El conde Lucanor · Unidad 16 de 26
PRÓLOGO — parte 15
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--Patronio, vos sabedes que yo so muy gran cazador et he fecho muchas cazas nuevas que nunca fizo otro homne. Et aun he fecho et añadido en las pihuelas et en los capiellos algunas cosas muy aprovechosas que nunca fueron fechas. Et agora los que quieren decir mal de mi fablan en manera de escarnio et cuando loan al Cid Roy Diaz o al conde Ferrant Gonzales de cuantas lides vencieron o al sancto et bienaventurado Rey don Fernando de cuantas buenas conquistas fizo, loan a mi diciendo que fiz muy buen fecho porque añadí aquello en los capiellos et en las pihuelas. Et porque yo entiendo que este alabamiento más se me torna en denuesto que en alabamiento, ruégovos que me consejedes en que manera faré porque me non escarnezcan por la buena obra que fiz.
--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--para que vos sepades lo que vos más cumpliría de facer en esto, placerme hía que sopiésedes lo que contesció a un moro que fué Rey de Córdoba.
Et el conde le preguntó como fuera aquello.
--Señor conde--dijo Patronio--en Córdoba hobo un Rey que había nombre Alhaquen. E como quier que mantenía bien su regno, non se trabajaba de facer otra cosa honrada nin de grand fama de las que suelen et deben facer los buenos reys, ca non tan solamente son los reys tenidos de guardar sus regnos, mas los que buenos quieren seer, conviene que tales obras fagan porque con derecho acrecienten su regno et fagan en guisa que en su vida sean muy loados de las gentes, et despues de su muerte finquen buenas fazañas de las buenas obras que ellos hobieren fechas. Et este Rey non se trabajaba desto sinón de comer et folgar et estar en su casa vicioso.
Et acaesció que estando un día folgando, que tañían antél un estrumento de que se pagaban mucho los moros que han nombre albogón. Et el rey paró mientes et entendió que non facía tan buen son como era menester, et tomó el albogón et añadió en él un forado en la parte de yuso en derecho de los otros forados, et dende adelante face el albogón muy mejor son que fasta entonces facía.
Et como quier que aquello era bien fecho para en aquella cosa, porque non era tan grand fecho como convinía de facer a Rey, las gentes en manera de escarnio, comenzaron aquel fecho a loar et dician cuando loaban a alguno: «Vá hede ziat Alhaquim», que quiere decir: «Este es el añadimiento del Rey Alhaquen».
Et esta palabra fué sonada tanto por la tierra fasta que le hobo de oir el rey, et preguntó porque decían las gentes esta palabra. Et como quier que ge lo quisieran encobrir, tanto los afincó que ge lo hobieron a decir.
Et desque él esto oyó, tomó ende grant pesar, pero como era muy buen Rey, non quiso facer mal en los que dicían esta palabra, mas puso en su corazón de facer otro añadimiento de que por fuerza hobiesen las gentes a loar el su fecho.
E entonce porque la mezquita de Córdoba non era acabada, añadió en ella aquel Rey toda la labor que y menguaba et acabola.
E esta es la mayor et más complida et más noble mezquita que los moros habían en España et, loado a Dios, es agora eglesia et llamánla Sancta María de Córdoba, et ofreciola el Sancto Rey don Fernando a Sancta María, cuando ganó a Córdoba de los moros.
Et desque aquel rey hobo acabada la mezquita et fecho aquel tan buen añadimiento dijo que: pues fasta entonce lo loaban escarniciéndole del añadimiento que ficiera en el albogón, que tenía que de allí adelante lo habían a loar con razón del añadimiento que ficiera a la mezquita de Córdoba.
Et fué depués muy loado. Et el loamiento que fasta entonce le facían escarniciéndolo fincó depués por loor; et hoy en día dicen los moros cuando quieren loar algun buen fecho: «este es el añadimiento de Alhaquen».
Et vos señor conde, si tomades pesar o cuidades que vos loan por vos escarnecer del añadimiento que ficiestes en los capiellos et en las pihuelas et en las otras cosas de caza que vos ficiestes, guisad de facer algunos fechos grandes et buenos et nobles cuales pertenescen de facer a los grandes homnes. Et por fuerza las gentes habrán de loar los vuestros buenos fechos así como loan agora por escarnio el añadimiento que ficiestes en las cosas de la caza.
Et el conde touo este por buen consejo, et fízolo así et fallose ende muy bien.
Et porque don Johan entendió que este era buen enjiemplo, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:
Si algún bien ficieres que muy grande non fuere, Faz grandes si pudieres que el bien nunca muere[43].
[43] Es esta anécdota un hecho de la vida del califa Hakem el-Mostemcir, comúnmente llamado Al-Háhem II. Exacto es lo que D. Juan Manuel observa de lo poco amigo que era este califa de hacer grandes cosas; pero no lo es tanto atribuirlo a que no hacía más que «comer y folgar et estar en su casa vicioso». Reunió una estupenda biblioteca, era un lector infatigable y llegó a saberse de memoria millares de volúmenes, según cuentan. Lo del albogón o alboguén, creo que sólo por D. Juan Manuel se sabe. El aumento de la Mezquita de Córdoba fué ideal suyo desde los primeros años: añadiose once naves; mandó a Oriente por artistas musivarios que cubrieran de oro y colores la cúpula maravillosa del mihrab; hízose la obra hacia los años de Cristo de 965. Murió Al-Hahem II el 1.º de Octubre de 976. Cf. _Histoire de l’Afrique et de l’Espagne intitulée Al-Bayano’l-Mogrib_; trad. de Fagnan; Alger, 1904; t. II páginas 384 a 418.
«Albogón, instrumento de música, como flauta grande»; definición del Diccionario de Autoridades, que trae únicamente este pasaje.
EJEMPLO XLII
De lo que contesció a una falsa beguina.
Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta guisa.
--Patronio yo et otras muchas gentes estabamos fablando et preguntábamos que cual era la manera que un homne malo podría haber para facer a las otras gentes cosa porque más mal les veniese. Et los unos dicían que por ser homne reboltoso, et los otros dicían que por seer homne muy peleador, et los otros dicían, que por seer muy mal fechor en la tierra, et los otros dicían que la cosa porque el homne malo podría facer más mal a todas las otras gentes que era por seer de mala lengua et asacador. Et por el buen entendimiento que vos habedes, ruégovos que me digades de cual mal destos podría venir más mal a todas las gentes.
--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--para que vos sepades esto, mucho querría que sopiésedes lo que contesció al diablo con una mujer destas que se facen beguinas.
E el conde le preguntó como fuera aquello.
--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--en una villa había un muy buen mancebo et era casado con una mujer et facían buena vida en uno, así que nunca entre ellos había desavenencia.
Et porque el diablo se despagó siempre de las buenas cosas, hobo desto muy grand pesar et maguer que andido muy grand tiempo por meter mal entre ellos, nunca lo pudo guisar.
Et un día viniendo el diablo de aquel logar do facían vida aquel homne et aquella mujer, muy triste por que non podía poner y ningún mal, topó con una beguina. Et desque se conoscieron preguntol por que venía triste. Et él dijole que vinía de aquella villa do facían vida aquel homne et aquella mujer et que había muy grand tiempo que andaba por poner mal entrellos et que nunca pudiera, et desque lo sopiera su mayoral quel dijiera que: pues tan grand tiempo había que andaba en aquello et pues non lo facía, que sopiese que era perdido con él, et que por esta razón vinía triste.
Et ella dijol que se maravillaba, pues tanto sabía, cómo non lo podía facer, mas que si ficiese lo que ella quería, que ella le pornía recabdo en esto.
Et el diablo le dijo, que faría lo que ella quisiese en tal guisa que guisase como pusiese mal entre aquel homne et aquella mujer.
Et de que el diablo et aquella beguina fueron a esto avenidos, fuese la beguina para aquel logar do vivian aquel homne et aquella mujer, et tanto fizo de día en día, fasta que se fizo conoscer con aquella mujer de aquel mancebo et fizol entender que era criada de su madre et por este debdo que había con ella, que era muy tenuda de la servir et que la serviría cuanto pudiese.
Et la buena mujer fiando en esto tóvola en su casa et fiaba della toda su facienda, et eso mismo facía su marido.
Et desque ella hobo morado muy grand tiempo en su casa et era privada de entramos, vino un día muy triste et dijo a la mujer que fiaba en ella:
--Fija, mucho me pesa desto que agora oí, que vuestro marido que se paga más de otra mujer que non de vos, et ruégovos quel fagades mucha honra et mucho placer porque él non se pague más de otra mujer que de vos, ca desto vos podría venir más mal que de otra cosa ninguna.
E cuando la buena mujer esto oyó, comoquier que non lo creía, tovo desto muy grand pesar et entristeció muy fieramente. Et desque la mala beguina la vió estar triste, fuese para el logar por do su marido había de venir. Et desque se encontró con él dijol quel pesaba mucho de lo que facía en tener tan buena mujer como tenía et amar más a otra que non a ella et que esto, que ella lo sabía ya, et que tomara grand pesar et quel dijiera que, pues él esto facía, faciendol ella tanto servicio, que cataría otro que la amase a ella tanto como él o más, e que por Dios, que guardase que esto non lo sopiese su mujer, sinón que sería muerta.
E cuando el marido esto oyó, comoquier que lo non creyó, tomó ende grand pesar et fincó muy triste.
Et desque la falsa beguina le dejó así, fuese adelante a su muger et dijol amostrando muy gran pesar:
--Fija, non sé que desaventura es esta, que vuestro marido es muy despagado de vos: et porque entendades que es verdad esto que yo vos digo, agora veredes como viene muy triste et muy sañudo, lo que él non solía facer.
Et desque la dejó con este cuidado, fuese para su marido et dijol eso mismo. Et desque el marido llegó a su casa et falló a su mujer triste, et de los placeres que solian en uno haber que non había ninguno, estaba cada uno con muy grand cuidado.
Et de que el marido fué a otra parte, dijo la mala beguina a la buena mujer: que si ella quisiese, que buscaría algun home muy sabidor quel ficiese alguna cosa con que su marido perdiese aquel mal talante que había contra ella.
Et la muger queriendo haber muy buena vida con su marido, dijol, quel placía et que gelo gradescería mucho.
Et a cabo de algunos días tornó a ella et dijol que había fallado un homne muy sabidor et quel dijiera: que si hobiese unos pocos de cabellos de la barba de su marido de los que están en la garganta, que faría con ellos una maestría que perdiese el marido toda la saña que había della, et que vivirían en buena vida como solían o por aventura mejor, et que a la hora que viniese, que guisase que se echase a dormir en su regazo. Et diole una navaja con que cortase los cabellos.
Et la buena mujer, por el grand amor que había a su marido, pesándole mucho de la estrañeza que entrellos había caido et cudiciando más que cosa del mundo tornar a la buena vida que en uno solian haber, dijol: quel placía et que lo faría así. Et tomó la navaja que la mala beguina trajo para lo facer.
Et la beguina falsa tornó al marido, et dijole: que había muy grand duelo de la su muerte, et por ende que gelo non podía encobrir, que sopiese que su mujer le quería matar et irse con su amigo, et por que entendiese quel dicía verdat, que su mujer et aquel su amigo habían acordado que lo matasen en esta manera: que luego que viniese, que guisaría que él que se adormiese en su regazo della, et desque fuese adormido, quel degollase con una navaja que tenía paral degollar.
Et cuando el marido esto oyó, fué mucho espantado, et como quier que ante estaba con mal cuidado por las falsas palabras que la mala beguina le había dicho, por esto que agora dijo fué muy cuitado et puso en su corazón de se guardar et de lo probar, et fuese para su casa.
Et luego que su mujer lo vió, recibiolo mejor que los otros días de ante, et dijol que siempre andaba trabajando et non quería folgar nin descansar, mas que se echase allí cerca della et que pusiese la cabeza en su regazo et ella quel espulgaría.
Et cuando el marido esto oyó, tovo por cierto lo quel dijiera la falsa beguina et por probar lo que su muger faría echose a dormir en su regazo et comenzó de dar a entender que durmía. Et de que su muger tovo que era adormido bien, sacó la navaja para le cortar los cabellos, segund la falsa beguina lo había dicho. E cuando el marido le vió la navaja en la mano cerca de la su garganta, teniendo que era verdat lo que la falsa beguina le dijiera, sacol la navaja de las manos et degollola con ella.
Et al roido que se fizo cuando la degollaba, recudieron el padre et los hermanos de la mujer. Et cuando vieron que la mujer era degollada et que nunca fasta aquel día oyeron al su marido nin a otro homne ninguna cosa mala en ella, por el grand pesar que hobieron, enderezaron todos al marido et matáronlo.
Et a este roido recudieron los parientes del marido et mataron a aquellos que mataron a su pariente. Et en tal guisa se revolvió el pleito, que se mataron aquel día la mayor parte de cuantos eran en aquella villa.
Et todo esto vino por las falsas palabras que sopo decir aquella falsa beguina. Pero, porque Dios nunca quiere que el que mal fecho face, que finque sin pena nin aun que el mal fecho sea encubierto, guisó que fuese sabido que todo aquel mal viniera por aquella falsa beguina e ficieron della muchas malas justicias, et diéronle muy mala muerte et muy cruel.
Et vos señor conde Lucanor, si queredes saber cual es el peor homne del mundo et de que más mal puede venir a las gentes, sabet que es el que se muestra por buen cristiano et por homne bueno et leal et la su entención es falsa, et anda asacando falsedades et mentiras por meter mal entre las gentes. Et conséjovos yo que siempre vos guardedes de los que vierdes que se facen gatos religiosos, que los más dellos siempre andan con mal et con engaño, et para que los podades conoscer, tomad el consejo del Evangelio que dice: «A fructibus eorum cognoscetis eos» que quiere decir: «que por las sus obras los cognosceredes», ca cierto sed que non ha homne en el mundo que muy luengamente pueda encubrir las obras que tiene en la voluntad ca bien las puede encubrir algún tiempo, mas non luengamente.
Et el conde tovo que era verdad esto que Patronio le dijo et puso en su corazón de lo facer así e rogó a Dios quel guardase a él e a todos sus amigos de tal homne.
Et entendiendo don Johan que este enjiemplo era muy bueno, fizolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:
Para mientes a las obras et non a la semejanza, Si cobdiciares ser guardado de haber mala andanza[44].
[44] En la edición de Argote y en el códice de Puñonrostro no se encuentra la palabra _beguina_, que después de todo es un galicismo: A esta infame mujer, mil veces peor que Celestina, según comparación de _Azorín_, le dan el bello nombre de «pelegrina». Figura en ejemplarios para sermones y hay de este cuento recuerdo en gran número de obras.
EJEMPLO XLIII
De lo que contesció al Bien et al Mal, et al cuerdo con el loco.
El conde Lucanor fablaba con Patronio, su consejero en esta manera:
--Patronio, a mi contesce que he dos vecinos, el uno es homne a que yo amo mucho, et ha muchos buenos debdos entre mi et él porquel debo amar; et non sé que pecado o que ocasión es que muchas veces me face algunos yerros et algunas escatimas de que tomo muy grand enojo: et el otro non es homne con quien haya grandes debdos, nin grand amor, nin hay entre nos grand razón porquel deba mucho amar; et este, otrosí a las veces fáceme algunas cosas de que yo non me pago. Et por el buen entendimiento que vos habedes, ruégovos que me consejedes en que manera pase con aquellos dos homnes.
--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--esto que vos decides, non es una cosa, ante son dos, et muy revesadas la una de la otra. Et para que vos podades en esto obrar como vos cumple, placeme hía que sopiésedes dos cosas que acaescieron; la una, lo que contesció al Bien et al Mal; et la otra, lo que contesció a un homne bueno con un loco.
E el conde le preguntó como fuera aquello:
--Señor conde--dijo Patronio--porque estas son dos cosas non vos las podría decir en uno: decirvos he primero de lo que contesció al Bien et al Mal, et decirvos he después, lo que contesció al homne bueno con el loco.
Señor conde, el Bien et el Mal acordaron de facer su compañía en uno. Et el Mal que es más acucioso et siempre anda con revuelta et non puede folgar sinón revolver algún engaño et algún mal, dijo al Bien: que sería buen recabdo que hobiesen algún ganado con que se pudiesen mantener. Et al Bien plogó desto. Et acordaron de haber ovejas.
Et luego que las ovejas fueron paridas, dijo el Mal al Bien que escogiese en el esquilmo daquellas ovejas. Et el Bien como es bueno et mesurado non quiso escoger, et el Bien dijo al Mal que escogiese él. Et el Mal porque es malo et derranchado, plogol ende, et dijo; que tomase el Bien los corderuelos así como nascían, et él, que tomaría la leche et la lana de las ovejas. Et el Bien dió a entender que se pagaba desta partición.
Et el Mal, dijo; que era bien que hobiesen puercos: et al Bien plogo desto. Et desque parieron dijo el Mal: que, pues el Bien tomara los fijos de las ovejas et él la leche et la lana, que tomase agora la leche et la lana de las puercas, et que tomaría él los fijos. Et el Bien tomó aquella parte.
Et después dijo el Mal: que pusiesen alguna hortaliza: et pusieron nabos. Et desque nacieron, dijo el Mal al Bien: que non sabía que cosa era lo que non veía, mas, porque el Bien viese lo que tomaba que tomase las fojas de los nabos que parescían et estaban sobre tierra, et que tomaría él lo que estaba so tierra; et el Bien tomó aquella parte.
E después, pusieron coles: et desque nascieron, dijo el Mal que, pues el Bien tomara la otra vez de los nabos lo que estaba sobre tierra, que tomase agora de las coles lo que estaba so tierra: et el Bien tomó aquella parte.
E despues dijo el Mal al Bien; que sería buen recabdo que hobiesen una mujer que los serviese. Et al Bien plogo desto. Et desque la hobieron, dijo el Mal que tomase el Bien de la cinta contra la cabeza, et que él tomaría de la cinta contra los pies: et el Bien tomó aquella parte. Et así fué que la parte del Bien facía lo que cumplía en casa, et la parte del Mal era casada con él et había de dormir con su marido.
E la mujer fue en cinta et encaesció de un fijo. Et desque nasció, quiso la madre dar al fijo de mamar; et cuando el Bien esto vió, dijo que non lo ficiese, ca la leche de la su parte era, et que non lo consintiría en ninguna manera. E cuando el Mal vino alegre por veer el su fijo quel nasciera, falló que estaba llorando, et preguntó a su madre que por qué lloraba. E la madre le dijo que porque non mamaba. Et dijol el Mal quel diese a mamar. Et la mujer le dijo que el Bien gelo defendiera diciendo que la leche era de su parte.
E cuando el Mal esto oyó, fué al Bien et dijol riendo et burlando que ficiese dar la leche a su fijo. Et el Bien dijo que la leche era de su parte et que non lo faría. E cuando el Mal esto oyó comenzol de afincar ende. Et desque el Bien vió la priesa en que estaba el Mal dijol: