El poema de las mieses; cantos de amor, de esperanza y de duda; precedidos por una elegía de Leopoldo Díaz · Unidad 24 de 28

Unidad 24 · LAS FLORES DE MUGUBTTE

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LAS FLORES DE MUGUBTTE

— ^fngiiette: pM>r tus flores te cambio mis amores. — j, Acaso tas amores valen más que mis flores? — I No .sabes que en un día la flor se descolora ? — ¿Y acaso el amor puede vivir más de una hora? — Tienes razón: -mi alma es un jardín, bien mío, Lleno de amores — ^rosas de pétalos muy rojoÉí — \ así como a tus flores las mata el sol de estío, ^lucren al sol de fuego de tus ardientes ojos: í^os matan tus miradas. — Pues bien, toma^ mis flores. — Ponías sobre la tumba, ^.íufruette, de mis amores.

EVOCACIÓN

Es la hora en que florecen las rosas de la tarde, Hora de los ensueños y las evocaciones, En que la noble estrella de los recuerdos arde Mientras brotan dolientes las trémulas canciones.

Bajo la augusta sombra que desciende del cielo, IVIi corazón, cansado, te evoca en su tristeza. Vestida, como mi alma, con tu traje de duelo,

Y soñadora en medio de tu oriental belleza.

Te vi mientras cruzabas por las sendas tranquilas, Llenando de armonías las vag-as soledades,

Y a la luz de tus negras y mágicas pupilas Sentí todas mis penas disolverse en bondades.

Y guardo de ese instante, guardo de ese minuto. Del cielo y de tus ojos, de tu voz, de la bri.^a, Del roce de tus labios, de tu ti'aje de luto.

El inefable encanto de una dulce sonrisa.

Ob! sí: guardo de entonces un eco Bileaicioso, Algo como misterio de una visión supreiíia : Surgió de esa sonrisa nacida de un sollozo Oh ! Amada, este sollozo que expira en un poema I

EL RUISEÑOR (Vijilaixe)

Cual bulliciosa banda de tordos soi*prendidos, Hoy sobre mí se abaten mis recuerdos queridos;

Y llegan y se abaten entre el seco follaje Del corazón que mira su láng^uido ramaje En el violeta espejo del agua de las Penas,

Del agua que a su lado solloza y corre apenas ;

Se abaten, y el murmullo que de entre el árbol vuela

Y que una débil brisa que va creciendo, vela,

Se extingue gradualmente; calla la tropa alada

Y al cabo de un instante ya no se escucha nada, Nada más que la voz celebrando la Ausente,

Nada más que la voz — j tan lánguida y doliente ! — Del pájaro que ha sido mi Amor primero un día,

Y que canta lo mismo que entonces, t-xlavía,

Y en el esplendor triste de una solemne luna, Alzándose velada de palideces, una

^Melancólica noche, negra noche de estío Llena de obscuridades y silencio sombrío. Mece sobre el azur, que una brisa desflora, Al árbol que se agita y al pájaro que llora.