El consejero de la juventud · Capítulo real 2 de 28

CAPITULO III

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.

CAPITULO III

La insolencia

Hay insolencia en las palabras y en los ademanes, insolencias que se expre¬ san por medio de repugnantes palabras y por ridiculas acciones corporales. Ambas son en extremo perjudiciales á la persona que las vierte ó ejecuta.

El niño debe ser recatado para al¬ canzar en la sociedad puesto de honor y de respeto. De otro modo no logrará sino atraerse miradas despreciativas, ó compasivas á lo más.

No digas á nadie que miente; dile, siempre que seas de opinión contraria, que se equivoca, oque padece error, porque nada hiere tanto el corazón de nuestros semejantes como una palabra dura lanzada impremeditamente.

Las palabras se han hecho para se¬ ducir. ó para convencer, ó para ilus¬ trar, ó para maltratar la ajena delica¬ deza. Nunca te sitúes en este último extremo.

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Si hablas, que sean tus palabras'el resultado de la meditación y la fórmula de la prudencia. Si escribes, paséate tranquilo por las dilatadas regiones del pensamiento, para que salgan de tu pluma resplandores de luz y jamás ra¬ yos incendiarios.

No sigas nunca de palabra, ninguna discusión acalorada, ni escribas bajo la presión de violentos sentimientos; por¬ que en uno ú otro caso puedes caer en el abismo de la insolencia, que es el suicidio moral del hombre.

Nada es más encantador que la mo¬ deración, así en el niño como en el hombre y como en la mujer.

Acostumbraos á ser moderados, y os será imposible llegar á ser insolentes.

Esas palabras obscenas que han sa¬ lido del mtierno de las pasiones huma¬ nas, degradan al hombre, desnaturali¬ zan á la mujer y corrompen al niño.

¡Oh joven, nunca uses de semejan¬ tes palabras, ni aun estando en compa¬ ñía con aquellos de tu propia edad! Te habituarás á que salgan de tu inocente boca y después das pronunciarás en las calles y en las plazas y hasta en tu

piopio, liogar, para deshonra tu} 7 ci y horror de cuantos te oyeron.

Jamás te insolentes en tus respues¬ tas .

Si la justicia y la razón están de tu parte, defiéndelas con moderación y calma, porque un lenguaje insolente es el menos adecuado para formular la verdad y hacer resplandecer la justicia.

Puede decirse que todo es obra de la costumbre, y así existen personas insolentes por hábito.

Nunca deben los padres, los parien¬ tes ó el maestro, dejar pasar á un niño palabras obscenas ó mal sonantes. Cual¬ quiera que sea la edad de ese niño, se le debe reprimir en el momento mismo que pronuncie la primera palabra, á fin de inspirarle horror al mal y no crearle dificultades en el camino de su vida.