , de Santa Croce in Jerusalemme , erigido por Santa Elena, |por la madro de Constantino!...) y de describirte todo lo que he visto en cada uno; los cuadros, las osculluras, la> reliquias... Pero esto seria interminable.
Y cuenta que solo con las reliquias podría haber cautivado tu atención horas y horas; pues entre las que he tenido la dicha de ver, las hay tan venerables y sagradas como la Vara de Moisés , que se conserva en San Juan de Letran ; como la Cabellera de Jesucristo, que se enseña en Santa Marta la Mayor ; como las Mantillas del niño Jesús y su Retrato, hecho a los doce anos; como varios Retratos de Virgen pintados jwr San Lucas ; como la Mesa en que cenó Cristo con los Apóstoles ; como la Piedra en que los soldados jugaron los vestidos del Salvador (todo esto se halla en San Juan de Lelran); y analmente , como la Tablilla que coloco Pilatos sobre la cruz, y en la cual se lee todavía (yo lo he loido): Jesús Naxarenus, rex judeeorum.
A este tenor hay en los templos de Roma centenares de miles de reliquias.. . —¿Como enumerártelas siquiera? j Imposible!
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Te bablaré, pues, solamente, según te he ofrecido, de las mas peregrinas obras de arte que he admirado en ellos.
En San Agostino, iglesia célebre por la mucha devoción que inspira una Madonna Satmvino que se venera alli , y por los millares de ofrendas ó ex-votos de plata y oro y pedrería que revisten su santuario , he visto el famoso Isaías de Rafael, pintado al fresco en el estilo de Miguel Angel.
En San Gregorio merecen especia! mención dos fresco? ejecutados en competencia por Guido Reni y el Dominiquino, que representan la Adoración de la Cruz por San Andrés , y la Flagelación del mismo santo.
En Santa María dellaPace, hay otra creación notable de Rafael, Las Sibilas, también en el estilo de Miguel Angel; pero muysuperior, en concepto de los críticos, á las obras de este último artista.
En cambio en San Pietro in Vincoli, luce el inmortal Buonarol i todo su iugeniooonsu justamente renombrado Moisés.— ¿Quién no ha oidohablar de esta grandiosa estatua? ¿Quién no la ha visto mil veces , copiada por el grabado ó la fotografía?— Yo no te diré mas, sino que mirando ú aquel gigante de mármol he recordado con toda su viveza la impresión de respeto , de veneración y de susto con que leí por primera vez el Pentateuco.— El Moisés de Miguel Angel es á un mismo tiempo el valeroso caudillo del pueblo de Israel , el gran legislador hebreo y el sumo sacerdote que sintió pavor en el Sinaí... ¡Cuánta grandeza, cuánta inspiración en aquella colosal figura !
Después de conocer estas maravillas , irás todavía una vez y otra á Santa Trinitá de Montid contemplar estasiado el Descendimiento de l v cruz , cuadro de grandes dimensiones , dibujado por Miguel Angel y pintado por Daniel Volterra. de cuya obra han dicho muchos artistas que es la mas bella del renacimiento, sin escluir la Transfiguración de Rafael .
Los palacios particulares de Roma no brillan por su mérito arquitectónico, si se esceptúan el de Venecia (construido por la antigua señoría y residencia hoy del embajador de Austria), notable por su aspecto feudal , esencialmente florentino ; el palacio Massimi, de esquisito gusto, y el palacio Far nenio , que pasa por el mas acabado del Renacimiento.— Los restantos son grandes y hermosas casa* de piedra , y nada mas.— En cambio encierran cuadros y estatuas de primer órden.
Prescindiendo ahora dol Vaticano, en donde no he estado todavía (pues quiero entrar alli por primera vez cuando vaya á visitar al papa) , las obras que mas me han sorprendido en los palacios de Roma , son las siguientes :
En la Galería Barderim, una Fornarina de Rafael, inferior á la que ya conocemos , y la célebre Beatrice Cenci de Guido Reni , admirable por su tierna expresión, en que se revela todo el negro destino de aquella hermosa cuanto infortunada niña.— También riel* visitarse la Biblioteca «leí palacio, que consta de 50,000 volúmenes.
En la Galería Borghese , que se comjione de doce salas y que es una de las
DE MADRID A ÑAPOLES. *R3 mas ricas de Roma , admiraras una ImIo , obra de un discípulo de Yinci ;-— un César fíorgia, por Rafael ;— algunos cuadros del divino pintor, repeticiones de otros que ya conocemos ;— la lamosa Sibila de Cumas, de Dominiquino, artista que voy venerando cada vez mas y cuyas obras magistrales están en la ciudad eterna;— una Üanae de Corregió;^- la L'azn de Diana, por el Dominiquino, cuya hermosura clásica sorprende mucho en un pintor tan sobresaliente en los asuntos místicos; - y Fl amor xaurado y el amor ¡no/ano , representados por dos mujeres hechiceras, sentadas al lado de una fuente, vestida la una con un magnifico traje, la olía completamente desnuda, y amias, en mi concepto, de igual manera prolanas y mundanales, d tal punto que nadie adivina cuál sea el amor celeste y cuál el amor terreno.— Aquella obra , magistral á pesar de todo, es una de las glorias tic Ticiauo.
En la célebre Faknesinv , antigua Villa C/iiyi, situada á la orilla derecha del Tiber y jHsrtcneoiente hoy al defensor de (iaela ; en la misma Famesina donde el banquero Chigi dio al papa León X aquel famoso banquete en que la vagilla (toda de oro y piala) so ila arrojando al rio según servia (sin perjuicio de ser sacada á la noche siguiente , mediante una red tendida de antemano); en la Farnesina, digo, he contemplado con verdadero éxtasis los renombrados frescos de Rafael, y sobretodo el nunca bien jionderado Trian fu de fíalalea , uno de los primeros asombros del arle , en que no se sabe qué admirar más, si la hermosura humana de las figuras, ó la grandeza olímpica de la com|KJSÍeion. Si dispusiese de mas tiempo y de mas espacio, te describiría con la detención que he empleado durante mi viaje en obras de menos mérito , lodos los alardes de genio, de erudición y de talento que ha bocho Halad en la Farnesina. Solo le diré que ó el pintor de Urbioo liabia visto, como creen algunos, los frescos y los bronces de la antigüedad quo so descubrieron bajo escombros y cenizas algunos siglos después, ó entre sus inspiraciones cristianas, que le hicieron entrever el ciclo tantas veces, tuvo un dia la inspiración , la inlnivion por mejor decir, de la belleza clásica , y se le revelaron lodos los prodigios de ornamentación del gusto pompeyano.
En la Galería Campana (que por cierto está de venta) son de admirar los vasos etruseos y los bronces griegos que encierra.
En la Galería Colonna llaman mas la atención los Paisajes de Foussin y de Claudio Lorena que las conqiosiciones de Guido Keni y de Pablo el Yeronés; pero no masque un San Gerónimo de nuestro Ribera.
En la Galería Corsim te enorgullecerás mirando una Virgen de Murillo, digna ciertamente de nuestro gran pintor. — La Hiblia/eca de esle palacio, abierta al público, encierra 1,300 manuscritos y 60,000 volúmenes.
En la Galería Doria Panfiu hay otra obra española de mayor mérilo aun , y que eclipsa todas las demás que allí se encuentran. Tal es un Hetrato de Inocencio XI; de aquel severo pontífice que empezó por soldado raso y acaM por tener en respeto á la Francia de Luis XIV. El retrato ocupa uno de los lados del hueco de un balcón , en una especie de gabinete ó tribuna, donde hay un diván dispuesto para que se admire con reposo aquella obra maestra de la pintura es-
584 DE MADRID A NAWXLES.
pañola. Tú conoces á Yelazquez: tú'sabes que, cuando acorlaba, infundía su
Pescadora napolitana.
vida al lienzo : ahora bien, Velazquez acertó al retratar á Inocencio XI. — Imagínate, pues, á aquel gran papa resucitado, con su carácter violento, con su
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férrea virtud, con su austeridad , tal como era, en fin , y tendrás idea de aquel cuadro, que en verdad, en verdad, infunde miedo.
Por último, en la Galería Farnesio he visto los renombrados frescos do
Vista del Vesubio.
Aníbal Caracci, quien ayudado de su hermano Agustín, del Dominiquino y de Guido Reni, dejó allí el mas grande testimonio de su genio en varias escenas mitológicas que casi compiten con las que hemos admirado en la Farnesina.
Todas estas galerías están abiertas al público ciertos y determinados dias, mediante una mezquina retribución (cuatro ó seis reales) que hay que pagar á la
586 DE MADHH» A NAPOLKS.
puerla de cada una. — No es eáta industria muy digua de princi|>es romano?; pero en cambio les proporciona al año una renta de 8 ó 10,000 escudos.
Ahí tienes indicado lodo lo que he visto y sentido durante la última semana. A la descricion de esos portentos fállale el color y la vida, asi como el acompañamiento de mil menudas circunstancias, en cuyo estudio se complace el observador y que forman lentamente sus opinioues , determinan sus afectos y cambian el escenario de su imaginación. — Las entradas y salidas en cada palacio y en cada iglesia ; tas conversaciones con cicerom y conscrges ; los encuentros con los grandes señores en las escaleras de sus palacios ; el monólogo diario de la prensa pontificia; lo que siente y dice el público de los teatros; la cara con que el trasteverino mira al soldado francés; el desprecio de los franceses hacia los romanos; mis observaciones en las tiendas, en los mercados, en las oficinas de la policía (a donde tengo que ir de tiempo en tiempo á ¡vagar un nuevo permiso para seguir permaneciendo en liorna), on las puertas de los templos, en los cafés y en los restaurante; mis diálogos con los cocheros; mi amistad con los padres españoles de Monserrate , todo esto , y otras muchas mas , ha depositado en mi corazón y en mi cabeza un tesoro de impresiones, de ideas, de datos, de secretos, que fuera muy penoso referir; pero que valen y significan mucho mas que todo lo que te he escrito durante mi permanencia en Koma.
Con que viniendo ahora al dia de hoy , y á las escenas á que he asistido esta tarde y esta noche, fuerza es que te detengas conmigo en la plaza de Gesu, á la que llegué por casualidad & eso de las cuatro , y donde una inmensa muchedumbre, dos apretadas filas de tropa que formaban calle desde la puerta de la iglesia de Jesús hácia la plaza de Venecia , las colgaduras que adornaban los balcones y las elegantes damas asomadas & ellos, me indicaron desde luego que allí ocurría ó iba á ocurrir algo muy estraordinario.
Pronto me sacó de dudas una matrona romana, mas ó menos patricia, que defendía á sus dos hijos contra las oleadas populares, y á la cual le pregunté la razón de aquellos preparativos.
— Se espera al Santo Padre, me dijo, quien vendrá, como último dia del año que es hoy , y según una antigua costumbre , á cantar en la iglesia de los padres jesuítas un solemne Te-Deum en acción de gracias por la feliz terminación del año.
Las filas de tropa que formabau la susodicha calle pertenecían á la guarnición francesa , y además se veían entre la multitud infinidad de soldados franceses sin fusil , que aprovechaban sus horas de huelga en ver una vez mas al papa.
Los de la formación daban sendos culatazos á los descendientes de Bruto cada vez que se conturbaba aquel mar humano. Los soldados inermes insultaban y atropellaban al pueblo hasta que conseguían apoderarse de los primeros puestos , quitándoselos á los que, por haber llegado antes, los ocupaban legítimamente. Los pobres romanos sufrían tanto vejámen sin murmurar.
DE MADRID A ÑAPOLES. 587 Sabido me tenia yo que no hay nada tan despreciable á los ojos de un soldado francés como un ciudadano romano ; pero si no lo hubiese sabido , me habría convencido de ello el siguiente lance que ocurrió esta tarde muy cerca de mí.
l'n sargento, de aire insolente, condecorado con las medallas de Crimea y de Italia, se encontró mal en segunda fila, á donde habia llegado á fuerza de puños y de miradas amenazadoras , y apartando desenfadadamente al que le estorbaba la vista , pasó sin mirarlo y se plantó delante de él.
El despojado no se alteró; cogió al francés por un brazo, y le colocó á su espalda.
—¡Caballero! esclamó el sargento echando fuego por los ojos.
—¿Qué hay? respondió el otro en mal francés.
— I Me ha quitado usted la primera fila !
— No señor. Usted es el que me la habia quitado á mi.
— Bien; pero yo soy francés , gritó con énfasis el militar.
— Y yo soy español , replicó tranquilamente el paisano.
Aquí hubo un momento de silencio en que ambos interlocutores cruzaron uoa mirada por primera vez.
— Perdón, caballero, dijo el sargento, haciéndose atrás. Yo crei qm era usted italiano.
El español se encogió de hombros; miró con lastima á los romanos que habían oido impasibles aquel insulto, y como si le hiciera daño aquella atmósfera de bajeza, se alejó y se colocó en otro lugar.
Ya pensaba yo seguirle y darle las gracias por lo que habia hecho , cuando me detuvo la ansiosa agitación de la muchedumbre, que anunciaba la llegada de algún personaje ilustre ; quizas la del mismo papa.
Hasta entonces solo habían pasado por entre las filas de bayonetas diez ó doce cardenales en sus grandes coches, cuyos lacayos iban provistos, ó por mejor decir, llevaban a la mano unos gigantescos paraguas rojos, no porque amenazase lluvia, sino porque los tales paraguas, que me atreveré a calificar de monumentales, forman parte del adorno de los carruajes de los príncipes de la Iglesia.
El pueblo había ido nombrando á los monsignores uno por uno , con marcadas muestras de temor y veneración.
La persona que entonces llegaba , y que me habia distraído de la escena precedente, era la reina Cristina, acompañada de su familia y de su servidumbre.
Por cierto que un soldado le preguntó á otro :
— Dimo : ¿Cómo es que está aqui la reina de España?
— Porque ahora hay allí república, respondió el interpelado sin vacilar.
Después de la reina Cristina, llegaron á Jesús la reina madre de Nápoles, los hermanos de Francisco II y muchas otras personas principales de las que vi en San Pedro el dia de Pascua.
Por último, notóse mas viva agitación en la multitud; escucháronse gritos á lo lejos ; agolpóse mucha gente á los balcones ; agitaron las damas sus pañuelos;
588 DE MADRID A ÑAPOLES.
sonaron las bandas militares ; presentó la tropa las armas ; abriéronse las puertas del templo; apareció una gran comitiva, que se formó en el atrio para recibir al padre santo; oyéronse los vivas mas cerca; descubrióse la muchedumbre que inundaba la plaza; arrodillóse mucha gente; empezaron á aparecer carruajes pontificios , de los que se fué apeando laalta servidumbre del papa; hasta que por último apareció en la plaza el coche en que venia Pió IX.
Los vivas y los aplausos atronaron el aire. Por todas partes no se veían sino pañuelos flotantes y sombreros levantados por alto... Y la música tocaba una marcha magestuosa , y el coche adelantaba lentamente , y dentro de él veía yo ya al sumo pontífice, vestido sencillamente, con hábitos blancos y sombrero pastoral del mismo color.
A pesar de este traje y de las bendiciones con que contestaba á los saludos del pueblo , ni por un momento consideré hoy á Pió IX bajo el punto de vista de su potestad eterna. Y era que me acordaba de cuando lo vi en San Pedro con todo el aparato del gran sacerdote. Hoy la escena era muy distinta : en lugar de las andas , el carruaje ; en vez de las trompetas místicas , la banda militar ; donde entonces un ejército de obispos, ahora la fuerza armada ; ayer oraciones y golpes de pecho; hoy vítores y palmadas... — No: esta tardo no veia al pontífice; veia al rey.
— ¡ Viva el pontífice rey ! gritaba al mismo tiempo la turba como respondiendo á mis ideas.
Y no hubo mas : el papa se apeó y penetró en la iglesia : la multitud se apiñó en su seguimiento , atropellando á su vez á la tropa : yo consideró imposible abrirme paso hasta la puerta del templo, y como empezase á anochecer y me esperaban en otra parte, me dirigí hacia el Corso por la plaza de Venecia, dándole vueltas en mí imaginación á todo lo que acababa de observar.
Finalmente, esta noche, á eso de las once, la tertulia española del Café Grecco se ha reunido á cenar en la famosa Trattoria de Lepre. Caballero y yo liemos sido invitados. Se trataba de despedir el año de 1860 y saludar el de 1861 . Allí estaban todos los artistas y viajeros que te nombró el otro dia. Afectuosos brindis se han cruzado de un estremo á otro de la mesa, siendo el primero de todos, y el mas aplaudido, uno concebido en estos sencillos términos:
— ¡A nuestra querida España!
Cuando dieron las doce de la noche , todos nos pusimos de pie. — (Año nuevo! esclamamos levantando las copas. ¡A la salud de nuestras familias I
Ilabia alli jóvenes que están ausentes de la patria hace tres y cuatro años. La emoción era inmensa : la solemnidad gozosa de aquel momento presentaba intervalos de infinita tristeza , de silenciosa melancolía.
— jPor el artel |Por el logro de nuestras esperanzas 1 esclamaban los desterrados.
DE MADRID A ÑAPOLES. 589 j Por el arte ! — \ El arte era su verdugo y su consuelo ; su faena y su descanso; su crui y su alegría!...
Algunos momentos después nos separadme* y nos despedíamos en la Via Condoííi con no sé qué afectuosa seriedad, presagio de una noche de amargas cabilaciones , dicióndonos no muy confiadamente por cierto: — j Buen año ! ¡ Feliz año ! | Muchos años 1 jLos años!... Yo dejo aquí la pluma para pensar en ellos. Con que hasta pasado mañana, que te escribiré mi visita al santo padre.
VIII.
Visita al Papa.
Roma 2 de cwn. 1861.
Si quieres tener una ¡dea de lo que he pensado y sentido esta mañana , al despertar, al vestirme y al emprender el camino del Vaticano, acuérdate de las emociones que te agitaron cada vez que saliste de tu casa para ir a confesar.
Igual temor, igual respeto, igual recogimiento. No pensaba; sentía. Todo lo que había meditado y leido en mi corta vida , se me habia olvidado como por encanto. Era otra vez niño. Esperimentaba con una viveza indefinible las mismas sensaciones que agitaban mi alma cuando todo era maravilloso para mí sobre la tierra. Habia soñado; habia delirado; y despertaba de pronto en el umbral del templo en que recibí el agua del bautismo ; y me encontraba con mi corazón de entonces ; y lo reconocía como se reconoce á un hermano que ha viajado largo tiempo ; y veia abrirse ante mis ojos los dos simbólicos caminos , de los cuales el uno conduce á la salvación y el otro á la perdición eterna.
Tal es el hombre. Edificad quiméricos alcázares sobre el cimiento cristiano enterrado en su corazón por sus padres y maestros... Llegará un día, — el dia del dolor, el dia de la felicidad ó el dia de la muerte, — y se hundirá el fantástico edificio , y encontrareis inmóviles en su asiento las primeras creencias de la infancia.
Sean accidentales estos fenómenos, sean puramente fisiológicos, su certeza es indudable ; y como quiera que se verifican en nuestro ser, debemos prestarles la misma atención y tributarles el mismo respeto que á nuestras elucubraciones filosóficas.
En tal disposición de espíritu, yo no consideraba esta mañana sino una cosa: que iba á cruzar mi palabra pecadora con la que abre ó cierra las puertas del cielo, con la palabra que castiga ó perdona, que excomulga ó dispensa, que condena ó redime...
Y como soy malo , tenia miedo.
590 DE MADRID A ÑAPOLES.
A medida que avanzaba hácia el Vaticano, nublábanse mas y mas mi entendimiento y mi memoria , y relucía con mayor brillo en mi corazón aquella potestad suprema á cuyos pies iba á arrojarme.
Piensa, — vuelvo á decirte, — en lo que esperimentas al ir á confesar.
Yo no iba á confesarme con el papa. Iba á cumplir un deber de cristiano peregrino. Tampoco me movia la curiosidad. Movíame la ardiente sed de lo infinito, de lo eterno, de lo absoluto, que nos lleva á todos á tantas otras cosas. — Además, tenia que pedirle á S. S. que bendijese un rosario destinado á mi madre y que le aplicase la indulgencia plenaría para la hora de la muerte.
Y añora me ocurre una consideración muy luminosa en que no me había fijado en todo el día. Yo no iba solo al Vaticano : yo no podía disponer de mi mismo: yo tenia que pensar y sentir, sumándome con toda mi familia. Obraba en su nombre ; estaba obligado á darle cuenta de mis actos ; debia resumir y personificar sus afectos.
Perdóname, amigo mió, este cruel análisis, y no veas en él los últimos estremecimientos de la soberbia. Ve lo que hay : buena voluntad en las intenciones , y sinceridad en las palabras.
He creído deber contarlo todo, y asi lo he hecho. —Ahora continao.
Llegado á la plaza de San Pedro , penetré bajo la columnata circular de la izquierda, al fin de la cual empieza una estensa galería , que termina en la magnlBca Scala regia, decorada por Iiernin con vistosísimas columnas.
Al pie de aquella escalera, volví á ver á los suizos ó alabarderos del papa, con su pintoresco traje de rayas amarillas, rojas y negras, inventado por Rafael.
Subí : al llegar al primer piso del palacio , un empleado lego se enteró del objeto que me llevaba, y me dijo que siguiese subiendo, pues S. S. habitaba en el piso segundo.
El Vaticano es inmenso: ya te lo describiré al salir: entonces no estaba para reparar en cosa alguna.
En el segundo piso la servidumbre era ya eclesiástica : á lo menos vestía ropa talar de color morado. Mostré la comunicación en que se me concedía la audiencia , y fui introducido en una vasta y no muy espléndida antecámara , eu la que me pidieron el sombrero y me dijeron que me quitase los guantes , haciéndome pasar en seguida á un gran salón cuadrado, en el cual me dejaron solo, no sin advertirme que podia sentarme.
Aquel salón era mas suntuoso; pero todavía modesto. Adornábanlo un trono, sobre el que se veían la tiara y las armas pontificias ; dos colosales braseros encendidos en cuyas alambreras estaba modelada también la tiara ; tres grandes consolas con relojes del gusto de Napoleón I , y alfombras , tapices y divanes encarnados.
De vez en cuando cruzaban por delante de mí algunos graves personajes, yendo ó viniendo desde la puerta por donde yo había pntrado hasta otra que había al fondo del salón , en el testero derecho.
ÜE MADIUD A ÑAPOLES. 591
Casi todos los que culraban ó salían vestían de morado oou vivos rojos; algunos, de rojo solamente; muy pocos de negro»;— pero siempre traje talar.
Eran cardenales, arzob¡3|K>s, obispos, y otros altos dignatarios de la corte pontificia. Varios de ellos iban acompañados de otros sacerdotes que llevaban grandes legajos. Sin duda eran los ministros y sus secretarios.
Cien veces me levanté para saludar á tan elevados personajes , y cien veces volví á sentarme y á quedar solo , entregado á mis pensamientos.
No es decible lo que revolví en mi cabeza de conjeturas , de reflexiones y de recuerdos durante la media hora que permanecí en aquel salón . La luz del sol que lo alumbraba , los muebles , las cortinas , el trono (en que me senté furtivamente , — conUeso mi pecado),— el silencio que reinaba, los pasos que lo interrumpían á veces , las personas que iban y venían , el compás de los relojes , la presencia de mi familia en mi imaginación ; todas estas cosas y otras muchas daban pábulo á mis ideas y convirtieron en una eternidad aquellos treinta minutos de espera.
Al cabo de este tiempo salió de la habitación de la derecha , donde yo suponía al papa, un sacerdote, vestido de morado como toda la servidumbre pontificia, y se dirigió á mí ; me preguntó mi nombre; consultó un papel ; me dijo que esperase otro poco, y se volvió á marchar por donde había venido.
Desde entonces temblé , no sé si de temor ó de impaciencia , si de respeto ó de efusión cariñosa. — Ya no podía retroceder. El papa sabía que estaba yo allí. Algo semejante á lo que sentí en aquel momento esperimentaran los mortales el dia del juicio al verse llamados á la presencia de Dios.
Poco rato después volvió el sacerdote y me dijo que lo siguiera.
Asi lo hice, y entramos por la puerta en que desde luego me liabia lijado.
Ya estaba tranquilo; pero en cambio había dejado de pensar tan absolutamente, que no se me ocurría una sola palabra que decir at santo padra. Por fortuna el sacerdote me dijo :
— Si trae usted algún objeto para que lo bendiga S. S. , llévelo usted en la mano.
Yo saqué el rosario destinado a mi madre.
La habitación eii que hablamos penetrado era cuadrilonga, mas pequeña que la anterior y de aspecto un poco mas suntuoso.
Al estremo de ella habia diez ó. doce sacerdotes, prelados en su mayor {«irte, y dos cardenales de avanzada edad.
Todos conferenciaban de pie, en voz sumamente baja, formando un solo grupo cerca de una mampara de damasco encarnado , medio cubierta por una cortina de terciopelo carmesí.
En la cortina y en la mampara relucían las armas de la Iglesia.
Todo esto lo vi de una ojeada, adivinando desde luego que por aquella mampara se entraba al despacho de Pió IX.
Mi guia no se detuvo, y yo continué marchando en su seguimiento.
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La oórte pontificia se abrió ceremoniosamente en dos filas , como defiriendo á la honra que iba á caberme de hablar con el vicario de Jesucristo.
Yo pasó por entre aquellos poderosos señores, tan turbado y confundido, que me. parecía que no tocaba con los pies en la tierra.
Mira si hago sacrificios de vanidad; mira si soy esplicito y sincero, con tal de que conozcas los mas nimios pormenores de una tan importante visita; con tal que puedas figurarte que has sido tú mismo el que la ha hecho.
Llegábamos a la mampara.
Una vez allí, un familiar levantó la cortina; otro abrió la puerta; y el sacerdote que me había guiado, me hizo un profundo saludo; indicóme con un ademan que entrara solo, y añadió estas sencillas palabras :
—Ahí está Su Santidad.
Con lo cual se cerró la puerta detras de mi , y me encontré en una pequeña, triste y modestísima estancia.
En frente de la puerta por donde había entrado , (al lado de la cual permanecí dos segundos inmóvil é indeciso ,) se veía otra mampara abierta de par en par, que daba á un alegre aposento bañado por el sol.
a Allí será» pensé, y di un paso en aquella dirección.
Pero en esto oi á mi derecha , y ya detrás de mi , una voz apacible que decía:
— Benedical te Dominas... Me volví sobresaltado.
El papa se hallaba en la misma habitación donde yo me creía solo.
No lo había visto en medio de mi confusión , porque Su Santidad estaba sentado delante de un bufete dando la espalda á la misma pared donde se bailaba la puerta por donde yo habia entrado.
Me arrodillé, según el ceremonial que me habían prescrito, y Pío IX repitió arablemente su bendición , bendiciéndome también con la mano.
Hice la segunda y la tercera genuflexión , acercándome á S. S. ; y ya me disponía á besarle la sandalia, cuando sonrió levemente , con una afabilidad esquisita, ó interponiendo su mano derecha, dióme á entender que se la besara en lugar del pié, y que me levantase.
Asi lo verifiqué.
Pío IX estaba sentado , como he dicho, detrás de un bufete, sobre el que se veía un gran crucifijo de ébano y plata , una.escribanla , un breviario, y algunos papeles.
Cuando entré, S. S. leía en un libro en rústica (alguna publicación reciente), que iba abriendo ó cortando con una plegadera de marfil , la cual soltó para alargarme la mano , volviendo á cogerla en seguida con un movimiento maquinal.
Yo esperaba á que me hablase , para atreverme á fijar los ojos en su rostro. Entre tanto, reparaba de un modo vago y pueril , en el solideo blanco del Santo Padre, en su muceta y su capisayo, blancos también, en sus hermosas manos y
IJE MADRID A ÑAPOLES. 593 (¡cosa rara... que demuestra m¡ afán de encontrar al hombre al través del Pontífice 1) en que el cuello de la muceta estaba un poco desaseado, de ludir con los sedosos cabellos blancos de S. S.
Templo áe Serapls , terca de Nipolrs.
El conjunto de aquella ügura, su albo ropaje talar, la mansedumbre de su actitud , su aire tranquilo, natural y franco , la modestia de la habitación... todo respiraba paz , humildad y ternura.
Mientras yo observaba y discurria estas cosas , apenas habrian pasado ocho segundos, durante los cuales S. S. miró un papel , que sin duda era la petición
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de aquella audiencia , hecha por la embajada y cuyos términos yo no conocía.
— Usted es español , dijo al fin el papa en castellano , no sin grande sorpresa ni ¡a. Yo quiero mucho á los españoles, y todavía recuerdo, como usted ve , aquella hermosa lengua que aprendí nace tantos años. Yo he estado en España.
S. S. hablaba el castellano con una corrección admirable, sin acento alguno estranjero; pronunciaba las eses como los valencianos, y su voz era dulce, reposada y sonora.
Yo sentía renacer mi tranquilidad.
—¿De qué parte de España es usted ? me preguntó en seguida. Y cuando le hube contestado :
— ] Granada ! repitió el Pontífice. Hoy hace años que entraron en ella los Reyes Católicos. jGuadix! catedral insigne... Silla de San Torcuato. Yo amo mucho al obispo de Guadix. Cuando vaya usted á verlo, déle muchas espresiones mias.
Este lenguaje, sencillo y cariñoso, me animó de tal manera, que ya no pedia darme cuenta de la emoción con que habia llegado liasta allí. Me parecía que toda mi vida habia estado oyendo al papa. Asi es que me permití mirarlo y estudiar su fisonomía con una atención que no podía pasar por irrespetuosa; puesto que mis palabras demostraban claramente veneración, afecto y gratitud.
Pío IX tiene sesenta y nueve años : es alto y fuerte : su apostura revela á un tiempo cierta marcial franqueza y una infinita humildad apostólica. En su semblante, verdaderamente hermoso, resplandecen la serenidad y la alegría. A la vive» de sus ojos se contrapone la pacifica bondad de su boca, que no deja de sonreír. A pesar de su avanzada edad, brilla en su frente un destello de juventud , y según pude ver mas adelante , este venerable anciano , de quien se ha dicho tantas veces que está vecino al sepulcro , conserva la agilidad y el fuego de sus mejores años.
Media hora duró la audiencia. Acaso podría referirte palabra por palabra todas las que me dirigió S. S. ; pero no debo correr el riesgo de poner en sus labios alguna que no pronunciara.
Te daré, si, cumplida cuenta del giro de la conversación,
Preguntóme el santo padre si habia pasado por la Alta Italia para venir á Roma.
Esta pregunta me turbó un poco : en la Alta Italia está comprendido el Piamonte , el reino de su enemigo, el territorio excomulgado.
Contesté que sí; y S. S. , comprendiendo mi turbación, atenuó el interés del asunto, tratando de deducir de mi respuesta todo mi itinerario desde que salí de España.
Con este motivo, se enteró del estado de los ferro-carriles españoles, confundiendo á veces la posición respectiva de algunas de nuestras ciudades , á lo que yo rectificaba con la mayor franqueza y gran contentamiento suyo, haciéndole sonreír con sin igual dulzura.
DE MADRID A ÑAPOLES. MR Esta falibilidad del sumo pontífice tenia para mi un indecible encanto , y aumentaba la tierna confianza de una entrevista que yo me habia imaginado tan solemne y ceremoniosa.
De la cuestión de caminos de hierro pasó S. S. muy naturalmente al estado político de España , y manifestó su regocijo por la paz que reina en aquel amado sítelo después de tantas discordias. — Fueron sus palabras.
Una vez en este terreno , se lamentó de que la situación de la Italia no sea la misma, y elevando el tono de la conversación, pero siempre con angelical blandura, me dijo... lo que yo habia leido ya en muchas Encíclicas recientes: que S. S. no ha perdido ni un solo momento el valor y la esperanza: que cree seguro el triunfo de la Iglesia : que da gracias á Dios por haber elegido su pontificado para tan dura prueba: que su alegría aumenta á proporción- de las tribulaciones, y que puesto que yo, como escritor, dirijo mi voz al público (esto de escritor lo babia dicho la embajada de España al pedir mi audiencia) , que no deje de participar á mis compatriotas la gratitud de la Santa Sede por la fidelidad de España y por los auxilios y pruebas de amor que recibe continuamente de ella, asegurándoles que nada hay que temer por la navecilla de San Pedro , pues saldrá triunfadora de la presente borrasca como ha salido de tantas otras.
Confieso que oi esta exhortación con miedo y remordimiento. Parecíame que S. S. se dirigía á mí, á mi conciencia, á mi corazón, no tan confiado como el deS. S. — Aquellas palabras, estereotipadas en sus labios y en todos sus escritos, me parecían una reprensión imaginada ex-profeso para perseguir y disipar en el fondo de mi alma las últimas tinieblas , allí escondidas , ó para castigar la hipocresía de una duda vergonzante. Si no hubiera temido fatigar su atención, habrlale dado cuenta de mis íntimos sentimientos, rogándole que los contrastase con los que acababa de espresar, hasta hacerme patente la flaqueza menguada de los mios.
¡Oh! nadie ama su dolor. Yo hubiera querido, tal vez yo he debido procurar salir de aquella estancia poseído del júbilo y el reposo que animaban al padre cumun de los fieles. Pero, aunque hijo suyo , no me he atrevido á revelarle mis penas é inquietudes ni á pedirle un remedio para ellas, j Son tantos los enfermos de tristeza que visitan al santo padre ! ¡ Y lo que tantos no le piden , habia de pedírselo yo, pobre de mí I De manera alguna. Su tiempo no bastaría para todos , y yo no debia desear una escepcion en mi favor. — Llevaré mi cruz hasta lo alto del Calvario, medité con amarga resignación. Tal vez allí algún dolor^ supremo abrirá mi alma á la alegría.
Sería casualidad ; pero en aquel momento parecióme intuición milagrosa del santo padre esta pregunta con que terminó su peroración é interrumpió mis pensamientos :
—¿A. qué ha venido usted á Roma? ¿Por devoción? Creí que me preguntaba el primer pecado ; que la confesión principiaba : no debia mentir: hubiera sido un sacrilegio.
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ÍS9fi DE MADRID A ÑAPOLES.
— Por devoción cristiana, santísimo padre, contesté sin vacilar; y por devoción artística. El arte es la mitad de mi existencia.
El italiano agradeció aquí lo que pudo disgustar al pontífice , y cambiando de conversación , habló con entusiasmo de los tesoros artísticos que encierra ta ciudad eterna , — concluyendo con estas frases :
— El Vaticano, la residencia de los papas, es el primer museo del mundo, sobre todo en obras maestras de la gentilidad. Todo lo que es hermoso , es bueno , puesto que revela la grandeza de la creación de Dios. Por eso hemos reunido en nuestro palacio las maravillas de arte de Egipto , fírecia y Roma pagana, al lado de las pinturas de Rafael y de Miguel Angel.
Al llegar á este punto presenté el rosario á S. S., quien lo bendijo, indicándome que le aplicaba la Indulgencia plenaria para mi madre, con tal que lo estrechase contrita entre sus manos á la hora de la muerte. — ¡Don precioso I Era como darme las llaves del cielo para el ser que ma* amo en este mundo.
Luego me preguntó S. S. sí yo era casado , y— ¿querrás creerlo?— por la primera vez de mi vida me ha parecido que hago mal en ser soltero, y hasta me ha costado cierto rubor el declararlo.— ¿Qué seria esto? No sé.
A la verdad, el matrimonio es un Sacramento... pero no obligatorio... ¿Quién sabel — En situaciones tan estremas como la en que yo me hallaba, se discurre con estraordinaría lucidez , con portentosa profundidad. Tal vez se me reveló en aquel instante todo el egoísmo del célibe , que retarda el nacimieQto de sus hijos; que rehuye los mas graves y nobles cuidados de la existencia humana ; que no fortifica los lazos de la sociedad con el nudo de una nueva familia; que no vincula el amor en una sola mujer, según quiere el cristianismo. — ¿Quién sabe? vuelvo á decir.
Por este camino, la conversación (que yo cuidaba de no alargar; pues traíame inquieto el temor de abusar de la bondad infinita de Pió IX) se prolongó algunos minutos en el tono paternal que le imprimió S. S. al principio , y tuve que enumerarle mi familia y darle nimios pormenores de ella , sorprendiéndome cada vez mas el interés (no atención , no indiferente cortesía) con que escuchaba mis palabras. Parecía imposible que, en medio de tantos cuidados y tareas como le cercan , el santo padre redujese asi su espíritu y lo fijase tan completamente en la mayor ó menor felicidad y en la menera de ser y de estar constituida una familia cristiana cualquiera de las miles de miles que componen su imperio espiritual.
A tal punto llegó aquella situación rarísima, (que yo no acierto á esplicarme sino como resultado de que S. S. se encontraba cuando yo entré en su despacho en uno de esos momentos de absoluta calma de la imaginación en que nos solaza y recrea el tamo que bulle en un rayo de sol ó el afanoso trabajo de una hormiga;) á tal punto, digo, llegó aquella singularísima escena , que, sin reparo alguno me atreví á pedirle á S. S. que me diese algún recuerdo material de aquella audiencia ; lo que menos le importase , lo que de nada le sirviese ; un pliego de papel, una pluma...
DE MADRID A ÑAPOLES. 597 —Algo mejor quo oso voy á regalarle a usted , me dijo sonrióndose y levantándose.
Aquí perdí todo mi valor, y hasta me horroricé de lo que habia dicho , de lo que habia hecho. (Molestar al papal jDar lugar á que dejase su. sillón! ¡Obligarle á andar algunos pasos I...
Muchas veces le pedí perdón de mi audacia y le supliqué que no se incomodase... Pero S. S. se reia, y marchaba por la ostancia, diciéndome afablemente:
—Estoy bueno ; ahora estoy muy bueno : dígaselo usted á su familia y á sus amigos que bien me quieran.
Y con paso Arme , salió del despacho , penetrando en la otra habitación en que daba el sol y de que ya te he hablado, cuya puerta estaba abierta de par en par.
Por aquella puerta seguia yo viendo a Pió IX , que abría una papelera y me hablaba al mismo tiempo , al través do una distancia de veinte pasos.
— Voy á darle á usted (decía, interrumpiéndose a cada palabra, mientras buscaba lo que quiera que fuese en un cajón de la papelera); voy á darle á usted una medalla de las que acabo de hacer acuñar para los que han defendido en Castelfidardo la bandera de la Iglesia ; pues aunque usted no lia estado en Castelhdardo, estuvo en África, según dice la solicitud de audiencia , y es lo mismo; porque al cabo todo cede en honra y gloria de uuestra santa religión.
Yo escuchaba estas palabras y veia trabajar a S. S. , medio orgulloso y medio arrepentido de lo que sucedía por mi culpa. Al fin volvió Pió IX al despacho; dióme una medallita en que se veia la eligie do la Purísima Concepción y ol busto del santo padre ; y poniéndome dulcemente la mano sobre un hombro, me dijo:
— Con que vaya usted con Dios: sea U3ted muy bueno, y dé usted memorias mías á sus padres y hermanos con mi bendición apostólica. Buen viaje ; y mi • bendición á todas horas y en todas partes: sea usted muy feliz, como yo se lo pido á Dios. Adiós , hijo mió.
Me arrodillé una , dos y tercera vez , retirándome de espaldas , como está prescrito por la etiqueta del Vaticano, y á cada genuflexión , S. S. sonreía cariñosamente , bendicióndome con la diestra , y repitiendo el mas español de nuestros saludos :
— Vaya usted con Dios.
Salí de la estancia; crucé vacilante y desvanecido por enmedio de la córte pontificia; recobró mi sombrero , mi abrigo y mis guantes , y bajó dos á dos las escaleras del Vaticano.
Creo que huia del aparato real del palacio ; de la pompa temporal que hace temible á aquel humilde y bondadoso sacerdote, cuyas palabras de amor resonaban en lo íntimo de mi pecho... ¿Qué se yo?
También podia ser la turbación consiguiente á mi inesperada ventura, ó el miedo á que se me distrajera del éxtasis en que me hallaba , lo que me hacia
correr de aquel modo, y apartar la vista de cuanto no fuese el Santo Padre...
de cuanto no fuese Pió IX. . .
No sé: lo qno puedo decirte es que no he parado hasta llegar á mi casa, y que cuando me he visto en ella , todo lo que acabo de referirte me ha parecido un sueño , una ilusión de la voluntad , la deseada imagen que persigue la esperanza.
IX.
E) Vaticano — Maravillas de arte de la antigüedad y del Renacimiento.
Roma 5 de ettro.
Una hora después me hallaba de vuelta en el Vaticano.
Iba á ver el palacio con ojos de artista ; á recorrer el Museo y la Biblioteca; & visitar el Juicio final de Miguel Angel ; 4 admirar la Transfiguración de Rafael ; á contemplar el grupo de Laocoonte y el Apolo de ltelvedcre , dos de las obras capitales de la antigüedad.
Aquella visita ¡debia constituir mi última grande impresión en Roma ; pero visita ha sido que ha durado cuatro dias; pues desde aquella mañana hasta hoy, puedo decir que no he hecho otra cosa que recorrer el Vaticano.
«El Vaticano dice un viajero ,— capitolio de la Roma moderna, no es tanto un palacio como una reunión de palacios irregulares , en que trabajaron 'os mas célebres arquitectos , Bramante , Rafael , Pirro Ligorio, Domenico Fontana, Carlos Maderne y Bernin. Tiene tres pisos, y encierra una infinidad de salas, galerías, capillas y corredores; una biblioteca, un museo inmenso y un jardín. Cuenta 20 patios, 8 grandes escaleras y 200 escaleras de servicio. Bonanni pretende que el Vaticano consta de 13,000 habitaciones, comprendidos los subterráneos. Pero á este vasto conjunto de edificios le folla una fachada esterior. Por el lado de su entrada, lo oculta y desfigura la columnata de la Plaza de San Pedro.
»En las obras de Aulo Gelio se halla una etimología singular de la palabra Vaticano , que hace provenir de los oráculos (Vaticinio) que, ya en su tiempo, (dos siglos fhtes de Jesucristo) se pronunciaban en aquel lugar.— Ignórase la época de su fundación ; sabiéndose solamente que lo habitó Carlo-Magno. En el siglo XII los papas vivían todavía en Letran, no habiéndose trasladado al Vaticano hasta que volvieron de Avignon. Juan XXIII puso en comunicación el palacio con el castillo por medio de una galería cubierta. Nicolás V lo rodeó de murallas. En el siglo XIV , Sisto IV hizo la biblioteca y la capilla Sixtina. Alejandro VI mandó construir el departamento que lleva el nombre de Borgia.»
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Inocencio VIH, Julio H, León X, Pablo III, Sisto V, Clemente XIV, Pío VI, Pío VII y Gregorio XVI lian añadido el resto.
No te describiré ni aun te enumeraré las diversas habitaciones de aquel inmenso edificio. Busquemos las obras de arte mas notables que encierra, y para ello principiemos por eruzar \a.Sala Regia, cuyos frescos históricos son dignos de atención, y penetremos en la célebre Capilla Sixtina.
En la Capilla Sixtina, donde se celebran, en presencia del santo padre, los oficios de Semana Santa, se halla el famosísimo Juicio final de Miguel Angel , inmensa pintura al fresco que cubre toda la pared del fondo.
Esta obra ha sido juzgada por todo el mundo como superior a la crítica. Yo no he sabido qué admirar mas en ella: si la grandeza del dibujo, si la gigante osadía que revela la disposición de cada figura, si la composición de uno y otro episodio , si la terrible animación del conjunto ó si la vehemencia de los afectos espresados en cada fisonomía. En cuanto á la invención , sabido es — y Miguel Angel lo confesaba , — que no es sino una traducción material de las grandiosas y tremendas imaginaciones de Dante, y en este punto, creo que tienen razón los que hallan mas idealismo, mas inspiración mística , mas espíritu cristiano en el Juicio Final de Giotto que vimos en Padua y sobre todo en el de Qrcagna que admiramos en Pisa. En cambio el de Miguel Angel impone y aterra por la representación física de los dolores, por el vigor del estilo , por la pasmosa variedad de las mas atrevidas actitudes , por los maravillosos estudios anatómicos que revela y por la fuerza y la vida de la acción.
En el centro de la composición se ve a Jesucristo ; pero no ya al Salvador, al manso cordero, á la víctima resignada; sino al terrible Juez que había do venir á juzgar a los vivos y a los muertos. «Es el Jesús del I>ies ira» ha dicho no sé quién, A sus píós se halla la Virgen María , arrodillada, intercediendo por los pecadores. La escena tiene lugar entre el cielo y la tierra: la tierra se ve abajo, y de ella salen los muertos , sacados de su largo sueño por el son de las trompetas , tocadas con espantosa energía por un admirable grupo de ángeles. En lo alto se ven dos grandes masas de Elegidos que vuelan al cielo ; los unos van abrazados a la columna de la Fé ; los otros al árbol de la Cruz. Cerca de Cristo se hallan los Mártires , quienes le presentan los instrumentos de su martirio, — las aspas, la cruz, la rueda, la escalera, los martillos, la espada...— San Bartolomé, admirablemente pintado, lleva en la mano su propia piel, que conserva la forma humana , basta la del rostro.— ¡ Es una cosa horrible !— A la izquierda luchan los condenados con los demonios , resistiéndose ferozmente á seguirlos al infierno.— Hay quien dice que esta es la parte mas perfecta de la obra.— Sobre todo, un condenado que reflexiona sobre su suerte, hace temblar al que lo mira: tal es su muda desesperación. En la parte baja del fresco, se ve á Carón, el barquero mitológico, conduciendo los réprobos á las regiones infernales.— Este contrasentido pagano se encuentra también en Dante. — A la derecha todo es jübilo y amor, gloria ó esperanza. Allí están los justos, los elegidos que acaban
600 DE MADRID A ÑAPOLES.
de pasar por delante de Jesús , el cual los va colocando á su diestra , como han de estar después á la diestra de Dios Padre— Las Vírgenes son muy bellas;
Gruta de Possilípo en Ñapóles.
pero no muy castas , y eso que fueron vestidas por Daniel Volterra á petición de Pablo IV , que hizo atenuar también un poco el completo desnudo de las demás llguras. j Ah ! ¿qué entendía do esto Miguel Angel? El era gentil, y siguió siéndolo al tratar el asunto mas religioso , mas cristiano , mas ascético que pueda
DE MADMD A ÑAPOLES. 601 encomendarse á la pintura. — Para concluir: el Juicio Final encierra mas de cuatrocientas figuras, en las que están representados todos los afectos, todas las edades, todas las actitudes, todas las pasiones, todos los tipos... ¡Glosa admirable del alma y del cuerpo humano, que demuestra la inagotable inventiva de un genio colosal y de una sabiduría prodigiosa I
No es esta la sola obra de Miguel Angel que encierra la Capilla Sixtma. Todo el techo se halla pintado de su mano, y entre las maravillosas creaciones que allí legó á la posteridad , cualquiera de ellas, la menos perfecta, bastaría á inmortalizar á aquel soberano artista.
Conocido su genio, la Índole do los asuntos bastará para dar idea de la grandiosidad de sus obras.
Estos asuntos son: i.° Separación de la luz y de las tinieblas: 2.° Creación del sol y de la luna y siembra ó sementera de la tierra : 3<° El espíritu de Dios cerniéndose sobre las aguas: 4.° Creación de Adán: 5.° Creación de Eva: 6.° Caída del primer hombre y su espulsion del Paraíso: 7.° Sacrificio de Noé: 8." El Diluvio : 9.° Embriaguez de Noé: iO. Jeremías: i 1 . La Sibila de Persia: 1 2. Eiequiel: 13. La Sibila Eritea: 14. Joél: 15. Zacarías: 16. La Sibila de Delfos: 17. Isaías: 18. La Sibila de Cumas: 19. Daniel: 20. La Sibila Líbica: 21. Jonás:-22. Asuero y Esther y el suplicio de Haman: 23. La serpiente de metal: 24. David y Goliat: 25. Judith y Uolofernes, y una infinidad de figuras decorativas.
De estas obras, merecen especial mención los Profetas y los Sibilas; y especialfsima, la Creación del Hombre y la de la Mujer , sobre todo la del Iforobre , representado como un hermosísimo cadáver sumido en un rincón de la tierra, á donde llega el Creador, sostenido por ángeles, y te da la vida tocándole con el dedo. — Esta escena respira una grandiosa poesía , enteramente genesiaca , que recuerda los sencillos y magestuosos versículos de Moisés.
En la Capilla Paulina hay otros dos frescos de Miguel Angel, La Conversión de San Pablo y El Martirio de San Pedro, que en otra parte llamarían estraordinariamente la atención, pero que se ven sin asombro cuando se viene de admirar la Capilla Sixtina y se dirige uno á las Logias de Rafael.
Las Logias son una multitud de reducidas estancias formadas por tres hileras de pórticos ; y llevan el nombre de llafael , porque este inmortal artista las construyó, decoró y pintó al fresco. Las pinturas representan asuntos del Antiguo y Nuevo Testamento , principiando por la Creación del Mundo. — En ellas lucha Rafael con Miguel Angel por la grandeza y magestad de la concepción. .. Pero donde lo vence es en las célebres Cámaras (Stanze).
En aquellas Cámaras se encuentran las obras capitales del pintor de Urbino. —Allí se ven El incendio del Borgo , la Escuela de Atenas , la Disputa del Sacramento (que es sin duda la mas alta y grandiosa creación del arte cristiano; un poema teológico; la Divina Comedia de la pintura), El Parnaso, Heliodoro arrojado del Templo ; San León deteniendo á Alila á las puertas de Roma ; El Milagro de Bolsena (historia de un sacerdote incrédulo, convertido á la vista
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de una hostia ensangrentada), San Pedro puesto en libertad, la Batalla de
Constantino y otros episodios de su vida [cristiana... etc.
Cada una de estas obras merecería un capitulo especial. Cualquiera de ellas bastaría á la gloría inmortal de Rafael. El pintor divino demuestra en las Camaras todo su genio, toda su sabiduría, toda su erudición, su inspiración cristiana, su profundidad teológica, su gracia y su sublimidad á un mismo tiempo. — Yo me contento con nombrar aquellos prodigios del arte : lo demás lo dice la fama y lo repetirán los siglos.
Pasemos ahora á la Pinacoteca ó Galería de Cuadros del Vaticano, compuesta de pocas obras , pero todas magistrales.
La primera que busca allí todo el mundo es la famosa Transfiguración de Rafael, que por mucho tiempo se ha considerado como la mas alta creación de su autor y de la pintura en general. Hoy la crítica, mas generalizado™ y profunda , echa de menos en aquel cuadro U inspiración mística , el espíritu religioso , el perfume de santidad , el ambiente divino que respiran otras obras de Rafael. La Transfiguración es sin duda un prodigio si se considera el arte por el arte, y como ingeniosa é idealizada reproducción de la naturaleza. Los clásicos, los paganos , los académicos, podrán no pedirle nada á aquella grandiosa composición; pero on poeta creyente, un alma enamorada de io absoluto, de lo eterno ; un corazón sediento de afectos y goces infinitos , habrá de reconocer que el sentimiento , que la fe , que el genio de la humanidad desterrada rayó mas alto en otra obra inmortal , sabiamente colocada en frente de la Transfiguración de Rafael , como para castigar al pintor de las Vírgenes de haberse inspirado mas en el Olimpo que en la Gloria para retratar la sublime escena del Thabor.
La obra á que me refiero es la Ultima comunión de San Gerónimo por el Dominiquino. Cierto que su idea y su disposición están plagiadas de la pintura del mismo nombre , ejecutada por Aníbal Caracci , que vi en Bolonia ; pero lo que maravilla y arrebata en el cuadro del Dominiquino no ha sido plagiado de parte alguna , no se encuentra en la creación de Carracci , y acaso porque no se encontraba en ella, acometió Dominiquino la empresa de mejorarla, celoso del éxito que habia alcanzado. Hablo de la unción religiosa, de aquella santidad que no respira (a Transfiguración, de Rafael.
El San Gerónimo de Dominiquino, anciano, decrépito por mejor decir, quiere estar arrodillado y no puede. Algunos varones piadosos lo sostienen por debajo de los brazos , y sin embargo , el sublime traductor de la Biblia se halla sentado sobre sus desnudos pies. Apenas puede levantar la cabeza. Ya no le queda vida sino para mirar la Hostia que le presenta el sacerdote. Se comprende que en sus venas no hay ya otro calor que el amor divino , que el santo deseo de tocar con sus labios, de recibir en sus entrañas la forma consagrada del cuerpo del Redentor... La comunión será para él un ósculo de paz después de los combates de esta vida, y de alianza con la eternidad. |Qué sed de ver á Dios! | Qué humildad I |Quó cariño!— Yo no conozco espresion mas culminante de caridad... Yo no he visto nunca tan espiritualizada la forma humana.— Es Beato Angélico
DE MADRID A ÑAPOLES. 603 divinizando la naturaleza mortal , sin apelar á las formas inverosímiles de un árido asoetismo. Es el alma, hermoseando, fundiendo, divinizando, convirtiendo en luz la pobre arcilla que se desnace al soplo de la muerte.
En la Galería del Vaticano se encuentran también la célebre Madonna di Foligno de Rafael ; su Coronación de la Virgen , pintada en el estilo de su insigne maestro y, por consiguiente, inmaterial, pura y divina como una visión del cielo, y la Anunciación, la Adoración de los Reyes, la Presentación al Templo y las Virtudes teologales, cuadros todos, especialmente el último, dignos de su genio y de su fama.
De las obras restantes de la galería, las mas bellas y renombradas son la Vision de San Romualdo , por Andrea Sacchi ; El entierro de Cristo, por Miguel Angel de Caravaggio; una Madonna de Ticiano; la Leyenda de Nicolás Vari, por el sublime Beato Angélico; dos cuadros de Murillo, la Sagrada Familia y la Vuelta del Hijo-pródigo , colocados allí por Pió IX, y los famosos Tapices de Rafael, que encierran maravillas de concepción y de dibujo.
Pasemos ahora á la Biblioteca , que como sabrás , es la primera colección de manuscritos de todo el universo. El local no puede ser mas bello ni mas suntuoso. La sala grande de 216 pies de longitud por 49 de anchura, está adornada con preciosos frescos y con elegantes armarios cerrados. De esta sala arranca una doble galería, vistosísima, de mas de 1,000 pies de longitud 1
Los manuscritos no bajan de 25,000, y entre ellos los hay griegos , latinos, árabes, persas, turcos, siriacos, hebreos, etiopes, samari taños, ooptos, armenios, georgianos, indios, chinos, slavos.— De los innumerables tesoros que allí se guardan , solo he visto algunas cartas de Enrique VIII á Ana Bolena ; un cuaderno de borradores del Tasso , que por cierto corregla mucho sus poesías; una Biblia del siglo VI; la República de Cicerón, y un Virgilio del siglo V adornado de preciosas miniaturas.
La Biblioteca del Vaticano comprende además 50,000 impresos;— un Museo llamado profano; — otro do Antigüedades cristianas, en que se ven lápidas procedentes de las catacumbas , pinturas de los maestros griegos anteriores con mucho al renacimiento de las artes, cálices antiquísimos, y otros muchos objetos pertenecientes á los primeros cristianos ; — un gabinete en que hay seis armarios llenos de ídolos , estatúitas , inscripciones en bronce , utensilios de todo género de los antiguos romanos, y la cabellera de una mujer, perfectamente conservada , aunque tendrá mas de quince siglos, que se encontró en un sarcófago gentil; — una sala de pinturas bizantinas; — el gabinete de los Papirus; — ocho salas más, atestadas de curiosidades históricas; — el Gabinete de las Medallas;—y la sala de las Bodas Aldobrandmas , donde se halla el famoso fresco de este nombre, cuya importancia ha desaparecido después de las exhumaciones de Pompeya.
Hasta aquí la Biblioteca.— Ahora empieza el verdadero Museo del Vaticano, vastísima ciudad que encierra los despojos de rail generaciones. Bástete saber que aquel Museo, el primero del mundo, tiene una gran sala destinada esclusi-
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vamenleá Bustos de la antigüedad; una galería llamada de los Candelabros; una sala de Animales esculpidos ; otra galería llena de Estatuas; patios llenos de sopulcros , y de grandes vasos ó tinas; un departamento que encierra todo un Musco Etrusco; otro que equivale á un Museo Egipcio, y muchos que llevan nombres especiales y que bastarían al lustre de lamas culta capital, como son el Museo Chiaramonti, la Galería Lapidaria, el Museo Pió Clemenlino, etc.
El Museo del Vaticano,— \o repito,— es un pueblo de piedra, habitado por los antiguos romanos y por el correspondiente número de griegos y egipcios que nunca faltó en la gran ciudad. Allí se encuentran todos los hombres célebres do que nos hablan los historiadores latinos : allí están sus dioses. Los retratos , los bustos, las estatuas, esceden en vida y espresion á la fotografía. Oradores, filósofos , guerreros , poetas , nos miran , nos hablan , se mueven , palpitan , animados por el arte. Los emperadores, los cónsules, los tribunos, las matronas, las cortesanas , los niños , los esclavos , todos moran en aquel lugar , albergados con lujo, rodeados de los restos de sus casas, de las pilas en que se bañaban, de los pavimentos de mosáico do sus viviendas , de las bestias feroces que admiraban en los circos , de los sepulcros que no han podido retenerlos , de las columnas de sus templos , de sus Idolos , de los monumentos que veian en plazas y calles, de las obras muestras de Fidias y Praxiteles que tuvieron en tanta veneración , de todo, en fln, lo que embellecía su existencia cuando, en vez de ser de marmol, eran de carne y hueso.
1 Y qué ostensión la de aquella ciudad petrificada! ¡ Qué población tan numerosa! Solo para conocer de vista á los inmóviles habitantes del Museo seria menester permanecer allí un año. Para tratarlos y ser amigo familiar de todos, no bastaría un tercio de la vida.— Desistamos, pues, de parar la atención en unas gentes que hemos de abandonar tan pronto , y fijémonos solamente en las obras inmortales de la antigüedad , en los grandes prodigios de la escultura griega; esto es , hagamos lo mismo que en cualquiera otra ciudad que visitamos de paso: veamos los monumentos, y sigamos nuestro camino.
Saludemos primero a esta soberbia Cariátide , hermosa como una Juno, magníficamente vestida, y que parece el símbolo de la belleza permanente ; — detengámonos luego cerca de la estatua del Pudor, de esa gallarda jóven que á medida que se envuelve mas en sus ropas, deja adivinar con mayor precisión y exactitud las formas hechiceras de su cuerpo; — admiremos y reverenciemos la austera figura de Demóstenes en su actitud persuasiva ; — apartémonos , no que nos atropello , del Atleta ó Corredor , que huye continuamente de su pedestal, en el cual á cada instante parece que acaba de sentar el pie por vez primera ; — y hagamos alto delante de la colosal estatua del Nüo , conocida de todo el mundo, puesto que su mejor copia adorna un jardín público de París.
Nada mas imponente que aquel gigante acostado , por cuyo cuerpo trepan y corren diez y seis niños, que siempre me recuerdan á los liliputienses que se apoderaron de Gulliver... Yo no comprendo que pueda presentarse alegoría mas exacta que esta escultura, para dar idea del opulento rio que es vida y alma de
DE MADRID A ÑAPOLES. 606 todo el Egipto; que lo aniquila y regenera continuamente ; que lo asombra y lo intimida cada vez que lo inunda para enriquecer y fecundar sus campos.
Pero continuemos. Hé aquí la célebre Minerva Médica. — (Salud á Augusto, ó por mejor decir, al jóven Octavio! — Ved allí á Tiberio, pacíGcamente sentado. — Su calma glacial me horroriza... Pasemos de largo.
Estamos en el vestíbulo redondo , donde se halla el balcón de Belvedere (de la Bella vista) que da nombre á toda esta parte del Museo. La vista que desde el balcón se disfruta es, en efecto, asombrosa. Roma entera se estiende ante nuestras miradas.
Desde el vestíbulo pasamos al célebre patio , centro del Museo , rodeado de gabinetes donde se encuentran las obras capitales de la escultura antigua.
Hé aquí el Perseo;— héaquf el Mercurio conocido con el nombre de Antínoo; — bé aquí el célebre Torso griego, que no siendo mas que un fragmento, conserva toda la vida que pudo tener la estatua entera y hace adivinar el resto de la figura...
Miguel Angel decía que era discípulo de este Torso...
Pero Miguel Angel decia también que el Grupo de Laocoonte era el milagro del arte , y estamos á pocos pasos del Grupo de Laocoonte. — Ávanzemos , pues.
I Oh prodigio ! No basta conocerlo , como lo conoce todo el mundo , por el vaciado, por el grabado ó por la fotografía. Acontece con estas obras maestras que , después de serle a uno familiares por las muchas y escalentes copias de ellas que se encuentran en todos los grandes museos de Europa, todavía cree verlas por primera vez cuando examina el original , la predella, que dicen los italianos. — Y es que ni el vaciado ni la copia tendrán nunca la suavidad de contornos , la gracia de inflexión , la morvidez del Paros ó del Carrara modelado por aquellos magos del arte y bruñido por el tiempo. Quien no haya visto estos modelos insuperables, asombro de generaciones de artistas, no sabrá jamas hasta qué punto puede animarse la piedra bajo la mano del escultor; hasta qué punto una forma precisa y dura adquiere el indeciso contorno de la carne , la suave vaguedad del movimiento.
Ved á Laocoonte : vedlo pugnar con las serpientes que lo ahogan y á sos hijos : ved la infinita angustia del rostro del padre : ved sus atléticos esfuerzos, sus miembros crispados, su desesperada actitud , y decid si aquello es materia inerte; si aquella boca no se queja ; si aquellos brazos no luchan ; si aquel corazón no llora lagrimas de sangre.
Y i qué transición ! — En el lado opuesto encontráis el Apolo de Belvedere, la suave figura que pasa por el tipo mas perfecto de la belleza del hombre ; el gallardo mancebo do correctas formas, de varonil hermosura, de noble continente que enamora tanto á las hijas de Eva como la Venus de.Médicis á los hijos de Adán; el Apolo de Belvedere... muestra proverbial de que no siempre es feo el sexo que no se llama bello por antonomasia.
Después encontrareis El león que despedaza á un caballo, admirable grupo en que las dos figuras son interesantes, las dos nobles, ninguna odiosa; — el
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Cupido de Praxiides , llamado el Genio del Vaticano; — su Apolo y su Venus, que son dos maravillas, copia la segunda de la famosa Venus del Guido;— la renombrada estatua de Meleagro , y mil otras obras maestras que ni nombrar me es dado ; pero que en otro cualquier museo serian objeto principal del culto de los artistas.
Y nada digo de los vasos etruscos, cuyas pinturas son otros tantos poemas, ni de las urnas y pilas de pórfido y otras riquísimas piedras que demuestran el gi-ado de lujo y esplendor á que llegó el regalo de los antiguos; ni de las preciosidades artísticas y curiosidades históricas que encierra el Museo Kgipcio... El Vaticano es interminable, indescriptible: ¡museo digno de Roma... y esto lo dice todo!
• r
| Oh I } Cuánto mas fácil y definitivo , siquier mas lento , hubiera sido el triunfo del cristianismo sobre el paganismo (me refiero solamente á las formas estenores), si en vez de implantarse en Roma su centro de acción se hubiese implantado en España , en Francia , en cualquiera otra nación de Europa que no fuese Italia ni Grecia 1
En Roma , si bien hirió á la gentilidad en el corazón , tuvo que luchar con ella , como con una hidra, cuyas cabezas se centuplicaban á sus golpes...
El Renacimiento (esto es, el triunfo del ideal terreno del arte antiguo sobre el esplritualismo sublime de los artistas y de los escritores ascetas) fuo contemporáneo de la Reforma.
Y la lucha sigue.
8 de mero.
Amigo mió: da por terminadadas mis cartas de Roma.
Mucho mas he visto; mucho mas he pensado y sentido en la gran ciudad; pero no me es dado escribírtelo ; me aqueja la premura del tiempo y me lo impiden respetables consideraciones.
En cuanto al sermón que te habia prometido predicar en Roma... Ya lo leeras al fin del libro en que figurarán estas cartas.
Allí hablaremos largamente de política.
Ahora solo pienso en mi próxima salida para Nápoles, para la hermosa Nápóles, término de mi larga peregrinación.
CAPITULO ULTIMO.
ÑAPOLES.
De Roma á la frontera napolitana.— Terracina. -Gaeta.— Un obstáculo imprevisto.
TcrraciM , 9 de enero.
Héme en Terracina, en la última ciudad de los Estados Pontificios, ¿ media legua de la frontera napolitana.
Acabamos de llegar. Son las once de la noche. Vamos á descansar algunas horas, y mañana por la mañana saldremos para Ñapóles.
Dioscoro Puebla , uno de los artistas pensionados por el gobierno español en Roma , y de quien ya te he hablado en mis anteriores cartas , forma parte de la espedicion. El se volverá a Roma desde Nápoles: los demás regresaremos á España.
Creo inútil decirte que los demás somos Caballero, Jussuf y yo.
Nuestro viaje de Roma ú Terracina apenas es digno de mención , después de la descripción minuciosa que tengo hecha de lo que es una marcha en posta por el Estado Romano.
A meszo-giorno , esto es, á las doce del dia, salimos hoy de la ciudad eterna, por la puerta San Giovami, Jussuf encargado siempre de la galga ó scarpa, Caballero, Puebla y yo cómodamente arrellanados en una inmensa y solida carretela , dentro de la cual quedaba siüo para el consabido cesto de provisiones.
Cruzamos la campiña romana, triste, solitaria, llena de ruinas. Torné á verá Albano, donde llamó mi atención el contraste que ofrecían los soldados franceses con los soldados napolitanos que se han refugiado en este pais, después de las derrotas del Volturno ; aquellos equipados lujosamente, estos mise-
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rabies y desarrapados ; los unos ébrios ; los otros pálidos y desfallecidos : pasamos un hermoso puente que une á Albano con Anecia , desde el cual descubrimos una hermosa vista , que comprendía : una llanura suave y melancólica, un horizonte de mar , limitando el paisaje á nuestra derecha, y á la izquierda, los frondosos montes Albanos , á cuya falda se veian blanquear mil ruinas hasta de ciudades enteras : gozamos luego de una sublime puesta de sol en el mar, bajo un pabellón de rojizas nubes, y á la luz del crepúsculo, en el solemne silencio que nos rodeaba, contemplamos con infinita tristeza y honda compasión aquella tierra solitaria que íbamos cruzando , apestada y bella como la infortunada Pía, y en que no se notaban otras señales de vida, que algunas piaras de búfalos revolcándose en el cieno de los fétidos pantanos.
Ya de noche pasamos por Velletri, patria de Augusto, antiquísima ciudad, cuyas mujeres tienen reputación de muy hermosas, y donde, al decir de Puebla, que conoce palmo á palmo los alrededores de Roma , quedan muchos , muchísimos recuerdos de la ocupación española de 1849... tanto que los franceses, para embromar á aquellas beldades, las llaman Margaritas... epigrama que no entiendo.— Allí mudamos tiro , y por cierto que el maestro de postas nos declaró, casi con las lágrimas en los ojos , que nuestra silla era la primera que pasaba por la ciudad después de la Noche-Buena. También nos ha anunciado que probablemente no nos dejarán los piamonteses cruzar la frontera napolitana; pero ' nosotros hemos seguido adelante , primero , porque tengo una carta para Cial- - dini , y segundo , porque en Roma nos han asegurado que hay armisticio entre los sitiadores y los defensores de Gaeta.
En las demás paradas los dueños de los Albergas nos han pedido , como se pide una limosna , que entrásemos en sus establecimientos, que pasásemos allí la noche , ó que á lo menos hiciésemos algún gasto , pues se hallan en la última miseria á causa de la interrupción de las comunicaciones. Los postillones, por su parte, al darnos las gracias por la propina, ó sea por la buona mano, nos confesaban que en todo el invierno solo han comido achicorias.
Mas no creas que semejante estado de indigencia se limita á los que viven de los forasteros. Todo el país pontificio presenta el mismo aspecto de desolación y ruina, no solo á consecuencia de la guerra, sino porque sus habitantes fueron siempre tan pobres como su suelo , y tan apáticos y enemigos de trabajar como reacio su gobierno en emprender reformas y obras públicas. Asi es que por donde quiera que hemos pasado , nos han acometido verdaderos enjambres de pordioseros , los cuales , dicho sea de paso y para satisfacción de tus ilusiones poéticas, nos tuteaban familiarmente, no por espíritu democrático de nuestros días, sino á la manera clásica , como los antiguos romanos tuteaban á sus señores , ó tal vez como los primitivos nazarenos, declarados hermanos por Jesucristo. — j Oh 1 Italia revela á todas horas su decrepitud. Italia es la horrura de un mineral fundido ya dos veces... Italia ha vivido demasiado para ser hoy feliz.
Departiendo acerca de estas cosas y otras que no son de este lugar , hemos pasado por los encinares de Cisterna , albergue de bandidos desde la anti-
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güedad hasta nuestros dias, y por la Torre de Trefonti, donde hemos mudado tiro.
Molino y horno en Pompcya.
Allí empiezan las célebres Lagunas Ponimos, que se estienden hasta la ciudad en que te escribo , ó sea por un espacio de ocho leguas de longitud y tres de máxima anchura. Sus aguas estancadas producen la malaria , cuyo tremendo azote ha despoblado completamente toda aquella región , en que hubo en otro tiempo nada menos que treinta y tres ciudades.
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Finalmente , a tas diez y media de la noche hemos llegado a Terracma] segundo puerto de mar de los Estados Pontificios, albergándonos en el Hotel de la Posta , desde cuyos desmantelados salones oigo los bramidos del liquido elemento, que se halla bastante encolerizado.
Aqui nos han vuelto á anunciar que es muy posible que los piamonleses no nos dejen pasar la frontera napolitana ; pues desconfian de todo el que se dirije, procedente de Roma, al teatro de los sucesos.
El campamento de los sitiadores de Gaeta dista unas tres leguas de Terracina : la plaza sitiada se ve perfectamente , según nos dicen , desde el muelle de esta ciudad.
También nos han asegurado que ayor al medio dia sonaba todavía el cañón por aquella parte y se percibía el humo de la pólvora en el cielo que cobija á Mola.— ¿Si no habrá tal armisticio?
Mañana veremos.
IHa 10.
Han pasado veinte y cuatro horas bastante largas, y cátanos todavía en Terracina, decididos á volvernos á Roma, y á emprender desde allí el viaje á Nápoles por Civita-Vecchia y el mar.
Antes de tomar esta determinación , hemos apurado todos los medios imaginables para continuar nuestra marcha por tierra, ó á lo menos, para no perder lo que llevamos andado y embarcarnos en este puerto con dirección á Nápoles ó á la misma plaza sitiada. Pero todo ha sido inútil.
He aqui loque nos ha pasado.
Esta mañana al ser de dia hicimos enganchar la silla de posta y tomamos el camino de Nápoles, contra la opinión de los habitantes deTerracina, que nos aseguraban que tendríamos que volvernos.
El dia estaba hermoso; pero la mar agitadísima. La carretera seguía por la misma costa , abierta á pico en las ásperas peñas. A nuestra izquierda velamos formidables cumbres convertidas en fortificaciones. Larica vejetacion que festoneaba los zócalos de aquellos gigantes de granito anunciaba ya la espléndida flora del Mediodía. A lo lejos se divisaban las rocas artilladas que cercan á Gaeta, asilo del valor y la desgracia, último baluarte de una monarquía decrépita.
A la media hora de camino, dejamos los Estados del Papa , y entramos en el reino de íNápoles. En los límites de ambas naciones, había una especie de portazgo , donde un empleado pontificio nos pidió la última limosna por no vernos los pasaportes. Nosotros le preguntamos , en cambio , si nos detendrían mas adelante las tropas piamontesas. El romano nos dijo que no \ é hizo bien... — pues de otro modo no hubiera tenido razón de ser la susodicha limosna.
Un cuarto de legua mas adelante, y al pié ya de Fondi, primer pueblo napolitano, la carretera, limitada por el Lago de Fondi y por unas altísimas rocas, estaba cortada por una alta puerta guarnecida de dos macizas torres artilladas. Llamábase la Portella , según nos dijo el postillón , y era la verdadera entrada en el reino de Nápoles.
DE MADRID A ÑAPOLES. Oil Este postillón , vestido con su casaquilla corta y con su alto sombrero chapado , era realista de Francisco n y llevaba un miedo cerval.
Llamamos á la puerta: sonó al otro lado de ella ruido de armas, y una voz terrible esclamó en italiano : -—¿Quién vive?
—Una silla de posta que se dirije á Nápoles.
—¿De qué nación son ustedes?
—Españoles.
—No se puede pasar.
— Tenemos una carta para el general Cialdini.
—El general Cialdini está en Mola di Gaeta , y nosotros tenemos órden de no creer en ninguna carta y mucho menos en españoles.
—Entonces quisiéramos ponerle un parte telegráfico al general , y para ello nos permitirá usted subirá Fondi.
— No, señor. Lo que se hará será enviarle el despacho al coronel que manda en Fondi, y él verá si puede trasmitirse al general Cialdini.
Armámonos de paciencia; escribimos con lápiz un parte al general Cialdini, diciéndole que llevábamos recomendaciones del conde de Cavour para las autoridades de Nápoles , y dezlizamos el papel por debajo de la Portella.
El despacho debió hacerle impresión al oficial de guardia , pues un minuto después oimos estas órdenes :
—¡A escape! jRebicnte usted al caballo l Y dígale al coronel que estos señores, con harto sentimiento mió, están esperando al otro lado de la Portella.
A cuyas palabras siguió el rumor de un galope desesperado.
Nosotros sacamos nuestras provisiones ; nos sentamos en el tranco de aquella puerta que daba entrada á un campo de batalla , á un reino hundido , á las regiones calcinadas por el Vesubio, á la Gran Grecia de los antiguos, y nos pusimos á almorzar , no sin convidar antes al oficial de guardia, quien nos dió las gracias , asegurándonos que aceptaría con mucho gusto si no le estuviese prohibido, pena de la vida, salir por aquella puerta ó dejar penetrar á nadie.
En cambio sacó una silla, la apoyó contra el portón, y asi , espalda con espalda y una tabla por medio, emprendimos una larga y amistosa conversación, en que nos enteró del estado de la campaña.
El armisticio ha sido pura invención de los romanos. Hace cuatro dias (el domingo) se dieron tres ataques inútiles á Gaeta, en que murieron muchos piamonteses. La escuadra francesa no se ha marchado, y mientras permanezca delante de la plaza, no se podrá atacar por mar, lo que quiere decir que, sin sin ofrecer socorro ni esperanza alguna á los sitiados, Napoleón prolongará su agonia. Se han repartido en Gaeta raciones para ocho dias , y al cabo de ellos, tendrá que rendirse irremediablemente , falta de víveres y municiones. Desde hoy empezarán á embarcar la caballería y á trasladarla á Terracina, á lo cual no se oponen los franceses. Es el principio de la evacuación. La desconfianza con que
se nos mira á los españoles está muy justificada A los franceses se les cree
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612 DE MADRID A ÑAPOLES.
falsos amigos üe Francisco II: á nosotros falsos neitl 'rales en la cuestión Y
á este propósito , nos contó el oficial muchas cosas que. . . no me parecieron bien ni favorables á España
Esta conversación me traía el aura guerrera del año pasado. El año pasado, tal dia como hoy , estábamos en el Campamento del Hambre. El paraje que me rodeaba esta mañana tenia también mucha semejanza con el de Rio Azmir : una montaña; un pantano; el mar á lo lejos; un sol de oro... — Los ecos de la soledad eran asimismo iguales: son de trompetas, ruido de armas, palabras de muerte...— Entre una y otra escena mediaba casi todo el Mediterráneo jcuatrocientas leguas de mar... ! pero la latitud era la misma; la temperatura idéntica también: primaveral en Enero... ¡Inolvidables mañanas una y otra!
Volvió el soldado de caballería. El coronel de Fondi se negaba a trasmitir el despacho telegráfico.— No habia mas remedio que volver á Tcrracina, y asi lo hicimos.
El resto del dia lo hemos pasado recorriendo esta ciudad , cuyo aspecto romántico, bizantino, muy semejante al de los parajes sombríos y dramáticos de Florencia , no ha sido parte á consolarnos de nuestra desventura.
Al caer la tarde , un vaporcito que habia estado desembarcando caballos procedentes deGaeta, se dispuso á volver á la plaza sitiada.
— ¿Vamos á Gaeta? nos hemos preguntado á una voz.
— Vamos, nos hemos respondido á un mismo tiempo.
Corrimos al muelle : la mar estaba espantosa : el bote del vapor acababa de separarse de la orilla
--;Ah del bote! esclamamos:
— iBote! jBotel repitieron las gentes del muelle, llamándolo para que volviese y nos llevase á bordo.
El bote no nos oyó : los bramidos del mar se lo impedían. ..
A esta casual circunstancia debemos la vida Dioscoro Puebla , Caballero, Jussuf y yo.
Cinco minutos después resonaba un espantoso grito en la playa de Terracina.
El bote habia sido devorado por las irritadas olas.
De los cuatro marineros que lo tripulaban, solo tres pudieron salvarse con auxilio de sus remos. El cuarto desapareció... y ni su cadáver se ha encontrado todavía.
Las tablas del bote sí han sido arrojadas por las olas á los peñascos de la punta del muelle.
Nosotros no hemos podido menos de dar gracias á Dios por todos los sucesos del dia de hoy. ¿Qué significa nuestro contratiempo de esta mañana, comparado con la prodigiosa fortuna que hemos tenido esta tarde?
Adiós, pues; nos volvemos á Roma, desde donde iremos en ferro-carril á Civita-Vecchia en busca de un vapor que nos conduzca directamente á Nápoles.
DK MADRID A ÑAPOLES
fin
II.
Civita-Vecdiia.-Dos ajusticiadus.— El archipiélago partenopeo.-EI Vesubio á lo lejos —
¡ Níípoles !
Civíia-Veccbia Hde enero.
No dirás que pierdo el tiempo. Han pasado dos dias y ya estamos á bordo del Durance, vapor francés, surto en el puerto de Civila-Vecchia.
Son las cinco de la tarde : dentro de una hora levaremos anclas : mañana nos amanecerá en el golfo de Nápoles , al pié del Vesubio, enfrente de la ciudad partetwpea.
Caballero y Jussuf se han quedado en Roma : se marcharán por tierra á Turin , donde he prometido estar dentro de veinte dias: Dioscoro Puebla se halla conmigo á bordo.
Nuestro paso por Roma ha sido un sueno : quiero decir , quo llegamos ayer á las once de la noche y nos acostamos ; que nos levantamos esta mañana á las ocho, y tomamos el tren para Clvita-Vecchia sin ver á nadie...— Nos avergonzaba el haber tenido que volvernos desde Fondi , ruando ya pisábamos territorio napolitano.
En Cívita-Vecchia nos ha acompañado y obsequiado mucho el cónsul de España , mi antiguo amigo el señor Valladares. El único puerto de los Estados romanos tiene muy poco que ver, y eso poco no lo hemos visto, á causa de la espantosa lluvia que ha estado cayendo toda la tarde.
Sin embargo, llevo un recuerdo inolvidable de la Tiro papal, y es haberme encontrado de manos á boca con el verdugo, que venia , caballero en una muía, y calado de agua , de guillotinar á dos reos políticos.
La suerte de estos dos desgraciados ha sido terriblemente caprichosa. Procesados y condenados á muerte como enemigos del poder temporal de los Papas, iban ya á ser ajusticiados en Pentgia , cuando aquella ciudad se sublevó é invadió la cárcel , poniendo en libertad á todos los presas políticos. Pero la autoridad romana , que veía venir el motín , se habia anticipado á sacar secretamente de la cárcel , quince minutos antes del alzamiento , á estos dos infelices reos y á esconderlos en otro lugar , desde donde los envió á Roma con el mayor misterio, cuando Perugia y toda la Umbría formaban ya parte de los dominios de Víctor Manuel. Una vez en Roma los dos prisioneros, se han dejado pasar tres meses, y hé aquí que ayer, (¿por qué no mañana?) fueron trasladados á Cívita-Vecchia, (ciudad la mas fuerte del Estado romano , copiosamente guarnecida de tropas francesas), con el solo, con el único, con el esclusivo objeto de ajusticiarlos hoy... lo cual se ha verificado sin aparato ni ruido.— \ Y todo por quince minutos! ¡Y entre tanto, sus compañeros en la prisión , sus cómplices en el delito,
614 DE MADRID A ÑAPOLES.
toda Perugia , toda la Umbría , llevan cuatro meses de ser impunemente liberales!—Repetid conmigo, que la suerte es caprichosa.
Pero anochece , y el capitán del Durance , esceleote marino, á quien tuve el gusto de conocer en Africa (pues mandaba uno de los buques sardos contratados por nuestro gobierno), nos envia á buscar para que lo acompañemos ó ¡tranzo , quiero decir, & comer...
Hagamos por la vida sin miedo alguno de que nos guillotinen por liberales. .. Ya hemos levado anclas : somos libres: estamos en plena posesión del mar, bajo la bandera francesa , con rumbo á Ñapóles , ciudad libre también!
I Trabajo nos ha costado legalizar nuestra situación á los ojos de la policía romana! ¿Querrás creer que nos pedian en el ferro-carril de Cívita-Vecchia un certificado del cura de nuestra parroquia en Roma , que nos autorízase para dejar los Estados Pontificios? ¿Querrás creer que, porque no teníamos ese certificado, trataban de hacemos regresar á la ciudad eterna? ¿Querrás creer que basta que se convenció un empleado nada Salomón , de que no éramos italianos, nos hemos visto amenazados por los gendarmes del Papa ?
jAh , noble y beatísimo Pió IX ! ¡Qué cosas se hacen en su santo nombre! Y jqué inmensa distancia, qué absoluta diferencia existe entre lo que se ve y se adivina con dolor en el Estado romano, y aquel alma bondadosa, paternal, angélica , que acoge tan cariñosamente á los peregrinos , que derrama un bálsamo bienhechor en los corazones atormentados !
Illa 13.-A bordo del Duranct.
Ya es de dia. Subamos sobre cubierta. Debemos de estar á la vista de Ñipóles.
La noche ha sido penosa : hemos navegado con viento contrario , y esto ha retardado dos horas nuestro viaie.
Me alegro en el alma. Asi veré con la luz del dia los sublimes panoramas que van á descorrerse ante mis ojos.
Ahora está la mar dormida. Por la porta ó ventana de mi camarote veo un cielo azul y trasparente. Va á salir el sol... ¡ Arriba!
Subo á tiempo al alcázar. Ya se distingue á lo lejos la doble pirámide de la isla de Ischia, centinela avanzada del golfo de Nápoles...
Acabamos de dejar atrás á Gaeta , que se divisa allá en la estensa linea del continente con sus formidables muros. — El canon no ha tronado en toda la noche,
Todos los anteojos se fijan en la plaza sitiada. Nada da en ella señales de vida.— Tal vez dentro de una hora será teatro de nuevos y desesperados combates. Démosle un adiós... y dispongamos el ánimo á las delicias de la región encantada en que vamos á penetrar.
Ya empieza á dibujarse claramente en los fondos azules del cielo y de las olas el clásico archipiélago Parlhenopeo. .. Las islas de ischia y de Procida
DE MADRID A ÑAPOLES. «15 parecen dos grandes navios de color de violeta anclados á la entrada del mágico golfo que no tiene igual en el mundo. Estas islas se nos presentan en varias posiciones, á cual mas elegante, según que avanzamos hácia ellas.— Me recuerdan las estatuas que giran sobre su pedestal en los museos...
Ya distinguimos otra isla mas pequeña... es la Vwaca. A lo lejos aparece , otra: — Es Capri... la inmortal Caprea de los griegos.
Penetramos en el canal que separa á Procida del continente. Pronto doblaremos el Cabo Miseno , y descubriremos el maravilloso cuadro de que se ha dicho :
/ Vedi Napoli é poi muori!
Los recuerdos mitológicos de cada isla; el eco poético de cada nombre aleja de mi imaginación todo el mundo moderno.— Entramos en la región déla fábula; en la región frecuentada por los dioses; en el teatro de la Eneida...
Sale el sol... y como por encanto brillan á mis ojos infinidad de pueblos que brotan de las aguas y se retlejan en ellas. Las islas de color de violeta se convierten en grandes masas de flores y verdura coronadas y ceñidas de pintorescos edificios que relucen al sol como la plata...
Hé alli Castellamare... Hé allí Sor rento... Hé allí Meta , Vivo Equense, Torre Amnciata... y otras poblaciones, bordando la cóncava ribera del mar, enlazadas unas á otras hasta formar una guirnalda ondulante de pueblos, quintas y palacios , que parecen nacidos de la orla de espuma del resplandeciente golfo.
Pero ya debe verse el Vesubio.. . ¡Oh, si ! . . Sobre todo este cuadro se levanta, dominando los montes que aun la ocultan , una solitaria cumbre coronada de un largo penacho de humo. . .
No prestemos bellezas á lo que tantas encierra. . . Visto desde aquí , el Vesubio no sorprende: ni aun llama la atención. El humo de la chimenea de un vapor ó de una fábrica seria mucho mas vistoso...— Pero ¿quien pone freno á la imaginación? La imaginación sabe que aquella cinta gallarda de flotante humo, coloreada por el sol de la mañana, es la respiración del mónstruo que ha devorado tantas ciudades, y cuyos rugidos , cuyas palpitaciones hacen temblar á esta comarca.— Y á mf me horroriza tanto mas aquella leve enseña de un poder tan formidable, cuanto que he pasado parte de la noche leyendo á Plinio el Jóven y meditando horrorizado en la destrucción de Herculano y de Pompeya: es decir; que la idea del Vesubio no reviste en mi imaginación una forma amiga, sino enemiga y espantosa. — \o, yo no vengo á admirarlo: vengo á contemplar los cadáveres de sus victimas.
Hemos doblado el Cabo Miseno. Estamos dentro del golfo. ¡Espléndido, sublime, indescriptible espectáculo l — Todavia no vemos á Nápoles : para ello tendremos que doblar la Punta de Posüipo\ pero ya descubrimos en un lado la Bahia de Baia, formada por la región que lleva el nombre de Campi phleff/ (pi (campos ardientes), escenario mitológico en que se encuentran la Stigia, el
Acheronte , el Cocyto , los Campos Elíseos , el Tártaro , el Letheo , tolo el mundo plutónico. . : en otro lado , el vasto semicírculo trazado por la especie de península de Salerno, donde se hallan todos los pueblos que cité antes; y en me-
dio se ven las ciudades muertas , ¡íerculano y Pompeya , y las que las han reemplazado a poca distancia , y Pórtici , y la Torre del Greco , y cien otros pueblecillos escalonados , ( ¡ qué horror ! ¡ qué temeridad ! \ á la falda misma del Vesubio.
i El Vesubio] Ya se le descubre completamente: ya impono y aterra su plomiza molo piramidal, cuya base es de lava, cuya cúspide es de ceniza, cuyo
Googl
DE MADRID A ÑAPOLES. 617
corazón es de fuego y sobre el que ondea incesantemente una columna de humo que se ennegrece ó se enrojece por intervalos. — ¡ A.h ! yo pondré mi pié sobre tu frente , demonio de los montes. . .—Pero en aquel instante , ten piedad de mil To quisiera recordar durante algunos años, que hubo un dia en que hollé tu cumbre incendiada, como hubo otro en que pisé las cumbres de hielo del Mont-Blanc. Pero ya doblamos la punta de Posilipo
¡ Nápoles I ¡ Nápoles /— Hé aquí toda la ciudad, levantada en anfiteatro sobre el trasparente golfo, retratándose en él, coronada de torres, por detrás de las cuales asoman nuevas colinas cubiertas de laureles , de vides , de naranjos y limoneros : hó ahí la gran colmena reclinada en escalonados montes, llenos de jardines que festonean de flores y verdura los palacios y las iglesias. Áqui , en el mar , millares de barcos de todas las naciones , el histórico Castillo deW Ovo, las alamedas del muelle de Chiaja, los bosques de Villa Reale, las encantadas alturas que esconden la Tumba de Virgilio, el muelle de Sania Lucia , el Puerto Militar, el Castillo Nuevo: allá arriba, el formidable y célebre Castillo de San Telmo : mas allá aun, la Cartuja, que domina toda la ciudad. . . — ¡Esa es Nápoles; la sirena Parténope; la cortesana griega; la antigua esclava de Aragón y de Castilla I
La capital , propiamente dicha , tiene una legua de ostensión de Norte á Sur y media legua de Este á Oeste; pero comprendiendo los barrios que de ella dependen , mide seis leguas de circunferencia. En este espacio pululan medio millón de habitantes; pero es tal la animación, el ruido, el movimiento que se nota al entrar en el puerto , que se creería uno llegado á una capital de tres millones de almas.
Un sol ardiente, — y estamos en Enero, y son las ocho de la mañana, — un aire tibio y perfumado , una mar azul y reluciente como un espejo ; árboles sin cuento, verdes ó floridos, brotando por todas partes, desde la orilla del mar hasta la cima de los montes , entre las casas , sobre los templos ; una alegría, una hermosura , una trasparencia infinita en el cielo ; una diafanidad sin igual en el ambiente ; un océano de luz ; una riqueza prodigiosa de colores intensos, brillantes, espléndidamente combinados, dan á Nápoles un aspecto ríen te, jubiloso, mágico, seductor, irresistible. Al verlo, diríase que se asiste á una fiesta pagana en que los hombres y la naturaleza han confundido su regocijo, se han dado un beso de supremo deleite, se han entregado desaforadamente al goce de la vida, y se han jurado eterna juventud , perdurable primavera.
«Ver á Nápoles y después morir...» j Oh I sí: hay en este cielo; hay en este aire; hay en esta luz una superabundancia tal de vida; tal lujo de pasión, tal exuberancia , tal facundia , que el corazón se ensancha , que la sangre chispea , que las lágrimas acuden á los ojos; que se tiembla de amor á la existencia; que reconoce uno que nunca ha vivido tanto ; que quisiera morir antes que volver al frío y desmayado mundo que ha conocido en otras partes.
No sé si es que el volcan centuplica la vitalidad de esta comarca con sus efluvios ardientes ; no se si es que la estructura del golfo, resguardado de todos los
fil* DE MADRID A ÑAPOLES.
vientos, lo ha convertido en un refugio encantado, en el cual han establecido su imperio las brisas de abril portadoras de la fecundidad : no sé si es que las divinidades de la antigua Grecia , los dioses protectores del amor , de la abundancia y de la hermosura, siguen considerando esta parte del mundo como su mansión favorita: — lo que puedo decir es que el aspecto de Ñápeles y su influencia en el que lo mira hacen comprender los parasismos de felicidad , los éxtasis y los deliquios de todos los paraísos imaginados por los poetas.
ra.
La vida en Nápoles.
Mpolti 18 de eofro.
Si bello era Nápoles visto desde el vapor , interesante y bellísimo es después que se salta á tierra.
Yo no conozco ciudad mas alegre , mas animada , mas bulliciosa , mas pintoresca. En ella todo es música, luz, colores y movimiento. La población bulle, corre , grita , gesticula , canta , reza y se mofa de todo incensan teniente y á un tiempo mismo. El napolitano tiene mucho de griego, mucho de berberisco, mucho de andaluz. Es levantino por esoelencia.
Los muelles y las playas son unos campamentos de invierno y de verano (pues aquí no hace nunca frió) donde cien mil hombres, mujeres, viejos y niños, viven al aire libre, pescan , guisan , comen , bailan , roban , duermen y se reproducen. Algunos millares de ellos tienen una tienda en mitad de la calle, cuya tienda consiste en una larga mesa cubierta de esquisitas ostras , de peces vivos, de vistosas flores y de esquisitas frutas. Para dar una idea de la frugalidad de los napolitanos, baste decir que muchos laizaroni se mantienen solo con sandia que, es uno de los productos mas abundantes del país. «Co tre calle, — dicen, — vive, magne, é te lave á faceta.» (Por tres céntimos, bebes, comes y te lavas la cara.) — Dicho se está que una ciudad en que se vivo de este modo es sucia en grado superlativo.
Otro de los rasgos caracteriscos de la fisonomía de Nápoles es el infinito número de coches, calesines en su mayor parte, llamados aquí carricoli, ó carrocele , que discurren á escape por la población , deslizándose cuatro en fondo por las empinadas calles empavesadas de lava , cruzándose en todas direcciones, sin orden ni concierto , con tanta osadía como destreza , como antiguamente los romanos y griegos de que son intermedios geográficos tememario. El conductor se pone á veces de pie para dirigir la cuadriga , que no es tal cuadriga , sino un solo caballejo enano que corre como un demonio, arrancando chispas del suelo; en el carruaje van frailes, mujeres, niños, garibaldinos, lazzaroni, (cuadruple>¡pulacion de> que buenamente cabe); quién agarrado á un hierro, quién
DE MADRID A ÑAPOLES. 610 colgado de un tirante , quien de pie en un estribo , y casi todos gritando desaforadamente.
El escándalo es la vida, el alma, la idiosincracia de Ñapóles. En Nápoles gritan los transeúntes que van solos en medio del dia por plazas y calles , y gritan por el solo placer de oirse, porque les retoza la alegría en el cuerpo , no se por qué prurito de alterar el orden. —Y en vez de andar, bailan y brincan como si estuvieran picados de la tarántula.— Y en efecto , su baile favorito se llama la tarantella.— Todo el mundo canta, y lodos cantan bien, cada uno por su lado, produciendo una gozosa algaravia que trastorna y aturde al forastero. Es una orgía constante, es una borrachera de júbilo y desvergüenza ; es un desenfreno cínico y que no llamaré salvaje... porque me acuerdo de la refinada civilización que ha producido tal escoria.
¡Oh!... sí: Nápoles es la heredera de la Grecia decadente y de la Roma prostituida. Cerca de Nápoles está Cápua : dentro de Nápoles está el barrio , ó por mejor decir, la sentina llamada Porta Capuana. A la vista de Nápoles está Pompeya, la Sodoma del paganismo, enterrada bajo ceniza hace mil ochocientos años. Nápoles es el pantano del vicio ; á Nápoles se puede aplicar con una exactitud espantosa la descripción que Zorrilla hace de la Pentápolis ; aqui pulula
aquella muchedumbre que, profanando su mortal belleza, del vicio en la asquerosa pobredumbre enfangó su feroz naturaleza , dejándola sin freno y sin cuidado desbocada correr tras el pecado.
La calle principal de Nápoles , su gran boulevard, es la Calle de Toledo, llamada asi , del ilustre virrey don Pedro de Toledo, que la mandó abrir cuando el reino de Nápoles era una provincia española. La tal calle, que no es muy ancha, y consiste en una áspera cuesta de media legua de longitud, recuerda nuestras ciudades antiguas , por el aspecto novelesco de las casas , cuyo balcouaje saliente y ostentoso dá sombra á veces á escudos heráldicos de Castilla y Aragón. Aquella via es una especie de valle ó rio , al cual descienden como arroyuelos muchas calles rectas y empinadas, dispuestas algunas en escalones.
A su comienzo, en el largo (plaza) de San Ferdinando, se encuentra el célebre Café de Europa , eterno foco de conspiraciones y centro hoy del entusiasmo y la algazara. Nunca he podido alcanzar en él un puesto ó sea una mesa desocupada: en cambio, allí cerca, hay un Café y Rtposto (fonda) sostenido por un reacionario ó borbónico, al cual asiste muy poca gente y donde honran, siempre que vamos , nuestra habla española, dándonos de comer muy bien.
Pero nuestro restaurant favorito, para almorzar , es el muelle de Santa Lucia , en donde habitamos una casa cuyos balcones caen al mar y dan frente el Vesubio.
¡El Vesubio 1 De noche, nos pasamos largos ratos contemplando el volcan
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desde aquellos balcones. En lugar de humo, percibimos tres enormes ascuas, y de tiempo en tiempo, una llamarada de color de púrpura que ilumina el golfo. El Vesubio está en erupción hace pocos dias, y la lava corre aunque no mucho.— Ya esplicaré lo que todo esto significa.
Pero volvamos al almuerzo. Por la mañana nos salimos a la calle , dónde, como he dicho , hay un vasto mercado ó campamento ; y allí almorzamos al aire libre higos chumbos, oslras del lago Fusaro (las mejores del mundo) , pescados que vemos sacar de la mar y freír , y vino de Capri , aromático y generoso como los mostos andaluces. — La multitud circula en torno nuestro sin reparar ni en nosotros ni en la mucha gente que almuerza del mismo modo. — Las napolitanas son feas por lo general ; no asi los napolitanos. Media población viste ahora la camisa roja llamada garibaldina. — Los lazzaroni, medio desnudos, cantan, silvan ó vocean tendidos al sol. — Los frailes, queridísimos de la plebe, van de un lado á otro en amigable coloquio con los muchachos vagabundos , que se dan de cachetes por besarle el rosario ó la manga del hábito. — Oficiales de Garibaldi , con su vistoso uniforme , todo encarnado , corren al escape de sus coréelas de guerra. Sin duda han venido del campamento de Mola, ó vuelven á él Alli se lucha de veras y se muere que es una maravilla. La opinión está indecisa en otorgar el premio del valor á sitiados ó á sitiadores.— Y la naturaleza sigue sonriendo ; el mar , el cielo , las islas , las estensas riberas del golfo , la muchedumbre , el ambiente, todo respira júbilo y placer.— A veces me imagino que nada de lo que veo es la vida , sino el delirio de una ciudad. Se diría que el Vesubio comunica á Nápoles su fiebre eterna.
He dicho que toda la ciudad está enlosada de lava : he de añadir que las casas están construidas en su mayor parte con piedras volcánicas. — El Vesubio es la vida y la materia , la celebridad y el peligro constante de la escandalosa Parténope. No tiene Nápoles al Vesubio , como Granada á la Alhambra: no : el Vesubio es el que tiene á Nápoles : el volcan es lo principal y la ciudad lo accesorio.
Desde Santa Lucía nos vamos á recorrer la ciudad , á visitar el Museo Borbónico , del que ya hablaré , ó á recorrer las iglesias , los palacios y las tiendas de coral y objetos de lava , que son las especiales del pais.
De las iglesias la mejor es la Catedral, cuyo altar Mayor sirve de sarcófago á San Genaro, el ídolo de la población. La catedral está levantada sobre el solar de dos templos griegos , dedicado el uno á Apolo y el otro á Neptuno,— En Santa Clara hemos visto las sepulturas de muchos reyes de Nápoles, algunas de ellas de gran mérito artístico: pero ¡ cuánto mas nos han interesado los sepulcros de los príncipes y princesas de Aragón que encierra la sacristía de Santo Domingo] Allí hemos saludado también el mausoleo del célebre marqués de Pescara , que está representado con hábito franciscano.— La iglesia de Santo Domingo es gótica. — Asimismo han llamado nuestra atención San Felipe Neri, por su lujoso y esquisito decorado; San Francisco de Paula , imitación del Pantheon 0e Roma; Santiago délos Españoles, por su nombre, y por haberla construido el
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citado don Pedro de Toledo, cuya magnífica tumba allí se admira, y Motile Olívelo , antiguo convento , donde el Tasso escribió parte de la Gerusalemme.
El Palacio Real, debido al virey español conde de Lemos (el Mecenas de Cervantes), es uno de los mas grandes y bellos de Europa. — Hoy lo habita el Principe de Carignan, Imgo-tenente de Nápoles en nombre de Víctor Manuel.
Después de estas escursiones que se prolongan hasta las dos de la tarde, emprendemos nuestro paseo , que suele ser á caballo.
Y ora vamos á Villa Reale, que es, como si dijéramos, la Fuente Castellana ó el Prado do Nápoles , á donde acuden todos los carruajes aristoerátiticos, tripulados por elegantes damas, y centenares de ginetes, muchos de ellos oficiales voluntarios de Garibaldi; ora vamos á la Cartuja de San Martin, situada en una altura que domina toda la ciudad y hasta el castillo de San Telrao; ora a Pozzuoli, ó cuando menos á Bagual i...
En la Cartuja , que es lujosísima y bella , hemos encontrado un monje español : allí hemos admirado muchas pinturas de nuestro Ribera , gloria de la Escuela Napolitana como todo el mundo sabe, y sobretodo, su famoso cuadro de la Deposición de la Cruz : allí finalmente , hemos pasado largas horas contemplando el maravilloso panorama, sin igual en el mundo , de la ciudad , las islas, el golfo, las montañas, el volcan y el mar Tirreno... todo esto encerrado en un solo golpe de vista.
El paseo á Pozzuoli es mucho mas interesante , siquier mas largo.
Se sale de Nápoles atravesando el muelle de Chiaja con dirección al Promontorio de Posilipo, perforado por la célebre gruta que pone en comunicación el golfo de Nápoles con el de Pozzuoli.
Antes de entrar en la gruta , subís á visitar la Tumba de Virgilio, de la cual solo queda el sitio, que es el mismo en que el poeta tuvo un villa en que escribió sus Eglogas y sus Geórgicas. El laurel plantado por Petrarca en aquella gloriosa ruina, desapareció á fines del siglo pasado, y el que hoy lo ha sustituido, plantado por Casimiro Delavigne , desaparecerá también , á causa de la costumbre que tienen ó tenemos todos los viajeros de arrancarle una hoja cada vez que lo visitamos.
. ... La Gruta de Posilipo es una especie de túnel abierto en lodo volcánico, sólido y compacto como la piedra. Su longitud es de quinientos metros , por cinco de latitud y diez y nueve de altura. De dia y de noche la iluminan turbios reverberos que apenas dan lugar á que se vean y se eviten los muchos carruajes que van y vienen por aquella pavorosa galería. La primera perforación data de los tiempos de Augusto , y se ensanchó y perfeccionó tal como hoy se halla , en el reinado de Alfonso I de Aragón. La orientación de la gruta es tan perfecta, que á fines de febrero y de octubre, el sol poniente la ilumina horizontalmente de un estremo á otro.
Al salir de aquel camino misterioso encuéntrase uno en los Campos Ardientes que ya he citado , región volcánica llena de cráteres mal apagados , que ofrecen una variedad infinitade fenómenos plutónicos. Aquel es el infierno pagano.—
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Allí hay lagos que se llamaban la Sliyia (hoy Averno), el Cocito (hoy Lecrino), el Tártaro (hoy Mar Muerto), el Letheo (hoy Fusaro), los cuales encierran, (ademas de recuerdos inmortales , por lo que influyeron en la imaginación de Virgilio, que paseó por todos ellos á Eneas,) las mejores ostras del mundo,— y no soy yo quien lo dice, sino Martial.— Allí se encuentra la famosa Gruta del Perro, llamada asi por la prueba que se hace, con un pobre animal , de que es imposible permanecer largo rato en ella á causa del gas de ácido carbónico que despídela tierra. — A1U veis la Solf atara, volcan no apagado todavía, cuya última erupción fue en el siglo XII. Todavía arroja humo: todavía está caliente la tierra en sus alrededores : todavía , si abrís un pequeño agujero en la tierra y sopláis, producís el fuego. — Allí encontráis el cráter de Aslroni, del que solo quedan tres lagos rodeados de árboles sombríos. Con todo aquel terreno se ha hecho un Sitio Real , y en él, es decir, sobre un antiguo inOerno, se han dado fiestas espléndidas en tiempo de Alfonso do Aragón, conocido por el Magnánimo.— Allí visitáis el Anfiteatro de Pozzuoli
j Oh 1 yo no olvidaré nunca esta visita. Desde aquellas nobles ruinas se alcanzaba un gran horizonte de mar, basta Cabo Miseno. En frente se veian las ruinas de tíaia, inmensa, rica, hermosa ciudad de los tiempos clásicos, aniquilada por los terremotos; Cumas , la ilustre Cumas , la ciudad mas antigua de Italia, borrada casi de la faz de la tierra; el Templo de las Ninfas, con sus columnas sumergidas en el mar; y otros muchos templos y otras muchas ciudades, todo convertido en escombros por los terremotos que acompañan siempre á las erupciones del Vesubio.
El Anfiteatro de Pozzuoli está mas vivo que el de Roma; ni un saqueo ordenado de sus materiales, ni una restauración mezquina han venido todavía á quitarle el aire de autenticidad que ofrecen sus escombros. Todo se halla como quedó después del temblor de tierra que lo hizo pedazos: columnas rotas é inmensos capiteles bellísimos encuéntrense acá y allá, vueltos del revés, clavados en la arena, enterrados bajo las bóvedas que se hundieron.
Desde lo alto de la escalinata , he visto yo el espectáculo eterno , el mismo que contemplarían los antiguos romanos cuando venían á esta región á descansar del gobierno del mundo: el mar, el cielo, la costa azulada, tapizada de árboles y flores y sembrada de mármoles que reverberan al sol... y allá, á lo lejos, la nave gala ó ibera que se pierde en el horizonte! — Solo ha cambiado el destino de los pueblos. Hoy no es Italia la señora de las Galias y de España : hoy es la pre- §a que se dispulan sus vasallos de otro tiempo.
La vuelta á Nápoles , después de esta escursion , que he hecho ya tres veces, proporciona un espectáculo tan sublime , tan conmovedor , tan bello y tan solemne , que no hay palabras con que describirlo.
No se vuelve por la Gruta : se regresa por la orilla del mar , girando en torno del promontorio de Posilipo , por un elevado camino tallado en las abruptas rocas.
Empieza á declinar la tarde. El sol se pone en lo último del Mediterráneo...
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Todavía lo verán durante mas de una hora en nuestra adorada España. — Estamos en la Punta de Posilipo. Desde aquí se descubre aun la región mitológica que acabamos de abandonar y todo el golfo de Nápoles , la ciudad, las islas, el Vesubio y las ciudades sucesivas que bordan la orilla de la península de Sorrento.— Este es el Nápoles descrito por Lamartine en Graziella: el Nápoles que hay que ver para después morir...— | Qué cielo! jqué mar! ¡qué magestuoso silencio 1 jqué estática inmovilidad la de las olas!— Ni un leve soplo de brisa : el humo del volcan , enrogecido por el sol poniente , se levanta á una altura incomensurable como una pluma descomunal de color de escarlata. Los cristales de la población brillan como el fuego. El mar se halla tan dormido que los barquichuelos , las casas y las peñas se repiten en él , dibujando en el seno del golfo otra ciudad submarina. Es la Sirena Partenope que sonríe desde el fondo de las olas ! — La quietud del agua es tal , que en su unida y trasparente superficie de color de leche se dibujan manchas y franjas oscuras, indicando las - corrientes de lo hondo... Parece una dilatada piel de pantera, estendida á los pies de la ciudad. — Del abrigado puerto salen en este instante ocho ó diez vapores en direcciones diversas , dejando en el apacible golfo largas estelas de cristal y aljófar, que parecen dulces recuerdos y tiernos saludos de los que dejan esta mansión de delicias. — Yo sigo con la vista las embarcaciones que se alejan hacia el occidente, hácia la madre España... Las aves, cerniéndose como puntos negros en el fondo de oro del horizonte, sobre la intensa luz crepuscular, parece como que acompañan á aquellos buques, cuyo alto veláraen, hinchado por las brisas de alta mar , se destaca todo entero , y fantásticamente agigantado, en el último término del espacio indefinido... ¡Oh momento I
Todos los que han salido de Nápoles ó vuelven de Bagnoli por este camino, han hecho alto como nosotros en un elevado balcón que domina tan grandioso panorama. Las damas, reclinadas en sus carruajes; los ginetes, inmóviles en las sillas; los que han venido á pié, reclinados en las peñas, todos callan. La sublimidad de esta hora patética, embarga, electriza los corazones. ¡Cuánta vida y cuánto silencio I Diríase que se asiste, como á una trajedia , á la muerte de tan hermoso dia. La lucha de la luz y las sombras, y la mudanza , el desvanecimiento, la escala descendente de los colores, hé aquí todo lo que contemplamos , á vueltas de un cuadro ya conocido , pero que siempre parece nuevo, como era nuevo esta mañana el sol que ahora se hunde para siempre; como será nuevo el dia que amanecerá dentro de algunas horas.
¡Oh! si: el momento es augusto: la naturaleza suspensa, pasmada de su propia hermosura, se complace en prolongar estos dulcísimos instantes. Creerfase que el tiempo se ha pasado , condensándose y resumiéndose en una sola hora. Todos los siglos muertos, y los futuros palpitan confundidos en la belleza eterna de la creación. La melancolía de nuestra rápida existencia da lugar á un inefable gozo , cuya verdadera espresion se encuentra en la frase proverbial : Ver á Nápoles , y después morir...— ¿Qué nos importa morir, si hemos vivido cuanto puede vivirse: si hemos gustado en un solo instante todas las delicias déla tierra?
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No bien se oculta el sol , todos respiramos á un tiempo ; todos levantamos la cabeza ; todos nos encontramos con los ojos humedecidos.— Ha cesado el silencio: pénense en movimiento carruajes y ginetes: renace la conversación... — Hemos vuelto á nuestra pobre vida humana.
Entre tanto una sombra súbita, rápida, instantánea, ha ennegrecido todo el cuadro que hace un minuto reflejaba destellos y colores.
Dirlase que el tiempo apresura el paso, á fin de ganar los momentos perdidos durante su involuntario estasis.
¡ Y nosotros pensamos en mañana 1
Después de estos paseos, el alma embelesada queda rendida de su larga tensión armónica con la belleza universal , y pide á gritos emociones mas limitadas, goces mas breves, alegrías mas soportables.
Es el momento de volver á Ñapóles á todo el escape de nuestros caballos y apearnos á la puerta de la Trattoria de Pctrillo, famosa si las hay.
Allí encontramos un animado concurso de oficiales de la Milicia Nacional de toda Italia (encargada de guarnecer á Nápoles , en tanto que el ejército lucha contra Gaeta) , y una infinidad de garibaldinos que cantan himnos patrióticos llevando el compás con los cuchillos en las copas y en los vasos : allí nos esperan las esquisRas ostras; del Lago Fmaro , que acabamos de visitar , servidas por el mismo marinero que' las cogió esta tarde, el cual es cojo y bello como un verdadero Lucifer.
Hánle encojado en la última guerra , allá en Sicilia , á donde fue como voluntario de Garibaldi , á pesar de sus diez y siete años.— j Oh 1 ¿quién le mandó dejar su pacífica arena por la otra ensangrentada? ¡Seria menos ¡lustre; pero no llevarla toda su vida esa reacia pata de palo 1
El wqp de Capri le va muy bien á las ostras , y los hijos de Ischia se dejan atrás á los de Málaga, aunque á la verdad no les llegan á los de Smirna. En cuanto á las nueces de Sora , no tienen igual en mis recuerdos.
Pero lo mas notable de todo es el limón que esprimimos sobre las ostras: su perfume no desaparece de la mano en muchas horas...
I Bendita tierra , donde (como dijo lord Byron de otra que no debo nombrar) todo es bello... menos el espíritu del hombre !
Al reflexionar acerca de los espantosos vicios , pregonados en voz alta como las mercancías, de los abyectos moradores de esta ciudad inicua y deliciosa, me acuerdo naturalmente del Vesubio , azote levantado sobre Nápoles y que lo castiga con frecuencia; y al acordarme del Vesubio, me estremezco de ansiedad, de alegría, de miedo y de esperanza al pensar que mañana, saldremos para Pompeya , desde donde subiremos á la cúspide misma del volcan , al borde mismo del cráter.
Pero antes , ya que hemos comido , bueno será que vayamos al gran teatro de San Cárlos , dónde se estrena no sé qué ópera de Verdi.
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Kl Teatro Reale di San Cario es el mejor de Europa , al decir de todos los viajeros. Sus dos rivales son el de la Scala de Milán y el Teatro Real de Madrid. — El teatro de la Scala es un poco mayor, pero no tan lujoso eu la parte de or-
namentación de la sala, ni tan rico en trajes y decoraciones como el coliseo napolitano. El de Madrid lo aventaja solamente por la comodidad que ofrece al público y por aquel aire severo y magestuoso de que ya hablamos en Milán.
El Teatro de San Cárlos , obra de nuestro insigne Carlos III (que como todo el mundo sabe, reinó antes en Nápoles durante quince años, contiene seis ór-
tttff DE MAimil) A NAPUI.ES.
deneS de treinta, y dos palcos, en cada uno de los cuales caben doce personas. — El público que encuentro en él es elegante y distinguido, y bastante circunspecto para una ciudad tan bulliciosa. — Áqui veo algunas napolitanas hermosas (avis rara) y muchas estranjeras celestiales.
Los barrios principales de Nápoles tienen alumbrado de gas; pero el teatro se halla iluminado con aceite, lo cual se esplica por el miedo que el difunto rey tonia á los incendios. Y aquí necesito advertir que el regio coliseo y el palacio real están enlazados por una galería.
Otro defecto del teatro de San Cárlos consiste en que al final de la sala hay, como en todos los demás de Italia, un gran espacio sin asientos en que se apiña el pueblo soberano. — Verdad es que lo que aquella multitud tenga allí de malsonante se compensa con el recuerdo que mantiene vivo de los grandes teatros ile l;i antigüedad.
La nueva ópera de Yerdi se titula la Batalla de legnano , y por consiguiente, es de circunstancias, puesto que se trata en ella de la Liga lombarda contra los austríacos.
A pesar de esta recomendación, ha sido silbada, y con suficiente motivo.
Si tuviera mas tiempo , esplicaria las razones que me asisten para creerlo asi , y de camino disertaría acerca del carácter y condiciones de la música de Verdi , contestando , según tengo prometido , á cierta erudita carta en que se me invitó hace tiempo 4 esponer en este libro los fundamentos de mi antipatía á la música del laureado maestro que hoy es tan popular ; pero me hallo muy de prisa, y no puedo menos de dejar para mejor ocasión la respuesta ofrecida á mi anónimo interrogante.
Durante la representación , ha habido siempre dos centinelas entre bastidores. Es una antigua costumbre, establecida por la casa de Borbon.— Negrini es un tenor escelente , y entre él y la bandera tricolor, que se ha ondeado al final de la última escena, han conseguido que la ópera reciba una palmada después de tantos silbidos.
El baile nos indemniza en cierto modo de la ópera.
La Jfosc/telfi es una verdadera sllfide , y las decoraciones y los trajes esceden á todo elogio .
Las bailarinas no sacan ya pantalones verdes como en tiempo de los Rorbones. .. Pero no lo lamentéis por el pudor público. Aquellos abigarrados pantalones no habían impedido que Nápoles fuese entonces como ahora el pueblo mas cínico y sensual de la tierra: aquellos pantalones eran una irrisión, una sangrienta ironía , un sarcasmo hipócrita.
También se ha abolido últimamente otra costumbre aun mas donosa , que consistía en no permitir á ningún actor que fingiese morir en escena el día del rey. ¡La Gracia real lo perdonaba! — Entre tanto eran ahorcados y fusilados de veras , no ficticiamente , millares de amantes de la libertad , por órden del clementísimo Fernando II.
Después de la función, bajo al café del teatro, donde Uima mi atención un
W. MADRID A ÑAPOLES. 0>7
hombre hermosísimo, vestido con una túnica blanca, botas, sable, y turbante de astracán. — Pregunto á mi antiguo y cscolente amigo , el cónsul de España en Nápoles , don Cárlos Morejon , quién es aquel estraño personaje , y me responde que es el criado armenio de Alejandro Dumas.
Porque Alejandro Dumas está en Nápoles , escribiendo un periódico en defensa de la unidad italiana...
Pero hélo aquí, que viene a refrescar. — Su criado no había hecho mas que precederlo, á fin de prepararle el triunfo.
Todo el mundo se pone á contemplar al insigne autor de Los Mosqueteros.
¡Salud á mi novelista favorito de la edad de los sueños y de las ilusiones!
También ha envejecido el buen mulato.
Con que vámonos á casa, quo mañana tenemos que madrugar.
IV.
El Museo Rorboniro.—l'ndia en Pompaja.
Antes de emprender nuestra escursion á Pompeya, bueno será recordar de nuevo , y con algunos pormenores , la gran catástrofe , sin igual en el mundo (si se esceptúa la que aniquiló á Sodoma, Gomorra , Seboin , Segor y Adama), que acabó en un día con aquella grande , rica y populosa ciudad , fama y orgullo de la Campania , y uno de los retiros predilectos de los mas ilustres romanos.
Oigamos primero á un testigo presencial , á Plinto el Joven.
Phnio el Joven tenia 18 años el 70 de nuestra era, cuando se veriQcó la espantosa erupción del Vesubio que destruyó á Pompeya , Iferculano y Stavio?. Hallábase en Miseno, antigua ciudad, situada á tres leguas de Nápoles, delante de la cual estaba anclada una escuadra mandada por su ilustre tio y padre adoptivo, Plinto el Naturalista. La madre de aquel y hermana de éste llamó la atención del sabio anciano sobre una rara nube que coronaba el Vesuvio, y Plinio, adivinando un fonómeno plutónico estraordinario, hizo preparar un buque y se dirigió al pié" del volcan , á la ciudad de S(avia> , donde desembarcó, sin reparar en las cenizas y piedras calcinadas que caian ya sobre el barco y sobre todas las cercanías. En Sfavitr, cuyo último dia era aquel, tranquilizó á su amigo Pomponiano, se hizo conducir al baño y comió tranquila y alegremente.
«Fn seguida,— dicePlinio el Jóvenenuna carta al insigne Tácito, (I. VI, 1G), — se acostó y durmió profundamente , pues desde la puerta se oia el ruido de su respiración... Sin embargo, el patio por donde se entraba en su aposento empezaba á llenarse de piedras y cenizas , de tal manera que á ¡meo mas que hubiera permanecido encerrado, no habría podido salir. Desper lósele , salió y fue á reumrse con Pomponiano y los demás que habían velado su sueño. Una
40*
62R OE MADRID A ÑAPOLES.
vez juntos, deliberaron sobre si debian encerrarse en la casa ó vagar por el campo , y viendo que todas tas casas estaban cuarteadas por los violentos y frecuentes temblores de tierra... se ataron unas almohadas sobre la cabeza para defenderse de las piedras que caían , y salieron. El dia empezaba á amanecer; pero en torno de ellos reinaba la mas sombría y densa noche, interrumpida por diversas claridades. Llegaron á la playa: el mar estaba tempestuoso y les impedia reembarcarse. Allí mi tío se acostó sobre una manta estendida en el suelo, pidió agua fria y bebió dos veces. Pronto las llamas y un olor á azufre que anunciaba su proximidad pusieron en fuga á todo el mundo y obligaron á mitio á levantarse. Alzóse, apoyado sobre dos esclavos jóvenes , y en el mismo instante, cayó muerto, sofocado, á lo que yo imagino, por aquella espesa humareda. Su pecho era naturalmente débil, estrecho y anhelante. Cuando apareció la luz (tres días después del que habia sido el último para mitio), hallóse su cuerpo entero y sin heridas... Su actitud era la del sueño mas bien que la de ta muerte.»
En cuanto a Plinio el Joven , se había quedado en Miseno, retenido por sus estudios. Su madre despertó sobresaltada por la violencia del terremoto y corrió á la habitación de su hijo. Sentáronse juntos, y el mancebo se puso á leer á Tilo Livio. Pero las sacudidas continuaban , y la casa se les venia encima. Huyeron pues, al campo...
»Za playa se habia ensanchado— dice Plinio en otra carta al mismo Tácito, que le habia pedido pormenores del cataclismo para sus Anales: — muchos pescados estaban en seco sobre la arena; una nube negra y horrible se entreabría á veces, desgarrada por los surcos de las llamas , semejantes á relámpagos... Esta nube bajóse hasta la tierra, cubrió lámar , robó á nuestros ojos la isla de Caprea y nos oculió la vista del promontorio de Miseno... A mi me sostenía este pensamiento triste y consolador á la vez : que todo el universo perecía conmigo.
Durante este cataclismo, Pompeya habia desaparecido de la faz de la tierra.
En el momento de la erupción hallábase reunido el pueblo en el Anfiteatro, ■ que podía contener 20,000 personas ; lo cual esplica el escaso número de esqueletos que se encuentra en las escavacíones. Se cree que la población huyó hácía Levante.— En medio de repetidos temblores de tierra, de espantosos truenos y de inmensas llamaradas del volcan , empezó á caer sobre Pompeya una lluvia tan densa de cenizas y de agua caliente , que en pocas horas la ciudad habia desaparecido (sin hundirse otra cosa que los techos, que se abrasaron), bajo una capa de lodo volcánico quo se lovantó mas de cuatro metros sobre los mayores edificios.
Los errantes pomneyanos volvieron á los pocos días; hicieron algunas escavacíones en busca de sus tesoros, y fundaron á pocas leguas de la difunta ciudad una pobre aldea, que también llamaron Pompeya , la cual fue destruida á su vez por otra erupción al cabo de cuatrocientos años.
Las grandes mudanzas que por entonces esperimentó el mundo, con la pro-
DE MADRID A ÑAPOLES. 629 paganda del cristianismo, la invasión de los bárbaros, el Qn de la gentilidad y la caída del imperio romano , sumieron en el olvido aquel acontecimiento, y nadie se acordó ya de Pompeya , ni de la naturaleza de la catástrofe : nadie pensó en determinar su antigua situación , ni en levantar el sudario que la cubría. jAsi pasaron diez y siete siglos l
Durante ellos, una sola vez pudo ser exhumada la ciudad , y fue en 1592, cuando se abrió un canal por encima de ella para llevar las aguas del Samo á Torre Anuncíala , aldea levantada á muy poca distancia del trágico escenario; pero nada se descubrió, á pesar de que el canal cruzaba sobre el Foro y sobre el Templo de Venus...— Y siguió pasando el tiempo; y la tierra codiciosa continuó guardando su secreto horrible.
Finalmente , el año de 1 748 , reinando aquí nuestro Carlos III , unos campesinos hicieron un hoyo, en busca de agua, en los viñedos que cubrían toda la ciudad , y descubrieron algunos objetos de arte. Esto movió la curiosidad del rey: estudióse , investigóse , compulsáronse datos , y ya no cupo duda de que Pompeya existia entera debajo de aquellas viñas. — Las escavaciones confirmaron y escedieron todos los cálculos : la ceniza , aunque muy endurecida por los siglos, se levantaba fácilmente: Pompeya se encontraba intacta: las materias y los objetos mas perecederos se habían conservado prodigiosamente. — La antigüedad pagana brotaba de la tierra , viva , auténtica , fehaciente , como si la evocara la trompeta del juicio Anal.
Pero Cárlos III se fué á reinar á España, y sus sucesores no dedicaron á las escavaciones la atención preferente que merecían. Murat las emprendió en gran escala ; pero después de Murat vino otra vez la dinastía de Borbon , y con ella la indiferencia á una empresa tan interesante.— Baste decir , que el último rey le destinaba solamente cinco mil duros anuales.— Asi es que, después de haber pasado mas de un siglo desde la resureccion de Pompeya , solo se ha descubierto la quinta parte de la ciudad , permaneciendo todavía el resto bajo su plomiza mortaja.
Hé aquí lo que vamos á ver; pero antes no estará de mas que recordemo nuestras visitas al Museo Borbónico de Ñipóles , construido también por Cárlos III , con el esclusivo objeto de recoger y coleccionar todos los objetos curiosos ó de arte que se fuesen encontrando en Pompeya. — Esto aumentará el interés de nuestra visita.
Respetada es en España la memoria de aquel ilustrado rey , pero mucho mas lo es en Nápoles, donde su nombre va unido á todas las grandes obras. — El Museo Borbónico es notabilísimo, aun para los que han visitado el del Vaticano y los de Florencia. Como edificio, llama la atención por su magnitud y buena distribución. Por su riqueza histórica y artística , no tiene igual en el mundo. — Y es que los objetos que encierra el Museo Borbónico interesan mas íntimamente que los guardados en los demás museos : aquí todo tiene el polvo del tiempo , la verdad de la vida, la realidad ó la actualidad del ser.
Imposible fuera enumerar los mosáicos, la? pinturas murales, las estatuas
630 DE MADRID A ÑAPOLES.
de mármol y de bronce, las inscripciones, los bajo-relieves, los vasos, los papyrus, los muebles , las ropas, las alhajas, las monedas, las medallas , los instrumentos que guardan aquellos armarios. — Yo citaré al acaso los objetos que mas me han sorprendido.
Empezaré por lo último : empezaré por el museo llamado secreto , cencido y sellado por Pió IX cuando visitó á Xápoles , y abierto hoy á los que tienen ciertas recomendaciones. — Allí se ve con horror y asco la esplicacion providencial de la destrucción de Pompeya: allí el mármol y el bronce, el hierro y el barro, maravillosamente trabajados por el arte , representan toda la vileza de los mas inmundos placeres , no solo en estatuas, frescos y relieves , sino en los útiles de la vida doméstica; en ánforas, vasos, tinteros, lámparas, pesos ó instrumentos... hasta en los adornos de la persona...— ¡Cómo se comprenden allí la Xápoles griega , la Xápoles romana y la Xápoles de nuestros dias !...
Ningún delito entre olios era nuevo...
dice en su famosa octava de nueve versos nuestro inspirado Zorrilla.— Y yo diré como él :
...mas tente ¡oh pluma! qiu* en maldad le tiíi» y á llevarte adela ule no me atrevo; que á lo que el mismo Dios volvió sus ojo» , diera en mi voz al universo enojo*.
Citaré, si, la Sala de Pinturas antiguas, que pasan de mil seiscientas y son frescos trasladados de las casas de los pompeyanos. El dibujo no ha llegado, ni en los tiempos de Rafael , al estremo de gracia y perfección que revelan aquellas figuras ó los arabescos y caprichos decorativos que allí se admiran. Todos conocen por el grabado (y sirva esto de muestra) las Trece Bailarinas cuyos originales allí se guardan. A este tenor es todo lo que aquella sala encierra.
En un armario de cristales se conserva una masa de cenizas endurecidas, que rodearon el cuerpo de una mujer y donde quedaron impresas las amplias y bellas formas de su seno y de sus hombros. Aquel espantoso molde se encontró en la bodega de una casa de Pompeya. En el mismo armario se ve el cráneo , todavía con pelo , de aquella desgraciada ; un hueso de uno de sus brazos, y las alhajas de oro que la adornaban en el momento do la catástrofe.
En otras salas encontrareis todos los enseres, lodos los objetos que figuraban en la vida de la población pompeyana, conservados tan perfectamente, que no podéis comprender que cuenten mil ochocientos años de fecha. — AHI admiráis el grado de civilización á que habían llegado los antiguos, y sobre todo, la semejanza de sus invenciones con las nuestras: allí se os revelan sus costumbres con los mas nimios pormenores: alli veis pesos, medidas, lámparas, pebeteros, objetos de tocador, arneses, carros de triunfo, todo de una suprema elegancia que hoy pugnan por imitar los artífices de Italia , Francia y Alemania: alli hay moldes para hacer pasteles , parrillas para asar la carne , herramientas de todos los oficios; camas, sillas, armas, coraza?, lanzas, espadas; un casco que encier-
DE MADRID A ÑAPOLES. 631 ra el cráneo de su dueño; hornillos portátiles, cocinas económicas; alhajas y adornos femeninos de tan esquisito gusto que hoy sirven de modelo á los plateros de Paris y Homa ; instrumentos de cirugía iguales á los que en nuestros dias han merecido privilegios de invención por su perfección y utilidad (speculum, fórceps, fíbula, sondas, escalpelos); compases (uno de ellos para reducir); un peso de plomo con una inscripción por un lado, que dice : eme, y otra por el otro, que dice: habebis; una balanza verificada ó contrastada en el Capitolio, según su marca; tinteros, stylos, tabletas de marfil, plumas de madera de cedro , estuches de plumas; trompetas, clarines, timbales, clarinetes; y — ¡lo que es mas todavía! — trigo, frutos, pan, restos de vino y aceite, y en una cacerola, restos de un guisado en que se ha reconocido la polenta, que llamamos ahora.— Entre los objetos de tocador, veréis espejos de metal, boles con cosméticos, cajitas de colorete, broches, peines, agujas, tijeras, dedales, husos.— También encontráis billetes de teatro , que son unos pedacitos do marfil , donde se ve el titulo de la comedia , el nombre del autor y el numero de la localidad : La Casina He Plauto (dice uno de ellos) : 2.a platea: 5." rincón: grada 8. ft En compensación, veis un cepo do hierro , encontrado en un cuerpo de guardia , con cuatro esqueletos cogidos por los pies; ó cierto esqueleto con una bolsa en la mano (¡tremenda imágen de la avaricia!), que me ha hecho imaginar mil fantásticos horrores.
Pero lo mas trascendental de todo lo que encierra el Museo Borbónico son los pa!»yrus encontrados en J/erculano, — cuya destrucción fue mas dellnitiva que la de Pompeya, puesto que lo inundó y cubrió una inmensa ola de betún líquido, á la manera de lava ardiente. Los papyrus arrollados que constituían las bibliotecas de los antiguos fueron carbonizados completamente, á tal punto, que al principio se les tomó por carbón ó cisco , y eran destruidos sin reparo alguno. Des- - pues se vino en conocimiento de que aquellas pavesas guardaban la ciencia y la literatura de la gentilidad; de que aquellos carbones encerrabau el diamante! — Empero ¡imposible leer los papyrus , imposible desliarlos , imposible tocarles! — Se deshacían como ceniza. — Mas ¿qué no vence una voluntad constante? — Un sabio religioso, el padre Antonio Piaggi, encontró el medio de desarrollar las pavesas ennegrecidas , de fijarlas sobre una ténue membrana transparente y de leer lo escrito. — Yo he visto funcionar aquel ingenioso aparato. — Hasta hoy se han publicado once gruesos volúmenes de las obras allí contenidas. Desgraciadamente , ninguna ha ofrecido hasta ahora gran importancia. Son comentarios sobre filósofos conocidos, ó historias de guerras mejor contadas por los autores
clásicos.— Sin embargo, quedan 1,300 papyrus por desarrollar ¡Quién sabe
si esconderán algún tesoro , alguna de las obras maestras de que nos habla la fama y cuyo testo no ha llegado á nuestros dias !
En Pompeya no se han encontrado hasta hoy papyrus. Tal vez la ceniza y el agua los destruyeron.
En cuanto á las obras de arte que se admiran en el Museo Borbónico , limitaré á nombrar las princijKile? , que en mi concepto ?on: el famoso Gfadtn-
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dor moribundo ,—Ganimedes y el Aguila— la Minerva Farneiw ,—Agripina sentada , llorando la muerte de Germánico , — la célebre Flora ó Venus vestida, — Atlas sosteniendo el cielo,— e\ Grupo del Toro Farnesio, maravilla del cincel griego, de una sola pieza de mármol , — y sobre todo , me complaceré en recordar, como uno de los mayores prodigios artísticos que he contemplado, El Hércules Farnesio, obra de Glycon de Atenas, gigantesca estátua en que el artista ha representado la fuerza de dos maneras , á cual mas ingeniosa : primera : poniendo al gigante una cabeza pequeña, estrecha, que recuerda vagamente la de un toro; y segunda, haciendo que la figura tenga que apoyarse para no caer. . . (Idea felicísima ! ¡ confundir el peso con la fuerza !
Entre los muchos y muy buenos cuadros que encierra también el Museo, citare la impúdica y renombrada Danae de Ticiano, la cual se halla en un gabinete llamado secreto,— una. virgen de Correggio , modelo de gracia, llamada «la Gitanilla» — y un San Gerónimo que despierta al son de la trompeta del juicio final ó invoca la demencia de Dios, obra magistral de nuestro inspirado Ribera
Pero nosotros no hemos recordado el Museo Borbónico con otro objeto que el de disponer el ánimo para nuestra escursion á Pompeya, el Vesubio y Hcrculano. Ya hemos visto los despojos de las víctimas del volcan... Partamos ahora, y contemplemos los cadáveres de ambas ciudades y el fantasma de fuego que se enseñorea sobre un mundo de ceniza
18 de enero.
De Nápoles arrancan algunos trozos do ferro-carril. Uno de ellos se dirige, á Nocera, por la orilla del mar, pasando cerca de Pompeya.
A las nueve sale un tren... Son las ocho y media...— Partamos... Estamos en camino...
A los pocos minutos llegamos á Portici, Sitio real, lleno de preciosas casas de campo, y cuyo famoso palacio es también obra de Cárlos III. No podemos detenernos á visitarlo...
Hace una mañana hermosísima. — Seguimos avanzando hácia el Vesubio... Hé aquí á Resina, ciudad de 10.000 habitantes. Debajo de ella se encuentra Herculano, cuyas ruinas, abrumadas por una inmensa mole de betunes , no alumbrará jamás la luz del cielo. Ya volveremos. — Continuemos nuestra marcha.
Pasamos al pie del volcan , á media legua de su cima , siempre por la playa. Inmóviles ríos de lava antigua penden , por decirlo asi , desde el gigante al mar , al modo de colosales y retorcidas cabelleras. Me recuerdan los glaciers de Suiza.
Como ellos, cada una de estas corrientes solidificadas tiene su fecha : Lava de 1767 : lava de 1794: lava de 1806...
DE MADRID A ÑAPOLES, 633
Carretero romano.
Son monumentos de [horror , fabricados por la naturaleza. Generalmente se sube desde aqui ai Vesubio ; pero nosotros haremos la gran ascensión, la completa", la difícil , la espantosa. — jSubiremos desde Pompeya;
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cruzaremos la cumbre del volcan, y descenderemos casi vertícalmente á la región de las lavas ! Adelante, pues.
Estamos en Torre del Greco, ciudad de 16,000 habitantes, muchas veces destruida por los terremotos y siempre reedificada sobre el mismo lugar.
|Tal es la temeridad del hombre! (Asi se acomoda , en cualquier proporción que sea, a la contingencia infalible de la muerte!
—Nadie es inmortal (dirá el morador de las faldas del Vesubio) , y esta comarca es la mas fértil del mundo: ¿á qué marcharme a otra región menos peligrosa, si a! cabo moriré también en ella?
Y tiene razón : los alrededores del volcan son verdaderos paraísos: ¡hasta sobre la misma lava crecen las renombradas cepas que producen el lacryma Christi!
Y luego, la catástrofe avisa con alguuos dias de antelación. Cuando las fuentes y los pozos se secan , y los reptiles salen espantados ó abrasados de su madriguera, y la actividad del cráter aumenta estraordinariamente , y el humo se levanta á una legua de altura , tomando la forma de un gigantesco pino, la erupción es indudable...
Entonces la población abandona la ciudad , y si al regresar á ella la encuentra arruinada , la vuelve á ediOcar muy tranquilamente.
Lo que no comprendo es que haya un polvorín , como lo hay , á dos kilómetros del cráter , encima de Torre Anuncíala !
Porque ya estamos en Torre Anuncióla, ciudad de 16,000 almas, que ha reemplazado á Porapeya, por mas que medien tres millas entre ambos pueblos.
lié aquí la esplicacion de este aparente contrasentido.
Porapeya era puerto de mar; pero las materias volcánicas, y acaso también los terremotos, han interpuesto una legua de terreno entre las olas y el antiguo puerto. Ha quedado, pues, Pompeya retirada tierra adentro, y en ol nuevo espacio robado á las ondas se ha ediOcado á Torre Anuncíala, cuyo puerto hace las veces del pompeyano.
Sin embargo, no nos detenemos en su estación. El ferro-carril se aparta allí un poco de la playa, dirigiéndose á ¡Vocera...
Caminamos algunos minutos , y otra estación solitaria aparece á nuestra vista.
El tren se para.
— ¡Pompeya! gritan los empleados del ferro -canil. " Pompeya o se lee en la pared de la estación. Á poca distancia se descubren unas murallas derruidas. ¿ Qué resurrección es esta ? j Lo mismo habría sucedido si Pompeya no hubiese muerto!
¡ La ciudad-cadáver tiene su estación de camino de hierro ! ; La ciudad enterrada durante diez y ocho siglos se coloca de un solo paso á la altura de nues- !ra civilización!— ¡Espantosa ironía!
DE MADRID A ÑAPOLES. 635 Al oír gritar / Pompeya ! entre los silbidos de la máquina , paréceme que
acabamos de decir en tono de burla: ¡Surgite, morluil
Nadie acude de la capital difunta en busca del tren que va 4 continuar su
camino.
Solo Dioscoro y yo hemos venido á ella.
Pero nadie salo á recibirnos: nadie se asoma á aquel ruinoso muro. El silencio de los sepulcros reina en toda la comarca. El tren se aleja en busca de la vida, y llevándola en su seno. Nosotros nos hemos quedado á solas con la muerte. A lo lejos, cerca de las murallas, se ve un ediücio aislado, elegante, moderno.
Sobre su puerta , dice un letrero : «Hotel Diomedes.n
Diomedes era uno de los mas ricos habitantes de Pompeya, en cuya casa se han encontrado mil preciosidades artísticas.
En el hotel encontramos una sola persona ; el hostelero. Casi estraño que esté vivo.
El nos entera de lo que tenemos que hacer para realizar nuestros proyectos.
He aquí su plan :
Después de almorzar iremos á pie á Pompeya , que dista de aquí medio kilómetro. Alli encontraremos un guia que nos conduzca ante el director de las escavaciones , único habitante de la ciudad , para el cual traemos recomendaciones. El director nos acompañará por las calles desiertas y nos introducirá en las casas mas notables : á la noche vendremos á comer y dormir á este hotel: mañana de madrugada subiremos al Vesubio: llevaremos provisiones para almorzar en su cumbre : el hostelero nos proporcionará caballos para la primera mitad de la ascensión, y un guia para el resto: al mediodía bajaremos por el otro lado del volcan , y llegaremos á Jíerculatio; y desde allí , después de visitar sus calles sublerráneas , regresaremos á Ñapóles en camino de hierro.
Estamos convenidos.
Dénos á las puertas de Pompeya.
La primera ojeada basta pai*a sentirlo y comprenderlo todo.
Una callo larga , recta y sola , embaldosada de lava , con altas aceras , se estiende ante nuestros ojos.
A uno y otro lado se ven casas con los techos derruidos.
En esta calle, no hay otro vestigio humano que las huellas marcadas en el empedrado por los carros que rodaron muchos años sobre él y que después no han rodado durante diez y ocho siglos.
Nada se oye. Nadie pasa por ninguna parte.
Como esta ralle, hay muchas.
636 DE MADRID A ÑAPOLES.
Y nada mas.
De trecho en trecho encontramos unas pasaderas de piedra, destinadas á que los transeúntes cruzasen de una acera á otra los dias de lodo. Entre las pasaderas quedan cuatro ranuras, abiertas á una distanoia proporcionada a la anchura de los carros.
Estos pormenores que tanto recuerdan la vida, me causan una profunda tristeza.
' A la puerta de algunas casas hay unos altos asientos de piedra, á los cuales se subían los pompeyanos para montar á caballo. Ya son inútiles.
En los muros se leen borrosos letreros en latín , escritos hace mil ochocientos años, que denuncian los amores de tal mujer, ó el delito de cual hombre; versos de Virgilio ó de Ovidio ; palabras obscenas, y anuncios de funciones dramáticas ó de luchas de gladiadores.
Aquellas fiestas no se verificaron.
Las fuentes públicas que se encuentran á cada paso , no manan agua : los conductos de plomo que los surtían están rotos, y otros fundidos por la abrasada ceniza que esterminó la ciudad.
¡Cuanta desolación!
Pasáis de una calle á otra: veis arcos de triunfo; veis palacios, veis templos, veis anchas plazas llenas de grandiosas columnas que permanecen de pie, ó cuyos capiteles yacen al lado de los pedestales; veis el Forum Civile, el Templo de Venus, las Tkermasó baños públicos, los Tribunales, las Fábricas, los Teatros. . . ; pasáis de la calle de las Tumbas á la calle de los Doce Dioses, de la Villa de Cicerón á las Prisiones ; recorréis toda la ciudad en mil sentidos , y no encontráis á nadie, y no sucede nada; y sin embargo, todo os parece animado y vivo, todo reciente y nuevo.
Y ni compadecer podéis el destino de los pompeyanos : a cada momento, halláis á la entrada de una calle ó en la puerta de una casa, un atributo infame de su prostitución, un signo de su bajeza, un ídolo nefando que os hace apartar la vista con horror...
Yo no ceso de recordar la Ira de Dios de Zorrilla :
Con estos geroglíficos impuros
se adornaron los pórticos, las fuentes,
las calles y las plazas y los muros;
y no quedaron ojos inocentes,
ni oidos castos , ni recuerdos puros ,
ni rubor en los rostros impudentes...
El poeta habla de Sodoma : cualquiera diría que hablaba de Pompeya.
Por lo demás, la historia reviste aquí un carácter con que no se presenta en otra parte alguna.
No: no es este el mundo antiguo, colegido por las ruinas, adivinado por los monumentos , aprendido por la erudición.
DE MADRID A ÑAPOLES. «37 La antigüedad aparece aquí real, tangible, preseute. jEs que no han pasado los diez y ocho siglos. |Y, en efecto, para Pompeya no han pasado 1
Pompeya no ha sido testigo de nada de lo que ha sucedido en el mundo durante su largo sueño. — Sus casas, sus calles, sus templos no han visto lucir esos cientos de miles de soles que constituyen casi lodo el Imperio Romano, toda la Edad Media y los siglos del Renacimiento.
I Asusta la multitud de hechos que encierra el paréntesis abierto en la vida de esta ciudad 1
Seguramente, todo esto trae á la imaginación el dia del Juicio; hiela la sangre ; estingue las ilusiones.
He penetrado en muchas casas: he recorrido todas sus habitaciones, distribuidas al estilo griego, con suelos de mosaico y preciosas pinturas en las paredes: héme detenido en el átrio, en el peristilo, en el venereum, en el cubicólo, en el triclmio , en el larario. — Y me he preguntado por aquellas costumbres, por aquella civilización , por aquellos dioses... — Y la Era cristiana ha aparecido ante mis ojos como un océano interpuesto entre dos mundos
Las casas de Pompeya lenian (y tienen) en vez de número , el nombre de su dueño escrito con letras rojas.
Diríase que los pompeyanos preveían el destino de su ciudad y adivinaban que con el tiempo la recorrerían otras generaciones, sin hallar á quién preguntarle noticias sobre la población.
En la esquina de una calle leo el siguiente anuncio, escrito en latin sobre el muro :
« Se alquila en los dominios de Julia Félix, hija de Spurius , del i .° al 6 de los idus de agosto, un baño, un venererum, noventa puestos ó tiendas y algunas piezas en el primer piso, por cinco años consecutivos.— Sise estableciere casa de prostitución , se anulará el arrendamiento.»
¡Siempre el mismo rilornellol ¡Siempre la prostitución 1
Imposible me fuera apuntar todo lo que veo y me maravilla.
El nombre de algunos parajes revelara el interés con que los visito.
Aquí tenéis la Panadería, donde se ha encontrado harina, trigo, el horno y todos los útiles del oficio : aquella es la casa del Cirujano: hé aquí una Fábrica de jabón; hé allí una Botica, que se halló repleta de drogas y que tanta luz diera sobre la medicina antigua. — Mirad el Gran teatro, ó Teatro trágico, vasto semicírculo que se abría de cara al mar , fondo del escenario : ved el Teatro pequeño, ó sea el Odeon: apartémonos del Gran lupanar descubierto en 1 845, lleno de asquerosas pinturas é ídolos obscenos: entremos en el Granero púbhco\ penetremos en el Erario ; visitemos las Prisiones ; recorramos el Taller del Escultor ; detengámonos, en fin, en la Posada de Albinius; pero no en la Taberna y lupanar , aquí próximos, en que vivían aliadas la embriaguez y la lascivia.
1 Oh I | Qué mundo do impresiones l
i?3S DE MADRIlJ A ÑAPOLES.
Al caer la tarde , fatigados de vagar todo el dia por tan inmensa nccrópole, volvemos á bascar al director de las escavaciones , el cual nos dejó hace una hora, á fin de prepararlo todo para que veamos desenterrar parte de un aposento de una casa de la calle de la Fortuna.
Esta operación nos conmueve extraordinariamente.
Los trabajadores levantan la ceniza con gran cuidado.
A cada instante nos parece que vamos á ver salir un esqueleto.
Al descubrir las paredes, brillan á nuestros ojos los vivísimos colores de sus pinturas, que un momento después se empiezan á amortiguar con el contacto del aire...
Aquí sale un mueble, allí una lámpara de barro, ora un Idolo de bronce, ora madera carbonizada, ora trozos de elegantes esculturas. Se diría que la catástrofe fue ayer.
¡Oh! j fidelidad de la muerte! ¡Oh incorruptibles cenizas! ¡qué bien habéis guardado vuestra presa al través de las edades!
El suelo que se descubre es un precioso mosáico que representa el nacimiento de Venus.
Al limpiarlo, se recogen algunas monedas cou el busto de Nerón. Mas ¿qué es esto que encontramos en un ángulo del aposento? Es una cuna de hierro en forma de nave...
¡Qué horror! Los operarios remueven las cenizas que hay dentro de la cuna, y el director de las escavaciones, quo tiene ya una gran práctica en la materia, nos dice palideciendo :
— La cuna estaba ocupada: aquí veo huellas de sustancias animales.
Pero hacemos mal en horrorizarnos. Aunque este niño no hubiese perecido al empezar su existencia ; aunque hubiese vivido cien años , ya habría muerto hace muchos siglos.
Sin embargo, no los vivió, y lodo el tiempo pasado no ha sido parte á sacarle de esa cuna, á darle la posesión de su inteligencia, á enseñarle A hablar, á hacerle hombre.
¡Cuánta vejez en esa infancia!— ¿Por qué no ha de ser posible que continúe destle ahora la interrumpida carrera de su vida y reaparezca á sus ojos el mundo que se le nubló antes de tiempo?
¡Insensatos delirios!
El sol se va á ocultar.— Es la hora de recorrer toda la parte de Pompeya, que permanece oculta bajo las cenizas. Vamos al Anfiteatro.
Esta colosal ruina se encuentra en un estremo de la ciudad , muy lejos de las calles descubiertas hasta ahora.
Las escavaciones tuvieron primero por objeto demarcar el área de Pompeya, siguiendo la amplísima elipse de sus murallas, y por consiguiente, se desenterraron todas sus puertas y se fijaron los límites de la población.
El Anfiteatro, por ser tan enorme y tan importante, apareció y fue exhumado
DE MADRID A ÑAPOLES. f>.'¡0 entonces ; pero so le ha dejado solo , en el confín oriental del inmenso cinerario.
Para llegar hasta alli , cruzamos la parte de Pompeya que permanece inhumada, oculta hace tantos siglos á la luz del sol y á las miradas de los hombres, tácita y latente bajo las hambrientas cenizas.
Un fértilísimo viñedo y una risueña flora, que aquí dan espanto, han brotado de la capa de tierra vegetal que cubre esta sepultura inconmensurable.
Yo croo cometer un sacrilegio al mover la planta por los senderos que cruzan este campo de dolor, y la fijo en el suelo con timidez y blandura, como temiendo lastimará los que debajo duermen...
I Oh ! debajo de nosotros , en las entrañas de esta tierra sonriente , á los cuatro metros de profundidad de esta verde y apacible llanura, hay calles, plazas, templos, estatuas, muebles, joyas y tal vez millares de esqueletos humanos. La muda tierra esconde todavía el misterio do casi toda la ciudad difunta!
No será ya por mucho tiempo. Pronto aparecerá Pompeya entera á los asombrados ojos de los mortales.
Hemos llegado al Anfiteatro , que se conserva íntegro , aunque con las gradas derruidas en su mayor parle. Estas son treinta y tres, y desde la mas alta se abarca un espectáculo verdaderamente sublime.
Ante todo , causa un terror instintivo el recordar que los habitantes de Pompeya se encontraban reunidos aquí en el momento de la catástrofe , y no puede uno menos de mirar frecuentemente al Vesubio (cuya mole , demasiado próxima, cierra el horizonte hácia el Setentrion), para ver si se advierte alguna novedad en el humo que lo corona... y tranquilizarse al hallarlo en su estado habitual.
En cambio, en este anfiteatro no acontece lo que en el de Roma : aquí no se teme que los leones hayan perpetuado su raza en las cavernas subterráneas: aquí se tieno á la vista un monstruo tan tremendo, tan cruel , tan incontrastable, que la idea de las bestias feroces no causa espanto á la imaginación. Y esto sin contar con que se sabe que hasta los temidos reyes de las selvas fueron impotentes contra la furia del volcan , según lo acreditaron ocho esqueletos de leones , encontrados sobre esta arena cuando se removió la ceniza.
Desde lo alto de la gradería , vemos la espaciosa elipse del anfiteatro , las viñas, el campo fúnebre que he descrito, algunas cscavaciones parciales verificadas en medio de él , los muros y las puertas que encerraban la eslioguida población , las calles, las casas, los templos, el foro... toda la parte exhumada de la ciudad: á la izquierda, álzanse el Monte San Angelo y el Monte Cerelo, á cuya falda se apiña el arbolado en grandes masas oscuras , sobre las cuales se destacan como blancas palomas algunos pueblecillos : al fondo , descubrimos la redondez del golfo , azul y reluciente como un zafiro inmenso , y en torno á las olas, las ciudades que se miran en ellas. . . Castellamare (con el castillo en el mar, que le da nombre). . . Sorrento , ceñido de bosques y jardines. .. la Isla de Capri, que parece nna prolongación de la punta delta Campanella...: mas allá, la lontananza del Mediterráneo, una atmósfera de oro y esmeralda, un sol radiante
640 DE MADRID A ÑAPOLES.
que moja ya sus cabellos en las ondas , después de un espléndido dia rico de música y de colores...: y si volvemos á mirar mas cerca , veremos con infinita melancolía las prolongadas sombras de las columnas solitarias que blanquean como esqueletos en la sorda estension de este desierto ; veremos despedazados mármoles esparcidos por do quiera , haciéndonos imaginar que son los huesos calcinados y dispersos de la antigüedad insepulta ; veremos , en fin , á nuestra derecha , el siniestro verdugo de tantas generaciones , el triunfador de Pompeya, el titán animado por el fuego , que cuando patea irritado , aniquila y sumerje las comarcas que lo rodean y hace retroceder lleno de susto al turbulento piélago insondable.
Se oculta el sol. — Salió esta mañana y se pone ahora , como ha salido y se ha puesto durante 1800 años, sin encontrar á nadie, sin lucir para nadie en Pompeya.
I Ah 1 | Como se van diez y ocho siglos I \ Cómo se van 1
Si esta ciudad hubiera seguido habitada todo ese tiempo , hoy estaría atestada de cadáveres. No cubrirían las cenizas del Vesubio los restos de una generación ; pero en cambio , la generación que hoy morase aqu( , hollarla con su planta la ceniza de otras cien generaciones precedentes.
En este momento de solemne tristeza no se da cuenta el alma de si compadece á los que murieron en Pompeya ó á los que en Pompeya hubieran nacido á no desaparecer ¡a ciudad. Los padres fenecieron con su descendencia : la posteridad no existió para ellos : ni una lágrima regó su sepultura.
«Año 79» marcaba el reloj del tiempo la tarde aquella en que los pompeyanos, reunidos en este circo, creyeron que habia llegado el fin del mundo. — «Año de 1861 ,» marca el sol de un dia de enero al despedirse hasta mañana de Pompeya sin habitantes.
¿Qué vale todo el poder; qué vale toda la furia destructora de un volcan, al lado de la vida de la Tierra, que rueda por los espacios , firme y segura en torno de su eje , regenerada todos los años por las caricias del sol , siempre jóven y hermosa , siempre ceñida de zonas bonancibles en que pueda renovarse la historia humana?
¿Ni qué vale la misma Tierra ; qué vale la existencia de un astro mas ó menos, —incandescente ayer, mañana helado ,— producto del consorcio de una cantidad errante de materia cósmica agrupada sobre un centro fortuito por la misteriosa fuerza centrípeta, y destinado á romperse, á desaparecer, á aniquilarse en un tiempo dado. . . — qué vale, digo, la vida de nuestro planeta, si se compara con la eterna máquina del orbe, con la inmensidad del infinito, donde giran, mueren ó nacen continuamente millares de millares de mundos, animados y dirigidos por la omnipotencia de Dios?
• ••••..•...<•••«•.»• • • • Es de noche. El universo esterior ha desaparecido. Las tinieblas se han apoderado de cielo, tierra y mar...
Refugiémonos en lo profundo del alma, donde también reside el infinito.
El Vesubio.
19 de enero.
Después de una noche inolvidable, cuya primera mitad he pasado contemplando 4 Pompeya á la luz de la luna , y la otra mitad soñando con la novela de
Ota en Pompera.
Jluiwer, con terremotos y con nuestra próxima subida al volcan, á cuyo pie hemos dormido, amanece otro hermosísimo día, que parece la repetición de ayer, y que está muy lejos de serlo, puesto que entre ambos soles hemos gastado
t,42 DE MADRID A ÑAPOLES.
veinte y cuatro horas de nuestra limitada vida , y esas veinte y cuatro horas no tornarán ya nunca ni para nosotros ni para nadie.
Todo se halla dispuesto para nuestra arriesgada espedicion de hoy. Los caballos nos esperan : las provisiones para el almuorzo que hemos de hacer al borde mismo del cráter, están ya preparadas : nosotros vamos armados de gruesos bastones con punta de hierro, á fin de asegurarnos en las ásperas cuestas de deleznable ceniza. —Podemos emprender la marcha.
Al principio caminamos por antiguas carreteras pompeyanas , dando la vuelta á las murallas de la ciudad.
Estas carreteras , embaldosadas de lava , están como alfombradas de una ceniza gorda y algo consistente.
Nos dirigimos en línea recta al inflamado monte , cuya cima se eleva \ ,200 metros sobre el nivel del mar.
A poco de dejar atrás á Pompeya , empezamos á subir.
El terreno que atravesamos es todavía muy fértil , á pesar de que el suelo tiene ya un aspecto mucho mas mineral que vegetal. De entre las piedras calcinadas, de entre las escorias de fundidos metales, de entre las huellas de la lava, de entre la misma ceniza parda, que pudiera confundirse con arena, brotan frondosísimas vides , cuyos largos sarmientos se enredan á mil especies de árboles frutales, cubiertos ya de flores, mientras que en el suelo se ven rastreras matas de altramuz y de otras plantas que no conozco.
Asi caminamos media hora , siempre subiendo.
Al cabo de ella , alcanzamos un terreno estéril en que se hunden los caballos.— Aquí ya no hay mas que ceniza en las cuestas practicables , y ásperas y negruzcas peñas , que salen de trecho en trecho , al modo de garrosas rótulas del esqueleto del volcan.
Cinco minutos después, se nos nubla el sol y sentimos que llueve sobre nosotros; pero ni llueve ni el sol se ha nublado.
Es que nos hallamos á la sombra del humo , el cual después de levantarse á una grande altura, vuelve á caer en la dirección del viento, como una ondulante pluma.— En cuanto á la lluvia, no es sino ceniza que se escapa de los pulmones del gigante.
Por lo demás , el horizonte sonríe por todos lados : solo á nosotros nos cerca el horror y nos cobija la sombra.
Ya empezamos á pisar frios y parados torrentes de antigua lava, cuyas olas, retorcidas y trenzadas, rae fingen la cabellera de Medusa.
^ Los caballos no pueden seguir. La pendiente, que era insufrible, llega ahora á los cincuenta grados.
Echemos pié á tierra y despidamos á uno de los guias con las cabalgaduras.
Para descender, no se necesita auxilio. Ya ensayamos en Suiza la manera de bajar cuestas empinadas.— Igual haremos hoy.— Nieve ó ceniza , lo mismo es para el caso.
Para subir y son muy pocos los que suben por este lado , — se emplean
DE MADRID A NANM.F.S. f.43 tres sistemas, que son: 1.° atarse á la cintura una cuerda de la cual tira un guia , que sube de espaldas delante del viajero , mientras que otro le empuja por detrás ; 2.° sentarse en una parihuela y dejar todo el trabajo á los dos guías; y 3.° subir uno por su pié, como si fuera guia y no otra cosa.
Nosotros hemos adoptado el último sistema, que, si bien mas fatigoso que los primeros, si bien penosísimo, si bien insoportable, es en mi concepto el mas seguro, puesto que no va uno pendiente de la destreza ó de la buena voluntad de sus prógimos.
Pero, lo repito, semejante ascensión es irresistible. A cada paso tenemos que detenemos, íaltos de respiración; y si nos detenemos mucho, húndese la ceniza bajo nuestros piés y atrasamos lo adelantado...
Ya dejamos debajo de nosotros la región de la lava, cuyas espumas y escorias causan horror, y cuya marcha silenciosa y lenta solo puede compararse a la del tiempo, que mata cuanto toca.
Afortunadamente, fluye en poca cantidad y se enfriara y solidificará antes de llegar al pié del monte ; pero no por eso me arredra menos su actividad destructora.— Mucho antes de llegar á una peña, la calcina: cuando la invade, la reduce á polvo. Todo se funde y se aniquila en torno de ella. — Venenosa lengua del dragón horrible, no puede lamer sin devorar.
La parte sólida del Yesuvio, el verdadero monte, concluye en aquella región por donde se desborda la lava.
El tercio de cuesta que subimos ahora es lo que se llama el Cono ik cenizas.
Es una mole blanquecina de ochocientos metros de allura, formada por las pavesas que arroja el cráter , las cuales suben á cierta elevación y vuelven á caer sobre la montaña.
La mayor parte da esta ceniza se acumuló el mismo dia que desapareció Pompeya.
Nos acercamos á la cima.
Empezamos á sentir el calor bajo nuestros pies , reciamente calzados.
Cuando nos es forzoso poner la mano sobre la ceniza para no caer, tenemos que retirarla al punto.
De los hoyos que abrimos con los bastones cada vez que los clavamos para descansar, sale un humo negro y pestilente...
La lluvia de ceniza arrecia sobre nosotros...
El monte empieza á estremecerse, con un ligero temblor semejante al de un buque do hélice en una mar serena.
Un trueno sordo, continuo, profundo resuena ya debajo de nosotros.. .. — Ora crece... orase debilita; pero siempre ruje... siempre hierve.
El olor á azufre , á gas , á brea , á infierno es cada vez mayor.
La ceniza grieteada , incandescente, deja escapar un leve humo casi blanco, que apenas se ha levantado algunos pies en la atmósfera , vuelve á bajar y á meterse en la misma grieta de donde salió , atraído por una aspiración subterránea...
41-
644 DE MADRID A ÑAPOLES.
Estos vapores fugitivos, fatuos, traviesos, me parecen espíritus irónicos, duendes, diablillos, que salen del averno, á recibirnos, á vernos llegar, á engañarnos , y que se vuelven á su antro , á decirle á su rey que ya estamos aquí , ó creyendo, en su malicia , que trataremos de pillarlos y nos precipitaremos tras ellos en el abismo.
Un paso mas Un último esfuerzo...
Hemos llegado. — Estamos en la cumbre del volcan.
Séanos permitido un arranque de soberbia... — (Hollamos la cúspide de la pirámide de fuego!... ¡Pisamos la frente del verdugo de Pompeya!
El humo nos envuelve en el primer momento.
Luego se desvanece la nube ; y nos permito durante algunos minutos ver lo que nos rodea...
En torno nuestro se dilata una escabrosa planicie redonda, de unos cien metros de diámetro, cubierta de ceniza oscura y de escorias y rebabas.
Las escabrosidades de esta meseta son unas masas de espumado betunes hirvientes , cuyo feísimo aspecto , porosidad esponjosa y estremecimientos continuos causan horror y miedo...
A pocos pasos de nosotros levántanse ligeramente los bordes del cráter... al cual nos vamos á asomar.
El terreno que pisamos parece hueco: debajo de nuestros pies tiembla y brama el incansable monstruo...
El estruendo es cada vez mas terrible...
Respiramos un aire mefítico , abrasado , infernal. ..
Pero no retrocedemos.
De diez en diez minutos lanza el volcan un espantoso rugido : de su ancha boca sale una inmensa columna de humo, y en la inmediación brotan asimismo, de las hendiduras de la ceniza , mil y mil humos mas ligeros. Esta nube , que vemos levantarse entre nuestros pies y por todas partes en el momento que el cráter respira, ilota algunos segundos sobre la montaña, sumergiéndonos en una tenebrosa noche: después aspira el cráter, y todos los humos parciales corren á sepultarse en él , absorbidos por sus formidables pulmones.
Llego al borde de la sima...
Para ello me arrastro boca abajo por la ceniza abrasada...
El guia me retiene por los pies, temeroso de que pierda el sentido , de que me jasílxien los vapores , ó de que avance demasiado y apoye las manos en un punto deleznable...
De esta manera descubro la boca del pavoroso abismo...
Es una especie de pozo, de seis varas de diámetro , circular, cuyas paredes, revestidas de azufre, presentan largas hendiduras
Asomo la cabeza Miro á lo hondo
Al principio , el humo denso no me deja ver nada —Luego distingo llamas rojizas y azules , que iluminan un sumidero negro , profundísimo... Parece que allí borbotan y hierven cien calderas de plomo derretido. . .
DE MADRID A ÑAPOLES. 643
Las gases mo ahogan... El aliento del dragón me abrasa.
En esto retumba un espantoso trueno... El brocal de cenia en que me apoyo, tiembla como el agua movida por el huracán. ¡La lava sube!... ¡La llama asciende entre torbellinos de humo! ¡Va á respirar el cráter!...
Retrocedamos.
Apenas me aparto y me cubro el rostro con las manos , el aliento sofocante del volcan pasa sobre mi cabeza.
Palpita la tierra; arde el aire; el cielo se ennegrece; la respiración me falta...— Esto es morir.
Pero calma el acceso ; desaparece el humo, quedando reducido á una espesa columna que se levanta gallarda en el espacio , y vuelve la luz , y brilla el cielo, y el mar reverbera otra vez en lontananza...
Dentro de diez minutos se repetirá el mismo fenómeno.
|Y asi continuamente!
¡Oh! No reiteraré la dolorosa prueba á que acabo de someter mis fuerzas por satisfacer una curiosidad que solo ha conseguido avivarse.
Descender á ese abismo: ¡ho aquí lo que ahora se atreve á codiciar el alma! Y es que ese abismo atrae.
Colgado sobre él, he creido estar asomado al corazón humano, viendo la cunado las pasiones, la raíz do los sentimientos, los estragos de la desventura...
Aquí la turbación , aquí ol gemido , aquí la «uerra, aquí los hondos males tienen reinado eterno.. ..
murmuraba, recordando unos versos de Carolina Coronado.
—Aquí, declame, se ven las entrañas de la tierra: de aquí brotan metales y betunes, piedras y gases, revueltos y confuudklos, como van mezclados en la sangre lodos los elementos de nuestra vida : aquí late en su origen la actividad del planeta. La perpétua fecundidad del mundo esterior ; la reproducción incesante de los principios generadores de animales .y plantas; los siempre vistosos colores de la primavera ; la rica sabia que se torna en frutos ; la sal incorruptible que renueva lo que muere y sazona lo que nace ; el calor vital y la fuerza progresiva que anima y sostiene , inspira y multiplica las variadas formas de la terrenal materia , todo eso se comprende por este movimiento oculto , por este fuego activo , por esta agitación constante que reside en ol corazón del globo. — Los latidos de ese corazón, yo los oigo, yo los siento ahora: esta |>alpitacion intermitente que lo agita, no es mas que el sístole y diástole, cuyo pausado ritmo señala los instantes de la vida de la Tierra.
Tales han sido mis reflexiones durante esos diez minutos, cuando el horror y el miedo daban treguas a mi alma.
Por lo demás , y si hubiera de seguir los impulsos instintivos de mi naturaleza,— lo declaro francamente,— ni un solo momento permanecería aquí después que me he asomado al fondo del cráter. Pero como estoy seguro de que jamas
646 DE MADHIt) A NAIDLES.
he de volver á subir á este monte , y sé que no todos los días , ni siquiera la mitad de los del año, se dan casos de que el volcan devore á los que lo visitan, me decido á pasar algunas horas en este infierno , no sin invocar antes mi buena estrella y jurarle á mi susto y mi zozobra que, si libramos hoy con vida, lo cual es bastante fácil , mañana perderemos de vista estas regiones de mortales riesgos y pondremos el rumbo hacia la patria ,— donde , por la misericordia de Dios, no hay volcanes por ahora.
Los que hayan sentido un terremoto, comprenderán el miedo miserable que respiran estos discuros.
El hombre de mas ánimo transigirá con otros peligros de muerte. La inundación, el incendio, la guerra, el frío, el naufragio... todo esto ofrece alguna ráfaga de esperanza á la temeridad del hombre... Pero cuando la tierra tiembla; cuando el abismo se abre; cuando el mundo que nos sostiene se aniquila... ¡qué somos , qué podemos ser, qué hemos de esperar los débiles mortales !
Contra el Vesubio encolerizado no habría defensa, ni grados en la desdicha.
El tránsito seria de la vida á la pavesa, del ser á la nada.
¡ Y luego , el terror al cataclismo ; el duelo natural de la criatura al ver desorganizarse la creación 1
i A.h ! morir con el mundo, es caer de un golpe en la insondable eternidad.
Habrá quien no tema á la muerte ; pero yo no creo que nadie dejaría de temer al fln del mundo si lo viese próximo.
Y no seria solamente de miedo al Juicio final.
Con que almorcemos.
El guia nos conduce á un paraje de esta cima , algo distante del cráter, donde la ceniza se presenta mas blanca y accidentada que en parte alguna. Este lugar se llama la Cocina del Diablo.
Los ingleses han introducido la costumbre de asar huevos en aquella ceniza, }>ara lo cual basta dejarlos un momento sobre ella.
Nosotros hacemos lo que los ingleses; y con esto, y queso de Parma, vino de Capri y pan — que son todas nuestras provisiones , — almorzamos alegremente, aunque no sentados; pues, como podréis comprender, nuestro objeto no es asarnos á nosotros mismos.
En seguida subimos á la parte mas eminente de esta cumbre , y nos solazamos con el panorama mas grandioso que puede imaginar la poesía.
En torno nuestro, el volcan humeante, los valles cubiertos de lava, la Somma (pequeña cordillera de betunes y cenizas , separada del Vesubio el diade la destrucción de Pompeya), los pueblecillos que bordan el pie de este monte; y después Nápoles... el mar... las islas, las llanuras de la Campania, infinidad de blancas ciudades esparcidas entre verdes paisajes, las montañas azules, la inmensidad de un purísimo horizonte!...— Es un espectáculo arrebatador.
A las tres de la tarde, ú la hora apocalíptica, emprendomos nuestra retirada.
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DL MADRID A NAPULKS. 647
Cruzamos todo el monte en dirección contraria á la que hemos traído, y nos asomamos al gran valle de lavas que va á morir cerca de Iíercuiano.
La bajada solo es posible de una manera ; ya sabéis de cual.
Nos tendemos casi enteramente sobre la ladera de la montaña ; nos apoyamos en los bastones ferrados; clavamos los talones en la ceniza, y nos dejamos ir con toda velocidad.
Cinco minutos después nos hallamos á media legua del cráter y mil metros por debajo de la cumbre del Vesubio.
¡ Estamos libres !
VI. Herculam.
Antes de continuar nuestra bajada , nos dirigimos a la célebre Ermita de San Salvador, donde se bebe el mejor y mas legitimo lacnjma Chrisfi de la comarca.
Desde allí volvemos á precipitarnos , aunque ya por pendientes mas suaves, hasta llegar á Resina , que no es sino la antigua Retina , puerto de la ciudad de Iíercuiano, cuyas ruinas vamos á visitar.
La catástrofe de Iíercuiano fue diferente de la Pompeya. La misma erupción de 79 lo inundó de un lodo volcánico , duro hoy como el granito , sobro el cual vinieron después diversas corrientes de lava .hasta formar encima la ciudad una compacta mole de treinta y cuatro metros de espesor.
Herculano permaneció también desconocido y olvidado durante diez y seis siglos y medio, hasta que en 1711 , Manuel de Lorena, principe d'Elbeuf, habiendo sabido que un panadero de Resina, al abrir un pozo en busca de agua, había encontrado muchos y muy buenos mármoles labrados, mandó hacer grandes escavaoiones en aquel lugar y encontró el famoso teatro de Herculano.
Después se han descubierto algunas calles, una basílica y dos ó tres villa* llenas de magníficas estatuas y de papyrus; pero como las escavaciones se han tenido que hacer por medio de pozos y de galerías subterráneas , á causa de la gran profundidad á que se halla la abrasada ciudad y de la dureza de la materia que la obstruye, se han vuelto á tapar casi todos las lugares esplorados, á petición de las ciudades que se levantan hoy sobre ella.
Herculano era un pueblo mas artístico que la ciudad comercial que recurrimos ayer : asi es que en sus ediflcios se han encontrado muchas de las mas bellas estatuas que adornan el Museo Borbónico.
Fuera de este interés, muy escaso es el que lia ofrecido Herculano, sobre todo después del descubrimiento de Pompeya. El tener quo visitarlo á la luz de las antorclias , encontrando á cada paso los pilares levantados para sostener el terreno sobre los monumentos que no han vuelto á taparse , quita su pasmosa verdad á los objetos y aleja toda ilusión del ánimo del que los mira.
V lo monos yo , al recorrer aquel vasto teatro , al que se baja \m muclu*
GIS
Pecador napolitano.
«^calones , no he esperimentado ni remotamente las emociones que me agitaron ayor en Pompeya.
Para que los despojos de los siglos aparezcan con toda su severa melancc-
DE MADRID A ÑAPOLES. B49 lía, es necesario que los alumbren las inestinguibles luces de la naturaleza, — el mismo sol ó la misma luna que los alumbrara en sus tiempos de esplendor.
Estamos de vuelta en NA pul es.
Mmlni.
VII.
De Nápoles á Madrid.
22 df rano.
Llegó el momento de desandar nuestro camino y de poner el rumbo á la distante patria.
Después de las últimas escenas que te he descrito , no debo referirte , ni me han impresionado mis visitas á Capri, Capua , Casería y Mola.
650 ÜK MAÜH11) A ÑAPOLES.
Solo te diré que en Capri he visto la famosa Gruta Azul que conocerás por las catalinetas (hoy cosmoramas); que la Capua actuat do es la de las delicias, ni se levanta en el mismo lugar que aquella otra (situada á media legua de la de hoy y de la cual solo quedan las ruinas del Anfiteatro) en que descansó Anibal después de la batalla de Cannas; que en Casería he admirado el magnifico Palacio que allí tienen los reyes de Nápoles , debido también á Carlos III ; y que en Mola he visto algunos piamonteses heridos y oido algunos cañonazos de Gaeta y del campamento sitiador.
En Mola , como en Fondi, he pugnado i>or visitar el campo de los piamonteses ; pero aqui , como allí, me lo ha impedido la sola circunstancia de ser español.
Sin embargo, he sabido de una manera auténtica que la escuadra francesa se marchó anteayer dejando libre el mar á los buques sardos, y que Gaeta se halla en vías de rendirse.
Ha terminado , pues, el antiguo reino da Nápoles.
Te decia que ha llegado el momento de regresar & España.
El vapor Carmel nos espera...
Partamos.
Y al partir, demos un adiós del alma á esta región encantadora , á este cielo de amor, á este golfo cristalino , y al formidable Yesubio, de cuyas iras nos hemos librado.
Ver á .Yapóles... y morir... No: Ver á Nájwles y volver... — He aquí lo que yo esclarao al separarme de sus costas.
I Volver á Nápoles ! — Dios me permita cumplir este voto.
Al oscurecer pasamos por Gaela.
Truena el cañón...— Es el estertor de agonía de la vieja Italia...
1 Salud á la nueva Italia que se levanta del sepulcro!— Pero \ honor también al último campeón de la historia! j Honor asimismo á la hermosa heroína de Gaeta, á la reina destronada !
Uta 2T>.
Nos amanece delante de Civita-Veechia.
La escuadra española se halla fondeada en el puerto. Acaba de llegar de Gaeta. | Cómo alegra mi alma la bandera roja y amarilla !
Aquí me separo de Dióscoro Puebla, á quien acompaño hasta el muelle.
El salta á tierra y se dirige al ferro-carril. Esta noche se hallará de vuelta en Roma.
Yo vuelvo al vapor , donde me paso el dia , viendo á lo lejos las melancólicas llanuras del Estado del Papa , y evocando mis recientes memorias de la ciudad eterna.
A las cuatro de la tarde levamos anclas con rumbo á Liorna.
Hace un tiemjK) hermosísimo : el horizonte, azul y despejado, se pierde de
ÜE MAÜHII) A ÑAPOLES. til, i
vista hacia poniente : el so! , al ocultarse, nos deja ver la erizada silueta de la isla de Córcega, por delante de la cual pasamos á muchas leguas de distancia.
El capitán del vapor me señala una isla pequeña que se ve mas acá, á unas tres leguas de nuestro derrotero.
Es la Isla de Monte-Cristo... con la cual tanto he soñado.
A la noche se toma el té y se baila sobre cubierta, á la luz de la luna , que esclarece los cielos y la mar en toda la plenitud de su belleza.
Yo mido con la vista la triple estela rutilante que la quilla y las ruedas del vapor dejan en pos de sí , y la descuento de la distancia que me separa de tantos seres queridos , y fluctúo entre la pena de dejar á Italia y la alegría de acercarme al suelo que me vio nacer.
Las hermosas y elegantes pasageras se han cansado de bailar y descienden á sus camarotes, acompañadas de sus amantes, de sus maridos ó de sus padres.
Yo quedo solo sobre cubierta.
El capitán y el timonel cruzan algunas señales ó se dirigen algunas palabras de un estremo a otro del buque.
A las doce de la noche distingo tierra á derecha ó izquierda , y mas de un faro que nos avisa los riesgos...
Pasamos entre Piombino y la Isla de Elba.
Al ser de dia estamos en Liorna.
Reconozco el puerto á que arribó hace cerca de dos meses, cuando aun no habia visto á Florencia, Roma y Nápoles.
Mis deseos y mis esperanzas de entonces , hánse trocado en plácidos recuerdos...
Tampoco salto aquí á tierra, y eso que Liorna está de gala , llena de colgaduras y flores y atronada de músicas militares. — Hoy deben llegar á ella los hijos de Yictor-Manuel , con dirección á Florencia, donde van á pasar el Carnaval.
En efecto: á eso de las diez llega al puerto una fragata de guerra, que pasa rozando con el Carmel. . .
Toda la Toscana sale á recibir á los hijos del rey galantuomo.
El principe Humberto, el heredero de la corona, es un corpulento mancebo, sumamente grave á pesar de que solo cuenta diez y siete años.
¿Quién puede leer en el porvenir de ese príncipe? ¿Recibirá la corona de toda Italia de manos de un Papa? ¿Será solo rey del Piamonte? ¿Heredará siquiera le derecho de vivir al pie de los Alpes?
Son las siete de la noche. Salimos para Génova .
I)iaí5.
Al amanecer, avistamos la cittá di María Santissima. Al saltar á tierra encuentro á Caballero y á Jussuf .
652 DE MADRID A ÑAPOLES.
A las diez salimos juntos para Turio.
En Genova era ya primavera ; pero al pasar los grandes tüneles del Apenino, nos encontramos con una espantosa nevada que oubre todo el Piaraonte. La verdad es que estamos en enero.
1 Adiós, pues, á las encantadas regiones del Mediodía, y salud á los nevados Alpes!
En Torin asisto al estreno de Un bailo in maschera , y oigo la Norma á Carolina Titibn, que, en mi concepto, es la mejor cantatriz del mundo. Al mismo tiempo veo en el Teatro Reggio á Yictor-Manuel y á César Cantú.
El día 5 de febrero paso el Monte-Cenis , á media noche , en un trineo que se desliza por la nieve helada, como yo me deslizé por el Mont-Blanc y por el Vesubio.
iNada mas grandioso que la vista de los Alpes, revestidos de toda la nieve del rigor del invierno y alumbrados por la luna !
En cuanto al frío que aquí se siente, solo puedo compararlo por antítesis con el calor que tuve al borde del volcan.
Al dia siguiente (6) al amanecer, cruzo las silenciosas calles de París, que duerme profundamente.
El 7 llego á Burdeos...
El 8 á media noche paso la frontera y entro en tierra de España... I España l
No temas, amigo mió, que ofenda tu sensibilidad, definiéndote la santa alegría con que pronuncio este nombre; con que respiro el aire de la patria... Tu corazón la adivinará fácilmente.
Después de lo cual solo me resta decirte que ayer, 11 de febrero, lunes de Carnaval , llegué á esta villa y corte de Madrid ; que me vestí de máscara y te busqué en el Prado; que te hablé y no me conociste; y que en castigo de no haber adivinado la emoción conque aquella máscara estrechaba tu mano amiga, me abstengo de manifestarte lo que pienso acerca de la unidad italiana, — á pesar de habértelo prometido muchas veces.
La elocuencia espíala; pero el silencio es oro, — dicen los orientales.
Y, hablando en plata, yo no sé qué pensar de la cuestión de Roma.
FIN.
INDICE.
Piglnas.
Dedicatoria 5
pRÓLor.o 7
CAPÍTULO PRIMERO.
FRANCIA.
I, Marsella { {
II. Do Marsella ;i París 20
III. Los íionlevards. . . , , . . . . . . . . . , . . . . . 214
IV. París, metrópoli del mundo.— La plaza de la Concordia 32
V. Esnirsion al campo. — Mr. Iriarle. — La isla deCroissy. ... - ■ • 38
VI. El pescador Mauricio.— Costumbres parisienses. — Un suicida. — La misa de
Boupval. 45
yiL Dos conciertos — Muerte y entierro de la duquesa de Alba. . . •_ • • ^0 VIII. Garibaldi y la Higolbochc.— Tendencias de la literatura y del arte. — Car¿ic-
ter de nuestra época. — .Napoleón III. — El español en Francia. ... 70