El conde Lucanor · Unidad 18 de 26

PRÓLOGO — parte 17

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

Esta unidad sigue disponible para lectura, pero no se incluye en el índice de búsqueda porque forma parte de una continuación técnica, contiene metadatos editoriales, repite un título o no alcanza entidad suficiente como página independiente.

Et vos señor conde Lucanor, si bien queredes facer vuestra facienda paral cuerpo et paral alma, fiat derechamente en Dios et ponet en él toda vuestra esperanza et vos ayudatvos cuanto pudierdes et Dios ayudarvos ha. Et non creades nin fiédes en agüeros, nin en otro devanes, ca cierto sed, que de los pecados del mundo con que a Dios más pesa et que homne mayor tuerto et mayor desconosimiento face a Dios, es en catar agüeros et estas tales cosas.

E el conde tovo este por buen consejo et fízolo et fallose muy bien dello.

Et porque don Johán, tovo este por buen ejiemplo, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

El que en Dios non pone su esperanza, Morrá mala muerte, habrá mala andanza[46].

[46] En el Arcipreste de Hita, «el ladrón que fizo carta al Diablo de su ánima»; imposible resumir en pocas palabras la historia de este cuento, basada en el vulgar pacto diabólico; recuérdese en la literatura española el _Mágico prodigioso_, de Calderón, y en la universal el _Fausto_, bien entendido que no se señalan por imitaciones de D. Juan Manuel--la distancia en los asuntos es inmensa--sino por dar idea de la universalidad e infinita variedad del tema.

Nótese la mención de su rival Garcilaso; en la _Crónica_ también se señala este su «catar mucho en agüeros»: lo mataron en el monasterio de Francisco de Soria, oyendo misa cuando se dirigía contra las tierras de D. Juan Manuel.

EJEMPLO XLVI

De lo que contesció a un filósofo que por ocasión entró en una calle do moraban malas mujeres.

Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta manera:

--Patronio, vos sabedes que una de las cosas del mundo por que homne más debe trabajar es por haber buena fama et por se guardar que ninguno non le pueda trabar en ella. Et porque yo sé que en esto nin en al, ninguno non me podría consejar mejor que vos, ruégovos que me consejedes en cual manera podré mejor encrescentar et levar adelante et guardar la mi fama.

--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--mucho me place desto que decides, et para que vos mejor lo podades facer, placerme hía que sopiésedes lo que contesció a un muy grand filósofo et mucho anciano.

E el conde le preguntó como fuera aquello.

--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--un muy grand filósofo moraba en una villa del reino de Marruecos. Et aquel filósofo había una enfermedad que cuandol era mester de se desembargar de las cosas sobejanas que fincaban de la vianda que había recebido, non lo podía facer sinón con muy grant dolor et con muy grant pena, et tardaba muy grand tiempo ante que pudiese seer desembargado.

Et por esta enfermedat que tenía mandábanle los físicos que cada quel tomase talante de se desembargar de aquellas cosas sobejanas, que lo probase luego, et non lo tardase; porque cuanto aquella materia más se quemase, más se desecaríe et más enduresceríe, en guisa, quel sería grand pena et grand daño para la salud del cuerpo. Et porque esto le mandaban los físicos facíelo et fallábase ende bien.

E acaesció, que un día yendo por una calle de aquella villa do moraba et do tenie muchos discípulos que aprendían dél, quel tomó talante de se desembargar como es dicho. Et por facer lo que los físicos le consejaban et era su pro, entró en una calleja para facer aquello que non pudíe escusar.

Et atal fué su ventura, que en aquella calleja do él entró, que moraban y las mujeres que publicamente viven en las villas faciendo daño de sus almas et deshonra de sus cuerpos. Et desto non sabía nada el filósofo que tales mujeres moraban en aquel lugar. Et por la manera de la enfermedat que él había, et por el grant tiempo que se detuvo en aquel lugar et por las semejanzas que en él parescieron cuando salió de aquel lugar do aquellas mujeres moraban, comoquier que él non sabía que tal compañía allí moraba, con todo eso cuando ende salió, todas las gentes cuidaron que entrara en aquel logar por otro fecho que era muy desvariado de la vida que él solía et debía facer. Et porque paresce muy peor et fablan muy más et muy peor las gentes dello cuando algún homne de grand guisa face alguna cosa quel non pertenesce et le está peor por pequeña que sea, que a otro que saben las gentes que es acostumbrado de non se guardar de facer muchas cosas peores, por ende, fué muy fablado et muy tenido a mal, porque aquel filósofo tan honrado et tan anciano entraba en aquel lugar quel era tan dañoso paral alma, et paral cuerpo, et para la fama.

Et cuando fué en su casa, vinieron a él sus discípulos et con muy grand dolor de sus corazones et con grand pesar, comenzaron a decir: qué desventura o qué pecado fuera aquel por que en tal manera confondiera a sí mismo et a ellos, et perdiera toda su fama que fasta entonces guardara mejor que homne del mundo.

Et cuando el filósofo esto oyó, fue tanto espantado et preguntoles que porque dicían esto o que mal era este que él ficiera o cuando o en que lugar. E ellos le dijieron: que porqué fablaba así en ello, que ya por su desaventura dél et dellos, que non había homne en la villa que non fablase de lo que él ficiera cuando entrara en aquel lugar do aquellas tales mujeres moraban.

E cuando el filósofo esto oyó, hobo muy grand pesar, pero díjoles: que les rogaba que se non quejasen mucho desto, et que dende a ocho días les daría ende repuesta.

Et metiose luego en su estudio, et compuso un librete pequeño et muy bueno et muy aprovechoso. Et entre muchas cosas buenas que en él se contienen, fabla y de la buena ventura et de la desaventura et, como, en manera de departimiento que departe con sus discípulos dice así:

--Fijos, en la buena ventura et en la desaventura contesce así: a las vegadas es fallada et buscada, et algunas vegadas es fallada et non buscada. La fallada et buscada es cuando algund homne face bien, et por aquel buen fecho que face, le viene alguna buena ventura; et eso mismo cuando por algún fecho malo que face le viene alguna mala ventura; esto tal, es ventura, buena o mala, fallada et buscada, que él busca et faz porque venga aquel bien o aquel mal.

Otrosí, fallada et non buscada, es cuando un homne non faciendo nada por ello le viene alguna pro o algún bien: así como, si homne fuese por algún lugar et fallase muy grand haber o otra cosa muy aprovechosa porque él non hobiese nada fecho; et eso mismo, cuando un homne non faciendo nada por ello le viene algún mal o algún daño, así como, si homne fuese por una calle et lanzase otro una piedra a un pájaro et descalabrase a él en la cabeza: esta es desaventura fallada et non buscada, ca él nunca fizo nin buscó cosa porque le debiese venir aquella desaventura. Et fijos, debedes saber, que en la buena ventura e desaventura fallada et buscada hay menester dos cosas: la una que se ayude homne faciendo bien para haber bien o faciendo mal para haber mal, et la otra que le gualardone Dios segund las obras buenas et malas que el homne hobiere fecho. Otrosí, en la buena ventura o mala, fablada et non buscada ay menester otras dos cosas: la una, que se guarde homne cuanto pudiere de non facer mal nin meterse en sospechas nin en semejanza porque él deba venir a alguna desaventura nin mala fama; la otra, es pedir merced e rogar a Dios que, pues él se guarda cuanto puede porque nol venga desaventura nin mala fama, quel guarde que non le venga ninguna desaventura como vino a mi el otro día que entré en una calleja por facer lo que non podía escusar para la salud del mi cuerpo et que era sin pecado et sin ninguna mala fama et por mi desaventura moraban y tales compañas, porqué maguer yo era sin culpa, finqué mal enfamado.

Et vos, señor conde Lucanor, si queredes acrescentar et levar adelante vuestra buena fama, conviene que fagades tres cosas: la primera que fagades muy buenas obras a placer de Dios et esto guardado, después en lo que pudierdes a placer de las gentes et guardando vuestra honra et vuestro estado et que non cuidedes que por buena fama que hayades, que la non perderedes si dejardes de facer buenas obras et ficierdes las contrarias, ca muchos homnes ficieron bien un tiempo et porque después non lo levaron adelante, perdieron el bien que habían fecho et fincaron con mala fama postrimera; la otra es, que roguedes a Dios que vos enderece que fagades tales cosas porque la vuestra acresciente et vaya siempre adelante et que vos guarde de facer nin de decir cosa porque la perdades: la tercera cosa es, que por fecho nin, por dicho, nin por semejanza, nunca fagades cosa por que las gentes puedan tomar sospecha, porque la vuestra fama vos sea guardada como debe, ca muchas veces face homne buenas obras et por algunas malas semejanzas que face, las gentes toman tal sospecha que empeece poco menos paral mundo et paral dicho de las gentes como si ficiese la mala obra. Et debedes saber que en las cosas que tañen a la fama, que tanto aprovecha o empece lo que las gentes tienen et dicen como lo que es verdat en si; mas cuanto para Dios et para el alma, non aprovecha nin empece, sinón las obras que el homne face et a cual entención son fechas.

Et el conde tovo este por buen ejiemplo et rogó a Dios quel dejase facer tales obras cuales entendía que cumplen para salvamiento de su alma et para guarda de su fama et de su honra et de su estado.

Et porque don Johan, tovo este por muy buen enjiemplo, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

Faz siempre bien et guárdate de sospecha, Et siempre será la tu fama derecha.

EJEMPLO XLVII

De lo que contesció a un moro con una su hermana que daba a entender que era muy medrosa.

Un día fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero en esta guisa:

--Patronio, sabet que yo he un hermano que es mayor que yo, et somos fijos de un padre et de una madre, et porque es mayor que yo, tengo que lo he de tener en logar de padre et seerle a mandado. Et él ha fama que es muy buen cristiano et muy cuerdo, pero guisolo Dios así; que yo so más rico et más poderoso que él, et comoquier que él non lo da a entender, so cierto que ha ende envidia, et cada que yo he mester su ayuda et que faga por mi alguna cosa, dame a entender que lo deja de facer porque sería pecado et estráñamelo tanto fasta que lo parte por esta manera. Et algunas veces que ha mester mi ayuda dame a entender que aunque todo el mundo se perdiese que non debo dejar de aventurar el cuerpo et cuanto he porque se faga lo que a él cumple. Et porque yo paso con él en esta guisa, ruégovos que me consejedes lo que viéredes que debo en esto facer et lo que más me cumple.

--Señor conde--dijo Patronio--a mi paresce que la manera que este vuestro hermano trae con vusco, semeja mucho a lo que dijo un moro a una su hermana.

E el conde le preguntó como fuera aquello.

--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--un moro había una hermana que era tan regalada que de quequier que veíe o la facién, que de todo daba a entender que tomaba recelo et se espantaba. Et tanto había esta manera, que, cuando bebía del agua en unas tarrazuelas con que la suelen beber los moros, que suena el agua cuando beben, cuando aquella mora oyó aquel sueno que facía el agua en aquella tarrazuela, daba a entender que tan grant miedo había daquel sueno que se quería amortecer.

Et aquel su hermano era muy buen mancebo, mas era muy pobre et porque la grant pobreza faz a homne facer lo que non querría, non podía escusar aquel mancebo de buscar la vida muy vergonzosamente. Et facíalo así, que cada que moría algún homne iba de noche et tomábale la mortaja et lo que enterraban con él, et desto mantenía a si et a su hermana et a su compaña. E su hermana sabía esto.

Et acaesció que murió un homne muy rico, et enterraron con él muy ricos paños et otras cosas que valían mucho. E cuando la hermana esto sopo, dijo a su hermano que ella quería ir con él aquella noche para traer aquello con que aquel homne habían enterrado.

E desque la noche vino, fueron el mancebo et su hermana a la fuesa del muerto, et abriéronla, et cuando le cuidaron tirar aquellos paños muy preciados que tenía vestidos non pudieron sinón rompiendo los paños et crebando las cervices del muerto.

E cuando la hermana vió que si non quebrantasen el pescuezo del muerto, que habrían de romper los paños et que perderían mucho de lo que valían, fué tomar con las manos muy sin duelo, et sin piedat la cabeza del muerto et desconjuntolo todo, et sacó los paños que tenía vestidos, et tomaron cuanto y estaba, et fuéronse con ello.

Et luego, otro día, cuando se asentaron a comer, desque comenzaron a beber, cuando la tarrazuela comenzó a sonar dió a entender que se quería amortecer de miedo de aquel sueno que facía la tarrazuela. E cuando el hermano aquello vió, et se acordó cuanto sin miedo et sin duelo desconjuntara la cabeza del muerto, dijol en algaravía:

--Aha yâ uchti, tafza min bakki, vala tafza min fatr onkí.

Et esto quiere decir: «Aha, hermana despantádesvos del sueno de la tarrazuela que face boc, boc, et non vos espantades del desconjuntamiento del pescuezo.»

Et este proverbio es agora muy retraido entre los moros.

Et vos señor conde Lucanor, si aquel vuestro hermano mayor veedes que en lo que a vos cumple se escusa por la manera que habedes dicha, dando a entender que tiene por grand pecado lo que vos querríades que ficiese por vos, non seyendo tanto como él dice, et tiene que es guisado, et dice que fagades vos lo que a él cumple aunque sea mayor pecado et muy grand vuestro daño; entendet, que es de la manera de la mora que se espantaba del sueno de la tarrazuela et non se espantaba de desconjuntar la cabeza del muerto. Et pues él quiere que fagades vos por él lo que él face a vos: desilde buenas palabras, et mostradle muy buen talante et en lo que vos non empeesciere, faced por él todo lo que cumpliere, mas en lo que fuer vuestro daño partitlo siempre con la más apuesta manera que pudiéredes et en cabo por una guisa o por otra guardatvos de facer vuestro daño.

E el conde tovo este por buen consejo et fízolo así et fallose ende muy bien.

Et teniendo don Johán este ejiemplo por bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

Porque non quiere lo que te cumple facer, Et tu non quieras lo tuyo por él perder[47].

[47] Según Gayangos (Rivadeneyra, t. LI, pág. XXI), «está conocidamente tomado de un libro arábigo, o cuando menos Don Juan lo oyó de boca de algún moro granadino.» Puibusque anota una versión francesa en los _Fabliaux et Contes_; París, 1866.

EJEMPLO XLVIII

De lo que contesció a uno que probaba sus amigos.

Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta manera:

--Patronio, segunt el mío cuidar yo he muchos amigos que me dan a entender que por miedo de perder los cuerpos nin lo que han, que non dejarían de facer lo que me cumpliese, e que por cosa del mundo que pudiese acaescer non se partirían de mi. Et por el buen entendimiento que vos habedes, ruégovos que me digades en que manera podré saber si estos mis amigos farían por mi tanto como dicen.

--Señor conde Lucanor, dijo Patronio--los buenos amigos son la mejor cosa del mundo, et bién cred que cuando viene grand mester et la grand queja que falla homne muy menos de cuantos cuyda, et otrosí quando el mester non es grande es grave de probar cual sería amigo verdadero cuando la priesa veniese; pero para que vos podades saber cual es el amigo verdadero, placerme hía que sopiésedes lo que contesció a un homne bueno con un su fijo que dicía que había muchos amigos.

E el conde le preguntó como fuera aquello.

--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--un homne bueno había un fijo et entre las otras cosas quel mandaba et le consejaba, dicial siempre que punase en haber muchos amigos et buenos. E el fijo fízolo así, et comenzó a acompañarse et a partir de lo que había con muchos homnes por tal de los haber por amigos. Et todos aquellos dicían que eran sus amigos et que farían por él todo cuantol cumpliese, et que aventurarían por él los cuerpos et cuanto en el mundo hobiesen cuandol fuese mester.

E un día, estando aquel mancebo con su padre, preguntol si había fecho lo quel mandara, et si había ganado muchos amigos. E el fijo díjole que si, que había muchos amigos, mas que señaladamente entre todos los otros había fasta diez de que era cierto que por miedo de muerte nin por ningun recelo, que nunca lo erraríen por queja, nin por mengua, nin por ocasión quel acaesciese.

E cuando el padre esto oyó, dijol: que se maravillaba ende mucho porque en tan poco tiempo pudiera haber tantos amigos et tales, ca él que era mucho anciano, nunca en toda su vida pudiera haber más de un amigo et medio.

E el fijo comenzó a porfiar diciendo que era verdat lo que él dicía de sus amigos. E desque el padre vió que tanto porfiaba el fijo, díjole que los probase en esta guisa:

Que matase un puerco et que lo metiese en un saco et que se fuese a casa de cada uno daquellos sus amigos et que les dijiese que aquel era un homne que él había muerto et, que era cierto, si aquello fuese sabido que non había en el mundo cosa quel pudiese escapar de la muerte a él et a cuantos sopiesen que sabían daquel fecho; et que les rogase, que pues sus amigos eran, quel encubriesen aquel homne et, si menester le fuese, que se pasasen con él a lo defender.

E el mancebo fízolo e fué probar sus amigos según su padre le mandara. Et desque llegó a casa de sus amigos et les dijo aquel fecho perigloso quel acaesciera, todos le dijieron, que en otras cosas le ayudaríen; mas que en esto, porque podrían perder los cuerpos et lo que habían, que non se atreverían a lo ayudar et que, por amor de Dios, que guardase que non sopiese ninguno que había ido a sus casas. Pero destos amigos algunos le dijieron que non se atrevían a facerle otra ayuda, mas que irían rogar por él: et otros le dijieron que cuando lo levasen a la muerte, que non le desampararían fasta que hobiesen complido en él la justicia, et quel farían honra al su enterramiento.

E desque el mancebo hobo probado así todos sus amigos et non falló cobro en ninguno, tornose para su padre et díjol todo lo quel acaesciera. E cuando el padre así lo vió venir, díjol, que bien podía ver ya que más saben los que mucho han visto et probado, que los que nunca pasaron por las cosas. E estonce le dijo que él non había más de un amigo et medio et que los fuese probar.

E el mancebo fué probar al que su padre tenía por medio amigo: et llegó a su casa de noche e levaba el puerco muerto a cuestas, et llamó a la puerta daquel medio amigo de su padre et contol aquella desaventura quel había contescido et lo que fallara en todos sus amigos, et rogol que por el amor que había con su padre que le acorriese en aquella cuita.

E cuando el medio amigo de su padre aquello vió, díjol: que con él non había amor nin afacimiento porque se debiese tanto aventurar, mas que por el amor que había con su padre, que gelo encubriría.

E entonce tomó el saco con el puerco a cuestas, cuidando que era homne, et levolo a una su huerta et enterrolo en un surco de coles; et puso las coles en el surco así como antes estaban et envió el mancebo a buena ventura.

Et desque fué con su padre, contol todo lo quel contesciera con aquel su medio amigo. E el padre le mandó que otro día cuando estudiesen en consejo, que sobre cualquier razón que departiesen que comenzase a porfiar con aquel su medio amigo, et sobre la porfia quel diese una puñada en el rostro, la mayor que pudiese.

E el mancebo fizo lo quel mandó su padre et cuando gela dió, catol el homne bueno et díjol:

--A buena fe, fijo, mal feciste, mas dígote que por esto nin por otro mayor tuerto, non descubriré las coles del huerto.