Don Álvaro, o, La fuerza del Sino · Unidad 24 de 41

ESCENA VII.

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_El teatro representa el alojamiento de un oficial superior; al frente estará la puerta de la alcoba practicable y con cortinas. Entra DON ÁLVARO herido y desmayado en una camilla llevada por cuatro granaderos, EL CIRUJANO á un lado, y DON CÁRLOS á otro lleno de polvo y como muy cansado; un soldado traerá la maleta de Don Álvaro y la pondrá sobre una mesa, colocarán la camilla en medio de la escena, mientras los granaderos entran en la alcoba, á hacer la cama._

D. CÁRLOS.

Con mucho, mucho cuidado, dejadle aquí, y al momento entrad á arreglar mi cama.

(_Vánse á la alcoba dos de los soldados y quedan otros dos._)

CIRUJANO.

Y que haya mucho silencio.

D. ÁLVARO.

(_Volviendo en sí._)

¿Dónde estoy? ¿dónde?

D. CÁRLOS.

(_Con mucho cariño._) En Beletri, á mi lado, amigo excelso. Nuestra ha sido la victoria, tranquilo estad.

D. ÁLVARO.

¡Dios eterno! Con salvarme de la muerte, ¡qué gran daño me habeis hecho!

D. CÁRLOS.

No digais tal, Don Fadrique, cuando tan vano me encuentro de que salvaros la vida me haya concedido el cielo.

D. ÁLVARO.

Ay Don Félix de Avendaña, ¡qué gran mal me habeis hecho!

(_Se desmaya._)

CIRUJANO.

Otra vez se ha desmayado; agua y vinagre.

D. CÁRLOS.

(_Á uno de los soldados._)

Al momento.

¿Está de mucho peligro? (_Al cirujano._)

CIRUJANO.

Este balazo del pecho, en donde aún tiene la bala, me dá muchísimo miedo: lo que es las otras heridas no presentan tanto riesgo.

D. CÁRLOS.

(_Con gran vehemencia._)

Salvad su vida, salvadle; apurad todos los medios del arte, y os aseguro tal galardon...

CIRUJANO.

Lo agradezco: para cumplir con mi oficio no necesito de cebo, que en salvar á este valiente interes muy grande tengo.

(_Entra el soldado con un vaso de agua y vinagre. El Cirujano le rocía el rostro, y le aplica un pomito á las narices._)

D. ÁLVARO.

(_Vuelve en sí._) ¡Ay!

D. CÁRLOS.

Ánimo, noble amigo, cobrad ánimo y aliento: pronto, muy pronto curado y restablecido y bueno volvereis á ser la gloria, el norte de los guerreros. Y á vuestras altas hazañas el Rey dará todo el premio que merece. Sí, muy pronto lozano otra vez, cubierto de palmas inmarchitables y de laureles eternos, con una rica encomienda se adornará vuestro pecho, de Santiago ó Calatrava.

D. ÁLVARO.

(_Muy agitado._)

¿Qué escucho? ¿Qué? ¡Santo cielo! ¡Ah!... no, no de Calatrava: jamás, jamás... ¡Dios eterno!

(_Se desmaya._)

CIRUJANO.

Ya otra vez se desmayó: sin quietud y sin silencio no habrá forma de curarle. Que no le hableis más os ruego.

(_Á Don Cárlos.--Vuelve á darle agua y á aplicarle el pomito á las narices._)

D. CÁRLOS.

(_Suspenso aparte._)

El nombre de Calatrava ¿qué tendrá? ¿qué tendrá... tiemblo, de terrible á sus oidos?...

CIRUJANO.

No puede esperar más tiempo. ¿Aún no está lista la cama?

D. CÁRLOS.

(_Mirando á la alcoba._)

Ya lo está.

(_Salen los dos soldados._)

CIRUJANO.

(_Á los cuatro soldados._)

Llevadle luego.

D. ÁLVARO.

¡Ay de mí! (_Volviendo en sí._)

CIRUJANO.

Llevadle.

D. ÁLVARO.

(_Haciendo esfuerzos._)

Esperen. Poco, por lo que en mí siento, me queda ya de este mundo, y en el otro pensar debo. Mas antes de desprenderme de la vida, de un gran peso quiero descargarme. Amigo, (_Á Don Cárlos._) un favor tan solo anhelo.

CIRUJANO.

Si hablais, señor, no es posible...

D. ÁLVARO.

No volver á hablar prometo. Pero solo una palabra, y á él solo, que decir tengo.

D. CÁRLOS.

(_Al Cirujano y soldados._)

Apartad, démosle gusto dejadnos por un momento.

(_Se retira el Cirujano y los asistentes á un lado._)

D. ÁLVARO.

Don Félix, vos solo, solo, (_Dale la mano._) cumplireis con lo que quiero de vos exigir. Juradme por la fé de caballero, que hareis cuanto aquí os encargue, con inviolable secreto.

D. CÁRLOS.

Yo os lo juro, amigo mio; acabad, pues.

(_Hace un esfuerzo Don Álvaro como para meter la mano en el bolsillo y no puede._)

D. ÁLVARO.

¡Ah!... no puedo. Meted en este bolsillo que tengo aquí al lado izquierdo sobre el corazon, la mano.

(_Lo hace Don Cárlos._)

¿Hallais algo en él?

D. CÁRLOS.

Sí, encuentro una llavecita...

D. ÁLVARO.

Es esa.

(_Saca Don Cárlos la llave._)

Con ella abrid, yo os lo ruego, á solas y sin testigos, una caja que en el centro hallareis de mi maleta. En ella con sobre y sello un legajo hay de papeles; custodiadlos con esmero, y al momento que yo espire los dareis, amigo, al fuego.

D. CÁRLOS.

¿Sin abrirlos?

D. ÁLVARO.

(_Muy agitado._)

Sin abrirlos, que en ellos hay un misterio impenetrable... ¿Palabra me dais, Don Félix, de hacerlo?

D. CÁRLOS.

Yo os la doy con toda el alma.

D. ÁLVARO.

Entonces tranquilo muero. Dadme el postrimer abrazo, y adios, adios.

CIRUJANO.

(_Enfadado._) Al momento á la alcoba. Y vos, Don Félix, si es que teneis tanto empeño en que su vida se salve, haced que guarde silencio: y excusad tambien que os vea, pues se conmueve en extremo.

(_Llévanse los soldados la camilla; entra tambien el Cirujano, y Don Cárlos queda pensativo y lloroso._)