El café de máscaras y otros sainetes · Unidad 119 de 447
Unidad 119 · D0.\ HAMON DE LA CHUZ
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D0.\ HAMON DE LA CHUZ
Manuel. üeo gracias.
Majos. — Manolito, mira esto
que nos pasa. Manuel. Poca bulla,
poquita, y nombre el consejo
un procurador de todos. Atanasio. — ¡Adiós, buena la tenemos! Paco. — Que han entrado esos usías
como si fueran los dueños
de las mozas, de la casa
y de la merienda, y luego
han dicho... Manuel. Punto redondf^,
que me hice cargo; este pleito
está vencido á patadas
en dos minutos y medio. Jalme. — ¿Y quién ha de darlas? Maníiel. Yo.
Jaime. — Pues quítese usted primero
esa montera. [Se la tira de itii rcvcs.)
Manuel.
Jalme. — Y con todo el mundo: quedo,
y seamos amigos, antes
que amuele los cinco dedos
en sus barbas, y después
le haga tajadas con ellos. Manuel. — Señor... Jaime. Quítese la capa,
y v.iya á traer de allá dentro
los postres, y un par de luces,
que anochece ya y no vemos. Manuel. — Voy, señor. Jaime. ¿Qué hacen ustedes
(A las iimjcres.)
que no prosiguen comiendo? Majos. — ¿Qué es esto, Manolo? Manuel. Esto es
manifestar que yo en siendo
con modo, y d; bien á bien,
me arrastrarán de un cabello. (Vasc.)
Jaime. — ¿Qué hacen ustedes? María. Ninguna
tiene gana. D. Juan. Pues bailemos.
Jaime. — Perillanes, vaya fuera
este retablo hasta luego:
¿hay guitarra en esta casa? Pedro. — Si, señor. Jaime. Pues v¿, mancebo,
{A Atanasio.)
por ella.
Sale Makuel.
Manuel. Aquí está la luz.
Jaime. — ¿Cuál de estos dos cementerios
es el tío Codillo? Pedro. Yo.
Jaime. — Pues vaya usté disponiendo
que se ilumine e.'ta sala;
y bien, porque yo no acierto
á bailar sin cornucopias. Pedro. — Velas de sobra las tengo,
y están todas á su mando;
lo que falta es candeleros. ( Vase.)
Jalme. — Traiga usted las velas, que
lo demás lo hará el ingenio. Sale Atanasio. Ataiv'asio. — Aquí está ya la vihuela. Jaime. — ¿Quién araña este instrumento? Paco. — Yo no sé. Manuel. 'I'ampoca yo.
Jaime. — Agárrela uno, y no andemos
en chupaderitos. Paco. Este
canta y toca. (Por Atanasio.)
Atanasio. ¡Si no puedo!
Jaime.— Hágame usted el favor... Atanasio. — A csa atención no me niego. Sale Pedro, con velas encendidas. Pedro. — .Vqul hay ya cuatro encendida?. Jaime. — Yo las colocaré presto. {Pondrá a Paco con una luz en cada mano á la izquierda del teatro, y d Manuel con otras dos al lado derecho.)
Téngame usted esta luz, {A Paco.)
y estotra en el lado izquierdo.
Usted, Señor mío, aquí (A Manuel.)
enfrente, ai lado derecho.
Ve aquí qué proiiio encontramos
repisas y candeleros.
Vaya un par de seguidillas. Lorenza. — tche usted son, que me pierdo. {Bailan Lorenza y Alaria con Janne y don
Juan, y la luz se mantiene sobre la mesa.) Pedro. — ¡Esto ya es en demasía,
y es tuerza tomarlo serio!
Diga ust;d, ¿aunque esto fuera
una cuadrilla de negros,
lo sufriera? Jaime. Chito, chito.
Que esté firmo el candelero, {A Paco.)
camarada. D. Juan. Señor majo, ^.1 Manuel.)
este es castigo del cielo
para amansar su soberbia,