El conde Lucanor · Unidad 9 de 26
PRÓLOGO — parte 8
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Et aquel golfín moró algún tiempo en aquella villa en manera de homne muy asosegado et fué diciendo a unos et a otros en manera de poridat que sabía facer alquimia.
Et estas nuevas llegaron al rey: et el rey envió por él, et preguntol si sabía facer alquimia. Et el golfín, como quier quel fizo muestra que se quería encobrir et que lo non sabía, al cabo diol a entender que lo sabía, pero dijo al rey: quel consejaba que deste fecho non fiase de homne del mundo nin aventurase mucho de su haber, pero si quisiese que probaría antél un poco et quel amostraría lo que ende sabía. Et esto le gradesció el rey mucho et paresciol que segund estas palabras, que non podía haber y ningún engaño. E estonce fizo traer las cosas que quiso, et eran cosas que se podían fallar, et entre las otras mandó traer una pella de tabardíe. Et todas las cosas que mandó traer non costaban más de dos o tres dineros. Et desque las trajieron et las fundieron antel rey salió peso de una dobla de oro fino. Et desque el rey vió de cosa que costaba dos o tres dineros, salía una dobla, fué muy alegre et tóvose por el más bien andante caballero del mundo, et dijo al golfín que esto facía, que cuidaba el rey que era muy buen homne et que fisiese más.
Et el golfín respondiol como si non sopiese nada de aquello:
--Señor, cuanto yo desto sabía, todo vos lo he mostrado, et de allí adelante vos lo faredes tan bien como yo; pero, conviene que sepades una cosa, que qualquier destas cosas que mengüe non se podría facer esto oro.
Et desque esto hobo dicho despediose del rey et fuese para su casa.
E el rey probó sin aquel maestro de facer él oro, et dobló la recepta, et salió peso de dos doblas de oro. E otra vez dobló la recepta, et salió peso de cuatro doblas; et así como fué cresciendo la recepta, así salió peso de doblas. E desque el rey vió que él podía facer cuanto oro quisiese, mandó traer tanto daquellas cosas para que pudiese facer mil doblas. Et fallaron todas las otras cosas, mas non fallaron el tabardíe: e desque el rey vió que pues menguaba el tabardíe, que se non podía facer el oro, envió por aquel que se lo mostrara facer, et dijol que non podía facer el oro como solía. Et él preguntol si tenía todas las cosas que él le diera por escripto. Et el rey dijol que sí, mas quel menguaba el tabardíe.
E estonce le dijo el golfín: que por cualquier cosa que menguase que non se podía facer el oro, et así lo había él dicho el primero día.
E estonce preguntó el rey si sabía él do había este tabardíe; e el golfín le dijo que sí.
E entonce le mandó el rey que, pues él sabía do era, que fuese él por ello et trojiese tanto porque pudiese facer tanto cuanto oro quisiese.
E el golfín le dijo que como quier que esto podría facer otro tan bien o mejor que él, si el rey lo fallase por su servicio que iría por ello que en su tierra fallaría ende asaz: e estonce contó al rey lo que podría costar la compra e la despensa, et montó muy grand haber.
Et desque el golfín lo tovo en su poder, fuese su carrera et nunca tornó al rey. Et así fincó el rey engañado por su mal recabdo. Et desque vió que tardaba más de cuanto debía, envió el rey a su casa por saber si sabían dél algunas nuevas. Et non fallaron en su casa cosa del mundo, sinón un arca cerrada: et desque la abrieron, fallaron y un escripto que dicía así:
«Bien creed que non ha en el mundo tabardíe; más, sabet que vos he engañado, et cuando yo vos dicía que vos faría rico, debiérades decir que lo ficiese primero a mi et que me creeríedes.»
E a cabo de algunos días, unos homnes estaban riendo et trebejando et escribían todos los homnes que ellos conoscían, cada uno de cual manera era, et dicían: los ardidos son fulano et fulano, et los ricos fulano et fulano, et los cuerdos fulano et fulano, et así de todas las otras cosas buenas o contrarias.
Et cuando hobieron a escribir los homnes de mal recabdo escribieron y el rey. Et cuando el rey lo sopo, envió por ellos et aseguroles que les non faría ningún mal por ello, et díjoles que porquel escribieron por homne de mal recabdo. Et ellos dijiéronle: que por razón que diera tan grand haber a homne estraño et de quien non tenía ningun recabdo.
Et el rey les dijo que habían errado, et que si viniese aquel que había levado el haber que non fincaría él por homne de mal recabdo. Et ellos le dijieron que ellos non perdían nada de su cuenta, ca si el otro viniese, que sacarían al rey del escripto et que pornían a él.
Et vos, señor conde Lucanor, si queredes que non vos tengan por homne de mal recabdo, non aventuredes por cosa que non sea cierta, tanto de lo vuestro que vos arrepintades, si lo perdierdes por fiuza de haber grand pro seyendo en dubda.
E al conde plogo deste consejo, et fízolo así et fallose dello bien.
Et veyendo don Johán que este ejiemplo era bueno, fízolo escribir en este libro, et fizo estos viesos, que dicen así:
Non aventures mucho la tu riqueza, Por consejo del que ha grand pobreza[26].
[26] Era antes en los críticos idea corriente que en este ejemplo había querido D. Juan Manuel satirizar las aficiones de alquimista de su tío el Rey Sabio; negada con buenas razones la atribución a Alfonso X del _Libro del Tesoro_, caen los más firmes asideros de esta suposición.
EJEMPLO XXI
De lo que contesció a un rey mozo con un muy grant filósofo a qui lo encomendara su padre.
Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta guisa:
--Patronio, así acaesció que yo había un pariente a qui amaba mucho, et aquel mi pariente finó et dejó un fijo muy pequeñuelo, et este mozo criélo yo. Et por el grand debdo et grand amor que había a su padre: et otrosí, por la grand ayuda que yo atiendo dél desque sea en tiempo para me la facer, criélo muy bien e sabe Dios quel amo como si fuese mi fijo. Et como quier quel mozo ha buen entendimiento et fío por Dios que será muy buen homne, pero porque la mocedat engaña muchas veces a los mozos et non les deja facer todo lo que más les cumplía, placerme hía, si la mocedat non engañase tanto a este mozo. Et por el buen entendimiento que vos habedes, ruégovos que me digades en que manera podría yo guisar que este mozo ficiese lo que le fuese más aprovechoso para el cuerpo et para la su facienda.
--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--, para que vos fisiésedes en fasienda deste mozo lo que al mío cuidar sería mejor, mucho querría que sopiésedes lo que contesció a un muy grand filósofo con un rey mozo, su criado.
E el conde le preguntó como fuera aquello.
--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--, un rey había un fijo et diolo a criar a un filósofo en que fiaba mucho: et cuando el rey finó, fincó el rey su fijo mozo pequeño. E criolo aquel filósofo hasta que pasó por XV años. Mas, luego que entró en la mancebía, comenzó a despreciar el consejo daquel que lo criara et allegose a otros consejeros de los mancebos et de los que non habían tan grand debdo con él porque mucho ficiesen por lo guardar de daño. Et trayendo su facienda en esta guisa, ante de poco tiempo llegó su fecho a logar que también las maneras et costumbres del su cuerpo como la su facienda era todo muy empeorado. Et fablaban todas las gentes muy mal de como perdía aquel rey mozo el cuerpo et la facienda. E yendo aquel pleito tan a mal, el filósofo que criara el rey se sentía et pesábale ende mucho, non sabía que facer, ca ya muchas veces probara de lo castigar con ruego et con falago et aun maltrayéndolo, et nunca pudo facer y nada, ca la mocedat lo estorbaba todo. Et desque el filósofo vió que por otra manera non podía dar consejo en aquel fecho, pensó esta manera que agora oiredes.
El filósofo comenzó poco a poco a decir en casa del rey que él era el mayor agorero del mundo. Et tantos homnes oyeron esto que lo hobo de saber el rey mozo; et desque lo sopo, preguntó el rey al filósofo, si era verdat que sabía catar agüero tan bien como lo dicían. Et el filósofo, comoquier quel dió a entender que lo quería negar, pero al cabo dijol que era verdat, mas que era mester que homne del mundo non lo sopiese. Et como los mozos son quejosos para saber et para facer todas las cosas, el rey que era mozo quejábase mucho por veer como cataba los agüeros el filósofo: et cuanto el filósofo más lo alongaba, tanto había el rey mozo mayor queja de lo saber, et tanto afincó al filósofo que puso con él de ir un día de grand mañana con él a los catar en manera que non lo sopiese ninguno.
Et madurgaron mucho; et el filósofo enderezó por un valle en que había pieza de aldeas yermas: et desque pasaron por muchas vieron una corneja que estaba dando voces en un arbol. Et el rey mostrola al filósofo, et el fizo contenente que la entendía.
Et otra corneja comenzó a dar voces en otro arbol, et amas las cornejas estudieron así dando voces a veces la una et a veces la otra. Et desque el filósofo escuchó esto una pieza, comenzó a llorar muy fieramente et rompió sus paños, et facía el mayor duelo del mundo.
E cuando el rey mozo esto vió, fué muy espantado et preguntó al filósofo: que porque facía aquello. Et el filósofo diol a entender que se lo quería negar. Et desque lo afincó mucho dijol: que más quería seer muerto que vivo, ca non tan solamente los homnes, mas, que aun las aves, entendían ya como por su mal recabdo era perdida toda su tierra et su facienda et su cuerpo despreciado. Et el rey mozo preguntol cómo era aquello.
Et él dijol: que aquellas dos cornejas, habían puesto de casar el fijo de la una con la fija de la otra; et que aquella corneja que comenzara a fablar primero, que decía a la otra, que pues tanto había que era puesto aquel casamiento, que era bien que los casasen. Et la otra corneja dijol, que verdat era que fuera puesto, mas que agora ella era más rica que la otra, et que loado a Dios, que después que este rey regnara, que eran yermas todas las aldeas de aquel valle, et que fallaba ella en las casas yermas muchas culuebras et lagartos, et sapos et otras tales cosas que se crían en los lugares yermos, porque había muy mejor de comer que solía, et por ende que non era estonce el casamiento egual. Et cuando la otra corneja esto oyó, comenzó a reir et respondiol: que dicía poco seso si por esta razón quería alongar el casamiento, que sol que Dios diese vida a este rey, que muy aina sería ella más rica que ella, ca muy aina sería yermo aquel otro valle do ella moraba en que había diez tantas aldeas que en el suyo, et que por esto non había porque alongar el casamiento et por esto otorgaron amas las cornejas de ayuntar luego el casamiento.
E cuando el rey mozo esto oyó, pesol ende mucho, et comenzó a cuidar como era su mengua en yermar así lo suyo. Et desque el filósofo vió el pesar et el cuidar que el rey mozo tomaba, et que había sabor de cuidar en su facienda, diol muchos buenos consejos en guisa que en poco tiempo fué su facienda toda enderezada, tan bien de su cuerpo, como de su regno.
Et vos, señor conde, pues criades este mozo, et querríades que se enderezase su facienda, catad alguna manera que por ejiemplos o por palabras maestradas et falagueras le fagades entender su facienda, mas por cosa del mundo non derrangedes con él castigandol nin maltrayendol cuidandol enderezar; ca la manera de los más de los mozos es tal, que luego aborrecen al que los castiga, et mayormente si es homne de grand guisa, ca liévanlo a manera de menosprecio, non entendiendo cuanto lo yerran; ca non ha tan buen amigo en el mundo como el que castiga el mozo porque non faga su daño, mas ellos non lo toman así, sinón por la peor manera. Et por aventura caería tal desamor entre vos e él, que ternía daño a entramos para adelante.
E al conde plogo mucho deste consejo que Patronio le dió, et fízolo así et fallose ende bien.
Et porque don Johán se pagó mucho deste ejiemplo fízolo poner en este libro, et fizo estos viesos, que dicen así:
Non castigues al mozo maltrayendo, Mas dile comol vaya placiendo[27].
[27] Esto de interpretar el lenguaje de las aves para corrección del desgobierno procede del _Pantchatantra_, según Knust. En _Gil Blas de Santillana_, lib. VIII, cap. VI, cuenta Gil Blas al Duque de Lerma una fábula análoga, en la que hablan cuervos; dice la leyó en «Pilpai o en otro autor fabulista».
EJEMPLO XXII
De lo que contesció al león et al toro.
Fablaba otra vez el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et dijole así:
--Patronio, yo he un amigo muy poderoso et muy honrado, et comoquier que fasta aquí nunca fallé en él sinón buenas obras, agora dícenme que me non ama tan derechamente como solía, et aunque anda buscando maneras porque sea contra mí. Et yo estó agora en grandes dos cuidados: el uno es, porque me he recelo, que si él entiende que yo tomo dél esta sospecha et que me vo guardando dél, que él otrosí, que fará eso mismo, et que así irá cresciendo la sospecha et el desamor poco a poco fasta que nos hayamos a desavenir. Et por la grant fianza que yo en vos he ruégovos que me consejedes lo que vierdes que más me cumple de facer en esto.
--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--, para que desto vos podades guardar, placerme hía mucho que sopiésedes lo que contesció al león et al toro.
E el conde le rogó quel dijiese como fuera aquello.
--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--, el león et el toro eran mucho amigos, et porque ellos son dos animalias muy fuertes et muy recias, apoderábanse et enseñoreaban todas las otras animalias, ca el león con el ayuda del toro apremiaba todas las animalias que comen carne; et el toro con el ayuda del león apremiaba todas las animalias que pacen la hierba. Et desque todas las animalias entendieron que el león et el toro les apremiaban por el ayuda que se facían el uno al otro, et vieron que por esto les vinía grand premia et grant daño, fablaron todas entre sí qué manera podrían catar para salir desta premia.
Et entendieron; que si ficiesen desavenir al león et al toro, que serían ellos fuera de la premia de que los traían apremiados el león et el toro. Et porque el raposo et el carnero eran más allegados a la privanza del león et del toro que las otras animalias, que trabajasen cuanto pudiesen para meter desavenencia entre ellos. E el raposo e el carnero dijieron que se trabajarían cuanto pudiesen por facer esto que las animalias querían.
Et el raposo que era consejero del león, dijo al oso, que es el más esforzado et más fuerte de todas las bestias que comen carne en pos el león, quel dijiese, que se recelaba que el toro andaba catando manera para le traer cuanto daño pudiese, et que dias habíe que ge lo habían dicho esto, et como quier que por aventura esto non era verdat, pero que parase mientes en ello.
Et eso mismo dijo el carnero, que era consejero del toro, al caballo que es el más fuerte animal que ha en esta tierra de las bestias que pacen hierba.
E el oso et el caballo, cada uno de ellos dijo esta razón al león et al toro. Et como quier que el león et el toro non creyeron esto del todo, aun tomaron alguna sospecha que aquellos que eran los más honrados del su linaje et de su compaña, que ge lo dician por meter mal entrellos, pero con todo eso cayeron en alguna sospecha. Et cada uno dellos fablaron con el raposo et con el carnero, sus privados.
Et ellos dijiéronles: que como quier que por aventura el oso et el caballo les dicían esto por alguna maestría engañosa, que con todo eso, que era bien que fuesen parando mientes en los dichos et en las obras que farían dallí adelante el león et el toro, et segund que viesen, que así podrían facer.
Et ya con esto cayó mayor sospecha entre el león et el toro. Et desque las animalias entendieron que el león et el toro tomaran sospecha el uno del otro, comenzáronles a dar a entender más descubiertamente que cada uno dellos se recelaba del otro, et que esto non podría ser sinón por las malas voluntades que tenían escondidas en los corazones.
Et el raposo et el carnero, como falsos consejeros catando su pro et olvidando la lealtad que habían de tener a sus señores en logar de los desengañar, engañáronlos, et tanto ficieron, fasta que el amor que solía seer entre el león et el toro tornó en muy grand desamor; et desque las animalias esto vieron, comenzaron a esforzar a aquellos sus mayorales fasta que los ficieron comenzar la contienda, et dando a entender cada uno dellos a su mayoral quel guardaba, guardábanse los unos a los otros et facían tornar todo el daño sobre el león et sobre el toro.
E el fin del pleito vino a esto; que como quier que el león fizo más daño et más mal al toro et abajó mucho el su poder et la su honra, pero siempre el león fincó tan desapoderado dallí adelante que nunca pudo enseñorar las otras bestias nin apoderarse dellas como solía, tambien de las de su linaje como de las otras. Et así porque el león et el toro non entendieron que por el amor et por el ayuda que el uno tomaba del otro, eran ellos honrados e apoderados de todas las otras animalias, et non guardaron el amor aprovechoso que habían entre sí, et non se sopieron guardar de los malos consejos que les dieron para salir de su premia et apremiar a ellos, fincaron el león et el toro tan mal de aquel pleito, que así como ellos eran ante apoderados de todos, ansi fueron despues todos apoderados dellos.
Et vos, señor conde Lucanor, guardatvos que estos que en esta sospecha vos ponen contra aquel vuestro amigo, que vos lo non fagan por vos traer a aquello que trojieron las animalias al león et al toro. Et por ende, conséjovos yo, que si aquel vuestro amigo es homne leal et fallastes en él siempre buenas obras et leales et fiades en él como homne debe fiar del buen fijo o del buen hermano, que non creades cosa que vos digan contra él, ante vos consejo, quel digades lo que vos dijieren dél, et él luego vos dirá otrosí lo que dijieren a él de vos. Et faced grant escarmiento en los que esta falsedat cuidaren ordir porque nunca otros se atrevan a lo comenzar otra vegada. Pero si el amigo non fuere desta manera que es dicha, et fuere de los amigos que se aman por el tiempo, o por la ventura, o por el mester, a tal amigo como este, siempre guardat que nunca digades nin fagades cosa por que él pueda entender que de vos se mueve mala sospecha nin mala obra contra él, et dat pasada a algunos de sus yerros; ca por ninguna manera non puede seer que tan grant daño vos venga a deshora de que ante vos veades alguna señal cierta, como sería el daño que vos verníe si vos desaveniésedes por tal engaño et maestría como desuso es dicho; pero, al tal amigo, siempre le dat a entender en buena manera que, así como cumple a vos la su ayuda, que así cumple a él la vuestra; et lo uno faciendol buenas obras et mostrandol buen talante et non tomando sospecha dél sin razón, nin creyendo dicho de malos homnes et dando alguna pasada a sus yerros; et lo al, mostrandol que así cumple a vos la su ayuda que así cumple a él la vuestra. Por estas maneras durará el amor entre vos, et seredes guardados de non caer en el yerro en que cayeron el león et el toro.
E al conde plogo mucho deste consejo, que Patronio le dió, et fízolo et fallose ende bien.
Et entendiendo don Johán, que este ejiemplo era muy bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:
Por falso dicho de homne mintroso Non pierdas amigo aprovechoso[28].
[28] Figura ya en el _Pantchatantra_ y en el _Hitopadeza, o provechosa enseñanza_. (Vid. su edición en la Biblioteca Clásica, traducción de J. Alemany.)
EJEMPLO XXIII
De lo que facen las formigas para se mantener.
Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta manera: