El conde Lucanor · Unidad 10 de 26

PRÓLOGO — parte 9

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

Esta unidad sigue disponible para lectura, pero no se incluye en el índice de búsqueda porque forma parte de una continuación técnica, contiene metadatos editoriales, repite un título o no alcanza entidad suficiente como página independiente.

--Patronio, loado a Dios, yo so asaz rico, et algunos conséjanme que, pues lo puedo facer que non tome otro cuidado, sinón tomar placer et comer, et beber, et folgar, que asaz he para mi vida, et aunque deje a mios fijos bien heredados. Et por el buen entendimiento que vos habedes, ruégovos que me consejedes lo que vos paresce que debo facer.

--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--, como quier que el folgar et tomar placer es bueno, para que vos fagades en esto lo que es más aprovechoso, placerme hía que sopiésedes lo que fase la formiga para mantenimiento de su vida.

Et el conde le preguntó cómo era aquello: et Patronio le dijo:

--Señor conde Lucanor, ya vos veedes cuanto pequeña cosa es la formiga, et segund razón non debía haber muy grand apercibimiento, pero fallaredes que cada año al tiempo que los homnes cogen el pan, salen ellas de sus formigueros et van a las eras et traen cuanto pan pueden para su mantenimiento et métenlo en sus casas. Et a la primera agua que viene, sácanlo fuera; et las gentes dicen que lo sacan a enjugar, et non saben lo que dicen, ca non es asi la verdat, ca bien sabedes vos que, cuando las formigas sacan la primera vez el pan fuera de sus formigueros, que estonce es la primera agua et comienza el invierno, et pues si ellas cada que lloviese, hobiesen de sacar el pan para lo enjugar, luenga labor ternían, et demás que non podrían haber sol para lo enjugar, ca en el invierno non face tantas vegadas sol que lo pudiesen enjugar.

Mas la verdat porque ellas lo sacan la primera vez que llueve, es esta: ellas meten cuanto pan pueden haber en sus casas una vez, et non catan por al, sinón por traer cuanto pueden. Et desque lo tienen ya en salvo, cuidan que tienen ya recabdo para su vida ese año. Et cuando viene la lluvia et se moja el pan comienza de nacer: et ellas veen que si el pan nace en los formigueros, que en logar de se gobernar dello, que su pan mismo las mataría, et serían ellas ocasión de su daño. Et entonce sácanlo fuera et comen aquel corazón que ha en cada grano de que sale la semiente et dejan todo el grano entero. Et después por lluvia que faga non puede nacer, et gobiérnanse dél todo el año.

Et aun fallaredes, que maguer que tengan cuanto pan les cumple, que cada que buen tiempo face, non dejan de acarrear cualesquier herbízuelas que fallan. E esto facen recelando que les non cumplirá aquello que tienen, et mientra han tiempo non quieren estar de valde nin perder el tiempo que Dios les da, pues se pueden aprovechar dél.

Et vos, señor conde, pues la formiga que es tan mesquina cosa, ha tal entendimiento et face tanto por se mantener, bien debedes cuidar que non es buena razón para ningún homne et mayormente para los que han de mantener grand estado et gobernar a muchos, en querer siempre comer de lo ganado; ca cierto sed, que por grant haber que sea donde sacan cada día et non ponen y nada, que non puede durar mucho, et demás paresce muy grant amortiguamiento et grand mengua de corazón. Mas el mío consejo es este: que si queredes comer et folgar, que lo fagades siempre manteniendo vuestro estado et guardando vuestra honra, et catando, et habiendo cuidado como habredes de que lo cumplades, ca si mucho hobierdes et bueno quisierdes seer, asaz habredes logares en que lo despendades a vuestra honra.

E al conde plogo mucho deste consejo que Patronio le dió, et fízolo así et fallose ende bien.

Et porque don Johán, se pagó deste ejiemplo, fízolo poner en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

Non comas siempre lo que has ganado, Vive tal vida que mueras honrado[29].

[29] Moralidad sacada de la vida de las hormigas, tal como la cuenta Plinio _Historia natural_, libro XI, cap. 30.

EJEMPLO XXIV

De lo que contesció a un rey que quería probar a tres sus fijos.

Un día fablaba el conde Lucanor, con Patronio, su consejero, et díjole así:

--Patronio, en la mi casa se crían muchos mozos de los homnes de grand guisa et de los que non lo son tanto, et veo en ellos muchas maneras et muy estrañas. Et por el grand entendimiento que vos habedes, ruégovos que me digades cuanto vos entendedes en qué manera puedo yo conoscer cual mozo recudirá a seer mejor homne.

--Señor conde--dijo Patronio--, esto que me vos decides es muy fuerte cosa de voslo decir ciertamente, ca non se puede saber ciertamente ninguna cosa de lo que es de venir, et por ende non se puede saber et esta cosa que me vos preguntades es por venir ciertamente; mas lo que desto se puede saber, es por señales que parescen en los mozos también de dentro como de fuera; et las que parescen de fuera, son las figuras de la cara, et el donaire, et la color, et el talle del cuerpo, et de los miembros, ca por estas cosas paresce la señal de la complisión de los miembros principales que son el corazón, et el meollo, et el fígado; e como quier que estas son señales non se puede saber lo cierto; ca pocas veces se acuerdan todas las señales a una cosa, ca si las unas señales muestran lo uno, muestran las otras el contrario; pero a lo más, segund son estas señales, asi recuden las obras.

Et las más ciertas señales, son las de la cara, et señaladamente las de los ojos, et otrosí el donaire, ca muy pocas veces fallescen estas. Et non tengades que el donaire se dice por seer homne fermoso en la cara, nin feo, ca muchos homnes son pintados et fermosos, et non han donaire de homne, et otros parescen feos, que han buen donario para seer homnes apuestos.

Et el talle del cuerpo et de los miembros, muestra señal de la complisión et paresce si debe seer valiente o lijero; et las tales cosas muestra el talle del cuerpo et de los miembros, non muestra ciertamente cuales deben seer las obras, et con todo esto estas son señales, et pues digo señales, digo cosa non cierta, ca la señal siempre es cosa que paresce por ella lo que debe seer, mas non es cosa forzada que sea asi en toda guisa. Et estas son las señales de fuera que siempre son muy dudosas para conoscer lo que vos me preguntades. Mas para conoscer los mozos por las señales de dentro que son ya cuanto más ciertas, placerme hía que sopiésedes como probó una vez un rey moro a tres fijos que había, por saber cual dellos sería mejor homne.

E el conde le rogó quel dijiese como fuera aquello.

--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--, un rey moro había tres fijos: et porque el padre puede facer que regne cual fijo de los suyos él quisiere, después que el rey llegó a la vejez, los homnes buenos de su tierra pidiéronle por merced que les señalase cual daquellos sus fijos quería que regnase en pos él. Et el rey díjoles que dende a un mes gelo diría.

Et cuando vino a ocho o a dies días, una tarde dijo al fijo mayor, que otro día de grand mañana quería cabalgar et que fuese con él. E otro día, vino el infante mayor al rey, pero non tan mañana como el rey, su padre, dijiera. Et desque llegó, dijol el rey, que se quería vestir et quel ficiese traer los paños. E el infante dijo al camarero que trojiese los paños, e el camarero preguntó, que cuales paños quería. E el infante tornó al rey et preguntó, que cuales paños quería. E el rey díjole que el aljuba, et él tornó al camarero et díjole que el aljuba quería el rey. Et el camarero le preguntó que cual almexía quería, et el infante tornó al rey a gelo preguntar. Et asi fizo por cada vestidura que siempre iba et vinía por cada pregunta fasta que el rey tovo todos los paños. Et vino el camarero, et lo vistió et lo calzó.

Et desque fué vestido et calzado, mandó el rey al infante que ficiese traer el caballo, et él dijo al que guardaba los caballos del rey quel trojiese el caballo, et el que los guardaba, díjole: que cual caballo traería: et el infante tornó con esto al rey, et así fizo por la siella, et por el freno, et por la espada, et por las espuelas; et por todo lo que había mester para cabalgar, por cada cosa fué preguntar al rey.

E desque todo fué guisado, dijo el rey al infante: que non podía cabalgar, et que fuese él andar por la villa et que parase mientes a las cosas que vería porque lo sopiese retraer al rey.

E el infante cabalgó, et fueron con él todos los honrados homnes del rey et del regno, et iban y muchas trompas et atabales et otros estrumentos. E el infante andido una pieza por la villa, et desque tornó al rey, preguntol quel parescía de lo que viera. Et el infante díjole: que bien le parescía sinón quel facían muy grant roido aquellos estrumentos.

Et a cabo de otros días mandó el rey al fijo mediano que veniese a él otro día de mañana: et el infante fízolo así. Et el rey fizo todas las pruebas que ficiera al infante mayor, su hermano, et el infante fízolo, et dijo bien como el hermano mayor.

Et a cabo de otros días, mandó al infante menor, su fijo, que fuese con él de grand mañana. Et el infante madurgó ante que el rey despertase, et esperó fasta que despertó el rey: et luego que fuese despierto entró el infante et homillósele con la reverencia que debía. Et el rey mandol que ficiese traer de vestir. Et el infante preguntol que paños quería, et en una vez le preguntó por todo lo que había de vestir et de calzar, et fué por ello et trájogelo todo. Et non quiso que otro camarero lo vestiese nin lo calzase sinón él, dando a entender que se ternía por de buena ventura si el rey, su padre, tomase placer o servicio de lo que él pudiese facer, et pues su padre era, que razón et aguisado era de le facer cuantos servicios et homildades pudiese.

Et desque el rey fué vestido et calzado, mandó al infante quel ficiese traer el caballo. Et el preguntole cual caballo quería, et con cual siella, et con cual freno, et con cual espada, et por todas las cosas que eran menester paral cabalgar, et quien quería que cabalgase con él, et así por todo cuanto cumplía. Et desque todo lo fizo, non preguntó por ello más de una vez, et trájolo et aguisolo como el rey lo había mandado.

Et desque todo fué fecho, dijo el rey, que non quería cabalgar, mas que cabalgase él et quel contase lo que viese. Et el infante cabalgó et fueron con él todos como ficieron con los otros sus hermanos; mas él ni ninguno de sus hermanos, nin homne del mundo, non sabíe nada de la razón porque el rey facía esto.

Et desque el infante cabalgó, mandó quel mostrasen toda la villa de dentro, et las calles et do tenía el rey sus tesoros, et cuantas podían seer las mezquitas, et toda la nobleza do la villa de dentro et las gentes que y moraban. Et despues salió fuera et mandó que saliesen allá todos los homnes de armas, de caballo et de pie, et mandoles que trebejasen et le mostrasen todos los juegos de armas et de trebejos, et vió los muros, et las torres, et las fortalezas de la villa. Et desque lo hobo visto, tornose paral rey, su padre.

Et cuando tornó era ya muy tarde. Et el rey le preguntó de las cosas que había visto. Et el infante le dijo: que si a él non pesase, que él diría lo quel parescía de lo que había visto. Et el le mandó so pena de la su bendición, quel dijiese lo quel parescía. Et el infante le dijo: que como quier que él era muy buen rey, quel parescía que non era tan bueno como debía, ca si lo fuese, pues había tan buena gente et tanta, et tan grand poder et tan grand haber, que si por él non fincase, que todo el mundo debía ser suyo.

E al rey plogo mucho deste denuesto que el infante le dijo.

Et cuando vino el plazo a que había de dar repuesta a los de la tierra, díjoles que aquel fijo les daba por rey.

Et esto fizo por las señales que vió en los otros et las que vió en este. Et como quier que más quisiera cualquier de los otros para rey, non tovo por aguisado de lo facer por lo que vió en los unos et en el otro.

Et vos, señor conde, si queredes saber cual mozo será mejor, parat mientes a estas tales cosas, et así podredes entender algo et por aventura lo más de lo que ha de ser a los mozos.

E al conde plogo mucho de lo que Patronio le dijo.

Et porque don Johán tovo este por buen ejiemplo, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos, que dicen así:

Por obras et maneras podrás conoscer A los mozos cuales deben lo más seer.

EJEMPLO XXV

De lo que contesció al conde de Provencia, cómo fué librado de la prisión por el consejo que le dio Saladín.

El conde Lucanor fablaba una vez con Patronio, su consejero, en esta manera:

--Patronio, un mío vasallo, me dijo el otro día que quería casar una su parienta, et que así como él era tenudo de me consejar lo mejor que él pudiese, que me pidía por merced quel consejase en esto lo que entendía que era más su pro, et díjome todos los casamientos quel traían. Et porque este es homne que yo querría que lo acertase muy bien, et yo sé que vos sabedes mucho de tales cosas, ruégovos que me digades lo que entendedes en esto porquel yo pueda dar tal consejo que se falle él bien dello.

--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--, para que podades bien consejar a todo homne que haya de casar su parienta, placerme hía mucho que sopiésedes lo que contesció al conde de Provencia con Saladín que era soldán de Babilonia.

E el conde Lucanor le rogó quel dijiese cómo fuera aquello.

--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--, un conde hobo en Provencia que fué muy buen homne et deseaba mucho facer en guisa porquel hobiese Dios merced al alma et ganase la gloria del Paraiso, faciendo tales obras que fuesen a grand su honra et del su estado. Et para que esto pudiese complir, tomó muy grant gente consigo, et muy bien aguisada, et fuese para la Tierra Sancta de Ultramar, poniendo en su corazón que, por que quier que le pudiese acaescer, que siempre sería homne de buena ventura, pues le vinía estando él derechamente en servicio de Dios. Et porque los juicios de Dios son muy maravillosos et muy ascondidos, et Nuestro Señor, tiene por bien de tentar muchas veces a los sus amigos, pero si aquella temptación saben sofrir, siempre Nuestro Señor guisa que torne el pleito a honra et a pro de aquel a quien tienta; et por esta razón tovo Nuestro Señor por bien de temptar al conde de Provencia et consentió que fuese preso en poder del Soldán.

Et como quier que estaba preso, sabiendo Saladín la su grant bondat del conde, facíale mucho bien et mucha honra, et todos los grandes fechos que había de facer, todos los facía por su consejo. Et tan bien le consejaba el conde et tanto fiaba dél el Soldán que, como quier que estaba preso, que tan grand logar et tan grand poder había, et tanto facían por él en toda la tierra de Saladin, como farían en la suya misma.

E cuando el conde se partió de su tierra, dejó una fija muy pequeñuela. Et el conde estudo tan grand tiempo en la prisión que era ya su fija en tiempo para casar: et la condesa su mujer et sus parientes enviaron decir al conde, cuantos fijos de reis et otros grandes homnes la demandaban por casamiento.

Et un día cuando Saladin vino a fablar con el conde, desque hobieron acordado aquello porque Saladín alli viniera, fabló con él el conde en esta manera:

--Señor, vos me facedes a mi tanta merced et tanta honra et fiades tanto de mi que me ternía por muy buena ventura si vos lo podiese servir. Et pues vos señor, tenedes por bien que vos conseje yo en todas las cosas que vos acaescen, atreviéndome a la vuestra merced et fiando del vuestro entendimiento, pidovos por merced que consejedes en una cosa que me acaesció.

E el Soldán gradescio esto mucho al conde, et dijol quel consejaría muy de grado, et aún quel ayudaría muy de buena mente en quequiera quel cumpliese.

E entonce le dijo el conde de los casamientos quel movían para aquella su fija et pidiol por merced quel consejase con quien la casaría.

Et Saladin respondió así:

--Conde, yo sé que tal es el vuestro entendimiento, que en pocas palabras que vos homne diga entendredes todo el fecho. Et por ende vos quiero consejar en este pleito segund lo que yo entiendo. Yo non conosco todos estos que demandan vuestra fija, qué linaje o qué poder han, o cuáles son en los sus cuerpos o cuánta vecindat han con vusco, o qué mejoría han los unos de los otros, et por ende non vos puedo en esto consejar ciertamente; mas, el mio consejo es este: que casedes vuestra fija con homne.

E el conde ge lo tovo en merced et entendió muy bien lo que aquello quería decir. Et envió el conde decir a la condesa su mujer, et a sus parientes el consejo que el Soldán le diera, et que sopiesen de cuantos homnes fijosdalgo había en todas sus comarcas, de que maneras et de que costumbres, et cuales eran en los sus cuerpos, et que non catasen por su riqueza nin por su poder, mas, quel enviasen por escripto decir qué tales eran en si los fijos de los reyes et de los grandes señores que la demandaban et que tales eran los otros homnes fijosdalgo que eran en las comarcas.

Et la condesa et los parientes del conde se maravillaron desto mucho, pero ficieron lo quel conde les envió mandar, et posieron por escrito todas las maneras et costumbres buenas et contrarias que habían todos los que demandaban la fija del conde et todas las otras condiciones que eran en ellos. Et otrosí, escribieron cuales eran en si los otros homnes fijosdalgo que eran en las comarcas, et enviáronlo todo contar al conde.

Et desque el conde vió este escrito, mostrolo al Soldán: et desque Saladin lo vió, como quier que todos eran muy buenos, falló en todos los fijos de los reyes et de los grandes señores, en cada uno algunas tachas en seer mal acostumbrados en comer o en beber, o en seer sañudos, o apartadizos, o de mal recebimiento a las gentes et pagarse de malas compañas, o embargados de su palabra, o alguna otra tacha de muchas que los homnes pueden haber. Et falló que un fijo de un rico homne que non era de muy grand poder, que segund lo que parescía dél en aquel escripto, que era el mejor homne et el más complido, et más sin ninguna mala tacha de que él nunca oyera fablar. Et desque esto oyó el Soldán consejó al conde que casase su fija con aquel homne, ca entendió, que, comoquier que aquellos otros eran más honrados et más fijosdalgo, que mejor casamiento era aquel et mejor casaba el conde su fija con aquel que con ninguno de los otros en que hobiese una mala tacha, cuanto más si hobiese muchas, et tovo, que más de preciar era él homne por las sus obras que non por su riqueza, nin por nobleza de su linaje.

E el conde envió mandar a la condesa et a sus parientes que casasen su fija con aquel que Saladin le mandara. Et como quier que se maravillaron mucho ende, enviaron por aquel fijo de aquel rico homne et dijiéronle lo quel conde les envió mandar. Et el respondió: que bien entendía que el conde era más fijodalgo, et más rico, et más honrado que él, pero que si él tan grand poder hobiese que bien tenía que toda mujer sería bien casada con él, et que esto que fablaban con él, si lo dicían por non lo facer, que tenía que le facían muy grand tuerto et quel querían perder de balde. Et ellos dijieron, que lo querian facer en toda guisa, et contáronle la razón en como el Soldán consejara al conde, quel diese su fija ante que a ninguno de los fijos de los reyes nin de los otros grandes señores, señaladamente porquel escogiera por homne. E desque él esto oyó entendió que fablaban verdaderamente en el casamiento et tovo que, pues Saladín lo escogiera por homne, et le ficiera allegar a tan grand honra, que non sería él homne, si non ficiese en este fecho lo que pertenescía.