Don Álvaro, o, La fuerza del Sino · Unidad 7 de 41
ESCENA VI.
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
_CURRA va detrás del MARQUÉS, cierra la puerta por donde aquel se ha ido, y vuelve cerca de LEONOR._
CURRA.
¡Gracias á Dios!... me temí que todito se enredase, y que señor se quedase hasta la mañana aquí. ¡Qué listo, cerró el balcon!... que por él, del palomar vamos las dos á volar le dijo su corazon. Abrirlo sea lo primero; (_Ábrelo._) ahora lo segundo es cerrar las maletas. Pues salgan ya de su agujero.
(_Saca Curra unas maletas y ropa, y se pone á arreglarlo todo sin que en ello repare Doña Leonor._)
LEONOR.
¡Infeliz de mí!... ¡Dios mio! ¿Por qué un amoroso padre, que por mí tanto desvelo tiene, y cariño tan grande, se ha de oponer tenazmente (¡ay, el alma se me parte!...) á que yo dichosa sea, y pueda feliz llamarme?... ¿Cómo, quien tanto me quiere, puede tan cruel mostrarse? Más dulce mi suerte fuera si aún me viviera mi madre.
CURRA.
¿Si viviera la señora?... usted está delirante. Más vana que señor era; señor al cabo es un ángel. ¡Pero ella!... Un genio tenia y un copete... Dios nos guarde. Los señores de esta tierra son todos de un mismo talle. Y si alguna señorita busca un novio que le cuadre, como no esté en pergaminos envuelto, levantan tales alaridos... Mas ¿qué importa cuando hay decision bastante? ... Pero no perdamos tiempo; venga usted, venga á ayudarme, porque yo no puedo sola...
LEONOR.
¡Ay, Curra!... ¡Si penetrases cómo tengo el alma! Fuerza me falta hasta para alzarme de esta silla... ¡Curra, amiga! lo confieso, no lo extrañes, no me resuelvo, imposible... Es imposible. ¡Ah!... ¡mi padre! sus palabras cariñosas, sus extremos, sus afanes, sus besos y sus abrazos, eran agudos puñales que el pecho me atravesaban. Si se queda un solo instante no hubiera más resistido... Ya iba á sus piés á arrojarme, y confundida, aterrada, mi proyecto á revelarle, y á morir, ansiando solo que su perdon me acordase.
CURRA.
¡Pues hubiéramos quedado frescas, y echado un buen lance! Mañana veria usted, revolcándose en su sangre, con la tapa de los sesos levantada, al arrogante, al enamorado, al noble Don Álvaro. Ó arrastrarle como un malhechor, atado por entre estos olivares á la cárcel de Sevilla; y allá para Navidades acaso, acaso en la horca.
LEONOR.
¡Ay Curra!... El alma me partes.
CURRA.
Y todo esto, señorita, porque la desgracia grande tuvo el infeliz de veros, y necio de enamorarse de quien no le corresponde, ni resolucion bastante tiene para...
LEONOR.
Basta, Curra; no mi pecho despedaces. ¿Yo á su amor no correspondo? Que le correspondo sabes... Por él mi casa y familia, mis hermanos y mi padre voy á abandonar, y sola...
CURRA.
Sola no, que yo soy alguien, y tambien Antonio va, y nunca en ninguna parte la dejaremos... ¡Jesus!
LEONOR.
¿Y mañana?
CURRA.
Dia grande. Usted la adorada esposa será del más adorable, rico y lindo caballero que puede en el mundo hallarse, y yo la mujer de Antonio: y á ver tierras muy distantes iremos ambas... ¡qué bueno!
LEONOR.
¿Y mi anciano y tierno padre?
CURRA.
¿Quién?... ¿Señor? rabiará un poco, pateará, contará el lance al capitan general con sus pelos y señales; fastidiará al Asistente, y tambien á sus compadres el canónigo, el jurado, y los vejetes maestrantes; saldrán mil requisitorias para buscarnos en balde, cuando nosotras estemos ya seguritas en Flandes. Desde allí escribirá usted, y comenzará á templarse señor, y á los nueve meses, cuando sepa hay un infante, que tiene sus mismos ojos, empezará á consolarse y nosotras chapurrando, que no nos entienda nadie, volveremos de allí á poco, á que con festejos grandes nos reciban, y todito será banquetes y bailes.
LEONOR.
¿Y mis hermanos del alma?
CURRA.
¡Toma! ¡Toma!... Cuando agarren del generoso cuñado, uno con que hacer alarde de vistosos uniformes y con que rendir beldades, y el otro para libracos, merendonas y truhanes, reventarán de alegría.
LEONOR.
No corre en tus venas sangre. ¡Jesus, y qué cosas tienes!
CURRA.
Porque digo las verdades.
LEONOR.
¡Ay desdichada de mí!
CURRA.
Desdicha por cierto grande el ser adorado dueño del mejor de los galanes. Pero vamos, señorita, ayúdeme usted, que es tarde.
LEONOR.
Sí, tarde es, y aún no parece Don Álvaro... ¡Oh, si faltase esta noche!... ¡Ojalá!... ¡cielos!... Que jamás estos umbrales hubiera pisado, fuera mejor. No tengo bastante resolucion... lo confieso. Es tan duro el alejarse así de su casa... ¡ay triste!
(_Mira el reloj y sigue en inquietud._)
Las doce han dado... ¡qué tarde es ya, Curra!... No, no viene. ¿Habrá en esos olivares tenido algun mal encuentro? Hay siempre en el Aljarafe tan mala gente... Y Antonio ¿estará alerta?
CURRA.
Indudable es que está de centinela...
LEONOR.
¡Curra!... ¿Qué suena?... ¿Escuchaste?
(_Con gran sobresalto._)
CURRA.
Pisadas son de caballos.
LEONOR.
¡Ay! él es... (_Corre al balcon._)
CURRA.
Si que faltase era imposible...
LEONOR.
¡Dios mio! (_Muy agitada._)
CURRA.
Pecho al agua, y adelante.