El café de máscaras y otros sainetes · Unidad 360 de 447
Unidad 360 · LA GRAN BABEL
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LA GRAN BABEL
A don Rafael Cabezas. Refiere el vulgo agorero, que de los cantos del mundo el "tarara* fue el primero y el "tururú" fué el segundo.
Y hay quien cree que estos sonidos de "tururú" y tarará",
son los últimos gemidos que una lengua al morir da.
Oye, y al fin de esta historia, [dichosos, Rafael, los dos, si al perder la fe en la gloria, aún nos queda la de Dios!
A un romano un caballero regaló un pájaro un día, que, lo mismo que un Homero, voces del griego sabía.
Y es fama que el patrio idioma charloteaba con tal fuego,
qu • al pajar 1 todo Roma le llamó el "último griego".
Si con preguntas la gente le importunaba ^^uizá, respondía impertinente el pájaro: — Tarará.
— ¿Qué es tarará? — preguntó lleno el romano de celo. Soñó un sanio, y contestó: — ¿ Tarará? Patria del cielo. —
Que á un sueño, hambrienta de fama se agarra la tradición, como un náufrago á la rama prenda de su salvación.
Después de mucho aprender, "^ ni al cabo de la jornada llego el romano á saber que tarará no era nada.
Sólo por presentimiento pudo asegurar un día que era el pájaro del cuento el que más griego sabía.
Y es que sin duda perece, cual le mezquino también, hasta aquello que merece de Dios y la historia bien.
Pii? dindo á esta historia cima,
refiere otra tradición
que siendo virrey en Lima
nuestro conde de Chinchón,
le regalaron un día ■un loro experto en historia, el solo eco que existía de la peruviana gloria.
— ¿Quién fué — le pregunta el conde — el primer rey del Perú? — Habla el loro, y le responde en ronca voz: — Tururú. — ¿Sabremos qué frase es esta? — dice á un sabio el español. Sueña el sabio y le contesta: — ¿ Tururú? Patria del sol.
El pobre sabio aquí miente, cual mintió iluso el de allá. ¿Quién renuncia fácilmente á la ilusión que se va? Toda lengua y loda gloria, cumplida ya su misión, se tiende sobre la historia como im fúnebre crespón.
Pues lo mismo aquí que allá, en R ima y en el Perú, como el griego á un tarara, llegó el inca á un tururú.
¡Paciencial En queriendo el cielo
nuastras glorias eclipsar,
no nos deja más consuelo
que el consuelo de llorar.
Muy pronto, Rafael, quizá, por más que de ello te espantes, ■cual Homero un tarará, será un tururú Cervantes.
¡Cuánto los hombres se humillan viendo el eclipse total de estas estrellas que brillan en este mundo moral 1
¡Ayl esta lengua en que está brillando un vate cual tú, ¿dará fin en tarará, ó acabará en tururú?
Corre el tiempo, y confund do lo grande con lo pequeño, juntos en perpetuo olvido . los une en perpetuo sueño
Mas tú, cual yo, á Dios alaba, pues ya sabemos los dos, que allí donde todo acaba es donde comienza Dios.