Don Álvaro, o, La fuerza del Sino · Unidad 26 de 41

ESCENA PRIMERA.

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_El teatro representa una sala corta, de alojamiento militar._

DON ÁLVARO y DON CÁRLOS.

D. CÁRLOS.

Hoy que vuestra cuarentena dichosamente cumplís, de salud ¿cómo os sentís? ¿Es completamente buena?... ¿Reliquia alguna notais de haber tanto padecido? ¿Del todo restablecido, y listo y fuerte os hallais?

D. ÁLVARO.

Estoy como si tal cosa; nunca tuve más salud, y á vuestra solicitud debo mi cura asombrosa. Sois excelente enfermero: ni una madre por un hijo muestra un afan más prolijo, tan gran cuidado y esmero.

D. CÁRLOS.

En extremo interesante me era la vida salvaros.

D. ÁLVARO.

Y ¿con qué, amigo, pagaros podré interes semejante? Y aunque gran mal me habeis hecho en salvar mi amarga vida, será eterna y sin medida la gratitud de mi pecho.

D. CÁRLOS.

¿Y estais tan repuesto y fuerte, que sin ventaja pudiera un enemigo cualquiera?...

D. ÁLVARO.

Estoy, amigo, de suerte, que en casa del coronel he estado ya á presentarme, y de alta acabo de darme ahora mismo en el cuartel.

D. CÁRLOS.

¿De veras?

D. ÁLVARO.

¿Os enojais, porque ayer no os dije acaso que iba hoy á dar este paso? Como tanto me cuidais que os opusiérais temí: y estando sano, en verdad, vivir en la ociosidad no era honroso para mí.

D. CÁRLOS.

¿Conque ya no os duele nada, ni hay asomo de flaqueza en el pecho, en la cabeza, ni en el brazo de la espada?

D. ÁLVARO.

No... Pero parece que algo, amigo, os atormenta, y que acaso os descontenta el que yo tan bueno esté.

D. CÁRLOS.

¡Al contrario!... Al veros bueno, capaz de entrar en accion, palpita mi corazon del placer más alto lleno. Solamente no quisiera que os engañara el valor, y que el personal vigor en una ocasion cualquiera...

D. ÁLVARO.

¿Quereis pruebas?

D. CÁRLOS.

(_Con vehemencia._) Las deseo.

D. ÁLVARO.

Á la descubierta vamos de mañana, y enredamos un rato de tiroteo.

D. CÁRLOS.

La prueba se puede hacer, pues que estais fuerte, sin ir tan lejos á combatir, que no hay tiempo que perder.

D. ÁLVARO.

No os entiendo... (_Confuso._)

D. CÁRLOS.

¿No tendreis, sin ir á los imperiales, enemigos personales con quien probaros podreis?

D. ÁLVARO.

¿Á quién le faltan?--Mas no lo que me decís comprendo.

D. CÁRLOS.

Os lo está á voces diciendo más la conciencia que yo. Disimular fuera en vano... vuestra turbacion es harta... ¿Habeis recibido carta de Don Álvaro el indiano?

D. ÁLVARO.

(_Fuera de sí._)

¡Ah traidor!... ¡Ah fementido! violaste infame un secreto, que yo débil, yo indiscreto, moribundo... inadvertido...

D. CÁRLOS.

¿Qué osais pensar?... Respeté vuestros papeles sellados, que los que nacen honrados se portan cual me porté. El retrato de la infame, vuestra cómplice, os perdió, y sin lengua me pidió que el suyo y mi honor reclame. Don Cárlos de Vargas soy, que por vuestro crímen es de Calatrava marqués: temblad, que ante vos estoy.

D. ÁLVARO.

No sé temblar... Sorprendido, sí, me teneis...

D. CÁRLOS.

No lo extraño.

D. ÁLVARO.

Y usurpar con un engaño mi amistad, ¿honrado ha sido? ¡Señor marqués!...

D. CÁRLOS.

De esa suerte no me permito llamar, que solo he de titular despues de daros la muerte.

D. ÁLVARO.

Aconteceros pudiera sin el título morir.

D. CÁRLOS.

Vamos pronto á combatir, quedemos ó dentro ó fuera. Vamos donde mi furor...

D. ÁLVARO.

Vamos, pues, señor don Cárlos, que si nunca fuí á buscarlos, no evito lances de honor. Mas esperad, que en el alma del que goza de hidalguía, no es furia la valentía, y ésta obra siempre con calma. Sabeis que busco la muerte, que los riesgos solicito, pero con vos necesito comportarme de otra suerte. Y explicaros...

D. CÁRLOS.

Es perder tiempo toda explicacion.

D. ÁLVARO.

No os negueis á la razon, que suele funesto ser. Pues trataron las estrellas por raros modos de hacernos amigos, ¿á qué oponernos á lo que buscaron ellas? Si nos quisieron unir de mútuos y altos servicios con los vínculos propicios, no fué, no, para reñir. Tal vez fué para enmendar la desgracia inevitable, de que no fuí yo culpable.

D. CÁRLOS.

¿Y me la osais recordar?

D. ÁLVARO.

¿Temeis que vuestro valor se disminuya y se asombre, si halla en su contrario un hombre de nobleza y pundonor?

D. CÁRLOS.

¡Nobleza un aventurero! ¡Honor un desconocido! ¡Sin padre, sin apellido, advenedizo, altanero!

D. ÁLVARO.

¡Ay, que ese error á la muerte, por más que lo evité yo, á vuestro padre arrastró!... no corrais la misma suerte. Y que infundados agravios é insultos no ofenden, muestra el que está ociosa mi diestra sin arrancaros los labios. Si un secreto misterioso romper hubiera podido, ¡oh!... cuán diferente sido...

D. CÁRLOS.

Guardadlo, no soy curioso. Que solo anhelo venganza, y sangre.

D. ÁLVARO.

¿Sangre?... La habrá.

D. CÁRLOS.

Salgamos al campo ya.

D. ÁLVARO.

Salgamos sin más tardanza.

(_Deteniéndose._)

Mas, Don Cárlos... ¡ah! ¿podreis sospecharme con razon de falta de corazon? No, no, que me conoceis. Si el orgullo, principal y tan poderoso agente en las acciones del ente que se dice racional satisfecho tengo ahora, esfuerzos no he de omitir, hasta aplacar conseguir ese furor que os devora. Pues mucho repugno yo el desnudar el acero con el hombre que primero dulce amistad me inspiró. Yo á vuestro padre no herí, le hirió solo su destino, y yo, á aquel ángel divino, ni seduje, ni perdí. Ambos nos están mirando: desde el cielo, mi inocencia ven, esa ciega demencia que os agita, condenando.

D. CÁRLOS.

(_Turbado._)

¿Pues qué?... ¿Mi hermana?... ¿Leonor?... (Que con vos aquí no está lo tengo aclarado ya.) Mas ¿cuándo ha muerto?... ¡Oh furor!

D. ÁLVARO.

Aquella noche terrible llevándola yo á un convento, exánime, y sin aliento, se trabó un combate horrible al salir del olivar entre mis fieles criados y los vuestros irritados, y no la pude salvar. Con tres heridas caí, y un negro de puro fiel (fidelidad bien cruel) veloz me arrancó de allí, falto de sangre y sentido: tuve en Gelves larga cura, con accesos de locura: y apenas restablecido ansioso empecé á indagar de mi único bien la suerte; y supe ¡ay Dios! que la muerte en el oscuro olivar...

D. CÁRLOS.

(_Resuelto._)

Basta, imprudente impostor; ¿y os preciais de caballero?... ¿Con embrollo tan grosero quereis calmar mi furor? Deponed tan necio engaño: despues del funesto dia, en Córdoba con su tia, mi hermana ha vivido un año. Dos meses há que fuí yo á buscarla, y no la hallé. Pero de cierto indagué que al verme llegar huyó. Y el perseguirla he dejado, porque sabiendo yo allí que vos estábais aquí, me llamó mayor cuidado.

D. ÁLVARO.

(_Muy conmovido._)

¡Don Cárlos!... ¡Señor!... ¡amigo! ¡Don Félix! ¡ah!... Tolerad que el nombre que en amistad tan tierno os unió conmigo use en esta situacion. ¡Don Félix!... soy inocente; bien lo podeis ver patente en mi nueva agitacion. ¡Don Félix!... ¡Don Félix!... ¡ah!... ¿Vive?... ¿vive?... ¡Oh justo Dios!

D. CÁRLOS.

Vive; y ¿qué os importa á vos? muy pronto no vivirá.

D. ÁLVARO.

Don Félix, mi amigo; sí. Pues que vive vuestra hermana la satisfaccion es llana que debeis tomar de mí. Á buscarla juntos vamos; muy pronto la encontraremos, y en santo nudo estrechemos la amistad que nos juramos. ¡Oh!... Yo os ofrezco, yo os juro que no os arrepentireis, cuando á conocer llegueis mi orígen excelso y puro. Al primer grande español no le cedo en jerarquía, es más alta mi hidalguía que el trono del mismo sol.

D. CÁRLOS.

¿Estais, Don Álvaro, loco? ¿Qué es lo que pensar osais? ¿Qué proyectos abrigais? ¿me teneis á mí en tan poco? Ruge entre los dos un mar de sangre... ¿Yo al matador de mi padre y de mi honor pudiera hermano llamar? ¡Oh afrenta! Aunque fuérais rey. Ni la infame ha de vivir. No, tras de vos va á morir, que es de mi venganza ley. Si á mí vos no me matais, al punto la buscaré, y la misma espada que con vuestra sangre tiñais, en su corazon...

D. ÁLVARO.

Callad. Callad... ¿Delante de mí osásteis?...

D. CÁRLOS.

Lo juro, sí; lo juro...

D. ÁLVARO.

¿El qué?... Continuad.

D. CÁRLOS.

La muerte de la malvada, en cuanto acabe con vos.

D. ÁLVARO.

Pues no será, vive Dios, que tengo brazo y espada. Vamos... Libertarla anhelo de su verdugo. Salid.

D. CÁRLOS.

Á vuestra tumba venid.

D. ÁLVARO.

Demandad perdon al cielo.