Don Álvaro, o, La fuerza del Sino · Unidad 39 de 41

ESCENA IX.

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

_El teatro representa un valle rodeado de riscos inaccesibles y de malezas, atravesado por un arroyuelo. Sobre un peñasco accesible con dificultad, y colocado al fondo, habrá una medio gruta, medio ermita con puerta practicable, y una campana que pueda sonar y tocarse desde dentro: el cielo representará el ponerse el sol de un dia borrascoso; se irá oscureciendo lentamente la escena y aumentándose los truenos y relámpagos. DON ÁLVARO y DON ALFONSO salen por un lado._

D. ALFONSO.

De aquí no hemos de pasar.

D. ÁLVARO.

No, que tras de estos tapiales, bien sin ser vistos, podemos terminar nuestro combate. Y aunque en hollar este sitio cometo un crímen muy grande, hoy es de crímenes dia, y todos han de apurarse. De uno de los dos la tumba se está abriendo en este instante.

D. ALFONSO.

Pues no perdamos más tiempo, y que las espadas hablen.

D. ÁLVARO.

Vamos; mas antes es fuerza que un gran secreto os declare, pues que de uno de nosotros es la muerte irrevocable; y si yo caigo, es forzoso que sepais en este trance á quién habeis dado muerte, que puede ser importante.

D. ALFONSO.

Vuestro secreto no ignoro. Y era el mejor de mis planes (para la sed de venganza saciar que en mis venas arde) despues de heriros de muerte daros noticias tan grandes, tan impensadas y alegres, de tan feliz desenlace, que al despecho de saberlas, de la tumba en los umbrales, cuando no hubiese remedio, cuando todo fuera en balde, el fin espantoso os diera, digno de vuestras maldades.

D. ÁLVARO.

Hombre, fantasma ó demonio, que ha tomado humana carne para hundirme en los infiernos, para perderme... ¿qué sabes?...

D. ALFONSO.

Corrí el nuevo mundo... ¿tiemblas?... vengo de Lima... esto baste.

D. ÁLVARO.

No basta, que es imposible que saber quién soy lograses.

D. ALFONSO.

De aquel virey fementido que (pensando aprovecharse de los trastornos y guerras, de los disturbios y males que la sucesion al trono trajo á España) formó planes de tornar su vireinato en imperio, y coronarse, casando con la heredera última de aquel linaje de los Incas (que en lo antiguo, del mar del Sur á los Andes fueron los emperadores), eres hijo.--De tu padre las traiciones descubiertas, aún á tiempo de evitarse, con su esposa, en cuyo seno eras tú ya peso grave, huyó á los montes, alzando entre los indios salvajes de traicion y rebeldía el sacrílego estandarte. No les ayudó fortuna, pues los condujo á la cárcel de Lima, do tú naciste...

(_Hace extremos de indignacion y sorpresa Don Álvaro._)

Oye... espera hasta que acabe. El triunfo del rey Felipe y su clemencia notable, suspendieron la cuchilla que ya amagaba á tus padres, y en una prision perpétua convirtió el suplicio infame. Tú entre los indios creciste, como fiera te educaste, y viniste ya mancebo con oro y con favor grande, á buscar completo indulto para tus traidores padres. Mas no, que viniste solo para asesinar cobarde, para seducir, inícuo, y para que yo te mate.

D. ÁLVARO.

Vamos á probarlo al punto. (_Despechado._)

D. ALFONSO.

Ahora tienes que escucharme, que has de apurar, vive el cielo, hasta las heces el cáliz. Y si, por ser mi destino, consiguieses el matarme, quiero allá en tu aleve pecho todo un infierno dejarte.-- El rey benéfico acaba de perdonar á tus padres. Ya están libres y repuestos en honras y dignidades. La gracia alcanzó tu tio, que goza favor notable, y andan todos tus parientes afanados por buscarte para que tenga heredero...

D. ÁLVARO.

(_Muy turbado y fuera de sí._)

Ya me habeis dicho bastante... No sé dónde estoy, ¡oh cielos!... Si es cierto, si son verdades las noticias que dijísteis...

(_Enternecido y confuso._)

¡Todo puede repararse! Si Leonor existe, todo: ¿veis lo ilustre de mi sangre?... ¿Veis?...

D. ALFONSO.

Con sumo gozo veo que estais ciego y delirante. ¿Qué es reparacion?... Del mundo amor, gloria, dignidades no son para vos... Los votos religiosos é inmutables que os ligan á este desierto, esa capucha, ese traje, capucha y traje que encubren á un desertor, que al infame suplicio escapó en Italia, de todo incapaz os hacen.-- Oye cuál truena indignado (_Truena._) contra tí el cielo... Esta tarde completísimo es mi triunfo. Un sol hermoso y radiante te he descubierto, y de un soplo luego he sabido apagarle.

D. ÁLVARO.

(_Volviendo al furor._)

¿Eres mónstruo del infierno, prodigio de atrocidades?

D. ALFONSO.

Soy un hombre rencoroso que tomar venganza sabe. Y porque sea más completa, te digo que no te jactes de noble... eres un mestizo, fruto de traiciones.

D. ÁLVARO.

(_En el extremo de la desesperacion._)

Baste. ¡Muerte y exterminio! ¡Muerte para los dos! Yo matarme sabré, en teniendo el consuelo de beber tu inícua sangre.

(_Toma la espada, combaten y cae herido don Alfonso._)

D. ALFONSO.

Ya lo conseguiste... ¡Dios mio! ¡Confesion! Soy cristiano... Perdonadme... salva mi alma...

D. ÁLVARO.

(_Suelta la espada y queda como petrificado._)

¡Cielos!... ¡Dios mio!... ¡Santa madre de los Ángeles!... Mis manos tintas en sangre... ¡¡¡en sangre de Vargas!!!

D. ALFONSO.

¡Confesion! ¡confesion!... Conozco mi crímen y me arrepiento... Salvad mi alma, vos que sois ministro del Señor...

D. ÁLVARO.

(_Aterrado._) ¡No, yo no soy más que un réprobo, presa infeliz del demonio! Mis palabras sacrílegas aumentarian vuestra condenacion. Estoy manchado de sangre, estoy irregular... Pedid á Dios misericordia... Y... esperad... cerca vive un santo penitente... podrá absolveros... Pero está prohibido acercarse á su mansion... Qué importa: yo que he roto todos los vínculos, que he hollado todas las obligaciones...

D. ALFONSO.

¡Ah! por caridad, por caridad...

D. ÁLVARO.

Sí, voy á llamarlo... al punto...

D. ALFONSO.

Apresuraos, Padre... ¡Dios mio!

(_Don Álvaro corre á la ermita y golpea la puerta._)

LEONOR.

(_Dentro._) ¿Quién se atreve á llamar á esta puerta? Respetad este asilo.

D. ÁLVARO.

Hermano, es necesario salvar un alma, socorrer á un moribundo; venid á darle el auxilio espiritual.

LEONOR.

(_Dentro._) Imposible, no puedo, retiraos.

D. ÁLVARO.

Hermano, por el amor de Dios.

LEONOR.

(_Dentro._) No, no, retiraos.

D. ÁLVARO.

Es indispensable, vamos. (_Golpea fuertemente la puerta._)

LEONOR.

(_Dentro, tocando la campanilla._) ¡Socorro! ¡Socorro!