El Capital · Sección preliminar

Preliminares

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 3 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

PREFACIOS

De la primera edición alemana.

La obra cuyo primer tomo presento al público es la continuación del escrito publicado por mí en 1859 con el título de Crítica de la Economía política . El largo intervalo entre el principio y la continuación se debe á una prolongada enfermedad que repetidas veces ha interrumpido mi trabajo.

El primer capítulo de este tomo contiene el resumen de aquel primer escrito. Y no sólo por razones de dependencia y de conjunto. La exposición ha sido mejorada. Tanto como el asunto lo ha permitido, desarrollo aquí con amplitud muchos puntos que antes me limité á señalar, é, inversamente, me limito á indicar otros anteriormente tratados en extenso. La historia de la teoría del valor y de la moneda ha sido, naturalmente, suprimida por completo. El lector de mi anterior escrito encontrará, sin embargo, en las notas del primer capítulo nuevas fuentes para el estudio de la historia de esa teoría.

En toda ciencia, el principio es difícil. La comprensión del primer capítulo, y sobre todo de la parte que trata del análisis de la mercancía, ofrecerá, pues, las mayores dificultades. Lo que se refiere más de cerca al análisis de la substancia y de la magnitud del valor, lo presento de la manera más popular posible . La forma del valor, que se presenta acabada en la forma moneda, es muy simple. Hace más de dos mil años, sin embargo, que la inteligencia humana trata en vano de penetrarla, en tanto que ha tenido al menos un éxito aproximado en el análisis de formas mucho más complejas y substanciales. ¿Por qué? Porque es más fácil estudiar el cuerpo ya desarrollado que la célula. En el análisis de las formas económicas, por otra parte, no podemos servirnos del microscopio ni de los reactivos químicos; tenemos que reemplazarlos con la fuerza de la abstracción. Ahora bien; en la sociedad burguesa, la forma mercancía del producto del trabajo, ó la forma valor de la mercancía, es la forma celular económica. Para el ignorante, su análisis parece no ocuparse sino de pequeñeces. En realidad, se ocupa de pequeñeces, pero como de ellas se ocupa la anatomía microscópica.

Excepto la parte relativa á la forma del valor, no se podrá, pues, decir que es difícil entender este libro. Supongo, por supuesto, lectores que quieran aprender algo nuevo y quieran también, por lo tanto, pensar por sí mismos.

El físico observa los fenómenos naturales allí donde se presentan más intensos y menos perturbados por influjos extraños, ó, si es posible, hace experimentos en condiciones que aseguren la marcha regular de los fenómenos. Lo que tengo que investigar en esta obra es la manera de producción capitalista y las relaciones de producción y de tráfico que á ella corresponden. Inglaterra es hasta ahora su sitio clásico. He ahí por qué sirve de ilustración principal para mi exposición teórica. Pero si el lector alemán se encogiese farisaicamente de hombros ante el estado del trabajador inglés de la agricultura y de la industria; si se contentare, en su optimismo, con que en Alemania las cosas no están todavía tan malas, tendría yo que decirle ¡De te fabula narratur!

No se trata del mayor ó menor grado de desarrollo de los antagonismos sociales que surgen de las leyes naturales de la producción capitalista. Se trata de estas leyes mismas, de estas tendencias que obran y se imponen con una necesidad férrea. El país industrialmente más desarrollado, no hace más que mostrar á los otros el cuadro de su propio porvenir.

Pero prescindiendo de esto, donde la producción capitalista se ha naturalizado entre nosotros, en las fábricas propiamente dichas, por ejemplo, las condiciones son mucho peores que en Inglaterra, porque falta el contrapeso de las leyes sobre las fábricas. En todas las otras esferas nos atormenta, lo mismo que á todo el resto occidental del continente europeo, no sólo el desarrollo de la producción capitalista, sino también su falta de desarrollo. Junto con los males modernos, nos aflige toda una serie de males heredados, debidos á que aun vegetan viejos y anticuados modos de producción, con su sé quito de anacrónicas relaciones políticas y sociales. Sufrimos, no sólo de lo vivo, sino también de lo muerto. ¡Le mort saisit le vif!

La estadística social de Alemania y del resto occidental del continente europeo, es miserable, comparada con la inglesa. Aun así, levanta suficientemente el velo para dejar entrever una cabeza de Medusa. Nuestra propia situación nos llenaría de espanto si, como en Inglaterra, nuestros Gobiernos y Parlamentos nombraran periódicamente Comisiones para investigar la situación económica; si esas Comisiones fueran armadas con la misma omnipotencia que en Inglaterra para la investigación de la verdad; si se consiguiera encontrar para ese fin hombres tan expertos, imparciales y francos como los inspectores de fábricas ingleses, los médicos que allí informan sobre la Public Health (salud pública), los comisarios para investigar la explotación de las mujeres y de los niños, las habitaciones, la alimentación, etc. Perseo se cubría con una nube para combatir á los monstruos; nosotros, para negar la existencia de las monstruosidades, nos sumergimos en la nube hasta los ojos y las orejas.

Es preciso no hacerse ilusiones. Así como la guerra de la independencia americana del siglo XVIII dió la campanada de alarma á la clase media europea, la guerra civil americana del siglo XIX la ha dado á la clase trabajadora de Europa. En Inglaterra es palpable el proceso de transformación. Llegado á cierta altura, tiene que repercutir en el continente. Allí se manifestará en formas más ó menos brutales ó humanas, según el grado de desarrollo de la clase trabajadora misma. Prescindiendo de más altos motivos, su propio interés exige, pues, á las clases hoy dominantes la supresión de todos los obstáculos corregibles por la ley que se opongan al desarrollo de la clase trabajadora. Por eso he dado en este tomo tanto lugar, entre otras cosas, á la historia, al texto y á los resultados de la legislación inglesa sobre las fábricas. Una nación debe y puede aprender de otra. Aun cuando una sociedad haya encontrado el camino que por ley natural debe seguir su movimiento—y el objeto final de esta obra es poner al descubierto la ley económica del movimiento de la sociedad moderna—, no puede saltar ni suprimir por decreto las etapas naturales de desarrollo; pero puede acortar y mitigar los dolores del parto.

Una palabra para evitar posibles confusiones. Yo no pinto absolutamente de color de rosa al capitalista ni al propietario de la tierra, pero aquí sólo se trata de las personas en tanto que ellas son la personificación de categorías económicas, los sostenedores de determinadas relaciones é intereses de clase. Concibiendo el desarrollo de la formación económica de la sociedad como un proceso natural, des de mi punto de vista menos que desde otro alguno se puede hacer al individuo responsable de relaciones sociales de las cuales él mismo es una creación, por más que se eleve subjetivamente sobre ellas.

En el campo de la Economía política, la libre investigación científica encuentra muchos más enemigos que en todos los otros campos. La naturaleza peculiar del asunto de que trata, llama contra ella al campo de batalla á las más violentas, mezquinas y rencorosas pasiones del corazón humano, las furias del interés privado. La alta Iglesia de Inglaterra, por ejemplo, perdona mejor el ataque á 38 de sus 39 artículos de fe que á 1 / 39 de sus rentas. Hoy día, hasta el ateísmo es una culpa levis , comparado con la crítica de las relaciones de propiedad establecidas. No se puede, sin embargo, negar un progreso en esto. Véase, por ejemplo, el Libro Azul publicado en las semanas últimas: Correspondence with Her Majesty's Missions Abroad, regarding Industrial Questions and Trade's Unions . Los representantes de la Corona inglesa en el Exterior expresan en él crudamente que en Alemania, en Francia y, en una palabra, en todos los países civilizados del continente europeo, es tan perceptible y tan inevitable como en Inglaterra una transformación de las relaciones existentes entre el Capital y el Trabajo. Al propio tiempo, del otro lado del Atlántico, el Sr. Wade, vicepresidente de los Estados Unidos de la América del Norte, declaraba en meetings públicos que, después de abolida la esclavitud, estaba al orden del día la transformación del Capital y de la propiedad territorial. Estos son signos de los tiempos que no se pueden ocultar con mantos de púrpura ni con sotanas negras. No quieren decir que mañana vayan á ocurrir milagros. Muestran cómo, aun en las clases dominantes, nace la idea de que la sociedad actual no es un sólido cristal, sino un organismo capaz de transformarse y constantemente en vías de transformación.

El segundo tomo de esta obra tratará del proceso de circulación del Capital (libro II ) y de las modalidades del proceso total (libro III ); el tomo tercero y último (libro IV ), de la historia de la teoría.

Acogeré con agrado toda crítica científica. Respecto de los prejuicios de la llamada opinión pública, á la que nunca he hecho concesiones, mi divisa será, como siempre, la del gran florentino:

¡Segui il tuo corso, e lascia dir le genti!

Londres, 25 de julio de 1867.

CARLOS MARX

De la segunda edición alemana.

Hasta ahora, la Economía política ha sido en Alemania una ciencia extranjera. En la Descripción histórica del Comercio, de la Industria, etc ., principalmente en los dos primeros tomos de su obra, publicados en 1830, Gustavo von Gülich ha discutido ya en gran parte las circunstancias históricas que impidieron entre nosotros el desarrollo de la producción capitalista y, por consiguiente, la formación de la moderna sociedad burguesa. Faltaba, pues, el suelo donde nace la Economía política. Esta era importada de Inglaterra y Francia, ya completamente elaborada; los profesores alemanes de Economía eran simples discípulos. En sus manos, la expresión teórica de una realidad extranjera se transformaba en una colección de dogmas, que ellos interpretaban en el sentido del mundo de pequeña burguesía que les rodeaba, es decir, que ellos interpretaban mal. Trataban de ocultar el sentimiento de su impotencia científica y sus inquietudes de conciencia al tener que pasar por maestros de una cosa que no entendían, bajo el relumbrón de su erudición histórico-literaria, ó mezclando su asunto con materias extrañas que sacaban de esa mezcolanza de conocimientos llamada en Prusia Kameralwissenschaften , por el purgatorio de las cuales tiene que pasar todo candidato de esperanzas á la burocracia alemana.

Desde 1848 se ha desarrollado rápidamente en Alemania la producción capitalista, que hoy llega ya en este país á su fraudulenta florescencia. Pero la suerte es siempre adversa á nuestros economistas. Mientras pudieron cultivar con libertad la Economía política, faltaron en el mundo alemán las condiciones económicas modernas, y cuando éstas han aparecido, las circunstancias no han permitido ya su libre estudio desde el punto de vista burgués. La Economía política, mientras es burguesa, es decir, mientras considera el orden capitalista como la forma absoluta y última de la producción social, y no como un grado transitorio del desarrollo histórico, sólo puede mantenerse como ciencia en tanto que la lucha de clases se conserva latente ó sólo se manifiesta de una manera ocasional.

Veamos en Inglaterra. Su Economía política clásica corresponde al período en que aun no se había desarrollado la lucha de clases. Su último gran representante, Ricardo , toma por fin deliberadamente, como punto de partida de sus investigaciones, el contraste de los intereses de clase, del salario y la ganancia, de la ganancia y la renta, considerando ingenuamente ese contraste como una ley social natural. Este era el límite que la ciencia económica burguesa no podía pasar. Ya en vida de Ricardo, y en oposición á él, apareció la crítica en la persona de Sismondi .

El período que sigue, de 1820 á 1830, se distingue en Inglaterra por la actividad científica en el campo de la Economía política. Fué la época de la vulgarización y propagación de la teoría de Ricardo, así como de su lucha con la vieja escuela. Se celebraron brillantes torneos. La obra de aquel tiempo es poco conocida en el continente europeo, porque, en gran parte, la polémica se desparramó en artículos de revista, escritos ocasionales y folletos: El carácter libre de esa polémica se explica por las circunstancias de la época, aunque la teoría de Ricardo servía ya excepcionalmente de arma de ataque contra la Economía burguesa. Por una parte, la gran industria apenas había salido de su infancia, como lo prueba el hecho de que la crisis de 1825 abre el cicio periódico de su vida moderna. La lucha de clases entre el Capital y el Trabajo estaba, por otra parte, relegada á un lugar secundario, en el orden político, por la contienda entre la masa del pueblo, dirigida por la Burguesía, y los Gobiernos y señores feudales, alistados en la Santa Alianza; en el orden económico, por las querellas entre el capital industrial y la aristocracia terrateniente, que en Francia se ocultaban tras del antagonismo entre la pequeña y la gran propiedad territorial, y que en Inglaterra estallaron abiertamente cuando las leyes sobre los cereales. La literatura económica inglesa de esa época recuerda el período de ebullición económica que siguió en Francia á la muerte del Dr. Quesnay; pero sólo como el veranillo de San Martín recuerda la primavera. En 1830 sobrevino la crisis definitiva.

En Francia y en Inglaterra, la Burguesía había conquistado el Poder político. Desde entonces, la lucha de clases adquirió, práctica y teóricamente, formas cada vez más acentuadas y amenazadoras. Ella dió el toque de difuntos por la Economía científica burguesa. Ya no se trató de si este ó aquel teorema era verdadero, sino de si era útil ó perjudicial, cómodo ó incómodo para el Capital, agradable ó no á la policía. Al estudio desinteresado reemplazó la fanfarronada pagada; á la libre investigación científica, la mala conciencia y perversa intención de la apología. Los mismos trataditos con que la Anti-Cornlawleague , dirigida por los fabricantes Cobden y Bright, importunaba al público, ofrecían siempre, si no un interés científico, al menos uno histórico, por su polémica contra la aristocracia territorial. Pero la legislación librecambista de Roberto Peel arrancó este último aguijón á la Economía vulgar. La revolución continental de 1848-49 repercutió también en Inglaterra. Los hombres que tenían todavía pretensiones científicas y querían ser algo más que simples sofistas y sicofantes de las clases dominadoras, trataron de poner la Economía política del Capital al unísono con las reclamaciones del Proletariado, que ya no era posible desoir. De ahí el insulso Eclecticismo, del que John Stuart Mill es el mejor representante. Es la declaración de quiebra de la Economía «burguesa», que el gran sabio y crítico ruso N. Tschernyschewsky ha explicado ya de una manera maestra en su obra Elementos de Economia politica, según Mill .

La producción capitalista llegó, pues, en Alemania á su madurez después que su carácter antagónico se hubo manifestado en Francia y en Inglaterra en ruidosas luchas históricas, y cuando el proletariado alemán tenía ya una conciencia teórica de clase mucho más clara que la burguesía alemana. Así que en este país una ciencia burguesa de la Economía política empezó á parecer posible, por las circunstancias indicadas volvió otra vez á ser imposible.

Entonces sus corifeos se dividieron en dos grupos: los unos, prudentes, ambiciosos, prácticos, siguieron la bandera de Bastiat, el más superficial y, por eso mismo, el más famoso representante de la vulgar apología económica; los otros, ufanos de la dignidad profesional de su ciencia, siguieron á J. St. Mill en su tentativa de conciliar lo inconciliable. Como en la época clásica de la Economía burguesa, en su decadencia los alemanes tampoco fueron más que discípulos, repetidores y copistas, agentes por menor de las grandes Casas extranjeras.

El peculiar desarrollo histórico de la sociedad alemana impidió, pues, en ella todo cultivo original de la Economía «burguesa», pero no de su crítica. En tanto que esta crítica representa á una clase, ella sólo puede representar á la clase que tiene por misión histórica la revolución de la producción capitalista y la definitiva abolición de las clases, el Proletariado.

Los corifeos sabios é ignorantes de la burguesía alemana trataron primero de hacer alrededor de El Capital un silencio de muerte, como lo habían conseguido con mis anteriores escritos. Pero cuando esa táctica no correspondió más á las circunstancias de la época, bajo el pretexto de criticar mi libro, se han puesto á escribir indicaciones «para tranquilizar la conciencia burguesa», sólo que han encontrado en la prensa obrera —véanse, por ejemplo, los artículos de José Dietzgen en el Volksstaat —superiores campeones, á quienes todavía deben la respuesta .

En la primavera de 1872 apareció en San Petersburgo una excelente traducción rusa de El Capital . La edición de 3.000 ejemplares está ya casi agotada. En 1871, el Sr. N. Sieber, profesor de Economía política en la Universidad de Kieff, había ya demostrado en su obra La Teoria de D. Ricardo sobre el Valor y el Capital que mi teoría del valor, de la moneda y del Capital es, en sus rasgos fundamentales, el resultado necesario del desarrollo de la doctrina de Smith-Ricardo. Lo que sorprende al europeo del Occidente al leer ese sólido libro es la firmeza con que se mantiene en el terreno puramente teórico.

El método seguido en El Capital . ha sido poco comprendido, como lo prueban las apreciaciones contradictorias acerca del mismo.

La Revue Positiviste , de París, me reprocha, por una parte, que trato de la Economía de una manera metafísica y, por otra —¡adivínese!—que me limito á la simple disección de lo existente, en lugar de prescribir recetas (¿comtistas?) para la cocina del porvenir. Cuanto al reproche de metafísica, observa el profesor Sieber: «En lo que se refiere á la teoría propiamente dicha, el método de Marx es el método deductivo de toda la escuela inglesa, cuyos defectos y ventajas son comunes á los mejores economistas teóricos.» El señor M. Block — Les Théoriciens du Socialisme en Allemagne (extracto del Journal des Economistes , julio y agosto de 1872)— descubre que mi método es analítico y dice, entre otras cosas: « Par cette ouvrage, M. Marx se classe parmi les esprits analytiques les plus éminents .» Los extractores alemanes hablan, naturalmente, de sofistería hegeliana. En un artículo que trata exclusivamente del método de El Capital , El Mensajero Europeo , de San Petersburgo (número de mayo de 1872, págs. 427-36), encuentra que mi método de investigación es estrictamente realista, pero que mi método de exposición es desgraciadamente el de la dialéctica alemana. Dice: «Á primera vista, si se juzga por la forma exterior de la exposición, Marx es el más grande idealista, en el sentido alemán, es decir, en el mal sentido de la palabra. Pero, en realidad, es infinitamente más realista que todos sus predecesores en la crítica económica..... De ninguna manera se le puede llamar idealista.» La mejor respuesta que puedo dar al autor de esta crítica es copiar algunos fragmentos de la misma, que además interesarán tal vez á muchos de mis lectores, si no pueden servirse del original ruso.

El autor hace una cita del prefacio de la Crítica de la Economía politica (Berlín, 1859, págs. IV-VII ), en que yo discuto la base materialista de mi método, y continúa así:

«Para Marx, sólo una cosa es importante: encontrar la ley de los fenómenos que investiga, y no solamente la ley que los rige en la forma acabada y correlativa que presentan en un período determinado de tiempo. Para él es importante, ante todo, la ley de su transformación, de su desarrollo, es decir, del paso de una forma á otra, de un orden de correlación á otro. Una vez que ha descubierto esta ley, él investiga en detalle las consecuencias por las cuales ella se manifiesta en la vida social..... Así, pues, Marx sólo se empeña en una cosa: en demostrar por una exacta investigación científica la necesidad de órdenes determinados de relaciones sociales y comprobar en lo posible de modo irreprochable los hechos que le sirven de puntos de partida y de apoyo. Para esto basta con que él demuestre la necesidad del orden actual al mismo tiempo que la necesidad de otro orden en que aquél tiene necesariamente que transformarse, créanlo ó no lo crean los hombres, tengan conciencia de ello ó no la tengan. Marx considera el movimiento social como un proceso natural, gobernado por leyes que, no sólo son independientes de la voluntad, de la conciencia y de la intención de los hombres, sino que, por el contrario, determinan esa voluntad, esa conciencia y esas intenciones..... Si el elemento consciente desempeña un papel tan secundario en la historia de la civilización, se sobreentiende que la crítica, cuyo objeto es la civilización misma, lo que menos puede tener por base es una forma ó un resultado de la conciencia. No es la idea, sino el fenómeno exterior, lo que le puede servir de punto de partida. La crítica se limitará á comparar y confrontar un hecho, no con la idea, sino con otro hecho. Ella exige solamente que ambos hechos sean investigados lo más exactamente posible; que el uno respecto del otro constituyan, en realidad, distintos momentos de desarrollo. y, sobre todo, que sea investigada con la misma exactitud la serie de los órdenes, la sucesión y combinación en que se manifiestan las fases de desarrollo. Pero, se dirá, las leyes generales de la vida económica son las mismas, son únicas, ya se las aplique al presente ó al pasado. Esto es justamente lo que niega Marx. Según él, esas leyes abstractas no existen..... En su opinión, cada período histórico tiene, por el contrario, sus propias leyes..... Desde que la vida ha sobrepasado un período dado de desarrollo y pasa de un estado á otro, empieza también á ser regida por otras leyes. En una palabra, la vida económica nos ofrece un fenómeno análogo á la historia del desarrollo en los otros campos de la Biología..... Los antiguos economistas desconocieron la naturaleza de las leyes económicas cuando las compararon á las leyes de la Física y de la Química..... Un análisis más profundo de los fenómenos ha demostrado que los organismos sociales difieren entre sí tan fundamentalmente como las plantas y los animales..... Sí; un mismo fenómeno obedece á leyes completamente distintas, á consecuencia de la diversidad de la estructura general de esos organismos, de la variación de sus distintos órganos, de las diferentes condiciones en que funcionan, etc. Marx niega, por ejemplo, que la ley de la población sea la misma en todos los tiempos y en todos los lugares. Asegura, por el contrario, que cada estadio de desarrollo tiene su propia ley de población..... Con el diferente desarrollo de la fuerza productiva varían las relaciones y las leyes que las rigen. Al proponerse investigar y explicar desde este punto de vista el orden económico capitalista, Marx no hace más que formular de una manera rigurosamente científica el fin que tiene que proponerse toda investigación exacta de la vida económica..... El valor científico de un estudio semejante está en la dilucidación de las leyes especiales que regulan el nacimiento, la existencia; el desarrollo y la muerte de un organismo social determinado, y su reemplazo, por otro superior. Y este valor lo tiene en realidad el libro de Marx.»

Al describir con tanta exactitud lo que él llama mi verdadero método, y tan benévolamente en cuanto á mi empleo personal del mismo, ¿qué ha descrito el autor sino el método dialéctico?

El modo de exponer tiene que distinguirse formalmente del modo de investigar. La investigación tiene que apropiarse la materia en detalle, analizar sus formas diversas de desarrollo y descubrir su vínculo íntimo. Sólo después de hecho ese trabajo, el movimiento real puede ser convenientemente expuesto. Si se le consigue, y la vida de la Materia forma su imagen ideal, puede parecer que se trata de una construcción a priori .

Mi método dialéctico, no sólo difiere fundamentalmente del de Hegel, sino que le es directamente opuesto. Para Hegel, el proceso mental, del que llega hasta hacer un sujeto independiente bajo el nombre de idea, es el demiurgo de la realidad, la cual sólo es su manifestación externa. Para mí, á la inversa, lo ideal no es más que lo material, transpuesto é interpretado en la cabeza del hombre.

He criticado el lado místico de la dialéctica hegeliana hace poco más ó menos treinta años, cuando todavía estaba de moda. Pero precisamente cuando yo trabajaba en el primer tomo de El Capital , los fastidiosos, mediocres y pretenciosos epigonos que ahora dirigen la orquesta de la Alemania letrada, se complacían en tratar á Hegel como el bravo Moisés Mendelssohn trataba á Spinoza en tiempos de Lessing, es decir, como á «perro muerto». Me declaré, pues, abiertamente discípulo de aquel gran pensador y llegué hasta hacer gala de su modo de expresión característico en el capítulo sobre la teoría del valor. El misticismo en que se envuelve la dialéctica en manos de Hegel no impide absolutamente que sea él quien haya expuesto el primero sus formas generales de movimiento de un modo comprensivo y consciente. Hegel pone la dialéctica al revés. No hay más que darla vuelta para descubrir el núcleo racional bajo la envoltura mística.

En su forma mística, la dialéctica estuvo á la moda en Alemania, porque parecía glorificar lo existente. En su forma racional, es un escándalo y un horror para la Burguesía y sus corifeos doctrinarios; porque en la comprensión positiva de lo existente incluye la inteligencia de su negación, de su necesaria caída; porque lo concibe todo en movimiento, y también, por lo tanto, como formas perecederas y transitorias; porque nada la puede dominar, y es esencialmente crítica y revolucionaria.

Es en las alternativas del cicio periódico que recorre la industria moderna, y en su punto culminante, la crisis general, cuando el burgués práctico siente con más fuerza el movimiento preñado de contradicciones de la sociedad capitalista. La crisis se acerca otra vez, y por la universalidad de su escenario, como por la intensidad de su acción, va á meterles dialéctica en la cabeza á los mismos afortunados parásitos del nuevo Santo Imperio prusiano-alemán.

Londres, 24 de enero de 1873.

CARLOS MARX

↑ Esto me ha parecido tanto más necesario, cuanto que el mismo F. Lassalle, en la parte de su escrito contra Schulze-Delitzsch en que dice dar «la quinta esencia intelectual» de mis explicaciones sobre esos temas, incurre en confusiones de importancia. En passant . Debe haber sido por razones de propaganda por lo que F. Lassalle, sin indicar la fuente, ha tomado de mis obras casi textualmente, y hasta empleando la terminología creada por mí, todas las proposiciones teóricas generales de sus trabajos económicos, por ejemplo, sobre el carácter histórico del Capital, sobre la dependencia recíproca de las condiciones de producción y el modo de producción, etc., etc. No me refiero, naturalmente, á sus explicaciones de detalle ni á sus aplicaciones prácticas, con las que yo nada tengo que ver.

↑ Véase mi escrito Zur Kritik... etc ., pág. 39.

↑ Los disparatados escribidores de la Economía vulgar alemana reprueban el estilo y la exposición de mi obra. Nadie puede juzgar con más severidad que yo mismo las faltas literarias de El Capital . Quiero, sin embargo, para provecho y contento de esos señores y de su público, citar aquí un juicio inglés y otro ruso. La Saturday Review , completamente contraria á mis opiniones, decía al anunciar la primera edición alemana: «La exposición da, aun á las más secas cuestiones económicas, un peculiar encanto ( charm ).» El Diario de San Petersburgo observa en su número del 20 de abril de 1872: «Con excepción de algunas partes demasiado especiales, la exposición se distingue por su claridad, por estar al alcance general y, á pesar de la elevación científica del asunto, por su poco común vivacidad. A este respecto, el autor no se parece..... ni de lejos, á la mayoría de los sabios alemanes, que..... escriben sus libros en un lenguaje tan obscuro y tan seco, como para romper la cabeza al vulgo de los mortales.» Lo que se les rompe á los lectores de la literatura que actualmente producen en Alemania los profesores nacionales liberales es, sin embargo, algo muy distinto de la cabeza.

NOTAS PRELIMINARES

Á la tercera edición alemana.

No le ha sido permitido á Marx arreglar por sí mismo está tercera edición. El potente pensador, ante cuya grandeza se inclinan hoy sus mismos adversarios, ha muerto el 14 de marzo de 1883.

Sobre mí, que he perdido en él al mejor y más seguro amigo, al amigo á quien debo lo indecible, ha recaído el deber de cuidar de esta tercera edición, así como de publicar el segundo tomo, que él dejó manuscrito. Debo dar cuenta aquí al lector de cómo he llenado la primera parte de esta obligación.

En un principio, Marx se propuso reformar en gran parte el texto del primer tomo, tratar más rigurosamente algunos puntos teóricos, agregar otros nuevos y completar el material histórico y estadístico hasta el momento actual. Su mala salud, y el apuro por terminar la redacción del segundo tomo, le obligaron á desistir de ello. Sólo hubo de cambiar lo más necesario, sin hacer más adiciones que las contenidas en la edición francesa, publicada en el intervalo ( Le Capital , par Karl Marx ; Paris, Lachâtre, 1873).

Se ha encontrado después, entre los libros de Marx, un ejemplar alemán corregido por él en parte y con referencias á la edición francesa, así como un ejemplar de ésta en que él había señalado con precisión los puntos utilizables. Estos cambios y adiciones se limitan, con pocas excepciones, á la última parte del libro, á la sección que trata del proceso de acumulación del Capital. El texto publicado seguía en esto muy de cerca al bosquejo original, mientras que las otras secciones habían sido trabajadas más á fondo. El estilo era, por eso mismo, más vivo y más igual, pero también menos cuidado, con anglicismos, obscuro en ciertas partes; había lagunas en la exposición, pues algunos puntos importantes estaban sólo indicados.

En lo que se refiere al estilo, Marx mismo había revisado á fondo varios capítulos, dándome así, como también en frecuentes indica ciones verbales, la medida en que debía suprimir las expresiones técnicas inglesas y demás anglicismos. Él había también elaborado las adiciones y complementos, pasándolos del llano francés al conciso alemán que le era propio. He tenido que limitarme á transportarlos y coordinarlos con el texto primitivo.

No hay, pues, en esta tercera edición una sola palabra cambiada de la que yo no sepa que el autor mismo la hubiera cambiado.

Para concluir, una palabra sobre el modo de citar de Marx, tan mal entendido. En las exposiciones y descripciones de hechos, las citas, las de los Libros Azules ingleses, por ejemplo, sirven, por supuesto, como documentos de prueba. No sucede lo mismo con las citas de opiniones teóricas de otros economistas. Estas citas establecen sólo dónde, cuándo y por quién fué claramente expresado por primera vez un pensamiento económico que se presenta en el curso de la exposición. Lo que sólo significa que la cita económica en cuestión es de importancia para la historia de la Ciencia; que ella es la expresión teórica más ó menos adecuada de la situación económica de su época; pero de ninguna manera que ella sea, absoluta ó relativamente, verdadera en la opinión del autor, ni que haya pasado ya por completo á la Historia. Esas citas sólo son, pues, un comentario del texto, tomado de la historia de la ciencia económica, y establecen la fecha y el autor de cada progreso importante de la teoría económica; lo que era muy necesario en una ciencia cuyos historiadores sólo se distinguen hasta ahora por su ignorancia tendenciosa, si no calculada. Se comprenderá también ahora por qué, en concordancia con el prefacio de la segunda edición, sólo muy excepcionalmente se ve Marx en el caso de citar economistas alemanes.

Londres, 7 de noviembre de 1883.

FEDERICO ENGELS

Á la cuarta edición alemana.

La cuarta edición me ha obligado á fijar definitivamente el texto, así como las notas. He aquí cómo he respondido á esa exigencia.

Después de una nueva comparación de la edición francesa y de las notas manuscritas de Marx, he hecho algunas nuevas adiciones de aquélla al texto alemán. Siguiendo el precedente de las ediciones francesa é inglesa, he colocado también en el texto la larga nota sobre los mineros. Las otras pequeñas modificaciones son completamente de orden técnico.

He agregado además algunas notas explicativas donde me ha parecido exigirlo el cambio de las circunstancias históricas. Todas estas notas están encerradas entre paréntesis cuadrangulares y seguidas de mis iniciales.

La edición inglesa, aparecida en el intervalo, había hecho necesaria una completa revisión de las numerosas citas. Leonor, la menor de las hijas de Marx, se tomó el trabajo de comparar todos los puntos citados con los originales, á fin de que las citas de fuente inglesa, que son la gran mayoría, no apareciesen vueltas á traducir del alemán, sino en su primitiva forma inglesa. He podido consultar este texto para la cuarta edición, y he encontrado así muchas pequeñas inexactitudes..... Pero basta comparar la cuarta edición con la anterior para convencerse de que toda esa trabajosa corrección no ha introducido en él libro cambio alguno que valga la pena de indicarse. Sólo una cita no ha podido ser encontrada: la de Richard Jones; probablemente Marx se ha equivocado en el título del libro. Todas las otras conservan su pleno poder de prueba ó se robustecen en su forma actual, que es más exacta.

Londres, 25 de junio de 1890.

FEDERICO ENGELS