El café de máscaras y otros sainetes · Unidad 245 de 447
Unidad 245 · DON PEDRO CALDERÓN DE LA BAIiCA
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DON PEDRO CALDERÓN DE LA BAIiCA
si bien todo es una cosa, nací yo tan parecida, que fui un retrícLO, una coiiia, ya que en la hermosura no, en la dicha y en las obras; y así, no habré menester decir que jxico dichosa heredera de fortunas, corrí con ella una propia. Lo más que jMdré decirte de mí, es el dueño que roba ios trofeos de mi honor, los desiX)jos de mi honra. Astolfo... ¡.\y de mí! al nombrarle se encoleriza y se enoja el corazón, propio efecto de que enemigo le nombra. — Astolfo fué el dueño ingrato, que olvidado de las glorias (porque en un pasado amor se olvida hasta la memoria), vino á Polonia, llamado de su conquista famosa, á casarse con Estrella, que fué de mi ccaso antorcha. ¿Quién creerá, que habiendo sido una estrella quijn conforma dos amantes, Sea una Estrella ia que los divida ahora? yo ofendida, yo burlada, quedé triste, qutdé loca, quedé muerta, quedé yo, que es decir, que quedó toda la confusión dei infierno cifrada en mi Babilonia; y declarándome muda ('porque ha\- penas y congojas que las dicen los afectos mucho mejor que la boca , dije mis penas callando, hasta que una vez á solas, violante mi madre ¡ay cielos!) rompió la prisión, y en tropa del pecho salieron juntas, tropezando unas con otras. No me embaracé en decirlas; que en salr.endo una iiersona que, á quien sus flaquezas cuenta, ■ ha sido cómplice en otras, parece que ya le hace la salva y le de ahoga; que á veces el mal ejemplo
sirve de algo. En fin, piadosa oyó mis quejas, y quiso consolarme Cin las propias: juez que ha sido delincuente, ¡qué lacilmente perdona! escarmentando en sí misma, y por negar á la ociosa libertad; al tiem]» fácil, el remedio de su honra, no le tuve en mis desdichas; por mejor consejo toma que le siga, \ que le obligue, con finezas prodigiosas, á la deuda de mi honor: y para que á menos CLSta fuese, quiso mi lortuna <|ue en traje de liombre me ponga descuelga una antigua es[)ada <|ue es ésta que ciño: ahora es tiempo que se desnude, como prometí, la ho^a: pues confiada en sus señas, me dijo: "parte á Polonia, y prcicura que te vean ese acero que te adorna, los más nobles; que en alguno podrá ser que hallen piadosa acogida tus fortunas, y consuelo tas congojas.» Lkgué á Polonia en efecto: pasemos, pues que no importa el decirlo, y ya se sabe, que un bruto que se desboca me llevó á tu cueva, adonde tú de mirarme te asombras. Pasemos que allí Clotaldo de mi parte se apasiona, que pide mi vida al rey, que el rey mi vida le otorga, que informado de quién soy, me persuade á que me ponga mi propio traje, y que sirva á Estrella, donde ingeniosa estorbé el amor de Astolfo y el ser Estrella su esposa. Pasemos que aquí me viste otra ve/, confuso, y otra con el traje de mujer confundiste entreambas formas; y vamos á que Clotaldo, l)ersuadido á que le importa que se casen y que reinen