Don Álvaro, o, La fuerza del Sino · Unidad 6 de 41
ESCENA V.
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
_El teatro representa una sala colgada de damasco, con retratos de familia, escudos de armas y los adornos que se estilaban en el siglo pasado, pero todo deteriorado, y habrá dos balcones, uno cerrado y otro abierto y practicable, por el que se verá un cielo puro, iluminado por la luna, y algunas copas de árboles. Se pondrá en medio una mesa con tapete de damasco, y sobre ella habrá una guitarra, vasos chinescos con flores, y dos candeleros de plata con velas, únicas luces que alumbrarán la escena. Junto á la mesa habrá un sillon. Por la izquierda entrará el MARQUÉS DE CALATRAVA con una palmatoria en la mano, y detrás de él DOÑA LEONOR, y por la derecha entra la CRIADA._
MARQUÉS.
(_Abrazando y besando á su hija._)
Buenas noches, hija mia; hágate una santa el cielo. Adios, mi amor, mi consuelo, mi esperanza, mi alegría. No dirás que no es galan tu padre. No descansára si hasta aquí no te alumbrára todas las noches... Están abiertos estos balcones, (_Los cierra._) y entra relente... Leonor... ¿nada me dice tu amor? ¿Por qué tan triste te pones?
LEONOR.
(_Abatida y turbada._) Buenas noches, padre mio.
MARQUÉS.
Allá para Navidad iremos á la ciudad: cuando empiece el tiempo frio. Y para entonces traeremos al estudiante, y tambien al capitan. Que les dén permiso á los dos haremos. ¿No tienes gran impaciencia por abrazarlos?
LEONOR.
¿Pues no? ¿qué más puedo anhelar yo?
MARQUÉS.
Los dos lograrán licencia. Ambos tienen mano franca, condicion que los abona, y Cárlos, de Barcelona, y Alfonso, de Salamanca, ricos presentes te harán. Escríbeles tú, tontilla, y algo que no haya en Sevilla pídeles, y lo traerán.
LEONOR.
Dejarlo será mejor á su gusto delicado.
MARQUÉS.
Lo tienen, y muy sobrado: como tú quieras, Leonor.
CURRA.
Si como á usted, señorita, carta blanca se me diera, á Don Cárlos le pidiera alguna bata bonita de Francia. Y una cadena con su broche de diamante al señorito estudiante, que en Madrid la hallará buena.
MARQUÉS.
Lo que gustes, hija mia. Sabes que el ídolo eres de tu padre... ¿No me quieres?
(_La abraza y besa tiernamente._)
LEONOR.
¡Padre!... ¡Señor!... (_Afligida._)
MARQUÉS.
La alegría vuelva á tí, prenda del alma; piensa que tu padre soy, y que de contínuo estoy soñando tu bien... La calma recobra, niña... en verdad desde que estamos aquí estoy contento de tí, veo la tranquilidad que con la campestre vida va renaciendo en tu pecho, y me tienes satisfecho; sí, lo estoy mucho, querida. Ya se me ha olvidado todo; eres muchacha obediente, y yo seré diligente en darte un buen acomodo. Sí, mi vida... ¿quién mejor sabrá lo que te conviene, que un tierno padre, que tiene por tí el delirio mayor?
LEONOR.
(_Echándose en brazos de su padre con gran desconsuelo._)
¡Padre amado!... ¡Padre mio!
MARQUÉS.
Basta, basta... ¿Qué te agita?
(_Con gran ternura._)
Yo te adoro, Leonorcita, no llores... ¡Qué desvarío!
LEONOR.
¡Padre!... ¡Padre!
MARQUÉS.
(_Acariciándola y desasiéndose de sus brazos._)
Adios, mi bien. Á dormir, y no lloremos. Tus cariñosos extremos el cielo bendiga, amen.
(_Váse el Marqués, y queda Leonor muy abatida y llorosa sentada en el sillon._)