El acero de Madrid : comedia famosa · Capítulo real 2 de 3

Acto segundo

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 2 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

ACTO SEGUNDO.

Salen Octavio y Salúcio,

Oct. | go hombre determinado es incapaz de consejo. Sal, Yo, señor, no te aconsejo. Oct. Ni es oficio de eriado. Eso ha de hacer el amigo, el superior, y el que es viejo. Sal, No es querer darte un consejo hablar de tu bien contigo, Tu prima es bella muger y en sangre la misma tuya. Oct. Si la diferencia es suya, ¿qué puede Octavio perder? Jal. No me ha parecido á mí que yive en la honestidad de muger de calidad y Que nació para tí, Oct. ¡Cuánto va que has de obligarme a hacer algun desatino! Sal. Ya del tuyo lo imagino: quiero dejarte y guardarme, Oct. ¿Pues cuál hombre hablar osára en un ángel? Sa/, Tiene pies, en que descubre lo que es. Oct. En lo que dices repara. Sal. Digo que aqueste salir cada mañana me enfada. Oct. A mi, Salúcio, me agrada verla del campo venir Cual rosa de Alejandría : | tales colores sacó uego que el alba rompió a prision en que vivia. ¿O cual lirio aljofarado puede el rocio dejar como élla suele mostrar el rostro en sudor bañado? ¿Hay cosa como el despejo del sombrerillo y el manto ? Sal. Nunca la he mirado tanto, Oct. Yo se que el alma le dejo | Cada vez, y á tener mil, en los cabellos revueltos, que ya atados y ya sueltos adorna un velo sutil. | ¡Pues en viendo la chinela | de listones enlazada,

de su pie reja dorada, donde, estando preso, vuela ! no hay tan cuerdo entendimiento que no trajere despues todo el seso en tales pies. Sal. Ya por el tuyo lo siento. Mas si tanta bizarria y ese volver desde el Prado cual lirio en perlas bañado y rosa de Alejandría, no vienen con ocasion de la enfermedad que dice, ¿qué importa que la matice el pincel de tu aficion? Oct. ¡Necio! en volviendo de andar ¿ino ha de venir encendida? Sal. Nunca está descolorida, ni la veo desmayar, si no es cuando hablarla quieres; yo pienso que tu aficion es toda su opilacion. Oct. Maliciosa béstia eres. Sal, Si yo veo la beata, la de la manga y rosario, la del pardo escapulario y la Concepcion de plata, que la culpaba y reñia, despues que sale contenta, ¿qué quieres, señor, que sienta? Oct. ¿Cómo , Salúcio, en su tia osas tii poner la boca? ¡en una santa! Sal. No sé si es santa. Oct. ¡Cuán bien se vé que el demonio te provoca! Doliáme el otro dia la cabeza; y solamente bendecirme, de repente me quitó el mal que tenia: ¡y osas hablar! Sal, Pues á mí a otra noche me bendijo, y Ciertas cosas me dijo rezando que no entendi; y doliéndome de vicio una muela, tal anduve de todas juntas, que estuve para perder el juicio, Oct. Este es milagro Sal. Sin duda de los que Mahoma hacia, pues lo que qa una dolia

á todas juntas lo muda. Oct. Antes porque te faltó la fé, quiso castigarte y aquel dolor aúmentarte que de una en todas te did. Tú toma resolucion de no hablar en ésta mal: que es muger muy principal; y en fin mis párientas son. Fuera de que por muger quiero pedir á Belisa. Sal. ¿Tan aprisa? Oct. Tan aprisa. Sal. No te quiero responder.

Sale Beltrán vestido de medico.

Belt. Dios sea en aquesta Casa. Oct. El doctor. Sal. El bellacon. Oct. ¿Qué dices? Sal. Que todos son de una pasta y una Masa». Belt. ¿No está , señor, levantada esa niña? Oct. Poco habra que vino del campo. Belt. Ya andará mas descansada. Oct. Provecho le van haciendo los jarahes. Belt. Es gran cosa: aquella hinchazon aquosa vá gastando y deshaciendo. Dale la vida ver gente. Oct. Yo, mi señor, no he dormido esta noche. Belt. ¿Qué ha tenido? Oct. Cierto enfadoso accidente. Belt. El pulso... Por vida mia que no está muy sosegado...: mas esto mas se ha causado de pura melancolía del alma y el pensamiento que de corporal pasion. Algo parece aficion. Oct. ¡Qué divino entendimiento! Belt. ste majadero muere Bel; ; Y ap.) por Belisa, y nos persigutC.». quien algun deseo sigue, mas poco á poco le espere: que del alma las pasiones se suelen comunicar, y de éllas causas tomar las exteriores acciones. Asi lo dijo Avicena : quando anima contristatur, corpús maxtme gravatur, é importa dejar la pena. Oct. Tiene un ingenio divino. Belt. Haga que cuezan romero, ruda y tomillo salsero

en media azumbre de vino, y atárselo en un tobillo: podra asi dormir mejor. Sal. Tambien yo tengo, señor, cierto mal: ¿podré decirlo? Belt. Podeis. Sal. Siento aquestos dias despues que en Madrid estoy, tal descontento, que doy en grandes melancolías. Nada me parece bien: todos me son importunos.

Belt. ¿TYeneis dineros? Sal. Ningunos. Belt. Pues procurad que os los den. Vos sois hombre mal contento,

y aun algo murmurador. Oct. ¿Este es demonio, ó doctor?

Salen Teodora, y Belisa, como que se levanta.

Bel. Was aliviada me siento.

Teod. Aquí está el doctor.

Bel. ¡Señor!

Belt. ¡Jesus, niña! ¡y cómo estás hoy á mi gusto! no hay mas famoso talle y color. Dame ese pulso... ¡Excelente! Muestra esa mano. Bel. ¿Qué haces!

(Haga una higa con la maní de Belisa.)

Belt. Una higa, y que me abraces... Aun no hay señal de accidente. Bel. ¿A quién la tengo de dar? Belt. Désela al señor Octavio. Bel. ; De gentil hombre? Oct. Es agravis que os haceis. Haced sacar un espejo, y esa cara mirad, y dádsela á ella, porque á una cosa tan bella, . su mismo amor la matára. Belt. ¿Hoy dónde has andado? Bel. hasta la Casa del Campo, - en cuyas flores me estampo, y un hora me duermo alli. Parecióme que soñaba al son de una fuente pura que un ángel en hermosura, talle y discreccion, me hablaba: que mil cosas me decia jurando tenerme amor, y por Dios, señor doctor, que el alma me enternecia.

Quiso abrazarme tambien, y desperté. Belf. Aquel jarabe, como es tan blando y suave, alegra la sangre bien. Bel. Despues que tomo el acero y me salgo á pasear no siento ya aquel pesar de no gozar lo que quiero, Hállome tan aliviada de aquella melancolía, que ya mi señora tia noes mal acondicionada. - Ya no riñe su merced. Teod. ¿Y yo cuándo te reñi? bel. En otro tiempo la vi hacerme menos merced, Teod. Tú, sobrina, ya has dejado, andando, tu opilacion; y yo en la misma razon la tengo de haber andado. Debióseme de pegar; y como opilada estoy, á nadie, á fé de quien soy, - pienso reñir ni culpar. Belt. ¡Qué buena cosa sería que su mal se le pegase! Bel. Dios quiere que el mal se pase á usted, señora tia, porque sepa lo que son aquestas opilaciones. Belt. Yo la haré en breves razones que pierda la opilacion.

Sale Salucio.

¿Hay un criado? Sal. Aquí estoy. Belt. Vaya 4 la botica luego

por un manojo de espliego. Sal. Digo que volando voy. (Vase.) Teod. ¿Pues qué es lo que quiere hacer? Belt. El efecto lo dirá.

Vuesa merced nos dará

lugar, y podrá volver

dentro de un instante aquí. Oct. ¡Jesus! señor, ya me voy.

| ' | (Vase.) Belt, ¿Fuese? Teod. Si,

Belt. ¿Sabes quién soy?

Teod. Desde ayer te conocí:

ya sé quién eres, Beltrán :

ya sé todo el fingimiento,

y que eres el instrumento

del amor de ese galan.

Puesto que ha querido el cielo

castigar mi gravedad

y aquella severidad con adorar á Riselo, haz buen oficio con él: dile que mire que soy muger noble, y que le doy palabra de serle fiel. Aunque no sientas de mi los méritos que él merece, mi persona le encarece. Belt, Harélo, Teodora, asi. Arrima la hipocresia y la parda beatitud , porque en tanta juventud mas fuerte sangre se cria. Traza que estos dos pichones hagan su nido en tu casa: que si su padre los casa tu vida en remedio pones. Gozarás de un caballero como Riselo, tan grave, tan dulce, honesto y suave. Teod. Sabe Dios lo que le quiero. Bel. Tia , como élla solia reirme, puedo yo ahora reñirla. ¿No ve, señora, que es alma tambien la mia, y que tengo yo que hablar con Beltran? Teod. Tienes razon. Es nueva mi opilacion , y tengo mas que Curar. Bel. Dile, Beltran, á Lisardo... Teod. Calla, que tu padre viene.

Salen Prudencio y Octavio.

Prud. ¡La misma enfermedad tiene! otra pesadumbre aguardo. Oct. Así lo dijo el doctor. Belt. Muestra el pulso. Prud. ¿Qué tenemos? Belt. Anda este mal por extremos. Prud. Por Dios que temo, señor, que ha de darme á mí tambien. Belt. Estará muy pronto buena: no hay que tener de esto pena. Esto que digo le den; y á Dios que tengo una junta. (Vase.) Prud. Con lo que se quita el mal te ha dado á tí. Teod. Si es igual la sangre, hermano, y se junta, ¿qué mucho que me haya dado

Sale Leonor. de andar con ¿lla? Leon. Aquí estan

los músicos. Teod. ¿Entrarán? Pr. A muy buen tiempo han llegado.

Salen con sus instrumentos.

Mus. Hoy el doctor nos mandó alegrar esta señora.

Prud. Mas lo ha menester Teodora.

Mus. ¿Cómo? Pr. El mal se le pego... Enfádado y Con razon (ap.) estoy ; y de mi hermana hoy quedo sospechoso... Esto es un enredo.

Mus. Escuchad esta cancion.

(Canten. )

»Niña del color quebrado,

»0 tienes amor, d comes barro. »Niña, cuando sale el alba »dorando los verdes prados, »esmaltan el de Madrid

»de jazmines tus pies blancos. » Tú que vives sin color,

»y no vives sin cuidado,

»0 tienes amor, ó comes barro, »De que salgas: de mañana Aeoniral calado me espanto: »estoy por decir por ti:

»eso que comes no es barro; »pues madrugas y no duermes, »y andas por mayo en el campo: »ó tienes amor, ó comes barro,”

Prud. ¡Oh cuánto 4 un hombre avisan y aconsejan

las canciones suaves

, y poesías,

para enseñar los hombres inventadas! No en valde se inventaron las comedias primero en Grecia que en Italia y Roma; allí se ven egemplos y consejos, porque son de la vida los espejos. Ya puede ser que esta muchacha mia estuviese opilada de deseos: que no estan ya los tiempos de manera que puedan descuidarse con las hijas los padres que profesan honra y fama. Ya fué otro _tiempo, que con años treinta lMamaban niña una muger, y andaba

ugando con los mozos en cabello.

llas hoy por los pecados de los hombres, cierta señal de que se acaba el mundo, de diez años aspira á casamiento: á trece es madre; y á veinte y uno abuela. Yo quiero con egemplo de estos músicos casar mi hija: que es el mejor medio para desopilarla; y á fé mia que no ha venido Octavio, si él la quiere,

á mal tiempo. Oct.

¿Qué eátis contigo hablando?

Prud. Decia, Octavio, yo que los poetas nos estan avisando por momentos el modo de vivir á lo seguro: que entre aquella dulzura de la música nos dan mil aforismos y sentencias.

Danme deseos de casar mi hija.

Oct. ¡Ojalá que tuvieras tal propósito! si una dispensacion poco costára.

Prud. ¿Hablas de veras? Oct. Tan de veras hablo, que despues que la vi... Prud. Basta: no digas otra palabra: ya Belisa es tuya: tu padre soy: bien puedo yo casarte.

Oct. No lo es tanto, señor, tu hermano. Prud, Mira cuando quieres que, hablemos mas despacio»

Estan aquestos músicos presentes,

y ¿lla tambien: no quiero que lo entienda, Oct. Esta tarde podremos hablar solos, Prud. A Atocha nos irémos paseando,

Vete ahora: que quiero que Teodora

sepa su voluntad. Oct. Llevarme quiero

los músicos... Señores, yo querria

oirlos con espacio en mi aposento.

Mus. Vamos donde mandáredes.... Señorá, -

á Dios. Bel. El cielo os guarde. Oct. A Dios, Teodora. pro 5, (Vunse.) Teod. ¿Por qué se va nuestro sobrino? Prud, Creo

que se le pegan ya vuestras tristezas:

es toda aquesta casa opilaciones.

Mas oye, hermana, así te guarde el cielo.

Teod. ¿Es por ventura que casar intentas esta muchacha? Prud. Lo que dije oiste. Teod En verte hablar á solas con Octavio presumi que tratabas de casarla. - Prud. No quiero mas de que su intento sepas Teod. ¿No teniendo salud quieres casarla ?

pregúntalo al doctor: sabe primero

si será bien. Prud. Casarla es buen acero :.

dile que yo la caso con Octavio.

Teod. Yo lo haré así. Prud. Yo sé que no la agravio. (Vase.)

Teod. ¡Grande mal, gran desventura!

Bel. ¿Cásame mi padre? Zeod. Si, Bel. Todo lo que dijo óí. Tia, mi muerte procura: tia, daréme la muerte: tia, s1 me tiene amor, si sabe que este dolor es tan penetrable y fuerte: si ya ha visto de experiencia lo que saber no solia, mire que he de perder, tia, la vida con la paciencia: mire que Lisardo es ya mi honor, mi vida, mi sér, Teod. Belisa, no es menester, cuando de por medio está todo mi bien en Riselo, mas de mi propio interés. | ptos que á Octavio lé des da mano permita el cielo.... Bel. No lo jures: no se enoje, ' , Y hos. venga un mal suceso. "eod. Perderé, sobrina, el seso. Haz que luego se te antoje Ae al campo, al Prado, al Soto: finge mil melancolías: pasa las noches y dias en temerario alboroto. o me declaro, sobrina:

¡vivan Lisardo y Riselo! Leonor. Leon. Señora. Teod. ¿Dirélo? bel. "Traza, ordena , é imagina lo que quisieres de mí. Teod. Quiero escribir un papel á Riselo, porque en él sepa cuanto pasa aqui: por esto y porque mañana con Lisardo esté en el Prado, donde quede concertado dar con la esperanza vana de aqueste Octavio en el suelo, Aunque tenga mas poder, tú no seras su muger como me quiera Riselo. Bel. ¡Y cómo si te querra...! déjame besar tus pies. Teod. Este es mi propio interés, Leonor á llevarla irá, que, si no lo entiendo mal, no quiere mal al doctor. Bel. Tambien es muger Leonor, y Leonor quiere á su igual, Ven, y escribe por tu vida: mi desdicha le encarece. Teod. Voy. Bel, Leonor, ¿qué te parece e: (Vase.)

de esta virtuosa fingida ?

Leon. Aunque te dió pesadumbres Bel, Tuvo al principio templanza; mientras no supo querer, pero en fin vino á caer: has de tener bien que hacer al son de amor no hay muger en enmendar sus costumbres, que no haga una mudanza,

Salen Lisardo y Riselo.

Ris. Anda desesperada, y Justamente, con estos zelos que le doy Marcela. Lis. ¿De quién lo sabe ? Rís. De la misma gente: la fama es ave y por los ayres vuela. Lis. Desdicha ha sido. Ris. Y grande inconveniente para seguir la empresa que os desvela: porque por vos cualquiera cosa haria, hasta perder la misma sangre mia; ¡mas 4 Márcela...! Vive Dios, Lisardo, aunque quiera, no puedo. No es posible andar con vos. En visitarla tardo: y por venganza, que es muger terrible, 2 un marquesote, á un moceton gallardo ha dado franca entrada y apacible en casa, donde al sol que la pasea puso el honor dragones de Medea. Mandadme acometer cien escuadrones, mandadme detener los altos vuelos de las aves que tocan los balcones de la luna, y se estrellan en los cielos, y no sufrir en estas ocasiones de Marcela rigor, de un hombre zelos. El servir 4 Teodora sin mi gusto por el vuestro, Lisardo, fuera justo; pero verme olvidado de Marcela, zeloso de Florencio, y desdeñado, mo lo puedo sufrir. Lis. Ya se rebela tu cielo ¡amor! contrario á mi cuidado. Zelos os dá Marcela con cautela | por lo que de Teodora le han contado: vos lo tomais de veras, y de modo q que, si vos la dejais, lo pierdo todo. ¡Pluguiera á Dios, Riselo, que yo hubiera otro amigo lMevado! Ris. Yo me holgára ó que para serviros libre fuera... ¿Abrieron? Lis. Si. Bis. Mi muerte se declara:

Salen Florencio y Gerardo.

Florencio es este. Lis. De allá sale. Ris. Espera. Lis. No le has de hablar. Mis. Mi desventura es clara. Lis. El hombre no es culpado: ¿no es tu amigo ?.

Ris. ¡Cuánto mal me ha venido de ir contigo! Flor. Parece que se ablanda. Ger. ¿Quién lo duda? asiste : que asistiendo estoy seguro

que has de rendirla. Flor. La porfía muda

el áspero rigor de un monte duro,

Como Riselo á verla un mes no acuda,

no dudes que tendré lo que procuro. Ger. Riselo quiere bien á su beata: ya es mercader que en estameñas tratas Tratar solia en telas y diamantes: o se ha perdido, ó quiere andarlo todo. Flor. Pues yo pienso con prendas semejantes hallar, Gerardo, á mi remedio el modo: y porque en el amor son importantes mas que ser Salomon Narciso y Godo, hoy de Guadalajara en la gran Puerta haré un empleo: en lo que siempre acierta». Ger. ¿Qué sacarás? Flor. Catorce ó quince varas del mejor terciopelo de Toledo, y un corte de Milán de flores raras, ó de rica labor, si hallarle puedo. Con esto y cien doblones de á dos caras no pienso á las de nadie tener miedo. Ger. Cuadróme. Flor. Es linda cosa en estos tiros trocar en seda y oro los suspiros.

(Váranse Florencio y Gerardo.)

Ris. Mucho he sufrido por tí.

Lis. No es ocasion de perderte:

- que bien puedes de otra suerte remediar que no entre aquí.

Ris. Si élla está determinada ¿qué remedio puede haber ?

Lis. ¿Posible es que una muger esté ya tan olvidada?

Llama : que, siendo forzoso, - yO le diré la verdad.

His. Paréceme una ciudad, muro, foso y contrafoso. Paréceme ya, Lisardo, que aquesta puerta ha de ser tan fuerte, que es menester para romperla un petardo. Parécenme las ventanas troneras llenas de tiros.

Lis. Con menos de dos suspiros apostaré que la allanas.

Marcela en alto.

Pis. ¡Ah de casa! Marc. ¿Quién es?

Ris. Yo.

Marc. ¿Yono mas? ¡grande palabra!

Ris, Abre, mis ojos.

Marc. ¿Que abra?

Ris. ¿Luego no has de abrirme?

Ud ; No. ¿5 ¿Qué os parece!

Lis, ¿Q Abre, señora: mira que vengo yO aquí.

Marc. Exrados venis. Lis. ¿Yo?

Marc... Sí:

que no vive aquí Teodora.

Cerca de San Sebastian

vive esa dueña de honor,

con su poco de color

y sus tocas de azafrán,

Es muger de escapulario,

con mas botes de virtudes,

aguas, yerbas y saludes

que hay en cas de un boticario,

Es, diferenciando el centro

de aquella exterior esfera,

ermitaña por defuera,

y demonio por de dentro. unca sin imágen viene,

mas es de la Concepcion,

en donde hace oracion

cierto devoto que tiene.

Su santidad ha llegado...

que bien se puede decir...

á que ya se vá á vivir

á Atocha, al Soto y al Prado, na niña, á quien enseña

todas estas devociones,

con ciertas opilaciones

anda en visperas de dueña:

tan blanda, aunque toma acero,

que no hay cera que la iguale ;

habla, mira, escribe y sale

á ver cierto caballero.

Esta hallarán donde digo:

porque aquí solo hallarán

muger que quiere galan

qué quiera menos su amigo,

(Quitese.)

Ris. ¿Entróse? Lis. No, sino cl alba cuando andaba entre las coles.

Ris. Alba para mi y aun soles.

Lis. La intencion, Riselo, os salva. No temais. Pues que no habeis hecho ofensa á esta señora, llamad, decid que á Teodora en vuestra vida vereis: que ya no quiero á Belisa, ni en mi vida la veré.

Ris. Esperad :que aunque se fué tan furiosa y tan aprisa, sin que perdais vuestro bien, he de procurar el mio..»..

¡Ah de casa! Lis. Es desvario. Ris. ¿No responden? | Lis. No habrá quien. Sale Beltran.

Ris. ¡Ah de casa! Belt. En busca vuestra ando mas ha de dos horas. Lis. ¿Dirás, Beltran, que esta ignoras? Belt. Este papel traygo. Lis. Muestra. Belt. No es para tí: que Leonor me le dió para Riselo. Ris. ¿De Teodora? ¡buen consuelo...! Abre, Marcela. Belt. ¡ Ah señor! Ris. Que no hay señor: quita allá. Lis. Lee, Riselo, por Dios. Ris. ¡Bien me aconsejais los dos! Si acaso acechando está por la ventana Marcela, y el papel me ve leer... Lis: Para picarla ha de ser la mejor treta y cautela. Lee ; no seas tan tierno. Ris. ¡Qué no haré por tí, Lisardo! Lis, Ver abrir el cielo aguardo. Belt. Yo ver abrir el infierno. (Lea Riselo. ) »Octavio pide á Belisa »por muger,” Lis. ¡Muerto soy ya! (Lea, ) »y Prudencio se la dá.” Lis. ¡Tanto mal y tan aprisa! CLea.) » Yo, mi bien, te quiero bien, »y lo procuro estorbar; »que con él se ha de casar »y yo contigo.” ¿Con quién? Belt. Contigo dice, Mis, ¡ Conmigo! Lis. Ah, Riselo, echa de ver que hallarás otra muger,

y no hallarás otro amigo. Ris. Lo mismo te digo yo. Lis. Yo quiero á Belisa mas:

tu en la posesion estás

de tu deseo, y yO NO.

Ris. Espera: hablaré con élla ,

y diréle la verdad:

por dicha por tu amistad

sufrirá burlarme de élla...

¡Ah Marcela! ¡ah, mi señora !

oye una palabra. ¡Ah cielo!

Sale Marcela. Marc. ¿Ya no te he dicho, Riselo,

que no vive aquí Teodora ? Ris. Oye, mi bien, y sabrás

la verdad. Marc. ¡Verdad en ti! Ris. Lisardo, mi amor le di. Marc.¡Qué buen testigo me das! Lis. Marcela, Teodora fué

de aquel mi amoroso encanto

el gigante; y entre tanto

que le defendio, no entré,

Pedí á Riselo venciese

con amor su hipocresia:

esto con élla fingia

para que lugar me diese.

Sucedió con gran ventura:

si la engaña, ¿qué te ofende? Marc. ¿No se entretiene y pretende? Lis. Sí; ¿pero á cual hermosura ? Marc. Quita allá: que cualquier cosa,

aunque fea y despreciada,

si es mucho tiempo tratada

viene á parecer hermosa.

Yo no entiendo esas quimeras:

mil cosas hay, si te burlas,

que se comienzan de burlas ,

y que se acaban de veras.

Id en buen hora los dos:

de mi no os podeis quejar:

que yo no voy á buscar :

á Riselo. Zfís, ¡Bien por Dios! Marc. Cuando yo á buscarlo fuera;

era bien satisfacerme;

mas si él piensa hablarme y vermé

ha de ser de esta manera.

Ha de llevarme mañana

á donde el acero toma

esa frayla de Mahoma,

esa galga con cuartana,

envuelta en manta de gerga,

y le ha de decir alli

que muere, que pena aquí,

come, viste, vive, alberga, y que ha sido todo engaño cuanto le ha dicho hasta ahora. Lis. ¡Medraré por Dios, señora, con ese buen desengaño ! ¡bien se hará mi casamiento con Belisa de ese modo, cuando mi edificio todo no tiene otro fundamento! ¿Tú no ves que es gean erueldad echarme á perder asi? Murc. Piérdame Risclo 4 mí que mas le vá en tu amistad ; á mi, pues él me desecha , no faltará quien me estime. Ris. Eso hace que me anime á proseguir mi sospecha. ¡Ah Marcela, bien se vé que aqueste achaque has pues habiendo asegurado con tanta verdad mi fé, y sabiendo que es ficcion todo el amor á Teodora, -y que mi alma te adora, sales con esa invencion ! ¡Oh! ¡cómo te ha estado bien para que entre y salga aquí Florencio! ¿y tratarme á mi con este injusto desden ? De que haga yo la amistad que en esto á Lisardo hago, tú has dado, Marcela, el pago que merece mi verdad. Entre Florencio en buen hora. Vamos, Lisardo: que ya querer de veras será lo que fué burla en Teodora. ¡Vive Dios que no has de verme en tu vida mas! Marc. ¿Y yo moriréme de eso? Mis. No. Mar. ¿Pues qué mal piensas hacerme? Ris. El tiempo te lo dirá. Ven, Lisardo. Lis. Espera un poco. His. No hay esperar. Mar. Vete, loco.

buscado:

Ris, ¡Loco! muy cuerdo soy ya.

Teodora tiene secretos

que me despiquen de tí, Marc. ¿Y Florencio para mi Vo sabrá algunos conceptos ? —Waáyase vuesa merced - con su Egipciaca señora;

y mire que desde ahora

me hagan los dos merced de no llegar á esta calle, porque donde entra Florencio

ha de haber honra y silencio, pues lo merece su talle.

His. ¡Esto sufro, fuera, dig0...! (Saque la daga.)

Mataréla. Marc. ¡ Ay Dios! Lis. Detente. Belt. Entróse y cerró. ; Ris. ¡Que intente.

tal desvergiienza conmigo! Las puertas le romperé.

Lis. Por Dios que mires su honor.

Belt. ; Qué eslo que intentas, señor?

Lis. Estoy sin seso: no sé.

De la una parte el amigo > mayor que tuve en mi vida

á seguirlo me convida,

y finalmente lo sigo:

por otra aquesta muger,

que adora mi alma tres años.

En extremos tan extraños ¿qué medio podré tener?

Lis. El medio es dejarme á pues á mi no me perdeis: que mas vuestro me tendreis con lo que ha pasado aquí. :

Ris. ¡Eso no! por mil mugeres, aunque rebiente, aunque muera.» ¡Pero que esta injusta quiera,

viendo que á Belisa quieres,

y que fingo con su tia,

escaparse por aquis..!

Abre, fiera. Lis, ¿Estás en ti?

(Marcela en. alto. )

Marc. Oye, amigo. Ris. ¡Ab prenda mia) Marc. A esa su dama encubierta, á esa su frayla Teodora voy á escribir que me adora, y que me quiebra la puerta. É (Várase. ) Riis. Acabóse: yo soy muerto: élla está determinada. Lis. Dejadla, que está enojada 3 y de una cosa os advierto: que con no la ver dos dias os ha de buscar, Riselo. Ris. Por verme tierno rezelo burla de las ansias mias. (Tórnese d asomar. ) Mar. Oye, señor: á los dos advierto que son engaños, porque sí se está dos años no lo buscaré por Dios. Ln ; (Váyase.)

mi,

Lis, Oye. Ris. Escucha. Belt. Grandes necios los dos con Marcela estais: que en fin ocasion le dais para mayores desprecios. Habla: y escribe á Teodora: aunque blasone, verás s1 llora y lo siente mas que lo rie, y burla ahora. ( Asómese Marcela.) Marc. Oye, señor picaron : no haya miedo que así sea aunque un siglo no me yea: que tengo honor y razon. ) - -(Quitese.) Belt. A caballero nos tira: arma detras, y dispara. ZRtis. La ventana la repara: su desenfado me admira. Pues de aquesta vez me voy.

no los puedo yo tener

del sol en esta ocasion?

Todas aquestas mañanas

que tan de mañana asoma

el sol por estas ventanas,

es el acero que toma

armas contra mi tiranas»

Armado de acero sale

contrá mi el sol de los cielos;

y aunque en armas no lo iguale,

contra el poder de mis zelos

ninguna fuerza le vale.

Yo. voy á ver donde va:

que despues que en nombre está

de mi esposa, este cuidado

justo ó injusto me ha dado, Sal. Con justa causa te dá.

Al principio te adverti;

bien puede ser que este acero

no se vista contra tl.

Lis. Bien harás: que es muchoenfado. | Oct. Saberlo, Salúcio, quiero...

fiis. Hoy á Marcela he dejado:

mira si tu amigo soy.

Vánse; y salgan Octavio, y Salúcio vistiendolo,

Oct. Dame la capa y la espada. Sal. Ponte la trenza del cuello... ¿Quieres espejo? Oct. Me enfada en no siendo el ángel bello de mi esposa y prenda amada. Sal. ¿Qué capa? Oct. La de color. Sal. ¿Dónde vas tan de mañana ? mira que el alba, señor, “aun no llama á la ventana con el primer resplandor. Oct. Habla bajo, que he sentido que Belisa se levanta, y su dulce voz oido: no por diligencia tanta pierda el favor pretendido. Aunque entre rojo arrebol el alba apenas se ria en nuestro cielo español, no digas que no es de dia despues que ha salido el sol. Sal. ¿ Luego quiéresla seguir ? Oct. Tengo unos pocos de zelos, y tras el sol quiero ir. Yal. Zelos tienes en los cielos de ver el alba reir. Oct. Si los tuvo Endimión de la luna, al fin muger, ¿por qué con mas aficion

¿Salieron? Sal. Pienso que si. Oct. Pues déjalas trasponer,

y en su seguimiento vamos» Sal. Sospecho que te han de ver. Oct. No harán: hay yerbas y ramos,

y yo me sabré esconder.

Sal. Aun no llevan escudero. Oct. Sígueme: que saber quiero si tiene algun desafio

quien sale con tanto brio

al campo llena de acero.

Vánse; y salgan Lisardo, Riselo y beltrán con capas de color.

Lis. ¡Frescos vientos de Madrid, que las mañanas y tardes venís de las altas sierras a refrescarle y bañarle ! traed de sus pardas nubes algunos toldos que tapen estos tapetes de flores que al alba las hojas abren. Venid bañados de aljófar, ó de estas fuentes tomadle: con que, mojando las plumas, bañeis en perlas el aire: que si crece el sol que sale, volveráse la niña: dirá que es tarde. Ris. ¡Vientos, que habeis levantado. con extrañas tempestades. , en el mar de mis amores, que me anegan sus pesares. ¡vientos, que con la fortuna

misma de amigo tan grande de la calle de Marcela

me trajistes Á su calle! ¡vientos , por quien he perdido que me vea y que me hable, templad la furia del dia,

y en pardas nubes bañadle: que si crece .el sol que sale,

volveráse la tia: dirá que es tarde,

Belt. ¡Vientos, queen Madríd soleis llevar de sus súcias calles mas liquidambar y algália que hay en treinta Portugales! pues sois tan claros y puros que no hiay cosa que le dañe, respeto de vuestra fuerza amorosa y saludable, cubrid con un garabato, - hasta que su furia pase, la: cara: del sol, yen Indias tenga: la fiesta cÓN Dapbnes: que si crece el sol que sale,

volverásemi tollo, dirá que es tarde.

Vanse; y salen Marcela, Octavio y Salúcio.

Marc. Suplico á vuésa merced me deje ir sola. Oct. Quisiera solo que se descubriera ;

y me hiciera gran merced. - Marc. No me puedo descubrir, que vengo á ver cierta Cosa. Oct. ¿Estais por dicha zelosa? Marc. Mis zelos vengo á seguir,

Oct. Encontrado nos habemos, que á lo mismo vengo yo;

y pues amor nos juntó, las desdichas NOS CONTEmOs.

Marc. Yo vengo á versi aquí viene

un hombre á ver una dama que toma acero, y que es fama que alguna blandura tiene. Oct. Yo vengo á ver si otra sale á pasear. cierto acero A ó a hablar algun caballero, Marc. ¡Qué así “el amor nos ¡guale ! ¡que así nos mate á los dos ton un mismo acero! (Oct. El mio “me mata de agudo y fri A ¿cómo os hiere y mata á vos? arc. A mí me mató el acero; porque á la sazon que ardía, se templó en el agua fria y mudó el temple primero.

ed Jal. Dos, damas vienen allí: pienso que las tuyas son» Marc. Si son vuestras, mi pasion y la vuestra andan allí - ds el yugo de los zelos arando enojos, sembrando penas; y pues van llegando, asi os remedien los zelos, que me las dejeis hablar.

Oct, Bien podeis: que yo no tengo

Salen Belisa , Teodora y Leonor.

licencia de hablarlas, Pel. Vengo

llena de enojo y pesar

de lo que habemos tardado, . Teod, AMí están: hablarlos puedes.

Marc, Dios guarde á vuesas mercedes '

que asi vuelven cielo el Prado. - Bel. Mejor se dirá por vos.” y ese tallazo gallardo. Ris, Una tapada, Lisardo, se llega á hablar con las dos. Lis, ¿Quién será ? Ris. -No sé, Sospecho que estorbo nos ha de hacer, Bel. No me puedo detener, ' que traigo acero en el pecho, Suplicoos me deis lugar.

Marc. Tengo que hablar, reyna mia,

con vuestra señora tia, | Teod. ¡ A mi! ¿me quereis hablar?

Marc. A vOS+.' Teod. E ES qué? Marc.

Allí enfrente

ciertos nidaleos ESE

Teod. Ya los: veo. Marc. Aquel galan

que la mira tiernamente es mi marido. Teod. Pues bien: guárdeosle Dios, que es gallardo, Marc. Sé que dá gusto á Lisardo: “fingiendo quererla bien.

o, porque tenga lugar de hacer mejor este embuste “mientras que Belisa guste, otorgo que os pueda hablar, Ayer le cerré mi puerta: fué á verme, y hallóla así: á sus lagrimas abrí: de milagro» no estoy muerta. : Hubo daguita, y Querer “romper una zelosía. Aunque mil firmas tenia, y puedo ser su muger, por serviros y que vea Madrid, -que lo nuevo agrada, :

una hipócrita casada, le dejo que os hable y vea. Esto me ha traido al Prado: no contiene mas la historia: - aquí gracia, y despues gloria. Teod. ¡Qué mal habeis predicado! Advertid que ni Lisardo habló jamas con Belisa, como algun necio os avisa, de quien la venganza aguardo, ni el hábito que profeso es para burlas de amor: porque bien sabe el Señor cuán lejos va el alma de eso, El encamine la vuestra á su servicio. Marc. ¡Oh, qué bien! ya, ya os conozco. Tambien él me lo cuenta y me muestra vuestros muy necios papeles. Teod. Vos lo sois tanto, que fuera mejor que oido no hubiera disparates tan crueles. Alguna debeis de ser de estas de guadameci. Marc. ¡Jesus! ¿vos hablais asi ? aun no lo puedo creer. Besad la tierra: rezad un rosario. Bel. ¡Quedo! ¡quedo! que á no tener justo miedo de otra mayor libertad , yo castigára la vuestra. Marc. Paso, señora Belisa.

Salgan Florencio y Gerardo.

Flor. Por dónde vino me avisa. Ger. ¿No ves el perro de muestra? Flor. ¡ Alto! Riselo está allí: no estará la perdiz lejos. Teod. Tomaré vuestros consejos: harélo, Marcela, así. Bel. ¿Cómo hablas de esa suerte? Teod. ¡Ah Belisa! he visto 4 Octavio. His. ¿Quién es, Lisardo, tan sabio que á sufrir zelos acierte? Ahora acabo de ver á Florencio: la señora que está hablando con Teodora Marcela debe de ser. T 10 vá did u negocio vá perdido, y el mio está por el suelo, Lis. ¡Habrá mas fortunas, cielo! Marc. Pues con esto me despido. Alli he visto un caballero, y con él me quiero ir.

Teod, No tengo mas que ós decir que de ser muy vuestra espero.

Marc.¡Florenciomio! Flor, ¡Señora! mira que está allí Riselo.

Marc» Solo por ti me desvelo.

Ris. ¡Vive el cielo que la adora! ¿Esto tengo de sufrir?

Oct. Pues á nadie habla mi esposa, paréceme justa cosa irla 4 hablar. $a/. Bien puedes ir,

Oct. ¡Belisa mia! Bel. Señor...

Lis. ¡Que bien á emtrambos nos fué? ¿Es su primo aquel? Pis. Nosé: solo siento. mi dolor.

Sal. ¡Señíora Leonor! Leon. Amigo...

Sal. ¿Al campo tan de mañana ?

Leon. Yomo acero.

Sal. Pues, hermana, no tenga aceros conmigo, que soy muy su servidor,

Belt. Buena mañana de mayo! aun trajo el primo un lacayo para que hablase á Leonor.

Flor. Ven, Marcela, por aqui:

entrarás á ver la huerta “Y del señor Duque.

Marc. ¿Esta abierta?

Flor. Llega: que pienso que sí. * Llama al alcayde , Gerardo.

Ger. Ya voy.

Marc. ¡Cuán bien, justo cielo, me vengaste de Riselo! A

(Váranse.)

Ris. No me detengas, Lisardo. >

Lis. Pues yo sufro que esté Octavio con Belisa de esta suerte, ] sufretú. Ris. ¿Puede haber muerte que se compare á mi agravio? ¡Nunca yo viera á Teodora!

Oct. Vamos á ver estas fuentes, si cansada no te sientes.

Bel. No podrán todas ahora templar mi fuego. Teod. ¿Y á mi que templanza me dá el cielo? > ¿es bien hecho que Riselo me haya engañado por ti?

Bel. ¿ No puede ser que zelosa haya esa muger mentido?

Teod. Ni él ha de ser mi marido, ni tú de Lisardo esposa. (Vanse.)

Ris. ¡Buenos habemos quedado!

Lis. ¡Gentil madrugada ha sido! aun con Beltran no he podido dar á Leonor un recado. s

Belt. ¡Qué aunnome pudo esteagrayio

perdonar! Basta... Silencio, ¡que vayan juntos los dos...! Ris. Juntos Marcela y Florencio. | ¿Qué me aconsejas, Beltran ? Lis. Juntos Belisa y Octavio. Belt. Vid, Lis. Di presto. Belt. Juntos Leonor y Salúcio, Belt, ¿El sol arde: Ktis. ¡Con mi enemigo, traydora! una esclamacion decid Lis. ¡Con un extraño, señora ! á los ayres de Madrid Belt. Vil, ¡con un hombre tan súcio ! porque en las nubes aguarde : FRis. ¡Que requebrándose van que si crece el sol que sale,

Marcela y Florencio!

Lis.

volveráse la niña; dirá que es tarde,

¡Oh Dios! (Vanse.)