El Capital · Capítulo real 6 de 6
Capítulo V
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 3 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
Tercera sección
Producción de la supervalía absoluta.
Capítulo V
Proceso de trabajo y proceso de valorización.
I.—Proceso de trabajo.
El uso de la fuerza de trabajo es el trabajo mismo. El comprador de la fuerza de trabajo la consume haciendo trabajar á su vendedor. Este último pasa por eso á ser fuerza de trabajo que se manifiesta en acto, trabajador, lo que antes no era sino en potencia. Para presentar su trabajo en mercancías, tiene, ante todo, que presentarlo en valores de uso, en cosas que sirvan para satisfacer necesidades de una especie cualquiera. Lo que el capitalista hace fabricar á su trabajador es, pues, un artículo determinado, un valor de uso especial. La naturaleza general de la producción de valores de uso no varía porque ésta se verifique para el capitalista y bajo su inspección. Consideremos, pues, primero el proceso del trabajo independientemente de toda forma social determinada.
El trabajo es, desde luego, un proceso entre el hombre y la Naturaleza, proceso en que el hombre por su propia obra establece, regula y vigila sus cambios con la Naturaleza. Ante la materia natural, él se presenta como una fuerza natural. Pone en movimiento las fuerzas naturales propias de su cuerpo, brazos y piernas, cabeza y manos, para apropiarse la materia natural en una forma utilizable para su propia vida. Y al obrar por ese movimiento sobre la naturaleza que le rodea y modificarla, él modifica su propia naturaleza. Desarrolla las potencias que dormitan en ella y somete á su propio imperio el juego de sus fuerzas. No tenemos que ocuparnos aquí de esas formas primitivas del trabajo, instintivas y semejantes á las de los animales. El estado en que el trabajo humano no se ha despojado aún de su forma primera é instintiva está muy alejado del estado en que el trabajador se presenta en el mercado como vendedor de su propia fuerza de trabajo. Suponemos el trabajo en una forma que es propia únicamente del hombre. La araña ejecuta operaciones semejantes á las del tejedor, y la abeja avergüenza á más de un arquitecto con la edificación de sus celdas de cera. Pero lo que distingue á primera vista al peor arquitecto de la mejor abeja es que aquél edifica la celda en su cabeza antes de edificarla en cera. Al principiar el proceso de trabajo, ya se representa idealmente el trabajador el resultado en que termina. El trabajador no ejecuta solamente un cambio de forma de las materias naturales; realiza al propio tiempo en ellas su fin, que él conoce, que determina como ley su modo de obrar, y al cual tiene que subordinar su voluntad. Esta subordinación no es un acto aislado. Además del esfuerzo de los órganos que trabajan, durante todo el trabajo se requiere una voluntad adecuada, que se manifiesta como atención, y tanto más, por su contenido y modo de ejecución, arrastra el trabajo al trabajador, cuanto menos lo disfruta éste, pues, como juego de sus fuerzas corporales é intelectuales.
Los elementos simples del proceso de trabajo son la actividad adecuada ó el trabajo mismo, su objeto y su medio.
La tierra (en la cual, desde el punto de vista económico, se comprende también el agua), que originariamente provee de víveres al hombre , se encuentra desde un principio, sin intervención de éste, como objeto general del trabajo humano. Todas las cosas que el trabajo no hace más que separar de su inmediata conexión con la tierra, son objetos de trabajo naturalmente preexistentes. Así es el pescado que se separa de su elemento de vida, el agua; la madera que se corta en la selva primitiva, el mineral que se desprende de su vena. Si, por el contrario, el objeto de trabajo ha sido ya, por decirlo así, filtrado en un trabajo previo, lo llamamos materia prima. Por ejemplo, el mineral ya extraído, que después es lavado. Toda materia prima es objeto de trabajo; pero no todo objeto de trabajo es materia prima. El objeto de trabajo no es materia prima sino cuando ha sufrido ya una modificación mediante trabajo.
El medio de trabajo es una cosa ó un conjunto de cosas que el trabajador pone entre él y el objeto de trabajo, y que le sirven como conductores de su actividad sobre este objeto. Él utiliza las propiedades mecánicas, físicas y químicas de las cosas para hacerlas obrar sobre otras cosas como medios de fuerza, conforme á su objeto . El objeto de que el trabajador se apodera inmediatamente —prescindiendo de la toma de alimentos ya listos, de las frutas, por ejemplo, en que sólo los órganos de su propio cuerpo sirven como medio de trabajo— no es el objeto de trabajo, sino el medio de trabajo. Así las materias naturales mismas pasan á ser órgano de su actividad, órgano que él agrega á los órganos de su propio cuerpo, alargando su estatura natural, á pesar de la Biblia. Así como la tierra es su despensa primitiva, es su primitivo arsenal de medios de trabajo. Lo provee, por ejemplo, de piedra, con la cual él tira, frota, aprieta, corta, etc. La tierra misma es un medio de trabajo; pero su servicio en la agricultura como medio de trabajo implica, á su vez, toda una serie de otros medios de trabajo y un desarrollo ya relativamente elevado de la fuerza de trabajo . Una vez que el proceso de trabajo se ha desarrollado algo, necesita de medios de trabajo ya trabajados. En las más antiguas cavernas se encuentran instrumentos y armas de piedra. Al lado de las piedras, la madera, las conchas y los huesos labrados, el animal domesticado, es decir, ya modificado y criado por el trabajo, desempeña el principal papel como medio de trabajo al principio de la historia del hombre . El uso y la creación de medios de trabajo, aunque ya pertenecen en germen á ciertas especies animales, caracterizan el proceso de trabajo especial del hombre, por lo cual Franklin define al hombre como a toolmaking animal , un animal que fabrica herramientas. La misma importancia que tiene la construcción de los huesos fósiles para el conocimiento de la organización de las especies animales extinguidas, tienen las reliquias de medios de trabajo para juzgar de las formas económico-sociales extinguidas. No lo que se hace, sino cómo, con qué medios de trabajo se hace, es lo que distingue las épocas económicas . Los medios de trabajo no son sólo la medida del desarrollo de la fuerza humana de trabajo, sino también indicadores de las relaciones sociales en que se trabaja. Entre los medios de trabajo, son mucho más característicos de la producción social de una época los medios mecánicos, cuyo conjunto podemos denominar sistema óseo y muscular de la producción, que los que sólo sirven para contener el objeto de trabajo, y cuyo conjunto, en general, puede ser designado como sistema vascu lar de la producción, por ejemplo, tubos, toneles, cestos, baldes, etc. Estos no desempeñan un papel importante sino en la fabricación química .
En un sentido más lato, hay que contar entre los medios de trabajo, además de las cosas que transmiten la acción del trabajo sobre su objeto, y sirven así, de uno ó de otro modo, de conductores de la actividad, todas las condiciones materiales necesarias, en general, para que el proceso de trabajo tenga lugar. Estas no entran directamente en él; pero sin ellas él no puede realizarse absolutamente, ó sólo de una manera incompleta. El medio de trabajo general de esta especie es la tierra misma, que da al trabajador el locus standi , y á su proceso el campo de acción ( field of employment ). Medios de trabajo de esta especie, debidos ya á un trabajo anterior, son, por ejemplo, los talleres, canales, caminos, etc.
En el proceso de trabajo, la actividad del hombre efectúa, pues, sirviéndose del medio de trabajo, una modificación intencional del objeto de trabajo. El proceso termina en el producto. Su producto es un valor de uso, una materia natural apropiada á las necesidades humanas por una modificación de forma. El trabajo se ha unido á su objeto. Está materializado y el objeto está elaborado. Lo que de parte del trabajador apareció en la forma de movimiento, aparece ahora en el producto como una propiedad en reposo, en la forma del sér. El trabajador ha hilado, y el producto es hilo.
Si se considera el conjunto del proceso desde el punto de vista de su resultado, el producto, aparecen el medio de trabajo y el objeto de trabajo como medios de producción , y el trabajo mismo como trabajo productivo .
Si del proceso de trabajo sale como producto un valor de uso, otros valores de uso, productos de previos procesos de trabajo, entran en él como medios de producción. El mismo valor de uso, producto de un trabajo, constituye el medio de producción de otro. Los productos no son, pues, sólo resultado, sino á la vez condición del proceso de trabajo.
Á excepción de las industrias extractivas, que encuentran sus objetos de trabajo en la Naturaleza, como la minería, la caza, la pesca, etc. (la agricultura sólo en tanto que rompe por primera vez la tierra virgen), todas las ramas de la industria manipulan un objeto, la materia prima, es decir, un objeto de trabajo ya filtrado por otro trabajo, que ya es él mismo producto de trabajo. Así, por ejemplo, la semilla en la agricultura. Animales y plantas, que se acostumbra á considerar como productos naturales, son, no sólo productos quizá del trabajo del año anterior, sino, en sus formas actuales, el resultado de una transformación prolongada durante muchas generaciones, bajo la intervención del hombre y por medio de trabajo humano. Cuanto á los medios de trabajo particularmente, su inmensa mayoría muestra á la mirada más superficial las huellas de un trabajo anterior.
La materia prima puede constituir la principal substancia de un producto ó no entrar en su formación sino como auxiliar. La materia auxiliar es consumida por el medio de trabajo, como el carbón por la máquina de vapor, el aceite por la rueda, el heno por el caballo de tiro, ó se agrega á la materia prima para efectuar en ella una modificación, como el cloro á la tela cruda, el carbón al hierro, el color á la lana, ó facilita la ejecución del trabajo, como las substancias empleadas para alumbrar y calentar el local del trabajo. La diferencia entre materia principal y materia auxiliar desaparece en la industria química propiamente dicha, porque ninguna de las materias primas empleadas reaparece como substancia del producto .
Como cada cosa posee propiedades diversas, y es susceptible por eso de diversos empleos útiles, un mismo producto puede constituir la materia prima de muy diversos procesos de trabajo. Los granos, por ejemplo, son materia prima para el molinero, el fabricante de almidón, el destilador, el ganadero, etc. Como semilla, son materia prima de su propia producción. También el carbón sale de la industria minera como producto y entra en ella como medio de producción.
Un mismo producto puede servir en el proceso de trabajo como medio de trabajo y como materia prima, en el engorde de ganado, por ejemplo, en que el ganado, que es la materia prima elaborada, es á la vez medio para la producción de estiércol.
Un producto listo ya para el consumo puede hacerse de nuevo materia prima de otro producto, como la uva, materia prima del vino. Otras veces el producto sale del trabajo en formas sólo utilizables como materia prima. En este estado se dice que la materia prima está semielaborada, y mejor sería llamarla producto seriado, como, por ejemplo el algodón, el hilado, el hilo, etc. La materia prima originaria, aunque sea producto ella misma, puede tener que pasar por toda una serie de procesos diversos, en la cual, en una forma siempre variada, funciona siempre de nuevo como materia prima, antes de llegar al último proceso de trabajo, del que sale concluída como medio de vida ó como medio de trabajo.
Como se ve, un valor de uso aparece como materia prima, medio de trabajo ó producto, según su función determinada en el proceso de trabajo, según el lugar que toma en éste, y con el cambio de lugar cambian esas determinaciones.
Al entrar, pues, como medios de producción en nuevos procesos de trabajo, pierden los productos el carácter de producto. No funcionan sino como factores objetivos del trabajo vivo. El hilador considera el huso y el lino simplemente como el medio con que hila y el objeto que hila. Es cierto que no se puede hilar sin huso ni materia que hilar. La existencia de estos productos se sobreentiende, pues, al principiar la hiladura. Pero en este proceso mismo es tan indiferente que el lino y el huso sean productos de un trabajo anterior, como en el acto de la nutrición que el pan sea el producto del trabajo anterior del campesino, del molinero, del panadero, etc. Por el contrario. Si en el proceso de trabajo figuran los medios de producción en su carácter de productos de un trabajo anterior, es por sus defectos. Un cuchillo que no corta, un hilo que continuamente se rompe, etcétera, recuerdan vivamente al cuchillero A y al preparador de hilo E. En los buenos productos se borra la intervención de un trabajo pasado para darles sus propiedades útiles.
Una máquina que no sirve en el proceso de trabajo es inútil. Se deteriora además bajo la acción destructiva de los agentes naturales. El hierro se enmohece, la madera se pudre. El hilo que no se teje es algodón perdido. El trabajo viviente tiene que agarrar esas cosas, despertarlas de la muerte, transformarlas, de valores de uso posibles, en reales y efectivos. Lamidas por el fuego del trabajo, apropiadas como sus cuerpos, animadas á sus funciones propias en el proceso, ellas son, en realidad, consumidas, pero intencionalmente, como elementos de formación de nuevos valores de uso, de nuevos productos, aptos para entrar como medios de subsistencia en el consumo individual, ó como medios de trabajo en nuevos procesos de trabajo.
Si, pues, los productos existentes son, no sólo resultados, sino también condiciones de existencia del proceso de trabajo, arrojarlos en él, ponerlos en contacto con el trabajo viviente, es, por otra parte, el único medio de conservar y realizar como valores de uso esos productos de un trabajo anterior.
El trabajo gasta sus elementos materiales, su objeto y sus medios, se los come, y es, por lo tanto, un proceso de consumo. Este consumo productivo se distingue del consumo individual en que este último gasta los productos como medios de subsistencia del individuo vivo, mientras que el primero los gasta como medios de vida del trabajo, de la fuerza de trabajo en acción. El producto del consumo individual es, pues, el consumidor mismo, y el resultado del consumo productivo un producto distinto del consumidor.
En tanto que su medio y su objeto son ya productos en sí mismos, el trabajo consume productos para crear productos ó utiliza productos como medios de producción de productos. Pero como el proceso de trabajo no se pasa originariamente sino entre el hombre y la tierra tal cual la encuentra, sirven siempre en él los medios de producción existentes en la Naturaleza, que no representan combinación alguna de materia natural y trabajo humano.
El proceso de trabajo, como lo hemos expuesto en sus elementos simples y abstractos, la actividad conducente á la producción de valores de uso, la apropiación de los elementos naturales á las necesidades humanas, la condición general de la circulación entre el hombre y la Naturaleza, es una eterna necesidad natural de la vida humana, y, por lo tanto, independiente de toda forma de esta vida é igualmente común á todas sus formas sociales. No hemos necesitado, por eso, presentar al trabajador en relación con otros trabajadores. Bastaban el hombre y su trabajo, por un lado; la Naturaleza y sus materias, por el otro. Así como no se conoce en el gusto del trigo quién lo ha cultivado, no se percibe en este proceso las condiciones bajo las cuales se pasa, si bajo el brutal látigo del capataz de esclavos, ó bajo la vista inquieta del capitalista; si lo ejecuta Cincinato en su par de jugera , ó el salvaje que mata un animal con una piedra .
Volvamos á nuestro capitalista in spe . Lo dejamos después que hubo comprado en el mercado todos los factores necesarios para un proceso de trabajo, los factores objetivos ó medios de producción, el factor personal ó fuerza de trabajo. Con ojo de conocedor, él ha elegido los medios de producción y fuerzas de trabajo apropiados á su negocio particular, hilandería, zapatería, etc. Nuestro capitalista se pone, pues, á consumir la mercancía por él comprada, la fuerza de trabajo, es decir, hace que el obrero, portador de la fuerza de trabajo, consuma los medios de producción por medio de su trabajo. La naturaleza general del proceso de trabajo no varía naturalmente porque el obrero lo ejecute para el capitalista en lugar de para sí mismo. Pero la intervención del capitalista no puede tampoco modificar desde luego el modo de hacer botines ó de hilar. Tiene que tomar desde luego la fuerza de trabajo como la encuentra en el mercado, y también, por lo tanto, su trabajo, como nació en un período en que todavía no había capitalistas. La transformación del modo de producción por la subordinación del trabajo al capital, no puede acaecer sino más tarde, y por eso hay que considerarla después.
El proceso de trabajo, al efectuarse como proceso de consumo de la fuerza de trabajo por el capitalista, muestra ahora dos fenómenos peculiares.
El trabajador trabaja bajo la inspección del capitalista á quien pertenece su trabajo. El capitalista atiende á que el trabajo marche en orden y los medios de producción sean convenientemente empleados, es decir, que no se desperdicie materia prima y se cuide del instrumento de trabajo, de modo que no se gaste sino lo necesario para su uso en el trabajo.
En segundo lugar, el producto es propiedad del capitalista, no del productor inmediato, el trabajador. El capitalista paga, por ejemplo, el valor diario de la fuerza de trabajo. Su uso, como el de toda otra mercancía, por ejemplo, el de un caballo que alquila por un día, le pertenece, pues, por el día. El uso de la mercancía corresponde á su comprador, y el poseedor de la fuerza de trabajo no da en realidad sino el valor de uso que ha vendido al dar su trabajo. Así que entra en el taller del capitalista pertenece á éste el valor de uso de su fuerza de trabajo, es decir, su uso, el trabajo. Comprando la fuerza de trabajo, el capitalista ha incorporado el trabajo mismo como fermento á los elementos muertos de constitución del producto, que también le pertenecen. Desde su punto de vista, el proceso de trabajo no es sino el consumo de la mercancía fuerza de trabajo que ha comprado, que él, sin embargo, no puede consumir sino agregándole medios de producción. El proceso de trabajo es un proceso entre cosas que el capitalista ha comprado, entre cosas que le pertenecen. El producto de este proceso le pertenece, pues, exactamente como el producto del proceso de fermentación que se pasa en su lagar .
II.—Proceso de valorización.
El producto —propiedad del capitalista— es un valor de uso, hilo, botines, etc. Pero aunque los botines, por ejemplo, forman en cierto modo la base del progreso social, y nuestro capitalista es un decidido hombre de progreso, no fabrica él botines por ellos mismos. El valor de uso no es, en general, la cosa qu'on aime pour elle-même en la producción mercantil. En ésta no se produce, en general, valores de uso sino por y en tanto que son portadores de valor de cambio. Y para nuestro capitalista se trata de dos cosas: quiere primero producir un valor de uso que tenga un valor de cambio, un artículo destinado á la venta, una mercancía. Y, en segundo lugar, quiere producir una mercancía cuyo valor sea mayor que la suma de los valores de las mercancías necesarias para su producción, los medios de producción y la fuerza de trabajo, para los cuales adelantó buenamente su dinero en el mercado. Él no quiere producir sólo un valor de uso, sino una mercancía, no sólo valor de uso, sino valor, y no sólo valor, sino también supervalía.
En realidad, como aquí se trata de la producción de mercancías, evidentemente no hemos considerado hasta ahora sino un lado del proceso. Así como la mercancía misma es á la vez valor de uso y valor, el proceso de su producción tiene que ser á la vez proceso de trabajo y proceso de formación de valor.
Consideremos, pues, ahora el proceso de producción como proceso de formación de valor.
Sabemos que el valor de toda mercancía es determinado por la cantidad de trabajo materializado en su valor de uso, por el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción. Esto rige también para el producto que obtiene el capitalista como resultado del proceso de trabajo. Hay que calcular, pues, desde luego la cantidad de trabajo materializado en este producto, por ejemplo, en el hilado.
Para fabricar el hilado ha sido necesaria primero su materia prima, por ejemplo, 10 libras de algodón. No hay que investigar primero el valor del algodón, pues el capitalista lo ha comprado en el mercado por su valor, por ejemplo, en 10 chelines. El trabajo reque rido para la producción del algodón está ya expuesto en su precio como trabajo social general. Admitamos, además, que el desgaste de los husos en la elaboración del algodón, que representará también para nosotros todos los otros medios de trabajo empleados, importe un valor de 2 chelines. Si una masa de oro de 12 chelines es el producto de 24 horas ó dos días de trabajo, se sigue, en primer lugar, que en el hilado están contenidos dos días de trabajo.
La circunstancia de que el algodón ha cambiado de forma y ha desaparecido por completo la porción gastada de los husos, no debe extraviarnos. Según la ley general del valor, 10 libras de hilado, por ejemplo, son el equivalente de 10 libras de algodón y ¼ de huso, si el valor de 40 libras de hilado = al valor de 40 libras de algodón + el valor de un huso entero, es decir, si el mismo tiempo de trabajo es requerido para producir ambos lados de esta ecuación. En este caso, el mismo tiempo de trabajo está representado, una vez por el valor de uso hilado, la otra por los valores de uso algodón y huso. El valor es, al contrario, indiferente que aparezca en forma de hilado, de huso ó de algodón. El hecho de que el huso y el algodón, en lugar de estar quietos uno al lado de otro, entren en combinación en el proceso de hilar, que transforma sus formas de uso y los hace hilado, no afecta más su valor que lo haría su simple cambio por un equivalente en hilado.
El tiempo de trabajo requerido para la producción del algodón es parte del requerido para la producción del hilado, del cual es aquél la materia prima, y está contenida, por lo tanto, en el hilado. Lo mismo pasa con el tiempo de trabajo requerido para la producción de la masa de huso, sin cuyo gasto ó consumo el algodón no puede ser hilado .
En tanto, pues, que se trata del valor del hilado, del tiempo de trabajo necesario para su producción, los diversos procesos particulares de trabajo, separados en el espacio y en el tiempo, que tienen que ser recorridos para producir el algodón y la porción de uso gastada, y finalmente hacer hilado del algodón y del huso, pueden ser considerados como fases diversas y sucesivas de un mismo y único proceso de trabajo. Todo trabajo contenido en el hilado es trabajo pasado. Es del todo indiferente que el tiempo de trabajo requerido para la producción de sus elementos constituyentes haya pasado antes y esté en pluscuamperfecto, y el tiempo de trabajo inmediatamente gastado en el proceso final de la hiladura sea, al contrario, más próximo al presente y esté en pretérito perfecto. Si para edificar una casa se necesita una masa determinada de trabajo, por ejemplo, 30 días de trabajo, la cantidad total de tiempo de trabajo incorporado á la casa no cambia en nada porque el 30.º día de trabajo entre en la producción 29 días después que el 1.º Y así el tiempo de trabajo contenido en el material y en los medios de trabajo puede ser considerado exactamente como gastado en un estadio previo del proceso de hilar, antes del trabajo que, bajo la forma de hiladura, se agrega al último.
Los valores de los medios de producción, del algodón y del huso, expresados en el precio de 12 chelines, son, pues, partes constituyentes del valor del hilado, ó del valor del producto.
Pero hay que llenar dos condiciones. En primer lugar, el algodón y el huso tienen realmente que haber servido para producir un valor de uso. Tienen que haberse hecho hilado, en nuestro caso. Para el valor es indiferente qué valor de uso es su portador, pero su portador tiene que ser un valor de uso. En segundo lugar, se supone que no se ha gastado sino el tiempo de trabajo necesario en las condiciones dadas de la producción social. Si no fuera necesario más que 1 libra de algodón para hacer 1 libra de hilado, no se debe haber gastado más que 1 libra de algodón para hacer 1 libra de hilado. Lo mismo sucede con el huso. Si el capitalista tiene la fantasía de emplear husos de oro en lugar de husos de hierro, en el valor del hilado no se cuenta, sin embargo, sino el trabajo socialmente necesario, es decir, el tiempo de trabajo necesario para la producción de husos de hierro.
Sabemos ahora qué parte del valor del hilado constituyen los medios de producción, algodón y huso. Es igual á 12 chelines ó la materialización de dos días de trabajo. Veamos, pues, la parte de valor que agrega al algodón el trabajo mismo del hilador.
Tenemos que mirar ahora este trabajo desde un punto de vista completamente distinto del que adoptamos al examinarlo como proceso de trabajo. Se trataba entonces de la actividad conveniente para transformar algodón en hilado. En igualdad de las otras circunstancias, cuanto más apropiado era el trabajo, tanto mejor era el hilado. El trabajo del hilador era específicamente distinto de los otros trabajos productivos, y la diversidad se manifestaba, subjetiva y objetivamente, en el fin particular de la hiladura, en su modo operatorio particular, en la naturaleza particular de sus medios de producción y en el valor de uso especial de su producto. Algodón y huso sirven como medios de subsistencia del trabajo de hilar, pero con ellos no se puede hacer cañones rayados. Por el contrario, en tanto que el trabajo del hilador forma valor, no difiere absolutamente del trabajo del perforador de cañones ó, lo que nos atañe más, de los trabajos del plantador de algodón y del fabricante de husos, realizados en los medios de producción del hilado. Sólo á causa de esta identidad las operaciones de plantar algodón, hacer husos é hilar pueden constituir partes del mismo valor de conjunto, el valor del hilado, que no difieren sino cuantitativamente. Ya no se trata aquí de la calidad, la condición y el contenido del trabajo, sino sólo de su cantidad. Hay que contar ésta simplemente. Admitimos que el trabajo de hilar es trabajo simple, trabajo social medio. Veremos después que la suposición contraria no cambia en nada el asunto.
Durante el proceso de trabajo pasa el trabajo constantemente de la forma de la agitación á la del sér, de la forma del movimiento á la de la objetividad. Después de una hora, el movimiento de hilar está representado por cierta cantidad de hilado, esto es, cierta cantidad de trabajo, una hora de trabajo, está incorporada al algodón. Decimos hora de trabajo, es decir, el gasto de la fuerza vital del hilador durante una hora, pues el trabajo de hilar no figura aquí sino como gasto de fuerza de trabajo, no como el trabajo especial de hilar.
Es, pues, de una importancia decisiva que durante el proceso, es decir, durante la transformación de algodón en hilado, no se gaste sino el tiempo de trabajo socialmente necesario. Si en las condiciones normales de la producción, es decir, en las condiciones sociales medias, se tiene que transformar en una hora de trabajo a libras de algodón en b libras de hilado, sólo vale como día de trabajo de 12 horas aquel en que se transforma 12× a libras de algodón en 12× b libras de hilado. Pues sólo el tiempo de trabajo socialmente necesario se cuenta como formador de valor.
Como el trabajo mismo, también la materia prima y el producto aparecen aquí bajo un aspecto completamente distinto del que presentaban al considerar el proceso mismo de trabajo. La materia prima no figura ahora sino absorbiendo una cantidad determinada de trabajo. Por esa absorción ella se transforma de hecho en hilado, porque la fuerza de trabajo fué gastada y se le agregó en la forma de hiladura. Pero el producto, el hilado, no es ahora sino el medidor del trabajo absorbido por el algodón. Si en una hora se hila 1⅔, libra de algodón, ó se las transforma en 1⅔, libra de hilado, 10 libras de hilado representan 6 horas de trabajo absorbidas. Cantidades de producto, determinadas y fijadas por la experiencia, no representan ahora sino cantidades determinadas de trabajo, masas determinadas de tiempo de trabajo solidificado. Ya no son sino la materialización de una hora, de dos horas, de un día de trabajo social.
Que el trabajo sea precisamente el de hilar, su material, algodón, y su producto, hilado, es aquí tan indiferente como que el objeto de trabajo es ya un producto, es decir, materia prima. Si en lugar de en la hilandería, estuviera el trabajador ocupado en la mina de carbón, el objeto de trabajo, el carbón, existiría naturalmente. Sin embargo, una cantidad determinada de carbón desprendido de su lecho, un quintal, por ejemplo, representa una cantidad determinada de trabajo absorbido.
Al venderse la fuerza de trabajo hemos supuesto que su valor diario = 3 chelines, y que están incorporados en las últimas 6 horas de trabajo; que se requiere, pues, esa cantidad de trabajo para producir la suma media de medios de subsistencia que necesita diariamente el trabajador. Ahora bien; si nuestro hilador transforma durante una hora de trabajo 1⅔ libra de algodón en 1⅔, libra de hilado , en 6 horas transformará 10 libras de algodón en 10 libras de hilado. Durante la duración del proceso de hilar absorbe, pues, el algodón 6 horas de trabajo. El mismo tiempo de trabajo está contenido en una cantidad de oro de 3 chelines. Al hilarlo, se agrega, pues, al algodón un valor de 3 chelines.
Veamos ahora el valor total del producto, las 10 libras de hilado. Á ellas están incorporados 2½, días de trabajo, 2 días contenidos en el algodón y en el huso, ½ día de trabajo absorbido durante el proceso de hilar. Una masa de oro de 15 chelines representa el mismo tiempo de trabajo. El precio adecuado al valor de las 10 libras de hilado alcanza, pues, á 15 chelines; el de 1 libra de hilado, á 1 chelín y 6 peniques.
Nuestro capitalista queda perplejo. El valor del producto es igual al valor del capital adelantado. El valor adelantado no se ha valorizado, no ha engendrado supervalía alguna, el dinero no se ha transformado, pues, en capital. El precio de las 10 libras de hilado es 15 chelines, y 15 chelines se dieron en el mercado por los elementos constituyentes del producto, ó, lo que es lo mismo, los factores del proceso de trabajo: 10 chelines por el algodón, 2 chelines por el desgaste de los husos y 3 chelines por la fuerza de trabajo. De nada que la sirve que se infle el valor del hilado, pues su valor no es más y la suma de los valores repartidos antes entre el algodón, los husos y la fuerza de trabajo, y de esa simple adición de valores existentes no puede resultar jamás una supervalía . Estos valores están ahora con centrados todos en una cosa; pero así estaban en la suma de 15 chelines, antes de que ésta se repartiera en tres compras de mercancías.
En sí mismo, este resultado no es extraño. El valor de 1 libra de hilado es 1 chelín y 6 peniques, y por 10 libras de hilado tendría, pues, nuestro capitalista que pagar 15 chelines en el mercado. Que él se compre una casa hecha, ó que la haga edificar, ninguna de estas operaciones aumentará el dinero empleado en la adquisición de la casa.
El capitalista, que sabe al dedillo su economía vulgar, dirá quizá que ha adelantado su dinero con la intención de hacer de él más dinero. Pero el camino del infierno está pavimentado de buenas intenciones, y él pudo lo mismo tener la intención de hacer dinero sin producir . Él amenaza. No se le volverá á agarrar. En adelante comprará en el mercado las mercancías ya fabricadas, en lugar de fabricarlas él mismo. Pero si todos sus hermanos capitalistas hacen igual, ¿cómo encontrar mercancías en el mercado? Y no puede comer dinero. Se pone á predicar. Se debería tomar en cuenta su abstinencia. Él podía despilfarrar sus 15 chelines. En lugar de eso, los ha consumido productivamente, haciéndolos hilados. Pero por eso tiene hilados en lugar de remordimientos. Tiene que cuidarse de caer en el papel del atesorador, que nos ha mostrado lo que resulta del ascetismo. Por lo demás, donde no hay nada, el rey pierde sus derechos. Cualquiera que sea el mérito de su abstinencia, no hay nada para pagársela extra, porque el valor del producto que resulta del proceso no es sino igual á la suma de los valores-mercancías que entran en éste. Que se consuele, pues, con que la virtud es su propio premio. En lugar de esto, se hace importuno. El hilado á él no le sirve. Lo ha producido para la venta. Que lo venda, pues, ó, lo que es más sencillo, que en el porvenir no produzca sino cosas para su propio consumo, receta que ya le ha sido prescrita como remedio probado contra la epidemia de la sobreproducción por MacCulloch, su médico de casa. Altanero, él se encabrita. ¿Acaso el obrero, con sus propios miembros, ha podido crear en el aire formaciones de trabajo, producir mercancías? ¿No le dió él la materia, sólo con la cual y en la cual ha podido el obrero dar cuerpo á su trabajo? Puesto que mayor parte de la sociedad se compone de pobres diablos semejantes, ¿no ha prestado él, con sus medios de producción, su algodón y su huso, un inmenso servicio á la sociedad y al trabajador mismo, á quien, además, ha provisto de medios de subsistencia? ¿Y no habría que de contar el servicio? ¿Pero no le ha prestado, en cambio, el obrero el servicio de transformar en hilado su algodón y su huso? Por lo demás, aquí no se trata de servicios . Un servicio no es nada más el efecto útil de un valor de uso, sea mercancía, sea trabajo . Pero aquí se trata del valor de cambio. Él pagó al obrero el valor de 3 chelines. El obrero le devolvió un equivalente exacto en el valor de 3 chelines agregado al algodón, valor por valor. Nuestro amigo, tan presuntuoso recientemente de su capital, asume de repente la modesta actitud de su propio obrero. ¿No ha trabajado él también? ¿No ha efectuado el trabajo de vigilancia y de inspección sobre el hilador? ¿No forma también valor ese trabajo suyo? Sus propios inspector y gerente alzan los hombros. Entretanto, sonriéndose alegremente, él ha vuelto á tomar ya otra vez su fisonomía de antes. Nos ha mixtificado con su letanía. Por todo ello él no daría un céntimo. Deja esos malos subterfugios y huecas sutilezas para los profesores de Economía política, pagados al efecto. Él es un hombre práctico, que si no siempre piensa lo que dice fuera del negocio, siempre sabe lo que hace en el negocio.
Veamos esto más de cerca. El valor diario de la fuerza de trabajo importaba 3 chelines, porque en ella está materializado medio día de trabajo, es decir, porque los medios de subsistencia diariamente necesarios para la producción de la fuerza de trabajo cuestan medio día de trabajo. Pero el trabajo pasado, oculto en la fuerza de trabajo, y el trabajo vivo que ella puede ejecutar, su costo diario de entretenimiento y su gasto diario, son dos magnitudes completamente distintas. La primera determina su valor de cambio; la otra constituye su valor de uso. Que sea necesario medio día de trabajo para su subsistencia de 24 horas, no impide absolutamente al obrero trabajar todo un día. El valor de la fuerza de trabajo y su valorización en el proceso de trabajo son, pues, dos magnitudes distintas. Al comprar la fuerza de trabajo, el capitalista tenía en cuenta esta diferencia de valor. Su propiedad útil, de hacer hilado ó botines, no era sino una conditio sine qua , porque el trabajo tiene que ser gastado en forma útil para formar valor. Lo decisivo fué, sin embargo, el valor de uso especial de esta mercancía, de ser fuente de valor, y de más valor que ella misma posee. Este es el servicio especial que el capitalista espera de ella. Y en eso procede según las leyes eternas del cambio de las mercancías. En efecto; el vendedor de la fuerza de trabajo, como el vendedor de toda otra mercancía, realiza su valor de cambio y enajena su valor de uso. No puede adquirir el uno sin desprenderse del otro. El valor de uso de la fuerza de trabajo, el trabajo mismo, pertenece tan poco á su vendedor como el valor de uso del aceite vendido pertenece al negociante en aceite. El poseedor de dinero ha pagado el valor diario de la fuerza de trabajo; á él pertenece, pues, su uso durante el día, el trabajo de todo el día. La circunstancia de que el entretenimiento diario de la fuerza de trabajo no cuesta sino medio día de trabajo, aunque la fuerza de trabajo puede actuar ó trabajar toda una jornada, y que, por lo tanto, el valor que crea su uso durante un día es doble de su propio valor de cambio, es una singular felicidad para el comprador, pero no lesiona en nada los derechos del vendedor.
El capitalista ha previsto el caso, que le hace reir. El obrero encuentra, pues, en el taller los medios de producción necesarios para un proceso de trabajo de 12 horas, y no sólo de 6. Si 10 libras de algodón absorbieron 6 horas de trabajo y se transformaron en 10 libras de hilado, 20 libras de algodón absorberán 12 horas de trabajo y se transformarán en 20 libras de hilado. Consideremos el producto del proceso de trabajo prolongado. Á las 20 libras de hilado están incorporados ahora 5 días de trabajo, 4 en la masa de algodón y de huso gastada, 1 absorbido por el algodón durante la hiladura. Pero la expresión en oro de 5 días de trabajo es 30 chelines ó 1 libra esterlina y 10 chelines. Este es, pues, el precio de las 20 libras de hilado. La libra de hilado cuesta como antes 1 chelín y 6 peniques. Pero la suma de los valores de las mercancías que han entrado en el proceso ascendía á 27 chelines. El valor del hilado importa 30 chelines. El valor del producto ha aumentado 1 / 9 , sobre el valor adelantado para su producción. Se han transformado así 27 chelines en 30 chelines. Han dado una supervalía de 3 chelines. El golpe está dado. El dinero se ha transformado en capital.
Todas las condiciones del problema están resueltas sin que hayan sido lesionadas en lo más mínimo las leyes del cambio de mercancías. Se ha cambiado equivalente por equivalente. Como comprador, el capitalista ha pagado cada mercancía en su valor, el algodón, el huso, la fuerza de trabajo. Él hizo después lo que hace todo comprador de mercancías, consumió su valor de uso. El proceso de con sumo de la fuerza de trabajo, á la vez proceso de producción de la mercancía, dió un producto de 20 libras de hilado con un valor de 30 chelines. El capitalista vuelve ahora al mercado y vende mercancía, después de haber comprado. Vende la libra de hilado á 1 chelín y peniques, ni un céntimo más ni menos de su valor. Sin embargo, saca de la circulación 3 chelines más que los que en ella puso al principio. Toda esa marcha, la transformación de su dinero en capital, tiene lugar en la esfera de la circulación y no tiene lugar en ella. Por intermedio de la circulación, porque depende de la compra de la fuerza de trabajo en el mercado. Fuera de la circulación, pues ella sólo inicia el proceso de valorización, que se pasa en la esfera de la producción. Y así tout est pour le mieux dans le meilleur des mondes possibles .
Al transformar el capitalista dinero en mercancías, que sirven como materias formadoras de un nuevo producto ó como factores del proceso de trabajo, incorporando á su objetividad muerta fuerzas vivas de trabajo, transforma él valor, trabajo pasado, materializado, muerto, en capital, en valor que se valoriza, monstruo animado, que empieza á «trabajar» como si tuviera el diablo en el cuerpo.
Si comparamos ahora el proceso de formación de valor y el proceso de valorización, vemos que el proceso de valorización no es sino un proceso de formación de valor que se prolonga más allá de cierto punto. Si este último no dura sino hasta el momento en que el valor de la fuerza de trabajo pagado por el capital es reemplazado por un nuevo equivalente, es simplemente proceso de formación de valor. Si el proceso de formación de valor se prolonga más allá de ese punto, pasa á ser proceso de valorización.
Si además comparamos el proceso de formación de valor con el proceso de trabajo, encontramos que este último consiste en el trabajo útil que produce valores de uso. En él, el movimiento es considerado cualitativamente, en su especie y modo particular, en su fin y su contenido. En el proceso de formación de valor el mismo proceso de trabajo se manifiesta sólo por su lado cuantitativo. No se trata ya sino del tiempo que necesita el trabajo para su operación, ó de la duración en la cual es gastada útilmente la fuerza de trabajo. Ya no figuran tampoco las mercancías que entran en el de proceso trabajo, como factores materiales, funcionalmente determinados, de la fuerza de trabajo en actividad adecuada á sus fines. Ya no cuentan sino como cantidades determinadas de trabajo materializado. Sea contenido en los medios de producción, sea agregado por la fuerza de trabajo, el trabajo no cuenta ya sino según su medida de tiempo. Es de tantas horas, tantos días, etc.
No cuenta, sin embargo, sino en tanto que el tiempo gastado en la producción del valor de uso es el socialmente necesario. Esto importa varias cosas. La fuerza de trabajo tiene que funcionar en las condiciones normales. Si en la hiladura el medio de trabajo dominante en la sociedad es la máquina de hilar, no se puede dar un torno al trabajador. No se puede tampoco darle desechos que á cada momento se rompan, en lugar de algodón de calidad normal. En ambos casos emplearía él más del tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de una libra de hilado, y ese exceso de tiempo no formaría valor ó dinero. Pero el carácter normal de los factores materiales del trabajo no depende del trabajador, sino del capitalista. Otra condición es el carácter normal de la fuerza de trabajo misma. Ésta tiene que poseer el término medio de habilidad, destreza y celeridad dominante en el ramo en que es empleada. Pero nuestro capitalista compró en el mercado de trabajo fuerza de trabajo de calidad normal. Esta fuerza tiene que ser gastada en el término medio ordinario de tensión, con el grado de intensidad socialmente usual. De esto cuida el capitalista con tanta ansiedad como de que no se pierda tiempo alguno sin trabajar. Ha comprado la fuerza de trabajo por un espacio de tiempo determinado, y quiere recibir lo que le pertenece. No quiere ser robado. Finalmente —y para esto tiene el mismo señor su propio code pénal —, no debe hacerse ningún consumo inútil de materia prima y medios de trabajo, porque el material ó el medio de trabajo desperdiciados son cantidades de trabajo materializado superfluamente gastadas, que, por lo tanto, no se cuentan ni entran en el producto de la formación de valor .
Se ve que la diferencia que, al analizar la mercancía, encontramos entre el trabajo como creador de valor de uso y el mismo trabajo como creador de valor, se ha manifestado ahora como diferencia de los varios lados del proceso de producción.
Como unión de proceso de trabajo y proceso de formación de valor, el proceso de producción es proceso de producción de mercancías; como unión de proceso de trabajo y proceso de valorización es proceso capitalista de producción, forma capitalista de la producción de mercancías.
Se ha notado antes que para el proceso de valorización es completamente indiferente que el trabajo apropiado por el capitalista sea trabajo simple, trabajo social medio ó trabajo complicado, de más alto peso específico. El trabajo que, frente al trabajo social medio, figura como más alto y complicado, es la exteriorización de una fuerza de trabajo en que entran costos más altos de educación, cuya producción cuesta más tiempo de trabajo, y que tiene, por lo tanto, un valor más alto que la fuerza simple de trabajo. Como el valor de esta fuerza es más alto, ella se manifiesta en un trabajo más elevado y, en los mismos espacios de tiempo, se materializa, por lo tanto, en valores relativamente más elevados. Cualquiera que sea, sin embargo, la diferencia de grado entre el trabajo del hilador y el del joyero, la porción de trabajo por medio de la cual el joyero reemplaza sólo el valor de su propia fuerza de trabajo, no se distingue cualitativamente, en manera alguna, de la porción adicional de trabajo por medio de la cual crea supervalía. Como antes, la supervalía no proviene sino de un exceso cuantitativo de trabajo, de la duración prolongada del mismo proceso de trabajo: en un caso, proceso de la producción de hilado; en el otro, proceso de la producción de joyas .
Por otra parte, en todo proceso de formación de valor hay que reducir siempre el trabajo más elevado á trabajo medio social, por ejemplo, un día de trabajo más elevado á x días de trabajo simple . Evitamos, pues, una operación superflua y simplificamos el análisis admitiendo que el trabajador empleado por el capital efectúa trabajo social medio ó simple.
↑ «Como las producciones espontáneas de la tierra se presentan en pequeña cantidad y con completa independencia del hombre, parece que fueran provistas por la Naturaleza de la misma manera que se da á un joven una pequeña suma á fin de ponerlo en el camino de la industria y de hacer su fortuna.» ( James Steuart , Principles of Polit. Econ. , ed. Dublín, 1770, vol. 1, pág. 116.)
↑ «La razón es tan astuta como poderosa. La astucia consiste, en general, en esa actividad intermediaria que, dejando á los objetos obrar los unos sobre los otros conforme á su á propia naturaleza, y sin mezclarse inmediatamente en ese proceso, llega con todo á ejecutar únicamente su fin.» ( Hegel , Encyklopædie, Erster Theil, Die Logik , Berlín, 1840, pág. 382.)
↑ En su obra, por lo demás, tan pobre, Théorie de l'Econ. polit ., París, 1819, enumera Ganilh con acierto, en oposición á los fisiócratas, la gran serie de procesos de trabajo que son la condición previa de la agricultura propiamente dicha.
↑ En las Réflexions sur la formation et la distribution des richesses (1766) explica bien Turgot la importancia del animal doméstico para los principios del cultivo.
↑ Las mercancías más insignificantes de todas para la comparación tecnológica de diversas épocas de producción son las mercancías de lujo propiamente dichas.
↑ Aunque hasta ahora la Historiografía ha ignorado el desarrollo de la producción material, y, por lo tanto, la base de toda vida social y toda historia real, se ha dividido al menos los tiempos prehistóricos, según el material de los útiles y las armas, en edad de la piedra, edad del bronce y edad del hierro; pero no en virtud de investigaciones llamadas históricas, sino basándose en estudios de Ciencia natural.
↑ Parece paradógico llamar, por ejemplo, al pescado que todavía no se ha cogido medio de producción para la pesca; pero hasta ahora no se ha inventado el arte de coger peces en aguas donde no los hay.
↑ Esta determinación del trabajo productivo, como se presenta desde el punto de vista del proceso simple de trabajo, es completamente insuficiente para el proceso de la producción capitalista.
↑ Storch distingue la materia prima propiamente dicha como matière , de las materias auxiliares, que llama materiaux ; Cherbuliez designa las materias auxiliares matières instrumentales .
↑ Por esta razón de alta lógica es por lo que el coronel Torrens ha descubierto en la piedra del salvaje el origen del capital. «En la primera piedra que arroja el salvaje sobre el animal que persigue, en el primer palo que el agarra para tirar la fruta que no puede tomar con las manos, vemos la apropiación de un artículo á fin de adquirir otro, y descubrimos así el origen del capital.» ( R. Torrens , An Essay on the Production of Wealth , etc., págs. 70-71.) Ese primer palo ( stock ) también explica probablemente por qué en inglés stock es sinónimo de capital.
↑ «Los productos son apropiados antes de que se transformen en capital; esta transformación no los sustrae á esa apropiación.» ( Cherbuliez , Riche ou pauvre , edición París, 1841, págs. 53-54.) «Al vender su trabajo por una cantidad dada de provisiones, renuncia el proletario completamente á toda participación en el producto. La apropiación de los productos es la misma que antes; no es modificada en manera alguna por la convención mencionada. El producto pertenece exclusiva- mente al capitalista, que ha proporcionado las materias primas y las provisiones. Esta es una estricta consecuencia de la ley de la apropiación, cuyo principio fundamental era, al contrario, el derecho exclusivo de todo trabajador á la propiedad de su producto.» (Ibid., pág. 58.) James Mill , Elements of Polit. Econ. , etc., pág. 70: «Cuando los obreros trabajan por un salario, el capitalista es propietario, no sólo del capital (quiere decir los medios de producción), sino también del trabajo ( of the labour also ). Si se incluye en el concepto de capital, como es usual, lo que se paga como salario, es absurdo hablar del trabajo separadamente del capital. En esc sentido, la palabra capital incluye ambas cosas: capital y trabajo.»
↑ «No sólo el trabajo inmediatamente aplicado á las mercancías afecta su valor, sino también el trabajo empleado en los útiles, herramientas y construcciones de que se sirve ese trabajo.» ( Ricardo , ob. cit., pág. 16.)
↑ Estos números son completamente arbitrarios.
↑ Esta es la proposición fundamental en que descansa la doctrina de los fisiócratas de la improductividad de todos los trabajos no agrícolas, y ella es irrefutable para los economistas titulados. «Esta manera de imputar á una cosa el valor de varias otras (por ejemplo, al lino el consumo del tejedor), de aplicar, por decirlo así, capa sobre capa, varios valores sobre uno solo, hace que éste crezca otro tanto...... La palabra adición pinta muy bien el modo como se forma el precio de las obras de mano de obra; ese precio no es más que un total de varios valores consumidos y adicionados juntos. Ahora bien; adicionar no es multiplicar.» ( Mercier de la Riviére , ob. cit., pág. 599.)
↑ Así, por ejemplo, de 1844 á 1847 él sustrajo una parte de su capital del negocio productivo para especular en acciones de ferrocarril. Asi, en tiempo de la guerra civil americana, cerró él la fábrica y echó á la calle á los obreros, para jugar en la Bolsa del algodón de Liverpool.
↑ «Deja alabar, adornar y engalanar... Pero quien toma más ó mejor (que lo que da), eso es usura, y no se llama servicio, sino daño hecho á su prójimo, como al robar y saquear. No es servicio y bien para el prójimo todo lo que se llama así. Pues una mujer adúltera y su amante se hacen reciprocamente un gran servicio y placer. Un caballero presta un gran servicio á un asesino é incendiario ayudándole como caballero á robar en los caminos, y á despojar el país y las personas. Los papistas nos hacen gran servicio en que á todos no nos ahogan, queman, asesinan ó nos hacen podrir en las cárceles, sino que dejan vivir algunos, y los expulsan, ó les quitan lo que tienen. El mismo diablo presta un grande é inmenso servicio á los que le sirven..... En suma, el mundo está lleno de grandes, excelentes y cotidianos servicios y beneficios.» ( Martin Lutero , An die Pfarherm, wider den Wucher zu predigen , etc., Wittenberg, 1540.)
↑ Al respecto hago notar en Zur Kritik der Pol. Œk ., pág. 14, entre otras cosas: «Se comprende qué «servicio» tiene que prestar la categoría «servicio» á una clase de economistas como J.—B. Say y F. Bastiat.»
↑ Esta es una de las circunstancias que encarecen la producción basada en la esclavitud. En ella, según la gráfica expresión de los antiguos, el trabajador no se distinguiría sino como instrumentum vocale del animal, instrumentum semivocale , y la herramienta inanimada, instrumentum mutum . Pero él hace sentir al animal y la herramienta, que no es su igual, sino un hombre. Para hacerse sentir él mismo lo que le distingue de ellos, los maltrata y los destruye con amore . En ese modo de producción rige, pues, como principio económico el de no emplear sino los instrumentos de trabajo más toscos y pesados; pero que por su misma grosera solidez es más difícil deteriorar. Por eso, hasta que estalló la guerra civil, en los Estados esclavistas del golfo de Méjico había arados de la antigua forma china, que hozaban el suelo como un cerdo ó un topo, pero no le hendían ni le daban vuelta. Compárese J. C. Cairns , The Slave Power , Londres, 1862, pág. 46 y sig. En su obra Sea Bord Slave States dice, entre otras cosas, Olmsted: «Me muestran aquí herramientas que entre nosotros ningún hombre en su juicio permitiría entregar á un trabajador á quien pagara salario, y cuyos excesivos peso y tosquedad me parece que harían el trabajo por lo menos un 10 por 100 mayor que con las usadas ordinariamente entre nosotros. Y se me asegura que tan descuidado y grosero es el modo como las usan los esclavos, que no se podría darles con buena economía nada más liviano y menos tosco, y que herramientas como las que damos constantemente á nuestros trabajadores, encontrando en ello nuestro provecho, no durarían un día en un campo de Virginia, aunque son mucho más livianos y más limpios de piedras que los nuestros. Así, también, cuando pregunto por qué las mulas reemplazan tan universalmente á los caballos en la hacienda, la primera razón que se me da, y declaradamente la más concluyente, es que los caballos no pueden soportar el tratamiento á que los someten siempre los negros; en manos de éstos, los caballos están pronto despeados ó estropeados, mientras que las mulas sufren palizas, ó se quedan sin comer de cuando en cuando, sin gran daño, y no se resfrian ni enferman, si las descuidan ó las recargan de trabajo. Pero no necesito ir más allá de la ventana del cuarto en que estoy escribiendo, para ver, casi á cada momento, tratar los animales de un modo que motivaría el inmediato despido del conductor casi por cualquier agricultor del Norte que fuera su dueño.»
↑ La diferencia entre trabajo complejo y trabajo simple, skilled y unskilled labour , reposa en parte sobre simples ilusiones ó, á lo menos, sobre diferencias que hace tiempo han cesado de ser reales y no subsisten sino como una convención tradicional, y en parte sobre la indigencia de ciertas capas de la clase trabajadora, que no les permite exigir, como otras, el valor de su fuerza de trabajo. Circunstancias accidentales desempeñan también tan gran papel, que las mismas especies de trabajo cambian alternativamente de lugar. Por ejemplo, donde la substancia física de la clase trabajadora está debilitada y relativamente agotada, como en todos los países de avanzada producción capitalista, los trabajos brutales, que exigen mucha fuerza muscular, se ponen por encima de trabajos mucho más finos, que descienden á la categoría de trabajo simple. En Inglaterra, por ejemplo, el trabajo del bricklayer (albañil) ocupa un lugar mucho más alto que el del tejedor de damasco. Entretanto, el trabajo del fustian cutter (cortador de fustán) figura como trabajo «sim- ple», aunque cuesta mucho esfuerzo corporal y es además muy malsano. No hay que figurarse, por lo demás, que el llamado skilled labour forme una parte cuantitativamente considerable del trabajo nacional. Laing calcula que en Inglaterra (y Gales) la existencia de más de 11 millones reposa sobre trabajo simple. Quitando un millón de aristocratas y millón y medio de pobres, vagos, criminales, prostitutas, etc., de los 18 millones que componían la población en tiempo de su obra, quedan 4.650.000 de la clase media, comprendidos en ella los pequeños rentistas, empleados, escritores, artistas, maestros de escuela, etc. Para obtener estos 4 2 / 3 millones, él cuenta entre la porción que trabaja de la clase media, además de los banqueros, etc., ¡todos los «trabajadores de fábrica» mejor pagados! No faltan tampoco los bricklayers entre los trabajadores «de potencia». Le quedan entonces los 11 millones indicados. ( S. Laing , National Distress , etc., Londres, 1844.) «La gran clase de los que no tienen nada que dar por su alimento sino trabajo ordinario, son la gran masa del pueblo.» ( James Mill , en el art. Colony ; suplemento á la Encyclop. Brit ., 1831.)
↑ «Cuando se hace referencia al trabajo como medida de valor, se entiende necesariamente trabajo de una clase particular..... siendo fácilmente averiguada la proporción que con ella guardan las otras clases.» (Outlines of Polit. Econ ., Londres, 1832, págs. 22-23.)