El Criterio · Unidad 26 de 41

CAPÍTULO XXI. — parte 2

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Ademas, los católicos sostienen que fuera de la Iglesia no hay salvacion, los protestantes afirman que los católicos tambien pueden salvarse; y así ellos mismos reconocen que entre nosotros nada se cree ni practica que pueda acarrearnos la condenacion eterna. Ellos en favor de su salvacion no tienen sino su voto; nosotros en pro de la nuestra, tenemos el suyo y el nuestro; aun cuando juzgáramos solamente por motivos de prudencia humana, esta nos aconsejaria que no abandonásemos la fe de nuestros padres.

En esta breve reseña se contiene el hilo del discurso de un católico que conforme á lo que dice san Pedro, quiera estar preparado para dar cuenta de su fe, y manifestar que ateniéndose á la católica, no se desvía de las reglas de bien pensar. Ahora, añadiré algunas observaciones que sirvan a prevenir peligros, en que zozobra con harta frecuencia la fe de los incautos.

§ XIII.

Errado método de algunos impugnadores de la religion.

En el exámen de las materias religiosas siguen muchos un camino errado. Toman por objeto de sus investigaciones un dogma, y las dificultades que contra él levantan, las creen suficientes para destruir la verdad de la religion; ó al ménos para ponerla en duda. Esto es proceder de un modo que atestigua cuán poco se ha meditado sobre el estado de la cuestion.

En efecto: no se trata de saber si los dogmas estan al alcance de nuestra inteligencia, ni si damos completa solucion á todas las dificultades que contra este ó aquel puedan objetarse: la religion misma es la primera en decirnos que estos dogmas no podemos comprenderlos con la sola luz de la razon; que miéntras estamos en esta vida, es necesario que nos resignemos á ver los secretos de Dios al traves de sombras y enigmas, y por esto nos exige la fe. El decir pues, «yo no quiero creer porque no comprendo,» es enunciar una contradiccion; si lo comprendieses todo, claro es que no se te hablaria de fe. El argumentar contra la religion, fundándose en la incomprensibilidad de sus dogmas, es hacerle un cargo de una verdad que ella misma reconoce, que acepta, y sobre la cual en cierto modo, hace estribar su edificio. Lo que se ha de examinar es, si ella ofrece garantías de veracidad, y de que no se engaña en lo que propone: asentado el principio de su infalibilidad, todo lo demas se allana por sí mismo; pero si este nos falta, es imposible dar un paso adelante. Cuando un viajero de cuya inteligencia y veracidad no podemos dudar, nos refiere cosas que no comprendemos, ¿por ventura le negaremos nuestra fe? No ciertamente. Luego una vez asegurados de que la Iglesia no nos engaña, poco importa que su enseñanza sea superior á nuestra inteligencia.

Ninguna verdad podria subsistir, si bastasen á hacernos dudar de ella algunas dificultades que no alcanzásemos á desvanecer. De esto se seguiria que un hombre de talento esparciria la incertidumbre sobre todas las materias, cuando se encontrase con otros que no le igualasen en capacidad; porque es bien sabido que en mediando esta diferencia, no le es dado al inferior deshacerse de los lazos con que le enreda el que le aventaja.

En las ciencias, en las artes, en los negocios comunes de la vida, hallamos á cada paso dificultades que nos hacen incomprensible una cosa de cuya existencia no nos es permitido dudar. Sucede á veces que la cosa no comprendida nos parece rayar en lo imposible; mas si por otra parte sabemos que existe, nos guardamos de declararla tal, y conservando la conviccion de su existencia, recordamos el poco alcance de nuestro entendimiento. Nada mas comun que oir: «No comprendo lo que ha contado fulano; me parece imposible, pero en fin es hombre veraz y que sabe lo que dice; si otro lo refiriera no lo creeria, pero ahora no pongo duda en que la cosa es tal como él la afirma.»

§ XIV.

La mas alta filosofía acorde con la fe.

Imagínanse algunos que se acreditan de altos pensadores cuando no quieren creer lo que no comprenden; y estos justifican el famoso dicho de Bacon: «poca filosofía aparta de la religion, mucha filosofía conduce á ella.» Y á la verdad, si se hubiesen internado en las profundidades de las ciencias, conocieran que un denso velo encubre á nuestros ojos la mayor parte de los objetos; que sabemos poquísimo de los secretos de la naturaleza; que hasta de las cosas, en apariencia mas fáciles de comprender, se nos ocultan por lo comun los principios constitutivos, su esencia; conocieran que ignoramos lo que es este universo que nos asombra, que ignoramos lo que es nuestro cuerpo, que ignoramos lo que es nuestro espíritu; que nosotros somos un arcano á nuestros propios ojos, y que hasta ahora todos los esfuerzos de la ciencia han sido impotentes para explicar los fenómenos que constituyen nuestra vida, que nos hacen sentir nuestra existencia; conocieran que el mas precioso fruto que se recoge en las regiones filosóficas mas elevadas es una profunda conviccion de nuestra debilidad é ignorancia. Entónces infirieran que esa sobriedad en el saber, recomendada por la religion cristiana, esa prudente desconfianza de las fuerzas de nuestro entendimiento, estan de acuerdo con las lecciones de la mas alta filosofía; y que así el catecismo nos hace llegar desde nuestra infancia al punto mas culminante que señalara á la ciencia la sabiduría humana.

§ XV.

Quien abandona la religion católica no sabe dónde refugiarse.

Hemos seguido el camino que puede conducir á la religión católica; echemos una ojeada sobre el que se presenta, si nos apartamos de ella. Al abandonar la fe de la Iglesia, ¿dónde nos refugiamos? Si en el protestantismo, ¿en cuál de sus sectas? ¿Qué motivos de preferencia nos ofrece la una sobre la otra? Discernirlo será imposible; abrazar á ciegas una cualquiera nos lo será todavía mas; y por otra parte, esto equivaldría á no profesar ninguna. Si en el filosofismo, ¿qué es el filosofismo incrédulo? Es una negacion de todo, las tinieblas, la desesperacion. ¿Andaremos en busca de otras religiones? Ciertamente que ni el islamismo, ni la idolatría, no nos contarán entre sus adeptos.

Abandonar pues la religion católica, será abjurarlas todas; será tomar el partido de vivir sin ninguna; dejar que corran los años; que nuestra vida se acerque á su término fatal, sin guia para lo presente, sin luz para el porvenir; será taparse los ojos, bajar la cabeza, y arrojarse á un abismo sin fondo.

La religion católica nos ofrece cuantas garantías de verdad podemos desear. Ella ademas nos impone una ley suave, pero recta, justa, benéfica; cumpliéndola nos asemejamos á los ángeles, nos acercamos á la belleza ideal que para la humanidad puede excogitar la mas elevada poesía. Ella nos consuela en nuestros infortunios, y cierra nuestros ojos en paz; se nos presenta tanto mas verdadera y cierta, cuanto mas nos aproximamos al sepulcro. Ah! la bondadosa Providencia habrá colocado al borde de la tumba aquellas santas inspiraciones, como heraldos que nos avisarán de que íbamos á pisar los umbrales de la eternidad!....