De Madrid a Nápoles, pasando por París, Ginebra, el Mont-Blanc · Capítulo real 5 de 9
CAPITULO IX
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 34 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
CAPITULO IX.
LA TOSCANA.
Liorna.
Piorencii t¿ de diciembre.
El vapor Princesa tardó nueve horas en llevarnos de Génova á Liorna. La noche fue terrible, y las dos cámaras estuvieron convertidas en dos enfermerías.
¿Qué le hablamos hecho nosotros al mar?
Al amanecer aplacó su furia, y al poco rato oimos las cadenas de las ancla?. Osó el ruido del hélice; paróse el vapor, y todo el mundo dijo:— ¿ Liorna: r' — Liorna.— ¡ Liorna!... con diferentes entonaciones.
Subí sobre cubierta ; y me encontró delante de una ciudad fortificada , en un puerto bastante concurrido y en frente do un muelle en que se movían muchos comerciantes y marineros.
— Estamos en la Toscana, rae dije; en la patria de Dante, de Mauuiavelo y de los Módicis ; donde Miguel Angel. ..
Pero las operaciones del desembarco me impidieron continuar mi tácito monólogo.
El cielo se había despejado y el sol iluminaba el litoral.
Allá á lo lejos , hácia la izquierda , se divisaban las aguas del Arno y algunos edificios de Pisa , situada á tres leguas de Liorna.
Pisa se bañaba antiguamente en las olas ; pero las aguas se han ¡do retirando de ella, ó las arenas del Arno han hecho retroceder á las aguas, hasta el punto de haber hoy dos leguas de playa entre la que fue rival de Génova y la orilla del Mar Tirreno.
Lo mismo ha acontecido en la Valencia de España y en otras muchas ciuda-
442 OE MADRID A ÑAPOLES,
des marítimas; y asi como en Valencia se ha fundado el Grao sobre las arenas abandonadas por el mar, del propio modo nació Liorna y ha llegado á ser la heredera de Pisa , ó sea el gran puerto de la Toscana.
Liorna, pues, es una ciudad sin historia.— Hace cuatro siglos era una aldea de pescadores y marineros , que apenas encerraría mil almas. Hoy es una grande y vistosa ciudad de 78,000 habitantes.— En cambio, Pisa, que tenia 150,000 habitantes en la Edad-Media , solo cuenta ahora 27,000.
El puerto de Liorna fue construido á fines del siglo XVI.— Desde entonces es el lugar de cita de todos los comerciantes de Oriente. Una amplia libertad de cultos, que ha permitido erigir en la ciudad una sinagoga, una capilla para árabes maronitas , dos templos griegos y otros dos protestantes ; el ser puerto franco, y el haberse abierto canales desde la orilla del mar hasta el centro de la población , á fin de cargar y descargar las mercancías en los mismos almacenes, han sido estímulos mas que suficientes para atraer á Liorna gente de todos los países, — aventureras, contrabandistas, desertores, piratas, renegados, comerciantes de todo y de si mismos , que la han convertido en una especie de Gibraltar.
Cuando sallamos á tierra, nos rodeó una nube de gente oficiosa, miserable y sumamente locuaz , que nos ofrecía sus servicios.
En aquella triste muchedumbre me llamaron la atención dos cosas : la distinción aristocrática de su aspecto , y las formas correctas de su lenguaje. — Diríase que eran antiguos patricios de Florencia convertidos en pordioseros.
iQué finura, qué espresion en los rostros! [Qué fúnebre elegancia en los harapos! (Qué cortesía, qué insinuación en las maneras! {Qué discreción y pureza en el decir! ¡Qué esquisi ta adulación !
Los mas pobres y andrajosos tenian el tipo de los nobles personajes retratados por Ticiano : delicado perfil, largas cabelleras , severas calvas, diplomático ¿esto , barbas teatrales , miradas de astucia , graciosas sonrisas , frentes de inteligencia , delgada musculatura , actitudes cortesanas.
En cuanto á su modo de espresarse , hubiera dado envidia á un académico. ^Los toscanos saben que hablan bien , y por consiguiente hablan mucho. Tantos siglos de refinada cultura han trabajado y pulimentado su lengua de tal modo que para decir la cosa mas sencilla se valen de mil fórmulas diferentes, á cual mas retórica y galante, y de prolijos rodeos y donosos giros, pronunciados con esmerada pulcritud, enfática y melodiosamente , recortando, en fin, las sílabas y las palabras, como si declamasen en un teatro.
Inútil creo decir que estos aires principescos y esta alambicada civütá del populacho me desagradaron profundamente , ó por mejor decir, me horrorizaron y movieron á compasión. Aquellos no oran pobres: eran empobrecidos. Aquella no era la clase popular, era la ruina de la clase alia. Cada hombro parecía la víctima de una tragedia. Allí no podía haber un solo desgraciado ignorante de su suerte ó resignado con ella. — Se diría que ninguno era ciego de nacimiento. , Qué desesperación reinaría en sus almas! — ¿En dónde estaban la sencillez, la
DE MADRID A ÑAPOLES. 443 inocencia , la mansedumbre , la buena fe , la noble humildad de los desheredados de otros países? — ¿En dónde ese pueblo sano, fuerte, generoso, varonil, sufrido, que es en todas las naciones como la cantera bruta de donde se an*ancan las grandes virtudes, donde se tallan los mas nobles caracteres, donde se conserva pura la fé, donde residen la savia y la fuerza que regeneran constantemente la sooiedad?
Allí no habia tal pueblo: alli no habia mas que escombros y escoria de, seres envejecidos. Aquella pobreza parecía hija del juego y la bancarrota ó de la embriaguez y la pereza.
Pronto supe que la mayor parte de aquella gente allegadiza que obstruía los desembarcaderos, eran florentinos de la capital.
La verdadera población de Liorna es muy diferente ; pues se compone de comerciantes de todos los países , de activos industriales y de riquísimos contrabandistas.
Los judíos, en número de 8,000, gozan de todos los derechos de ciudadanos ; visten á la europea , y hablan perfectamente el español.
Las calles de Liorna son generalmente buenas. Kntre ellas tiene fama una magnífica, llamada antes via Ferdinanda y hoy via Vittorio Emanuele.
La Plaza de Armas es también muy hermosa. — En ella hay un monumento bastante notable levantado en honor del gran duque Fernando I , que reinó de 1587 á 1609, y a quien Liorna debe todo lo que es.
Aquel monumento se reduce a una gran estatua del príncipe labrada en mármol , á cuyos pies están encadenados cuatro esclavos de bronce.
Liorna es una de las poquísimas ciudades de Italia que no han sido córte en ningún tiempo. Por esto, y por haber nacido ayer, como quien dice, destinada desde luego al tráflco y la industria , carece de obras de arte.
En cuanto á su historia, se reduce á dos palabras. Ha pertenecido al Gran Ducado de Toscana hasta que este dejó de existir hace poco mas de un año , y hoy forma parte del reino de Italia. — En 1848 fue la primera que se sublevó contra la casa de Lorena.
Nosotros nos alojamos en un hotel que se ha llamado siempre Villoría; pero cuya muestra ha sido enmendada últimamente, convirtiendo la a de Villoría en o y añadiendo después Emanuele con letras de diferente carácter. — Llámase, pues, hoy: IIotel-Villorio-Emanuele...
J?... o... ro; s... í... si; «... a... na:— \Rosina!
Durante las ocho horas que permanecimos en Liorna, debimos muy delicadas atenciones al señor cónsul de España. — Si por acaso llega á leer estas líneas, vea en ellas un humilde testimonio de mi gratitud y afecto.
Finalmente, Jussuf, (que á la media hora de entrar en una ciudad sabe ya todo lo que hay en ella, todo lo que sucede, la topografía y la estadística, y basta conoce á muchas personas ,) nos condujo á ver una maravilla que habia descubierto, y que él espresaba de esta manera:
— Venid á ver Marruecos.
444 DK MADRID A NAPOLKS.
El Marruecos de Jussuf era un gran Bazar Oriental , — el mejor que yo lie visto hasta ahora,— en que se venden toda clase de objetos antiguos y modernos, históricos ó de puro lujo, preciosos por su forma ó por su origen , procedentes de Marruecos, de Argel, de Egipto, de Turquía, de Persia, de la Arabia , de la India, de la China, de Rusia, del Japón y de otros apartados países.— Armas, telas, perfumes , joyas , muebles, monedas, libros, ropas, calzado, opio, cafó, hatchis, pieles , curiosidades arqueológicas, yerbas, flores, mómias, animales disecados , todo se encuentra en aquella magnifica colección , siendo aun mas notable que las mercancías el personaje que las espende , viejo cosmopolita, cuya legitima patria no hemos podido averiguar, y verdadero prodigio de erudición acerca de la vida , de las costumbres , de las artes y de la industria de todos los pueblos de Asia y Africa.
A las cuatro de la tarde salimos para la ilustre Pisa.
El viaje se hace en ferro-carril y en poco mas de media hora.
El pais que se recorre entre las dos ciudades es amenísimo, aunque lo inundan frecuentemente las aguas del Arno.
En el tren iban muchos ingleses , que se dirigían á Pisa, a fin de pasar en ella el invierno.
El clima de Pisa es uno de los mas dulces de Europa, y está muy recomendado á los tísicos.
El frío no baja nunca de los siete grados sobre cero , ni el calor sube de los veinte y cuatro.
En el mismo coche que nosotros, iban tres elegantísimas inglesas, de las que dos eran jóvenes y hermosas y parecían hijas de la tercera. — j Ay 1 todas tres necesitaban respirar los aires benignos de los Montes- Písanos !
Particularmente una de las jóvenes, se asemejaba á una azucena marchita. — En sus ojos azules se entrevia ya la eternidad. Dos largos bucles de amarillo pelo oscilaban sobre su cuello de cisne. Su semblante parecía de marfil , y recordaba los ideales rostros de los serafines pintados por Beato Angélico.
Su hermana, que era mayor y prometía un año mas de vida, la miraba con miedo, veneración y ternura , como diciendo : «Ella morirá antes que yo. Sí ella se salvara, yo me salvaría. Pero cuando ella espire, yo empelaré á agonizar.»
La madre, que les había legado la enfermedad, las contemplaba con un doloroso remordimiento y como avergonzada de vivir todavía.
{Pobre madre 1 Tal vez no había muerto ya por no dejar solas á aquellas dos caras prendas de su amor y su cuidado : quizas la enfermedad de sus hijas era el sosten de su existencia : quizás no sufría su propio mal , porque estaba toda consagrada al mal ageno.
jAhl No es este el único caso en que el amor sirve de medicina, j No siempre tiene uno tiempo de morirse! El que vive en otro, no puede morir en si. — Es como si un asesino viniese á matarnos y no nos encontrase en casa
Mientras yo pensaba de esta manera, el tren se acercaba á Pisa, a Pisa ta moría, como poéticamente la llaman los italianos.
DE MADRID A ÑAPOLES. 4(5 Pocas ciudades tendrán una historia tan d tantálica y gloriosa como Pisa. — Fundada por los griegos , engrandecida por los romanos, asiento después do marqueses y condes que la gobernaron soberanamente , república, en fin, tan ilustra cuando menos como las de Génova y Yenecia , y rival y vencedora de ellas en muchas ocasiones, Pisa dominó largo tiempo en el Mediterráneo, donde sus galeras fueron tan respetadas como temidos sus ejércitos en tierra. Ella arrancó á los sarracenos la Cerdeña y las Islas Baleares; envió sus hijos á la conquista del Santo Sepulcro ; luchó denodadamente con los piratas que rondaban las playas de Europa , como los lobos los apriscos ; llevó su comercio de Cádiz á Crimea , y con él la civilización y la cultura; fue emporio de las ciencias y de las artes, y asombró al mundo con sus monumentos. Pero, desgraciadamente para ella, conservó su carácter díscolo y guerrero en sus relaciones con Lúea , Génova y Florencia , sus hermanas y vecinas, y militó bajo el estandarte gibelino en las grandes luchas del Imperio con el Papado. Esto le enagenó las simpatías de Italia. Sus rivales cayeron entonces sobre ella (i ¿50); destruyeron sus escuadras ; devastaron su territorio; la conquistaron en fln, y la hicieron decaer y agonizar precisamente en el instante que se levantaban y empezaban á florecer muchas otras ciudades de la península.
La agonía de Pisa se prolongó todavía dos siglos. — Durante ellos se revolvió desesperadamente bajo el yugo de Florencia , sacudiéndole mas de una vez , gracias al heróico esfuerzo délos písanos... y hasta de sus mujeres, que se batieron denodadamente, eclipsando el valor de los mas fuertes varones , el último dia de la libertad de Pisa. —Después de este supremo combate , y en tanto que los florentinos entraban por una puerta de la capital , la mitad de los písanos emigraba por otra.
El mar, indignado (diría un poeta místico) de rendir tributo á una ciudad abierta (como hoy Liorna) á moros y judíos, turcos y árabes y toda clase de enemigos de Dios, se habia retirado ya de sus muros. Liorna surgía por otra parle, atrayendo al resto de la población de Pisa... — Quedó, pues, esta casi despoblada , muerta como se halla hoy, y á merced desde entonces de los victoriosos florentinos.
¡ Ah I Diríase que á Pisa le ha alcanzado la enérgica maldición de Dante :
Ahí Pisa, vituperio delle geiti
del bel paese lá , dove 'I ti suona; *
poiché i vicini á te punir son lenli ,
rauovansi la Capraia é la Gorrona , é faccian siepe ad Arno in su la foce , sí ch' egli annieglii ¡n te ogni persona.
La Capraia y la Gorgona no se han movido, ni el Arno ha ahogado á toda persona en la ciudad vituperio de las gentes del bello pais en que se pronuncia con tanta suavidad el monosílabo del amor; pero no por eso ha dejado Pisa de espiar amargamente sus errores.
Pisa.
Guando entramos en la ciudad estaba diluviando.
Pisa es uno de los puntos mas lluviosos de la tierra : — ciento veinte días al año por término medio.
Las calles, rectas y anchas, estaban desiertas y silenciosas.
Nosotros nos hicimos conducir al fíotel Poverada, situado a la orilla derecha del caudaloso Arno.
Este célebre rio , tan cantado por los poetas , parte en dos mitades la ciudad, y tiene alguna semejanza con el Canal Grande do Venecia.
La diferencia consiste en que los edificios que se miran en el Amo no son tan bellos como los de la reina del Adriático, y en que entre las casas y el rio de Pisa hay dos anchos y no interrumpidos muelles. Pero la amplitud de la corriente canalizada , la curva que forma , la serenidad de sus cristales , la escasez de puentes, la multitud de barcos que cruzan de un lado á otro y hasta la circunstancia de haber habitado también lord Byron en uno de los palacios que dan frente á las aguas , traen á la imaginación el plácido recuerdo del bellísimo canal veneciano.
Esperando á que cesase ó se mitigase la lluvia , pasamos la tarde sin salir del hotel.
Una de las veces que nos asomamos al balcón á consultar el cielo , reparamos en un gentío inmenso que se habia acumulado en la puerta de mas abajo, como suele decirse , ó sea á la puerta del Hotel Villoría.
Poco después llegó un batallón de milicia nacional, precedido de una banda de música que tocaba una marcha fúnebre.
En seguida acudieron corporaciones con hachas encendidas, muchos carruajes, y clérigos, y cruces, y estandartes.
Indudablemente era un entierro...
Pero ¿quién, tan importante, habia muerto en el Hotel Villoría?
En el Hotel VHloria habia muerto ocho dias antes el príncipe de Siracusa, hermano del Fernando II y tio del actual rey de Nápoles, ó sea del defensor de Gaeta.
Esta noticia la habia yo leido en Turin, no imaginando ni remotamente que presenciaría el entierro de S. A. R. al cabo de tantos dias y tantas leguas.
El cadáver del príncipe habia permanecido espuesto en el hotel aquellos ocho dias , después de haber sido embalsamado , esperando á que dispusiese de él la familia real de Nápoles; pero como esta no resolviese nada, y el hostelero se quejase de los perjuicios que le traía á su establecimiento la honra de aposentar al augusto finado, las autoridades de Pisa habían convenido en trasladarlo... nosotros entendimos que á una iglesia, desde donde [sería conducido definitiva-
DE MADRID A ÑAPOLES. 447 mente al lugar qno determinase S. A. el príncipcdc Carignan, cuñado del difunto, hermano de Victor Manuel y Luorjo-tcnmte general do la Toscana.
La esplicacion de tan raras exequias se alcanza fácilmente. El principe de Siracusaha representado en Ñapóles, a la muerte de Fernando lí, el mismo papel que representó en España el infante don Cárlos á la muerte de Fernando YII, con la sola diferencia de que el pretendiente napolitano ha enarbolado la bandera liberal para disputar la corona á su sobrino. — Supongo que conocéis sus famosos escritos de estos últimos tiempos. — Ahora bien, como este Borbon ha sido liberal , la Toscana, ó sea la Italia, se ha creido en la precisión de hacerle funerales, mientras que el sitiado de Gaeta, fundándose en la mismísima razón, no se ha dado por entendido de que tal hombre fuera hermano de su padre.
Comoquiera que sea, el entierro pasó por debajo de nuestros balcones, siguiendo por la orilla del rio, en cuyas aguas se reflejaban tristemente las fúnebres antorchas. La lluvia, las armonías do la banda militar, el canto de los clérigos, el caudaloso Arno, la silenciosa muchedumbre que coronaba los muelles, la tenebrosa noche, y el acontecer todo esto en una ciudad tan romántica y lúgubre como Pisa , daban á aquel espectáculo una poesía melodramática digna por cierto de la Grande-ópera.
Muy entrada ya la noche , cesó la lluvia , lo cual nos animó á ir al teatro.
El Real Teatro de Pisa, alumbrado con aceite, es tan malo como barato. La compañía nos pareció regular, acaso porque hablaba un riquísimo italiano, como solo se oye en la Toscana. La comedia era detestable, á pesar de su correcto y elegante estilo. El público se componía de jóvenes imberbes , entre los que se veían algunos garibaldinos.
Aquellos mozalvetes ocupaban todos los palcos, en los que fumaban y comían que era un contento. — j Ni una mujer por ningún ladol — El teatro, mas que un templo del arte, parecia una de esas tabernas en que la juventud viciosa se reúne á hacer gala de su pésima educación ó de su desenfrenado cinismo.
I Y qué propio de ilustres ciudades arruinadas es un semejante estado moral . de la clase media 1 ¡ Cuánta gracia y cuanto talento, y cuánta corrupción y vileza á un tiempo mismo, revelaban las bufonadas soeces de aquellos holgazanes! — Ellos aplaudían á los actores según iban saliendo, y los silbaban según se iban marchando : ellos ofendían con sus demostraciones á las famélicas actrices : ellos buscaban en la comedia ocasión do lanzar ingeniosos epigramas contra la Francia, que los ha libertado de.la tiranía: ellos interrumpían la representación con discursos que hubieran sido donosos si no hubieran sido obscenos : ellos, en fin, me confirmaron en una idea que ya me había ocurrido por la mañana al desembarcar en Liorna, á saber: que la Italia es mas y mas vieja y esperimentada, mas y mas pobre do virtud y energía , mas y mas rica do genio y hermosura, mas y mas corrompida y miserable, á medida que se avanza en ella hácia el Sur, á medida que se aleja uno de los Alpes, á medida que se acerca a... Grecia.
Ufi DE MADRID A ÑAPOLES.
U taimo Y tejo de Morcocia.
Esla proposición no la consigno todavía sino como una mera sospecha.
Ya juzgai-emos al final de la jornada.
A la mañana siguiente me levanté muy temprano y salí a visitar los famosísimos monumentos de Pisa.
Liorna.
El dia habia amanecido sereno, puro, radiante. El cielo y el Arno ostentaban un azul vivísimo, que me recordó las primaveras de Andalucía. Los árboles de los jardines, bañados el dia anterior por la lluvia, estaban verdes, limpios, rutilantes como en marzo, cuando empiezan a desplegar sus hojas nuevas. El sol ardia en el horizonte tan fúlgido y alegre cual si en vez de vibrar sus rayos desde
2í>
4$o DE MADRID A ÑAPOLES.
el trópico de Capricornio, avanzase por la eclíptica hacia el trópico de Cáncer. —¿Qué mas? Las friolegas moscas revolaban gozosamente en la templada atmósfera, olvidadas sin duda de que ya estábamos á doce de diciembre.
—¡Hermoso dia para los tísicos! esclamé yo pensando en las inglesas que tanto habia compadecido la víspera.
Antes de dirigirme á la célebre Plaza de la Catedral, en que están reunidos los cuatro grandes monumentos do Pisa, recorrí toda la ciudad, entrando en algunas iglesias, de las que solamente recuerdo á Sania María de la Espina, donde vi algunas hermosas estatuas del ilustre Juan de Pisa; í* San Nicolás, cuyo campanario, obra del mismo autor, está ligeramente inclinado; pero del que no debemos ocuparnos cuando tenemos que ver el maravilloso Campanüe del Duomo; á San Miguel, cuya fachada de galerías de arcos, levantadas unas sobre otras , empezó á iniciarme en el secreto de la originalisima arquitectura pisana , fusión del estilo bizantino con el gusto greco-romano y primer paso del Renacimiento; y por último, á San Pablo, notable en el mismo sentido, y además por el lujo y la elegancia de su interior.
También saludé al paso la antiquísima y renombrada Universidad, llamada Sapienza (sabiduría), fuodacion del siglo XII, construcción del siglo XY, y donde el insigne Galilea , hijo de Pisa como todo el mundo sabe , esplicaba matemáticas en 1592, cuando principiaron á acusarlo en nombre de la ciencia, como después le acusaron en nombre de la religión.
Pisa , la patria de tantos grandes escultores y arquitectos , ha sido estéril en afamados pintores : asi es que la Academia de Bellas-Artes solo encierra algunas obras , raras por su antigüedad , muy preciosas para que los peritos estudien la historia del arte ; pero de ningún modo para solaz de un profano como yo.— Transeamus , por consiguiente.
Escusado es decir que para ver todas estas cosas , fui y vine por las principales calles y plazas de la ciudad y pasé y repasé varias veces los tres puentes tendidos sobre el Amo.
En las calles no encontré mas que soledad y silencio, yerba entre el empedrado, muchas casas cerradas y algún ruinoso palacio de elegante arquitectura.
Eu las plazas vi algunos vendedores acampados con sus mercancías , muchos paseantes que tomaban el sol , y algunas fuentes y estatuas levantadas en otros siglos , y que , como los ancianos que han quedado sin familia , parecían no esperar ya sobre la tierra sino á que el tiempo las gastase.
En la Piazza de Cavalieri, busqué inútilmente la Torre del Hambre, en que estuvo encerrado el Conde Ugolino con sus hijos y sus nietos. — Aquella torre, inmortalizada por Dante, fue destruida en el siglo XVI; pero aun se muestra el lugar en que se alzaba, y aun pudo üogirse allí mi imaginación el lúgubre cuadro de la nefanda tragedia. . .
¿Quién no ha leido ó quién no ha oido celebrar aquellos sublimes tercetos del poeta florentino, en que hace referir al infortunado conde sus espantosas desventuras?—La poesía no ha ideado nada tan horrible como el momento en que Ugo-
DE MADRID A ÑAPOLES. 45l lino oye clavar la puerta de su prisión, precisamente & la hora en que esperaba verla abrirse y dar paso á los carceleros con la comida para él y para sus hijos. El prisionero lo comprende todo... Se trata de hacerles morir de hambre... Entonces mira á su posteridad sin hablar una palabra :
Ond'io guardai nel viso a mié figliuoi senza far molió...
El no lloraba... Lloraban ellos...
Jo non piangeva... Piangcvan e/.'i...
Pasaron dias. . . Ugolino vió morir uno tras otro á sus cuatro descendientes. . . I Y aun esperó tres dias mas , arrastrándose á tientas sobre ellos y llamándolos por sus nombres!...
Poseía, piú che' l dolor poté'l digiuno. «•Después... mas que el dolor, pudo el ayuno ! »
|Con esta horrible frase termina el conde su relación I En seguida vuelve á coger el mísero cráneo que roia cuando Dante se acercó á él, y le clava unos dientes
che furo alV o«o, como d* un can , forti.
¡Ahí ya le habían dicho un dia sus hijos, al verle morderse las manos y creyendo que lo hacia por hambre :
Padre: asfai ci fia men doglia
se tu mangi di noi : tu ne vestisti qvesle misare cirni, étule spogtia.
«Padre: menos nos dolería que comieses de nosotros: lú nos vestiste estas miseras carnes : de ellas despójanos.»
Pero el conde no se mordía entonces las manos porque tuviese hambre, sino porque le ahogaba el dolor al mirar el rostro de sus hijos. — Callóse, pues, y callados pasaron aquel dia y otro.
Quel di e /' o/.'ro slemmo tutti muti.
¡Después fue cuando el ayuuo pudo mas que el dolor!— j Espantoso martirio!...
Pero dejemos esto ; que no estamos en el caso de traducir ahora todo el canto XXXIII del Infierno , ni tampoco nos seria posible omitir de él palabra alguna , d poco mas que recordásemos su feroz belleza.
Recitando las sentidas imprecaciones con que termina Dante este episodio de su poema, dirigí por último mis pasos á la Piazza del Duomo, situada en un estremo de la ciudad , lindando ya con el muro de circunvalación.
29*
452 DE MADRID A ÑAPOLES.
La soledad y la tristeza que reinan en toda Pisa , llegan á ser absolutas en aquel barrio. Ni los escasos rumores de la población, ni su pobre comercio, ni los pocos carruajes que la cruzan llevando viajeros de un ferro-carril á otro, nada, en fin , alcanza á turbar la melancólica quietud de aquella plaza desierta en que se levantan, á la manera de gigantescos monumentos sepulcrales, las cuatro maravillas de Pisa , sus cuatro escudos de nobleza , sus cuatro títulos á la admiración y al respeto de las ciudades que la han dominado y empobrecido; — la Catedral, el Campanile, el Bautisterio y el Campo-Santo.
La Piazza del Duomo es indudablemente una de las mas bellas del mundo. Roma y Yeuecia se envanecerían de ostentarla. Para la Pisa actual es demasiado hermosa.
A mí me ha recordado la Piazzetta de Yenecia; me ha hecho adivinar la Plaza del Duque de Florencia, y me ha llevado á imaginar lo que serian el Foro Romano ó las Plazas de Atenas en que se veian espuestas al aire libre tantas y tantas maravillas de arte.
En el centro de la plaza se levanta la Catedral, erigida en acción de gracias a la Virgen María por la victoria que alcanzó la República sobre los agarenos en la isla de Sicilia. La construcción es de los siglos XI y XII.
La fachada, graciosa y bella, consiste en cinco órdenes de arcos, elevados unos sobre otros. Semejante edificación , bizantina en su conjunto , greco-romuna ya en sus pormenores, presta al grandioso templo una ligereza, una levedad, una elegancia aérea que recuerda el estilo veneciano. Tanta delgada columna, tanta hueca galería, la airosa cúpula, hasta las mismas combinaciones de mármoles blancos y negros , empleadas en Pisa con mayor acierto que en Génova, contribuyen á dar al Duomo aquella hermosura esterna, material, física que encontramos en la catedral de Milán.
Los centenares de col u militas blancas del templo de Pisa equivalen á los centenares de esculturas del templo milanés.
El interior de la catedral corresponde al esterior. Allí se ven cinco hermosas naves de la misma arquitectura medio bizantina, medio romana. En torno de ellas gira una galería alta, destinada á las mujeres, según era costumbre en los primeros siglos de la iglesia. Hermosos altares, magistrales estatuas ( algunas del inspirado Juan de Bolonia) y muchas pinturas de Andrea del Sarto adornan, el recinto de aquel famoso templo, que sirvió de modelo durante muchos años á los mejores arquitectos de Italia.
Aislados también en la estensa plaza , levánlanse á uno y otro lado de la catedral dos maraviHosos edificios, que pudiéramos llamar accesorios ó dependencias de esta, —el Batlisterio y el Campanile, ó sea la capilla bautismal y el campanario.
El Batlisterio , rotonda preciosísima de afiligranado mármol , armoniosa combinación de arcos romanoj y de ogivas góticas , parece una de esas joyas labradas en plata y oro que se muestran bajo un fanal en el tesoro de algunas catedrales.
DE MADRID A ÑAPOLES. 453 En su interior son de admirar la pila de mármol que sirve de Jordán á los písanos, y un púlpito de Nicolás de Pisa, monumento y prodigio de la escultura de la Edad Media.
La alta bóveda de la cúpula del Battisterio produce uno de los ecos mas notables que se conocen en el mundo. Cualquier sonido, por inarmónico y desapacible que sea , al llegar á aquella altura , se descompone en varios acentos melódicos , artísticamente acordados , formando un cántico celestial que se prolonga durante mucho tiempo, cual si lo fuesen repitiendo invisibles coros de ángeles.— Y si por ventura es una frase musical la que se lanza desde abajo , entonces el concierto aéreo (que parece formado de cien diferentes voces, unas graves, otras agudas, ora infantiles, ora profundas como la salmodia de austeros monjes, ya de apasionado timbre femenil , ya de viriles y vehementes vibraciones) se convierte en una verdadera sinfonía religiosa digna de los célebres órganos de las catedrales de Alemania.
Del Bautisterio ful al Campo-Santo , dejando el Campanile para lo último, por comprender que desde su alta plataforma habia de hacer el resumen de mis impresiones en Pisa.
El Campo-Santo se estiende al Norte de la plaza, presentando al esterior un severo muro de 400 á 500 pies de largo , sobre el cual ha trazado , pero no roto, el arquitecto una sucesión de arcos tan nobles y sencillos como exigía aquel lugar , consagrado á un mismo tiempo por la religión , por el arte y por la historia.
El Campo-Santo no es el cementerio general de Pisa. Es el asilo de gloria de sus grandes hombres. Dicho se está , por consiguiente , que tampoco es el cementerio actual de la población. Lo era, cuando la población encerraba genios y héroes.— -Hoy es el panteón histórico de las pasadas grandezas do Pisa.
En el siglo XIII , cuando la poderosa república conoció que iba á morir, hizo, como si dijéramos, el inventario de sus glorias, el testamento de su poderlo, y se levantó á si misma aquel inmenso mausoleo, aquel olimpo fúnebre, aquel sagrado recinto, enterrándose en él con sus "riquezas á On de que nunca la desconociese la posteridad.
Para ello, lo primero que hizo fue cubrir tolo el lugar que habia de ocupar el Campo-Santo, con tierra traida exprofeso de Jerusalem por los cruzados , y en seguida llamó á uno de sus hijos mas ilustres , al célebre escultor y arquitecto Juan de Pisa (hijo de Nicolás, de quien ya hemos hablado), y le dijo : «Eleva un templo á tu gloria y á la de tu patria.»
El templo levantado por Juan de Pisa es un rectángulo de la longitud indi- - cada, y de 104 pies de anchura. El interior so reduce á melancólico patio, en torno del cual corren cuatro hermosas galerías formadas por una sucesión de arcos ojivales abiertos á la luz. Los muros opuestos á los arcos son famosos en todo el mundo por las magistrales pinturas al fresco que las visten. Al pie de ellas se encuentran las largas series de sepulcros , inscripciones , trofeos , estatuas y demás monumentos |de todo género, con que Pisa ha dado vivos testirao-
454 DE MADRID A ÑAPOLES.
nios de gratitud y admiración á todos y á cada uno de sus varones insignes.
Entre los frescos , merecen particular mención los de fíenoszo Gozsoli, discípulo de Beato Angélico, los de Andrés Orcagna y los de Giotto.— Casi todos ellos se refieren á asuntos del Antiguo y Nuevo Testamento.
Orcagna tiene ademas dos obras renombradísimas : una es el Triunfo de la Muerte , digno por cierto de la terrible imaginación de Dante.— En aquella inmensa pintura se ven en un lado muchos enfermos que llaman á la muerte con estas palabras: / Oh, mor te, medicina d'ognipena /... Pero la Muerte los deja sufrir, negándose á consolarlos. En cambio asesta sus golpes a unos gallardos mancebos y hermosas damas que reposan de una cacería á la sombra de verdes árboles, bajo una bandada de Amores, oyendo cantar á un trovador y mirándose oon la alegría que dan la juventud , la hermosura , la pasión y las riquezas. No lejos se distingue un montón de cadáveres de reyes, obispos, guerreros, religiosas y otros personajes. Los ángeles y los demonios andan rebuscando en e! montón, á Qn de llevarse cada uno el alma que le pertenece...— ¡Y cosa estrena !— Los demonios se llevan por lo regular las almas de aquellos que por su profesión ó su estado parecían deber estar mas asegurados del incendio eterno.
La otra obra de Orcagna es el Juicio Final , muy superior en mi concepto al de Giotto que vi en Pádua, y mas admirable, en opinión do algunos críticos, que el de Miguel Angel, si no por la forma humana, por el sentimiento religioso.— Hay en medio de esta sublime composición un Angel Custodio lleno de terror al ver perdidas las almas que estaban á su cuidado , que es un portento de ternura y de belleza.
Las pinturas que se creen de Giotto son precisamente las mas deterioradas por el tiempo ó por las restauraciones, y representan los Infortunios de Job. Entre ellas hay una magnífica escena en que el demonio le pide á Dios permiso para tentar á Job, mientras que algunos ángeles se oponen á ello. Uno de aquellos ángeles; uno, que me parece estar viendo todavía ; uno , que se diría dibujado por Rafael y pistado por Murillo , vale mil obras maestras de las que mas fama gozan en el mundo.
En cuanto á los portentos de escultura que encierran aquellas cuatro galerías, fuera interminable su sola enumeración. Allí se ven sarcófagos griegos, bajo-relieves bizantinos, sepulcros romanos, centenares de estatuas labradas por los primeros maestros de Pisa , medallones con bustos de personajes célebres , lápidas conmemorativas , monumentos de mil clases , traídos de diferentes países por la audaz república y destinados á guardar las cenizas de los písanos ilustres. — Ora una sencilla urna, ora un grandioso mausoleo, aqui una preciosa columna antigua, allí fragmentos de altares paganos ; todo en confusión y desorden, atestiguando unidamente la belleza y la destrucción , la presencia del hombre en los siglos y la constante victoria del tiempo sobre el hombre... \ melancólica poesía de las ruinas 1... — Tal es aquel museo vivo, aquella ciudad muerta. — Nada tan patético, tanromántieo como semejante lugar.
Figuraos ahora el cielo azul tras las caladas ojivas , las estatuas yacentes de
DE MADRID A ÑAPOLES. 455 las damas góticas, las fantásticas pinturas de las paredes, la tierra santa que hollaban mis pies , el silencio y la soledad que reinaban en los claustros , los nombres escritos en los sepulcros, la muerte y el abandono actual de Pisa y todas las demás tristes y religiosas imágenes que cruzarían por mi mente , y podréis comprender la profunda emoción con que recuerdo y recordaré eternamente las horas que pasé en aquel recinto.
Ni es esto todo. — Al asomarme a una capilla que hay á la mitad de la galería del Norte, vi en el suelo un féretro forrado de terciopelo negro, sencillo, abandonado, solo...
— ¿Qué gran pisano ha muerto? pregunté al conserje.
Aquel ataúd encerraba el cadáver del príncipe de Siracusa.
La ciudad de Pisa lo había depositado en aquel lugar, en tanto que el rey de Nápoles le otorgaba una sepultura. \ Noble hospitalidad por cierto!— ¿Cuándo hubiera esperado el príncipe morar algunos días con tan grandes hombres?
En verdad sea dicho , aquel muerto desheredado de una tumba, olvidado en tierra estraña, y á quien se creía demasiado grande para ocupar una fosa cualquiera y demasiado pequeño para reposar en el Campo-Santo de los héroes , movióme á piedad y lástima , y no pude por menos de compadecer también los adversos destinos de tantos otros principes y magnates de Italia como están siendo victimas de sus lamentables errores y de las vicisitudes de la suerte.
Con estos pensamientos me dirigí al Campanile, última ya de las maravillas que encierra la plaza del Duomo ; pero maravilla tan grande , que asombra y pasma ai viajero aun después que ha contemplado las otras tres que hemos descrito.
La Torre inclinada de Pisa no asusta tanto como la de Bolonia , lo cual no consiste en que su inclinación sea menor que la de estas , sino en que su mole do es tan sólida, y quizás también en que es estraordinariamente bella como obra de arte.
De aquí se sigue que al considerar su amenazante inclinación y al imaginar que puede caerse, se teme por ella misma, no por los edificios que cogiera debajo.
Su forma es cilindrica, y se compone de ocho elegantes columnatas circulares levantadas unas sobre otras. La altura general de tan gracioso edificio es de 54 metros. Su inclinación fuera de la perpendicular, 4 metros, 319 centímetros.
Tiénese ya por cosa segura que los autores del Campanile (Bonnano de Pisa y Guillermo d'ínsbruck, famosos arquitectos del siglo XII) no se propusieron de modo alguno hacer una torre inclinada; pero que habiendo cedido el terreno y desniveládose su obra cuando ya habían construido los cuatro primeros pisos, concibieron la idea de continuarla diagonalmente, vista la celebridad que gozaban las torres inclinadas de Bolonia. Asi es que solo desdo el cuarto piso en adelante, las columnas de un lado son mas altas que las del otro, diferencia que debió haber entre ellas desde el primer piso , si el objeto era (como lo fue des-
456 DE MADRID A ÑAPOLES.
pues, y á la postre se consiguió) que la plataforma en que termina la torre fuese horizontal sin que esta última perdiese por eso á la simple vista sus armónicas proporciones.
Al pie del Campanile dice una lápida que Galileo hizo en él largos estudios acerca de las leyes de la gravedad. A lo que yo respondí mentalmente :
—¿Quién sabe lo que debe la ciencia a la inclinación de esta torre? Aquí Galileo, con un hilo y un plomo, descubrió el secreto del universo, el movimiento de la tierra, las afinidades de los astros. En seguida, iniciado ya en el misterio de la atracción , inventa el telescopio , y sumerge su mirada en las profundidades del infinito...— Todo esto se hubiera hecho después; yo no lo dudo; pero ¿cuando?— ¿Por dónde iríamos hoy? ¿No son de nuestro tiempo la invención de la telegrafía eléctrica , la aplicación del vapor, los prodigios de la fotografía?— ¡Pues bien pudiéramos lo mismo haber leido una mañana cualquiera, ayer, verbi gratia , entre el chocolate y el almuerzo , al hojear una revista de ciencias, la singular noticia, la asombrosa novedad de que el sol no sale ni se pone y de que la tierra está en continuo movimiento en torno de su eje y alrededor del sol , sin que por eso se vacien los mares, ni se nos suba , digo , se nos baje la sangre á la cabeza !— ¿Qué? ¿No nos aguardan todavía sorpresas de este tamaño? ¿Sabemos por ventura los milagros que encierra esa frase escarnecida, — befada como todo lo grande y noble que ha aparecido en el horizonte de las ciencias, de la moral , de las artes y de la literatura; esa frase , que equivale á una profecía, y de la cual abusan hoy los impostores, los charlatanes y los empíricos; esa frase, en fin, que encierra todo el misterio de la naturaleza humana...— el magnetismo animal, para decirlo de una vez?
Sicote bajo su planta Galileo nuestro globo rodar... la Italia ciega le ofrece en premio un calabozo impío... y el globo en tanto sin cesar navega por el piélago inmenso del vacío.
Asi habló nuestro Quintana.
Galileo habia dicho lo mismo en menos palabras á los setenta años de edad, el dia que la Inquisición de Koma le obligó á abjurar de rodillas sus errores astronómicos :
E pur si muovc.
Pero subamos al Campanile.
Los 338 peldaños de la escalera de aquella torre se parecen á los de todas las torres del universo en lo penosos que son de subir, mas una vez en lo alto de la de Pisa , se da uno por recompensado de tal fatiga con el delicioso panorama que se despliega ante los ojos.
Una feracísima llanura , que termina por un lado en el mar y por otro en los Montes Písanos ;—toda Pisa, estendióndose al pie del Campanile, partida por
DE MADRID A ÑAPOLES. 457 el rio , sobro el cual se dibujan Ires hermosos puentes , y rodeada de jardines verdes como en mayo; — cuatro ferro-carriles (de los cuales uno va á Liorna;
»nli.
otroá Florencia, pasando por Luca, Pistoja y Prato; el tercero, mas directamente á Florencia , enlazándose con la gran linea que llega á Siena y se dirigirá con el tiempo á Roma ; y el cuarto , que está en construcción , á Genova por la Spezzia); —amarillas carreteras que, como ondulantes cintas, cortan en toda
458 DE MADRID A ÑAPOLES,
direcciones el frondoso llano ;— Liorna en lontananza , bañándose en el mar;— luego las islas Gorgona y Capraia, de que habla Dante, campeando solitarias en medio de las olas ;— mas lejos, la erizada silueta de la isla de Córcega,— y en otro lado , un pedazo de la isla de Elba, saliendo bruscamente por detrás de un cabo de tierra firme... — tal es el cuadro sorprendente que contemplé desde lo alto de la torre, gracias á la limpidez de la atmósfera.
/ Córcega y Elba! \ La cuna y la prisión de Bonaparte ; su oriente y su ocaso!— jY allá... al término del horizonte, la ostensión del Mediterráneo, el camino del Océano , el derrotero de Santa Elena !
Entre Elba y Córcega... ¡qué poema de gloria! j Cuánto poder! ¡Cuánto genio! ¡Qué elevación y qué caida!
Due volte nella polvcre , due volte suW altar !...
como dice Manzoni.
[En Córcega, un estudiante oscuro: en Elba, el emperador de Europa destronado!—Y por medio, mil batallas, ó sea una batalla sola contra el antiguo mundo ; batalla en que el ejército de Napoleón toca con sus alas en Cádiz la invencible y en Moscou la incendiada; batalla que dura veinte años, y que tiene su episodio en Egipto; batalla, en fin, que pierde á la postre el arrojado corso, cuando al llegar la tarde de su estrella , empieza á retirarse simultáneamente de Cádiz y de Moscou , perseguido por el pueblo español y por el frió de Rusia, hasta que, estrechándose cada vez mas el círculo de su imperio, queda reducido á este peñasco!...
Y después... su segundo imperio, ¿á qué quedó reducido? — A. cuatro árboles , de cuya sombra le privará al cabo un verdugo inglés !
Y de su nombre ¿qué queda? ¿Qué resta de su genio? ¿Qué de sus planes? ¿Qué de la obra del segundo César, del segundo Cárlo Magno? — | La alianza de Francia con Inglaterra!... |La razón mercantil convertida en razón de Estado; la tiranía sin la disculpa do la gloria ; la perturbación sin la enseña de la libertad ; el insulto de Santa Elena no vengado ; la independencia de Italia emprendida como un negocio , y temida y escatimada cuando se convierte en una magnifica y pasmosa resurrección; Roma, farisáicamente protegida, estratégicamente ocupada ; una escuadra en Gaeta , prolongando la agonía de sitiados y sitiadores; ¡por todas partes la duda ó la codicia, la debilidad ó la fuerza bruta!... — Y como justificación de tanta mengua , el temor á la plebe ; el miedo á un millón de desgraciados que cifran el ideal de su ventura en la posesión del pan agenoü!...
Pero bajemos del Campanile.
— Hé allí nuestro camino , me decia en tanto mi amigo Caballero, señalando al ferro-carril que se dirigía á Florencia por Luca. Son las dos y media. Estamos precisamente encima de la estación. El tren sale á las tres menos diez minutos. De Pisa á Luca se va en tres cuartos do hora. Nuestro equipaje nos espera al pie de la torre. Partamos...
DE MADRID A ÑAPOLES. 459 — SI; parlamos, contestó yo, asombrándome de ser todavía tan entusiasta.
Pocos minutos después corríamos a toda máquina con dirección á Luca.
Luca.
El ferro-carril de Pisa á Luca faldea primero los Montes Písanos , cubiertos de frondosa arboleda y célebres por su mármoles riquísimos asi como por sus aguas termales, y penetra en seguida en una estrecha garganta, queda paso á otro valle cruzado por el caudaloso Serchio.
En medio de aquel vallo so asienta Luca.
Y bé aquí ;
perché i Pisan veder Lucen non ponno ,
como dice Dante.
Al entrar en el valle regado por el Serchio, no se ve do la capital del antiguo ducado sino la torre cuadrada de la catedral , adornada de columnitas como el Campanüe de Pisa , y levantándose sobre una espesa mata de árboles.
Luca está cercada de anchas murallas no muy altas , ceñidas por un foso y plantadas de pomposas alamedas, que forman corno un nido de flores y verdura dentro del cual queda escondida la población.
En torno de aquella gran maceta se estiende una amena llanura rodeada de ásperas montañas, en la que se ven á lo lejos tres ó cuatro pueblecillos.
A esto se reduce todo el eslado de Luca.
Por que ya sabréis que al pasar los Montes Písanos habíamos entrado en otra ex-nacion,— que era todavía un reino independiente hace trece años.
Salva la hipérbole , pudiera decirse que la historia particular de Luca hace mas bulto que todo su territorio. Básteos recordar que Luca ha sido república popular, república aristocrática, consulado feudal del Austria, provincia de Milán , de Pisa y de Florencia , patrimonio de la Santa Sede , propiedad de una hermana de Napoleón, ciudad etrusca, ligur, romana, gótica y lombarda, y otras muchas cosas mas. Los unos la vendían por dinero: los otros la daban en dote á sus hijas : estos la conquistaban á sangre y fuego ; aquellos la libertaban generosamente.— Una sola cosa la distingue, y constituye la unidad de su carácter: el haber sido siempre güelfaen las guerras del Imperio con el Papado, y por lo tanto, enemigado Pisa.
Ya digimos en Parma que el último soberano de Luca fue Cárlos II de Borbon, hijo de la reina de Etruria, primo hermano de la actual reina de España, el cual dejó este trono por el de Parma, en 1847. — Desde entonces hasta el año pasado Luca ha sido una de tantas provincias del Gran Ducado de Toscana. —Hoy el Gran Ducado de Toscana ha perdido su también autonomía, fundién-
460 DE MADRID A ÑAPOLES.
dose en el reino italiano. — Es la historia de los arroyos que van á los ríos y de los ríos que van a la mar.
Luca tiene casi el mismo aspecto y algunos menos habitantes que Pisa; pero como la ciudad es mas pequeña, resulta mas animada.
Su clima se halla muy lejos de ser tan benigno como el de su antigua rival. — A. lo menos ayer tarde, hacia allí un frió... muy propio de la estación y nada a propósito para los enfermos del pecho. — {No quiera Dios que vayan este invierno á Luca aquellas lindas inglesas que conocí en Liorna I
En menos de dos horas recorrimos Caballero , Jussuf y yo toda la ciudad , y á no haber sido porque yo me opuse á entrar de noche en Florencia, hubiéramos continuado en seguida nuestro viaje.
Después veréis que hice bien en retardar algunas horas mi salida para la hermosísima capital en que escribo estos apuntes , y cuyos alrededores , cuya aparición , cuyo aspecto , iluminados por el sol de la mañana, no se borrarán jamás de mi memoria.
Pero volvamos á Luca.
En Luca visitamos algunas bellísimas iglesias, entreoirás San Michele, San Frediano y San Giovanni, notables por su rara arquitectura, por su vejez y por los cuadros y esculturas que encierran.
La Catedral es gótica , cosa singular en Italia ; pero sin embargo ostenta, sobre todo en la fachada, muchos rasgos característicos, de la arquitectura especial de Pisa. — En aquel templo son de notar muy señaladamente las muchas y magistrales esculturas que adornan asi el interior como la portada.
Luca ha sido siempre fecunda en buenos escultores. — Hoy se contenta con ser patria de todos los fabricantes de Santi boniti bariti que recorren la Europa y la América.
Muchos de estos fabricantes salieron de la ciudad niños y miserables , sin otro patrimonio que algunas figurillas de barro y un costal de yeso ; recorrieron el mundo llevando siempre sobre la cabeza una tabla llena de monigotes diariamente renovados, y volvieron á Luca, al cabo de quince ó veinte años, cargados de riquezas, que les permitieron comprar algún antiguo palacio , casarse con la hija de algún titulo pobre y pasar la segunda mitad de la vida eclipsando el esplendor y el poderío de aquellos grandes personajes cuyo busto habían fabricado tantas veces.
La catedral de Luca encierra también muy buenas pinturas de Tintorelto, Fra Bartolomeo, Daniel Yolterra y otros insignes artistas.
Después de visitar los templos que he citado , pasamos algún tiempo en la Plata Grande , que es soberbia.
En ella se levantan el antiguo Palacio Ducal y una estatua de mármol de María Luisa de Borbon , ó sea de la reina de Etruria.
Luego nos fuimos á dar un paseo en coche sobre las murallas que cercan la ciudad, sombreadas, como os «he dicho, por corpulentos árboles , — plátanos, acacias y álamos blancos.
DE HADH1D A ÑAPOLES. 461.
Allí había una gran concurrencia. En cada trozo de muralla se veían las familias del barrio inmediato.
Asi, pues, en un lado se encontraba gente pobre que tomaba el sol por cuenta propia : en otro , gente rica que lo tomaba por cuenta agena , ó sea por lucir sus galas. También había parajes solitarios , y otros en que los estudiantes diableaban á sus anchas , jugaban los soldados y dormían á pierna suelta los mendigos.
Los carruajes daban la vuelta entera alrededor de la ciudad , recorriendo todos aquellos paseos , que suman un trayecto de una legua.
En los carruajes vi algunas mujeres muy elegantes y muy bonitas , vestidas á la parisién.
Los liones de Luca las seguían á caballo , bebiendo los vientos por una mirada ó un saludo.
Esto me recordaba las tres vueltas que Héctor y Aquiles dieron alrededor de Troya antes de venir á las manos.
Ya oscurecido, nos encaminamos á nuestro alojamiento,— Albergo deila Croce di Malta ,— donde Jusmf nos amenizó la comida y la soirée contándonos casos y cosas del imperio de Marruecos, hasta que á eso de las Hueve, hora en que hubiéramos empezado á vivir en Madrid, nos dimos las buenas noches, no sin esclamar por la centésima vez :
— j Mañana al modiodía estaremos en Florencia 1
IV.
De Luca á Florencia.— Florencia á lo lejos.— Recuerdos históricos.— Primer paseo por la
ciudad.
Las quince leguas, ó sea las tres horas de ferro-carril que hay de Luca á Florencia , constituyen uno de los viajes mas deliciosos que podéis imaginaros. Unas maravillas suceden á otras : de la fértil campiña se pasa al sombrío bosque: déla agreste montaña se baja al estenslsimo olivar: en una parte, moreras, naranjos, olorosos laureles: en otra, cristalinos riachuelos ó canalizadas acequias que esparcen el riego por los verdes sembrados: á cada paso, una ciudad, una aldea, una quinta: de vez en cuando, las ruinas de algún castillo señorial; y siempre y por todos lados, flores y verdura , — flores en diciembre; — un cielo radiante, un aire perfumado , un sol de oro ; gente bella y locuaz ; gracia y arte en la disposición de los edificios mas vulgares; lujo en la naturaleza; alegría en el hombre; poéticos recuerdos por do quiera... — Tal es, en resumen, la alta Toscana, muy semejante, por cierto , al territorio granadino.
El ferro-carril se dirige primero al Nordeste , deslizándose al pie de frondosas colinas cuajadas de caseríos, y dejando ver á la derecha una vasta y riquísima llanura.
Asi se pasa cerca de Pescia, pequeña y linda ciudad; por Montecatini y Pieve
462 DE MADRID A ÑAPOLES.
á Nievole , preciosos pueblos; por Serravaile, reclinada ya en las faldas del Apenino y coronada por una antigua fortaleza, y fioalmenle, se llega á Pistoja, ciudad mas importante, también forliOcada, célebre en la antigüedad porque no lejos de sus muros tuvo lugar la sangrienta batalla en que murió Catilina , y muy nombrada en la Edad Media á causa de la guerra feroz que se hicieron sus habitantes , divididos en Blancos y Negros.
De buena gana hubiera entrado en Pistoja y visitado sus templos, notables, según me aseguraron , por las muchas y muy buenas esculturas que encierran... Pero la atracción de Florencia érame ya irresistible.
En Pistoja se nos agregaron tantos viajeros , que fue necesario añadirle al treu cuatro veces mas coches que había sacado de Luca.
Y es que en Pistoja se reúnen todas las diligencias que cruzan el Apenino viniendo de la Emilia y de la Lombardía con dirección á Florencia.
En adelante, caminamos al Sudeste, alejándonos del Apenino todo lo que nos hablamos acercado á él y penetrando en una amenísima llanura tapada de árboles.
Allí encontramos á Prato , ciudad de i 2,000 habitantes , amurallada , sumamente industrial, á juzgar por las innumerables chimeneas de fábricas que la coronan, y llena de preciosas obras de arte, según me dijo un compañero de coche que se quedó en aquella estación.
— j Prato ! esclamaba en tanto Jussuf. /facer aquí gorros colorados para moros turcos.
— Ciertamente, respondió otro viajero.
— ¿Y por dónde lo sabes tu? le preguntó Caballero al marroquí.
— Haber en Liorna gorros muy baratos , replicó este sonriendo como un niño. Yo preguntar: judio decir. Estar gorro para turco , chico para moro. Moro no comprar.
En esto , empezábamos á llegar a Florencia.
Florencia, como todas las grandes capitales (esceptuando a Madrid), se anuncia antes de aparecer á los ojos del viajero. Las fábricas, las quintas, los palacios campestres, las casas diseminadas acá y allá, el aprovechamiento del terreno , las huertas lujosamente cercadas , todo revela que se aproxima uno á un gran foco de población , á una gran fuento de vida , á un gran campamento, del cual está recorriendo las avanzadas.
Poco á poco van estrechándose las distancias entre los aislados edificios ; van relacionándose estos; va formándose la colmena; va condensándose la ciudad... hasta que por último aparecen á lo lejos algunas elevadisimas torres; y luego (a gran masa de la capital , el origen de tanto movimiento , el centro de tanta animación , Florencia... en fln, la ciudad famosa, la beldad soñada, la ilusión de muchos años trocada en realidad á vuestros ojos, una esperanza menos, una cruel victoria mas ; — otro alcázar que se hunde en vuestra imaginación , y del que solo veréis en adelante escombros y ruinas en el páramo de los recuerdos.
— \Fíorencta\... aquella es Florencia ó sea la patria délas /lores, se apre-
DE MADRID A ÑAPOLES. 463 suraá deciros vuestra memoria , temorosa de que se entristezca vuestro corazón; —aquella es la ciudad dos veces ilustre en la historia del arte, como estrusca y como italiana; aquella es la rival y vencedora de Fiésole, cuyo esqueleto blanquea todavía en la próxima montaña; aquella es la colonia embellecida por los romanos, la deidad admirada y luego destruida por los bárbaros, la desheredada reina restablecida en su trono por Cárlo Magno ; aquella fue luego la ardiente republicana al par que elegante aristócrata que dispensó sus favores indistintamente á GQelfos y Gibelinus , y fue amada y maldecida por el infortunado Dante ; esa es la córte de los ñlédicis, de aquella familia de astutos comerciantes que se trasformó de pronto en dinastía de principes , y dió reinas á toda Europa, pontífices al cristianismo y tiranos á Florencia... pero tiranos ingeniosos que hicieron olvidar á los táscanos su perdida libertad , adormeciéndoles con el suave beleño de las letras y las artes y enervando su clásica energía en el seno del lujo y los placeres; esa es la Atenas del Renacimiento, la ciudad-museo, en cuyas plazas se ven todavía revueltas con la multitud ociosa las esculturas de Miguel Angel y Benvenuto Cellini ; esa fue la cuna del talento , el emporio del saber y la cultura, la escena de los grandes crímenes , el salón de las lujosas fiestas , la gran escuela política; ahí se encuentran hoy millones de libros , cuadros, estatuas, joyas, medallas, camafeos, bronces, manuscritos, reliquias, templos, sepulcros y palacios , testimonios elocuentes de las glorías florentinas ; esa es , en fin , la patria de Dante, de Maquiavello, de Bocaccio, deAmerico Yespucio, de Cimabue, de Ficin , de Mars , de Andrea del Sarto , de Lorenzo de Médicis , de León X , de Lulli , de Bruneleschi , y de otros muchos artistas , poetas , papas , historiadores, sabios , guerreros y navegantes do inmortal renombre.
Tal es la Florencia que ve la imaginación, en tanto que los ojos descubren sucesivamente un apiñado grupo de torres señoriales, cúpulas y campanarios; altos techos de enormes edificios ; graciosas siluetas de negros palacios destacándose en el limpio cielo; puertas almenadas ; jardines levantados sobre algunas azoteas; calles de árboles; puentes ; arcos; los anchos espejos del Amo caudaloso; suntuosas casas modernas; centenares de carruajes por todos lados; una inmensa muchedumbre á pie; lujo, animación, alegría, movimiento y ruido en la estación del ferro-carril , en los muelles, en el rio, en las calles, en las plazas, en todas partes... una gran capital, en fin, que recuerda á Milán , ó mas bien á Sevilla; pero que las aventaja en hermosura.
Mucho antes de entrar en Florencia , se han visto ya tres de sus principales maravillas , que son : la alta y esbelta torre del Palacio Viejo ó de la Señoría] el maravilloso Campanile (que desde el primer momento hace olvidar aquel tan estraño y bello que acaba de admirarse en Pisa ,) y sobretodo la audaz y gigantesca cúpula del Duomo, llamada Cúpula de Brunelteschi, del nombre de su autor. — Estas tres obras maestras, solitarias reinas del aire , hacen adivinar al viajero todo el esplendor de la ciudad que se estiende debajo de ellas.
Una vez intramuros, llama vivamente la atención la singular elegancia de todo lo que se ve ; el buen tono , por decirlo asi , no solo de las personas , sino de
484 DE MADRID A ÑAPOLES.
las cosas ; el decoro , el aseo , la gracia de las calles , de los edificios y de las gentes; el aire de decencia y de cultura que se respira por do quiera; la pulcritud y perfección del empedrado ; los contornos artísticos y la noble severidad de los palacios; la compostura y limpieza de la muchedumbre; el gusto, cuando no el lujo, de las tiendas; la aristocrática disposición de la entrada de los cafés y de los hoteles , y sobre todo el gran número do extranjeros de lodos los países , en particular ingleses(y entre los ingleses, centonares de fashionabilisimas inglesas), que han tomado carta de ciudadanía á las orillas del Amo, siendo para la patria de las flores una especulación y un adorno , ó sea el becerro de oro para los comerciantes y el figurín de la moda para sus'hijas.
Nuestro primer cuidado al salir de la estación del ferro-corril , fue venirnos a este hotel de l'Arno y hacer un ligero estudio acerca de la cocina de Florencia, que no nos pareció mala : en seguida nos marchamos á recorrer superficiaimetile la ciudad, en cuya operación hemos empleado desde la una de la tarde basta el oscurecer ; y una vez oscurecido , nos hemos vuelto á casa , de donde yo no he querido salir mas hasta referiros, como acabo de hacerlo , mi viaje de Genova á Florencia.
Ahora me resta daros una idea de las principales cosas que he visto esta tarde, durante mi primer paseo a la ventura por la corte de los Módicis.
En Florencia , como en Pisa , el Amo es la calle principal , la gran artería de la población , el boulecard que la parte en dos mitades.
A cada lado del opulento rio hay un ancho muelle , llamado tungo l'Arno, en que se levantan , sobre todo en el de la derecha , soberbios palacios y magníficos hoteles.
Desde el balcón del que nosotros habitamos se descubre toda la longitud de esa triple calle, ó sea cerca de una legua de muelles y rio, viéndose sobre este último hasta cinco puentes de variada forma, que son: il Ponte delle Grazie, sólido y viejísimo, sobre el cual se levantan algunas casas; il Ponte Vecchiu, que se halla casi á la puerta de este hotel , y que constituye uno de los principales centros del comercio de Florencia; pues, como el puente de Rialtode Venecia, sostiene dos hileras de casas, cuyos portales son otras tantas tiendas, ocupadas casi todas por plateros; ti Ponte á Santa Trinitá, compuesto de tres elegantes y atrevidos arcos elípticos y adornado con cuatro estatuas; il Ponte delta Car raja, asi llamado por los muchos carros que pasan sobre él, y Analmente, allá muy lejos, donde no hay ya casas á las márgenes del Arno , sino jardines y alamedas, il Ponte di Ferro, uno de los dos puentes colgantes tendidos sobre el rio en las afueras de la ciudad.
Después de recorrer de un eslremo á otro el Lungo l'Arno , hemos dirigido nuestros pasos á la célebre plaza de la Señoría ó del Gran Duque, que por sus monumentos arquitectónicos y por sus recuerdos históricos y poéticos, compile con la Piazzetla de Venecia , y que , por las obras maestras de escultura que la adornan , hace adivinar lo que debieron de ser las plazas de Aleñas , cuando las
DE HAÜRIÜ A ÑAPOLES. 418 obras de Fidias , Plaxiteles y Cleómenes recibían en ellas la lluvia del cielo y las reverentes miradas de los mendigos ociosos.
Iglesia de Sania Croie en Florencia.
En el foro de Florencia, son Miguel Angpl , flcnvenuh C ellini, Juan de Bolonia y Donatello los que escitan la admiración de los transeúntes.
Allí , a todas horas , siempre que paséis , podéis ver (y hasta reparar en que mucha gente cruza ya cerca de ellas sin mirarlas) cinco ó seis obras maestras de aquellos inmortales artistas.
Allí habéis empezado por admirar el aspecto general de la plaza , irregular
466 DE MADRID A ÑAPOLES,
eo su forma , pero muy pintoresca por lo mismo, hermoseada por la noble, severa y elegante fachada del Palazzo Vecchio, capitolio de Florencia, por los grandiosos arcos de la Loggia de 'Lanzi , donde se reunía el pueblo á conferenciar sobre la cosa publica, y por el célebre Palacio Ugoccioni, que unos creen ser obra de Rafael y otros del renombrado Palladlo.
Al pie de estos ediQcios veis primeramente .el famosísimo David de Miguel Angel, estatua colosal que representa al Profeta-Rey en los primeros años de su juventud, cuando no era mas que un sencillo pastor, pero ya arrogante mancebo. En mi entender, Miguel Angel ha querido retratar al hijo de Jessé en el momento que vuelve á su casa después de haber matado al Gigante Goliat. Su actitud es modesta y natural , digna y sublime al propio tiempo. Hállase desnudo, con la terrible onda ceñida á la bandolera, y la poderosa diestra caida. En su serena frente se adivinan ya las inspiraciones del artista , la magestad del monarca y las visiones del Profeta. La figura toda es un modelo de belleza humana. Por cualquier lado que se la contemple, ya al entrar en la plaza por la Galería degli lrffizi, ya al salir del Palazzo Vecchio, ora desde la Loggia, ora viniendo do la catedral, ¡qué sereno continente, qué esbeltez, qué pureza de líneas I — Muchos dicen que esta estatua, ejecutada por Buonarotti á la edad de 29 años, es la mejor obra de la escultura antigua y moderna. — Mañana , cuando vea la decantada Venus de Médicis, emitiré mi pobre voto.
Cerca del David hay un grupo colosal de Bandinelli, que representa & Hércules matando á Caco. — Aquella composición seria notabilísima en otra ciudad; pero en este sétimo cielo del arte apenas llama la atención.
En la Loggia compile honrosamente con la obra maestra de Miguel Angel el Perseo de Benvenuto Cellini , airosa y noble estatua de bronce , cuya fama es universal.
No lejos se ve una tercera maravilla, el Robo de la Sabina por Juan de Bolonia, admirable grupo de tres figuras escalonadas una sobre otra, en que el arte ha apurado todos sus recursos para hacer armoniosa y bella una escena tan erizada de dificultades. — El audaz raptor tiene sujeto bajo sus pies al esposo ó al amante de la beldad que ha cogido en sus brazos. El sabino rabia y se retuerce contra el suelo, mirando con desesperación a su amada. El romano contempla con voluptuosa codicia aquel mórvido seno que casi le roza la cara. La Sabina, cogida por las caderas , y pugnando por escaparse, se halla tendida boca arriba, sobro el pecho del soldado de Rúmulo , toda desnuda , tan hermosa como Dios la hizo , con los brazos levantados al cieto , cual si le pidiese auxilio , angustiada, bellísima, incitante, digno objeto de tan barbara contienda. Todo este grupo, de tamaño mayor que el natural , está labrado en un solo trozo de mármol de Carrara.
Para concluir, á la puerta del Palacio Ducal hay dos estatuas del Dios Término: al Norte del mismo palacio, una magnífica fuente de Neptuno, que me recordó la del Prado do Madrid , bastante inferior á la florentina;— más al Norte, una hermosa estatua ecuestre de Cosme I de Médicis, obra de Juan de Bolonia,
DE .MADRID A ÑAPOLES. 467 — y dentro de la Loggia, siete estatuas antiguas, de las cuales, seis representan otras tantas Galas prisioneras, y la sétima, Un soldado que sostiene elcuerjjo de Ayax moribundo. — En el arco de la misma Loggia que mira al Patio degli Uffizi, se encuentra el famoso y no muy bello grupo vaciado en bronce, Judit y liólo fernes, obra del inmortal Donatellot de quien ya vi en Venecia unos bellísimos bajo-relieves.
El Patio degli Uffizi, que acabamos de nombrar, contiguo á la Plaza del Gran Duque , puede considerarse como una parte de esta, ó como una continuación de la Loggia de Lanzi. A este patio , que no es sino una calle ó pasaje , a cuyos dos lados corren unos grandiosos pórticos , dan las ventanas del P alano degli Uffizi, célebre en todo el mundo por los tesoros artísticos que encierra. — Abajo, delante de los arcos de los pórticos, hay 28 estatuas que representan a los toscanos ilustres: Dante, Petrarca, Allleri, Maquiavelo, Galileo, Savoranarola, Giotto, Orcagna, Lorenzo el MagníOco, Donatelío, Leonardo da Yinci, Miguel Angel , Bocaccio , Ámerico Yespucio , Guido Aretino , Benvenuto Cellini , Nicolás de Pisa y otros que no recuerdo. — Todas estas estatuas han sido costeadas con los productos que los grandes duques de Toscana han sacado del juego de la lotería desde 1835.
Dejando para mañana o. otro dia el visitar el Palacio degli Uffizi , en que, según mis cálculos , hemos de pasar muchas horas solo para conocer las principales maravillas que guarda, nos fuimos en busca de la plaza de la catedral, otro de los grandes centros de Florencia , separada de la del Granduca (Gran Duque) por una sola calle , ancha , recta y hermosa , que toma sucesivamente tres nombres, y en la cual vimos al paso una de las mas notables iglesias de Florencia, llamada Or S. Michele , de que ya hablaremos.
En la Plaza del Duomo de Florencia , lo mismo que en la de Pisa , se ven agrupados tres diferentes edificios, á cual mas bello, que constituyen una sola obra:— -la Catedral, el Campanile y el Bautisterio.
Solo falta el Campo-Sanio ; pero en cambio se ven otras notables construcciones, dependencias y fundaciones de la catedral ó albergue de los canónigos, adornadas por dentro y por fuera con preciosas obras de arte.
Al mediodía del templo hay una piedra, il Sasso di Dante, en la cual, según la tradición , se sentaba todas las tardes el poeta á descansar de sus fatigas. — |Qace 560 añosl
La Catedral f Santa María del Fiore, — Santa María de la Flor, — así llamada del nombre de la ciudad, ó de sus armas, que consisten en un lirio rojo sobre campo blanco,) es una de las mas célebres de la cristiandad ; imponente como fábrica , grandiosa como pensamiento , respetable como historia y por los monumentos que encierra ; pero ni su fachada está concluida , ni el resto del estertor luce sus grandiosas proporciones á causa de los mármoles de colores que lo revisten.
El interior es sumamente pobre, ó por mejor decir, aparece muy desnudo y desmantelado, no bastando á sa ornamentación las obras de arte que allí se admiran .
30»
Entre las cosas que mas me han sorprendido en aquel espacioso templo , citaré un meridiano trazado en el suelo por Toscaneili, el maestro de Cristóbal Colon; los vidrios de colores de las altas ventanas; un grupo de escultura, llamado la Pietá, obra de Miguel Angel , quien lo destinaba á su sepulcro, y una pintura en madera, único adorno de una vasta pared, que representa al Dante, vestido de encarnado, coronado de laurel , con la Divina Comedia en la mano, y mirando á sus pies una vista panorámica de Florencia.
Este precioso cuadro fue ejecutado por Andrea Orcagna , el inspirado pintor que tanto hemos admirado en el Campo-Sanio de Pisa, constructor ademas de la Loggia de la Plaza del Gran Duque y escultor también muy famoso.
Orcagna , que murió en el segundo tercio del siglo XIV , pudo muy bien conocer a Dante, muerto en i 321 .
Como quiera que sea, siempre resultará que la república de Florencia, que tanto persiguió y afligió á Dante , le albergó pocos años después bajo las bóvedas de esta insigne iglesia , presentándole reverentemente á la veneración de los florentinos.
Pero la gran maravilla de la catedral es la famosa Cúpula de Brunelleschi, rival de la de San Pedro de Roma.
Brunelleschi fue el primero que se atrevió a levantar en los aires una obra de esta naturaleza, contra el dictamen de todos los arquitectos de su siglo, que le tomaron por loco cuando le oyoron esponer su proyecto.
Baste deciros , para que comprendáis cuán difícil se creía entonces edificar una cúpula de tan gigantescas dimensiones , que artistas muy renombrados propusieron que se empezase por llenar de tierra el centro de la iglesia , hasta que la cúspide de una montana artificial saliese por la abertura que se trataba de cubrir; por cuyo medio nada hubiera sido mas sencillo que construir una bóveda sobre aquella especie de moldo.
Este ridículo pensamiento tuvo sin embargo su lado ingenioso, que consistió en proponer que al formar el susodicho monte , se mezclasen monedas con la tierra, á fin de que el pueblo en masa se diese luego prisa á desocupar el templo... Asi y todo fue desechado.
Brunelleschi obtuvo al fin el permiso para ensayar su ¡dea, tan sencilla y tan barata (pues ni requeria grandes andamios, ni armaduras de hierro, ni arbotantes , ni ninguna de las pueriles precauciones tomadas hasta entonces por la ignorancia para acometer obras de este género), y levantó aquella portentosa máquina, aquel templo aéreo, cuyo diámetro pasa de 130 pies, y cuyo vértice dista 500 pies del pavimento de la iglesia.
Algunos dicen que la cúpula de Brunelleschi tiene mas mérito que la de Miguel Angel , que hemos citado, construida un siglo después...
( Vése ya desde luego , que tiene el de la prioridad. )
Pero este mérito, añaden, no consiste en la belleza, sino en el atrevimiento de la construcción...
Yo me alegro de que asi sea; pues de este modo conservo íntegra la ilusión
DE MADH1Ü A ÑAPOLES. 4GW con que espero ansiosamente el (lidioso instante en que pueda contemplar la célebre maravilla del Renacimiento, la decantada cúpula de San Pedro de Roma, llamada por Víctor Hugo en Nofre Dame de París: «Idea de desesperación... obra inmensa que merecia ser única; última originalidad de la arquitectura; (Irma de un artista gigante al pie del colosal registro de piedra que se cerraba...»
El Campanile, que se alza al lado del Dmmo , os, según ya he indicado, mucho mas bello que el do Pisa, si bien de forma menos estraüa.
Giotlo, el insigne Giotto, lo dibujó y empezó a construirlo.
Su estilo es gótico italiano, pero tan delicado y gracioso, que nuestro emporador Carlos Y decía que aquella»obra maravillosa «debería estar encerrada en un esluche , á fin de que el tiempo no la ajase. . »
El Campanile tiene 2b8 pies do alto. Es cuadrado, y consta de cinco cuerpos revestidos de mármoles de colores. El primer cuerpo está adornado de preciosísimos bajo-relieves , y el segundo do estatuas de estraordinario mérito esculpidas por Giotto, Donatello, Luca dclla Robbia y otros célebres artistas. Los otras cuerpos ostentan elegantes ventanas ojivales.
La idea de Giotto era coronar la torre con una pirámide do sesenta pies; pero ladeo (¡addit quo terminó la obra, no se atrevió á levantarla.
El Bautisterio es digno del Campanile, pero no tan bollo como el de Pisa.
En cambio , sus tros puertas de bronce están reputadas como otros tantos prodigios de arto.
Miguel Angel decia de una de ellas que merecia ser la puerta del Paraíso.
Débense á Andrés I'tsano y á Lorenzo (ikiberti, y su mérito consiste en los primorosos bajo-relieves que las adornan, y que representan asuraos tomados de la Biblia.
La puerta que mira á la fachada do la catedral , obra de Ghiberti , es la mas celebrada y la que lauta admiración causaba á Miguel Angel.
El mismo Rafael se complacía en decir que mas de una vez había tratado de imitar las purísimas formas de algunas de las figuras de aquellos bajo-relieves.
Ghibertt empleó veinte años en hacer las dos puertas que llevan su nombre, siendo de advertir que solo tenia veinte y tres de edad cuando obtuvo el encargo de ejecutarlas , venciendo á los primeros artistas de su época , entre otros a Brunelleschi , en el concurso que se celebró al efecto.
Fatigados ya de tanto ver y admirar, — y eso que no habíamos hecho mas que visitar dos plazas y una iglesia, — tomamos un cabrioló y le dijimos al cochero que nos {tascase por la ciudad , sin otro norte que su capricho , resueltos por nuestra parte á no detenernos ante cosa alguna , por mucho que nos maravillara.— De otra manera nos hubiera sido imposible formar esta tarde una ligera idea de toda la capital, según nos habíamos propuesto al salir del hotel.
Corrimos, pues, de calle en calle y de plaza en plaza , viendo á cada paso severos palacios de construcción etrusca , esto es , ciclópea , basada en grandes monolitos, y de una arquitectura peculiar de la antigua Florencia, que consiste
470 DE MADRID A ÑAPOLES,
en dejar lisos los ampios muros, sin mas adorno que una gran cornisa y algunas pequeñas ventanas de gracioso corte , altas y estrechas , partidas por una columna que forma dos arcos , tan semejantes a los de las ojivas góticas como a los de los agimeces árabes.
Estos palacios tienen un aspecto, á la vez elegante y sombrío, guerrero y voluptuoso, que recuerda á los aristócratas florentinos, tan ilustres en las letras y en las artes como terribles en la plaza publica ó en los campos de batalla.
El cochero nos iba diciendo entre tanto el nombre de algunos de aquellos edificios...—nombres que levantaban un mundo de recuerdos en mi imaginación.
—Este es el palacio Stiozzi Ridolfi , donde habitó Blanca Capello,— esclamaba.— Este es el Palacio de los Médicis , sfl primera casa , en donde vivían como simples banqueros, antes de ser llamados al gobierno de la ciudad y del mundo. — Este es el Palacio Strozzi, tipo y modelo de los palacios florentinos. — Esta es la Casa Buonarroli (la casa de Miguel Angel), donde vive todavía un descendiente de su familia y se ven dibujos , instrumentos y muebles que pertenecieron al grande artista, asi como su correspondencia!! — Esta es la Casa de Alfieri.— Esta es la Casa de Dante.— Aquí vivió Galileo.— Aquí Alaquiacellol...
Y mientras el cochero hablaba de este modo , íbamos encontrando estatuas y mas estatuas (pasan de 200 las que decoran las calles y plazas de la capital), fuentes y mas fuentes, grandiosos templos, magníficos arcos , millares de obras artísticas.
Y huyendo de tanta grandeza, abrumados por tantas emociones, salimos al campo, y en el campo encontramos centenares de lujosos carruajes, ocupados por lores ingleses , opulentos americanos y príncipes de toda Europa ; villas regias; bellísimos jardines; la grandiosa mole del Palacio Pili i, vista á lo lejos; la remota perspectiva de cúpulas y torres , debajo de las cuales sabíamos ya que nos esperaban nuevos prodigios de arte que admirar...— ¡Siempre Florencia! | Florencia por todas partes; cada vez mas bella y mas rica, mas elegante y seductora I
AI espirar el día, estábamos en el Monte alie Croci, elevada colina que domina toda la ciudad.
Desde allí conseguimos al cabo abarcar de una ojeada tantas maravillas; deslindarlas; sentirlas en conjunto...
I Florencia!. . . murmuraba yo todavía , como queriendo evocar en mi corazón nuevos deseos cifrados en esto mágico nombre, nuevas ilusiones compendiadas en él...
Lentamente fue apagándose en el cielo el resplandor del crepúsculo, mientras que del perezoso Arno iba levantándose una niebla blanquecina que empezó á ocultarnos la ciudad.
Entonces brillaron algunas luces en los balcones de los palacios , y luego en las calles y plazas...
Habia anochecido.— Ya era un recuerdo mi primer día en la patria de Ali-
DE MADRID A ÑAPOLES. 47 i
ghieri. — Aquellas Iuoes que brillaban en las tinieblas , me pareoian antorchas funerales que oircuian el túmulo de mis ilusiones infantiles.
En esto sonaron todas las campanas de la estensa ciudad , unas después de otras , pero confundiéndose al fin en una sola plegaria. . .
Era la Oración.
I Cuan lejos de la patria nos sorprendía la noche 1 El melancólico acento de las campanas decia claramente en su idioma universal : Are-María.
No éramos, pues, tan estranjeros en la culta, en la sensual, en la pagana
Cuando bajamos del Monte alie Croci , duraba aun en el remoto Occidente un cárdeno reflejo del pasado di a.
La vida en Florencia.— Costumbres.— Paseos.— Las floristas.— Teatros.— El Perro de Florcncia.-Pitti y Uffizi.—U Virgen de la Silla.- -La Venus de Medicis. -Iglesias.— Monumentos.— Salimos para Roma.
Florencia l»de diciembre.
Dentro de algunas horas saldremos de Florencia, donde he pasado siete dias inolvidables.
La hermosura de la ciudad , la amenidad de los campos , la trasparencia del cielo , la cultura y suavidad de las costumbres , los millares de obras maestras de arte que he admirado eu iglesias, palacios y museos; la belleza de las florentinas; lo apaoible de la estación; todo ha contribuido á encantar mi breve permanencia en la capital de la Toscana.
Sin la proximidad de la Noche- Buena, que me obliga á salir para Roma, por las razones que diré mas adelante , permanecería á las orillas del Arno mientras durasen estos hermosos dias de diciembre, ricos de sol y de alegría, que solo tienen su igual en España.
1 Oh, qué mañanas tan esplendorosas, tan risueñas, tan bonancibles !— Las aves , que creen llegada la primavera , abandonan sus nidos y vuelan anunciando sus amores. Los arboles conservan todavía las hojas del año que termina, y yo las confundo á veces con las de un año nuevo. Vistosas flores adornan los campos, las esquinas de las calles, los balcones de las casas, las tronzas de las florentinas , el pecho de sus amadores y sobre todo los grandes azafates de las floristas callejeras. Las damas principales pasean en coche abierto. Los ingleses fuman en los balcones de los hoteles , contemplando estasiados el océano de luz que inunda el horizonte , y no echando de menos seguramente las tristes nieblas de Londres. Al canto de los pájaros de que hablaba hace poco, se unen las voces de los innumerables organillos que recorren la ciudad , y también los ecos de mil
472 , DE MADRID A ÑAPOLES.
píanos, y el monótono solfeo de las melancólicas ladys y de las apasionadas siynorine que aprenden música, y las orquestas délos cafés, y por último, el sen de las campanas , que parece venir de remotas tierras, de apartadas costas , de otra península hermana de la Italia, bañada también por el Mediterráneo, querida también del sol y de las flores I . . ¡ Inolvidables dias , vuelvo á decir 1 Mi vida , durante ellos , ba sido la siguiente.
Por las mañanas he visitado las iglesias, que son verdaderos museos artísticos, famosos por su arquitectura y por los cuadros, frescos, estatuas y bajo-relieves que encierran.
Entre tanta maravilla de arte , recordaré eternamente, y recomiendo á aquellos de mis lectores que vengan á esta ciudad :
Los frescos de la capilla Jírancacci en la Iglesia del Carmine , sobre todo los Armados por Masaccio:
La Iglesia de Sania Croce , — que es á Florencia lo que San Juan y San Pablo a Venecia ; el Panteón histórico de la ciudad , — donde reposan en magníficas sepulturas Miguel Angel , Maquiavelo y Galileo ; donde se hallan los mausoleos levantados á Dante y Alfleri (el de este último esculpido por Cánova); donde hay preciosísimos frescos de Giotto, estatuas de Donatello, y hasta un cuadro de Cimabue, y donde se ve un sepulcro que encerró provisionalmente los restos de José Napoleón , rey que fue ó pensó ser de nuestra España:
El Convenio de San Márcos , lleno de sublimes pinturas del padre Juan de Fiésole , ó sea de Beato Angélico , de aquel artista seráfico , de aquel Platón del arte cristiano , en cuya misma celda vivió después otro religioso no menos ilustre, que parecía haber heredado su alma ; el infortunado Savonarola , espositor elocuente del ascético misticismo del monje artista , y paladín (como él) del espíritu puro, fuente de vida de la religión de Jesús, contra el materialismo pagano que volvía á la sazón sobre Italia ó, por mejor decir, sobre toda la cristiandad:
La Iglesia de Sania María Novella , donde hay que admirar, entre otras muchas cosas, la renombrada Madonna de Cimabue, «primer monumento del renacimiento del arte en Florencia» (dice un crítico), llevada en triunfo por el pueblo desde el taller del pintor á dicha iglesia; los célebres frescos de Ghirlandajo , maestro de Miguel Angel , que revisten todo el coro ; un Crucifijo, tallado en madera, obra de Brunelleschi , del que se dice que no tiene rival en el mundo, y un Juicio Final, pintado en un muro por Andrés Orcagna, quien no vaciló en colocar á Dante entre los bienaventurados, á pesar de que, como ya hemos dicho, el artista era casi contemporáneo del poeta:
OrSan Michele (es decir, a/iora San Miguel), originallsima iglesia, que ya he nombrado otra vez , construida para lonja de granos , y tan notable por su bella arquitectura gótica, como por las estatuas debidas á Juan de Bolonia , Ghi~ berti y Donatello, que adornan el esterior (1), y por el tabernáculo de mármol
(i) De estas estatuas , las mas bellas son la de San Jorge y la de San Lúeas , ambas ejecutadas por Donatello.— A esta última fue á la que dijo Miguel Angel, lleno de admiración :— «Márcos, ¿ por qué no me hablas?»
DE MADRID A NAPOLKS. 473 blanco, también de estilo gótico, obra del citado Orcagna , que se admira dentro del templo, y que constituye una de las maravillas de que mas so enorgullecen W>s florentinos:
Catedral de Siena.
Y Analmente , otros frescos de Ghirlandajo que decoran la sacristíá de S¿t,é Trinitá y representan la vida do San Francisco.
De intento he dejado para lo último el hablar de San Lorenzo, magnifj0_i
iglesia, propiedad y monumento de los Mediéis, doudo se ve la célebre Sacrt'&
'fo Nueva, construida y adornada por Miguel Angel para Panteón de aquel familia.
474 DE MADRID A ÑAPOLES.
Al II 96 admiran siete obras maestras de escultura de este soberano artista: la estálua de Lorenzo II de Médicis , ó sea il Pensiero (la meditación , el pensamiento), llamada asi por su actitud soñadora ; la Aurora y el Crepúsculo , figuras alegóricas que reposan sobre el sarcófago de Lorenzo; la estatua de Julián II de Médicis, sentado sobre su propio sepulcro; las del Dia y la Noche, figuras alegóricas reclinadas á sus pies, y un grupo de la Virgen y el Niño Jesús , no concluido, pero sumamente notable.
Cualquiera de estas siete estatuas bastaría ¿ la gloria de Miguel Angel. — Hay una sobre todo , la que representa á la Noche , que compite en belleza y espresion con las mejores esculturas de la antigüedad.
También forma parte de la iglesia de San Lorenzo la Capilla de los Médicis, mas lujosa que artística , donde están enterrados los grandes duques Cosme II y Fernando I , y se ven los mausoleos de Cosme I, Francisco I y Cosme III. — La tumba y estatua de Cosme II , de bronce dorado , es obra de Juan de Bolonia.
D* vuelta de las iglesias, en las cuales, como he dicho, pasaba la mañana, me dirigía á la Plaza del Gran Duque, donde se encuentra el correo. — Allí recogía mi correspondencia ; saludaba al paso con cierta familiaridad al David de Buonarroti, al Perseo de Cellini y á la Sabina de Juan de Bolonia; me hacia limpiar las botas nada menos que por un conde , primogénito heredero de una nobilísima y antiquísima familia , establecido con sus cepillos cerca de la Loggia de Lanzi; entraba á dar una vuelta por el gran salón del Palazzo Vecchio, donde evocaba las grandes sombras de la república florentina, ó creia oir la tonante voz de Savonarola, ó me contentaba con admirar las estatuas que lo decoran (entre ellas un magnifico grupo de Miguel Angel; La Victoria y un Prisionero), y las pinturas de Yasari (lastos de Florencia) que adornan los techos de aquella espaciosa estancia; y por último, al sonar las once, me dirigía al hotel, — a cuya puerta me esperaba siempre Jussuf, quien me daba los buenos dias con una infantil sonrisa y con este lacónico discurso :
— Almorzar.
Después de almorzar, nos íbamos Caballero y yo a la Galería del Palacio Pitti ó á la de Uffizzi, donde permanecíamos hasta las tres de la tarde...
Deseando y temiendo estaba hablaros de esas dos galerías. — En ellas hay 3,000 obras de arte, dignas todas de especial mención y muchas de ellas de un mérito tan estraordinario que no reconocen rival en el mundo entero.— ¡ Imposible, no digo describirlas, sino citarlas en un libro como este 1— -Imposible también pasarlas en silencio I
Para salir de este apuro, me contentaré con hablaros de aquellas que mas me sorprendieron, y cuyo recuerdo sobrenada todavía en el Océano de mis confusas impresiones.
Empezaremos por la Galería Pitti.
El Palazzo Pitti, construido por un comerciante particular, a quien se lo compró Leonor de Toledo ; llevado por esta en dote a Cosme I de Médiois, que trasladó á él su residencia , abandonando el Palazzo Vecchio ó de la Señoría , y
DE MADIUD A ÑAPOLES. 478
habitado después por todos los grandes duques de Toscana, es uo edificio inmenso , grandioso , originalísimo , levantado sobre enormes sillares toscamente labrados á la manera etrusca (de los que hay muchos cuya longitud pasa de ocho metros) y mas parecido á una ciudadela que á una mansión real. Detrás de esta construcción de titanes , hay unos estenslsimos jardines , que ocupan toda una montaña , llenos de estatuas , fuentes , escalinatas de mármol , grutas preciosas, y cuantos primores pueden imaginarse para combinar el arte con la naturaleza; y para que todo sea descomunal y ciclópeo en Pitíi, los Médicis abrieron un camino subterráneo (un túnel que diriamos ahora) entre este palacio y el de la Señoría, cuyo camino, que existe hoy, pasa por debajo del lecho del caudaloso Amo y va á parar á la Galería degli Uffizi.
La Galería Pitti se compone de diez y seis habitaciones en que hay colocados quinientos cuadros firmados por los mas grandes pintores del mundo, muchos de los cuales tienen allí sus obras maestras. Entrase, pues, en aquel lugar con un recogimiento respetuoso que se acerca bastante á la devoción.
Innumerables artistas, mujeres en su mayor parte, y entre las mujeres muchas inglesas, y entre las inglesas algunas muy lindas , hállanse encaramadas en altos andamios copiando las obras do otras edades.
Centenares de estranjeros (sobre todo americanos del Sur , rusos, ingleses y alemanes) discurren silenciosamente por aquellos salones.
Las mas elegantes y emprendedoras beldades de Florencia , elegantemente vestidas á la parisién, acuden allí, con pretesto de admirar los cuadros, á que las admiren á ellas los touristes , y estos , por su parte , no se desdeñan de dividir su atención entre el arte y la naturaleza. . .
En la Galería Pitti h&y hasta diez cuadros del divino Rafael Sanziot que son: la Vision de Ezequiel , pequeña tabla que encierra una de las creaciones mas inspiradas y grandiosas de la pintura; — el Retrato de Magdalena Doni, amiga del artista, tipo bellísimo que le sirvió de modelo (y no la Fornarina, como se creo por la generalidad) para sus Vírgenes mas inocentes é ideales;— el retrato de Angelo Doni, hermano de Magdalena ;— la Madonna dell' Impannata , ó sea del Encerado , llamada asi del que se ve en el fondo del cuadro;— un retruh del papa Julio //;— un retrato del Cardenal Bibbiena , del que hay otro repetido en el museo real de Madrid ;— un retrato de Tomasso Jnghirami\—\aL Madonna del Baldachino , obra de los mejores tiempos de Rafael , en que se ve á la Virgen sobre un trono, y debajo, cuatro santos de pie adorándola, y en medio de los santos, dos preciosísimos ángeles; — la Madonna llamada del Gran Duque, tan estimada del duque Femando, que la llevaba consigo siempre que viajaba; y finalmente , la famosa Virgen de la Silla , llamada por un crítico : « una de las obras mas célebres, no solamente de Rafael , sino de la pintura italiana y del arte en general.»
La Virgen de la Silla (Madonna della Seggiola) es la obra capital del Palacio Pitti, como la Venus de Médicis lo es de la Galería degli Uffizi.
El maravilloso cuadro de que nos ocupamos es un óvalo pequeño (de poco
47G DE MADRID A ÑAPOLES.
mas de una vara de mayor diámetro), pintado en madera , dentro del cual se ven admirablemente agrupadas tres figuras : la Virgen , sentada en una silla ; el Niño Jesús , reclinado en el seno de su madre y rodeado por sus brazos ; y San Juan Bautista , niño también , adorando á aquel de quien era el precursor. — La Virgen no es la figura mística, ideal, angélica, que pintaba siempre Rabel para representará la Reina de los cielos: es María mujer; es la nazarena; es la madre del hombre , llena de hermosura mortal , de gracia humana. De todas las Vírgenes del de ürbino , esta es la única cuya mirada se cruza con la del que la mira; cuyos ojos no se bajan con modestia. Si yo considerara en este momento á la Madonna della Segyiola bajo un punto de vista religioso, místico, fiiosófico, dina que por lo mismo que es la mas terrenal y seductora de las Vírgenes de Rafael , por lo mismo debe calificársela como la menos inspirada, como la menos sublime, como la mas vulgar dé todas ellas; pero considerándola bajo un punto de vista artístico , pictórico , académico , tengo que confesar que no puede darse figura tan bella , tan encantadora , tan graciosamente colocada, tan lujosa y elegantemente vestida como la hija de Joaquín. «Es el modelo de la belleza ideal, dice Viardol , pero no como la entienden los cristianos , sino como la entendían los griegos.» — Miriam, pues asta es la ocasión de llamarla asi, recuerda á Sara, á. Rebeca, á Esther, á Ruth y á otras hermosas mujeres del Antiguo-Testamento. Su cabeza ostenta una toca ó turbante amarillo, rayado de azul y rojo, dispuesto á la manera oriental. Un rico schall verde con franjas de brocado y flecos de oro cubre sus hombros y envuelve su seno. La túnica es también lujosísima, de una recia tela de color de escarlata. ¡ Y qué movimiento el de su cuerpo , eaarcado para mejor apretar contra su pecho al tierno niño 1 | Qué graciosa inclinación la de su cabeza 1 j Qué mirada aquella , fija en el que la mira 1 \ Cuánto arte y cuánta naturalidad en los menores accidentes l—Jcsus es también notable por - su angelical hermosura; pero lo es aun mas por la espresion de tristeza que anima su pálido semblante. «En él se lee , dice Viardol , el sentimiento de la víctima resignada á un sacrificio que dejará , entre los hombres á quienes habrá salvado, mayor ingratitud que amor y reconocimiento.»
Después de las obras de Rafael , han llamado mas particularmente mi atención los siguientes cuadros :
Las Parcas de Miguel Angel, en que aparte de la valentía del dibujo y la habilidad de la composición , he admirado la idea del soberano artista de representar á las hijas de Erebo, no en tres bellas diosas mas ó menos lúgubres, como hacían los griegos , sino en tros fortísimas y espantosas viejas que hacen pensar en las brujas de Macbhet :
La renombrada Bella de Ticiano , ó sea su querida , que según unos era una duquesa de Urbino, y según otros una hija del Palma el Viejo; magnífico retrato, pintado magistralmento , que representa á una niña sensual , ó sea á una jóven inocente , acaso próxima á dejar de serlo, blanca y rubia como Venus Afrodita, lujosamente ataviada, pero con el traje tan desceñido que deja ver los primores de su albo seno, y (¡raro capricho, que bien pudiera sor una alusión á la
DE MADRID A ÑAPOLES. 477 venalidad de la jóven!) adornada con una gruesa cadena de oro, que le ciñe el cuello, y entretenida en admirar otra cadena del mismo metal que tiene en las manos...
t Un San Bartolomé de nuestro Rivera (del cavalliere Giuseppe Rivera, spagnuolo; detto lo Spagnolelto, dice el catálogo), admirable pintura, no tan bella como la que tenemos en Madrid del mismo asunto y del mismo autor; pero notabilísima sin embargo:
Un San Francisco Asis, Armado de este modo : Josef Rivera, expañol, 1643, y un Retrato de un Italiano , obra también de nuestro compatriota:
Un Adán de Alberto Durero, admirable representación de aquel pobre hombre , á cuyos pies ba pintado el artista un pavo real y un ciervo , símbolos de la vanidad y la cobardía:
Una Virgen de Murilto, rubia, pálida, débil , andaluza á pesar de todo, graciosísima, pero tan inmaterial y mística como las mejores Concepciones del Rafael sevillano que se conservan en España:
Otra Virgen de Murillo, la del Rosario, con el Niño Jesús, que tiene en las manos una corona de rosas.— (Dice el catálogo de la Galería Pitti que el Gran Duque Fernando III compro este cuadro en 900 escudos (18,000 reales) al pintor Fedele Acciaj, que la habia adquirido del negociante romano Cartoni... — Y yo pregunto: ¿á quién se la compraría el negociante?)
La célebre Magdalena de Ticiano , de la cual vi una repetición en Yenecia, y otra no recuerdo dónde. — En esta obra magistral no se distingue solamente el pintor de las Venus como inimitable colorista, sino también como correcto dibujante, asi como por laespresion altamente cristiana de los afectos. — La penitente es hermosísima y tiene labios y ojos do ser lo que habia sido, pintados como Ticiano pintaba los encantos de la mujer ; pero esos labios y esos ojos revelan ya todo lo que el arrepentimiento habia labrado en el ánimo de la pecadora. Magdalena levanta los ojos al cielo y murmura una plegaria: hállase desnuda; pero sus manos cruzadas retienen contra el seno aquella abundante cabellera con que enjugó los pies de Cristo , y de este modo oculta los tesoros de su mortal belleza. Sobre las rocas en que se halla medio escondida, se ve un elegante vaso que recuerda el óleo precioso con que la amiga de María untó en el sepulcro el cuerpo del Crucificado. — En este vaso escribió el artista su nombre : Titianus.
La Judith de Cristóbal Allori , notable por so hermosura y terrible espresion, asi como por la idea que tuvo el pintor de retratar en ella á una querida suya que le daba muchos disgustos, y de retratarse ól mismo en el dormido Holofernes:
El lamoso Baile de las Musas y Apolo , pintado por Julio Romano sobre fondo de oro y en pequeñas dimensiones, para adorno de la tapa do un piano:
El Martirio de Santa Agata , de Sebastian del Piombo:
Un cuadro grande de Beato Angélico...
Y no digo mas... no puedo decir mas; pues á cada momento acuden á mi imaginación nuevas obras maestras de esos artistas y de los demás que llevo citados en este libro... Allí Yinci; allí Velazquez (tres retratos, uno de ellos de
478 DE MADRID A ÑAPOLES.
Felipe IV); allí Guido Reni; allí Francia; allí Tintoretto, Pablo el Veranes, los dos Palmas, Andrea del Sarlo , Rubens, Rembraot, Van-Dych , Salvator Rosa, Poussin, Pordenone, Perugino, FráBartoIomeo, Bronzioo, Correggio, Luini... ¡allí todos!
Y allí está también la Famosa Venus do Gánova ; que reemplazó en la Tribuna de Uffizi á la Venus de Médicis, cuando los franceses se apoderaron de esta y se la llevaron á París.
La Venus de Cánova sale del baño y se enjuga con un lienzo. Mas que la madre de Cupido, parece una estatua del Pudor. De cualquier modo, es bellísima, y Florencia la saludó con un grito de entusiasmo el dia que fue espuesta al público, llamándola Venus itálica, esto es, adoptándola como bija de la nación y digna rival de las Venus griegas. — Ya veremos nosotros dentro de poco si la escultura de Cánova puede compararse á la de Cleomenes. La Venus de Médicis ha vuelto á Italia, y nos espera en la tribuna de Uffizi. — Volemos en su busca.
La Galería degli Uffizi es mucho mas rica, mucho mas variada, mucho mas célebre que la que acabo de describir.— Asi es que rara ha sido la mañana que no la he visitado al paso , al ir ó al volver de Pitli , sin contar los días que be entrado en ella á las once de la mañana y no he salido hasta las cuatro de la tarde.
En gli Uffizi hay 1 ,800 obras de arle ; pero no ya solamente pinturas; sino también esculturas magistrales antiguas y del Renacimiento, bronces, vasos, camafeos, un museo e irasco, piedras grabadas, piedras preciosas, trabajos en marfil , inscripciones, etc.
Entre las pinturas, que pasan de 1 ,200, figura una colección de cuatrocientos retratos de pintores , pintados por ellos mismos ! . . .
Esto os dará una idea de la importancia y riqueza de aquella galería , fruto del amor de los Médicis á las bellas artes : amor que heredaron , como una tradición patria , las otras 'dinastías que han reinado después en Florencia.
La obra maestra , la primer maravilla de la galería degli Uffizi... pero ¿qué digo? la obra maestra del arte en general; la primera maravilla del mundo, al decir de la mayoría de los críticos; la joya de Florencia; la que por sí sola atraería innumerables peregrinos á esta ciudad , es la Venus de Médicis , esculpida en Atenas, cerca de dos siglos antes de la venida de Jesucristo, por el célebre Cleomenes, hijo del gramático Apollodoro, y encontrada hace 300 años en Tivoli, cerca de Roma, en la villa Adriana, donde estaba sepultada bajo escombros seculares, como tantos otros prodigios artísticos de la antigüedad.
La Venus de Médicis llamada así porque la adquirió Florencia en tiempo de un gran duque de esta familia ,— es (dicen los Ooreotinos) á las demás Venus, lo que Venus era á las demás diosas. También puede aplicársele á ella lo que decía Ovidio de la Venus de Praxiteles que se veneraba en el templo de Gnido, «que si estaba inmóvil, era solamente porque la mageslad divina se lo exigía.» — Roma y Nápoles poseen otras Venus griegas de estraordinario mérito ; pero declaran desapasionadamente que son inferiores á la de Médicis: no asi los fran-
DE MADRID A ÑAPOLES. 47* ceses, que tratan de hacer creer al mundo que la Venus de Milo vale mucho mas que la que nos ocupa... ¿Sabéis por qué? Porque la Venus de Mito está en París... No por otra cosa. — A lo menos yo , que he visto y admirado varias veces la noble escultura griega trasladada hace algunos años á las orillas del Sena, la hallo muy lejos de poder competir con la que he encontrado á las orillas del Amo.— Y como yo, opinan todos los no franceses que han visto entrambas maravillas.
Conviniendo, pues, en que la Venus de Médtcis es la mas bella obra del arle, comprended la emoción con que la habré contemplado. Si tanta satisfacción , si tanto orgullo causa al hombre el encontrarse en cualquier estremo material ó moral ; si tanto me ufané hace dos meses porque tenia delante el monte mas alto de Europa ; si tanto se engríe el que ha visto la muerte de cerca , el que ha avanzado hácia los polos mas que ningún otro navegante , el que ha tenido en la mano el primer libro que se imprimió , el que ha subido a la torre de Strasburgo, el que ha saludado la Pirámide de Cheops, el que ve al Papa, el que sufrió dolores inauditos; si tanto respetamos las supremas gerarquías de la prioridad, del tamaño, de la distancia, del peligro, de la vejez, del infortunio, del poder, de la novedad, de la rareza... ¡cuánto mas no debemos respetar, cuánto mas no debe envanecernos el haber admirado el estremo de la hermosura , la suprema gerarquía del arte I el ver el límite del genio humano ; el contemplar el modelo de la belleza mortal; el conocer, en On,á la mujer de piedra á quien han dicho tantas generaciones: — Tu ores la perfección de la forma; tn eres mas hermosa que todas las Iveldades amadas por los hombrej ; tú eres el noble tipo de la mujer ideal, la Eva del deseo, la Helena de los poetas, la madre del Amor.
De dos maneras hay que considerar á la Venus de Sli'dicis : como mujer y como escultura, ó sea como modelo y como ejecución.
Empezando por figurarnos que es una criatura viva, diremos que es de mediana estatura , quizás algo pequeña (4 pies , 7 pulgadas y 8 lineas); jó ven , muy jóven; pero bastante adolescida (lo que son las griegas á los 15 años); no delgada, pero fina, ática, sóbria de contornos; correcta y pura en la plenitud de sus hechizos; esbelta y voluptuosa. — Está completamente desnuda, de pie, en una púdica actitud , tratando , sin conseguirlo , de ocultar con sus manos (1 ) los tesoros de su cuerpo. Su rostro es un prodigio de hermosura... pero ¿qué digo? Toda ella parece modelada por las Gracias. ¡Qué suavidad de contornos I ¡qué armonía de proporciones l ¡qué morvidez! ] qué magostad y precisión de líneas! ¡qué trabazón de miembros I jquó perfección y qué hechizo I
Yo no sé dónde está la norma de la hermosura humana. Digo mas : yo he dudado alguna vez de que haya reglas que presidan al gusto, y hasta he hablado con respeto de la estética de los chinos , de los etiopes y de los indios de América... Pero ahora me arrepiento de haber sostenido tales paradojas, y creo firmemente que la raza caucasiana es el prototipo dol género humano. (¿Por qué
(O Los brazos han sido restaurados.
no ha de serlo en lo físico, si lo es en lo moral?)— El bello ideal de la mujer ha de residir, pues, en el gusto de esa raza, y aun me atrevería ¿ decir que ese gusto es un instinto de nuestros ojos.
Ahora bien , la Venut de Médicis es el modelo abstracto de la hermosura femenina, tal como la concibe la imaginación de los europeos ; tal como nos la reveló la naturaleza al florecer nuestra juventud ; tal como lo persiguen artistas y cantores ; tal como Dios debió fijarla al crear á nuestra madre Eva.
La Venus de Médicis causa el mismo efecto que el cielo, que la música, que el amor de madre , que todo lo absoluto : complace el ánimo ; serena la imaginación; infunde sosiego ; pacifica, aletarga, desvanece. — La vista se solaza en no encontrar el límite de la belleza: la sensación que resulta es indivisible, infinita: diriase que se vislumbra allí la eternidad. — Y ¿por qué no? La verdad es eterna, y la hermosura absoluta no es otra cosa que la verdad. — Bondad, verdad y belleza son un solo principio , que se llama Dios. — Y esta Venus ha sido esculpida para ídolo de un pueblo que adoraba á Dios en el altar de la hermosura.
Considerada como estatua , la Venus de Médicis es todo lo que hemos dicho; Itodo eso... fingido en mármol 1— lié aquí el resumen de su elogio.
Creyérase, sin embargo, que la ficción es la piedra, no la mujer. — Quiero decir que se duda de que tal piedra exista.— Aquel ser alienta; aquella carne palpita; aquellos dintornos no están fríamente precisados; aquella figura eslá compuesta, colocada por sí misma.— Tanta armonía no puede ser prestada. Tanta belleza no puede ser ageoa.— Asi es que lleváis la mano á la beldad con pódico temor, creyendo que va á sentiros, que vais á ofenderla, que va á moverse, que puede huir, y os asombra tocar el duro Paros, sentir el frío de la mentira, como otras veces habréis sentido el de la verdad, y convenceros de que la Venus de Médicis no existe ; que solo existe , ó por mejor decir , existió hace dos mil años, un escultor que se llamó Cleomenes, el cual fue, como si dijéramos, el Rafael de una religión que nadie profesa ya sobre la tierra.
Tan singular portento no se halla solo en la Tribuna degli Uffisi.
Aquella Tribuna es una especie do santuario del arle, en que se han reunido para que hagan compañía á la obra soberana de Cleomenes, otras cuatro estatuas griegas, escogidas entre las muchas queencierran las demás salas, y veinte ó treinta cuadros , que son otras tantas joyas de la pintura , escogidas también entre cientos y cientos de obras capitales.
Las estatuas son tan famosas, que basta nombrarlas para que los amantes del arte comprendan cuánto habré yo gozado en aquel maravilloso recinto.
Allí está el célebre Apollinoúe Praxiteles...— Allí el Arrotino (amolador), que otros llaman el Espía... Allí los renombrados Luchadores... Allí el Fauno bailando, admirablemente restaurado por Miguel Angel...— ¡Cuánto pudiera decir de cada una de estas inmortales estatuas, tan perfectas, tan vivas, tan elocuentes, tan simbólicas 1
De los cuadros que cubren las paredes, citaré solamente algunos, deteniéndome á hablar de muy pocos.
DE MADRID A NAF>OLES. El primero que llamó mi atención, por el contraste que hacia con la Venus de Médkis, fue una Venus de Ticiano, toda desnuda, tendida en un revuelto lecho, pintada con aquel prodigioso color en que no tiene rival el ilustre hijo de Venecia , bella sobre toda ponderación , y superior en mi concepto á las demás Venus del mismo artista.
Lagunas dr la rainpiíia ilc I'.oiu»
En cuanto al contraste que he indicado , consiste en que la Venus del pintor cristiano es sumamente sensual , pagana , lúbrica... mientras que la del escultor gentil es pudorosa, tímida y recatada, según dejamos dicho. Aquella toda es materia: en esta predomina el espíritu. La una habla á los sentidos: la otra á la imaginación. La florentina es la hermosura natural : la griega es el ideal del arte.
También encierra la Tribuna seis cuadros del divino Rafael , que son : un Retrata de una mujer, que parece hermana mayor de la Magdalena Don i de
i82 DE MADRID A ÑAPOLES.
Pitti ;— una magnífica y muy bien conservada repetición del Retrato de Julio II; —la Madonna del Cardellino (del Gilguero) aniñada, mas que modesta, sublime sin embargo , y para la cual debió de servirle de modelo la menor de las ])oni ; — el conocidísimo San Juan en el desierto, y digo conocidísimo, porque hay muchas copias de él en Europa , (copias hechas en el mismo taller de Rafael por sus ilustres discípulos , y tan parecidas al original que llegaron á confundirse con él)— la Madonna del Pozo, acaso la menos bella de todas las que creó el de Urbíno, muy parecida á la mayor de las hermanas Doni; — y últimamente , un Retrato de mujer, que unos dicen ser la Fornarina , mientras que otro3 lo niegan , no fallando quien dude que sea obra de Rafael.
Si es ó no la Fornarina , ya lo juzgaremos por nosotros mismos cuando veamos en Roma retratos incontestables de aquella celebre belleza: en cuanto á si es ó no de Rafael , yo soy de los que se inclinan á negarlo. El pintor de las Vírgenes no dió nunca muestras de ser gran colorista , y la Fornarina de tlffizi es un prodigio de color. Como quiera que sea , la figura de que hablamos es una hermosísima mujer y una hermosísima pintura. En la mujer no se cansa uno de admirar los negros y ardientes ojos , la altiva y serena frente, la cariñosa boca, las formas atrevidas del talle, aquellas trenzas negras coronadas de mirto, y aquella suave tez de los brazos y del cuello, bajo la cual parece que se ven fluir torrentes de calorosa sangre. En la pintura todo es perfecto: el dibujo, el color, el movimiento de la figura ; aquella piel de pantera que pende de uno de sus hombros, aquel tono de las carnes, y muy principalmente aquella inteligencia magistral del claro-oscuro, que hace destacarse del cuadro á la beldad , hasta el puuto de que cree uno posiblo envolverla y estrecharla entre sus brazos.
Mencionaré, por último, entre los demás cuadros que adornan aquel lugar, una Sagrada Familia de Miguel Angel , tres Escenas de la vida de Cristo por Mantegna; una hermosísima Madonna de Andrea del Sarto; un San Gerónimo de nuestro Ribera, y un retrato de Carlos Vdesjwes de la abdicación, á caballo, paseándose por la orilla de un mar alborotado, obra de Yan-Dick.
En las demás salas de la galería he admirado muy particularmente las esculturas , y entre ellas el famoso Jabalí griego ; el Baco, el Adonis moribundo y el busto de Bruto, obras las tres de Miguel Angel; la célebre cabeza del Fauno, ejecutada por el mismo á los quince años; un bellísimo Ganimedes antiguo, restaurado por Benvenuto; el Orador, gran estatua de bronce, que unos creen romana y otros griega; el busto de Cosme Ide Médick y el Casco y el Escudo de Francisco I, por Benvenuto Cellini; y finalmente, el renombrado Mercurio de Juan de Bolonia , uno de los mayores prodigios de la escultura del Renacimiento.
De las pinturas que encierran aquellas salas, no diré una sola palabra: tanto es lo que me ocurre que decir; tan innumerables son las que allí he admirado. —Tampoco hablaré de un tercer Museo (el de la Academia de Bellas- Artes), lleno también de maravillas, ni del Cenacolo de Foligno , atribuido á Rafael , ni del Museo Elrttsco , ni del Egipcio, ni de siete Bibliotecas públicas, en que hay
DE MADRID A ÑAPOLES. 483 millares de tesoros de libros raros , de manuscritos , de grabados y de autógrafos...
Y no hablaré de nada de esto , y en adelante seré mas parco en descripciones y enumeraciones de obras de arte, porque no se me oculta que este libro se desnaturaliza y quo la relación de mi viaje se amanera.
Esto es muy natural , y á todo el que recorra la Italia le acontecerá lo que a mí me ha suoedido.— Italia es un vasto musco, en el cual el hombre mas indiferente al arte (y yo no lo he sido nunca, a Dios gracias), acaba por aficionarse á él de tal modo, que se olvida dé la naturaleza, de las costumbres , de la política, de todas las demás cosas que se proponía estudiar en esta tierra, para no pensar mas que en estatuas, cuadros, monumentos y antigüedades de todo género.—Y es el caso que á medida que se baja por la península, estas antigQe- . dades, estos monumentos, estos cuadros y esculturas son mayores en número ó importancia. Después de Florencia... Roma, el panteón de los siglos : después de • Roma... Nápoles, reflejo de la Grecia, y teatro hoy de la resurrección del mundo pagano , cuyos espectros de mármol se alzan todos los dias de entre las cenizas de la muerta Pompeya y del sepulcro de lava que encierra el cadáver de Uerculano... — Hablar de todo esto sería cuento de nunca acabar.
Lo anuncio, pues, desde ahora (y nadie me acuse de irrespetuoso, de poco atento, do indiferente á la magestad del arte): será muy posible que en la prosecución de este escrito me veáis pasar al lado de grandes obras de escultura, de pintura y de arquitectura , sin hacer siquiera mención de ellas , ó citándolas muy someramente, por mas quo yo las haya contemplado con sumo detenimiento... Pero, os lo repito , las condiciones de esta relación y el objeto de mi Yiaje se desnaturalizarían completamente si hubiera de nombrar uno por uno todos los portentos artísticos quo me esperan en Roma y Nájioles, y aquellos de que no he hablado en Florencia. — Básteos saber que los catálogoj, los sucintos catálogos de los Museos de Pitti y Uffisi, de los Museos del Vaticano y el Capitolio, de las Galerías particulares de Roma , del Museo Borbónico de Nápoles y de las Ruinas de Pompeya, forman otros tantos volúmenes , y que todos juntos sumarian una obra tres veces mas voluminosa que la que me propongo dar al público.
En cambio de las pálidas enumeraciones que omitiré , volveremos á ocuparnos con preferencia de las costumbres y de la fisonomía do los pueblos que visitemos , asi como de los sucesos que amenicen mi viaje , lo cual no impedirá qne cuando se levanten á nuestra vista obras tan maravillosas y escepcionales como San Pedro do Roma, como el Coliseo , como el Juicio Final de Miguel Angel ó como las loggie de Rafael , nos detengamos delante de ellas y les consagremos algunas páginas.
Con que emprendamos el camino de nuestra enmienda, y antes de abandonar la capital de la Toscana , demos algunos toques más al cuadro que hemos empezado de nuestra vida y costumbres en las encantadas márgenes del Arno.
Os decia que desde las doce hasta las tres ó la3 cuatro de la tarde , permanecíamos en los Museos , Bibliotecas y Academias. A esta hora dábamos de mano
m DE MADHID A ÑAPOLES.
al estudio , y nos íbamos á Lungo l'Arno , donde tomábamos un coche que nos llevaba á le Cascine.
Le Cascine (las Queseras , llamadas asi de unas lecherías que pertenecían al Gran Duque) son en Florencia lo que el Bosque de Botona en París , lo que la Fuente Castellana en la villa de San Isidro ; el j>asco de buen tono , el lugar de cita de toda la gente que arrastra coche y de la que tiene buenos pies. Le Casciñese hallan al Oeste de Florencia, ente el Arno y el ferro-carril , y forman un vasto laberinto de alamedas , de umbrosos bosques y de praderas amenísimas en que pacen tranquilamente ¡numerables ganados.
Por todas aquellas calles de árboles discurren millares de ginetes y de coches. Los trenes mas lujosos pertenecen á estranjeros , sobre todo á ingleses y moscovitas. Los ingleses suelen ir en brakes, faetones y otros grandes carruajes de campo, sobre los cuales se ven apiñados en filas, ó espalda con espalda , viejos, niños, interesantes jóvenes , criados, nodrizas, tribus enteras. Los florentinos elegantes guian esos diminutos vehículos llamados cestas, en los cuales corren • desesperadamente como en una regata , ocasionándose apuestas y caidas que divierten mucho á las damas principales.
Esto os recordará como á mí los carros romanos.
Otros montan en esas jaqui tas, gráficamente denominadas ratas, ágiles y revoltosas como verdaderos diablos, que se hallan á un mismo tiempo en todas partes, puesto que no corren, sino vuelan, y permitidme la exageración. En cuanto á los jóvenes de la clase media (de los cuales ya hablaremos detenidamente mas adelante), van á le Cascine en ómnibus por la insignificante cantidad de dos cuartos : allí se apean y pasan la tarde haciendo resonar sus espuelas ó crugiendo su látigo , como si acabasen de dejar detrás de algún árbol el caballo y el jokey , y luego , entre dos luces , toman otro ómnibus , que los lleva por otros dos cuartos á la Ptazza di Ognissanli.
Pero la gran particularidad de este paseo es el alto ó parada que hace todo el mundo en un sitio llamado t7 Piazzonc, delante del instituto Agrario.
De allí parten ó allí vuelven lodos los ginetes y todos los carruajes que recorren en dispersión las varias alamedas de le Cascine. Allí hay todas las tardes una especie de tertulia ó de exhibición de damas y galanes , que debe de ser sumamente grata á unas y otros. Las damas permanecen en sus coches (estrechamente agrupados,) y entablan coloquios de ventanilla á ventanilla, mientras que los galanes , dejando sus caballos á tos jokeys , discurren de aquí para allí , saludando á las elegantes florentinas , recordando las conversaciones de la tardo anterior ó de la noche pasada, ó citándose para la siguiente en tal baile ó tal teatro.
Entre aquella brillante multitud he visto dos tardes al gran poeta Niccolini, al Quintana de Italia, al amigo y condiscípulo de Silvio Pellico y de Manzoni.
El autor de Giovannida Procida y de Amoldo da fírescia es hoy un anciano octogenario, cubierto , (¡orno Rossini , de una rizada peluca rubia, y adorado y venerado por toda Florencia.
uiguiz
CjOoqI
DE MADRID A ÑAPOLES. 4*5
Las obras Je Juan Bautista Niccolini , especialmente sus últimas tragedias, respiran uu ardiente patriotismo que ha contribuido no poco á hacer popular en Italia la idea de la unidad.
Suyo es también un terrible soneto digno do Dante, que saben de memoria todos los italianos y muchos que no lo son , y que yo voy á permitirme estampar á continuación, no sin advertir, para mayor asombro de mis lectores, que Niccolini lo improvisó hace dos años , esto es , á los setenta y seis de edad.
En cuanto al asunto ó titulo del soneto, no lo sé á punto Ojo.
Los versos dicen asi :
Merelrice de¡ re non sol tu sei , nu concubina d'ogtii vil soldato che ai nostri dan ni qui discenda ármalo , prodiga di te stessa á tutti i rei.
Gridi á tutti i tiranni : ¡Oh figli miei ! ed il sangue dei popoli versato dalla mano che armasti , ognor ti é grato ; lo oro vi lavi é benedici a lei.
Ognun dice di te : Dio prende á scherno , ed oro é sangue é sangue ed oro agogna inebríala del furore eterno.
Precipitaste si nella tua fogna , che uulla á far ti resta, c uell' Inferno anche il Borgia di le sentí vergogna !
Amenizan, por fin, aquellas tertulias de le Cascine, las célebres floristas de Florencia , y perdonad la cacofonía.
Estas floristas son por lo regular hermosísimas jóvones de los alrededores de la capital (contadine), lujosamente vestidas con una saya corta de vivos colores, medias encarnadas , un gabancillo redondo , y el clásico sombrero de paja, de alas amplísimas , en que cifran su mayor lujo. — Hay sombrero de estos que vale 1,000 ó 1,500 reales: son finísimos, y sumamente graciosos: el ala anterior se dobla lánguidamente hácia atrás : la otra ala les cae hasta la cintura.— Asi corren de coche en coche aquellas discretas campesinas , con un elegante cesto lleno de flores colgado de un brazo y un ramillete en la otra mano : asi asaltau á todo el mundo , ligeras como mariposas , repartiendo flores á diestro y siniestro , sin previa consulta y sin pediros nada ; y se van ; y luego vuelven , y os miran y sonríen , y vuelven á irse si tratáis do devolver el ramo ; hasta que al do tenéis que darles lo que se os antoja , pues las flores no tienen valor en Florencia, y entonces la contadina os dice algunas lisonjeras frases , y se deja requebrar un poco, y se pone lo mas bonita que puede, y acabáis por comprender que ella es la mejor flor de su mercado. . . Pero ya es tarde para hacer semejantes reflexiones; pues la mariposa está lejos de vosotros, libando en otro bolsillo, ó ha emprendido , saltando y brincando , el camino de su aldea.
486 DE MADRID A ÑAPOLES.
Al oscureoer regresábamos á Florencia y nos Ibamos al magnifico gabinete de lectura de Viesseux , donde encontrábamos periódicos españoles : de allí nos marchábamos al hotel , á hacer por la vida , y del hotel nos dirigíamos al café de Italia á esperar la hora del teatro.
En el café de Italia he contraído una amistad singularísima con uno de los seres mas populares de esta capital.— Tal es el insigne Borrase/tino , llamado comunmente el Perro de Florencia. Es esto un perro lobero, negro y dorado, que perteneció á un oficial austríaco muerto en Solferino. Su amo se lo dejó aquí cuando partió para la guerra, y el porro sigue esperándole, haciendo la vida que aquel hacia. Florencia, que sabe que el perro es huérfano, se ha guardado muy bien de decírselo ; pero lo ha adoptado y lo cuida con particular ternura. Borrasquino es aristócrata si los hay : almuerza en el restaurand de la Yille de París : va á paseo á le Cascine en el primer coche que encuentra al paso , con tal que huela á noble : allí se baja y pasea á pie : luego vuelve en otro coche particular , convidado ya á comer por algún principe ó duquesa : el dia que no lo convida nadie , se va de fonda. Esto sucede muy pocas veces. Después de comer, pide permiso para retirarse y se encamina al café de Italia. Allí toma un poco azúcar con algún amigo , y anda de mesa en mesa , mezclándose en todas las conversaciones, inquiriendo sin duda noticias de su amo. Los mozos de todo establecimiento se guardan muy bien do importunarle ; pues el animal ha demostrado ya mas de una vez , con sendos mordiscos , el desprecio que le inspiran los criados. Desde el café se va al Casino d' Nobifi, donde pasa la noche en vela, como verdadero elegante, y á la madrugada se duerme sobre algún sofá, en compañía de los jugadores y los calaveras de buen tono.
Borraschino me fue presentado en el café de Italia ; yo le convidó á helado y barquillos , y desde entonces no ha dejado de saludarmo donde quiera que mo ha encontrado.
No só por qué esta broma do toda una población mo ha parecido muy seria. ¿Qué significan tantas muestras de amor hácia un perro tudesco? ¿Es una tímida espresion do afecto á la autonomía de Floroncia , perdida en la misma guerra en que murió el amo de Borraschino? — No quiero creerlo. La pensadora Toscana da muestras todos los dias de hallarse contentísima bajo el cetro do Víctor Manuel. Y ¿cómo no? La unidad italiana era hace mucho tiempo el bello ideal de los florentinos , espresado por todos sus artistas , poetas y escritores. Asi es quo Ricasoli, luogo-tencnte-generalc del ex-Gran Ducado, no encuentra entorpecimiento alguno en la opinión pública al gobernar el nombre del rey de Italia. — El amor á Borraschino será, pues, mera poesía.
En el cafó de Italia he hecho algunas observaciones y averiguado mas de cuatro cosas. — Son las siguientes.
La clase media de Florencia es avara ; y si no avara , sumamente económica, y si no económica, demasiado pobre para su educación y sus necesidades.
Como quiera que sea , hay una infinidad de jóvenes en la población que llevan una vida casi elegante á muy poca costa, -¡por 10 ó 12 reales diarios!
DE MADRID A ÑAPOLES. 487
Es de advertir que Florencia es estraordinariamente barata, sobre todo para los florentinos.
Diríase que estos han contratado ayudarse unos á otros á Gn de poder hacer á los ojos de los estranjeros un mentido alarde de la antigua grandeza.
Ya os he dicho que van por dos cuartos á le Cáseme y que vuelven por otros dos. Ahora bien : en el cafe" de Italia, que acaso es el mejor de la capital , almuerzan cafó con leche y pan por tres ó cuatro cuartos; comen por un franco.. . y aun hay cafés y restaurands en que se come mas barato; van al teatro por dos ó tres reales ; fuman casi de balde , y asi resulta ello ; y hasta refrescan y se convidan á si mismos á media copa de tal ó cual licor.
Consecuencia de esta refinada economía, es que cuapdo pedís algo en un cafó, el mozo os replica en seguida: Mire usted que eso cuesta tanto...
Es observación que he hecho en todos los cafés de Florencia.
Los pobres piden un céntimo... moneda imaginaria en otros países, pero contante y sonante en la ciudad de los Médicis ; y un soldó de propina arranca un saludo al mas finchado servidor.
La oficiosidad ó serviciosidad (palabra recien-nacida) de los florentinos pobres corre parejas con su avaricia. La nimia división del dinero ha traído consigo una nimia división del trabajo. Yo no tenia idea de oficios tan menudos , de servicios tan ténues como los que se prestan en Florencia. Los franceses, con todo su ingenio mercantil , no han llegado ni con mucho a las prévenances interesadas de los vagos de esta ciudad. Pondré algunos ejemplos. — Si vais á entrar en una casa, se os adelanta un hombre, que no sabéis de dónde sale, se quita el sombrero , os saluda y sonrio ticianescamente , dictándoos : Escclencia , no se incomode... y tira por vos del cordón de la campanilla, después de lo cual os hace otra reverencia y os alarga la mano... añadiendo, si os quedáis asombrado: Cualquier cosa... ¡un céntimo! — A mime ha sorprendido un raro personaje, en e\ momento que yo iba asacar el reloj para ver la hora... y me ha dicho: Escuse: no se incomode: son las siete y dos minutos. Déme cualquier cosa... Y me mostraba abierto un reloj de oro que marcaba la hora susodicha. — Otro señor muy bien portado me ha detenido a la puerta de un teatro , con el sempiterno escusa ; ha sacado un pañuelo del bolsillo; me ha limpiado el polvo de las botas y me ha dicho: Como usted quiera... esto es; si usted quiere me da algo, y si no , lo deja.
Podría citar cien casos como este.
Florencia es un pueblo parásito, que se nutre do los estranjeros. 'Yo creo que hay establecida en la Toscana una vasta asociación cuyo solo objeto es csplotarlos... — Podrá ser casualidad; pero oid lo que á mí me ha sucedido.
Cuando visitamos en Liorna el Bazar Oriental , preguntó si había alguna pequeña piedra dura con el nombre de Dios grabado en árabe (cosa muy común en Oriente), á fin de montarla en una sortija. Dijéronme que no; pero que podría encontrarse. Yo repliqué que dejaba en aquel instante la ciudad. — Y ¿á dónde se dirige usted? me preguntó el comerciante. — A Florencia, le respondí.— Tal vez allí la encuentre, esclamó un jóven que habia entrado en el
483 DE MADRID A ÑAPOLES.
bazar poco después que nosotros. — Pues bien, á los cuatro días, hallándome en Florencia, en el gabinete de lectura que he citado, llegóse á mi un caballero y me dijo :
—¿Quiere usted comprar una incisione Arabe para una sortija? Imaginaos mi sorpresa. — Ycamosla , le contesté.
La inscripción no era árabe, sino judia... / Vade retro! No compré, pues , la incisione , ni el hombro me quiso declarar que hubiese recibido carta alguna de Liorna anunciándole mi deseo. En cambio, me hizo esta otra proposición: —Su compañero de usted tiene un magnifico gabán blanco... Lo decía por Caballero. — Es verdad , respondí.
— Ayer lo llevó al teatro... repuso él. ¿Quiere usted comprar otro que yo tengo exactamente igual al de su amigo? — No , señor.
— Asi irían ustedes iguales... — No tengo empeño en ello. — Lo cambio. — Déjeme usted en paz. — Escusa...
Aquel hombre iba al dia siguiente por le Cascine en compañía de un jóven muy elegante, y en un coche particular sobre cuyas portezuelas se veia una corona de marqués.
— ¿Quiénes son aquellos dos señores? le pregunté á una florista.
— El uno es el marqués de. . . tal
—Ese es el dueño del carruaje. ¿Y el otro? ¿El del gabán blanco?
—El conde de... cual.
Histórico.
No sé si sabréis que la mitad de los italianos son principes , duques , condes y marqueses. Esto consiste en que todos los hijos de titulo usan á un mismo tiempo de él; y después los hijos de estos hijos ; y asi continúan las dinastías... hasta venir á parar al limpia-botas de la ¿0991a de Lanzió al gitano del gabinete de lectura.
Desde el café de Italia nos íbamos por lo regular al Teatro Niccotini, llamado asi del nombre del gran poeta que ya conocemos.
En el Teatro Niccolini actúa una compañía francesa , que representa medianamente comedias y vaudeviltes. El público se compone generalmente de todos los estranjeros residentes en Florencia , los cuales acuden al reclamo de la lengua universal.
La mayor parte de los otros ocho teatros que contiene la ciudad, están todavía cerrados, y entre ellos el de la Peryola , que es el santuario do la música. Finalmente, desde el teatro nos veníamos al hotel, donde, al amor de la lum-
DE MADRID A ÑAPOLES. 489 bre , Caballero y yo nos servíamos reciprocamente de tertulia, ora en su cuarto, ora en el mió, cou asistencia de Jussuf, que preparaba el té con mas habilidad
que mía lady. En esas horas distraíamos nuestra soledad de estranjeros recordando la patria y la familia, contándonos las mas pequeñas particularidades de
490 DE MADRID A ÑAPOLES,
nuestra niñez y nuestros primeros pasos en la vida; hablando de mujeres y de hombres de Madrid y de otros climas, que maldito si se acordarían en aquel momento de nosotros ; pensando por último en que el año pasado, en estos mismos dias, nos hallábamos en Africa , bajo una tienda , en medio de unos montes solitarios, luchando con la intemperie y con la epidemia, rodeados de feroces enemigos, apartados de Europa , de la sociedad , de la civilización , de la mujer , del arte, ¡de todo!... y que sin embargo éramos mas felices, estábamos mas contentos entóneos, que en la culta Florencia ahora , por mas que esta sea la ciudad de la hermosura y los placeres.
I Oh 1 si : cada uno de estos dias es un inolvidable aniversario. ¡Gloriosas efemérides!— El dia 1 i acampé en Sierra-Bullones, y aquella noche fue la primera que pasé bajo la tienda, sin mas amparo que el de Dios. — El día lo oí las primeras balas, vi los primeros moros. El 17 la segunda acción; aquella retirada en las tinieblas, aquellos gemidos en nuestras filas... — Anoche... es decir, la noche del 18 de diciembre, el vendaval, el diluvio; el agua, el viento y la sombra envolviéndonos en un tiple sudario
En mi cartera de viaje están los apuntes con lápiz que hacia yo á la mañana siguiente, contemplando los estragos de aquella horrible tempestad.
«Ya no era solamente la lluvia , — dicen esos apuntes; era un viento furibundo, era un huracán rabioso el que azotaba á la tremante tierra. El mar unia sus bárbaros rugidos á tan fragoroso concierto; los árboles y las malezas crugían y se tronchaban ; rodaban las peñas, abandonando sus asientos seculares, y todo, en fin , cuanto tiene voz en la naturaleza se quejaba enfurecido de la inclemencia de los elementos...»
Asi escribía yo... en este mismo instante, hace un año, en aquellos montes desiertos , desabrigado , calado por la lluvia , insomne , hambriento , mirando las ruinas de mi casa de lona...— No, no esperaba yo ciertamente que un año después , hora por hora , recordaría aquel espectáculo , sano y salvo , en el centro de Italia , en la encantadora Florencia, con los pies y el estómago abrigados, y llena la imaginación de imágenes sonrientes , de prodigios de arte, do poéticas armonías, de pacíficos ensueños.
En la tertulia de anoche nuestra conversación giró muy especialmente sobre la proximidad de la Noche- buena ; lo que quiere decir que nuestra nostalgia subió de punto... — En cambio tomamos una resolución heróica.
— El año pasado , nos dijimos, celebramos la Noche-buena en Africa , tierra infiel y maldita. Este año va á sorprendernos en un suelo estranjero y entre gentes excomulgadas. .. Ya no tenemos tiempo de correr al seno de la patria y al lado de la familia, ni tampoco debemos abandonar la Italia cuando nos hallamos á un dia de distancia de la augusta Roma ; cuando nos esperan Nápoles, el Vesubio y Pompeya.— Lo que debemos hacer es dejar en seguida la pagana ciudad en que nos encontramos , y marchar á Roma , patria de todo el mando , donde la religión ofrecerá á nuestras almas el inestinguible hogar del catolicismo , en torno del cual hay sitio para todas las gentes , para todos los peregrinos , para todo
DE MADRID A ÑAPOLES. 191 el universo. Por la historia , por la lengua y por la fé , somos ciudadanos romanos. . . Cites romani sumus.. . Celebremos , pues , la Pascua en Roma.
Y diciendo y haciendo , en aquel mismo instante empezamos á disponer nuestra partida, que se verificará esta tarde á las cinco.
Debo advertiros autos de marchar, que el buen tiempo ha concluido. Hoy ha amanecido lloviendo. Principia, pues, el invierno en Florencia.
Esta circunstancia contribuye á añadirle no sé qué triste solemnidad al viaje que vamos á emprender : solemnidad y tristeza que cuadran perfectamente al estado de nuestro ánimo.
Yo no comprendería una peregrinación á la ciudad eterna sino con dolor y fatiga. . . y nuestro viaje promete ser sumamente penoso.— El ferro-carril solo llega á Siena , donde dormiremos esta noche y pasaremos mañana el día , viendo aquella ilustre ciudad y buscando diligencia ó silla de posta que nos Heve á Roma. —Cruzaremos, pues, el Sub-Ápenino toscano con agua, viento y nieve, á merced de un postillón y cuatro caballos.
Por otra parte, muchos nos dicen que es temerario hacer esta espedicion en un tiempo de tantas revueltas y calamidades, y hasta nos hablan de recientes robos en los bosques que habremos de atravesar...
— «Adelante, y fiemos en nuestra buena estrella...» ha sido nuestra contestación.
Jussuf, el islamita, no encontrándose asistido de la devoción que á nosotros nos fortalece, ha oido nuestra conversación acerca do los bandidos con aquella atención ó aguzamiento de orejas con que escuchan los caballos árabes los pasos de una remota caravana ; después de lo cual nos ha abandonado sin hablar una palabra; ha estado ausente unos diez minutos, y se nos ha aparecido de nuevo con los ojos radiantes de animación y su infantil sonrisa en los labios.
Caballero no ha reparado en nada de esto ; pero yo , que no pierdo nunca de vista al pobre moro , porque todo es en él digno de estudio , le he llamado aparte cariñosamente y lo he dicho :
—¿Qué hay de nuevo?
—Mira , me ha respondido , entreabiéndose la camisa y enseñándome á medias un larguísimo cuchillo.
—¿Y para qué os eso? le he preguntado.
Jussuf se ha puesto pálido y luego rojo , y su mirada me ha reflejado mil escenas diferentes: el miedo al viajo que Ibamos á emprender; la lucha con los bandidos; las puñaladas, la sangre, nuestra victoria... ¡qué sé yo cuantas cosas mas!
Por último ha rocobrado su calma, y por toda contestación á mi pregunta, me ha dicho dulcemente, cerrándose la camisa y señalando hácia el Puente Viejo: — Medio duro.
Es la cantidad que acaba de dar por el cuchillo. Cualquiera hubiera creído al contemplar esta escena, que Otelo estaba de vuelta en Italia.
492 DE MAUHIL) A ÑAPOLES.
Caballero echaba enlre lauto cuentas cou una Guia en la mano, y murmuraba gozosamente :
— ) Pasado mañana en Roma I
VI.
Un matrimonio feliz.— Siena.— La última ciudad del mundo.— La frontera de los Estados
del Papa.
Estamos encamino.
El tren ha partido de Florencia á las cuatro y cincuenta y cinco minutos.
A esa hora, era ya de noche. — Sigue lloviendo. Hace un frió espantoso.
Florencia me ha dejado á mi antes que yo a ella. Durante las últimas horas que he permanecido en el llamado Jardin de Italia , su hermosura , su alegría, las hojas de sus arboles, los esplendoras de su cielo... todo ha desaparecido. — Asi es que la abandono sin sentimiento.
Llevamos una hora de viaje. — Del pais que vamos recorriendo solo puedo decir que está cubierto de nieve. — Lo demás lo ocultan las tinieblas.
Al llegar á Etnpoli, dejamos el camino de hierro de Pisa (Sírada /errata Leopoldo), que se dirige á poniente, y tomamos la Strada [errata Céntrale Toscana , que va hacia el Mediodía por el valle del Elsa , y que unirá con el tiempo á Florencia y Roma.
A las siete de la noohe pasamos por Certaldo, donde en otro tiempo existió el sepulcro de Boceado.
En el mismo coche que nosotros van un caballero y una señora, jóvenes ambos, que se casaron en Florencia hace trece dias y que se dirigen á Ancolia, donde el marido tiene sus estados y su familia.
Y digo sus estados, porque el marido es como si dijéramos un conde reinante. —Ya tengo en el bolsillo su retrato y su tarjeta; pero sin embargo, no diré su nombre ni el de su bellísima esposa. — Temería turbar su naciente dicha entregándola á los vientos de la publicidad.
Los condes de M. han visto toda una aventura de viaje en su encuentro con dos españoles y un moro , ó quizás mas bien nos han convertido en espectáculo que contemplar juntos desde su trono de amor , en fecha que recordar mañana, en monumento commemorativo de su luna de miel.
Ello es que, sin desatenderse á si mismos, nos hacen rail y mil preguntas, con una gracia , una cortesía y una curiosidad tan infantiles (los enamorados se conducen siempre como niños), que nosotros no podemos menos de contestarles afablemente.
Verdad es que ellos han empezado por decirnos su nombre, el objeto de su viaje, la historia de sus amores , las condiciones de su carácter, sus ¡deas acerca de !a felicidad , sus teorías sobre el matrimonio , lo que debe ser la mujer, lo que
DE MADRID A ÑAPOLES. 403 es el hombre... etc., etc. ; todo esto hablando los dos á un tiempo, simulando riñas, reconciliándose con una mirada ó una pisadita, poniéndose muy colorados al entrar en ciertas materias, y diciéndose, en fin, en nuestras barbas, por remate de función y con una sublime llaneza , que se quieren mucho , que van á quererse siempre , y que ninguno de ellos se casara jamás en segundas nupcias.
¡Tienen veinte años!... (Ella no los tendrá todavía.) — ¡Se han casado hace dos semanas 1 1 Van viajando solos! — El la lleva á la casa paterna á que la conozcan su madre , sus hermanos y sus servidores. — Ella va soñando con un jardín que tiene el conde á las orillas del Adriático, con un pabellón que les han amueblado en ese jardín ; con los paseos que darán por el mar al resplandor de la luna de enero ; con las flores que abrirán en marzo; con las frutas que madurarán eu junio ; con el hijo que podrá tener en setiembre. . .
Esto último es una sospecha gratuita que á mí me ocurre.
En cuanto á sus preguntas, ya podréis imaginároslas. Que si somos casados... (esta ha sido la primera); — que si es bonita España... (es decir, que si será muy agradable amarse en España); — que si son bellas las españolas... (esto es, si se ama mucho en nuestro pais); — que si hay bandidos en España... (mas claro: si dos jóvenes enamorados como ellos correrían allí algún peligro); — que á dónde nos dirigimos... (traducción : que cuándo los dejaremos solos); — que si iremos alguna vez á Ancona... (sentido oculto: sean ustedes testigos de que hemos jurado amamos eternamente); — que si nos gustan las italianas... (esto lo preguntó el conde ; significado : si habia hecho bien en amar A su mujer); — y otras cosas por el estilo , y muchas muy diferentes, pero todas misteriosamente relacionadas con su dicha.
jOh amor, egoísta amor! ¿Qué es para tí el universo?
De las preguntas que le hacen á Jussuf y de las contestaciones de este, no digo nada.
Seria cuento de nunca acabar. • Son las ocho y cuarto : acabamos de atravesar un largo túnel abierto en una alta montaña.
Nos acercamos á Siena.
Siena , como otras muchas ciudades que no conozco , reviste en mi imaginación una forma poética, cuya lenta composición me seria muy difícil esplicar. Para mí , Sieni (Sena en español ; y do aquí el que digamos Santa Catalina de Sena para nombrar á la seráfica escritora hija de esta ciudad), Siena, digo, es para mí una triste y viejísima capital de perfiles góticos (cosa rara en Italia), monumento vivo de la Edad Media, y esqueleto, por decirlo asi, de la gran república gibclina que venció á Florencia en aquolla descomunal batalla de Campo Ajierlo
che fece F Arbia colórate ¡n ros90...
según la espresion de Dante.
Mi imaginación ve también en Siena la patria de la infortunada Pía di Tolo-
AU DE MADHID A ÑAPOLES.
mei, de aquella hermosa tercianaria á quien encontró el mismo Dante en el
Purgatorio , y de cuyos labios oyó estas melancólicas palabras :
¡Deh! cuando lu sarai tornato al momio, é riposato de la lunga vía , sequiló 'I terzo spírilo al serondo,
ricorditi di me, dio son la Pin: Siena mi fe': disfecemi Maremma : salsi colui, che' nnancllala pria,
disposando m' avea con la sua gemina.
«Acuérdate de mí, que soy la Pia: Siena me dió el ser: quitómelo la Marisma...»
Las Marismas, (le Maremme) son unas lagunas, de que habré de hablar mas adelante, que producen la malaria, azote del pais en que vamos a penetrar.
Siena me recuerda también (siempre con auxilio de Dante) á aquel terrible aristócrata, Farinala degli Uberli, que le preguntó al poeta en el Infierno :
¿Chi fur gli maggior tui?
(¿Quiénes fueron tus mayores?)
Farinala era el jefe del partido gibelino de Florencia y se refugió en Siena con todos sus secuaces, perseguidos por el partido güellb. — Dante, gibelino como él , y desterrado también de Florencia , lo retrata con este magnífico rasgo :
Ed ei s'ergea col pello, e con la fronlc, come avesse lo inferno ni gran dispilto.
Esto condenado que se muestra tan erguido y como despreciando el infierno en que se halla , es indudablemente una de las mas bellas figuras imaginadas por el autor de la Divina Commedia.
Siena , en fin , se me aparece precedida de la fama do ser la ciudad en que se habla el italiano con mayor pureza , en que las mujeres son mas hermosas , en que tuvieron su trono las arles hace quinientos años , en que entraron los españoles después de un largo asedio en tiempo de Cárlos V , y en que ondeó el estandarte de España basta 1557, que Felipe II la cedió á Cosme I do Médicis.
Por lo demás, yo veo también en Siena el fin de los caminos de hierro , que tanto han simplificado hasta ahora mi viaje; la última de las ciudades vivas, por muy muerta que se encuentre; el término de la moda francesa; el límite de los tiempos modernos y de la Edad Media ; la entrada á la antigüedad clásica; el principio de la región sembrada de ruinas.— Después de Siena , solo encontraré las osamentas blancas de las ciudades etruscas, ó mas bien el lugar en que se levantaron... y mas allá, la desierta campiña de Roma... y luego Roma, el panteón de todas las edades I
DE MÁDMD A ÑAPOLES. 4íK»
Siena, pues, es la última ciudad del mundo, el estremo de Europa. Ku adelante hallaré ol paganismo romano ó el paganismo griego, reflejos de Grecia ó del Oriente, el teatro de la mitología... — Áqui concluye también el imperio de la ley ; aquí terminan la libertad y la civilización ; aquí cesan las garantías del derecho. — Mañana quedaremos á merced de los bandidos cuando recorramos los campos, y á merced de una autoridad discrecional cuando penetremos en las ciudades. Después de Roma teocrática, vendrá Nápoles, presa de la anarquía , ensangrentada, carcomida por la inmoralidad.
Pero henos en Siena, ó por mejor decir , en la estación del camimo de hierro, situada a bastante distancia de las puertas de la ciudad.
Sigue lloviendo. Casi todos los viajeros que salieron con nosotros do Florencia se han quedado en las estaciones del camino.
Los condes de M..., Caballero, Jussuf y yo, con mas algunos campesinos que han venido en coche de tercera clase , somos los únicos que hemos llegado á Siena.
Los campesinos se han ido á pie, á pesar del frío y de la lluvia,— que empieza á convertirse en nieve.
Los recien casados han ocupado, á instancias nuestras', un cabriolé de dos asientos, único medio de traslación que se ha dignado esta noche venir á esperar el tren.
¿Para qué mas? La verdad es que si nosotros no hubiéramos formado parte del convoy , cualquier otro carruaje que hubiese acudido á la estación se habría vuelto de vacío.— Siena, lo digo de nuevo, es el fin del mundo.
Los condes de AI... han quedado en enviarnos el coche asi que los deje en el hotel del Aqutla Ñera , en el cual nos alojaremos también nosotros, vista la amabilidad , ó por mejor decir, la longanimidad con que nos han invitado los nuevos cónyuges á acompañarles a tomar el té.
En tanto , pues , que vuelve el carruaje , entreténgome en contemplar á la luz de un mugriento farolillo que alumbra la puerta de la estación, media docena de mozos que pugnan con Jussuf por apoderarse de nuestro equipaje y llevarlo á hombro á la ciudad.
Los tales mozos tienen la figura mas patibularia que haya figurado en melodrama alguno. — { Qué famélicas mejillas ! j qué lúgubres ojos I ¡ qué barbas y qué cabellos, negros como el delito! ¡qué luengos levitones!
Indudablemente, estos hombres han sido ó van á ser bandoleros.
No estará demás advertirle á Jussuf que no ha llegado todavía el momento de hacer uso de su cuchillo.. .
Pero hé allí el carruaje que desciende en nuestra busca...
Cinco minutos después entramos en Siena, por la Puerta de San Lo~ renzo.
La ciudad está edificada sobre altas colinas, y por consiguiente, casi todas sus calles son ásperas cuestas...
¡ Qué silencio! jqué soledad á las nueve de la noche en la que fue hace si-
496 DE MADRID A ÑAPOLES.
glos capital de un floreciente estado I — Las tiendas se hallan cerradas, las calles desiertas.
Al pálido fulgor del alumbrado público , vemos algunas enormes casas con portadas góticas, y á la luz de moribundos faroles, distinguimos ora una Madona bizantina, ora un Cristo pisano , enclavados en las encrucijadas de angostas calles...
Nos creeríamos en Toledo.
Llegamos por fin al hotel.
Los condes de M. nos aguardan en un abrigado gabinete , al lado de una antigua chimenea , delante de la cual hay una mesita en que está preparado el tó.
La joven y enamorada condesa ha tenido tiempo de cambiar de traje. — jCuán hermosa , cuán elegante , cuan fina y obsequiosa se nos presenta l
Al verla de pie , cerca de la mesita, poniendo azúcar en las tazas después de consultar el gusto de cada uno,créola una antigua amiga; parécome que estoy en Siena hace mucho tiempo y que asisto á una tertulia que ya me es familiar , y no comprendo , en fin , los hechos tales cuales son : esto es ; que hace cuatro horas no conocíamos á los condes de M. ni podíamos adivinar su existencia ; que esta tarde estábamos en otra ciudad; que nuestros nuevas amigos partirán mañana por distinto camino que nosotros y se perderán en el piélago de la vida, donde ya nunca volveremos á encontrarlos ; que nosotros esperábamos pasar esta noche en Siena sumamente aburridos y sin mas sociedad que algún estúpido camarero , y que mañana á estas horas nos hallaremos otra voz solos , muy lejos de Siena, rodando en una silla de posta por unos montes desconocidos cubiertos de hielo y nieve.
¡Oh imprevistos placeres del peregrino , fugaces alegrías del estranjero , hogares fugitivos que-Ie acogéis una noche, súbitas amistades que os perdéis en el olvido I... ¿Quó sois mas que una abreviatura de la vida humana?
El conde do M. conoce á Siena , por haber estado ya aquí varias veces. El nos ha dicho que un gran edificio que so levanta en frente de este hotel , y cuyo negro muro casi se puede tocar con la mano desde tos balcones del gabinete en que nos hallamos, (tan estrecha es la calle que los separa), es el Palacio Tolomet, en donde pasó su primera juventud la desgraciada Pia, cuya lamentable historia recordaba yo en el ferro-carril.
Aqui la conoció pura y hermosa el implacable ¡Vello della Pietra: aquí se casó con ella: de aquí se la llevó á su castillo , — como el conde de AI. se lleva á su mujer á Ancona. Una vez en el castillo , delinquió ó no delinquió la castellana; é inocente ó culpable , que esto no lo se yo á punto fijo , fué condenada por el celoso y cruel caballero á vivir en una solitaria mansión que se levantaba en medio de las Marismas... donde la fiebre y la tristeza la consumieron lentamente.
I Si vierais que cara ha puesto la condesa de M. en tanto que recordábamos la historia de Pia dt" Tolomeil
— |Dios mío! habrá csclamado en su interior la pobre jóven. ¿Seria yo capaz de faltar á mi Francesco?... (Se me escapó el nombre.)— ¡Dios mió! ¿Seria
DE MADRID A iNAPOLES. 4&7 capaz mi Francesco de hacerme morir de tercianas en esa tierra desconocida á donde me lleva?
El conde Francesco ha adivinada estos pensamientos de su esposa , y la ha mirado angelicalmente...
Castillo de San Andelo cu Huma.
Pero son las once , y nuestro huésped lia acabado ya de fumarse un magnifico siyaro spagnuolo con que le hemos hecho fehiz , según asegura.
Demos las buenas noches de una vez para siempre á estos bienaventurados; despidámonos de ellas hasta nunca , y tomemos el camino de nuestro cuarto.
i<i* i f. M.\nnm \ napoi.es
Veinlp j nutro hous dfspa^.-
Siena lia realizado completamente mis ilusiones. — Esta ciudad es una escepcion en la Toscana. Ni sus palacios , ni sus iglesias, ni sus calles, ni sus plazas ostentan aquel aire risueño y pagano, medio oriental y medio del Renacimiento, que advertí en Pisa , Luca y Florencia. Siena es mas cristiana (quizas no tan católica), mas sombría , mas ascética, mas ideal.
En Siena , como en Pisa , la agonía que principió con la caida de la república, no ha entrado todavía en el período de reacción que hoy hace resucitar en Europa á otras muchas ciudades arruinadas. — Siena sigue muriendo, postrada, silenciosa, olvidada del resto del mundo. — De doscientas mil almas que encerraba en el siglo XV, ha quedado reducida su población a veinte y dos mil doscientas.
La originalísima Plaza del Campo, antiguo foro de la república, se halla rodeada todavía , como la plaza de Segovia , de las mismas casas que la adornaban en la Kdad-Mcdia. Allí se ve el soberbio Palazfo Pnhblico, en otro tiempo de la Signaría, obra del siglo XIII, con su altísima y gallarda" torre, con su elegante Lotjyia, con sus ventanas ojivales, con su almenado castillo.
Esta plaza se diferencia de todas las del mundo, en que no presenta una superficie plana, sino que está conformada como una inmensa concha.
En torno de ella gira una inclinada acera de esleídas baldosas.
Mas adentro está la célebre Fuente (¡aja , llamada asi de la alegría que produjo á los sieneses el ver que se había conseguido subir c! aguad su plaza favorita.
Esta alegría se encontrará muy justificada si se tiene presente que la ciudad de Siena aventaja en altura sobre el nivel del mar á todos los montes circunvecinos, y que por lo tanto fue sumamente difícil y costoso surtir de agua constante la susodicha fuente.
Por último, en esla plaza hay todos los años el dia lo de agosto unas famosas carreras de caballos ¡sobre las baldosas inclinadas de que hemos hecho mención!.. . cuya Desla no es tanto á quien corre mas, como á quien se mata menos; pues creo inútil decir que no hay año en que no se liña de sangre humana el improvisado hipódromo.
A todo esto se me había olvidado haceros reparar en que nos está nevando encima desde esla mañana. — Y lo peor es que al picaro viento se le ha ocurrido hoy juguetear con los copos de nieve y arrojárnoslos á la cara, lo cual, como podréis comprender , no tiene nada de agradable.
En cuanto a los condes de M. , salieron esla mañana para la insigne ciudad de Perugia.— La bendición de Dios les acompañe, como les acompaña mi envidia.
Mas no vayáis á creer que lo que envidio es precisamente la felicidad que ellos disfrutan: do; lo que yo deseo es otra felicidad semejante, de nadie cooo-
I»E MADIUD A ÑAPOLES. 499 cida, para raí destinada, galardón esclusivo de mis penas.— ¿ror qué lia de ser esto imposible?
Pero volvamos á Siena.
Además de la Plaza del Campo , hay en Siena un paraje en que se siente toda la grandeza pasada de la rival de Florencia.
Tal es la puerta del Bautisterio, donde , dicho sea entre paréntesis, escribo estas palabras a pesar de la ventisca.
Desde aquí se descubre la escalinata que sube a la plaza de la catedral , se ve un grandioso rompimiento de arcos, y se alcanza la severa perspectiva de palacios imponentes y terribles fortalezas. . .
Si alguna vez visitáis á Siena, no dejéis de hacer alto en este lugar.
Aquí os acudirán nobles pensamientos : aquí sentiréis los dolores de la despedazada Italia: aquí ,— mejor que desde lo alto de los Alpes,— podréis tender los ojos del alma sobre el presunto reino itálico, y recordar las regiones que acabáis de recorrer, — el Piamonte, la Lombardía , el Véneto , las Legaciones, Parma , Módena y la Toscana : aquí podréis darles uñ adiós , y disponeros á cruzar los montes que os separan de la campiña de Roma, de la otra mitad de Italia, del antiguo mundo, como ya la hemos llamado.
Decididamente , mi imaginación no puede estarse quieta en Siena : hace un momento se había ido de Perugia á España, pasando por la alta Italia, y ahora la sorprendo camino de Yitcrbo...
Me lo esplioo perfectamente. Es el vértigo de la espectativa : es la proximidad , es la atracción de la Ciudad eterna. Mis ideas zozobran hoy como los barcos que se acercan al Maehtrom. íloy no vivo: hoy no es para mí mas que la víspera de mañana. . . Y ese mañana ... es Koma !
A pesar de tan honda preocupación , visito la catedral , que es todo lo gótica que puedo serlo una catedral de Italia, y mucho mas de lo que yo me prometía. —El interior sobre todo, respira no sé qué poesía simbólica, litúrgica, propia de las iglesias del Ñorte.
Pero el gran prodigio del Dttomo son sus célebres pavimentos , cubiertos de magistrales dibujes debidos á un procedimiento muy raro que se llama graffito, — que no es el mosáico, aunque hace un efecto semejante. — Para contemplar tales maravillas , hemos hecho levantar por muchas partes el entarimado que cubre toda la iglesia. — Entre los portentos de arte que han aparecido á nuestros ojos , merecen particular mención una Eva de peregrina hermosura y un Moisés sobre el Sinai.
En esta catedral hay un magnifico piilpifo esculpido por Nicolás de Pisa, tan admirable, cuando menos, como los otros dos del mismo autor que hemos admirado antes de ahora.
También son de notar los frescos qje adornan la Librería, debidos á Bernardino Belti, llamado it Pinlurricchio, tan soberanamente hermosos, que algunos críticos se los han atribuido á Rafael.
Otras muchas obras de arle pudiera citar entre las que decoran el Duotno, y
500 DE MADRID A ÑAPOLES.
entre las innumerables que he visto hoy en varios templos; pero recuerdo mi promesa de ser muy sobrio en enumeraciones do obras artísticas , y paso á otra cosa , no sin recomendar á los viajeros , que visiten detenidamente todas las iglesias de Siena , asi como el htituto delle Ilellc-Arti.
De camino verán en la iglesia de Fonte Giusta, entre los ex-volo que adornan un altar, un machete indio, un escudo de armas y un enorme bigote de ballena , regalados por Cristóbal Colon cuando regresó por primera vez del NuevoMundo.
Por último, en Siena deben ser visitadas la famosa Universidad, que data de 1203 , y la Biblioteca pública , donde se enseñan algunas cartas dictadas por Santa Catalina'; pues es un hecho probado que la insigne autora del Diálogo con el Padre Eterno no sabia escribir.
Pero se hace de noche.
La nieve ha fatigado al viento y cao sosegadamente sobre la tierra. - Nuestros preparativos de viaje terminan ahora mismo. La silla de posta está dispuesta en el correo, esperando á quedemos la órdende enganchar á la hora en que se nos antoje, por desusada que sea. — Asi lo hemos convenido con el maestro de postas , no sin procurar hacerle creer que partiremos mañana muy temprano.
Lo que menos puede figurarse nadie es que nosotros , despuos de haber pasado el dia vagando por Siena , pensemos en emprender nuestra marcha con una noche tan espantosa... — Y sin embargo, este es nuestro plan.
Para llevarlo a cabo con la menor molestia posible, nos hemos comprado largos gabanes y altas botas de pieles; hemos dispuesto un aparato para tener luz dentro del coche , y hemos llenado de provisiones de boca una mas que mediana cesta de mimbres. — De esta manera, á eso de las once, cuando menos pueda imaginárselo la policía de los bandidos (pues los bandidos tienen en Siena su policía, que les avisa con antelación á qué hora salen viajeros para Roma, y á qué hora podrán pasar por los bosques de Bolsería); á eso délas once, digo, cuando todo el mundo dormirá en la ciudad y I03 caminos estarán custodiados por la nieve , nosotros mismos iremos al correo , despertaremos al postillón , le mandaremos enganchar, y el ruido del carruaje será la primera noticia quo tendrán los sieneses de mal vivir de que han volado los pájaros que creían tan seguros en el hotel del Aguila Ñera.
Y no vayáis á crecí-, vosotros los que me leéis, que al tomar estas precauciones calumniamos á los italianos, pareciéndonos á los ingleses y franceses que, cuando viajan por España, ven un bandido en cada pobre hombre ó encada palo de telégrafo... —En nuestro miedo no hay poesía ni exageración alguna. El dueño .del hotel y el administrador de correos nos han aconsejado la mayor prudencia y nos han referido mas de veinte robos que han tenido lugar este mes desde Siena hasta Viterbo... — Pero ¿qué mas? esta misma tarde, cuando estábamos ajustando la silla de posta, hemos encontrado á un correo de gabinete, español por mas señas , que acababa de llegar de Roma en aquel instante , y que ya ha se-
DE MADRID A ÑAPOLES. SOí guido su marcha hácía París , el cual nos ha dicho que ha hecho este viaje por tierra contra todo el torrente de su gusto , á causa de estar agitadfsimo el mar Tirreno ; que ayer ha encontrado una diligencia robada cerca de Monte fiascone; que en la espedicion anterior le robaron á él en Acqnapendente; que ni en los caminos ni en la frontera romana se encuentra un solo gendarme , y en fin , que procuremos viajar á horas desusadas y sin previo aviso á los maestros de postas. . .
(Permitidme consignar aquí, para quo no se me olvide , que puede escribirse una interesantísima novela titulada el Correo de Gabinete.)
Con que ya veis que los bandidos , y si no los bandidos (pues ya no los hay poéticos en la Italia central) al menos los jnrosátcos ladrones que tememos, tienen una existencia real y corpórea... y que nuestras precauciones no son nada quijotescas.
Hechas estas salvedades, partamos.
¿Y las hermosas sienesas? me preguntareis.
Es verdad : se me habia olvidado deciros que , con motivo de la nieve , me voy de Siena sin haber visto una sola mujer digna de estudio en ventana , balcón , calle ni iglesia.
En cuanto á las domesticas arrecidas y rebujadas que han andado hoy por la calle , tenían la nariz demasiado purpurada por el frió para que yo reparase en ellas.
¿Quién se para á mirar á una mujer que lleva la basquina sobre la cabeza , cubierta toda de nieve , con los pies llenos de lodo y las manos hinchadas de sabañones?
.............. .. . ..... .
Estamos en camino.
La silla de posta rueda toda la noche sobre un blando tapiz de nieve, por un país montuoso.
De hora en hora paramos en alguna aldea.
El postilion aparece entonces a la portezuela del carruaje , con su sombrero galoneado , su trágica barba , su casaquilla medio militar y su corneta de cobre, y nos pide la buona-mano (las agugetas, la propina).
Entre tanto, otro nuevo postilion sale de la casa de postas, asombrado de que se viaje a una hora y con un tiempo semejantes , y nos propone que pasemos allí la noche.
Nosotros insistimos en marchar en seguida, y apelamos al Keglamento de reales postas.
El postillón nos da excelencia (Dios se lo pague); nos suplica que no nos incomodemos; engancha nuevos caballos, y partimos.
Cinco minutos después de mudar cada tiro, notamos que andamos poco y hasta que el coche se para á veces.
— ¿Qué es eso, postillón? preguntamos.
— Non si puó andaré con questa nevé. . .
—No hagas caso de la nieve , y te daremos (re paoli mas de buona-man:
502 DE MADRID A ÑAPOLES.
— Grazie tante, cscetlcnza, contesta el postillón.
Y los caballos arrancan al galope , como si hubieran comprendido el diálogo.
De esta manera liemos pasado por Monlerone , Buonconvento y Torreniert.
Al cruzar por delante del ruinoso castillo de Buonconrento , he recordado que en él murió Enrique VII, emperador de Alemania, envenenado con una Hostia por un fraile güelfo , y la terrible carta que Dante escribió cuando lo supo. — Dicha carta ocasionó, como todo el mundo sabe., el destierro del poeta.
En Poderina , donde se muda tiro, nos despierta el postilion y reparamos en que principia á amanecer.
Ya no nieva. El país que se descubre á nuestros ojos es sumamente árido. Por todas partes se advierten huellas de antiguos volcanes y de horribles terremotos. Rocas feísimas erizan los accidentes del terreno. Ni una habitación, ni señales de cultivo por ningún lado. Entramos en la región asolada por la malaria ó aria caltiva.
La malaria es una enfermedad endémica de varios puntos del Oeste de Italia , procedente de los muchos pantanos y lagunas que se encuentran á cada paso. Esta enfermedad consiste en una fiebre intermitente y muy maligna , que ha acabado por despoblar estenslsimas comarcas. La malaria reina desde la primavera hasta mediados de otoño. Las pobres gentes á quienes la dura necesidad obliga á desafiar el tremendo azoto y que viven en pueblecillos situados sobre el camino que seguimos, parecen almas en pena, ó mas bien cadáveres ambulantes. ¡Qué lúgubres miradas las de aquellos hundidos ojos negros ! ¡Qué palidez sepulcral ! \ (Jué horrible demacración !
Dentro de pocas horas empezáronlos á ver a lo lejos algunas ruinas, ó el mapa nos indicará los sitios y los anticuados nombres de muchas famosas ciudades que ya no existen... La malaria acabó con sus habitantes, y la soledad y el tiempo se han encargado de talar sus campos.
La estación en que nos hallamos os la única saludable en este pais , y sin embargo , apenas encontramos algunos arrieros que parecen españoles, envueltos en sus capas y caminando lentamente detrás de perezosos asnos.
La gente de los citados pueblecillos usa unas capas coloradas y unos altos sombreros puntiagudos, que unidos á sus crecidas barbas, les dan un aire muy marcado de personajes de melodrama. La miseria, la barbarie y el aislamiento añaden sus tétricos perñles á estas melancólicas figuras y á sus pobrisimas viviendas.
Dentro de los mismos pantanos que producen la pesto, vemos entre los juncos algunos hombres desarrapados y de espantosa Üsonomla, montados en grandes caballos, no menos fatídicos que ellos. Estos hombres van armados de una larguísima garrocha, con la cual tantean el terreno y gobiernan y dirigen numerosas piaras de búfalos que se revuelcan en las aguas corrompidas.
El contorno que dibujan sobre el cielo estos solitarios ginetes, llega á tomar proporciones tan fantásticas, que se dejan atrás todo lo inventado |>or los poetas do Alemania en punto á caballeros intérnale?.
DE MADRID A ÑAPOLES. 503 Gootra lo que nosotros esperábamos y contra lo que nos prometieron en la administración de postas de Siena, resulla , según los cálculos de los postitloues, que no podremos llegar hoy á Roma antes de que oscurezca , sino después de la media noche. Esto no dos conviene de ningún modo ; por lo cual hemos resuelto contentarnos con ir á dormir á Yitervo , ciudad importante , que solo dista ocho horas de las murallas de liorna.
Con todo, hemos andado tan poco hasta ahora, á causa del mal estado de los caminos, que tendremos que correr hoy muchísimo á Qn de pasar do dia por los bosques de Bolsena , infestados siempre de ladrones , según dejamos apuntado.
Afortunadamente , el carruaje no puede ser mas cómodo ni las. provisiones del cesto de mimbres mas socorridas contra el aburrimiento. El vino es el antídoto natural del frió y de la tristeza , y Caballero y yo no hemos agolado todavía el tesoro de nuestros recuerdos. Bebemos , pues , y hablamos para entretener el ocio , en tanto que Jussuf esplora el camino con sus ojos de león , buscando los anunciados salteadores; — y de esta manera, creedme, no lo pasamos del todo mal.
Poco después del mediodía dejamos atrás á Radico fani , última aldea de la Toscana, y á eso de la una llegamos á Ponte- Centeno. — Entre uno y otro pueblo se encontraba antes la frontera de los Estados Pontificios; pero, desde hace algunos meses, se halla un poco mas abajo.
A las tres nos encontramos eu ta villa de Aojuapemlente , llamada asi de las muchas cascadas que hay en sus cercanías.
El terreno ofrece cada vez mas caracteres volcánicos.
A las cuatro llegamos á San Lorenzo Muoco , aldea construida por Pió VI para albergar á los habitantes de San Lorenzo Vexhio ú Bovinato (arruinado), á quienes la malaria había obligado á abandonar sus hogares.
Desde aquí descubrimos á nuestros pies el pintoresco Layo de Bohena , redondo, de unas tres leguas de diámetro, cercado de rocas volcánicas y de una frondosísima comarca cubierta de colosales encinas. Eu medio del lago se ven dos pequeñas islas, tapizadas lambieu de una rica vegetación. Finalmente, en la márgen oriental se asienta una pobre aldea, que da su nombre ó se lo debe al lago.
Esta región , á pesar de su riente aspecto y de su feracidad , se halla también deshabitada. La pobre aldea de Bolsena es el resto de la antigua , floreciente ciudad de Vulsinii, una de las mas renombradas entre las elruscas, y los \ ,300 infortunados que hoy la habitan tienen que abandonarla todos los años durante los ocho meses que reina el aria cultiva. El Lago no es otra cosa que el lugar que ocupó no se sabe cuándo el anchísimo cráter de un volcan , y la evaporación de sus aguas envenena el ambiente que se respira en este mentido oasis.
A la parle occidontal del Lago se estiende un pais, quo nosotros descubrimos vagamente , sombrado todo de oadá veres insepultos do poderosas ciudade?. Allí oxisticron Saturnia , Sotana, Toswnctla , Yuld... y otras muchas mas,
504 DE MADRID A ÑAPOLES,
de las cuales solo quedan algunos cimientos ciclópeos de templos y viviendas, trozos de colosales columnas de basalto , y la formidable raíz de estensísimas murallas que debieron de competir con las de la antigua Babilonia.
Cerca ya del oscurecer, nos encontramos á las orillas delBolsena, mudando tiro en la aldea del mismo nombre.
Nueva consulta. ¿Seguiremos adelante?
A las puertas mismas de la aldea principia un temido bosque de encinas, aclarado á derecha é izquierda, á causa de los bandidos que se ocultaban en él para atacar á los viajeros...
— Hace tres días , añade el maestro de postas , han robado á un comandante francés media hora antes de llegar á Bolsena , cuando ya se creía libre del maldito bosque.
(Comandante! ¡y francés! jy robado á pesar de todo! — Esto merece pensarse.
Una idea mia nos saca al fin de la perplegidad.
—Diga usted, le pregunto al maestro de postas: y esos bandidos ¿matan á los viajeros, ó los roban solamente?
— jOh!... no hacen mas que robarlos. En ese punto, descuide usted.
—Entonces, partamos, le digo á Caballero: Tengo una idea.
Media hora después entramos en el famoso bosque , á la luz del farol de) carruaje.
Algunas veces nos alumbra también la luna, abriéndose paso al través de las nubes y de las ramas.
— Jussuf, dame el cuchillo, le digo entonces al moro.
— ¿Para qué? me pregunta Caballero , creyendo que mi idea no es sino una repetición de la que se le ocurrió á Jussuf en el hotel del Arno.
Yo no contesto: tomo el puñal que me alarga Jussuf; rasgo con él una especie de bolsillo dentro de un pliegue del recio damasco que reviste toda la silla; meto allí la mano; aparto las estopas que forman el relleno; pido á Caballero el reloj , la cartera y el dinero, menos una insignificante cantidad; reúnolo todo con mi reloj , mi dinero y mis cartas de crédito, quedándome también con algunos escudos en el bolsillo ; escondo nuestro tesoro bajo las estopas ; nivelo el sitio ; vuelvo á plegar el damasco; me convenzo de que es imposible dar con el escondite; abro la portezuela del coche... y arrojo el puñal en medio del camino.
Caballero, que ha ido aprobando todas mis operaciones , comprende la filosofía de este último rasgo , y me aplaude.
Jussuf me mira estupefacto.
Yo le digo :
— El único peligro que ahora podíamos correr, era tu puñal. Si nos salen ladrones, nos dejaremos robar nuestro modesto equipaje de viajeros y los duros que llevamos en el bolsillo... — Mañana nos equiparemos en Roma.
Desgraciadamente para el cuchillo de Jussuf y para el damasco de la silla de posta, todas estas precauciones han sido inútiles: dos horas después estamos
DE MADRID A ÑAPOLES. 503
fuera del bosque , en pais despejado y corriendo alegremente hácía 3fontefiasco-
ne. — AHI compraremos algunos frascos del famoso mosto del mismo apellido, á fin de celebrar esta noche en Viterbo (en donde pensamos cenar mucho y dor-
506 DE MADRID A ÑAPOLES.
m¡r poco) nuestro heroico paso por las encinas de Dolsena y nuestra fortuna de
no haber encontrado un solo brújanle.
Sin embargo , yo recordaré siempre las dos horas de emoción y expectativa que acabo de pasar, creyendo ver una carabina en cada rama y un hombre en cada tronco; creyendo oir un silbido en el rumor de cada hoja que se movia; engañado á cada momento por las fenlásticas visiones que finge la luz de la luna; entusiasmado con los ojos de Jussuf , quo brillaban cu la oscuridad como dos ascuas , y divertido coa el miedo del postillón , que á cada momento parata el carruajo haciéndonos temer que aqueüo habia llegado.
Pero cátanos en Monteflascone. — Son las ocho. — A las nueve y media estaremos en Vilerbo.
El vino de Monteflascone, especie de moscatel, se vende en unos barrilitos tai generis , cuyo angostísimo cuello contiene una cierta cantidad de aceite pernatante, que impide el contacto del aire atmosférico con el precioso licor. El tapón de estos barrilitos consiste en una pelota de algodón , que después sirve para absorber el aceite. En cuanto al vino , es dulce como un bálsamo , pero generoso y traidor & un mismo tiempo, — por mas que estas cualidades os parezcan contradictorias.
Y á propósito, no he podido comprender bien una cosa que me ha contado el labernero acerca de un obispo de Monteflascone y de un epitafio en latín ^ que han dado lugar á que el tal bálsamo se llame por mucha gente.. . (¡singular denominación !) vino de Est Est Est.
Porque Monteflascone tiene catedral y obispo, a pesar de que su población no llega á 3,000 almas.
Y esto me recuerda que desde hace una hora estamos en los actuales dominios del Papa, ó sea en el Patrimonio de San Pedro.
No os lo he avisado antes , porque no hemos conocido en nada que pasáramos una frontera, ni puedo decir á punto fijo cuándo hemos dejado los Estados de Víctor Manuel y penetrado en los de Pió IX.— - Solo sé que Bolsena es reino de Italia y Monteflascone ciuiad pontificia. — Ni nadie nos ha pedido el pasaporte, ni nadie se ha metido en averiguar de qué se compone nuestro equipaje.
Todo esto es lógico. ¿Cómo ha de establecer aduanas la corte de Roma en una frontera que no reconoce ?
Las nueve. — A lo lejos brillan algunas luces.— Es Vilerbo.
En las cercanías de la ciudad y á los dos lados del camino , hay hermosas quintas y riquísimas huertas.
Viterbo es capital de la Delegación del misino nombre, y por consiguiente, residencia de un cardenal.— Las calles son muy pendientes y están embaldosadas de lava.— Su gótica catedral, asi como las fuentes de sus plazas públicas, tienen fama entre los artistas. . .
Nosotros nos contentamos con saber por erudición todas estas cosas , y tomamos el camino del Albergo del Aqvila Xcra, de donde saldremos mañana ante.? que sea de dia.
UE AlAOIUÜ A ÑAPOLES. 50? De los 1 1,000 habitantes que encierra Yiterbo, no encontramos ni uno solo en la calle; y eso que apenas serán las nueve y media de la noche. — Las tiendas eslán cerradas. El alumbrado público, si lo hay , lia echado sin duda cuentas con los buenos oficios de la luna , y duerme también profundamente.— Pero el caso es que la luna na hecho otro tanto , dejando á las nubes el cuidado de entenderse con los hombres.— Con todo, de tiempo en tiempo, la casta deidad entreabre los ojos y los Dja en algún negruzco palacio , cuyas ventanas de cristales se sonríen agradecidas... después de lo cual vuelven todos á dormirse... Y la silla de posta sigue trepando dificultosamente por las empinadas calles de la ciudad teocrática... y yo pienso con la mayor, seriedad, ora en la piadosa condesa Matilde, ora en la bellísima Galiana, á quien muchos han llamado la Elena del siglo XII.
Asi llegamos al Albergo , en donde cenamos bajo los auspicios del Monlefiascone y damos algún descanso al pobre cuerpo, á pesar de los grandes gritos con que esclama el alma :
— ¡ Estamos á la vista de Boma ! j Despiértate , corazón !
„ á