El poema de las mieses; cantos de amor, de esperanza y de duda; precedidos por una elegía de Leopoldo Díaz · Unidad 17 de 28
Unidad 17 · CANTOS DE AMOR, DE ESPERANZA Y DE DUDA
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CANTOS DE AMOR, DE ESPERANZA Y DE DUDA
La Princesita callada y miL^tia Qi''^^la un imtantc : de.ípnés agrega:
— Señor, deeid: ¿También en ella mora la Angustia? — Sí, blanca niña ; la Rabia ciega
También allí.
— ¿ Quién soi¿ ? — pregunta ; sus grandes ojos, Grandes y aziile?. muestran que es honda
Su admiración. ¿Quién soy. Princesa de labios rojos? Nada os admire. Pi'incesa blonda:
¡ Soy el Amor !
1895.
EXCELSA
Pasa la bella donna 6 par che sogna.
Con majestad olímpica de diosa Pasa la i^eina, la del bu3to regio; La que lleva en su frente esplendorosa La palidez mannórea de los nardos,
Y en su voz argentina el suave ai-pegio Que surge de las arpas de las bardos.
Pasa ondulante, sideral, esbelta.
Y todo anta su paso se perfuma ; Ella es la Venus Afixxlita, envuelta
No en el niveo ropaje
•De la pálida espuma,
Sino en la seda de crujiente traje.
No ''el flamenco nadando en la laguna": Es el cisne que cruza por el lago A los tenues fulgores de la luna; Es la visión que en el ensueño vago, En los ensueños de la mente, flota; Es ende<íha, es arrullo, es melodía,
Es la trémula nota,
Es la suave armonía Que do las cuerdas de la lira brota; Es música, es efluvio y es destello, Rayo de luz, perfume de las flores, Es ci'eación de lo artístico y lo bello, Ee el ritmo triunfal de los amores I
lOO Carlos orti2
Ella es la reina blonda, inspiradora De los líricos cantos del poeta; Es la niaga que hecliiza y que fulgura, La maga seductora Que las almas sujeta Al supremo poder de su hermosura.
Subjniga a su poder los corazones; Hace soñar, oomo la rubia Amira De las "Hojas al viento". Hace el'evar el alma a otras regiones, i Excelsa] ¡Excelsa! Su hermosura inspira Hace brotar en mágicas canciones ¡Trovas de amor de la vibrante lira!
CROMO
El semblante de diofia; la mirada Profunda, i>enetrant€, Con más luz y más fuego que en el airtro Que arriba, entre las sombras, centellea
Atravesando errante De los cielos la bóveda azulada: Ojos rasgados, frente de alabastro Donde parece fulgurar la idea.
Sus mejillas colora Ese tinte sutil de la eglantina Cuando en ^i seno virgen languidece; Esc rosado suave de la aurora Que al ñilgor de un incendio se parece ; Cual las alas de parda golondrina
Las pestañas se extienden,
Y las miradas velan De sus ojos magníficos que rielan Como luceros que en la noche esplenden
Surge como una mágica armonía, Como sublime canto, Su palabra, celeste melodía Que sale de su boca muy pequeña; Arroba los sentidos con su encanto,
Y al verla se diría Que con cosas del cielo sólo sueña.
En sus ojos hay fuego, En su palabra arpegios ignorados;