El doctor Lañuela · Unidad 63 de 80

Unidad 63 · EL DOCTOR LANUELA. 225

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EL DOCTOR LANUELA. 225

un ciego cantando los encantos de los ojos, como si los estuviera viendo.

Así fui insensiblemente distraído hasta llegar á mi vivienda ; y por cierto que ya iba subiendo la escalera á tiempo que la bajaba una joven elegante que me pareció bien.

Entré en el aposento y caí de molde en la butaca.

Pensé que no pensaba ; pero cuando me advirtió un ruido inmediato, sonaba la media noche en los relojes públicos y vi con sorpresa que el que movió ruido, llamó y entraba muy empolvado, era mi buen tio el beneficiado.

Nos abrazamos y me pidió los parches ; porque, como añadió á renglón seguido , ni podia echarse las piernas á cuestas, ni le era ya posible poner los piés en el suelo.

Díjele que no tenia aún verificado su encargo, y se volvió un dragón.

Díjele cómo habia recibido su carta con retraso ; y se sentó de cólera en mi butaca.

Le pregunté cómo habia venido ; y me man-

dó que yo mandara que le preparasen cama y cena.

Ordené le habilitasen mi cama y que le sirvieran mi comida ; y con esto se acostó para cenar y me llamó á su lado para que conversáramos.

Recuerdo todo el diálogo.

— Sobrino ; ahora que te veo á buena luz, esas tus barbillas de aprendiz de fracmason me dan en rostro.

— Me las quitaré, señor.

— Tú no te has pelado las barbas estudiando : pero dime, desnaturalizado de tu sangre, ¿ no comprendiste que yo no podria dar un paso sino con un tormento en cada dedo ?

— ¡ Tío de mi alma ! ¿ ha venido usted andando ?

— Distingo ; vine andando en la muía , pero cada paso suyo me dolia de retruque y como si el animal anduviera sobre mis piés.

— Es raro modo de doler yendo usted encima.

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— Me dolía más!... y mira, uo me irrites... ¿pues no conoces que como la bestia tiene cuatro patas y yo sólo tengo dos piernas, cada paso de la bestia, eran dos pasos mios?... luego , el mundo está plagado de errores que se toman como buenos : por ejemplo, el que inventó los estribos no tenia muía ; y el que inventó la muía con estribos, no tenia callos. Pues ahora que los zapateros han inventado los callos , hemos puesto los tres inventos uno sobre otro : y arree usted para adelante que así va bien... sábete, José ,y no lo olvides, que una muía con estribos , cuando toma el portante anda con el jinete.

— Es cosa clara.

— No me repliques... sobrino irreverente, quiero decir que el jinete anda con la muía.

— Pero si así lo entendí.

— Mira que me levanto ; . . . quise decir que el jinete y su muía andan juntos.... sobrino, si te sonríes te pego con el bonete. Digo y repito que la muía y el que la monta , van jun-

tos á pié como si se llevaran del brazo el uno al otro., más claro : andan como si el jinete llevara del brazo á la muía.

Ahora bien, sobrino mió, contempla tú, cuál tendré este cuerpo, y reconoce la gravedad de tu falta.

— Mi querido tio, el Doctor Lañuela no vive donde vivia.

Mañana temprano antes que usted se levante , estará aquí el callista del Emperador de los franceses ; hombre tan extraordinario en su arte , que desde Madrid extirpa los callos á su Majestad Imperial; y él pondrá á usted los piés lo mismo que recien hechos.

— Muchacho!... no pido tanto.

'— Se los pondrá á usted como nuevos.

— ¡Ay de las perdices!... in nomine Patris... buenas noches, José (dijo mi tio), y me volvió la espalda.

Quedéme quieto , y serian las dos de la madrugada cuando le dejé durmiendo. Omito por obsequio á la brevedad comentar