El conde Lucanor · Unidad 20 de 26
PRÓLOGO — parte 19
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E cuando él esto oyó, plogol ende mucho, et díjoles quél vinía muy alegre de su caza et para complir el alegría que pues eran ellos muy buenos joglares, que fuesen con él esa noche. Et ellos le dijieron que iban a muy grant priesa, que muy grant tiempo había que se partieran de su tierra por saber una cosa et que non pudieron fallar della recabdo et que se querian tornar et que por eso non podían ir con él esa noche.
E el escudero les preguntó tanto, fasta quel hobieron a decir qué cosa era aquello que querían saber. E cuando el escudero esto oyó, díjoles, que si su padre non les diese consejo a esto, que non gelo daría homne del mundo, et contoles que homne era su padre.
E cuando Saladín, a que el escudero tenía por joglar oyó esto, plogol ende mucho. Et fuéronse con él.
Et desque llegaron a casa de su padre, el escudero le contó como vinía mucho alegre porque cazara muy bien et aun que había mayor alegría porque traía consigo aquellos juglares: Et dijo a su padre lo que andaban preguntando, et pidiol por merced que les dijiese lo que desto entendía él, ca él les había dicho que, pues non fallaban quien les diese desto recabdo, que si su padre non gelo diese, que non fallarían homne que les diese recabdo.
E cuando el caballero anciano esto oyó, entendió que aquel que esta pregunta facía, que non era juglar; et dijo a su fijo que, después que hobiesen comido, que él les daría recabdo a esto que preguntaban.
E el escudero dijo esto a Saladín, que él tenia por joglar, de que fué Saladín mucho alegre, et alongábasele ya mucho porque había de atender fasta que hobiese comido.
E desque los manteles fueron levantados et los juglares hobieron fecho su mester, díjoles el caballero anciano quel dijiera su fijo que ellos andaban faciendo una pregunta et que non fallaban homne que les diese recabdo et quel dijiesen qué pregunta era aquella, et él que les diría lo que entendía.
E entonces Saladín que andaba por joglar, dijol que la pregunta era esta:--que cual era la mejor cosa que homne podía haber en sí, et que era madre et cabeza de todas las bondades.
E cuando el caballero anciano oyó esta razón entendiola muy bien; et otrosí, conosció en la palabra que aquel era Saladín, ca él visquiera muy grant tiempo con él en su casa et recibiera dél mucho bien, et mucha merced: et díjole:
--Amigo, la primera cosa que vos respondo, dígovos: que cierto so que fasta el día de hoy, que nunca tales juglares entraron en mi casa. Et sabet que, si yo derecho ficiere, que vos debo cognoscer por cuanto bien de vos tomé, pero desto non vos diré agora nada fasta que fable con vusco en poridat porque non sepa ninguno nada de vuestra facienda. Pero, cuanto a la pregunta que facedes vos digo: que la mejor cosa que homne puede haber en sí, et que es madre et cabeza de todas las bondades--dígovos--que esta es la vergüenza; ca por vergüenza sufre homne la muerte que es la más grave cosa que puede ser, et por vergüenza deja homne de facer todas las cosas que non le parescen bien por grand voluntat que haya de las facer. Et así, en la vergüenza han comienzo et cabo todas las bondades, et la desvergüenza es partimiento de todos los malos fechos.
Et cuando Saladín esta razón oyó, entendió verdaderamente que era así como el caballero le dicía. Et pues entendió que había fallado recabdo de la pregunta que facía, hobo ende muy grant placer et despidiose del caballero et del escudero cuyos huéspedes habían sido. Mas ante que se partiesen de su casa, fabló con él el caballero anciano, et le dijo como lo conoscía e que era Saladín, et contol cuanto bien dél había recibido. Et él et su fijo ficiéronle cuanto servicio pudieron, pero en guisa que non fuese descubierto.
E desque estas cosas fueron pasadas, enderezó Saladín para irse para su tierra cuanto más aina pudo. Et desque llegó a su tierra hobieron las gentes con él muy grant placer et ficieron muy grant alegría por la su venida.
Et después que aquellas alegrías fueron pasadas, fuese Saladín para casa de aquella buena dueña quel ficiera aquella pregunta. Et desque ella sopo que Saladín venía a su casa, recibiol muy bien, et fizol cuanto servicio pudo.
Et después que Saladín hobo comido et entró en su cámara envió por la buena dueña. Et ella vino a él. Et Saladín le dijo: cuánto había trabajado por fallar respuesta cierta de la pregunta quel ficiera et que la había fallado, et pues le podía dar repuesta complida así comol había prometido, que ella otrosí cumpliese lo quel prometiera. Et ella le dijo quel pidía por merced, quel guardase lo quel había prometido et quel dijiese la repuesta a la pregunta quel había fecho, et que si fuese tal que él mismo entendiese que la repuesta era complida, que ella muy de grado compliría todo lo quel había prometido.
E estonces le dijo Saladín, quel placía desto que ella le dicía, et dijol que la repuesta de la pregunta que ella ficiera, que era esta; que ella le preguntaba:--cual era la mejor cosa que homne podía haber en si et que era madre et cabeza de todas las bondades: que esta es, la vergüenza.
E cuando la buena dueña esta respuesta oyó, fué muy alegre et dijol:
--Señor, agora conosco que decides verdat, et que me habedes complido cuanto me prometistes. Et pídovos por merced que me digades así como rey debe decir verdad: si cuidades que ha en el mundo mejor homne que vos.
Et Saladín le dijo, que, como quier que se le facía vergüenza de lo decir, pero pues le había a decir verdat como rey, quel dicía que más cuidaba que era él mejor que los otros, que non que había otro mejor que él.
E cuando la buena dueña esto oyó, dejose caer en tierra ante los sus piés et dijol así llorando muy fieramente:
--Señor, vos habedes aquí dicho, muy grandes dos verdades: la una, que sodes vos el mejor homne del mundo; la otra, que la vergüenza es la mejor cosa que el homne puede haber en si. Et señor, pues vos esto conoscedes, et sodes el mejor homne del mundo, pídovos por merced que querades haber en vos la mejor cosa del mundo, que es la vergüenza et que hayados vergüenza de lo que me decides.
Et cuando Saladín todas estas buenas razones oyó et entendió cómo aquella buena dueña con la su bondat et con el su buen entendimiento sopiera aguisar que fuese él guardado de tan grand yerro, gradesciolo mucho a Dios. Et comoquier que la él amaba ante de otro amor, amola muy más dallí adelante de amor leal et verdadero, cual debe haber el buen señor et leal a todas sus gentes. Et señaladamente por la su bondat della, envió por su marido et fízoles tanta honra et tanta mercet por que ellos et todos los que dellos vinieron fueron muy bien andantes entre todos sus vecinos.
Et todo este bien acaesció por la bondat daquella buena dueña, et porque ella guisó que fuese sabido que la vergüenza es la mejor cosa que homne puede haber en sí, et que es madre et cabeza de todas las bondades.
Et pues vos, señor conde Lucanor, me preguntades cual es la mejor cosa que homne puede haber en si, dígovos que es la vergüenza; ca la vergüenza face a homne ser esforzado, et franco, et leal, et de buenas costumbres, et de buenas maneras, et facer todos los bienes que face, ca bien creed que todas estas cosas face homne más con vergüenza que con talante que hay de lo facer; et otrosí, por vergüenza deja homne de facer todas las cosas desaguisadas que da la voluntad al homne de facer. Et por ende, cuán buena cosa es haber el homne vergüenza de facer lo que non debe et dejar de facer lo que debe, tan mala et tan dañosa et tan fea cosa es el que pierde la vergüenza. Et debedes saber que yerra muy fieramente el que face algunt fecho vergonzoso et cuida que, pues que lo face encubiertamente, que non debe haber ende vergüenza. Et cierto sed, que non ha cosa, por encubierta que sea, que tarde o aina non sea sabida. Et aunque luego que la cosa vergonzosa se faga, non haya ende vergüenza, debríe homne cuidar que vergüenza sería cuando fuere sabido. Et aunque desto non tomase vergüenza, débela tomar de si mismo que entiende el pleito vergonzoso que face. Et cuando en todo esto non cuidase, debe entender cuánto sin ventura es, pues sabe que, si un mozo viese lo que él face, que lo dejaría por su vergüenza, et non lo dejar nin haber vergüenza nin miedo de Dios que lo vee et lo sabe todo, et es cierto quel dará por ello la pena que meresciere.
E agora, señor conde Lucanor, vos he respondido a esta pregunta que me feciestes et con esta repuesta vos he respondido a cincuenta preguntas que me habedes fecho. Et habedes estado en ella tanto tiempo, que so cierto que son ende enojadas muchas de vuestras compañas, et señaladamente se enojan ende los que non han muy mal talante de oir nin de aprender las cosas que se pueden mucho aprovechar. Et contésceles como a las bestias que van cargadas de oro que sienten el peso que lievan a cuestas et non se aprovechan de la pro que ha en ello. Et ellos sienten el enojo de lo que oyen et non se aprovechan de las cosas buenas et aprovechosas que oyen. Et por ende vos digo, que lo uno por esto, et lo al por el trabajo que he tomado en las otras repuestas que vos di, que vos non quiero más responder a otras preguntas que vos fagades, que en este enjiemplo et en otro que se sigue adelante deste vos quiero facer fin a este libro.
E el conde tovo este por muy buen enjiemplo. Et cuanto de lo que Patronio dijo que non quería quel ficiese más preguntas dijo que esto fincase en como se pudiese facer.
Et porque don Johan tovo este enjiemplo por muy bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen asi:
La vergüenza todos los males parte, Por vergüenza face homne bien sin arte[49].
[49] Ya en el libro del _Caballero et del Escudero_ había enunciado don Juan Manuel el principio que «la madre et cabeza de todas las bondades es la vergüenza».
EJEMPLO LI
[=Lo que contesció a un Rey cristiano que era muy poderoso et muy soberbio=]
Otra vez fablaba el Conde Lucanor con Patronio, su consejero, e díjole asi:
--Patronio muchos homnes me dicen que una de las cosas por que el homne se puede ganar con Dios es por seer homildoso, otros me dicen que los homildosos son menospreciados de las otras gentes e que son tenidos por homnes de poco esfuerzo et de pequeño corazón, et que el grand señor, quel cumple et le aprovecha ser sobervio. Et porque yo sé que ningun homne non entiende mejor que vos lo que debe facer el grand señor, ruégovos que me consejedes cual destas dos cosas me es mejor o que yo debo más facer.
--Señor Conde Lucanor--dijo Patronio--para que vos entendades qué es en esto lo mejor et vos más cumple de facer, mucho me placería que sopiésedes lo que conteció a un rey christiano que era muy poderoso et muy soberbioso.
El conde le rogó quel dijiese cómo fuera aquello.
--Señor conde--dijo Patronio--en una tierra de que me non acuerdo el nombre, había un rey muy mancebo et muy rico et muy poderoso et era muy soberbio a grand maravilla, et a tanto llegó la su soberbia que una vez oyendo aquel cántico de Sancta María que dice: «Magnificat anima mea dominum» oyó en él un vieso que dice: «Deposuit potentes de sede et exaltavit humiles» que quiere decir: «Nuestro Señor Dios tiró et abajó los poderosos soberbios del su poderío et ensalzó los homildosos». Cuando esto oyó, pesol mucho et mandó por todo su regno que rayasen este vieso de los libros, et que pusiesen en aquel lugar: «Et exaltavit potentes in sede et humilis posuit in terra» que quiere decir: «Dios ensalzó las sillas de los soberbios poderosos et derribó los homildosos.»
E esto pesó mucho a Dios, et fué muy contrario de lo que dijo Sancta María en este cántico mismo; ca desque vió que era madre del fijo de Dios que ella concibió et parió, seyendo et fincando siempre virgen et sin ningun corrompimiento, et veyendo que era señora de los cielos et de la tierra dijo de si misma alabando la humildat sobre todas las virtudes: «Quia respexit humilitatem ancillae suae, ecce enim ex hoc benedictam me dicent omnes generationes» que quiere decir: «Porque cató el mi Señor Dios la homildat de mi que so su sierva, por esta razón me llamarán todas las gentes bien aventurada.» Et asi fué, que nunca ante nin después, pudo seer ninguna mujer bien aventurada, ca por las bondades, et señaladamente por la su gran homildat meresció seer madre de Dios et reina de los cielos et de la tierra et seer Señora puesta sobre todos los choros de los ángeles.
Mas al rey soberbioso conteció muy contrario desto: ca un dia hobo talante de ir al baño et fué allá muy orgullosamente con su compaña. Et porque entró en el baño hóbose a desnuyar et dejó todos su paños fuera del baño. Et estando él bañándose envió nuestro señor Dios un ángel al baño, el cual por la virtud et por la voluntad de Dios tomó la semejanza del Rey et salió del baño et vistiose los paños del rey et fuéronse todos con él paral Alcazar. Et dejó a la puerta del baño unos pañizuelos muy viles et muy rotos como destos pobrezuelos que piden a las puertas.
El rey que fincaba en el baño non sabiendo desto ninguna cosa, cuando entendió que era tiempo para salir del baño, llamó a aquellos camareros et aquellos que estaban con él. Et por mucho que los llamó, non respondió ninguno dellos que eran idos todos, cuidando que iban con el rey. Desque vió que non le respondió ninguno tomol tan grand saña que fué muy grand maravilla, et comenzó a jurar que los faría matar a todos de muy crueles muertes. Et teniéndose por muy escarnido salió del baño desnuyo cuidando que fallaría algunos de sus homnes quel diesen de vestir. Et desque llegó do él cuidó fallar alguno de los suyos, non falló ninguno; comenzó a catar del un cabo et del otro del baño, et non falló a homne del mundo a qui decir una palabra.
Et andando así muy coitado, et non sabiendo que se facer, vió aquellos pañizuelos viles et rotos que estaban a un rincón et pensó de los vestir et que iría encubiertamente a su casa et que se vengaría muy cruelmente de todos los que tan grand escarnio le habían fecho. Et vistiose los paños et fuese muy encubiertamente al Alcazar, et cuando y llegó, vió estar a la puerta uno de los sus porteros que conoscía muy bien que era su portero, et uno de los que fueron con él al baño, et llamol muy paso et díjol quel abriese la puerta et le metiese en su casa muy encubiertamente porque non entendiese ninguno que tan envergonzadamente vinía.
El portero tenía muy buena espada al cuello et muy buena maza en la mano et preguntol: qué homne era que tales palabras dicía. Et el rey le dijo:
--¡Ah traidor! ¿Non te cumple el escarnio que me feciste tu et los otros en me dejar solo en el baño et venir tan envergonzado como vengo? ¿Non eres tu fulano, et non me conosces como yo so el rey, vuestro señor, que dejastes en el baño? Abreme la puerta ante que venga alguno que me pueda conoscer, et sinón, seguro sei que yo te faré morir mala muerte et muy cruel.
Et el portero le dijo:
--Homne loco, mesquino, ¿que estás diciendo? Ve a buena ventura et non digas más estas locuras, sinón, yo te castigaré bien como a loco, ca el rey pieza ha que vino del baño, et viniemos todos con él, et ha comido et es echado a dormir, et guárdate que non fagas aquí roido por quel despiertes.
Cuando el rey esto oyó, cuidando que gelo dicía faciendol escarnio, comenzó a rabiar de saña et de malenconía et arremetiose a él cuidandol tomar por los cabellos. Et de que el portero esto vió, non le quiso ferir con la maza, mas diol muy grand colpe con el mango en guisa quel fizo salir sangre por muchos lugares. De que el rey se sintió ferido et vió que el portero tenía buena espada et buena maza et que él non tenía ninguna cosa con quel pudiese facer mal, nin aún para se defender, cuidando que el portero era enloquecido, et que si más le dijiese, quel mataría por aventura, pensó de ir a casa del su mayordomo et de encobrirse y fasta que fuese guarido, et después que tomaría venganza de todos aquellos traidores que tan grand escarnio le habían traido.
Et desque llegó a casa de su mayordomo, si mal le contesciera en su casa con el portero, muy peor le acaesció en casa de su mayordomo.
Et dende, fuese lo más encubiertamente que pudo para casa de la reina, su mujer, teniendo ciertamente que todo este mal quel vinía porque aquellas gentes non le conoscían; et tenía sin duda, que cuando todo el mundo le desconociese, que non lo desconocería la reina, su mujer. Et desque llegó ante ella et le dijo cuanto mal le habian fecho et como él era el rey, la reina recelando que si el rey que ella cuidaba que estaba en casa sopiese que ella oíe tal cosa quel pesaría ende, mandol dar muchas palancadas, diciendol quel echasen de casa aquel loco quel dicía aquellas locuras.
El Rey desaventurado, de que se vió tan mal andante, non sopo qué facer et fuese echar en un hospital muy mal ferido et muy quebrantado, et estudo allí muchos días. Et cuando lo aquejaba la fambre iba demandando por las puertas et dicianle las gentes, et facianle escarnio, que cómo andaba tan lazdrado siendo rey de aquella tierra. Et tantos homnes le dijieron esto et tantas veces et en tantos logares, que ya él mismo cuidaba que era loco et que con locura pensaba que era rey de aquella tierra. Et desta guisa andudo muy grand tiempo, teniendo todos los quel conoscían que era loco de una locura que contesció a muchos; que cuidan por si mismos que son otra cosa o que son en otro estado.
Et estando aquel homne en tan mal estado, la bondat et la piedat de Dios que siempre quiere la pro de los pecadores et los acarrea a la manera como se pueden salvar, si por grand culpa non fuere, obraron en tal guisa, que el cativo del rey que por su soberbia era caido en tan grant perdimiento et a tan grand abajamiento, comenzó a cuidar que este mal quel viniera, que fuera por su pecado et por la grant soberbia que en él había, et, señaladamente, tovo que era por el vieso que mandara del cántico de Sancta María que de suso es dicho, que mudara con grant soberbia et por grant locura. Et desque esto fué entendiendo comenzó a haber atan grant dolor et tan grant repentimiento en su corazón, que homne del mundo non lo podría decir por la boca; et era en tal guisa que mayor dolor et mayor pesar había de los yerros que ficiera contra Nuestro Señor que del regno que había perdido, et vió cuanto mal andante el su cuerpo estaba, et por ende, nunca al facía sinón llorar et matarse et pedir merced a Nuestro Señor Dios quel perdonase sus pecados, que solamente nunca se acordó nin puso en su talante de pedir merced a Nuestro Señor Dios quel tornase en su regno nin en su honra; ca todo esto preciaba él en nada, et non cobdiciaba otra cosa sinón haber perdón de sus pecados et poder salvar el alma.
Et bien creed, señor conde, que cuantos facen romerías et ayunos et limosnas et oraciones o otros bienes cualesquier por que Dios les dé o los guarde o los acresciente en la salud de los cuerpos o en la honra o en los bienes temporales, yo non digo que facen mal, mas digo, que si todas estas cosas ficiesen por haber perdón de todos sus pecados o por haber la gracia de Dios la cual se gana por buenas obras et buenas entenciones sin hipocrisía et sin infinta, que seríe muy mejor, et sin dubda habríen perdón de sus pecados et habríen la gracia de Dios la cual se gana por buenas obras et buenas entenciones; ca la cosa que Dios más quiere del pecador es el corazón quebrantado et homillado et la entención buena et derecha.