El conde Lucanor · Unidad 17 de 26
PRÓLOGO — parte 16
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--Amigo, non cuides que yo tampoco sabía que non entendía cuales partes escogistes vos siempre et cuales diestes a mi; pero nunca vos demandé yo nada de las vuestras partes, et pasé muy lazdramente con las partes que me vos dábades, e vos nunca vos doliestes nin hobiestes mensura contra mi, e pues si agora Dios vos trajo a lugar que habedes mester algo de lo mío, non vos maravilledes si vos lo non quiero dar, et acordatvos de lo que me feciestes et sofrid esto por lo al.
E cuando el Mal entendió que el Bien dicía verdat et que su fijo sería muerto por esta manera, fué muy mal cuitado et comenzó a rogar et pedir merced al Bien que por amor de Dios hobiese piedat da quella criatura, et que non parase mientes a las sus maldades, et que dallí adelante siempre faría cuanto mandase.
E desque el Bien esto vió, tovo quel ficiera Dios mucho bien en traerlo a lugar que viese el Mal que non podía guarescer sinón por la bondat del Bien, et tovo que esto le era muy grand enmienda et dijo al Mal, que, si quería que consintiese que diese la mujer leche a su fijo, que tomase el mozo a cuestas et andudiese por la villa pregonando en guisa que lo oyesen todos, et que dijiese:
--«Amigos, sabet que con bien vence el Bien al Mal»: et faciendo esto que consintiría quel diese la leche. E desto plogo mucho al Mal, et tovo que había de muy buen mercado la vida de su fijo, et el Bien tovo que había muy buena enmienda. Et fízose así. Et sopieron todos, que siempre el Bien vence con bien.
Mas al homne bueno contesció de otra guisa con el loco et fué así:
Un homne bono había un baño, et el loco vinía al baño cuando las gentes se bañaban et dábales tantos golpes con los cubos, et con piedras, et con palos, et con cuanto fallaba, que ya homne del mundo non osaba ir al baño de aquel homne bueno. Et perdió su renta.
Et cuando el homne bueno vió que aquel loco le facía perder la renta del baño, madrugó un día et metiose en el baño ante que el loco viniese. Et desnuyose et tomó un cubo de agua bien caliente, et una grand maza de madero. Et cuando el loco que solía venir al baño para ferir los que se bañasen llegó, enderezó al baño como solía. Et cuando el homne bueno que estaba atendiendo desnuyo le vió entrar, dejose ir a él muy bravo et muy sañudo, et diol con el cubo del agua caliente por cima de la cabeza, et metió mano a la maza et diol tantos et tales colpes con ella por la cabeza et por el cuerpo, que el loco cuidó ser muerto, et cuidó que aquel homne bueno, que era loco. Et salió dando muy grandes voces et topó con un homne et preguntol cómo vinía así dando voces et quejándose tanto: et el loco dijo:
--Amigo, guardatvos, que sabet que otro loco ha en el baño.
--Et vos señor conde Lucanor, con estos vuestros vecinos pasat así: con el que habedes tales debdos que en toda guisa creed que siempre seades amigos, facedle siempre buenas obras, et aunque vos faga algunos enojos, datle posada et acorredle siempre al su mester, pero siempre lo faced dandol a entender que lo facedes por los debdos et por el amor quel habedes, mas non por vencimiento: mas al otro con quien non habedes tales debdos en ninguna guisa non le sufrades cosa del mundo, mas dadle bien a entender que por quequier que vos faga todo se aventurará sobrello; ca bien cred que los malos amigos, que más guardan el amor por barata et por recelo, que por otra buena voluntad.
E el conde tovo este por muy buen consejo et fízolo así, et fallose ende muy bien.
Et porque don Johan tovo estos por buenos enjiemplos, fizolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:
Siempre el Bien vence con bien al Mal, Sofrir al homne malo poco val.
EJEMPLO XLIV
De lo que contesció a don Pero Núñez el Leal et a don Roy Gomez Zavallos et a don Gutier Roiz de Blaquiello con el conde don Rodrigo el Franco.
Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et díjole:
--Patronio, a mi acaesció de haber muy grandes guerras en tal guisa que estaba la mi facienda en muy grand peligro. Et cuando yo estaba en el mayor mester, algunos de aquellos que yo crié et a quien ficiera mucho bien, dejáronme et aun señaláronse mucho a me facer mucho deservicio. Et tales cosas ficieron ante mi aquellos que bien vos digo, que me ficieron haber muy peor esperanza de las gentes de cuanto había, ante que aquellos que así errasen contra mi. Et por el buen seso que Dios vos dió, ruégovos que me consejedes lo que vos paresce que debo facer en esto.
--Señor conde--dijo Patronio--si los que así erraron contra vos fueran tales como fueron don Pedro Nuñez de Fuente Almexir et don Roy Gonsáles de Zavallos et don Gutier Roiz de Blaquiello et sopieran lo que les contesció, non ficieran lo que ficieron.
E el conde le preguntó como fuera aquello.
--Señor conde--dijo Patronio--el conde don Rodrigo el Franco fué casado con una dueña fija de don Gil García de Zagra et fué muy buena dueña, et el conde, su marido, asacol falso testimonio. Et ella quejándose desto, fizo su oración a Dios que si ella era culpada que Dios mostrase su miraglo en ella; et si el marido le asacara falso testimonio, que lo mostrase en él.
E luego que la oración fué acabada por el miraglo de Dios, engafeció el conde su marido, et ella partiose dél. Et luego que fueron partidos envió el Rey de Navarra sus mandaderos a la dueña, et casó con ella, et fué reina de Navarra.
E el conde seyendo gafo, et veyendo que non podía guarescer, fuese para la Tierra Sancta en romería para morir allá. Et como quier que él era muy honrado et había muchos buenos vasallos, non fueron con él sinón estos tres caballeros dichos, et moraron allá tanto tiempo que les cumplió lo que levaron de su tierra et hobieron de venir a tan gran pobreza, que non habían cosa que dar al conde, su señor, para comer; et por la grand mengua alquilábanse cada día los dos en la plaza et el uno fincaba con el conde et de lo que ganaban de su alquile gobernaban a su señor et a si mismos. Et cada noche bañaban al conde et alimpiábanle las llagas de aquella gafedat.
Et acaesció, que en lavándole una noche los pies et las piernas, que por aventura hobieron mester de escopir et escupieron. E cuando el conde vió que todos escupieron cuidando que todos lo facían por asco que dél tomaban, comenzó a llorar et a quejarse del grant pesar et quebranto que daquello hobiera.
Et porque el conde entendiese que non habían asco de la su dolencia, tomaron con las manos daquella agua que estaba llena de podre et de aquellas pustuellas que salían de las llagas de la gafedat que el conde había, et bebieron della muy grand pieza. Et pasando con el conde su señor tal vida, fincaron con él fasta que el conde murió.
Et porque ellos tovieron que les sería mengua de tornar a Castilla sin su señor, vivo o muerto, non quisieron venir sin él. Et como quier que les dicían quel ficiesen cocer e que levasen los sus huesos, dijieron ellos que tampoco consintirian que ninguno pusiese la mano en su señor seyendo muerto como si fuese vivo. Et non consintieron quel cociesen, mas enterráronlo et esperaron tanto tiempo fasta que fué toda la carne desfecha. Et metieron los huesos en una arquita, et traíenlos a veces a cuestas.
Et así vinían pidiendo las raciones e trayendo a su señor a cuestas, pero traían testimonio de todo esto que les había contescido. Et viniendo ellos tan pobres, pero tan bien andantes, llegaron a tierra de Tolosa et entrando por una villa toparon con muy grand gente que levaban a quemar una dueña muy honrada porque la acusaba un hermano de su marido. Et dicían que si algún caballero non la salvase, que cumpliesen en ella aquella justicia, et non fallaban caballero que la salvase.
E cuando don Pero Nuñez el Leal et de buena ventura, entendió que por mengua de caballero facían aquella justicia de aquella dueña, dijo a sus compañeros: que si él sopiese que la dueña era sin culpa, que él la salvaría.
Et fuese luego para la dueña et preguntol la verdat de aquel fecho. Et ella dijol, que ciertamente ella nunca ficiera aquel yerro de que la acusaban, mas, que fuera su talante de lo facer.
Et como quier que don Pero Núñez entendió que, pues ella de su talante quisiera facer lo que non debía, que non podía seer que algun mal non le contesciese a él que la quería salvar, pero pues lo había comenzado et sabía que non ficiera todo el yerro de que la acusaban, dijo, que él la salvaría.
Et como quier que los acusadores lo cuidaron desechar diciendo que non era caballero, desque mostró el testimonio que traía non lo pudieron desechar. Et los parientes de la dueña diéronle caballo et armas, et ante que entrase en el campo dijo a sus parientes que con la merced de Dios, que él fincaría con honra et salvaría la dueña, mas que non podía seer que a él non le viniese alguna ocasión por lo que la dueña quisiera facer.
Et desque entraron en el campo, ayudó Dios a don Pero Nuñez, et venció la lid et salvó la dueña, pero perdió y don Pero Nuñez el ojo, et así se cumplió todo lo que don Pero Nuñez dijiera ante que entrase en el campo.
E la dueña et los parientes dieron tanto haber a don Pero Nuñez con que pudieron traer los huesos del conde su señor, ya cuanto más sin laceria que ante.
E cuando las nuevas llegaron al Rey de Castilla de como aquellos bien andantes caballeros vinían et traían los huesos del conde, su señor, et como vinían tan bien andantes plógole mucho ende et gradesció mucho a Dios porque eran del su regno homnes que tal cosa ficieran. Et envioles mandar que viniesen de pié así mal vestidos como vinían. E el día que hobieron de entrar en el su regno de Castilla, saliolos a recibir el rey de pié bien cinco leguas ante que llegasen al su regno, et fízoles tanto bien que hoy en día son heredados los que vienen de sus linajes de lo que el Rey les dió.
Et el Rey, et todos cuantos eran con él, por facer honra al conde et señaladamente por la facer a los caballeros, fueron con los huesos del conde fasta Osma do lo enterraron. Et desque fué enterrado fuéronse los caballeros para sus casas.
Et el día que Roy Gonzalez llegó a su casa cuando se asentó a la mesa con su mujer, desque la buena dueña vió la vianda ante sí, alzó las manos contra Dios et dijo:
--¡Señor!, ¡bendito seas tu que me dejaste veer este día, ca tu sabes que despues que don Roy Gonzalez se partió desta tierra, que esta es la primera carne que yo comí, et el primero vino que yo bebí!
A don Roy Gonzalez pesó por esto, et preguntol porqué lo ficiera. Et ella dijol que bien sabía él que, cuando se fuera con el conde, quel dijiera que él nunca tornaría sin el conde et ella que visquiese como buena dueña, que nunca le menguaría pan et agua en su casa, et pues él esto le dijiera, que non era razón quel saliese ella de mandado et por esto nunca comiera nin bebiera sinón pan et agua.
E otrosí, desque don Pero Nuñez llegó a su casa, desque fincaron él et su mujer et sus parientes sin otra compaña, la buena dueña et sus parientes con el grand placer que habían, comenzaron a reir. Et cuidando don Pero Nuñez que facían escarnio dél porque perdiera el ojo, cubrió el manto por la cabeza et echose muy triste en la cama. Et cuando la buena dueña lo vió así ser triste hobo ende muy grand pesar et tanto le afincó fasta quel hobo a decir que se sintía mucho porquel facían escarnio por el ojo que perdiera.
E cuando la buena dueña esto oyó, diose con una aguja en el su ojo, et quebrolo, et dijo a don Pero Nuñez, que aquello ficiera ella porque si alguna vez riese, que nunca él cuidase que reía por le facer escarnio.
Et así fizo Dios bien en todos aquellos buenos caballeros por el bien que ficieron.
Et tengo que, si los que tan bien non lo acertaron en vuestro servicio, fueron tales como estos, et sopieran cuanto bien les vino por esto que ficieron, non lo erraran como erraron; pero vos, señor conde, por vos facer algun yerro algunos que lo non debían facer nunca vos por eso dejedes de facer bien, ca los que vos yerran, más yerran a si mismos que a vos. Et parad mientes que, si algunos vos erraron, que muchos otros vos servieron; et más vos cumplió el servicio que aquellos vos ficieron, que vos empeció, nin vos tovo mengua los que vos erraron. Et non creades que de todos los que vos facedes bien, que de todos tomaredes servicio, mas un tal acaescimiento vos podrá acaescer: que uno vos fará tal servicio que ternedes por bien empleado cuanto bien facedes a los otros.
E el conde tovo este por buen consejo et por verdadero.
Et entendiendo don Johan que este ejiemplo era muy bueno, fízolo escribir en este libro, et fizo estos viesos que dicen así:
Maguer que algunos te hayan errado, Nunca dejes de facer aguisado[45].
[45] Acerca de los sucesos narrados en esta singular relación escribe el puntual historiador Don Luis de Salazar y Castro en su _Casa de Lara_ t.º III pág. 257, rectificando nombres y genealogías.
EJEMPLO XLV
De lo que contesció a un homne que se fizo amigo et vasallo del Diablo.
Fablaba una vez el conde Lucanor con Patronio, su consejero en esta guisa:
--Patronio, un homne me dice que sabe muchas maneras también de agüeros como de otras cosas, en como podré saber las cosas que son por venir et como podré facer muchas arterías con que podré aprovechar mucho mi facienda, pero en aquellas cosas tengo que non se puede escusar de haber y pecado. Et por la fianza que de vos he, ruégovos que me consejedes lo que faga en esto.
--Señor conde--dijo Patronio--para que vos fagades en esto lo que vos más cumple, placerme hía que sepades lo que contesció a un homne con el Diablo.
E el conde le preguntó como fuera aquello.
--Señor conde--dijo Patronio--un homne fuera muy rico et llegó a tan grand pobreza que non había cosa de que se mantener. Et porque non ha en el mundo tan grand desventura como seer muy mal andante el que suele seer bien andante, por ende aquel homne que fuera muy bien andante e era llegado a tan gran mengua, se sintía dello mucho. Et un día, iba en su cabo, solo, por un monte muy triste et cuidando muy fieramente, et yendo así tan coitado encontrose con el Diablo.
Et como el Diablo sabe todas las cosas pasadas, sabía el coidado en que vinía aquel homne, et preguntol porque vinía tan triste. Et el homne díjole: que para qué gelo diría, ca él non le podría dar consejo en la tristeza que él había.
Et el Diablo díjole; que, si él quisiese facer lo que él le diría, que él le daría cobro paral cuidado que había et porque entendiese que lo podía facer, quel diría en lo que vinía cuidando et la razón porque estaba tan triste. E estonce le contó toda su facienda et la razón de su tristeza como aquel que la sabía muy bien. Et díjol que, si quisiese facer lo que él le diría, que él le sacaria de toda laceria et lo faría más rico que nunca fuera él nin homne de su linaje, ca el era el Diablo et había poder de lo facer.
E cuando el homne oyó decir que era el Diablo tomó ende muy grand recelo, pero por la grant cuita et grant mengua en que estaba, dijo al Diablo que si él le diese manera como pudiese seer rico, que faría cuanto él quisiese.
Et bien cred que el Diablo siempre cata tiempo para engañar a los homnes; e cuando vee que están en alguna queja, o de mengua, o de miedo, o de querer complir su talante, estonce libra él con ellos todo lo que quiere, et así cató manera para engañar a aquel homne en el tiempo que estaba en aquella coita.
E estonce ficieron sus posturas en uno, et el homne fué su vasallo. E desque las avenencias fueron fechas, dijo el Diablo al homne; que dallí adelante, que fuese a furtar, ca nunca fallaría puerta nin casa, por bien cerrada que fuese, que él non gela abriese luego, et si por aventura en alguna priesa se viese o fuese preso, que luego que lo llamase et le dijiese: «Acorredme, don Martín», que luego fuese con él et lo libraría de aquel periglo en que estudiese.
E las posturas fechas entre ellos, partiéronse.
Et el homne enderezó a casa de un mercadero de noche oscura; ca los que mal quieren facer siempre aborrecen la lumbre: et luego que llegó a la puerta el diablo abriógela, et eso mismo fizo a las arcas en guisa que luego hobo ende muy grant haber.
E otro día fizo otro furto muy grande, et despues otro, fasta que fué tan rico que se non acordaba de la pobreza que había pasado. Et el mal andante non se teniendo por pagado de como era fuera de laceria, comenzó a furtar aún más; et tanto lo usó, fasta que fué preso.
Et luego que lo prendieron llamó a don Martín que lo acorriese; et don Martín llegó muy aprisa et librolo de la prisión. Et desque el homne vió que don Martín le fuera tan verdadero, comenzó a furtar como de cabo, et fizo muchos furtos en guisa que fué más rico et fuera de laceria.
Et usando a furtar, fué otra vez preso, et llamó a don Martín, mas don Martín non vino tan aina como él quisiera, et los alcaldes del lugar do fuera el furto comenzaron a facer pesquisa sobre aquel furto. E estando así el pleito llegó don Martín: et el homne díjol:
--¡Ah, don Martín! ¡Que grand miedo me pusiestes! ¿Porqué tanto tardábades?
Et don Martín le dijo: que estaba en otras grandes priesas et que por eso tardaba: et sacole luego de la prisión.
Et el homne se tornó a furtar et sobre muchos furtos fué preso, et fecha la pesquisa dieron sentencia contra él. Et la sentencia dada, llegó don Martín et sacolo.
Et él tornó a furtar porque veía que siempre le acorría don Martín. E otra vez fué preso, et llamó a don Martín, et non vino, et tardó tanto fasta que fué judgado a muerte, et seyendo judgado llegó don Martín et tomó alzada para casa del Rey et librolo de la prisión, et fué quito.
E después tornó a furtar et fué preso, et llamó a don Martín et non vino fasta que judgaron quel enforcasen. Et seyendo al pié de la forca llegó don Martín; et el homne le dijo:
--¡Ah don Martín, sabet que esto non era juego, que bien vos digo que grand miedo he pasado!
Et don Martín le dijo: que él le traía quinientos maravedís en una limosnera et que los diese al alcalde et que luego sería libre, e el homne fizolo ansí. E el alcalde había mandado ya que lo enforcasen, et non fallaron soga para lo enforcar. E en cuanto buscaban la soga, llamó el homne al alcalde et diole la limosnera con los dineros. E cuando el alcalde cuidó quel daba los quinientos maravedís dijo a las gentes que y estaban:
--Amigos, ¡quien vió nunca que menguase soga para enforcar homne! Ciertamente este homne non es culpado, et Dios non quiere que muera et por eso nos mengua la soga; mas tengámoslo fasta cras, et veremos más en este fecho; ca si culpado es y se finca para complir cras la justicia.
Et esto facía el alcalde por lo librar por los quinientos maravedis que cuidaba quel había dado: Et habiendo esto así acordado, apartose el alcalde et abrió la limosnera et cuidando fallar los quinientos maravedís non falló los dineros; mas falló una soga en la limosnera. Et luego que esto vió mandol enforcar.
Et poniéndolo en la forca vino don Martín et el homne le dijo que le acorriese. Et don Martín le dijo: que siempre él acorría a todos sus amigos fasta que los llegaba a tal lugar.
Et así perdió aquel homne el cuerpo et el alma creyendo al Diablo et fiando dél. Et cierto sed que nunca homne dél creyó nin fió que non llegase a haber mala postremería; sinón, parad mientes a todos los agoreros, o sorteros, o adevinos, o otros que facen cercos o encantamientos et destas cosas cualesquier, et veredes, que siempre hobieron malos acabamientos. Et si non me credes, acordat vos de Alvar Nuñez et de Garcilaso que fueron los homnes del mundo que más fiaron en agüeros et en estas tales cosas, e veredes cual acabamiento hobieron.