Doctor Sutilis (Cuentos) · Unidad 16 de 26

ESCENA TERCERA

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

La tarde del mismo día. Calle de aldea, solitaria, delante de la casucha del señor Paco. El alcalde y dos hombres mal encarados, vestidos á lo ciudadano, pero con mala ropa, se acercan al señor Paco, sentado á la puerta de su casa.

EL ALCALDE

¡Ea, señor Paco, esto se acabó! La paciencia y todo, se acaba.

EL SEÑOR PACO

¿Qué quiere usted decir, señor alcalde?

EL ALCALDE

Que estos señores vienen á tomar posesión de lo que es suyo. Que esta casa ya no es de usted. Que usted ha dejado que la Hacienda se incautase de sus bienes y sin mezclarse usted en nada, despreciando la ley, como si ésta no tuviera que cumplirse, ha visto sin moverse que, paso tras paso, como pide la justicia, se fueran llenando todos los requisitos para dejarle á usted en la calle... Y ahora que eso ya es de otro, de este caballero que acompaña al señor comisionado, á quien usted conoce...

EL SEÑOR PACO

Sí; demasiado.

EL ALCALDE

Ahora que usted no tiene ahí dentro más que unos pocos muebles, ni quiere sacarlos, ni se va con la música á otra parte... y eso no está en el orden. Haber pagado á su tiempo.

EL SEÑOR PACO

No tenía con qué.

EL ALCALDE

Eso no es cuenta mía. Ni esto tampoco... Entendámonos: estos señores recurren á mí, porque, por la presente, y á falta de mejor... postor... eso es, soy la fuerza pública, vamos al decir. Está usted ejecutado; la ley ya no tiene más que hacer... á no ser que quiera que materialmente se le eche á patadas...

EL SEÑOR PACO

¡Atrévase usted, señor alcalde!...

EL ALCALDE

No, yo no. Es usted un pobre viejo. Pero vendrá la guardia civil, ya que es usted tan testarudo. Este caballero ya ha estado aquí tres veces. Tiene razón al quejarse de que no se le haya hecho salir de aquí á usted á su debido tiempo. Por lástima han hecho todos la vista gorda hasta llegar el último momento... Pero ésta es la de vámonos. Tanto derecho tiene usted á estar en esta casa como en la mía. Yo, por motivos de orden público, digámoslo así, vengo á darle el último aviso por las buenas. Este señor ya está cansado de aguantarle... Conque, ó deja usted libre la puerta... ó vienen los guardias ¡y hay violencia!

EL SEÑOR PACO

¡Que venga un ejército! Que me maten... de aquí no me muevo. Espero á mi hijo... á Nicolás... que viene muy enfermo... ¡Dios mío! ¡Si llega! ¿En dónde le acuesto? Viene de Cuba... deshaciéndose... Mi cama es suya... ahí, en ese rincón donde nació... donde moriremos los dos abrazados... en nuestra casa, donde murió su madre... en mi choza... mía, pese á todas las contribuciones del mundo. No pago, porque no puedo... ¡pero mi casa es mía!

EL COMISIONADO

Señor Paco, esta casa es de este caballero, que la ha adquirido del Estado en la forma que señala la ley y con todos los requisitos del caso; hace mucho tiempo que está usted aquí de sobra. Bastante se ha levantado el brazo. Si usted no hubiese sido terco... si hubiera pagado...

EL SEÑOR PACO

Sombrío, como transtornado.

Esta casa es para mi hijo... Ahí, en esa cama moriremos los dos... abrazados... ¡Si viene! ¡Si no ha muerto por el camino!

EL DUEÑO NUEVO

Nada, nada; yo no sirvo para ver estas cosas. Que se cumpla la ley en todos sus extremos. Yo me voy y volveré cuando la fuerza me haya dejado mi propiedad libre de estorbos... Con Dios, señores.

EL ALCALDE

Espere usted. Ea, tío Paco, ya se me sube á mí el humo á las narices. Aquí ya no hay civiles que valgan: yo soy alcalde... y me basto y me sobro... Deje usted libre el paso... ó me lo llevo á la cárcel...

EL SEÑOR PACO

Blandiendo una muleta.

Moriré aquí dando palos al que se acerque... En muriendo los dos... ahí dentro, en esa cama, cargad con todo. Llevadnos de limosna al campo santo... y todo es vuestro. Pero me da el corazón, miserables, que si os abandono la choza antes que él venga... no vendrá; _se habrá muerto_ en el camino, en el barco, entre las ruedas del tren, ¡qué sé yo! Si le aguarda su cama en su choza... en el rincón donde nació... vendrá, sí, vendrá... ¡Se lo pido á Dios de rodillas!

Se arrodilla temblando y apoyando las manos en el suelo. Silencio solemne. Aquellos cafres callan con respeto, relativo, á la desgracia y á la oración del anciano.