El café de máscaras y otros sainetes · Unidad 361 de 447
Unidad 361 · TODO Y NADA
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
TODO Y NADA
— ¡Cuánta dicha y cuánta gloria! — dije, entre humillado y fiero, leyendi una vez la historia del emperador Severo.
Y cuando á verle llegué subir á rey desde el lodo,
— Yo, en cambio — humilde exclamé, — no fui nada, y nada es todo. —
Mas con humildad mayor, vi que al fin de la jornada exclamó el emperador: — Yo ful todo, y todo es nada.
LOS DOS CETROS
A S. A. R. el Principe de Asturias (don Alfonso XII.)
Vine un convento á heredar,, y al mismo convento, anejo un tem,,lo á medio arruinar, donde hallé un santo muy viejo encima de un viejo altar.
Cogí un bastón que tenía de caña el santo bendito, y dentro un papiro había que, por don Pelayo escrito, de esta manera decía:
— Escucha, lector, la historia del postrer rey español, y á los que amengüen su gloria les ruego que hagan memoria que hay manchas hasta en el sol.
Meses anduve cumplidos del rey don Rodrigo en pos, desde el día en que, vendidos, fuimos en Jerez vencidos los del partido de Dios.
Hallé al fm al rey de España al pie de este santuario, llevando un cetro de caña, pobre pastor solitario, rey de una pobre cabana.
Y al verme casi llorando, Rodrigo habló de esta suerte: — "Porque te estaba esperando, no me hallo ya descansando en los brazos de la muerte.
Llegue aquí desesperado, cuando mi trono se vio por traidores derribado...
¡Dios los haya perdonado como los perdono yo!
Desde entonces, entre flores vagando por los oteros, recuerdan á mis dolores, el cetro, amigos traidores, la caña, mansos corderos.
Tú, elegido por mi amor y mi heredero por ley, escoge aquí lo mejor entre este cetro de rey y esta caña de pastor
Sé humilde ó grande. Yo ahora me quedo á ejercer, contento, la virtud que el cielo ador i, que es el arrepentimiento que en la sombra reza y llora." Dijo, y siguiendo el destino de su alegre adversidad, lleno de un fervor divino, tomó Rodrigo el camino de la eterna soledad.
Yo, Pelayo, os doy la historia del postrer rey español, y á los que amengüen su gloria les ruego que hagan memoria que hay manchas hasta en el sol. ¡Dios eterno! ¿y de esas ñores he de dejar los senderos, recordando á mis dolores el cetro, amigos traidores, la caña, mansos corderos?
¡Sil que aunque mi alma cansada tomaría de buen gradj el arado por la espada, tomo por ti, patria amada, la espada en vez del arado.
Parto, y lo escrito, al marchar con la caña al santo dejo. — Caña que á n:í vino á dar cuanda hallé aquel santo viejo encima de un viejo altar.
Y he aquí por qué suerte extraña del rey den Rodrigo, así ha llegado cetro y caña, grande el cetro, al rey de España, y humilde la caña, á mi. A vos, Príncipe y Señor, desde la cuna rodé;! do de todo humano esplendor, os escribo ésta, sentado
sobre unas hierbas en flor.
Vinimos por suerte extraña á un tiempo á heredar los dos, vos su cetro y yo su caña; vos el cetro real de España, yo el que humilde llevó Dios.
Cansancio ó tedio espantoso el cetro os dará algún día; la caña, más venturoso, al menos ¡av! os daría en la obscuridad reposo.
Yo, en vez d¿ rey desdichado, seré un dichoso pis or, pues ya el mundo me ha enseñado que, entre el cetro y el cayado, el cayado es lo mejor.
jCuánto seréis bendecido desde mi humilde rincón, cuando os lleven perseguido, la calumnia, si vencido; si vencéis, la adulación!
Cuando yo ande indiferente por el monte ó por el llano, á vos os dirá la gente: — ]rey débil! — si sois clemente; si justiciero, — ¡tirano! —
¡Cuál será vuestro cuidado, mientras que todo, señor, yo lo olvidaré, olvidado en mi trono, recostado de humildes hierbas en flor!
Noble cual vuestra nación, á vuestra madre imitad, en cuyo real corazón se aman justicia y perdón, se abrazan dicha y verdad.
Y Dios, para bien de España, de su gracia os dé el tesoro. Dado en mi pobre ca aña, yo, el rey de cetro de caña, á mi rey de cetro de oro.