El poema de las mieses; cantos de amor, de esperanza y de duda; precedidos por una elegía de Leopoldo Díaz · Unidad 11 de 28

Unidad 11 · 60 CARLOS ORTIZ

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60 CARLOS ORTIZ

— ha, noche nos protege con su impaipaMe velo. La noche es buena amiga. Hay un secreto halago

Y una extraña poesía en su infinita calma, — ^Los cisnes nos escuchan.

— ^Los cisnes sobre el lago Se agitan como amores en la sombra de un alma. Asómate a mi alma, y en sus aguas tranquilas Verás pasar amores', cual cisnes del de^o, Bañados en la lumbre de tus hondas pupilas.. — Me asomo a tus miradas; sólo la noche veo.

— ¿No ves allá, en el lago, la larga cabellera De un sauce que se inclina con languidez sombría? También mi alma es un lago, y en su negra ribera Lloraba el triste sauce de la melancolía. Pero entonces llegaste, divina primavera,

Y surcaron mi alma, cuál cisnes, los amores,

Y el sauce que lloraba sombrío en la ribera Se pobló de murmullos y alegres ruiseñores.

— ^La luna, virgen tímida, ha desplegado un velo Sobre su faz de nieve. — Que tus ojos azules Se vuelvan a los míos; no mires más el cielo. Con ''hilos de la virgen" te haré pálidos' tules.

— La luna se ha ceñido la aureola de tristeza Que se ciñen los astros. — Vuelve a mí. Tu cabeza Reclina en el regazo de mi pecho robusto,

Y sostendrán tu cuerpo como lui frágil arbusto, j\Iis brazos que conocen las más grandes fatigas. — rLa luna se ha ceñido, como blanca Madona, Una corona mística. — Con dorada,s espigas Haré para tus sienes una regia corona, Diadema de oro pálido que envidiarán los reyes, Formada con espigas y con "lazos de amor",

Y cuando marehe al paso tranquilo de mis bueyes Serás la blanca reina que ría al labrador.

estío

Raudos pasaron para Ervar los días Como un sueño poblado de visiones Ra>ada«, entre amores y ale^-ías, — Los momentos de amor pasan fugaces — Así llegó el verano,

Y estuvieron de fiesta los gorriones. Ellos que esperan, ávidos rapace«». Ver madurar el suculento grano.

Así lle^fó Diciembre, el primer paje De su di^-ina majestad Estío. Rubio dios que se en\aielve en el ropaje Tejido en el vacío

Con los rayos de fuego de sus soles; Así vino en el hombro de los meses. Adornado de grandes girasoles, Para esparcir topacios en las parras.

Y escuchar en la gloria de las miese« El canto de los giillos y cigarral.

Es amable el buen dios ; va por el mundo Grave a veces, a veces, iracundo. Sembrando a manos llenas polvo de oro, Polvo de un rubio pálido. Átomos de destellos Que Se deshacen en el aire cálido,

Y caen, mágica lluvia de un tesoro Luminoso, en los llanos y en los valles; Con él empolva el trigo sus cabellos Cnmn niin duquesita de Vei'salles.