El himeneo en la tumba, o, La hechicera : drama fantástico en cuatro actos y en verso · Unidad 17 de 23

Unidad 17 · ESCENA XI.

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

ESCENA XI.

El VIRA.

Mi pecho sin piedad ha desgarrado la Hechicera,

con ese vil anuncio que me ha dado tan severa.

Que no me adora Oscar! dice su boca!...

Fiera suerte :

prefiriera á su olvido... ¡ Yo estoy loca!...

Dura muerte.

Oscar es mi tesoro, si!... es mi encanto!... Ya grabada

su imágen está aquí; ¡le quiero tanto!.. Desgraciada!...

Yen por Dios á templar esta amargura, ven, bien mió!...

Haz que cese por siempre mi tristura... Desvario!...

Esa hechicera me persigue infame.

Si lo acosa,

conseguirá por fin que no me llame yo su esposa.

Madre de Dios, que entre querubes moras, pues me aflijo,

intercede por mi con quien adoras, con tu hijo:

si de Oscar no pudiera la ternura conseguir,

concédeme siquiera la ventura de morir!

ESCENA XII.

Elvira, Oscar.

Elv. Oscar, acércate aqui!...

Observa mi desvario!...

Es un loco frenesí

que abrasa el corazón mió.

Tú me amas? Responde, di!...

Ose. Oh cielos!. i.

Elv ¿Callas, Oscar?

No deshagas mi ilusión, si me has podido olvidar, si no me llegaste á amar dimelo por compasión.

Ose. Vos ignoráis, bella Elvira, que voy siguiendo un camino espinoso, y que suspira mi pecho, porque conspira en mi contra mi destino.

Vos no podéis penetrar cuál se estravia mi mente, porque tengo que ocultar la angustia que el pecho siente, y padecer y callar.

Y no son vanas quimeras las que turban mi sosiego, ! son desdichas verdaderas; de mis palabras sinceras no comprendereis el fuego.

Elv. ¿Qué obstáculo puede haber para que diga su afan, á quien le llega á querer, á la infelice mujer que idolatra á su galan?

¿No nos habernos de unir en breve delante el ara, no nos ha de bendecir el abad, que hora llegára, para mi dicha cumplir?

No me escuchas declarar que solo por tu amor clamo?

Pues, por qué no puede Oscar á su Elvira pronunciar las palabras, yo le amo?

Ose. Si yo hablára de esa suerte, si digera la verdad, acaso fuera mi muerte ;

Í3 El Himeneo

horrible fatalidad me persiguió al conocerte.

Cuando el ministro de Dios termine nuestro deseo,

Elvira, entonces preveo la ventura de los dos por el lazo de himeneo.

Hasla entonces, si me amais, respetad este secreto; la adversidad ignoráis ó que me miro sujeto, si á decirlo me obligáis.

Elv. Comprendo; soy inocente en solicitar que á Elvira le pintéis pasión vehemente, cuando ocupan vuestra mente gratos recuerdos de Alcira.

Ose. (Alcira!... Alcira!... Ay de mi!

Ya principia su venganza!...)

Elv. (Cuán turbado’... Conoci por mi mal, que ya perdí de mi dieba la esperanza!)

( los dos se aparlan y quedan pensativos : se oye el

coro dentro ,)

Coco. Hoy el jardín de San Telmo con tanta sencilla flor, el paraíso parece hecho á manos del Criador.

El placer y la ventura en su centro se respira,

Adan es el buen Oscar, es Eva la bella Elvira.

Ose. Eso que cantando están encierra su analogía :

Eva sois vos, y yo Adan; entre los dos, con afan, pasó la serpiente impía.

Decid, Elvira, á este hombre á quien mata el padecer, quién os hizo conocer de Alcira el funesto nombre, que turba nuestro querer.

Elv. El cielo, que permitió que yo no fuese engañada, por eso me iluminó ; porque fuese desgraciada, mas por vos vendida, no!

Ose. ¡Cómo desgarráis mi pecho!

¡Si conocierais mi afan!

¡Si vierais este volcan!...

Pero ya, Elvira, esto es hecho; mis penas me acabarán.

Sois para mi el instrumento que ha elejido mi enemiga ; no comprendéis mi lamento, como esas palabras diga...

¡Oh Dios!... qué duro tormento!...

Dejadme, por Dios, callar; dejad que nos llegue á unir el ministro ante el altar.

Entonces, si, puede Oscar esas palabras decir.

Con qué placer las diría estrechándoos en mi seno!...

Mi pesar terminaría; este singular veneno que me abrasa, acabaría.

Miradme por compasión!

One no os suplique yo en vano!...