El poema de las mieses; cantos de amor, de esperanza y de duda; precedidos por una elegía de Leopoldo Díaz · Unidad 12 de 28

Unidad 12 · 64 CARLOS ORTIZ

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64 CARLOS ORTIZ

Es amable el buen dios; pero las flores Le temen, porque saben que .sediento Bebe ansioso las fuentes de frescura,

Y conocen sus bárbaros amores,

Y saben que su aliento

Pronto agosta la poética hermosura, Aja pronto los pétalos sedeños De las bellas corolas".

La llanura Cuando esparce la siesta sus beleños, Siente el sopor de las regiones áridas; Pero madura el trigo en sus casillas,

Y las frutas encienden sus mejillas, ]\Tientras pasan enjambres de cantáridas.

Y teme y ama el labrador sus flechas De fuego, cuando ordena las gavillas Para formar las parvas, Anchas de base y en la cima estrechas,

Y que se extienden como inmensas lanas De donde han de surgir ricas cosechas.

LA CORONA

El carnpo desarrolla su vasto panorama Donde cálidas brisas perezosas circulan; Ervar y Ella, caminan envueltos en la llama Del Sol, por los trigales que lentamente ondulan.

El mira los sembrados que cantan su conquista,

Y contempla su amada, que es su ensueño de artista.

— " ¡ Olí ! i Amada ! que la estrella del labi*ador nos guío. .Mira ya las espigas doblegadas al poso De los maduros granas." (A su lado sonríe La boca que en su boca hizo temblar el beso.")

*'/,No ves cómo la tierra me cumple sus promesas?

Y tú cumples lajt vuyas euanJo mis labios l)t'sas. Los trigales se extienden como un miraje de oro,

Y a mi lado te yergues como una flor divina ; Los trigos, ya maduros, me brindan su tesoro,

Y til boca me ofrece su música argentina.

Y así mi vida canta:

Estrellada de amores tu alma se ilumina,

Y cargada de finitos se inclina cada planta.

*'Y los trigos se miran en tus pupilas hondas,

Y tú estampas en ellos tus luminosos rastros,

Y cuando tus pupilas copian las mieses blondas Parece que en tus ojos se deshicieran astros.

''Que siempre se reflejen en tus dulces miradas Mis dichas.*'

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— Poco duran las visiones doradas: El oro de las tardes muere en la noche fría. — Y el oro de la aurora muere en la luz del día. Amor al tierno amante le ha brindado sus goces,

Y al labrador los suyos la tierra y el estío. Maíáana sobre el trigo fulgurarán las hoces Cuando la luz primera boba el fresco rocío.

*' Mañana., desde un trono que te haré con gavilla?, Como una blanca reina que presencia un combate, Verás el noble esfuerzo del segador que abate Los trigos, mientras vuelan sns canciones sencillas.

''Mañana es nuestra fiesta; verás cómo abandona En nuestras fuertes manos la tierra su tesoro;

Y tú serás la reina, y te haré una corona Para que imperes bella sobre tu trono de oro."

• — Yo no soy una reina; yo soy sólo un misterio. — Tú imperas en las almas y mi vida es tu imperio. ¡ Oh ! ven y en el ra^rojo que canta mis fatigas, Buscaré las espigas más grandes, las espigas Más rubias, y con ellas tejeré la diadema Que realzará en tu frente tu belleza suprema.

Teje Ervar la corona, y teje sus canciones El pájaro que pasa en busca de su nido ; Así teje la vida guirnaldas de ilusiones,

Y así teje la muerte sus guirnaldas de olvido.

— ^Mira, ya toma forma; lentamente se enarca: Es el anillo de oro de nuestros esponsales." (Para la frente augusta del altivo monarca Aj3Í tejen los héroes las diadem'as reales.)