El desafío del diablo y Un testigo de bronce : dos leyendas tradicionales · Unidad 13 de 50
Unidad 13 · 52 EL DESAFIO DEL DIABLO.
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
52 EL DESAFIO DEL DIABLO.
de aquel gallardo rey de la espesura, y la grata memoria
de su variada y novelesca historia, de sus juegos antigtios y amoríos, apuestas, desafios,
y otros lances mas serios
velados en recónditos misterios, todo á su mente viva se presenta, y todo ello acrecienta
la oculta simpatía
que ya por él sentia
desde la noche queá la quinta vino por los montes huyendo del destino. Y todo esto que atiza
el fuego de un amor que aun no concibe, el objeto á sus ojos diviniza
que á su pesar en su memoria vive. Y con su imagen sueña,
y en delirio amoroso
como espíritu errante y luminoso la contempla vagar de peña en peña un porvenir mintiéndola dichoso. «Ven, la dice tendiéndola los brazos el fantasma hechicero,
ven; las torpes cadenas haz pedazos del tirano poder que te sujeta,
y en brazos del perdido bandolero encontrarás la libertad completa.» Y sueña que la toma
la amiga aparicion sobre sus alas,
y va de loma en loma,
y va de cumbre en cumbre
á la pálida lumbre de luna vaporosa viendo la creacion maravillosa ;
y descubriendo en los hendidos cascos de los rudos y altísimos peñascos
los frescos manantiales trasparentes que lanzan por las peñas sus vertientes, y en los valles frondosos
tornados en arroyos caudalosos,
ó en fuentes cristalinas,
fecundan florecillas peregrinas
y espesas arboledas
de extendidos pinares y alamedas.
Y en medio del espacio la parece,
do el aire se refresca y se enrarece, que alcanza de esmeraldas y topacios, pagodas y palacios,
y las nubes con mágicos celajes figuran sutilísimos encales,
ejércitos de sombras caprichosas,
ya fieras ya graciosas,
que cruzan en diversos pelotones
del aire azul las cóncavas regiones. Yodo esto enamorada
sueña tal vez, llevada
en brazos de la sombra que la hechiza, de la bella vision que diviniza.
Mas, ¡ay! que allá á lo lejos
de un astro ensangrentado á los reflejos en nubarron de cárdenos colores, preñado de vapores,
de su camino en la mitad se lanza
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el pálido fantasma de su hermano,
y rompe sus delirios de esperanza
con enemiga é iracunda mano,
y agitada despierta
de la éfectiva realidad incierta.
¡Ay triste..... triste Beatriz que adora
un delirio no mas! cuantos dolores
te va á traer la venidera aurora
tras esos pensamientos seductores.
¡Ay pobre Beatriz! suspira y llora. ¿Qué hace entretanto Carlos?
¿sueña tambien exaltacion futura?
¿tendrá al fin que dejarlos
realizar sus amores, su ventura ?
¿cederá del bandido
al genio emprendedor? ¿teme su enojo?
témelo, si; mas corazon torcido,
pérfida hipocresía
á oponer va á su.arrojo,
y en su destreza y sus amaños fia.
Cerrado en su aposento,
cuando aun apenas amanece el dia,
en planta pone su traidor intento:
y á la sed de venganza que le agita
el corazon cobarde le palpita.
En sus labios que el miedo descolora
brilla sonrisa atroz; honda revelan
sus pardos ojos intencion traidora,
y las miradas de sus ojos hielan.
Dificilmente toma
la desigual respiracion, y el pecho
que corroe del crimen la carcoma, presta al aire sutil ámbito estrecho. Y le tiembla la mano
mientras guia la pluma
con que el intento que emprendió villano”
en billete fatal traza y consuma.
Dos veces le leyó despues de escrito, dos veces le dejó sobre la mesa,
hasta que halló que en el papel maldito su voluntad con su diccion expresa. Otra vez todavía
le repasó al cerrarle,
y á cada doble que al papel hacia
aun tornaba un momento á repasarle. Cerró el billete al fin, púsole oblea, yá un jayan despertando
que en cercano aposento está roncando y en quien peligro no hay de que lo lea, toma, le dijo: á Córdoba volando!
lleva á mi Padre ese papel al punto:
y cuenta con que abrevies el camino, que si en horas no llega á su destino
y no logro mi afan eres difunto.
Partió el jayan, y decidido fuése.
a obedecer sumiso,
mas que al jaco que monta harto le pese el trotar cuesta abajo y por mal piso. Desde la alta ventana á que se asoma vióle Carlos doblar la enhiesta loma,
un «Dios con bien te lleye» murmurando y un segundo billete comenzando.
Mas breye y mas conciso que el primero