El acero de Madrid : comedia famosa · Capítulo real 3 de 3
Acto tercero
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 2 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
ACTO TERCERO.
Salen Prudencio y Teodora,
Prud. H., he sabido del curial de Roma que la dispensacion, Teodora, vino; y la pienso tener antes que coma. Teod. Abrevió tu cuidado su camino. Prud. Cuando una cosa del honor se toma á cargo, y mucho mas por tal sobrino, todo se abrevia, facilita y hace. Teod. Merece amor. Prud. Del que le tengo nace, Estoy de que se acerque el casamiento, por vivir de Belisa descuidado, con Octavio, Teodora, muy contento; pero hame puesto un miedo en gran cuidado. Teod. ¿Cómo? Prud. Si miro esta muchacha atento, despues de haberla, como ves, curado, con mas opilacion que antes la veo: que no está sana de sus males creo. ¿De qué ha servido el médico, el jarabe, el paseo, el acero y las mañanas de todo un mes? ó el médico no sabe, ó son al alma medicinas vanas» No me parece el médico hombre grave: tras esto, á mil señoras cortesanas, que por Belisa me preguntan, digo su nombre: esto es hablar claro contigo. No le conoce nadie, ni en la córte hay médico Beltran. Yo con aquesto , por lo que al bien de nuestro honor importe, mas bien los ojos en Belisa he puesto. Si no es que haber ido me reporte con élla tú, cuyo consejo honesto, severidad y santidad son ciertas, dijerá mil malicias encubiertas. Crece la opilacion; y opilaciones no estan jamas en rostros colorados: ..¡opilada, y color! Teod. ¿En eso pones tu pensamiento? Prud. Hablemos declarados:
¡e O
yo. he sospechado de. estas estaciones, sotos , huertas, paseos, quintas, prados, que alguna yez que te dormiste, hermana, dejó Belisa el coro de Diana,
Madrugabas, Teodora
, y desvelada
en lo fresco del campo lormiviss en lo demas, si tu virtud me agrada, te lo dirán las alabanzas mias. Teod, La blanca edad, á quien la verde enfada, . y siempre pone á su inocencia espías, _ siempre, Prudencio, es maliciosa, y piensa en la mayor bondad mayor ofensa. Belisa, de tu hermana acompañada, + ¿ Pndlera en solo un átomo ofenderte ? juzga del cielo la. armonia parada sin que su movimiento se concierte: dormidos Luna y sol, y la estrellada máquina fija en la columna fuerte de sus dos ejes. Ántes que pudiera dormir Teodora, el tiempo se durmiera, 0 Prud. Calla: que by varas de Mercurio sabio que aduermen ojos de Argos veladores. Teod. No los hubiera en mi para tu agravio: mis ojos fueran siempre vencedores, Prud. Conmigo mismo no moviera el labio en materia de honor; á los mayores
se perdonan mil cosas; y contigo E
hablo con el mayor deudo y amigo, Por la dispensacion partirme quiero, y efectuar el casamiento, hermana,
si no lo estorba aqueste negro acero:
¡nunca saliera la primer maana Teod. Corrida estoy: lo mismo considero
(Várase.)
que está Belisa; y no es sospecha vana: pienso que me burló con el anzuelo de. los amores falsos de Riselo.
Sale Belisa.
bel. Aguardando estaba aquí á que mi padre se fuese, Teod. ¡Ay sobrina! no te pese de que esto te diga así. 'Tu padre está sospechoso de verte mas opilada tras el acero, ó la espada, de nuestro honor generoso. Vino la dispensacion; y conmigo se declara, en que dice que repara en tu negra opilacion. Y no es mucho, porque yo casi en lo mismo reparo que tienes. Hablame claro: dime si amor te burló.
Los hombres saben muy bien negociar con humildad; fingen grande honestidad: solo quieren que les den una mano; pero asida,
no se les suelta la presa hasta que el honor confiesa que está la guarda perdida. Informóse del doctor;
y no hay tal doctor Beltran: de que sospechas le dan
que se atreven á tu honor. Solo le ha tenido á raya
ver que yo contigo: ful;
mas dice que me dormi,
y que no importa que vaya. En esto tiene razon:
harto dormida vivia
cuando la Sireña ola
del mar de mi perdicion. * Buen sueño los dos me echastes en Riselo: bien dormi mientras liviana crei
lo que los tres concertastes. Bien sé que porque os reñia con tan loco desatino, me apartastes del camino
de la virtud que seguia. Dejé luego, ¡ay, nunca fuera! mis deyociones, traydores ;
y á vuestros locos amores dí mas lugar que quisiera. Oratorios y rosarios troqué. en papeles tan necios cuanto muestran los desprecios y ven los fines contrarios. Luego traté de casarme :
yo, que del mundo el imperio por el menor monasterio
no trocára sin itrocarmés
Veis aquí de qué sirvio:
yo sin Riselo engañada, -
y aun pienso que tú burlada: ¡ay si me engañase yo! - el. Tia de mis ojos, escúcheme atenta,
pues de mis desdichas
le han dado sospechas.
Aquel mancebito
que me vió en la iglesia
de San Sebastian,
me tiró mil flechas,
De. éllas con los ojos,
de ¿llas con terceras,
unas en palabras,
y Otras en promesas.
A la Trinidad ,
por que me valiera,
me fui desde entonces domingos y fiestas.
Debió de ser ángel
pues se vind á élla;
Y para mirarme
Se puso mas Cercas.
e carne nacimos:
no somos de piedra:
52 las siguen mucho,
ríndense las fieras.
Del bronce mas duro,
11 al fuego le llegan,
nacen mil figuras
sor la blanda arena.
Je un mármol, que nace.
dentro de una sierra, hacen una ninfa de una fuente bella. ¡Qué mucho, señora, que se muestre tierna
á ruegos de un hombre
la mayor flaqueza ! Por poder hablarle ¡nunca yo pudiera! me fingí opilada, pálida, y enferma. Hizo el caballero que á curar viniera Beltran, su lacayo, mi amorosa pena:
y que aquel su amigo fingiese quererla porque nos dejase proseguir la empresa: Diérame un jarabe de coral y perlas
el doctor fingido,
y con oro á vueltas, Pensaba mi padre
¡Oh qué mal lo piensa !
que tomaba acero, ápio y otras yerbas, Salí todo el mayo, cuando el alba alegra las primeras flores de la primavera,
á Atocha y al Prado: en cuyas carreras bullian los ayres
con “las hojas nuevas, Un dia que al Soto, el soto que riega Manzanares claro, fuimos sin sospecha, élla y su Riselo
por las alamedas
se apartaron juntos un tiro de piedra: no de piedra, tia, tiro de ballesta , pues amor entonces disparó sus flechas. Beltran y Leonor sobre la ribera
en los escondidos
que las zarzas cercan, en blancas tohallas ponian la mesa
para que almorzasen las pobres enfermas.
Lisardo entretanto, porque no riñera, solo me decia palabras honestas. Pero como estaban las flores risueñas lMenas de rozío
del aurora fresca, por aquestos lados
la frescura mesma
se me entró de suerte, como yo soy tierna, que mi opilacion creció de manera
que jamas me he visto tan pesada y necia. La dispensación
mal venida sea:
la que ama á otro todo lo desprecia. Supliícole, CLAN dilate las fiestas hasta ver si acaso este bulto mengua. Por lo menos, tia, cinco meses sean ,
que bien habrá cuatro que pise las yerbas.
Teod. ¿Con qué paciencia, Belisa, podrá escucharte Teodora? ¿con eso vienes ahora?
Bel. Tia, amor tratado en misa SAME servicio de Dios. Lisardo será mi esposo.
Teod. ¿Cómo, siendo ya forzoso no hiblitbd3 jamas los dos? La dispensación venida,
y Octavio hasta aqui engañado, harán que tu padre Pdo os quite á los dos la vida.
Bel. ¿Pues puédome yo casar con aqueste inconveniente ?
Teod. No, mas medio conveniente ¿cómo ke puede faltar ?
Bel. ¿Qué medio puedo tener?
Teod Dilatar tú casamiento;
y en pariendo, en un convento tu libertad recoger:
en donde, sirv iendo 4 a Dios, hagas penitencia de esto.:
Bel. Yo negociaré mas presto que nos juntemos los dos. Entre tanto fingiré tal dolor de corazon,
y de aquesta opilacion
tantos extremos haré, que padre y primo me dejen por'cosa inútil. Teod. Quien ama y aventura vida y fama P no quiere que le aconsejen. Haz lo que quisieres: yo no pienso ayudarte mas. Bel. Yo sé, tia, que lo harás. >» Teod. Yo sé, sobrina, que nos.
| Bel. Si no lo hicieres, diré
que tú fuiste la tercera para que yo me perdiera. Teod. ¿Que dices? Bel. Que por tí fué, Teod. ¿Comienza ya la locura? ' Bel. ¡Qué terrible opilacion ! parece que el corazon 4 salir del pecho procura. Llámenme luego un doctor.
Teod. Al fin, ¿te ayudo?
Bel. Querridns Teod. ¿Qué tienes ? Bel. Señora tia,
aquí, aquí tengo el dolor. Vanse ; y entren Lisardo y Fiselo
Bis. Pene mas pienso que estóN Lisardo, libre y contento, y que e este pensamiento mas lejos huyendo voy, . entonces de los cabellos y me arrastra, y sin resistencia ' del alma, com mas violencia vengo A sus, puertas por éllos. : Si En fuera una muger 4 menos diestra y entendida ¿Ml pasára segura vida; y ¿pero cómo puede ser, si apenas le doy enojos,. cuando de'aquel mismo estilo ya me ha herido por el filo: con un Florencio en los ojos? ¿Cómo la veré? que muero si os digo verdad. Lis. Muy bien que conmigo su desden EN no tendrá rigor tan fiero. Dejadme á mi negociar: en mis cosas sois discreto, ¡ y yo en las vuestras. As. Efecto. de amor. Lis. Yo quiero llamar.
Ris. Llamad : «que mo hay golpe n que no sienta el coraz0on».. ¿Sale? Lis. Sí: chapines son.
RÍs. En el alma la sentí.
Sale Marcela,
Marc. ¡Jesus! ¿quién Mama, quién es? Lis. Yo soy, Marcela. Arce ¡Oh Lisardo! ¿dónde queda aquel gallardo ? Lis. ¿Preguntas por lo que ves? Marc. Ah, sí, mo le habia visto... ¿Qué buena venida es esta? ¡ vosotros aqui! Lis. La fiesta pasada... Marc. Apenas resisto la risa: que no hay contento como ver un loco amante con invencion semejante declarar su pensamiento, - ¿Qué hay de la fiesta pasada ? Lis. Que un bizarro pretensor vuestro, á cuyo ardiente amor ¿por dicha habeis dado entrada, en una conversacion mostró un papel :de Riselo haciendo burla, Rezelo que puede ser ocasion de una desgracia notable, Merced á los dos hareis en que los demas me deis y que en esto no se hable. o es razon que de un hombre como Riselo, y que ha sido de vos tan favorecido, y que ya tuvo este nombre, anden papeles así: que de amor no le hay disereto _ fuera del mismo sugeto, Marc. ¡Lisardo, esa treta 4 mi! ¡Yo papel suyo, que ya hasta memorias quemé?! Eso ya pasó: ya fué: y pues acabado está, ¿para que puede ser bueno volverlo á resucitar? fis. La muger me ha de matar: estoy de cólera lleno: el juego me ha visto. ¡Ah cielo! , ¡Qué poco sabe un rendido! h Lis. Bien sabes que te ha querido | pis te quiere Riselo, No te digo que le quieras; | as.que sus prendas no des, | y no te quejes despues si esta burla pára en veras: - Que, si lo aprietas, por Dios | Que te haga algun pesar. Marc. ¿Acabais de concertar este enredillo los dos ? | ¿Qué pesar me puede hacer ;
pa el cuitado? está temblando.
fis. ¡Qué bien dices, confirmando que ya no debes de ser mi fuego, pues tiemblo á tí! que si á tí me calentára, claro está que no temblára,
Marc. No lo entiendes bien así, Tiemblas del yelo, Riselo, que has visto en mí para tí, porque, habiendo tanto en mi, es fuerza temblar de yelo, ¿Mas cómo vuelves acá s1 no soy tu fuego yo? Cuénteme el easo: ¿no halló
O que imaginaba alla ? ¿No me dijo que tenia Teodora grandes secretos para despicar discretos ? ¿Qué han sido por vida mia ? ¿Hallóla tonta? ¿qué vid? ¿no es limpia? ¿qué le ha pedido? ¿Cánsale el verse querido ? ¿qué defectillos le halló? ¿es flaca? ¿es mal hecha? ¿es fria? Cuénteme todo el suceso : ya soy buena para eso, Lis. ¡ Qué notable picardía? Dios nos libre del estado en que está ahora Riselo,
Marc. ¿No habla ?
Ris. ¡Que quiso el cielo que un socarron despejado, atrevido picaron, burlador de cuantas vía, se halle atajado este dia á manos de su traycion!
¿Soy yo? sospecho que no: no es posible: hasme trocado,
¡Ay Marcela! hoy has vengado mil mugeres. Marc. ¿Yo? Ris. Tú, Marc, ¿Yo? Ris. Tu, pues. Marc. ¿Luego mil mugeres
lo quieren? hanlo engañado, - Majadero confiado,
¿con eso engañarme quieres ? No estas seguro de mí,
¿y de mil lo estás? Lis, Es mas tu rigor que mil: ya estás vengada: esto basta así.
Por no te dar pesadumbre nunca mas habló á Teodora, Marcela, el hombre te adora: tú eres de sus ojos lumbre, Hágase aquesta amistad
con ¿8 rape Marc. No quiero
si no me jura primero que me ha de tratar verdad, Ris. ¿Cuándo yo no la traté ? ¿cuándo tu esclavo no fui? Marc. Minque la rodilla aquí, y diga asi. Ris. Si diré. Marc. Tuyo soy. Ris. Tuyo soy. Lis. Mira que eso parece conjuro. Marc. Asegurarme procuro. Lis. Tu imperio, Marcela, admira. Marc. Ahora bien: bese la mano, Ris. ¿Mas que quieres como mona que te haga buzcorona ? Lis. Abrácense; y quede llano por ciento y un año en paz como la paz de Valencia. (Abrácense. ) Ris. ¡Qué me cuestas de paciencia, bellisima pertinaz!
Salen Florencio y Gerardo.
Flor. A buen tiempo hemos llegado. Ger. La amistad se confirmó. Flor. Por testigos nos llamo de que ya se ha confirmado. Ger. No hay que fiar en amantes de largo trato y costumbre. Lis. No ha de haber mas pesadumbre. Ris. Tocas, medias, cintas , guantes te quiero dar , prenda mia, mañana en cas de la Hermosa , y de una tela vistosa... Marc. Téngase: que eso seria gasto excesivo. Ris. Mi bien, yo gusto de esto. Marc. Yo no: oyga lo que quiero yo. Ris. ¿Qué quiere élla que le den? Marc. Doce varas de estameña —' para un hábito francisco, con que me suba en un risco á ser frayla berroqueña ; y un poco de tafetan para cierto escapulari0.' Pero será necesario, si lo que pido me dan, pedir á Teodora el suyo, para que por su medida me le corten. Ris. En mi vida vi desgarro como el tuyo. Marc. Ahora bien: yo quiero dar de merendar á los dos. |
Ris. Pues dame de merendar; que ha tres dias que por ti solo he comido un capon ,
Lis. ¿Tienesalgo? Marc. Sí, por Dios. | Belt.
- sels conejos y un jamon,
' Marc. ¿Con eso vienes asi? Ris. ¿Estoy flaco?
Marc. Estás perdido: no comen mas seis tudescos.
'Ris. Solo treinta huevos frescos .
para dormir he sorbido. Hormiguillos y almendradas ' no tienen número. Marc. ¡Bien! .
Ris. Olvidánseme tambien...
Marc. ¿ ue ?
Ris. Tres ó cuatro empanadas.
Marc. ¡Mirad lo que hay que fiar !
(á Lis.)
Ris. ¿Pues cuál amante lo fué que, por zeloso que esté, se acostase sin cenar? :
(Vánse los tres.)
Ger. Feos habemos quedado.
Flor. Pues yo he pensado un remedio que , si de mi mal no es medio, es para quedar vengado.
Ger. ¿Como?
Flor. Este Lisardo adora 4 Belisa. Ger. Asi es verdad.
Flor. Y por amor ó amistad este Riselo á Teodora.
Quiero pedirla á Prudencio por muger; y tú tambien pide á Teodora. Ger. ¡Harto bien!
Flor. Pues ten cuidado y silencio: que yo les daré un pesar con que me dejen la presa.
Ger. ¡ Venganza terrible es esa!
Flor. Amor enseña á vengar.
Vanse; y salen Leonor y Beltrán»
Belt. No quiero satisfacciones. ¡Vive Dios que el forastero es el que priva! Leon. No quiero gastar contigo razones.
Eres un desatinado en llegando á estar zeloso. Belt. Ladron de casa es forzoso que tope lo bien parado. Este lacayo de Octavio A vive en tu casa, Leonor: cobrándole vas amor: bien:me lo dice mi agravio»
¡En el Prado no te vi frablar;iLeorios; con Salúcio? | Leon. ¿Yo con un hombre tan súcio!
odas lo decis asi.
Yo estuve á todo presente,
y por testigo te aplico la fuente del Abanico: cm
¡mira si es harto corriente? Leon. ¡Plega á Dios que, si le quiero, jamas yo tenga ventura»! ¡Ese andrajo! ¡esa basura! Belt. ¡Ay Leonor?! es forastero, y.no0 hay forastero malo, porque en.efecto se vá; y asi lo: poco que dá
se tiene por mas regalo, Salen Prudencio y Octavio,
| Leon, ¡Ay Beltran, que mi señor
J y Octavio vienen alli!
Belt. Súbete arriba, Leon, ¡Ay de mi! A Belt, Temblando estoy de temor,
Prud. ¡Un hombre en el portal! Ocz, Llega, Salúcio; mira quien está alí, Prud, Con estos zelos yo propio miraré quien es el hombre... ¿Qué buscais, gentil hombre, en esta casa ? - Belt, Señor, pasaba cierto forastero de mi tierra, y estoy no bien vestidos | y quiselo esperar aquí escondido, Oct. ¡Prudencio! Prud. ¡Octavio! Oct. O yO he perdido el seso, ó es-aqueste el doctor que visitaba á Belisa mi esposa. Prud., ¡Santo cielo! _ ¡pues el doctor en hábito lacayo! Belt. ¿Mandais alguna cosa ? Prud, Oid un poco: ¿ho sois vos el doctor? Belt. Ya caygo en ello, E un hermano aquí que me parece; somos de la Montaña y gente pobre, Servia en Salamanca al doctor Sória; aprovechóse bien y graduóse por un colegio, y vinóse á la córte, 'Súpelo en Cangas: vine á que me hiciese algun bien; y mirándome tan roto ¿ negó que era su hermano. Yo afligido metíme , como veis, lacayo. Prud. ¿Y cómo se lama ese doctor? Belt, Beltran se lama. Prud. ¿Y x0s? Belt. Beltrán tambien : porque nosotros de aquel famoso ciego descendemos Que llevó por la puente de Alcolea los ciento y veinte ciegos, Oct. No me agrada. Prud. Ni 4 mí tampoco, Oct. Sea verdad que el hábito mucho de lo que vi lo diferencia; mas, ¡vive Dios, el rostro, el habla, el talle que son del doctor mismo! Prud, Pues, sobrino, yo quiero hablar con vos distintamente : mi sangre sois y mo mi yerno ahora, Aunque ha venido ya bula y licencia, sospechas traygode mayor enredo : sacad «la espada ; y tú las manos atá a ese villano. Belt, ¡A mi! ¿por qué, señores? Oct. No despegue los labios, si no quiere una lengua de acero, señor médico. Prud. Por el acero que le dió 4 Belisa mereciera la paga con acero, ' Sal. Estese quedo :el bellacon, Oct. Advierte ' - «Que no está bien en el portal: arriba IA le puedes encerrar en tu aposento,
. Yo quiero 'examinarle, Belt, ¿Por qué ciusa me tratais de .esta suerte? 0d. ¡Oh falso médico! Prud, Di á quien sirves, villano, Sal. Vaya arriba,
señor doctor fingido, Prud. ¡Ay, hija ingrata! Prud. Trae un hacha y tocino. Belt. ¿Soy yo negro? Oct. Mas te quiero por padre que por suegro»
Vanse; y salgan Belisa y Teodora.
Teod. Yá por la dispensacion fueron Octavio y tu padre. Bel. ¡Tia! si entonces le dieron tanta pena al corazon,
¿cuándo venga qué será? Perder pienso los sentidos.
Teod. Amando, ¿qué mas perdidos? por mi mal lo supe ya.
Bel. ¡Cómo! si en esta ocasion mi padre quiere obligarme, ¿puedo, Teodora , casarme...! ¡Ay terrible confusion !
¡Será bien decir :á Octavio
el estado de mi mal...?
No: soy muger principal,
y mucho mi honor agravi0»..
¿Hablaré algun religioso
que lo diga al padre mio..?
No: temo algun desvarío
de su pecho riguros0...
¡Oh , nunca á Lisardo viera!
¡nunca Beltran me curára!
¡nunca el acero tomára!
¿nunca 4 Manzanares fuera! a donde van á lavar ( Llora.)
cuando la córte se viste,
allí ¡honor! manchado fuiste.
Teod. ¿Ya de qué sirve llorar?
Bel. ¡Oh, malditos los papeles, las ternuras, los amores ! ¡Oh,, lisonjeros traidores! ¡Oh, amigos falsos, crueles! ¿Qué será ahora de mi?
Beltran en alto. Belt. Ce, Belisa: ce, Teodora.
Bel. ¿Quién nos llama? Belt. Yo, señora. Teod. ¿Quién? Belt. Beltran. Bel. "¡Beltran aqui! Belt. Aquí por mi mal estoy. Teod. ¡Y'ú en nuestra casa, Beltran! Belt. Siempre aqueste premio dan
á los que son como soy.
Yo fui no mas de tercero:
mas como ha llegado el fallo,
no habiendo yo sido el gallo,
estoy en el gallinero. Bel. ¿Cómo te han subido ahi? Belt. Hailáronme en el portal
con Leonor. Bel, ¡Qué desigual - desdicha! Belt. Mucho lo fué. Conocieron que yo era el doctor que te curaba5 -
y puesto que yo negaba
con invencion que pudiera
servir en una comédia,
en donde solo se entiende
lo que el poeta pretende
para dos horas y média,
no me aprovechó: y asi : me ataron, y á este aposento - ' me suben á dar tormento: ¡doléos las dos de mi!
Bel. ¡Perdidas somos, Teodora? todo se descubre. Teod. ¡Ay cielos No digas lo de Riselo, : Beltran. Belt. ¿Cómo no, señora! no ves que soy un gallina?
Teod. Él me ha de echar á perder:
ale Leonor.
Leon. ¡Ay, señora! ¿qué has de hacer! tu remedio determina: : que Octavio y tu padre airado un hacha encendiendo estan para pringar á Beltran. >
Belt.¡Quémuera un hombre pringadc no mas de por ser doctor! h Cuando yo astrólogo fuera, esa pena mereciera; mas no por curar de amorCS... > ¡Belisa, de mi te duele!
Bel. ¿Cómo te podré librar?
Leon. Por la puerta no hay tratar.
Belt. ¿Pues por dó quieres que vuele? ¿Nunca leiste la historia. de Fernan Gonzalez? Lel. Si.
Belt. ¿Y de la Infanta que alli ' ganó tan alta memoria ? Je
Bel. Ya sé que con un vestido
de muger librarlo pudo;
pero ponertelo dudo. A Leon. Aquí una llave he traido
que hace á aquel aposento. Bel. Las dos quedáos aqui: .
he de sacarlo de alli $
“aunque fuese por el viento. '
( Entrese Belisa, y quitese Bel-
tran.)
Teod. ¿Dónde aquella loca es ida?
Leon. A donde la fuerza amor,
Teod. Mejor dijeras su honor, que importa mas que la vida,
Leon. Y aun á tí porque dirá lo que sabe de Riselo,
Salen Octavio y Prudencio.
Prud. Que lo han sabido recelo....; mas aquí Teodora estás Oct. Si ha de dar por fuerza coces, ¿quién duda que han de saber todo lo que se ha de hacer ? Prud. Ya es de noche. Así te goces que dejes hasta que sea mas tarde la egecucion. Oct. Reviéntame el corazon que la venganza desea. Echa tu hermana de aquí: tú, Leonor, ve á tus haciendas.
.(Vase Leonor.)
Prud. Teodora, puesto que entiendas.
- Jo.que no entiendo de tí, déjame solo un momento. Teod. Haz tu gusto; ¡y plega 4 Dios que no os resulte á los dos en mas pena y sentimiento ! Prud. Ve con Dios, santa: que ya se sabe tu hipocresia. Teod. Quien habla en la honra mia, ¿en la de fuera qué hará ? ¿Asi te despeña Octavio con años locos y pocos ? ; Paud. Vete; y déjanos ser locos. Teod. ¿Tú eres noble? ¿tú eres sabio?
Vase Teodora; y sale Salúcio,
Sal. Cuando estaba apercibida el hacha, á la puerta llama un hidalgo, cuya fama es ahora conocida en toda la córte. Abrí: que no lo pude excusar. ¿Ha de entrar? rd. Bien puede entrar; pero su nombre me dí. al. Florencio. Prud. Nolo detengas, mi el hacha mates: será ¡para acompañarlo... Sal. Ya.
Salen Florencio y Gerardo.
entra, Prud. En hora buena vengas. ¿Qué novedad es aquesta?
| ¿tú, Florencio, en esta casa? * “or. Con razon te lo parece,
¡Pues mi padre , que Dios haya,
que fué tan amigo tuyo, de una edad y de una patria, me dejo la obligacion de servirte. Prud, ¿Qué es la causa de venirme á ver de noche ? Flor. ¡Que la vergiienza á la cara pusiese este velo negro..! Aquí conmigo te aparta. Prud. Cualquiera cosa que quieras, seguramente la trata delante de Octavio, que es hijo de mi hermano. //or. Estaba necio por no conocerlo. El ser vuestra sangre basta: tenedme por vuestro. Oct. Y yo lo mismo os ruego. "lor. Quien ama dicen que tiene licencia de hablar sin arengas largas. Este caballero y yo, que es Gerardo de Navarra, que está haciendo en esta córte los negocios de Tafalla , hemos visto algunos dias, y muchos oido en fama, la hermosura y la virtud de Belisa y vuestra hermana. Aunque hubiera los terceros que era justo; porque agravia quien ama á su mismo amor s1 por si mismo no habla, como veis, venido habemos... Prud. No digais mas: que quien pasa tan adelante en las obras, no lo ha de hacer en palabras. Veis aquí, Octavio, los dos que mi honrada casa infaman , que, como el doctor ven preso, sienten temblarles la barba. Cierra esas puertas, Salúcio. Oct. Muy bien has dicho: no salgan sin que averigiiles primero el autor de tanta infamia. Ger. ¡Señores! ¿qué es lo que haceis? Flor. ¿Por qué sacais las espadas, y con tan feas razones nos tratais en vuestra casa? Oct. Ahora sabreis lo que es. Ve presto, Salúcio, llama al doctor fingido. Jal. Voy. (Vase. ) Flor. Algun suceso os engaña á que nos tengais por otros.
Prud. ¿Luego no es tuya la traza
para engañar á Belisa, recogida un tiempo y casta, y á la hipocrita "Teodora,
con el que aquí te acompaña,
de fingir la opilacion que ya en cuatro meses anda ?
1 Bel, Ah, sí, que soy el que guardo... ¡Ah_de casa! ¡ah señor Lisardo! +
¿y qué un lacayo, 6 Beltran, : (Dentro,) con gorra y con guantes de ámbar | Lis. ¿Llamaron? Ris. Sí. se finja doctor, y mande Lis, ¿Quién es? Bel, Yo. que salgan por las mañanas ( i 8 al Prado con el acero (Salga. ) M
que vida y honra me pasa? Flor. Este que traygo ceñido á mi me pase hasta el alma si tal hice. Oct. ¿Cómo no?
Lis. ¿Quién busca á Lisardo? Bel. os espera cierta dama. A Lis. ¡Dama á mi...! ¿cómo se lama? Bel. Eso no me toca á mi: », habladla, y sabreis quién es. Lis. ¿Es Leonor? Belt.” : ¿No me conoce? * Lis. Vuesa merced no se emboCt... ¿Cómo ha venido? : Belt. En los pieza
Salen Riselo y Marcela.
| Rís, Déjame, mi bien, que vea los que con Lisardo están. :
Marc. Mugeres: zelos me dan: >> ¿cosa que Teodora sea ?
Ris. ¿Teodora habia de ser, hermana de un hombre grave?
Marc. ¡Como de esos graves sabe
amor humildes hacer! ;
| Ris. Hablando está con Lisardo:. no tengas zelos de mí.
Marc. ¿Quién viene con ella?
His. ' a
- está un mancebo gallardo, -
Marc.¡Ah gentil hombre! ¿quién € esta encubierta señora?
Bel, gon zelitos? Mar, De Teodora YN
Aqui
Sale Salucio, Sal. El hombre que preso estaba, el doctor digo, ó lacayo, sin duda alguna almohaza las: mulas de los demonios; porque ni parece en casa, ni se sabe de tu hija. Oct. ¡De Belisa! ¡otra desgracia? Prud. ¡Mi hija falta con el! Sal, Beltran y tu hija faltan. Prud. Dame esa espada, sobrino: Octavio, dame esa espada : matar á mi hermana quiero. Oct. ¿Qué culpa tiene tu hermana? Flor. ¡Señores! ¿quereis que os diga quien todo este daño os causa ? pues sabed que el uno de éllos, que me ha quitado una dama, me obliga á venir aquí á quitarle por venganza ár Belisa. De esta suerte venid, antes que se vayan: que yo os diré dónde están. Oct. ¡Caso extraño !
Aqu |
Prud. ¡Cosa extraña! | Bel. No es tan ligera de pies. Flor; Seguidme. Prud. ¿Quién es? | Marce ¿Pues quién es aquesta dam
Flor. Seguidme. Prud. Sobrino, tomemos armas, Oct. Prudencio, con tanto acero
con quién habla este galan? + | Bel. Doña Constanza Beltran. + Marc. ¿Cómo? - xo
se embotarán las espadas. Bel. - Este nombre se lama . Es muger de tanto punto, | Y ayantes une geP ia d9a que que, si sale; lleva mas A
pa, espada , sombrero, y vaquero, y Beltran con un manto.
Bel. ¡Oh lo que la noche encubre! Belt, Gallarda vienes por Dios. ' Bel. Yrocado habemos los dos el sér que 'el hábito cubre, Belt. Yo lMevo gentil galan, Bel. Yo Mevo famosa dama. Belt. Aquí está Lisardo. Bel, Llama: que no te conocerán. Belt. Yá has de Mamar, que yo no. '
de algun caballo detras, ' pl | Marc. La cantidad os pregunto. Bel. Pesará catorce 'arrobas. Al Marc. ¡No es muy bobo el escudér
mas desengañarlo quiero que no está hablando con bobas. | | Bel. Si os digo la cantidad; A | un cuarteron mas 'ó menos,
¿en qué os engaño ? 11551 Lis. ¡Tan buenos |
ajos! descubrid, mostrad +.
los dos, Belt, No,- sino los tres, Lis, ¿No podeis ser tuerta ? Belt. ¡Ay Dios! Lis. ¡Ea! descubrid los dos. Belt. ¡ Jesus! tiempo habrá despues, Lis. ¿No sabré yo la ocasion por qué venís á buscarme ? Belt. ¿Qué puedo mas declararme? digo que os tengo aficion. Lis. ¿Pues en dónde me habeis visto? pele En mi casa muchas veces iS. ¡Que haya aqui tantos jueces! Marc. ¿Ys posible que resisto mi zelosa. condicion _sin descubrir esta dama? el. Dirá despues que me ama Lisardo. ¡Oh linda aficion ! mirad si está entretenido con el lacayo enmantado. Lis. ¡Señora! ¿dónde os he hablado? ¿dónde me habeis conocido? Belt. ¡Ay! ¡qué desconocimiento! Lis. Mucho lo debo de ser. Belt. Yo os he dado de comer mil veces. Lis. ¡Extraño cuento! ¿Vosámi? Belt. Si; y aun por mí soleis andar á caballo; aún otras cosas callo por no descubrirme aquí. Por vos cierto padre viejo no.ha un hora que me pringaba. is. ¿Sois negra ? delt. Soy vuestra esclava, Dióme una dama el consejo «de que me viniese asi; porque, sino, ya tuviera ¿ a panza como una Cera. . ¿s. ¡Ay Dios! ¡quién se hallára allí! 'elt. ¿Cómo hallar? burla pesada -0s pudiera suceder, is. Por Dios que debeis de ser la bella Malmaridada. ¿Teneis marido? Belt, Sí allí '0s halláis, Dios me confunda, - ¡simo os pegan una tunda : de las mas lindas que ví, is. En obligacion estoy á lo que por mi pasais; ¡mas como no os descubrais, desobligando me voy. Plt. ¡Ay señor, que disfavores tan notables vos me haceis ! por Dios que no me dejeis 51 habeis de tomar amores; y pues tan bien os serví as mañanicas de mayo,
s1 habeis de tomar lacayo no dejeis por otro á mi.
Lis. ¿Es Beltran ?
Belt. * ¿Pues no lo ves?
Lis. ¡Hay tan extraña novela!
Belt. Calla y burlaré 4 Marcela : que hay grandes cosas despues, ¡Ah, señor Riselo! Ris, ¿A mi?
Belt. A yos, pues»
Pis. 43 «+ Con tu licencia,
Marc. ¿Tendré con esto paciencia?
Ris. Ya que habeis venido aquí, que os descubrais os suplico porgue aquella dama os vea.
Belt. No puedo. Ris. ¿Por qué?
Belt. Soy fea.
Kiis. No hay fea con tan buen pico,
Belt. Aun no lo sabeis muy bien: no me habeis oido hablar,
Marc. ¿YVéngome yo de matar porque éstos hablando esten,..? ¡Fuera, digo! ¡vive Dios que os. habeis de descubrir ?!
Belt. ¡A mí! ¿se me ha de decir tal plo sto por vos?
A. la niña, á la beata á la frayla del cordon... ¡Ay, Jesus! ¡qué tentacion...!
¡qué me tira»..! ¡qué me mata...) ¡qué me destoca. Mar. ¿Quién eres? Belt. Beltran soy. Marc. ¡Beltran! Belt. : ¿Pues quién ? Lis. A mi me burló tambien. Ris. ¡Demonio en las burlas eres! Cubrete, que viene gente. Flor. Metéos bien en el portal.
. LX Dentro.)
Lis. Acá vienen. Ris. Algun mal temo. Belt. No huyas, detente,
Salen Prudencio, Octavio, Salúcio y criados armados, Florencio y Gerardo.
Flor, Esta es la casa. Ger. Aquí estan.
Flor. Llama á esa puerta, Gerardo,
'Ger.No hay que llamar: que á la puerta deben de estarte aguardando.
Prud. ¿Quién va?
Lis. ¿ Quién pregunta quien ?
Prud. Un hombre noble agraviado»
Lis. ¿Es Prudencio ?
Prud. Y sin prudencia; ¿eres por dicha Lisardo?
Lis. Yo soy, señor, á quien buscas.
Í f
Prud. A tí te busco, villano.
Lis. ¡Villano á mi! si no fueras de tu edad...
Prud. El que es hidalgo no hace infames los hombres de mi sangre y de mis años.
Lis. ¿Qué te hice yo en mi vida?
Prád ¿Parécete poco agravio? Tú has á Belisa mi hija
- como á ignorante engañado,
y con el fingido acero
en las mañanas de mayo puesto mi honor por el suelo como salteador del campo, El doctor fingido, á quien prendí en mi casa, ha sacado de élla á mi hija. Pues oye: caballero soy honrado:
yo no he de traer justicia : la que tengo son mis manos: para ti bien basto yo,
y para Riselo Octavio:
para los que estan contigo bastan Florencio y Gerardo. Y si trajeres mas gente, aquí me sobran eriados;
y yo solo basto á todos.
Lis. Si en servirla os hice agravio por la parte de ser pobre, «que en las demas os igualo, yo os daré satisfaccion dando á4 Belisa la mano.
Mas ¡vive Dios, que no sé: dónde ó cómo la ha llevado el hombre que vos prendistes !
Oct. Pues, Lisardo, si estais salvo del cometido delito, dad lugar á que, mirando la casa, os dejemos libre.
Lis. Eso no puedo negarlo.
Flor. Señor, mirense primero los que mirais embozados.
Ris. Yo soy Riselo; y quisiera, Florencio, en lugar hallaros dó os dijera si es bien hecho...
Flor. Y yo tambien tiempo aguardo en que os diga si es Marcela vuestra. Mar. ¿Para qué es cansaros
pudiéndolo yo decir
que es el mejor desengaño? Flor. Mabla, pues: que como sepa
que es tu gusto, estoy pagado
de mi amor y mis deseos. Marc. A Riselo doy los brazos. Ris. ¿Estas contento? Flor. Si estoy. Oct. Señíora, desembozáos. E Belt. ¿A-las mugeres? ¿por que? Oct. Porque una muger buscamos. Belt. Pues sepan que yo soy hombre. Prud. Este es el doctor lacayo. Oct. ¿Matarelo? a Prud. No: que importa
que viva. Oct. Pues tú, con manto,
dí luego donde llevaste ¡Y
á mi prima, ó por los labios
te haré tomar el acero
que á nuestras honras has dado.
| Belt. ¡Quedo, señores!
Prud. ¿Qué es quedo? Belt. Aunque me hagais mil pedazos, no diré dónde la tengo, | a fé de pobre asturiano, » si no me dais la palabra de que á Lisardo mi amo se la dareis por muger. j Prud. Eso es forzoso; y yo gano: que bien sabe mi sobrino que quien toma acero en mayo mo estará para muger y hasta los fines de marzo. h Belt. Pues ésta es Belisa. Oct. ¿Quién? Bel. Yo soy, que 4 tus ples aguardo perdon. Prud. Ántes que te mire yo, da á Lisardo la mano. A la santa, que tu amor cubre del hábito pardo, he de dar un monasterio, y Belt. ¿Y á Leonor? Pr. Tengo pensado darla á un doctor contrahecho, Con esto á mi casa vamos, en donde, cenando juntos, queden en paz los agravios. Lis. Aquí acaba la comedia en vuestro nombre, senado, del Acero de Madrid. Bésaos las manos Velardo,