El Criterio · Unidad 25 de 41
CAPÍTULO XXI. — parte 1
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RELIGION.
§ I.
Insensato discurrir de los indiferentes en materias de religion.
Impropio fuera de este lugar, un tratado de religion, pero no lo serán algunas reflexiones para dirigir el pensamiento en esta importantísima materia. De ellas resultará que los indiferentes ó incrédulos son pésimos pensadores.
La vida es breve, la muerte cierta: de aquí á pocos años el hombre que disfruta de la salud mas robusta y lozana, habrá descendido al sepulcro, y sabrá por experiencia lo que hay de verdad en lo que dice la religion sobre los destinos de la otra vida. Si no creo, mi incredulidad, mis dudas, mis invectivas, mis sátiras, mi indiferencia, mi orgullo insensato, no destruyen la realidad de los hechos: si existe otro mundo donde se reservan premios al bueno, y castigos al malo, no dejará ciertamente de existir porque á mí me plazca el negarlo; y ademas esta caprichosa negativa no mejorará el destino que segun las leyes eternas me haya de caber. Cuando suene la última hora, será preciso morir, y encontrarme con la nada ó con la eternidad. Este negocio es exclusivamente mio, tan mio, como si yo existiera solo en el mundo: nadie morirá por mí; nadie se pondrá en mi lugar en la otra vida, privándome del bien, ó librándome del mal. Estas consideraciones me muestran con toda evidencia, la alta importancia de la religion; la necesidad que tengo de saber lo que hay de verdad en ella; y que si digo, «sea lo que fuere de la religion, no quiero pensar en ella,» hablo como el mas insensato de los hombres.
Un viajero encuentra en su camino un rio caudaloso; le es preciso atravesarle, ignora si hay algun peligro en este ó aquel vado, y está oyendo que muchos que se hallan como él á la orilla, ponderan la profundidad del agua en determinados lugares, y la imposibilidad de salvarse el temerario que á tantearlos se atreviese. El insensato dice: «¿qué me importan á mí esas cuestiones?» y se arroja al rio sin mirar por dónde. Hé aquí al indiferente en materias de religion.
§ II.
El indiferente y el género humano.
La humanidad entera se ha ocupado y se está ocupando de la religion; los legisladores la han mirado como el objeto de la mas alta importancia; los sabios la han tomado por materia de sus mas profundas meditaciones; los monumentos, los códigos, los escritos de las épocas que nos han precedido, nos muestran de bulto este hecho, que la experiencia cuida de confirmar; se ha discurrido y disputado inmensamente sobre la religion; las bibliotecas estan atestadas de obras relativas á ella; y hasta en nuestros dias la prensa va dando otras á luz en número muy crecido: cuando pues viene el indiferente y dice: «todo esto no merece la pena de ser examinado; yo juzgo sin oir, estos sabios son todos unos mentecatos, estos legisladores unos necios, la humanidad entera es una miserable ilusa, todos pierden lastimosamente el tiempo en cuestiones que nada importan;» ¿no es digno de que esa humanidad, y esos sabios, y esos legisladores, se levanten contra él, arrojen sobre su frente el borron que él les ha echado, y le digan á su vez: «¿quién eres tú que así nos insultas, que así desprecias los sentimientos mas íntimos del corazon, y todas las tradiciones de la humanidad? ¿que así declaras frívolo lo que en toda la redondez de la tierra se reputa grave é importante? ¿quién eres tú? ¿Has descubierto por ventura el secreto de no morir? miserable monton de polvo, ¿olvidas que bien pronto te dispersará el viento? Débil criatura, ¿cuentas acaso con medios para cambiar tu destino en esa region que desconoces; la dicha ó la desdicha ¿son para tí indiferentes? Si existe ese juez, de quien no quieres ocuparte, ¿esperas que se dará por satisfecho, si al llamarte á juicio le respondes: «¿y á mí qué me importaban vuestros mandatos, ni vuestra misma existencia?» Antes de desatar tu lengua con tan insensatos discursos, date una mirada á tí mismo; piensa en esa débil organizacion que el mas leve accidente es capaz de trastornar, y que brevísimo tiempo ha de bastar á consumir; y entónces siéntate sobre una tumba, recógete y medita.
§ III.
Tránsito del indiferentismo al exámen. Existencia de Dios.
Curado el buen pensador del achaque de indiferentismo, convencido profundamente de que la religion es el asunto de mas elevada importancia, debiera pasar mas adelante y discurrir de esta manera: ¿Es probable que todas las religiones no sean mas que un cúmulo de errores, y que la doctrina que las rechaza á todas sea verdadera?
Lo primero que las religiones establecen ó suponen, es la existencia de Dios. ¿Existe Dios? ¿Existe algun Hacedor del universo? Levanta los ojos al firmamento, tiéndelos por la faz de la tierra, mira lo que tú mismo eres; y viendo por todas partes grandor y órden, dí, si te atreves: «el acaso es quien ha hecho el mundo; el acaso me ha hecho á mí; el edificio es admirable, pero no hay arquitecto; el mecanismo es asombroso, pero no hay artífice; el órden existe sin ordenador, sin sabiduría para concebir el plan, sin poder para ejecutarle.» Este raciocinio que tratándose de los mas insignificantes artefactos, seria despreciable y hasta contrario al sentido comun, ¿se podrá aplicar al universo? Lo que es insensato con respecto á lo pequeño, ¿será cuerdo con relacion á lo grande?
§ IV.
No es posible que todas las religiones sean verdaderas.
Son muchas y muy varias las religiones que dominan en los diferentes puntos de la tierra; ¿seria posible que todas fuesen verdaderas? El sí y el no, con respecto á una misma cosa, no puede ser verdadero á un mismo tiempo. Los judíos dicen que el Mesías no ha venido, los cristianos afirman que sí; los musulmanes respetan á Mahoma como insigne profeta, los cristianos le miran como solemne impostor; los católicos sostienen que la Iglesia es infalible en puntos de dogma y de moral, los protestantes lo niegan; la verdad no puede estar por ambas partes, unos ú otros se engañan. Luego es un absurdo el decir que todas las religiones son verdaderas.
Ademas, toda religion se dice bajada del cielo: la que lo sea, será la verdadera, las restantes no serán otra cosa que ilusion ó impostura.
§ V.
Es imposible que todas las religiones sean igualmente agradables á Dios.
¿Es posible que todas las religiones sean igualmente agradables á Dios, y que se dé igualmente por satisfecho con todo linaje de cultos? No. A la verdad infinita no puede serle acepto el error, á la bondad infinita no puede serle grato el mal: luego el afirmar que todas las religiones son igualmente buenas, que con todos los cultos el hombre llena bien sus deberes para con Dios, es blasfemar de la verdad y bondad del Criador.
§ VI.
Es imposible que todas las religiones sean una invencion humana.
¿No seria lícito pensar que no hay ninguna religion verdadera, que todas son inventadas por el hombre? No. ¿Quién fué el inventor? El origen de las religiones se pierde en la noche de los tiempos: allí donde hay hombres, allí hay sacerdote, altar y culto. ¿Quién seria ese inventor, cuyo nombre se habria olvidado, y cuya invencion se habria difundido por toda la tierra, comunicándose á todas las generaciones? Si la invencion tuvo lugar entre pueblos cultos, ¿cómo se logró que la adoptasen los bárbaros y hasta los salvajes? Si nació entre bárbaros, ¿cómo no la rechazaron las naciones cultas? Diréis que fué una necesidad social, y que su orígen está en la misma cuna de la sociedad. Pero entónces se puede preguntar, ¿quién conoció esta necesidad, quién discurrió los medios de satisfacerla, quién excogitó un sistema tan á propósito para enfrenar y regir á los hombres? y una vez hecho el descubrimiento, ¿quién tuvo en su mano todos los entendimientos y todos los corazones, para comunicarles esas ideas y sentimientos que han hecho de la religion una verdadera necesidad, y, por decirlo así, una segunda naturaleza?
Vemos á cada paso que los descubrimientos mas útiles, mas provechosos, mas necesarios, permanecen limitados á esta ó aquella nacion, sin extenderse á las otras durante mucho tiempo, y no propagándose sino con suma lentitud á las mas inmediatas ó relacionadas; ¿cómo es que no haya sucedido lo mismo en lo tocante á la religion? ¿cómo es que de la invencion maravillosa hayan tenido conocimiento todos los pueblos de la tierra, sea cual fuere su pais, lengua, costumbres, barbarie ó civilizacion, grosería ó cultura?
Aquí no hay medio: ó la religion procede de una revelacion primitiva, ó de una inspiracion de la naturaleza; en uno y otro caso hallamos su orígen divino; si hay revelacion, Dios ha hablado al hombre, si no la hay, Dios ha escrito la religion en el fondo de nuestra alma. Es indudable que la religion no puede ser invencion humana, y que á pesar de lo desfigurada y adulterada que la vemos en diferentes tiempos y paises, se descubre en el fondo del corazon humano un sentimiento descendido de lo alto: al traves de las monstruosidades que nos presenta la historia, columbramos la huella de una revelacion primitiva.
§ VII.
La revelacion es posible.
¿Es posible que Dios haya revelado algunas cosas al hombre? Sí. El que nos ha dado la palabra no estará privado de ella; si nosotros poseemos un medio de comunicarnos recíprocamente nuestros pensamientos y afectos, Dios todopoderoso é infinitamente sabio, no carecerá seguramente de medios para trasmitirnos lo que fuere de su agrado. Ha criado la inteligencia, ¿y no podria ilustrarla?
§ VIII.
Solucion de una dificultad contra la revelacion.
Pero Dios, objetará el incrédulo, es demasiado grande para humillarse á conversar con su criatura; mas entónces tambien deberíamos decir, que Dios es demasiado grande para haberse ocupado en criarnos. Criándonos nos sacó de la nada, revelándonos alguna verdad perfecciona su obra; ¿y cuándo se ha visto que un artífice desmereciese por mejorar su artefacto? Todos los conocimientos que tenemos nos vienen de Dios, porque él es quien nos ha dado la facultad de conocer, y él es quien, ó ha grabado en nuestro entendimiento las ideas, ó ha hecho que pudiéramos adquirirlas por medios que todavía se nos ocultan. Si Dios nos ha comunicado un cierto órden de ideas, sin que nada haya perdido de su grandor, es un absurdo el decir que se rebajaria si nos trasmitiese otros conocimientos por conducto distinto del de la naturaleza. Luego la revelacion es posible; luego quien dudare de esta posibilidad, ha de dudar al mismo tiempo de la omnipotencia, hasta de la existencia de Dios.
§ IX.
Consecuencias de los párrafos anteriores.
Importa muchísimo el encontrar la verdad en materias de religion (§ 1 y 2); todas las religiones no pueden ser verdaderas (§ 4); si hubiese una revelada por Dios, aquella seria la verdadera (§ 4); la religion no ha podido ser invencion humana (§ 6). La revelacion es posible (§ 7); lo que falta pues averiguar es, si esta revelacion existe y dónde se halla.
§ X.
Existencia de la revelacion.
¿Existe la revelacion? Por el pronto salta á los ojos un hecho que da motivo á pensar que sí. Todos los pueblos de la tierra hablan de una revelacion; y la humanidad no se concierta para tramar una impostura. Esto prueba una tradicion primitiva, cuya noticia ha pasado de padres á hijos, y que si bien ofuscada y adulterada, no ha podido borrarse de la memoria de los hombres.
Se objetará que la imaginacion ha convertido en voces el ruido del viento, y en apariciones misteriosas los fenómenos de la naturaleza; y así el débil mortal se ha creido rodeado de seres desconocidos que le dirigian la palabra, y le descubrian los arcanos de otros mundos. No puede negarse que la objecion es especiosa; sin embargo no será difícil manifestar, que es del todo insubsistente y fútil.
Es cierto que cuando el hombre tiene idea de la existencia de seres desconocidos, y está convencido de que estos se ponen en relacion con él, fácilmente se inclina á imaginar que ha oido acentos fatídicos, y se han ofrecido á sus ojos espectros venidos del otro mundo. Mas no sucede, ni puede suceder así, en no abrigando el hombre semejante conviccion, y mucho ménos si ni aun llega á tener noticia de que existen dichos seres; pues entónces no es dable conjeturar de dónde procederia una ilusion tan extravagante. Si bien se observa, todas las creaciones de nuestra fantasia, hasta las mas incoherentes y monstruosas, se forman de un conjunto de imágenes de objetos que otras veces hemos visto; y que á la sazon reunimos del modo que place á nuestro capricho, ó nos sugiere nuestra cabeza enfermiza. Los castillos encantados de los libros de caballería, con sus damas, enanos, salones, subterráneos, hechizos y todas sus locuras, son un informe agregado de partes muy reales que la imaginacion del escritor componia á su manera, sacando al fin un todo que solo cabia en los sueños de un delirante. Lo propio sucede en lo demas: la razon y la experiencia estan acordes en atestiguarnos este fenómeno ideológico. Si suponemos pues que no se tiene idea alguna de otra vida distinta de la presente, ni de otro mundo que el que está á nuestra vista, ni de otros vivientes que los que moran con nosotros en la tierra, el hombre fingirá gigantes, fieras monstruosas, y otras extravagancias por este estilo; mas no seres invisibles, no revelaciones de un cielo que no conoce, no dioses que le ilustren y dirijan. Ese mundo nuevo, ideal, puramente fantástico, no le ocurrirá siquiera; porque semejante ocurrencia no tendrá, por decirlo así, punto de partida, carecerá de antecedentes que puedan motivarla. Y aun suponiendo que este órden de ideas se hubiese ofrecido á algun individuo, ¿cómo era posible que de ello participase la humanidad entera? ¿Cuándo se habria visto semejante _contagio_ intelectual y moral?
Sea lo que fuere del valor de estas reflexiones, pasemos á los hechos: dejemos lo que haya podido ser, y examinemos lo que ha sido.
§ XI.
Pruebas históricas de la existencia de la revelacion.
Existe una sociedad que pretende ser la única depositaria é intérprete de las revelaciones con que Dios se ha dignado favorecer al linaje humano: esta pretension debe llamar la atencion del filósofo que se proponga investigar la verdad.
¿Qué sociedad es esa? ¿Ha nacido de poco tiempo á esta parte? Cuenta diez y ocho siglos de duracion, y estos siglos no los mira sino como un período de su existencia; pues subiendo mas arriba, va explicando su no interrumpida genealogía y se remonta hasta el principio del mundo. Que lleva diez y ocho siglos de duracion, que su historia se enlaza con la de un pueblo cuyo origen se pierde en la antigüedad mas remota, es tan cierto como que han existido las repúblicas de Grecia y Roma.
¿Qué títulos presenta en apoyo de su doctrina? En primer lugar, está en posesion de un libro, que es sin disputa el mas antiguo que se conoce, y que ademas encierra la moral mas pura, un sistema de legislacion admirable, y contiene una narracion de prodigios. Hasta ahora nadie ha puesto en duda el mérito eminente de este libro; siendo esto tanto mas de extrañar, cuanto una gran parte de él nos ha venido de manos de un pueblo, cuya cultura no alcanzó ni con mucho á la de otros pueblos de la antigüedad.
¿Ofrece la dicha sociedad algunos otros títulos que justifiquen sus pretensiones? A mas de los muchos, á cual mas graves é imponentes, hé aquí uno que por sí solo basta. Ella dice que se hizo la transicion de la sociedad vieja á la nueva, del modo que estaba pronosticado en el libro misterioso; que llegada la plenitud de los tiempos, apareció sobre la tierra un Hombre-Dios, quien fué á la vez el cumplimiento de la ley antigua, y el autor de la nueva; que todo lo antiguo era una sombra y figura, que este Hombre-Dios fué la realidad; que él fundó la sociedad que apellidamos Iglesia católica, le prometió su asistencia hasta la consumacion de los siglos, selló su doctrina con su sangre, resucitó al tercer dia de su crucifixion y muerte, subió á los cielos, envió al Espíritu santo, y que al fin del mundo ha de venir á juzgar á los vivos y á los muertos.
¿Es verdad que en este Hombre se cumpliesen las antiguas profecías? Es innegable: leyendo algunas de ellas parece que uno está leyendo la historia evangélica.
¿Dió algunas pruebas de la divinidad de su mision? Hizo milagros en abundancia; y cuanto él profetizó, ó se ha cumplido exactamente, ó se va cumpliendo con puntualidad asombrosa.
¿Cuál fué su vida? Sin tacha en su conducta; sin límite para hacer el bien. Despreció las riquezas y el poder mundano, arrostró con serenidad las privaciones, los insultos, los tormentos, y por fin una muerte afrentosa.
¿Cuál es su doctrina? Sublime cual no cupiera jamas en mente humana; tan pura en su moral, que le han hecho justicia sus mas violentos enemigos.
¿Qué cambio social produjo este Hombre? Recordad lo que era el mundo romano, y ved lo que es el mundo actual; mirad lo que son los pueblos donde no ha penetrado el cristianismo, y lo que son aquellos que han estado siglos bajo su enseñanza, y la conservan todavía, aunque algunos alterada y desfigurada.
¿De qué medios dispuso? No tenia dónde reclinar su cabeza. Envió á doce hombres salidos de la ínfima clase del pueblo; se esparcieron por los cuatro ángulos de la tierra, y la tierra los oyó y creyó.
Esta religion ¿ha pasado por el crisol de la desgracia? ¿No ha sufrido contrariedad de ninguna clase? Ahí está la sangre de infinitos mártires, ahí los escritos de numerosos filósofos que la han examinado, ahí los muchos monumentos que atestiguan las tremendas luchas que ha sostenido con los príncipes, con los sabios, con las pasiones, con los intereses, con las preocupaciones, con todos cuantos elementos de resistencia pueden combinarse sobre la tierra.
¿De qué medios se valieron los propagadores del cristianismo? De la predicacion y del ejemplo confirmados por milagros. Estos milagros, la crítica mas escrupulosa no puede rechazarlos; que si los rechaza, poco importa, pues entónces confiesa el mayor de los milagros, que es la conversion del mundo sin milagros.
El cristianismo ha contado entre sus hijos á los hombres mas esclarecidos por su virtud y sabiduría; ningun pueblo antiguo ni moderno se ha elevado á tan alto grado de civilizacion y cultura como los que le han profesado; sobre ninguna religion se ha disputado ni escrito tanto como sobre la cristiana; las bibliotecas estan llenas de obras maestras de crítica y de filosofía debidas á hombres que sometieron humildemente su entendimiento en obsequio de la fe; luego esa religion está á cubierto de los ataques que se pueden dirigir contra las que han nacido y prosperado entre pueblos groseros é ignorantes. Ella tiene pues todos los caractéres de verdadera, de divina.
§ XII.
Los protestantes y la Iglesia católica.
En los últimos siglos los cristianos se han dividido: unos han permanecido adictos á la Iglesia católica, otros han conservado del cristianismo lo que les ha parecido bien; y á consecuencia del principio fundamental que han asentado, y que entrega la fe á discrecion de cada creyente, se han fraccionado en innumerables sectas.
¿Dónde estará la verdad? Los fundadores de las nuevas sectas son de ayer, la Iglesia católica señala la sucesion de sus pastores, que sube hasta Jesucristo; ellos han enseñado diferentes doctrinas, y una misma secta las ha variado repetidas veces, la Iglesia católica ha conservado intacta la fe que le trasmitieron los apóstoles; la novedad y la variedad se hallan pues en presencia de la antigüedad y de la unidad; el fallo no puede ser dudoso.