El acero de Madrid : comedia famosa · Capítulo real 1 de 3
Acto primero
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 2 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
EL ACERO DE MADRID,
==——
COMEDIA FAMOSA,
Hablan en ella las personas siguientes :
BELISA, hija de BELTRAN, criado de Lisardo, y
PRUDENCIO. s médico fingido,
TEODORA, benta, tia de Belisa, RiseLO, caballero, amigo de Liy hermana de Prudencio. sardo, galan de
OCTAVIO, primo de Belisa , hues- : MARCELA, dama libre.
ped en casa de su tio Prudencio. FrorENCcIO , caballero , preten—
LEONOR, esclava de Prudencio. diente de Marcela. SALUCIO, criado de Octavio. z GERARDO, criado de Florencio, - LisSaRDO, caballero, amante de
Belisa. NAL e s Músicos.
La escena es en Madrid, corriendo los dias de un mes de mayo,
ACTO PRIMERO.
== Gao —
Salen Lisardo y Riselo. prados y alfombras de seda? 00 caballos de aquestos coches,
¿ como animales y fieras, Lis. D.a. aqui la podeis ver. haced regocijo al alba, is. ; Notable ha estado la iglesia! que sale vertiendo perlas. ALA Este dia de la Cruz Ris,. ¡ Qué bien pintada mañana! ponen cuidado en la fiesta. Lis. Es todo amante poeta. dis. Si viérades á Sevilla Ris. Pues por Dios que son las doce: lo dijérades de veras. que á mas de las once y media ¿S. Ya he sabido que ese dia acabaron el sermon; celebran por excelencia. y si vuestra dama bella Ya sale; y sale el aurora: viene á ser alba á las doce, que esta grada en que pascan harto mas parece fiesta. es la prision de la noche Y si porque sale es alba, en columnas y cadenas. ya por lo menos no es fresca : Cantad, lisonjeras aves que á las doce y tres de Mayo de las jaulas de esas rejas: antes secará las yerbas.
calles de Madrid , volvéos Lis. ¡Quedo por Dios! ésta es,
Salen Belisa y Teodora con mantos: la Teodora es tia de Belisa, y ha de traer un hábito de beata, manga en punta , con una imagen de la Concepcion en el escapulario.
Teod. Lleva cordura y modestia : cordura en andar despacio, modestia en que solo veas la misma tierra que pisas.
Bel. Ya hago lo que me enseñas,
Teod. ¿Cómo miraste aquel hombre?
Bel. ¿No me dijiste que viera solo la tierra? pues dime:
' ¿aquel hombre no es de tierra? Teod. Yo la que pisas te digo. Bel. La que piso vá cubierta
de la saya y los chapines:
Teod. ¡Qué palabras de doncella! por el siglo de tu madre que yo te quite esas tretas... ¿Otra vez lo miras? Bel. ¡ Yo!
Teod. ¿Luego no le hiciste señas ?
Bel. Fui 4 caer como me turbas con demandas y respuestas;
y miré quien me tuviere.
Ris. Cayó: llegad á tenerla.
Lis. Perdone vuestra merced el «guante.
Teod. ¡ Hay cosa como esta!
Bel. Bésoos las manos, señor : que, si no es por vos, Cayera.
Lis. Cayera un ángel, señora,
y cayeran las estrellas á quien dá mas lumbre el sol.
Teod. Y yo cayera en la cuenta. ld, caballero, con Dios. :
Lis. El os guarde, y me defienda de condicion tan extraña.
Teod. Ya caiste: irás contenta de que te dieron la mano.
Bel. Y tú lo irás de que tengas con que pudrirme seis dias.
Teod. ¿A qué vuelves la cabeza ?
Bel. ¿Pues no te parece que es advertencia muy discreta mirar en donde cai para que otra vez no vuelva 4 tropezar en lo mismo ?
Teod. ¡Ay! ¡mala pascua te venga! ¡y cómo entiendo tus mañas...) ¿Otra vez? ¿y dirás que esta no miraste el mancebito ?
Bel. Es verdad. Teod. ¡Y lo confiesas!
Bel. Si me dio la mano allí,
¿no quieres que lo agradezca? Teod. Anda: que entrarás en Casa. Bel. ¡Oh, loque harás de quimeras
(Vanse., Ris. Ya traspusieron la calle. Lis. ¡Ay de mi! , Ris. ¿Quién es aquell; harpía que la convierte ? Lis. Una tia, que pudiera
ser abuela de la envidia:
porque es entre frayla y dueñas
águila de medio arriba,
de medio abajo culebra.
Todos mis intentos muda :
ni hablarla ni verla deja.
Escribir es imposible:
con mas ojos que Argos vela.
Sale Beltran , criado de Lisardo» Belt. Aguardé que te apartases de aquella Circe cruel, para que cierto papel á diamantes me feriases. Y es de valde, aunque me dieras por cada letra un diamante. Lis. ¿Es burla, Beltran ? Belt. ¿ Delante de Riselo burla esperas ? Lo mienós he referido: tal favor viene con él que la funda del papel se vale lo que te pido. - (Muéstrale un guante.) Al salir me vió Belisa: hizome con una estrella señas, tan linda que en ella vieras del alba la risa. Llegó á la pila del agua: fingió quererla tomar; y volviéndome 4 mirar... ¡mira el enredo que fragua! metió un papel en un guante, y de la eruz lo colgo como perdido: á quien yo luego me puse delante. Mio es, dije á la gente que á tomar agua llegaba; y el sol, que ya caminaba, volvió la luz 4 su oriente. Rióse de la presteza y gracia con que tomé el guante. Lis. Muestra; y diré que ha igualado á su belleza su divina discrecion.
Belt. ¿Pues no lo agradeces mas? Lis. A este guante deberás calzas, ropilla, y jubon. Belt. ¡Oh milagro soberano y de ningun hombre oido, que un guante hiciese un vestido siendo oficio de la mano! ¿Y el papel? ¿qué das por él? Lis. Camisas por él tendras. Belt. ¡Oh papel que has hecho mas que un molino de papel! y tan semejante fuiste, - que os quedais los dos parejos, pues todos mis lierizos viejos limpios y nuevos hiciste. Lis. ¡Gruante! si con vos no hago locuras, es porque quiero ver este papel primero: perdonadme si no os pago “el ser cubierta importante
de este precioso favor.
Pobre estaba, pues amor pidió limosna en tal guante, ¡Pero qué mucho que en él venga el papel que me envia, pues allá tambien cubria una mano de papel!
Y. pues por ella lo gano,
y de mano tanta fé,
con justa causa diré
que es pliego de aquella mano,
Belt. Encareces con razon
la mano por su hermosura y su fé, pues te asegura que es papel del corazon. Lee, señor, por tu vida.
Lis. Leo poniendo en mis ojos
de tanto amor los antojos, pues hay alma que los pida.
(Lee el papel. )
»Mientras duerme la envidia de esta tia, »y la esclavilla, si dispierta, vela, »te escribo á media noche, lumbre mia. » Y pues vivir no puedo sin cautela, »oye dos cosas que el amor piadoso »para nuestro remedio me revela. »Yo voy fingiendo, mi querido esposo, 6 »que estoy descolorida y opilada »para engañar un padre tan zeloso »y una tia tan mal intencionada.» »Busca un médico amigo que me vea, »y avisale de todo, si te agrada». .» Este dirá que solo quien pasea »con el acero aqueste mes de mayo « »sana de aqueste mal. Porque lo crea, »yo fingiré tambien algun desmayo. »Daráme los jarabes de livianas »Cosas, aunque mi amor no teme un ray0» »Saldré con este achaque las mañanas, : »tal vez á Atocha, al Prado, y tal al Sóto: »que por ti juzgaré las cuestas llanas. » Y por si aqueste velador piloto »de mi nave medrosa vá conmigo, »no te espantes del híbito devoto.
»Llévate al lado algun discreto amigo,
A »y dile que con élla finja amores:
| »quizá me dejará que hable contigo.
| »Esto me enseña amor, que mis temores
| »vence con su poder: que amar aprisa
| »no sufre espacio. Si los hay mejores,
| . : E »dime tú los remedios. Zu Belisa.
¿Qué te parece? Ris. Que creo que su amor y discrecion no tienen comparacion sino en su mismo deseo. ¡Lindo remedio! Lis. “Extremado! ¿Pero dónde habra doetor que ayude á mi justo amor? Ris. Justamente habeis dudado. Aunque mas amigo sea, ninguno lo querrá hacer, aunque le conste el saber el buen fin que se desea, Es el médico el oficio de mas confianza. Belt. Amor dió el medio, y dará el doctor. Lis. ¿Tienes perdido el juicio ? Belt. Ponedme á mi, si quereis, un hábito doctoral : que yo sé que no haré mal lo que los dos pretendeis. Un poco sé de latin de los récipes, y haré con esto poco que sé que tenga salud. Lis. En fin, has de encajar tus locuras, Beltran, en toda ocasion. Ris. ¡ Por Dios que tiene razon ! amor es todo aventuras. Entre estos encantamientos
ejecuta un disparate. E Lis. ¿No ves que es este un orate?. destruirá mis pensamientos. Ris. ¿Cómo? Lis. En medio de tener puesta en su punto la cura, hará la cura locura con que me eche á perder. Belt. ¡Yo! ¿Pues tiene Dios criado disimulo como el mio? : Lis. Dijeras mulo: y yo fio que lo hubieras acertado. Belt. Prueba, intenta. ¡ Ris. - No temais:. que Beltrán tendrá mas seso viendo que importa el suceso, Lis. Ahora bien: los dos estais de ese parecer: yo digo ? que sea. Vente á vestirse. p ¿Pero quién ha de decir que lo envia? Mis. Algun amigo» Lis. ¿De quién? Ziis, Del padre. Lis. Eso no, sino amigo de Belisa, á quien hoy la misma en misa su enfermedad le conto. Ris. Vamos. Lis. Todas las razones te pienso hacer estudiar. Belt. ¡ Mas que me vengo á quedar con doctor de opilaciones!
Vanse; y salgan Prudencio , viejo, y Octavio de camino , y Salucio, criado, con fieltro y maleta,
Prud. Dadme otra vez los brazos como deudo: que la primera vez fue como amigo.
Oct. Una y mil veces, mi señor Prudencio: que miro en vos el rostro de mi- padre.
Prud, ¿Con salud qued
Lleva tú la maleta á
a en fin? Oct, Para servivos».. la posada,
Salucio. Prud. ¿Qué posada? ¿tal agravio quereis hacer á nuestra casa, Octavio! ¡Óla, Leonor! ¿no hay un criado en casa?
Sale Leonor, esclava.
Leon. ¿Qué mandas? Prud. Toma luego aquesa ropa, y llama esa muchacha; y á su tia
di que está aquí su primo. Leon, Muestre, amigo.
Sal. Quien á vuestra merced da la maleta, le diera... Leon. Diga, Sal. Yoda la estaleta.
Oct. Bien me parece este lugar. Prud. Es cifra de todo lo mejor que tiene España. E Danle gran magestad aquestas calles;
y el aire saludable que las baña
es el mas importante cortesano. Oct. ¡ Notables edificios! Prud. Vanse haciendo,
Salen Teodora y Belisa.
Teod. Dadme, señor, las manos. Oct. ¡Oh, señora? Prud. Vuestro sobrino regalad, Teodora: tu primo abraza tú. Bel, Seais bien venido. Oct. Vos, mi señora, con el mismo hallada: por vuestro esclavo me tened : que es justo. Bel. Por mi señor os tengo. Prud. Tan buen huésped ha de honrar esta casa muchos dias. Oct, Segin la voluntad con que entro en ella y la merced tan grande que recibo, ya no me pesa del temor que todos
me pusieron en esto del despacho:
que dicen que en la córte los que vienen por un mes á negocios, si salieron
de su casa mancebos y lozanos,
Ó se quedan en ella, ó vuelven canos.
Sale Leonor,
£eon. A la puerta está un doctor que me dice que te diga que lo envia cierta amiga de mi señora, señor. Prud. Dí que venga en hora buena. Oct. ¡Doctor! ¿hay enfermo en easa? Prud. No es nada; pero si pasa adelante dará pena. Belisa de haber comido de este barro portugués... Bel. Bien dice: que amor lo es, (ap.) que mi opilacion ha sido. Prud. Sospecho que está opilada. Oct. ¡Qué lástima y compasion ! Prud, Ahora es buena ocasion de curarla, Teod, ¡Qué no es nada! Pienso que será peor ponerla en cura. Bel. Si acaso tuvieras á cada paso este desmayo y dolor, á fé que no lo dijeras. Leon. El doctor entra, señor... Prud, Llega otra silla, Leonor,
| .
Salen Beltran de médico, gorra y vapa , guantes en las manos y y nas sortijas en ellas, y con el Li-
| sardo de acompañante. Tieinr:
Ets Mira que has de hablar de veras. Bel. Dios guarde á vuestras mercedes. ¿Qué es de la ¡enferma ?
| p ¡ |
Teod. Aquí estás
Lis. ¡Por dónde amor no entrará,
lince de tantas paredes!
Belt, Doña Ines, cierta señora á quién en misa contó su mal Belisa, me habló entrando en su easa ahora, que tiene del mismo mal una niña. El pulso venga.
Bel. Yo le aseguro que tenga en él bastante señal, porque se me alboroto, despues que entró, mucho mas,
Lis. Si tú de esa suerte estás, gloria mia, ¿qué haré yo?
A fé que si me tomára
el pulso A mí, que él me viera * con zalentura tan fiera
que los dedos se abrasára.
Belt. Venga ese otro pulso: que este ya nos dijo la verdad. rud. ¿Si tendrá necesidad, señíor doctor, que se acueste?
Belt. Sospecho que fuera bien; mas no es ahora razon; presto llegará ocasion en que el jarabe le den... Cuénteme ahora ¿qué siente? y digame la verdad.
Bel. Siento una gran soledad de hablar y tratar con gente. Allégome á la ventana;
y aunque:mucha gente veo, no está allí lo que deseo,
y quitaseme la gana.
Aqui sobre el corazon
se me ponen unas cosas
que me quitan enfadosas
la vital respiracion.
Cuando algo quiero gozar
se pone en la vista mia
una cosa como tia
que no me deja mirar.
Digo como tia grande,
y como viva persona
que me cansa y apasiona
de que no mirar me mande. Que no siendo con intento de ofender á Dios, jamás
de esto de no mirarás
no sé que haya mandamiento. Tras esto, la opilacion
que esto me suele causar, tampoco me deja hablar,
y apriétame el corazon. Querria hablar, y no puedo; mas ahora espero en Dios que tengo de hablar por vos, si desopilada quedo.
Belt. Aquí hay mucho que decir;
mas no dá el tiempo lugar:
yo haré que podais hablar
y honestamente TCll....
Al subir cuesta , escalera,
ú otra cosa, ¿qué sentis? Bel. Siento ahogarme».
Belt.s * ¿No subis
ligera? Bel. ¡Cómo ligera!
Belt. Ahora bien; pues vos podreis
muy presto. Tan solo quiero que por ahora el acero cuatro mañanas tomeils,
y os salgais á pasear
al Soto, á Atocha, ó al Prado;
pero con mucho cuidado de que el sol no os ha de dar. Porque allá Galeno dice que cuando acero tometur , sol in capite non detur: que á la cura contradice. Lis. ¡ Maldigate Dios, amen! si estos supieren latin,
yo soy perdido. Belt. Y en fin
mañana comienza bien. Porque “ayer fué oposicion; y dice el doctor Laguna que per opposita luna non fiat ulla emision.
Lis. ¿Otra locura? ¡Ay de mi!
Belt. Sin esto, desde este dia no habrá la melancolía de que lo mentais aquí, porque yo, os quiero enviar Músicos; y por ahora, esta sortija, señora, gran virtud ha de prestar,
Pero tambien advertid
que sin prenda no la doy,
por que es, á fé de quien soy, agena». Prud. ¡Jesus! decid: ¿qué prenda quereis por ella ?
Belt. Basta esa vuestra, Belisa.
Prud. Quitatela, niña , aprisa.
Bel. ¿Qué, bay tanta virtud en ella!
Oct. ¿Es uña de la gran bestia, señor doctor? Belt. No, señor: otra hallaremos mayor sin dar buscarla molestia.
Esta es de cierto animal que á las mugeres adora,
y esta es la causa que ahora resulta en efecto 1gual.
Lis. En esta anduvo discréto: bien mi sortija le dió: bien la suya le tomó.
Belt. Mañana salga en efeto despues que tome hasta media escudilla reposada del agua bien acerada, que desopila y remedia,, con el ir á pasear, todas las opilaciones.
A la tarde bendiciones pienso que me habeis de echar». Señor licenciado, mire | el pulso de esta dama...
(Llegue Lisardo y tome el pulso. Es estudiante de fama»... (¿Prud., Llegue, pues; no se retire... Está un poco vergonzoso (úPrud., como es ahora pasante.
Lis. Algo está febricitante , intercadente y dudos0.»..
¡Hay tan gran atrevimiento como decir bernardinas!
Belt. A ciertas damas vecinas voy ¿4 ver» Lis. ¡Qué gloria siento
Prud. Sírvase vuesa merced, .
(Várale á dar dinero.) y perdone. Belt. No haré tal. (Rehuse... Tómelo.) Lis. ¿Tomástelo? Belt. ¡Pesia tal...! Dios guarde á vuesa merced.
(Vanse los dos. )
Prud, ¿Quedas algo consolada? ' Belt. Me ha dado tan gran consuelo, que parece que del cielo trajo la ciencia estudiada, Prud. Hágase esta noche el agua, Teodora, por vida mia: porque antes que salga el dia... Leon. ¡Qué bien mi engaño se fragua! Prud. Salga esta niña ácia el Prado con Leonor, que bastará, Teod. ¡Sota con Leonor irá! vaya con élla un criado, y yo iré tambien con élla, Bel. ¡ Perdida soy! Oct. Si quereis que la acompañe, tendreis un escudero. Prud. No es élla, Octavio, tan gran señora que ese escudero merezca ; vamos á donde os ofrezca esta humilde easa ahora, no el aposento que os debe; pero el de su voluntad,
( Entrese el padre y éllas delante.)
Oct. Para darme calidad : vuestra misma sangre Os MUeves.». ¡Ay, Salucio! ¡qué muger para propia! Sal, Si la estima tu amor, ponla para prima, que no es dificil de hacer, Al instrumento deseo una prima es consonancia notable. Oct. Si es de importancia ser para sacarla Orfeo, haré, Salucio, lo mismo.
Sal. Poco espanto me dará: que cualquier amante está á las puertas del abismo,
Oct. De penas pierde el recelo, aunque su fuego me abraso, que si con ¿lla me caso, pienso estar á las del cielo.
Vanse, y salen Marcela y Flo-
rencio.
Flor. Que guardes esa lealtad es muy conforme á quien eres: que es honra de las mugeres cuando tienen voluntad ; pero es menester que el hombre pague en la misma moneda: que, si no, muy necia queda, y no merece otro nombre. Conservar lealtad á quien
no la ha guardado en su vida
es necedad conocida;
y no vengarse, tambien.
Riselo sigue su gusto:
sigue el tuyo, y no seas loca. Marc. No pienso mover la boca
aun para darle disgusto.
Del hombre la libertad
no se sujeta 4 opinion:
y en la muger es blason
de su honra la lealtad,
Por si misma la muger .
está á ser buena obligada:
porque ser casta forzada
no se debe agradecer,
Cuando por despique asi
yenganza en mi amor hiciere,
¿quién duda, si lo perdiere,
que la tomaba de mi?
Demas que no eres testigo,
Florencio, tan abonado
que crea yo que haya usado
tan mal término conmigo,
Si tú de tu voluntad ,
movido de un noble zelo,
me dijeras que Riselo
no me guardaba lealtad,
algun crédito te diera;
mas si tú me solicitas,
bien es razon que permitas
no darte crédito. Flor. Esperas Marc, ¿ Qué me puedes tú decir
que todo no sea en razon
de tu loca pretension ?
Flor. ¿Qué has de perder por oir?
Marc. Lo mas que podré perder. Todas las que se han perdido fué solo de haber oido: porque, á nacer la muger sin oidos, mas segura | por vuestro mar caminára.
Flor. Eso fuera si te hablára en tu ingenio y hermosura» Quiérote hablar solamente. en abono de mi honor. Sabrás á quien tiene amor Riselo distintamente despues que tiene amistad tan estrecha con Lisardo , un caballero gallardo de su traza y de su edad. Traen requiebros los dos cerca de San Sebastian : allí las flechas les dan, aunque ninguna por Dios.
AMí, 6 4 la Trinidad,
van dos señoras á misa;
una que llaman Belisa,
cuya hacienda y calidad
hace por dicha temer
á Lisardo en esta villa,
aunque es hidalgo, el pedirla
á su padre por muger :
es moza, cuyo despejo,
rostro, galas y tocado
mo viene mal consultado
cada dia con su espejo.
Sale de la iglesia haciendo
mil cayreles con el manto:
pisa firme, esgrime; y cuanto
va mirando, va rindiendo.
La otra dicen que es tia,
muger de mejor asiento:
no de aquel entendimiento
que parece argenteria.
Hay fondo, y conformidad
de su prudencia y buen trato
con un hábito beato
que le causa autoridad.
Mas no sé sí la anasaya,
que no sé si es estameña ,
tiene de esta noble dueña
los pensamientos á raya;
porque la veo mirar
á Riselo atentamente,
como á hurto de la gente,
ya al salir y ya al entrar.
Ayer, al salir de misa,
las dos pasaron delante,
y puso en la pila un guante,
no sé á que efecto, Belisa;
pero sé que un picaron
lacayo, injerto en truhan,
que sirve al dicho galan
ya de Mentor, ya de alcon,
lo tomó disimulado ,
y á los dos se lo llevó. Marc. Aun no imaginaba yo
que era tanto mi cuidado.
¿En eso entiende Riselo,
y el amistad de Lisardo
vino á parar...? Ya ¿qué aguardo?
¡castigue su engaño el cielo!
Al principio imaginé
que era tu aviso ficcion:
que una olvidada aficion
es sospechosa en la fé.
Es el camino ordinario
de quien padece un desden
el decir que quiere bien
A otra muger su contrario. Mas ahora que los cielos me declaran la verdad, no es ofender mi lealtad tener de la suya zelos. ¡Oh traidor! ¡qué por el gusto de un amigo que acompaña, pague mi amorosa hazaña con este indigno disgusto! Pues no ha de pasar asi. ¿Sabes la casa? Flor. ¡Pues no! Marc. Ven conmigo. Flor. Bien sé yo que lo hallarás por alli. Marc. Si muger de confianza ha de hacer algun error, no será interés ni amor: Dios nos libre de venganza.
Salen con capas de color, bizarros, Lisardo, Riselo y Beltrán.
Lis. ¡Oh cómo tardan! Riselo,
- ¿qué he de hacer?
Ris. Amor te valga»
Lis. Temo que de envidia salga de este mi sol el del cielo.
Ris. Antes no saldrá si sabe que es sol y que fuera estás.
Belt. Las aves le cantan ya á Belisa en voz suave: »mañanicas floridas »del mes de mayo,
'»recordad á mi niña »no duerma tanto.”
Lis. Campos de Madrid, dichosos si sois de sus pies pisados: fuentes, que, por ver la huerta. del Duque, subis tan alto: cristales, que os asomais buscando los blancos rayos por las verdes celosias, muros de los verdes cuadros ; hermosa alfombra de flores, donde tejiendo y pintando á está la naturaleza mas de cinco mil años: arroyuelos cristalinos , 7 ruido sonoro y manso, que parece que correls tonos de Juan Blas cantando, porque ya corriendo aprisa y ya en las guijas de espacio, parece que entrals con fugas,
y que sois tiples y bajos, »recordad á mi niña '
»no duerma tanto,” Ris. Aves, que vais por el viento, ya del sol clarificado , sobre sus vias tendiendo vuestros vistosos penachos: los que asomais por los nidos las cabezas gorgeando, y las que ya en altas ramas dais buenos dias al Prado: trigos, que con amapolas y mil amarillos lazos sois un tapiz de verduras, sembrado de papagayos: álamos verdes, á quienes con tantas hojas y ramos vistió de alegre libréa, apesar de octubre, mayo; para que la niña venga que está esperando Lisardo, »recordad á su tia »no duerma tanto.” Belt. Tabernas de San Martin, generoso , puro y santo que ya pone1ls reposteros como acémillas de Baco: cajones, que ya os cubrís con el pan de leche blanco: franceses, que pregonais aguardiente y letuario: carretones de basura, que vais las calles limpiando: ropcros, que amaneccis con solícito cuidado, sin ser procesion del Corpus, las tiendas entapizando; y vosotros, aires frios, que dais tos y resfriado, romadizo, y otras cosas á los que salen sudando; porque despierte á la tia y élla á Belisa, si acaso duerme, descuidada ahora de que la aguarda Lisardo, recordad , mi fregona, ¿»ho duerma tanto.” iS. No me parece que tiene ¡de tu cuidado pesar. is. Terrible cosa es mirar ¡Aquel si viene ó no viene. «Is. Mientras penas como sueles y élla el levantarse traza, vaya Beltran á la plaza de Anton Martin por pasteles: que mientras que se regale nuestro estómago almorzando,
estarás tu contemplando
aquel si sale ó no sale, Lis. Bárbaro estás. Ris. Libre estoy» Lis. Es para el entendimiento
amor divino sustento. Htis. Pues yo al cuerpo se lo doy A
que es lo que aprovecha y vale, Lis. Yo no, porque en mis deseos
a un favor tras mil empleos
no hay manjar que se le iguale. Belt. Alli vienen tres mugeres. - Lis. ¡'lres! ¿en dónde? Belt. En la Carrera. Lis. ¿Son éllas? Belt. Aquí me espera. Lis. Lince en mis cuidados eres....;
mas detente, que élla viene, Belt, Ella es sin duda, señor. Lis. ¡Puede haber mayor favor
de cuantos el amor tiene!
Salgan en zapatillas, con sombre-
ros de plumas, y las ropas levan—
tadas al uso de Madrid, Teodora,
Belisa y Leonor, ó en chinelas con listones.
Teod. Mientras mas te voy diciendo que á los hombres no te allegues, que mires, y no te ciegues, porque ciega el amor viendo, mas: te acercas y te allegas;
y si en allegarte das, mariposilla serás: quemaráste si te ciegas.
Bel. ¡Walgame Dios y qué extraña condicion que se te ha hecho! no me ha de ser de provecho 4 si tu rigor me acompaña, ni el acero ni el paseo.
Ves que el doctor me mandó que viese gente, y que yo cumpliese cualquier deseo ; ves que á mi melancolía
es aquesto conveniente,
¿y apartásme de la gente?
Lis. ¡Ahora sí que es de dia! ¡ahora si que salió á estos campos el aurora!
Teod. ¿Luego dejaréte ahora hablar con los hombres yo?
Bel. ¿Pues con quién tengo de hablar? ¿con las bestias? ¡discrecion!
Teod. Para aquesta opilacion te mandó el doctor andar.
Bel. Y ver gente, y hablar gente,
y andar con gente mejor: ¿no es esto verdad, Leonor? Leon, ¡ Y cómo sí es conveniente! ¡ y cómo si es de importancia á tanta melancolía!
Teod, ¡Qué buen testigo esta fria fuente, cuya consonancia basta para desechar
del alma toda tristeza !
Mira con cuánta belleza
sube hasta querer entrar
por ese verde aposento
del jardin del Duque, y mira las blancas perlas que tira, rota en pedazos, al viento. Mira estos árboles verdes
que le hacen toldo y dosel, para que debajo de él
de ningun dolor te acuerdes. Habla con éllos; que asi'
la soledad perderás,
Bel. ¡Lindos eonsejos me das! ¿y responderánme ? Teod, Si. Bel. Señores árboles, yo muy buena intencion traía de decir la pena mia
5 quien la causa me dió. Para aqueste desafio
del campo, donde ya espero, el pecho armé con acero -- con que dar un filo al mio; y contra la impertinencia
de quien no me deja hablar, desde hoy mas lo pienso armar de esta forzosa paciencia ; toda la noche pasé
esperando la mañana ;
pero fué esperanza vana, pues sin hablar me quedé. Suplicoos, árboles verdes, que me tengais por fiél,
y á ti, mi verde laurel,
que de mis males te acuerdes.
Lis. Harélo sin duda asi;
lo mismo te pido yO.
«¡Teod, ¿Y dónde hay laurel aquí?
Bel. En San Gerónimo hay tante que puedo hablarles así.
Teod. ¿Y verlos tú desde aqui» ++? Cubrios luego los mantos; y demos la vuelta á casa. Entiendo ya tus maldades: ya sé tus enfermedades: ya sé todo lo que pasa: ya sé tus opilaciones:
a sé el agua de tu acero. Dernió á tu padre quiero: todas fueron invenciones. Cuúbrete presto, Bel. ¡ Eso si) riñe, riñe: no repares en que me das mil pesares.
Yo me;moriré por ti,
Enciérrame eon mi mal;
máteme melancolía :
para mi no salga el dia,
sea todo tiempo igual.
¡Plega 4 Dios que antes de un m
en otro hábito me vea
levar donde me desea
tu rigor! para que estés
contenta de ver mi vida
donde á Dios pidiendo estás.
Enterrada, aún no diras
que estaré bien recogida. Y
¡ Plega á Dios que crezca el mal
y rebiente el corazon,
y que en aquesta ocasion
me dé una gota coral! -
¡Plega á Dios! : | Leon. Esto has querid
mirela ya desmayada. : Lis. ¿Cayó Belisa? Ris. Alterada:
está su tia: ¿qué ha sido? Leon. Ves aquí lo que has causa
con tu mala condicion. | Teod. ¿Qué le he dicho? Leon. Que es fiecit
bastante ocasion le has dado. +
¡ Fingido debe de ser |
mal que encarece un doctor
Teod. ¿Qué es eso? tan grave».. 1; Ah señor , señor! Bel. El árbol habló. | Zeod. ¿Qué es lo que quieres hac Teod. ¿El árbol? Bel. Señora, sí. | Leon. ¡Ah, señores! ¿tienc algun Teod. ¡Hay tan notable insolencia! | sortija: de corazon! | Bel. ¿Esto te enfada tambien ? Teod, Esta es mejor invencion» los cielos, tia, me den (Lleguen.) |
con tus enfados paciencia. Teod. ¿Pues piensas que no entendi | Zís. No mas temor importunO... con los árboles que hablaste ? ¿Qué es esto, señoras mias? Bel. Con malicia sospechaste. Leon. Desmayóse esta señora.
Lis. ¿Aqui en este punto ?
Leon. Ahora: tocad sus manos. Lis. ¡Qué frias!
Teod. ¿Porqué las ha de tocar ?
Leon. Porque con la alteracion se sosiegue el corazon.
Lis. ¡Hay mas bien que desear..! (ap. ) Pondréle aquesta sortija al dedo. Belt. Basta: que en paz amor con este disfraz viene á- jugar la sortija.
Lis. ¿Hay en qué poder traer
agua de la fuente? Leon. Sí, que un buúcaro trae aquí.
(Sáquele de la manga un barro. )
His. De eso debe de nacer todo el mal que la atormenta; parte á la fuente”, Beltrán.
Lis. Mientras por el agua van, para que el dolor no sienta, quiero decirle al oido
unas palabras notables.
(Háblela Lisardo al oido. )
Teod. Sí: sé: como tú la hables élla cobrará el sentido.
Riis. Puso Dios virtud, señora, en las piedras: ¡cuánto mas en las palabras! Teod. Jamás pensó ver esto Teodora.
¡Hay insolencia fundada en tanta fuerza y razon! - (Despierte Belisa.)
Bel. ¡Qué dulce consolacion !
Rlis. ¿Habló?
Peod. ” Sí: despues de hablada.
Bel. Parece que una abejita,
| Cuyo tierno pico adoro,
con un susurro sonoro , Que todos mis males quita, un panal de miel sabrosa
_en el oido me hacia.
'eod. ¡Abeja! Aláno sería,
¡traidora , en tu oreja ocioso.
¡Hay desverguenza como esta !
1¿S. Sentáos con élla, señora:
que no es bien que suba ahora
ese pedazo de cuesta.
Sentáos vos, señor Riselo,
junto á élla, y yo estaré
Junto á esta dama: porque...»
O que no permita el cielo....
st se desmayáre pueda
volverla 4 hablar al oido.
dl Sientense los cuatro.) |
dod. Esto, Belisa, has querido;
¡qué buena tu honra queda ! Bel. Calle, tia de mis ojos :
que el doctor manda que vea
gente. Teod. ¿Y manda que ésta sea?
(Comienza Riselo á entretener
la tia; y Lisardo y Belisa hablan al oido. KRiis. No reciba de eso enojos
vuestra merced, oiga acá. Teod. ¿Qué quiere vuesa merced? Ris. Quiero que me haga merced
de escucharme. Teod. Acabe ya» Ris. Ese mongil de estameña,
hábito beato y grave,
ese donayre suave
que hará manteca una peña:
esa dulce gravedad ,
ese claro entendimiento,
ese honroso fundamento
de virtud y honestidad;
esos ojos regalados,
tan antorchas de mi empleo,
que cuando ayuna el deseo,
se los dá amor estrellados ;
esa boca ilustre y bella,
coral, sangre y pura rosa,
que jamas ha hablado cosa
que no la echase por ella ;
esa nariz rubicunda
que, por única nariz,
merece hacerle un terliz
que le sirviese de funda:
esa bien puesta garganta,
donde de esa toca al punto
tiene el amor todo junto
con la argolla á la gargantas
esos pechos, á quien paga
pechos amor cuando juego
del vocablo, y con que ciega,
tira, prende, mata y llaga,
me tienen muerto de amor., Teod. ¡ Jesus! no pase adelante:
¿cómo á muger semejante
habla en amores, señor ?
Levantaréme: ¡ay Dios mio!
¿es esto lo que hoy recé? Ris. Deténgase; y la diré
que tiene un gallardo brio. Teod. ¿El hábito no le espanta ?
¿no mira que está bendito? Ris. Terrible es el sobre-escrito;
mas siempre el amor levanta
de las cartas la cubierta
donde está la cortesía.
Yo la adoro, frayla mia,
por la parte descubierta,
Teod. ¡; Qué notable tentacion »..! ¡Ah qué mal hombre que está! Dios le alumbre... Hágase allá,
HRis. Los de amor preñados son. Bien dice: con bien me alumbre: sepa que me da un antojo.
Teod. Por su vida ¡que me enojo!
Liis. ¿Esto le dá pesadumbre?
( Beltran con el agua.)
Belt. Aquí viene el agua,
Leon.
y siéntate junto á mi. Sientese Beltrán. )
Belt. ¿Luego derrámola? Leon. Si, que ya se dan la batalla dos á dos. Belt. ¿Y la brabeza de la tia? Zeon. Ya cesó.
Belt. ¿Y cómo estamos tú y yo?
Leon. ¡ A fé que es él buena pieza! ¡ Parécele diga bien?
¡cómo habló con Catalina ?
Belt. Mabléle por tu vecina,
y por tu amiga tambien. Leon. ¡Que no quiero esa amistad! (Vuelva la tia la cabeza y vea abrazarse Lisardo y Belisa.
Teod. ¿Qué es eso? ¡qué lindo ensayo!
Lis. Apuntábale el desmayo, '
y túvela. Teod. ¡Qué piedad!
Ris. Dejadlos hablar, que son mozos; y bien podria ser fuesen marido y muger.
Teod. ¡Ya entiendo la opilacion !
Leon. WMaldito seas... ¡Qué bien ser doctor fingiste allí!
Belt. ¿Parecite bien asi?
Leon. Y de esta suerte tambien.
Belt. Sabéte que sé curar.
Lis. ¿Cómo?
Belt, He curado un cuartago
Calla;
que despues del de Santiago, cual nos le suelen pintar, no tiene bestia Madrid, aunque no las tiene malas, como él. Fáltanle unas alas. Teod. Si sois libre me decid. Riis. ¿Tan encogido os parezco ? Teod. No digo, sino si acaso no sois casado, Rís. Aunque Caso, jamas casarme merezco. : Si yo halláre una muger de gobierno como VOS... Teod. Eso encomendadlo á Dios, porque Dios lo puede hacer. Ris. Sal quiere este huevo. Bel. El so! entra furioso, mi bien. Para que dure tambien y no haya algun arrebol, es menester dar lugar á la razon. Vete ahora, y habla primero á Teodora. Lis. ¡Bien le ha sabido el hablar! Riselo, vamos de aquí que es muy tarde.
Ris. A Dios, mi gloria. (Levántense. ) Teod. ¿Y tendrá de mí memoria?
Ris. Hasta olvidarme de mi.
Teod. No habrá salido del Prado cuando todo se le olvide.
Ris. Wal vuestro descuido mide los lejos de mi cuidado,
Teod. Yéngame siguiendo ahora,
nuestra casa sabrá,
Lis. ¿Qué hay de Teodora ? | iS. Que est como un mazapán Teodora.
Teod. Ven, muchacha, por aquí. —
Bel, ¿Vas enfadada? Teod. ¿De qué
Ris. ¡ Lindamente la engañé!
Lis, Amor, ¡victoria! venci,