El consejero de la juventud · Sección preliminar
Preliminares
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 3 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
José Alberto Branger. Independencia 16 de Abril
WFH
A MIS HIJOS
Escribiendo estas páginas he teni-
otqos pensamii£r ¿ to Primordial: vos-
Estáis easi en la cuna, pero el
tiendo corre veloz y propio estaréis en el mundo.
Uo no os diré solamente: leedlas «cojo upa idea más alta que se expresa con esta palabra; aprendedlas.
Hada hay más interesadamente noble que el consejo dq un padre.
F. <5.
Valencia,, 1878.
GENERAL GREGORIO CEDEÑO
Primer Designado, Encargado del Ejecutivo del Estado Carabobo,
Hago saber:
Que el ciudadano Francisco González Guinán se ha presenta¬ do ante mi reclamando el derecho exclusivo para publicar y ven¬ der una obra cuyo título ha depositado y es como sigue: El Con¬ sejero de la Juventud; y que habiendo prestado el juramento requerido, lo Pongo por la presente en posesión del privilegio que
dnccione8 8 literarias. 6 ^ ^ 1853 S ° bre Mdad de L ... 5 a . d » y Armada de mi mano en Valencia, en la sala del despa¬ jé Poder Ejecutivo, á 28 de Octubre de 1877,-Gregobio Cedeno.— El Secretario de Eslado, S. Casañas.
DECLARATORIA
Estados Unidos de Venezuela.—Ministerio de Fomento.—Direc- 5®y 21 í nstrucción Primaria.—Caracas: Marzo 10 de 1879.—
Aa« R ^ SUEL - T0 "7, Exair í inada detenidamente la obra que el ciudadano Francisco González Guinán ha escrito para el uso de losjóI« I !»rn , - tlt K laí1a u E u C ? NSEJKR0 DE LA Juventud, y de la que en . han h ^ ch< ? los . me J° res encomios, la prensa de dentro y fuera del país y los institutores á cuyo estudio ha sido sometida, EniAÜ teaoro ? M de sana m «>ral que encierra y por la belleza y sencillez de su estilo, puro y castizo, obra que en cadauna.de sus P/ l » 1 f nas A exal . ta la virtud y abate el vicio-se adopta do 1Ilus í re Amenca °o, Supremo Director de la Reivindica- 1 C0 ^° tCXt0 - de lectura P ara las escuelas federales P S b 1C . a ’ la menc ionada obra El Consejero de la JuÍos P or .medio de los Jefes civiles y militares de
ad ° 8 ’ a las municipalidades de todos ellos, para que, res¬ idí,*?' 8U8 estable 5 ,m ientos de enseñanza primaria, hagan ieual que de e ' la habrá de derivar grandes provechos la 'i , de I a generación que se levanta y que dispondrá wananadel porvenir del país.
Comuniqúese y publíquese.
Por el Ejecutivo Nacional,
J. M. Manrique.
PRÓLOGO '
DE LA DÉCIMAQUINTA EDICIÓN
Una nueva edición de El Consejero de la Juventud, ofrecemos al público venezolano, en virtud de autorización del Doctor González Guinán, corregida con esmero; permitiéndonos repetir lo que dijimos en la anterior:
La buena reputación que ha conquis¬ tado este libro , le da puesto preferente en las escuelas primarias , porque él contribuye poderosamente con sus mᬠximas ala más perfecta educación mo¬ ral de la niñez, á tiempo que fija el importante papel del institutor y la línea de conducta que debe seguir el niño para lleg<ir á ser buen hijo, buen ciudadano , buen esposo y buen padre de familia.
L. Puig Ros.
Caracas, Mayo de 1905.
PRIMERA PARTE
CAPÍTULO I
Juzguemos que el hombre tiene dos faces, una opaca y otra luminosa: una de vicios y otra de virtudes: una que lo encamina al mal, otra que lo lleva directamente al bien: una que lo atrae al seno tranquilo del hogar y al amor de la sociedad y de la patria, y otra que lo arroja al abismo de la perdición. El hombre se dignifica por el bien, se impone por el corazón, se hace respe¬ table por la rectitud' de la conciencia y conquista honra por medio desús deco¬ rosos procederes; pero se pierde irremi¬ siblemente cuando se lanza desatenta¬ do en el océano de las pasiones y per-
vieí-te su sér moral. Hé aquí uno de los escollos de ese insondable océano:
La soberbia
El niño que no obedece á las impo¬ siciones de sus padres, de sus maestros
y de sus mayores, es esencialmente so¬ berbio.
La soberbia es el primero de los pe¬ cados capitales, la fuente de la vanidad
y el origen de un mal entendido or¬ gullo.
Siendo soberbios, no podemos ser apreciados por la sociedad, que siempre ve mal la altanería en cualquiera de sus miembros.
El niño que es soberbio se capta el
e i n< f n< L de SUS com P a fieros de escuela, el desdén de sus maestros y el desprecío de todo el mundo.
Tú, niño, has venido á la escuela para aprender todo aquello que debe serte útil en la vida, y así debes empe¬ zar por ser obediente y sufrido. Si el maestro te reprende, oye sus reprensio¬ nes en silencio y acéptalas como el me¬ jor servicio que te puede hacer. No te envanezcas nunca, ni te muestres al¬
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tivo: porque la vanidad ciega á los* or¬ gullosos hasta perderlos por completo.
No creas, niño, que en ese banco donde te sientas, tú eres el mejor y que otros son inferiores á ti. Esa es una in¬ tolerable presunción. Todos esos niños son tus iguales, tus compañeros y tus amigos. Si tú sabes más que alguno de ellos, procura enseñarlo, pero nunca lo burles ni lo deprimas, porque puede lle¬ gar un día en que ese ignorante sepa más que tu y te humille á su vez.
Si tienes facilidad para aprender tus lecciones, participa de ella * tus com¬ pañeros, ayudándolos á aprender las suyas, pero no te creas por eso por so¬ bre todos ellos, pues nada es más inte¬ resante, ni más hermoso que la inteli¬ gencia cuando está circundada por la aureola de la modestia.
Sé modesto, pues, y huye de toda tentación de soberbia. Nunca creas que sabes demasiado. Interrogado una vez un sabio sobre su sabiduría, respondió: lo único que sé, es que no sé nada; y no por esta respuesta fué menos sabio, pero sí más respetado y venerado.
En la escuela debes rendir obedien-
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cu» ciega al maestro. Jamás, óyelo bien disputes con él; para ti el maestro debe ser infalible, ó á lo menos considerado como que sabe mucho más que tü. Con tus condiscípulos es preciso que seas atable y cariñoso: que todos te amen y ninguno te aborrezca; á eso es á lo que debes aspirar.
Fuera de la escuela, cuando atra¬ vieses las calles y las plazas, á nadie perturbes ni faltes al respeto, porque de lo contrario, llevarás la nota de in¬ solente, y todos acabarán por despre¬ ciarte y hacerte sufrir.
En tu casa jamás levantes la voz, ni te resistas á los mandatos de tus padres O de tus mayores, pues mañana cuando seas hombre, Dios castigará tan grave taita dándote hijos que no obedezcan tus mandatos y que te hagan sufrir mucho.
Niño, no olvides que es la soberbia el primero y más grande pecado: quien entre por sus puertas, no puede llegar sino al abismo del mal
— ti
< APITULO II
La indolencia
Si quieres que te amen, ama tú el primero.
Si quieres que te estimen, no rehu¬ yas nunca el trato con los demás..
Si quieres merecer consideración y aprecio, conquístalos por medio de tus buenas acciones.
Venimos á esta vida trayendo cora¬ zón y cabeza, pero es para imponernos por el sentimiento y libertarnos de los peligros por medio de la razón.
Jamás seas indolente. Muéstrate sensible por el halago y tierno por el agradecimiento.
Tienes que amar primero á Dios: después á tus padres, á tu familia, á la sociedad, y á la tierra donde has naci¬ do, que se llama patria.
Tu maestro es como de tu familia, y debes como á ella quererlo 3^ vene¬ rar]
Ser indolente es no tener corazón,
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ó á lo menos probar que en él no ger¬ mina la semilla del sentimiento.
El indolente no es religioso, ni'cari¬ tativo, ni humano, ni amoroso, ni fácil para las nobles acciones.
Es un sér destituido de toda bondad, propenso al mal, que vive tan sólo para sí en medio del abandono y del egoísmo.
La sociedad lo ve con desconfianza y con justo recelo; la familia lo mira con desdén; y todo el mundo lo despre¬ cia.
Niño, nunca seas indolente, porque si la indolencia no es ingratitud, está tan cerca de ella, que muy . fácilmente se las puede contundir.
En este mundo vivimos los unos para los otros.
Mucho debemos á nuestros padres y mucho tenemos que pagarles. En ese trabajo de reintegración nos debe sor¬ prender la muerte, pues durante toda nuestra vida debemos servir á nuestros padres.
Ellos nos guiaron en la niñez y nos¬ otros debemos guiarlos en la anciani¬ dad.
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La ley más santa de la humaniáád es esta: el padre para el hijo y el hijo para el padre. Esa es como la misterio¬ sa escala del sentimiento, por la cual deben ascender nuestras almas á reci¬ bir del Altísimo el galardón de núestras nobles acciones.
Jesús dijo: amaos los unos á los otros. Quiso decir: no seáis indolentes ni egoístas.
¿Quién puede amaros si no amáis?
La humanidad se sostiene por el equilibrio de los intereses morales.
Observa, niño, á tu alrededor. Te rodean tu familia, tus maestros y tus compañeros de escuela. A ninguno mi¬ res con desdén: con ninguno seas indo¬ lente, porque de seguro que te tendrán por un muchacho malo.
Tú debes desear que te amen; debes gozar cuando te acaricien; pues bien, ama y acaricia tú.
Sólo con esa conducta es con la que se compran y sostienen los efectos.
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