El problema nacional de la educación pública · Capítulo real 3 de 4

CAPITULO III

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 37 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

CAPITULO III

GRADOS DE LA EDUCACIÓN INDUSTRIAL

Hay en la educación industrial tres grados bien distintos que podremos denominar elemental, técnico y práctico, respectivamente. Consultando la claridad, nos ocuparemos en párrafos separados, de cada uno de ellos.

§ I. LO ELEMENTAL

A. — Materias de enseñanza

No correspondiendo á la educación industrial sino lo que sea estrictamente indispensable para preparar lo que podríamos llamar la autonomía económica del individuo y para hacerlo capaz de continuar por sí mismo en la senda de su mejoramiento educativo individual; al logro de estos solos propósitos, debe subordinarse toda la organización del sistema. En el grado elemental, es evidente además, que sólo deberá comprenderse los ramos que necesita cultivar todo hombre, cualquiera que sea el tecnicismo

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profesional ó el oficio que haya de seguir; ya sean, dichos ramos, indispensables para servir de fundamento á los conocimientos técnicos, ya lo sean, por lo que haya ea ellos de necesario, para hacer adquirir el hábito de la lectura y el de practicar en artes. Sólo esto es indispensable, para poder en seguida, con esos saludables hábitos y las nociones fundamentales adquiridas, continuar por sí solo su propia educación, aprovechando, al efecto, de las tres horas diarias que todo hombre debe dedicar á su perfeccionamiento individual, cualquiera que sea su fortuna y estado y la naturaleza de sus ocupaciones industriales ordinarias.

Para lograr tales resultados, las únicas materias necesarias son las siguientes:

1 — Lectura correcta y con inteligencia clara de lo que expresa.

2 — Cálculo aritmético completo, práctico y razonado, con aplicacioaes al comercio.

3 — Elementos de Geometría y de Algebra suficientes, bien comprendidos y con aplicacior nes prácticas y sencillas.

4 — Elementos de Física y Química experimentales, con aplicaciones prácticas adecuadas.

5 — Elementos de Mecánica y de Cosmografía, con aplicaciones y problemas prácticos y sencillos.

6 — Conocimiento práctico de algunas principales especies vegetales y animales y de sus hábi* tos y costumbres más notables, así como de la distribución general anatómica de los organismos.

7 — Principales nociones de Geografía general y del país.

8 — Gramática castellana.

9 — Un idioma vivo (inglés de preferencia).

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10 — Prácticas higiénicas y de urbanidad y buen trato, y lecturas sobre esas materias,

11 — Escritura de forma elegante y con corrección ortográfica y prosódica.

12 — Dibujo al lápiz.

13 — Pintura y modelado.

14: — Música, canto y baile.

15 — Ejercicios físicos, de sport, de carrera, salto, natación, etc., etc.

16 — Trabajos manuales, sobre madera y fierro, papel y cartón, principalmente.

En esta lista de materias, no todo es intelectivo; hay oficios manuales y artes varias, que convenientemente repartidos, permiten tener ocupado al educando todo su tiempo y de modo tal, que unas ocupaciones sirvan de descanso á las otras. La lectura y el estudio fatigan el intelecto; pero los trabajos manuales, los ejercicios físicos, la música, el canto y el baile, el dibujo, la pintura y la escritura, le permiten tomar todo el descanso necesario; y cuando las fuerzas físicas á su vez se hayan fatigado, la lectura y el estudio encontrará preparado el intelecto para aprovechar de su acción. El secreto del sistema consistirá únicamente, en la manera de distribuir el tiempo para el cultivo de los diez y seis ramos de educación que hemos enumerado.

De otro lado, en los ramos de orden intelectivo, no todos ofrecerán igual dificultad. Los números 2 y 3 que corresponden al cálculo aritmético la Geometría y el Algebra, son en verdad los más difíciles; pues no sólo no hay para ellos, el auxilio de los experimentos y las manipulaciones de laboratorio, ó el de los muestrarios, las ilustraciones, los museos y los jardines botánico y zoológico, etc., etc., con que tanto se facilita el estudio de las ciencias físicas y natu-

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rales, sino que, en esos ramos de matemáticas, hay la dificultad de asimilarse los conceptos de cantidad, expresión algébrica; etc., etc., que no son fáciles de adquirir á todos los intelectos, sino con cierta condición de tiempo y de esfuerzos, y haciendo los estudios con cierta subordinación y cierto orden en la exposición de los principios y sus consecuencias, que por sí solos exigen cierta prelación de materias y años sucesivos de estudio. Así, el Algebra y la Geometría no pueden abordarse antes que la Aritmética, y si bien, es posible estudiar la Geometría antes que el Algebra ó al mismo tiempo (jue ella, es lo cierto que el carácter de abstracción propio de estos ramos y la cantidad mínima de conocimientos que en ellos son indispensables para conocerlos de modo útil; ambas cosas, obligan á hacer esos estudios en cierto orden de subordinación que demanda tres años sucesivos, y con sujeción a programas muy bien preparados; por toao lo cual, no es posible abordarlos aisladamente ni hacerlos simultáneos.

Se hace pues imperioso cultivar esos ramos; pero debe hacerse solamente en lo que de ellos sea en verdad necesario, para servir de base a la inteligencia de esas ciencias y á la adquisición de la capacidad de raciocinio y cantidad de doctrina, que el educando ha menester para la inteligencia de las aplicaciones y para nacerse apto de continuar, por sí mismo, estudios complementarios, si asi le conviniera para perfeccionar su educación técnica y clásica.

En compensación de estas dificultades, se tendrá, con esos tres ramos, que son el nervio de toda educación, dominadas puede decirse todas las demás materias, ^ue son abordables, aisladamente y sin sujeción a orden alguno que los ligue con los demás.

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Los ramos de Física y Química, Mecánica y Cosmografía no ofrecen entonces ninguna dificultad, y basta la lectura para dominarlos; mucho más, si hay material de enseñanza suficiente para hacer experimentos y estudios prácticos por sí mismo.

La Historia Natural es el curso que má,s necesita del material de enseñanza y de profesor perfectamente conocedor y práctico. Pasa algo semejante con los idiomas, por ser para ellos indispensable oír la voz viva del profesor y que éste sea muy entendido en el arte de enseñarlo. El estudio de pura memoria debe ser absolutamente proscrito y eliminado, tanto de la enseñanza de Historia natural, cuanto de lá de idiomas. Los libros en esos ramos convienen bien, para los que saben y desean perfeccionar sus conocimientos, pero el efecto es contraproducente para los estudiantes: ni el jardinero para conocer sus plantas, ni el niño para aprender su idioma hacen uso de textos.

Sólo nos resta mencionar la Geografía y la Gramática, y las prácticas higiénicas y de urbanidad y l3uen trato, así como las lecturas sobre estas materias. Desde luego, en estos ramos, el estudio no tiene razón de ser y sólo en Geografía podría tolerarse un poco La lectura razonada y comentada y los constantes ejercicios con el profesor, son los únicos medios racionales de adquirir esos conocimientos; las lecciones de memoria dan, en esto, efectos contraproducentes.

Después de las consideraciones en que hemos entrado, no será difícil comprender lo indispensable que es limitar la extensión de lo que sé enseña, únicamente á lo indispensable; y de otro lado, hacer de modo que ese poco, considerado indispensable, sea adquirido por el educando, real y efectivamente, con la más perfecta clari-

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dad de comprensión y con las imágenes é intuiciones más completas de cada cosa. Se logrará ese resultado, en todos los ramos, adoptando programas cuyo material no exceda del que pueda contenerse en diez volúmenes del formato de este mismo libro y de 280 páginas impresas cada tomo; más ó menos, veinte volúmenes contó el de esta obra, es lo más que debe comprender toda la masa de conocimientos necesarios para la educación industrial en su primer período. .

Esa extensión basta; cualquier exceso causaría verdadero daño á la educación. Práctica, cuanta se requiera; teoría, únicamente la indispensable. Ningún curso debe pasar de 280 páginas á lo más y unas con otras no debe pasarse de las 2800 páginas indicadas en toda la educación elemental.

B. — Distribución de los estudios

Ya hemos dicho, al ocuparnos de la distribución del tiempo, que no debe contarse para la educación, con más de cuatro horas diarias, ni que es conveniente el funcionamiento de la Escuela por período más largo de tiempo, para el mismo personal de cursantes. Veamos ahora cómo debe distribuirse, según las edades, la enseñanza de esos ramos.

Para niños de 4 á 6 años, cuya facultad de atender es casi nula, no debe contarse con más de una hora al día para el trabajo del entendimiento; y esto, todavía, con el cuidado de repartir esa hora en uno ó más períodos separados por intervalos mayores de tiempo que deben ocuparse en la enseñanza práctica de objetos y cosas, ejercicios, juegos, etc., para lo cual, hay

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disponibles dos horas de escuela y una de taller.

Esa hora sola, durante dos años, basta y sobra para que el niño aprenda á leer, escribir y contar un poco, sin que sea necesario atormentarlo ni maltratar con este sistema; sin darse los niños, puede decirse, cuenta de la labor que hacen, entre juegos y pasatiempos bien conaucidos, concurrirán a sus lecciones, cortas como para su delicado cerebro, y se hallarán á los seis años de edad, sabiendo leer y escribir, sin haber percibido el esfuerzo hecho para lograrlo; como se hallan siempre, hablando su propio idioma, sin saber como han hecho aprendizaje tan valioso.

Estos resultados se obtendrán necesariamente, siempre que haya competencia y consagración en los maestros, y el material adecuado Sara la educación de los niños; y estos, trataos así, lejos de tener terror á la Escuela, desearán ir a ella, atraídos por el juego y el retozo que es lo que percibirían más claro, por lo mismo que debe ser lo que más ocupe su tiempo al lado de sus maestros.

Para niños de 6 á 8 años, que también deben permanecer en la Escuela sólo cuatro horas, pero que pueden emplear dos en el trabajo intelectivo, las materias de enseñanza que pueden cultivar deben ser, además del cálculo aritmético que sería lo único serio, las siguientes:

1 — Dibujo al lápiz.

2 — Trabajos manuales.

3 — Escritura, de forma y ortografía correctas.

4 — Lectura, con corrección gramatical, y ligeras explicaciones sobre el sentido de lo que expresa. El tema de cuentecitos que despierten la atención del niño, será lo más adecuado.

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5 — Prácticas higiénicas y de urbanidad.

Como se ve, por esta lista, todo lo que domina es de carácter práctico para ensenar lo nuevo y de ejercicios sobre lo ya aprendido; y, únicamente para el cálculo aritmético, se toca de modo seno al entendimiento del educando, pero en esto mismo, en dosis muy corta; pues, para esta labor habrá disponible una hora diaria, durante dos años; es decir, lo suficiente para muchos ejercicios, y la dosis de teoría que exige este período de la educación. Así las cosas, se hará el estudio en cantidad muy moderada si se tiene el cuidado de impedir que sea de memoria; y se logrará además, mucho en favor de la afición á la lectura y de la mejor inteligencia de ésta y de las explicaciones del maestro; todo sin fatigar el espíritu, puesto que no ha de pasar de una hora al día el trabajo propiamente intelectivo.

El niño irá así, poco á poco, despertando en sus energías psíquicas y adquiriendo el deseo de aprender y el sentimiento de amor por la verdad; por lo mismo que ésta no se le ha presentado nunca, sino bajo las formas más simpáticas. Cuando ese interés se haya completamente formado y se comprenda la utilidad del saber, sentirá el niño la necesidad de retener en la memoria el contenido de lo que lee; y entonces, por sí mismo, leyendo varias veces con atención y deseo de entender, verá que esa repetición de lecturas va grabando en la memoria todas las cosas, no por su sonido literal, sino por su significado y contenido. Será pues natural, que haga uso de esa facultad y tenga placer en el despertar de esa energía, y así sucederá necesariamente si la educación sigue el rumbo que señalamos.

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Para los niños de 8 á 10 años, que también deben permanecer en la Escuela no más de cuatro horas al día, y que suponemos preparados debidamente en los cuatro años anteriores, la capacidad del estudio ha aumentado, al punto de soportar al día tres horas de trabajo intelectivo; podrá pues consolidar sus aptitudes en el cálculo aritmético iniciado en los dos años anteriores, y podrá completarlo al punto de hacerse fuerte en el cálculo práctico y plantear y resolver los problemas más usuales, con la más completa seguridad é inteligencia del asunto. Le bastará para esto una hora al día, y en los tres restantes, durante los dos anos, deberá cultivar los ramos prácticos siguientes:

1 — Pintura.

2 — Modelado.

3 — Canto.

4 — Música.

5 — Oficios manuales.

6 — Carrera y salto, natación y gimnasia.

7 — Prácticas higiénicas y de urbanidad.

Además, podrá emplear ordinariamente unas dos medias horas en la lectura explicada y con corrección gramatical, de cuentos primero y después de monografías útiles y de asuntos que

Euedan interesar al niño y al propio tiempo le agan adquirir conocimientos sobre cosas varias: datos históricos, geográficos, etc., etc.

En resumen, vemos gue, durante seis años, lo único pesado que el niño ha aprendido es aritmética práctica; y bien se comprende que la habrá logrado dominar por entero,con este sistema, sin darse cuenta del capital enorme adquirido y que, en nuestro concepto, es lo único que debe componer la educación primaria de los niños. Con ella se habría colocado en cada uno, las bases más sólidas de su porvenir en la vida real;

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y aún cuando no prosiguiese en su educación, es seguro que lo aprendido le bastará, para trabajar en los talleres con provecho y nacerse capaz de dirigirlos, no sin haber adquirido al propio tiempo, las aptitudes necesarias para la vida social y para proseguir por sí mismos si así lo desearan, la educación complementaria de que fuesen capaces.

Entrando el niño en la edad de diez años y provisto de la educación aue hemos bosquejado, representa para el Taller, cuatro horas de trabajo diario y otras tantas para la Escuela. Su cultura intelectual y su desarrollo orgánico, permiten ya, entrar con más firmeza en el cultivo del intelecto, y el hábito de la lectura y del estudio, fundado en aquella y en la reñexión, permiten aumentar la carga en los ramos teóricos, y reducir á su mínimo los demás. En esta época, las materias de enseñanza deben ser las siguientes:

1 — Aritmética comercial j razonada .

2 — Elementos de Geometría.

3 — Nociones de Geografía.

4 — Principios de Gramática, y

5 - Un idioma vivo.

Estos cinco ramos deben abordarse á la vez y durante dos años seguidos. Los programas deben ser lo más reducidos posible, concretándose á lo más indispensable únicamente. En cambio, la enseñanza debe hacerse sólida, práctica y bien fundada, con ejercicios y problemas adecuados á destruir en el alumno todo espíritu de charlatanería.

En este grado de la educación es cuando debe procurarse desarrollar el raciocinio en los educandos, sin que sea necesario y muy al contrario, para tal objeto, recargar su intelecto de ideas y nociones que no sean indispensables.

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No debe perderse de vista que lo esencial de la educación es hacer que el niño tome amor al estudio y adquiérala voluntad de educarse; si eso se logra, no imj)ortará mucho que el bagaje de verdades adquirido sea escaso, siempre que ese poco sea bien entendido y deje en el espíritu del alumno el deseo de aprender más. Con ese deseo, es seguro que el joven, más tarde, proseguirá educándose, y toda su vida será su propia educación una de sus ocupaciones ordinarias.

Para niños de 12 á 14 años, las condiciones del educando no han cambiado mayormente; pero ha venido haciéndose este más apto para el estudio, y el trabajo del taller le ha hecho ver cada día con más claridad la necesidad de aprender, y haciéndole sentir la realidad de la vida, ha ido formándole de ella las más claras intuiciones. La educación ha hecho en esa época, notable adelanto, y el obrero está ya casi formado: apenas necesita algunas pocas cosas para terminar su educación industrial elemental. La enseñanza, entonces, debe comprender primeramente:

1 — Elementos de Algebra.

2 — Principios y experiencias de Química.

3 — Conocimientos anatómicos y demográficos de animales y plantas.

Después, debe comprender:

1 — Elementos de Mecánica.

2 — ,, de Cosmografía.

3 — , , de Física.

Dos años de estudios serán suficientes para estas seis materias, tres en cada año.

Con ellas termina la educación elemental. Todo hombre la necesita, sin excepción alguna, y de allí que debe hacerse obligatoria; pero, se en-

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tiende, en el modo y forma que indicamos: limitada á solo lo indispensable, y de manera que no emplee más de cuatro horas diarias para la enseñanza, ni exceda de cuatro horas, igualmente diarias, para el taller.

C. — Los alumnos libres

No siempre se hallarán los alumnos en las condiciones, de edad y preparación, que vamos suponiendo. ¿9ué se hará en esos casos? Larespuesta no es difícil.

Con más anos de edad, será más fácil adquirir la educación, porque el intelecto y la voluntad se hallarán más desarrollados y más expeditos para el trabajo; y como al propio tiempo puede prescindirse de ejercicios, juegos, trabaios manuales y demás, que. para ganarse la voluntad del niño y para protejer el desarrollo de su organismo eran indispensables y ahora nó; resultará, en último análisis, que toda la educación elemental podrá reducirse á lo esencial, únicamente; en muchos de estos casos, á lo siguiente:

1.** — Leer escribir y contar. 2.** — Aritmética, Geografía y Gramática. 3.° — Geometría, Inglés, Historia natural. 4.° — Algebra, Cosmografía y Química. 5.*^ — Mecánica, Física y Dibujo.

La Urbanidad y buen trato, la elegancia y corrección en la escritura; la pintura y el modelado, la música, el canto y el baile; los ejercicios físicos y de sport, la carrera, el salto, la natación, etc., así como los trabajos manuales, sobre madera y fierro, papel y cartón; todo eso, puede ser cultivado en cualquier época de la vida y aisladamente ó á la vez, á voluntad de cada uno y según sus circunstancias y facultades; de modo que, siempre será tiempo de conse-

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guir esa educación complementaria, elemental que lleva á la educación social y que puede facilitarse con las academias, ó por lecciones á domicilio, y aún por sí mismo en muchos casos.

Quedan pues reducidos á cinco escalones, únicos obligados, los necesarios para adquirir la educación elemental que, para niños hemos calculado comoadqueribles, pausadamente, en diez años. Los Que se hallaren en los catorce ó más, sin haber adquirido su educación elemental, necesitarán pues, para llenar ese vacío, cinco años, desde luego; pero en ningún caso llegarían á necesitar diez años como pasa con los niños, en el caso ordinario. Por supuesto que, no podrán quedar sujetos al mismo régimen los que con edad mayor tienen más facilidades, y han menester de medios más expeditos para aprender,

En todo caso, sea que la educación se adquiera pisando primero las escuelas desde los 4 años, sea que principiando de más edad se obtenga aquella educación , por medio de colegios y academias y libremente después; de todos modos, una vez adquirida esa educación, se quedará capaz de continuarla por sí propio, porque se habrá adquirido la aptitud de leer libros y periódicos, comprendiendo el contenido y pudiendo en consecuencia, ampliar y complementar sus propios conocimientos; todo se facilitará con el háoito de la lectura, que es lo esencial para asegurarse una educación cada vez más esmerada y com-

{)leta y en cierto modo autonómica. — • Saber eer y gustar de la lectura, es un capital enorme en la vida.

Lograda la educación elemental, del niño ó del joven, se hallará el sujeto en condición de fijar el rumbo de su vida. Tiene para ello edu-

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cación suficiente y sólida, sin charlatanería; y, como en el Taller ha adquirido intuición clara de la realidad de la vida, se sentirá hombre capaz ya, dé tomar su rumbo y lo fijará sin vacilaciones. Podrá ser operario, maestro, director técnico ó empresasio; ¿ por cuál camino optará? Fácil le será decidirlo si tiene en cuenta sus facultades personales, los recursos con que cuente y el medio social en que vive. No habrá, en nuestro pequeño hombre, esa pereza del estudiante ae oficio; por el contrario, sabiendo por propia experiencia lo que vale un principio^ una regla 6 un modo de hacer bien las cosas y con ello ganar dinero, y sabiendo igualmente estimar su valor, y medirlo por el propio esfuerzo que le ha demandado ganarlo en cada día, sabrá lo que valen el tiempo y el dinero y trazará su rumbo con exacto conocimiento de las cosas.

Si sus condiciones de fortuna y sus facultades tienen cierta importancia, podrá continuar dedicando al taller, solamente cuatro horas, á lo que ya está acostumbrado; y esto resuelto, continuará su educación industrial entrando en la parte técnica, esto es, la parte necesaria para adquirir un título profesional: de médico, abogado, ingeniero, agrónomo, químico, etc., etc.; y por consiguiente, deberá seguir sus estudios en alguna Escuela especial 6 Centro Universitario.

Si las facultades de nuestro candidato, no son sobresalientes, ó al menos, no las encuentra adecuadas para prometerle éxito en la adopción de una carrera profesional, amplia, podrá adoptar alguna más liviana, de las que se adquieren en esos mismos centros, pero con menos estudios y menor número anos; y si, ni aún para esto, tiene aptitudes ó bienes de fortuna que le permitan cultivarlas ó si á ello se oponen circunstancias especiales, le bastará con la educación

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elemental recibida, y dedicará su tiempo todo disponible, es decir sus ocho horas, integramente, al trabajo remunerado, en el comercio, en la industria ó en la agricultura, etc. Esto le asegurará una situación económica en la vida, y no será obstáculo para impedirle que complete su educación comercial en alguna Academia ó Escuela libre, adecuada al logro de ese objeto. Por esos medios con una asistencia periódica, dentro del período de una ó dos horas que todo hombre debe tener diariamente disponibles para el cultivo de su propia educación, logrará completar ésta, sin sentirlo y poco á poco.

Si no siendo holgadas las condiciones de fortuna, se poseen de otro lado facultades superiores, á lo menos de cierta importancia, la lectura en el hogarpara lo teórico, será suficiente; y para lo práctico y experimental únicamente, será indipensable la asistencia á las academias, conferencias, oficinas de experimentación, de ensayes, etc., etc.

No serán posibles, sin embargo, las soluciones que indicamos, si no existen academias en el lugar ó si su existencia es irregular ó insuficiente, como sucedería por ejemplo, si en esos centros no se dictaran todas las materias ó si los profesores noestuvies en á la altura de su cargo, sea por falta de ciencia, de experiencia, de método ó de buena voluntad. Habría también imposibilidad de educarse por medio de esos centros: si su material de enseñanza no fuese completo y adecuado; si en los jardines y muestrarios faltasen ejemplares que tener á la vista; si en las monografías, dibujos, imágenes y demás accesorios que deben facilitar el conocimiento de las cosas, no hubiesen todos los datos é ilustraciones necesarias.

Con todo j por muy grande que sea el mal, como lo es indudablemente, de que esas acade-

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mias se hallan en el grado de imperfección que hemos indicado, ó lo que es peor, que no existan tales centros para la educación pública; con todo, ese obstáculo es muy inferior al que resulta de la costumbre muy funesta por cierto y muy corriente en los pueblos de origen latino, de establecer monopolio para la expedición de diplomas de suficiencia, y hacer que éstos sean solamente para los que, haciendo el oficio de estudiante, nayan cursado año por año, las iriaterias que se enseñan ó se dice que se enseñan, en el establecimiento oficial destinado á la enseñanza profesional correspondiente.

Las funestas consecuencias de este monopolio son incalculables: se cierra el paso á todos los que no pueden hacer estudios en el modo y forma usados en el establecimiento oficial; y se priva así, a muchos del derecho de emprender en determinadas profesiones, donde podrían ser de utilidad incontestable para sí y sus familias, y muchos también, para la patria j la humanidad, como pasa con tantos de los sabios modernos que han hecho sus estudios por su propia cuenta, sin sujeción á régimen de escuelas y colegios oficiales y cuya celebridad basta para justificar el derecho de todos á eliminarse de esas trabas de monopolio con que las medianías cierran las puertas al talento y al genio.

De otro lado, con el sistema de monopolio, dándose los exámenes ante los mismos profesores, no hay control que obligue á éstos á estar con el día en materia de conocimientos: los elogios mutuos todo lo tapan, la enseñanza desmejora, el nivel intelectual desciende, y los diplomas se expiden, generalmente, no en razón de las aptitudes sino en razón de la respetuosidad del alumno, la asiduidad de su asistencia á clase y la humildad ó altura de su condición social; factores todos, que juegan á su modo y que

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influyen decisivamente como no influye el saber, para la expedición del diploma de suficiencia técnica.

En algunos casos, es permitido á los estudiantes no matriculados ó de oficio, rendir los exámenes profesionales; pero esto debe hacerse ante jurados de la Escuela oficial, y entonces el espíritu de cuerpo ó el instinto de conservación mal entendido, influye de tal modo, que raro es el candidato que puede conseguir su intento. Sólo en casos muy especiales logrará ser aprobado sin encontrar tropiezo.

El gran progreso técnico (jue se ha alcanzado en Alemania y Estados Unidos, se debe principalmente á la libertad de que allí goza la enseñanza; no existiendo esos monopolios, ni aún para el título de doctor. El progreso de la educación, exige imperiosamente eliminar ese nionopolio de diplomas, y que todas las profesiones sean accesibles, á quienes pueden probar ante jurados competentes, q^ue poseen efectivamente los conocimientos exigidos por las leyes; sin que sea necesario, para lo menor, que esos candidatos sean ó hayan sido alumnos matriculados de Escuela determinada. El cargo de examinador debe ser enteramente distinto del de profesor; y el derecho de ser examinado, en cualquier ramo 6 profesión, debe ser, independiente del derecho de estudiar en un Estableció miento de educación. En la legislación educativa, este principio debe ser base fundamental. Solamente así alcanzará todo su desarrollo la educación del pueblo; y adquirirá toda su altura y superioridad la enseñanza oficial. Sólo así saldrán de sus pañales en el Perú, la ciencia y el arte.

El momento de esa libertad, que preconizamos para el Perú, no está lejano. Los aires del Norte traen ideas nuevas, día á día, y esas ideas

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van poco á poco imponiéndose á los espíritus y ganan terreno, más y más. Terminarán, pues esos monopolios de diplomas, en favor de estudiantes de número; y pronto, veremos que los títulos profesionales no serán negados al saber y á la competencia, se haya ó no seguido los estudios en Establecimiento determinado y sean ó no sean los candidatos admiradores de los sabios oficiales.

§ II — Lo TÉCNICO

Después que, mediante la educación elemental, se ha logrado, aprovechar el tiempo, de los diez á los catorce años, en nutrir y ejercitar el espíritu y el organismo, á punto de tener á esa edkd asegurada la consistencia de los tejidos orgánicos del cuerpo y la suficiente potencialidad nerviosa en el cerebro, para poner en juego la razón, con suficiente amplitud, y para pedir á los músculos un poco más de trabajo dinámico y á todo el organismo la necesaria resistencia; después que, mediante aquella educación elemental, se ha aprendido á conservar la salud, á amar el estudio y la lectura, á distinguir entre lo verdadero y lo falso, y á ser serio en las cosas serias, y alegre y decidor en lo de suyo ligero; después que, en el trabajo remunerado se ha podido apreciar el valor de una verdad, y la utilidad de ganar un salario; después, en fin, que por la propia experiencia y sin engaño ni lisonja, cada uno ha podido conocerse á sí mismo como potencia, en lo psíquico y en lo físico, y ha podido apreciar así, sus propias fuerzas para trazarse por sí propio el rumbo de su vida; entonces, ha llegado la época de entrar en la educación técnica y de elegir sitio en ella,

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según los elementos que á cada cual corresponden.

En esta educación, los conocimientos deben ser especializados por oficios y por profesiones.

Para adquirirlos, debidamente, es menester contar con muchas instituciones docentes, de costosa organización y funcionamiento; con un material inmenso de enseñanza; y con un numeroso y competente cuerpo de profesores en lo teórico y en lo práctico. Se requiere también en esa clase de educación, por parte del educando, de una consagración muy seria al estudio; y tanto, que éste concluye por absorber todo el tiempo que en la anterior educación se destinaba al sport y al cultivo del arte.

Todo lo que sea ajeno al tecnicismo que se desea dominar, es preciso, en esa época, suprimirlo; pues de otro modo, no se alcanzaría en las cuatro horas diarias, únicas que deben consagrarse por día á la educación, el objeto perseguido en ella, es decir: la adquisición, en el menor tiempo posible de todos los principios, reglas y modos que corresponden á cada tecnicismo profesional.

En la educación técnica se comprenden todas las profesiones llamadas liberales, como son las de abogado, médico, ingeniero en todas sus especialidades, químicos, agricultores, comerciantes, contadores, administradores y gerentes de empresas industriales y de trabajos públicos, arquitectos, pintores, escultores, conductores de trabajos, contramaestres, capataces, operadores, manipuladores, y en ñn, todos los ramos de la actividad humana, cuyo buen desempeño ha menester de conocimientos especiales teóricos y prácticos, más ó menos extensos y más ó menos difíciles.

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Entre esos ramos de tecnicismo, hay algunos que podrían adquirirse con solo un año de educación, y otros que pueden demorar dos, tres, cuatro, y hasta cinco años de estudios regulares, si comprendemos entre ellos los dos preparatorios que demandaría muchas de esas profesiones técnicas, y que se hacen generalmente en Establecimientos especiales ó en las Facultades de ciencias y de letras según los casos.

En la educación elemental, hay ciertos ramos: Aritmética, Algebra y Geometría, (jue constituyen lo más difícil de vencer. Radica esa dificultad, principalmente, en no poder seguir esos estudios sino en orden sucesivo, pues el aprendizaje de uno de esos ramos supone el conocimiento del* anterior y sirve de base al siguiente; resultando de allí, que son indispensables para conformarse á ese orden, tres años sucesivos por lo menos, y la explicación del profesor.

En la educación preparatoria para los estudios profesionales, pasa cosa análoga respecto de ciertos ramos, (jue son fundamentales y que sea por su extensión irreducible, sea por el orden sucesivo que exige su estudio, d!emandan hasta dos años, en muchos casos, para su debida preparación. Salvada ésta, el estudio profesional queda franco, y es posible hacerlo siempre en tres años de estudios únicamente. Algo más, no solo es posible, sino que debe hacerse siempre en tres años necesariamente ese estudio.

Sin entrar en el detalle de las variadas profesiones que se cultivan en los centros profesionales de educación, podemos apuntar algunas consideraciones generales que justifican, el anterior aserto. En las profesiones de ingeniería

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puede decirse que, como preparación, para los ramos que la componen, el nervio dé los estudios preparatorios está en el análisis matemático superior, que ningún ingeniero podría ignorar, y que puede hacerse en dos años holgadamente. Para los médicos, la preparación radica en la Física y en la Historia Natural; y para los abogados y demás profesiones análogas, es indispensable cierta cultura filosófica y literaria, variable desde luego según las especialidades. Para todas las demás profesiones, no es necesaria verdaderamente, otra preparación especial que la obtenida con la educación elemental, comprendidas la primaria y la secundaria.

Entrando ahora en el examen de cada profesión, puede decirse que la Mecánica para los ingenieros en lo civil y la Química analítica en lo industrial, son los ramos que constituyen el nervio de esas profesiones. Con tres años de estudios profesionales, se tiene lo suficiente para dominar esos ramos fundamentales y los verdaderamente técnicos de cada ramo.

En la profesión de abogado lo difícil son los códigos, y en la de médico, la dificultad radica en la Anatomía. Tres años de estudios son también suficientes, en el uno y en el otro caso, para dominar no sólo esos ramos fundamentales sino también los verdaderamente profesionales de cada especialidad.

Xo hay pues una sola profesión que demande más de dos años de educación preparatoria, ni más de tres en la educación técnica; y esto, tratándose de las más difíciles. En las otras profesiones, la educación preparatoria y la técnica se hacen juntas, y cuando más se necesitan tres años para las dos.

A muchos parecerá extraño lo que decimos, y pensarán que no estamos en la verdad, obser-

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vando que los abogados empleen 7 años y 9 los médicos, siendo sólo los ingenieros los que empleen cinco años, como hemos indicado. — No es difícil explicar este punto. Los ingenieros se educan únicamente para ingenieros y no pretenden .ser más; ellos no se dicen matemáticos, ni naturalistas; ni sabios en ningún ramo; eri tanto que, los abogados hacen algo para decirse literatos, jurisconsultos y estadistas, al propio tiempo que abogados; y los médicos, pretenden saUi* cirujanos en todo caso, y además naturalistas, químicos y médicos en todos los ramos de la medicina, sin hacer de ellos especialidades diferentes. Renunciando á esas pretensiones — que desde luego son ridiculas, por lo mismo que resultan irrealizables en la práctica — se lograría economizar á los estudiantes muchos años de escuela y á la sociedad, se la libraría de una nube de charlatanes y una fuente de errores que importa suprimir, para mejorar las condiciones morales y económicas del pueblo.

Se evitaría á los estudiantes un gran sacrificio de tiempo, y ahorrarían sus familias mucho dinero; tanto por lo que se dejaría de gastar en sostener años de años, un parásito, cuanto por lo que éste podría ganar trabajando en ese tiempo. De otro lado, reducida la enseñanza á lo que realmente aprende la multitud de estudiantes que logran diploma de competencia técnica, y eliminando todo lo que no es profesional, y que en verdad no llegan ni á medio entender, sino los más aplicados é inteligentes, serían más sólidos y prácticos los conocimientos adquiridos.

Que salgan abogados, médicos, ingenieros, etc., de los centros de educación técnica, es lo que necesita la industria de un país; no ha menester, que esos profesionales pretendan ser, además jurisconsultos, naturalistas, fisiólogos.

120 EL PROBLEiMA

matemáticos, etc., etc., y el público caiga en el error de creer en esos cuentos.

Para esas especialidades, sólo deben dedicarse los talentos de primer orden, no las inteligencias corrientes, que sólo almacenan energías medias, las que demanda el tecnicismo industrial únicamente, y no son tampoco capaces de más. La educación clásica tiene precisamente, por objeto procurar esos conocimientos elevados que persigue el aprovechamiento de las facultades superiores en cada país, y que deben fomentarse, con absoluta separación de lo profesional y económico.

Si los abogados y los médicos, educados bajo el régimen de grandes programas, é innumerables materias, hicieran el examen de sí mismos, y si se preguntasen cuales de esas materias y qué parte de esos programas poseen efectivamente; estamos seguros que llegarían al convencimiento de que, tenemos razón en la tesis que sostenemos; ellos también, estamos seguros, suscribirán con nosotros esta fórmula: en ninguna carrera profesional, se debe emplear más de fres años de estudios; la división en especialidades, debe subordinarse á esta necesidad, de no pasar de tres años en ninguna de ellas.

La práctica profesional, que debe hacerse al lado de otros ya iniciados en su carrera, y los estudios complementarios que cada uno debe siempre seguir por sí mismo, son los verdaderos medios con que debe contarse para el desarrollo y cultivo de los conocimientos técnicos de cada cual, únicos que importa ampliar y perfeccionar siempre á los profesionales.

Los sabios y las notabilidades, nada tienen que ver con los profesionales; ellos viven en región muy superior y sus conquistas sólo bajan al campo técnico y al de las aplicaciones, cuan-

DE LA EDUCACIÓN PUBLICA 121

do purgadas de todas las teorías, caen bajo el dominio de los profesionales.

Los grados del clacisismo no están cerrados para los técnicos á quienes dotó la Naturaleza de talentos superiores y amor por el estudio. También ellos podrán subir á esas alturas, si-

Suiendo en la educación clásica; pero nada tenrá que ver ello con sus aptitudes profesionales, que deben formarse en campo de acción muy üiferente.

Es necesario que el público sepa perfectamente que sus sabios, artistas y eminencias de todo orden, nada tienen que ver con sus agentes industriales; llámense éstos simplemente mecánicos, abogados, médicos, ingenieros, etc., que para el caso es lo mismo; todos son únicamente técnicos, que conocen los principios^ reglas modos de prestar servicios determinados en

a colmena humana; y que, han acreditado esas aptitudes (al alcance de cualquiera inteligencia corriente) sin otra pretensión que la de ganar la vida, cambiando sus servicios profesionales por dinero.

Para concluir, resumiremos lo que pensamos de la educación técnica:

1 — No debe emplearse en la educación técnica más de cuatro horas diarias, ni abandonar por el hecho de seguir esa educación, el trabajo asalariado de otras cuatro horas diarias, que es necesario para mantener siempre viva la condición industrial efectiva, á cuyo favor resulta que el estudiante industrial se sostiene por sí mismo.

2 — Los conocimientos profesionales, i)ocos ó

muchos, deben ser sólidos, efectivos, bien adíe

122 EL PROBLEMA

quiridos y suficientes para las exigencias de la práctica ordinaria y para hacerse capaz, cada uno, de ampliarlos por el estudio y la práctica diaria.

3 — No debe emplearse más de dos años en la educación técnica preparatoria, ni más de tres años en la profesional, cualquiera que sea el tecnicismo de que se trate.

4 — No debe olvidarse que para ganar la vida, no es necesario saber hacer muchas cosas; basta con alguna solamente; pero sí, con toda perfección y destreza. Ese saber lleva más pronto al éxito profesional, y por consiguiente al bienestar y á la fortuna.

§ V — La práctica

En la educación técnica se adquieren los conocimientos teóricos y prácticos necesarios para cada ramo de la industria humana; pero, además de esa práctica general es indispensable otra educación práctica, más amplia, que no es

f)osible adquirir sino en el ejercicio mismo de as funciones industriales de cada ramo. Esta segunda educación práctica, fija y amplía los conocimientos técnicos que ya se tienen y al propio tiempo proporciona en el campo industrial relaciones útiles, buena reputación, clientela y cierto tacto para tratar hombres y cosas; todo lo que es esencial en la vida y muy particularmente en la vida de los negocios, único teatro donde es posible adquirir tales elementos. De allí viene la necesidad de no entrar en la vida industrial, como elemento activo, sino bajo el amparo de otro industrial ya acreditado y experimentado. Así, los jóvenes diplomados se hacen más modestos y aseguran el éxito, no sólo con los apoyos efectivos que les dan esas alian-

DE LA EDUCACIÓN PUBLICA 123

zas con los más experimentados, sino también en razón de la prudencia que naturalmente nace en ellos, como medio de conservar esos apoyos, y de la falta de emulaciones que con esa prudencia se evitan, salvando así de muchos enemigos que, de otro modo, encontrarían de entre los que ejercen funciones más elevadas ó se mueven erí medios más dilatados. Es un error funesto el de lanzarse, en la vida de los negocios, ateniéndose tan sólo á un diploma y sin el respaldo de otro diplomado que tenga su camino previamente establecido y que pueda aconsejar en los casos prácticos, que son los más y f)recisamente, aquellos que no mencionan los ibros ni sería posible que los mencionasen.

Por muy práctico que sea el espíritu que rija en la educación elemental y técnica; por muy bien que cumplan los maestros el deber primordial de su misión; por muy completo que sea el . material de enseñanza de que se disponga para hacer ésta muy práctica y muy sólida; así y todo, será siempre incompleta esa educación y sólo podrá alcanzar su desarrolla debido con el ejercicio efectivo de la profesión. En los más humildes talleres, que se deben frecuentar desde la época de la educación elemental, en las fábricas y factorías, y finalmente en los grandes centros de la industria y el trabajo, donde más tarde se toma parte; allí , en esos tres campos de acción únicamente, es donde se halla el de la educación práctica.

No será abogado efectivamente, el que no haya vivido en los negocios judiciales, realmente, tomando parte en ellos y adquiriendo práctica en su manejo por el ejercicio, el ejemplo y las relaciones que por ese medio se aseguran. Ni será médico, de confiar en asunto serio, por mucha práctica de hospitales que en la Escuela hubiere hecho, quien no hubiese ejercido su pro-

124 EL PROBLEMA

fesión, por cierto tiempo, al lado de otros médicos más expertos, tomando de ellos el ejemplo y el consejo, y haciéndose también conocer á su sombra y abriéndose camino con su protección. Todos los médicos son buenos para los casos sencillos y ordinarios, que son los más corrientes; pero muy pocos son competentes en los casos de verdadera medicina, por muchos que sean los libros que les hayan hecho estudiar en la Escuela y por mucha que sea su práctica de hospitales. Allí podrán hacerles conocer las enfermedades pero no los enfermos^ que es cosa muy distinta; éstos, sólo se pueden conocer en la asistencia diaria, y supone mucha experiencia, además de la ciencia y del talento.

Sucede con los ingenieros cosa análoga. De muy poco les servirá su práctica de Escuela y sus escursiones académicas, sin el ejercicio real de la profesión al lado de verdaderos maestros en el arte. Sólo ese ejercicio les podrá dar aptitudes profesionales completas, y la capacidad de dirigir trabajos. En materia de oficios y artes, más ó menos importantes, se requiere además el conocimiento de los mejores modelos, la contemplación y examen de las grandes obras y algunos consejos de los maestros. En los oficios, particularmente, hay algo que podríamos llamar el golpe de la mano; es decir, cierta destreza, en la que estriba la perfección del artículo; algo, que corresponde en las artes, a lo que en las profesiones superiores se llama golpe ae vista, y que sólo alcanzan los técnicos experimentados y de cierto talento. Jamás será suficiente la sola práctica de la escuela para el cumplido ejercicio de una industria profesional, cualquiera que ella sea. La creencia contraria entraña muchos errores, y son víctimas de ellos: el público que se confía en incompetencias; y estas mismas, que después de los fracasos, cose-

DE LA EDUCACIÓN PUBLICA 125

chan el descrédito, que tarde ó temprano viene á obstruir todo su camino profesional y anular todas sus espectativas lisonjeras de porvenir y provechos.

Nosotros pensamos que el diploma de una profesión sólo debe entenderse como el testimonio de haberse recibido por el candidato educación técnica determinada, y de haber hecho los ejercicios de práctica que podríamos llamar reglamentaria ó académica; nada más. Si así entendieran las cosas unos y otros, el nuevo técnico entraría en la vida industrial sin petulancia ni pretensiones absurdas, que á la corta ó á la larga le son funestas siempre; y, si se procurara trabajo al lado de otro que tenga formada ya su clientela y hecha su reputación profesional, cerca de éste, podría pronto adquirir la práctica y conocimientos que no tiene, y se especializaría en el ramo que le fuera más provechoso y para el que se sintiera más inclinado y más apto. Por este seguro camino, el nuevo técnico, se abriría paso poco á poco y se hallaría en posesión de una especialidad y de clientela propia, sin darse el mismo cuenta de tan halagüeño resultado.

Un médico, por ejemplo, (jue en lugar de hacer sus estudios durante siete años, cursando muchos ramos que nunca le serán útiles, los hiciera en tres años solamente, y entrase en seguida en la profesión, al amparo de otro médico ya establecido; estamos seguros q^ue en cuatro años, habría adquirido una especialidad y una clientela firme y habría asegurado su condición económica y hecho á la sociedad el bien, no pequeño por cierto, de contribuir á la formación de especialidades. No habrían muchísimos médicos que fuesen á la vez cirujanos, oculistas, dentintas, y todo cuanto puede serse en la medicina, pero á quienes nadie llama y, en quie-

^ipj» ■• m^ ^ PC ^"» "^.^

126 EL PROBLEMA

nes nadie cree; pero sí, habrían médicos especialistas en cada uno de esos ramos, con clientela propia y suficiente, para asegurarse la subsistencia á cambio de sus servicios y prestarían estos á la sociedad reales y efectivos. Ganarían todos y en todos sentidos.

CAPITULO IV

CONSIDERACIONES ESPECIALES SOBRE LA EDUCACIÓN INDUSTRIAL

§ I — EDUCAaÓN Y SALARIO

En los tiempos modernos no es posible la educación en forma, sin la cooperación. activa del Gobierno, ó mejor dicho, de todos los poderes públicos de una nación. La sociedad entera debe concurrir al sostenimiento y desarrollo de la educación; y la industrial, particularmente la elemental, aebe ser impuesta á todos los habitantes sin excepción alguna.

De otro lado, es necesario que la Nación provea con largueza á las necesidades de la educación pública; sólo así podrá lograrse completa, y adquirible en su máximo de aprovechamiento y con el mínimo del esfuerzo. Las leyes deben concurrir, por su parte, á asegurar esos resultados, imponiendo igualmente, como ramo de la educación, el trabajo físico remunerado. Esto es indispensable para desterrar del espíritu de las gentes el desprecio, más ó menos disimulado, que se tiene por el trabajo en las clases acomodadas; desprecio que contrasta mucho con la ca-

DE LA EDUCACIÓN PUBLICA 127

si adoración que en estos tiempos se tiene por el dinero. Sin el trabajo físico remunerado, sin el salario, no es posible mantenerse por entero en la realidad de la vida; tal como es, sin ilusiones ni engañosas apariencias.

Ya hemos visto que todo hombre debe trabajar ocho horas diarias y que en el estudio no es posible emplear más de cuatro horas al día; quedan pues otras cuatro para el trabajo remunerado, con cuyo trabajo se ha de procurar complementarla educación, y los medios de subsistencia que exige esa misma educación. Si esas cuatro horas no se dedicasen al trabajo, no sólo se perderían como salario, por lo que dejarían de producir, y como salud por lo que no beneficiaría al organismo el ejercicio de sus energías físicas como el trabajo lo impone, sino ^ue, y esto es lo peor: esas cuatro horas ^ servirían únicamente para estimular la vagancia y el ocio; pues es una ley natural que, ningún trabajo intelectivo recular y permanente, puede soportarse por mas de cuatro horas sin enfermar el organismo, y aún este límite de cuatro horas supone más de 14 años cumplidos, pues antes de esa edad, el máximo varía de 1 á 3. Es un error funesto suponer que, estando los estudiantes todo el día en el colegio, aprovechan de ese tiempo; no, el máximo de 4 horas aprovechable, lo tiene marcado la naturaleza misma, y ella exige que las otras 4 disponibles se apliquen al trabajo. Eso es lo racional y conveniente, no sólo por las ventajas lucrativas del salario sino por lo que educa á su vez, por los vicios y hábitos de ocio que en esas horas evitan á los estudiantes, y por el descanso que el trabajo físico ofrece á las energías psíquicas fatigadas por el estudio. ^

128 ÉL PROBLEMA

Ninguna nación alcanzó mayor altura intelectiva y en menor tiempo y con menor esfuerzo que la antigua Grecia; y tanto fué en ese adelanto, que hoy mismo nos sirve de modelo esa admiraole civilización; pues bien, en esa antigua Grecia no se conocía el funesto oficio de estudiante, que es una de las plagas de los tiempos modernos. En Grecia, aún con Pitágoras, el sistema nada feliz del claustro, del misterio y del monopolio, no seguido entonces felizmente por la Grecia, y que había sido el destructor de las civilizaciones de la india y el Egipto; en Grecia, decimos, se estudiaba y se trabajaba al propio tiempo; y el estudio era ocupación que no desdeñaban los hombres de edad, como no desdeñaban tampoco el trabajo físico, sus más eminentes filósofos. Sin saberlo, se seguía entonces el verdadero y único camino de cultivar la educación, y tal vez si en los tiempos actuales, sea exacto decir, que en Inglaterra y en Estados Unidos en que nay mucho de parecido á ese sistema, se ha llegado á ese resultad o, como en Grecia, siguiendo naturalmente y sin plan preconcebido un modo de organización compatible con las necesidades de una sociedad que tiene por el trabajo todas sus preferencias y cifra en él todo el nervio de su grandeza. No deben pues olvidarse jamás esas bases esenciales para el fomento de la educación pública. Con ellas se obtendrían los resultados más admirables para trasformar la paz de la sociedad; se romperían muchas cadenas que aprisionan la libertad, se aliviarían innumerables miserias y se suprimirían muchísimos males sociales de trascendencia.

DE LA EDUCACIÓN PUBLICA 129

Allí donde la educación forma un gremio especial, de maestros y de estudiantes, es seguro que la tiranía ó la anarquía tienen á su servicio

Eersonal propio y adecuadamente preparado, ^e uno ú otro modo, más tarde ó más temprano, los hombres de esos gremios traerán á la sociedad días tristes de malestar y atraso. Toda clase privilegiada constituye una enfermedad social de lo más funesta; y sólo por la educación del intelecto j del brazo, generalizada á todas las clases, sena posible salir de esas calamidades. Cuando todos los hombres sean educados y por consiguiente, se halle en cada uno de ellos el hombre de razón, al lado del hombre de armas y del hombre de trabajo; entonces, todas las tiranías habrán tocado á su término: la del saber, la del poder y la del dinero, seguirán juntas al abismo de la maldición humana.

Las exigencias de la propia conservación de cada pueblo, han impuesto a los Estados la educación militar obligatoria para todos los ciudadanos; las exigencias de la propia conservación de la liberíad de cada individuo, han de concluir también por imponer á todos los espíritus la necesidad de la educación y el trabajo industriales. Las instituciones nacionales y las leyes, son las encargadas de realizar ese ideal, en cuanto dependa del Estado.

§ II — iNSTITUaONES DE EDUCACIÓN

INDUSTRIAL

Siendo la educación industrial exclusivamente inspirada en propósito utilitario y traducible

130 EL PROBLEMA

en ganancias y beneficios, y no resultando estos provechos sino de la posesión y ejercicio de conocimientes teóricos y prácticos, adquiridos á conciencia y con exactitud y precisión; es evidente que estará de más en ella todo conocimiento de carácter vago ó incompleto y toda teoría puramente especulativa y sin consecuencia palpable. Dedúcese de todo esto, como una necesidad, que las instituciones de educación deben ser muy bien provistas del material necesario

f)iara facilitar la enseñanza en cada ramo, y que os profesores y maestros deben tener aptitud y competencia ejecutoriadas, sin cuya esencial condición deben ser reemplazados inmediatamente, sin excusa ni pretexto alguno en contrario.

Programas y plan de estudios adecuados, material de enseñanza completo, y profesores emEeñosos para enseñar y competentes en su ramo; e allí las condiciones fundamentales y sin las Sue, no puede existir la educación industrial. Tos ocuparemos ahora de las instituciones, y en párrafos separados trataremos de los programas y de los profesores.

Las Instituciones de enseñanza son muchas y muy variadas, y todas ellas son necesarias y esenciales para asegurar en un país, educación industrial completa y verdadera.

Clasificándolas en grupos podemos enumerar las siguientes instituciones:

Para la educación sistemada,

1 — Escuelas primarias, para niños de 4 á 6

DE LA EDUCACIÓN PUBLICA 131

2 — Escuelas primarias, para niños de 6 a 10

3 — Colegios de enseñanza secundaria, para niños de 10 á 14 anos.

4 — Facultades y Escuelas preparatorias, de educación técnica, para jóvenes de 14 á 16 años.

5 — Facultades y Escuelas Profesionales, para jóvenes de 16 años ó más.

Para la educación libre. .

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6 — Escuelas nocturnas, exclusivamente destinadas para enseñar á los adultos á leer, escribir y contar.

7 — Escuelas nocturnas, para hombres que sepan leer y escribir, y que deben recibir allí una educación elemental completa, siguiendo cursos aislados que puedan hacerse libremente, salvo el escalonamiento obligado de los cursos de Aritmética, Geometría y Algebra, en los que se debe procurar, sin embargo, en lo posible, un sistema simultáneo concéntrico, formando de los tres cursos uno solo, ensenado en tres años sucesivos.

8 — Academias nocturnas para la enseñanza libre por medio de conferencias aisladas, distribuidas en las diversas materias, tratándolas por monografías sobre asuntos interesantes relativos á las artes, los oñcios y las industrias de más inmediata aplicación.

9 — Academias, diferentes de dibujo y pintura, así como de canto y música.

10 — Bibliotecas técnicas, especialmente provistas de Diccionarios de todas clases, y obras especiales para servir de consulta á los operadores industriales en todos los ramos y oñcios. Estos establecimientos deben tener á su servicio consultores muy experimentados, é inspectores de turno, conocedores y expeditos, para proporcionar á los concurrentes, según sus ih-

132 EL PROBLEMA

dicaciones, las obras quemas satisfactoriamente les conduzcan á resolver sus puntos de consulta ó de duda en esas materias.

11 — Muestrarios completos, con modelos y dibujos, grabados y descripciones suficientes, sobre los objetos ó sus representaciones. En todo debe comprenderse, necesariamente, minerales, plantas, animales y los productos industriales que de ellos se derivan.

12 — Jardines Botánicos y Zoológicos, donde no falten por lo menos los tipos y especies del país. En estos establecimientos deben haber además Naturalistas competentes é Inspectores instruidos que sirvan de consultores al público; j también debe haber libros descriptivos y con ilustraciones y referencias que completen los datos relativos á cada asunto.

13 — Laboratorios y Gabinetes de Física y Química, al uso del público, para los que quieran hacer por sí mismos estudios experimentales y se conformen á las condiciones reglamentarias de la oficina, en cuanto á su orden y conservación y consumos. En estos centros deben haber también, inspectores competentes para dirigir los trabajos de los concurrentes y absolver sus consultas.

14 — Librerías populares, para el expendio al público de libros escritos especialmente para la educación, por la lectura á domicilio, hecha en cierto orden y con sujeción á cierto sistema, y sin más gasto que el abono al establecimiento, de una módica pensión mensual por el alquiler de los libros que se le proporcionen, en el orden conveniente.

15 — Baños públicos y Campos de sport, tiro al blanco, equitación, etc., etc., donde concurran los alumnos de escuelas y colegios en ciertas horas, y el público en otras, sin más gravamen

DE LA EDUCACIÓN PÚBLICA 133

que el pago de una pensión mensual por el servicio.

16 — Talleres especiales para proporcionar á los nifios trabajo remunerado, en artículos de

Sapel y cartón, madera y fierro. Esos trabajos eben ser apropiados á sus edades y sólo deben durar diariamente, como ya lo hemos dicho, una, dos ó cuatro horas, según que sea la edad de los niños, de 6, 8 ó 10 años respectivamente.

Tales son las instituciones de educación, indispensables en los tiempos modernos, para que una nación se procure educación industrial verdadera y completa. Sin todas esas instituciones no se debe hablar de educación, sino para lamentar la imposibilidad de procurársela. En los países que aún carecen de algunas de esas instituciones, es esencial para el desenvolvimiento de su vida económica, proveer á su existencia sin demora. Con diez mil libras anuales, paralas instalaciones y otras diez mil igualmente anuales, para atender á sus primeros funcionamientos permanentes, se podrá, á lo más en diez anos, completar el sistema. Por supuesto que decimos esto, en el supuesto de que esos dineros sean empleados con honorabilidad y patriotismo por gente verdaderamente instruida y experimentada; de otro modo, ni diez veces esa suma sería suficiente. Cuando la virtud falta, la vida social es imposible.

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VA EL PROBLEMA

í III ~ De dos profesores de la ejhtcacióx

lyPUSTRTAT.

Hay en la enseñanza ramos que se pueden apr*íjj^ler con la simple lectura de obras que trat'ru de sus materias: como son. la Historia, el Derecho v la Geografía, primeramente, t después, las iíatemáticas puras, la Filosofía* y las ciencias sociales, así como la Gramática y la Lití-rat ura. En todos estos ramos, teniendo constancia, y un jioco de talento, á la corta ó á la lar^^a, la simple lectura permitirá siempre dominar el asunto, tanto como si hubiesen intervenidlo los mejores maestros; pero, hay otras materias en que es indispensable la intervención del profesor, el conocimiento inmediato de las cosas por intuición directa, y la observación y la experiencia jjersonal de maestros experimentados. En las artes, oficios é industrias es necesario además el golpe de la mano, como hemos llamado esa destreza particular del operador ííM citjrtas industrias y en casos determinados.

No es pues razonable, pretender que en estos asuntos, cualquiera puedía ser profesor y menos acííptar como razón, que con el ejercicio de la n)isnia enscíñanza aprenderá ese cualquiera, lo íjiie no sepa. Ese sistema es pernicioso y coníl(ínal)lí», tratándose de cualquier ramo de la ensíífííinza, ptíro constituye un verdadero crimen contra la civilización, cuando se le aplicaá mat(;rias como las que hemos señalado, de carácter prá(ítií;o, en las (jue, la ignorancia del profesor (íH insalvalilí». aun con el estudio y el tiempo. Esa ignorancia, se multiplicaría por el número

DE LA EDUCACIÓN PUBLICA 135

interminable de desgraciados que habrían de tocarles como discípulos; las consecuencias en daño de la sociedad son incalculables. En esas materias, como idiomas, Historia natural. Química, artes y oficios y en todo ramo técnico industrial, cualesquiera que sea su clase, es indispensable la completa y bien probada competencia, teórica y práctica del profesor, y es evidente la necesidad de contratarlos del extranjero, cuando no se pueden conseguir en el país; y aún en este caso, también, en la proporción necesaria, si no ha^ en el país en número suficiente para las necesidades de la enseñanza' Tratándose de la educación técnica, principalmente, es indispensable procurarse esas especialidades en cada ramo, y no como quiera, sino de lo mejor que hubiere. Para las escuelas y colegios es también indispensable procurarse ese personal, muy especialmente en los ramos de carácter práctico que hemos indicado y en aquellos en que se empleen métodos especiales que sea necesario importar.

El material de enseñanza, cuando es abundante y completo facilitará mucho y simplificará grandemente esa labor; pero siempre será indispensable tener hombres de consulta á quienes se pueda acudir en los casos de duda. Con esos elementos, muy en breve se formaría un personal docente, práctico y entendido, para atender á todas las escuelas del país; pero es indispensable para lograrlo, que hayan maestros y hombres de consulta, á la cabeza del sistema.

Hay además de estas condiciones, que podíamos llamar esenciales, otras también muy importantes, relativas á la aptitud misma del pro-

136 EL PROBLEMA

f esor, para enseñar y á la mayor ó menor voluntad y consagración con que pone esa aptitud al servicio de los alumnos. Mucho contribuirá á asegurar esas condiciones, desde luego, que goce el maestro de sueldo remunerador suficiente y se halle rodeado de las consideraciones que merece su altísimo ministerio; pero esto mismo, de nada valdría si el profesor careciese de la suficiente preparación y no le ayudase su talento natural; y si, de otro lado, fuese de carácter impaciente, mal humorado, insociable, etc., etc. Las leyes no deben permitir esos elementos en la educación de la juventud; su separación se impone siempre, como una necesidad social inaplazable.

Pero, si los profesores son competentes y cum-

Elidores de sus deberes, y sus servicios están ien remunerados, y si además, el material de enseñanza es completo y se emplea de continuo efectivamente en ese objeto; entonces, son incalculables los beneficios que produce la acción de las instituciones educadoras. A su sombra el progreso de los pueblos se manifiesta en todo su desarrollo y con mayor celeridad de la que podría esperarse: allí está para demostrarlo, ese coloso del norte que llamamos Estados unidos. Su admirable sistema educativo, junto con el espíritu práctico de sus habitantes y la sola experiencia, ha hecho verdaderas maravillas.

Resumiendo nuestras ideas, diremos que, para el mejor aprovechamiento de la labor de los profesores es necesario:

1 — Que en los establecimientos de educación haya siempre material de enseñanza completo y Biblioteca adecuada que le sirva de complemento, para hacer práctica y lo más objetiva posible la educación.

2 — Que el estudio se haga, no de memoria, sino por medio de lecturas repetidas y reñexio-

DE LA EDUCACIÓN PUBLICA 137

nes sobre lo leído; facilitándose esto por el examen inmediato de las cosas mismas, por experimentos, ejercicios, etc; y teniendo cuidado, los directores, de alternar constantemente las labores del estudio con los ejercicios y trabajos manuales y artísticos; todo de manera que la atención no se fatigue jamás, y cada ocupación venfa á servir de descanso para la que acaba de ejarse; pues, es lo cierto, que el espíritu descansa con el ejercicio del cuerpo y al contrario, y que pasa lo mismo entre unas y otras, respecto de las diversas facultades psíquicas, y las energías biológicas del organismo.

3 — Que en la enseñanza se guarde siempre cierta relación con la edad del educando y su preparación; pues, sin ello no se podrá lograr que en su intelecto se fije todo lo que su capacidad permita, resultando en pura pérdida casi todo su trabajo.

Los ejercicios prácticos, las muestras y modelos, los experimentos adecuados, las proyecciones por la linterna mágica y demás procedimientos que recomiendan los métodos modernos, y las narraciones especialmente arregladas á las diversas edades de los niños y hechas con talento por el maestro, han de converger á conquistarse antes que nada, la voluntad del alumno para aprender, y al propio tiempo han de despertar en su espíritu afición al estudio y deseos de conocer.

El profesor que no sepa lograr este resultado no es profesor y debe dejar la carrera en seguida. La mirada del niño es la mejor guía del maestro: si esa mirada es indiferente ó vaga, durante la explicación, es seguro (jue el cansancio ó el fastidio están en su espíritu, y entonces el maestro debe sin demora cambiar el tema ó

presentarlo de otra manera, que interese. Sin

138 EL PROBLEMA

la atención del alumno, es imposible enseñarle la cosa más sencilla: la facultad de conocer radica en la voluntad, más que en el intelecto.

4 — En fin, todos los actos del maestro y las condiciones del establecimiento de educación y su material, deben ser encaminados á despertar voluntaria la atención del alumno, aprovechar de ella para su enseñanza, y no fatigarla. Así se logrará que los conocimientos vayan poco á poco tomando asiento en su espíritu y los hábitos en su organismo, produciendo unos y otros satisfacciones y no fastidio; y así se irá gradualmente adquiriendo la afición á la lectura y al trabajo, donde se hallan la fuente inaSotable y los factores esenciales para la cultura el espíritu y la conquista, en la vida social, de bienestar y de holgura.

Cuando la educación se proporciona bajo estos principios y no se hace uso de premios ni <Ie castigos, el estímulo basta para lograr maravillosos resultados; no se mata las más bellas cualidades del niño, destruyendo su personalidad con el castigo, que humilla siempre y aniquila la voluntad; ni tampoco se envenena su corazón por el odio, la envidia y las más bajas pasiones, que despiertan en su ánimo, toda vez que alguno de sus compañeros le es impuesto como superior, por razón de un premio; y que, aún en los casos en que esa superioridad fuese real y él mismo la reconociera voluntario; no lo hace, por lo mismo que se hace de ella objeto de deferencias especiales para las que su voluntad no interviene.

El miedo, la hipocresía, la envidia, y en fin de fines, el odio al estudio es lo que engendra ge-

DE LA EDUCACIÓN PUBLICA 139

neralmente el sistema de premios y castigos, que siempre son malos porque son injustos, ochenta casos en ciento, necesariamente; porque es la injusticia el patrimonio obtigado de los hombres, siempre que se llaman á jueces sin otra ley que la de su apreciación personal.

El buen profesor, el que sabe lo que enseña, si dispone de local y de material adecuado á la enseñanza, no necesita de premios ni de castigos. La sola inñuencia de su palabra es suficiente para dominar al alumno, de la manera más completa.

El premio y el castigo destrozan y matan el alma de los niños, y siembran en ellos gérmenes funestos que dañan su carácter, y que lo acompañarán hasta la tumba, como la más terrible ue las plagas de su vida. Sin esos bárbaros medios, es fácil despertar las energías del niño y educar su carácter de hombre, á la sola inñuencia magnética de la palabra del maestro, la más adecuada para infiltrarles la buena semilla con la doctrma y el ejemplo, diariamente en acción. Flores en botón, cuyos pétalos deben abrirse al calor natural de los agentes de la vida, no conservarán su fragancia ni la belleza de sus formas, si se pretende abrirlos antes de tiempo, poniendo en ellos torpe mano, para traer á la vida, esas flores, muertas ya, sin aroma y sin color.

Lo que se pide á la escuela es que eduque los caracteres; no que los fabrique, ni mucho menos que los falsifique.

140 EL PROBLEMA

§ IV. — De los programas de enseñanza

Hemos hecho ya, al tratar de la educación elemental, las consideraciones fundamentales. que deben consultarse, para la formación de los programas de enseñanza, en esa época de la educación. Debemos ahora completar esas consideraciones, ocupándonos del propio asunto en lo referente á la educación técnica.

Cada ramo profesional comprende materias de estudio diferentes, y también lo es, el tiempo necesario para hacer su aprendizaje; por manera que los programas que tienen que reflejar estas condiciones no pueaen ser iguales, ni aún parecidos, de una á otra carrera; pero hay reglas generales que en todos ellos deben cumplirse. Por supuesto que, solamente bajo este punto de vista, podremos tratar de los programas.

En la educación elemental, vimos que toda la doctrina relativa á esa educación debía poderse exponer en diez libros, de IGOO letras por página, como esta obra, de 280 páginas, cada uno, dando un total de 2800 páginas, cuyo número 2800 podemos tomar como índice numérico de esa educación. En la educación técnica, existe igualmente un cierto límite para la cantidad de doctrina correspondiente á cada profesión. Ese límite varía mucho, pero en ningún caso debe pasar, ni pasa efectivamente de lo que podría contenerse en diez volúmenes como este, pero de 500 páginas cada uno. Tenemos, pues, aue cinco mil páginas, es el máximo de cantiuad de doctrina que debe contribuir á la teoría del tecnicismo profesional más extenso. Profesiones hay, aún las de dentista, de mecánico, de ensayador, de tenedor de libros, de dibujante,

DE LA EDUCACIÓN PUBLICA 141

etc., etc., para las que serían suficientes, uno ó dos volúmenes de texto, sean 500 ó 1000 páginas; pero hay otras, como la de médico, que puede llegar hasta el máximo de 5000 páginas y las alcanza efectivamente en algunos países, donde no se ha comprendido las ventajas de la especialización según las clases dé enfermedades.

Admitiendo, pues, este sistema, ya casi abandonado, encontramos que en diez volúmenes de 500 páginas se podrá contener toda la doctrina correspondiente á la profesión más pesada. En el ramo de Ingeniería, puede calcularse para cualquiera de sus especialidades, unos seis volúmenes ó 3000 páginas; y en la profesión de abogado, no pasará de cuatro volúmenes ó 2000 páginas toda la ciencia que comprende esa carrera, salvo que se le adjunten ramos de administración y política. Es, pues, muy variado el campo en que se mueve cada profesión, y el tecnicismo profesional puede variar en cantidad, desde 500 hasta 5000 páginas de doctrina.

No es igual tampoco, por su valor intrínseco, la dificultad consiguiente á la adquisición de los conocimientos doctrinarios de cada profesión.

Puede distinguirse en cada una, tres partes, muy diferentes: \o^ principios, las reglas y los modos.

'Lo^ principios comprenden, generalmente, no menos de la tercera parte de la doctrina, y es lo más difícil de aprender; las reglas y los modos corresponden á las otras dos terceras partes, pero la dificultad de aprender esas reglas y adquirir esos modos, es notablemente inferior a la que

142 EL PROBLEMA

ofrecen los principios. Muchas veces esta sola dificultad, para algunos insuperable, es causal para alejarlos de una profesión determinada.

Esta consideración bastaría, pues, para que se procure reducir á su mínimo la parte que comprende a los principios. En cambio, no debe omitirse esfuerzo para lograr que esos principios, aunque pocos, sean muy bien aprendidos; En los programas de cada ramo profesional debe, pues, reducirse á su mínimo la parte relativa á los principios-, prescindiendo sistemáticamente de todos los que no tengan inmediata aplicación ó sea posible dejarlos para su adquisición más tarde libremente por el profesional, todo esto por supuesto, sin que resulte lo considerado insuficiente, parala profesión respectiva. De allí proviene que es muy difícil la formación de programas adecuados para la enseñanza, en cada profesión.

De otro lado debe también tenerse en cuenta, respecto de la cantidad, que los programas comprendan la doctrina, por 1500 páginas en cada uno de los dos primeros años de estudio profesional y por 2000 páginas, en el tercero y último; haciendo el reparto proporcionalmente si el total no llega á 5000 páginas. Esto equivale á estudiar tres tomos en cada uno de los dos primeros años y cuatro tomos en el último, de 500 páginas cada uno en el caso más extremo.

Hay todavía una consideración final que debe consultarse en la formación de los programas. En todo ramo del saber humano hay tres f)artes muy distintas, que podríamos llamar: a primera, simbólica, idiomática ó del tecnicismos áe modos de acción ó métodos, la segunda,

DE LA EDUCACIÓN PUBLICA 143

comprendida la práctica con las reglas respectivas; y, finalmente, de doctrina acumulada la tercera. Esta se halla constituida por el conjunto de verdades adquiridas ya, á favor del tecnicismo y los métodos de cada ciencia; verdades que forman por sí solas un capital, que sirve de fundamento para establecer otras nuevas, y que constituyen por decirlo así, algo como la materia prima para nuevas creaciones, y el apoyo ó base en que descansan otros ramos del saber y aún, ellos mismos entre sí.

De esos tres aspectos que ofrece cada ramo de la ciencia, el más difícil de adquirir es el tecnicismo simbólico ó idioma propio. Así, por ejemplo, en Algebra, nada se podrá hacer ni entender, si no se conoce el significado de las letras y los signos, y después el délas fórmulas y expresiones algebraicas y en fin, el de las combinaciones y relaciones entre esos elementos, que tienen un nombre y un significado más ó menos lato según los casos. Así pasa con todos los ramos de matemáticas, cuyo tecnicismo es esencial para saber de qué se trata, y es también el idioma que se emplea para expresar las ideas.

En las ciencias naturales, la medicina comprendida, lo primero á saber es la designación por sus nombres de los elementos y componentes orgánicos y funciones en que se manifiestan, en los reinos de la naturaleza, sus individuos y las partes de los organismos que los componen.

En las ciencias físicas y sus aplicaciones, ese tecnicismo será también lo primero que se debe dominar.

En los ramos literarios y de legislación y sociológicos, hay también un tecnicismo, sin el cual no podrían designarse las unidades ó los sujetos que han de ser materia de estudio, y cu-

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144 EL PROBLEMA

yas condiciones de existencia y de relación bao menester, para ser expresadas, de ese simbolismo ó idioma especial, correspondiente á cada ramo del saber humano.

El tecnicismo, como todo idioma, no se adQuiere sino á fuerza de una repetición constante ae la misma impresión, sea esta de oído conio las palabras, de figura como las imájenes, ..ó más elevada aún, de conceptos ó de ideas; que,si bien se representan por signos escritos y hablados, carecen de significado en el espíritu, si en este no hay cierta aptitud natural y cierta preparación de escuela. No es pues, abordable para todos los espíritus el tecnicismo completo de una ciencia. Los conceptos filosóficos, por ejemplo, y los científicos, se hermanan difícilmente, y son pocos los hombres de ciencia capaces del concepto filosófico, así como no abunda en los filósotos la aptitud científica, que generalmente les es antipática, si bien la dominan siempre como solo concepto. Los conceptos que se designan con las palabras infinito, absoluto, esencia^ sustancia, ser, etc., son generalmente inabordables, para los que están familiarizados con los de cuerpo, movimiento, fuerza, átomo, molécula^ éter, vibración, etc,;y unos y otros de estos conceptos, son, ambos, más difíciles de adquirir que los de árbol, animal, corriente, dolor, etc. etc., que no son sino la primera generalización de la idea dejada en el espíritu, por un árbol, un animal, una corriente y un pesar, en casos determinados y concretos.

El concepto de animalidad, tendría un valor más complejo todavía; y así, en este orden, se puede comprender, que los conceptos y las ideas,

f)ro venientes de una serie de abstracciones y de a acumulación, en una sola entidad,de varias de esas abstracciones, toman un grado de compleji-

DE LA EDUCACIÓN PUBLICA ' 145

dad que supone facultades más y más elevadas para su perfecta inteligencia.

.Pues bien, si en todo ramo del saber el tecnicismo, como el idioma, puede llegar á un grado de complejidad más eleva do; no es natural,para la educación industrial, subir á esas regiones, propias solamente de la educación clásica y de los intelectos superiores. Débese pues, en la f ormacÍQ.n.de los programas, reducir el simbolismo ó tecnicismo a sólo lo indispensable para las aplicaciones, y para servir más tarde de base al desarrollo de esos mismos conocimientos, por la acción libre del profesional si así le conviniere.

Además del tecnicismo, que podríamos llamar clásico, por hallarse únicamente en las matemáticas y la filosofía; en todos los ramos hay otro tecnicismo que podríamos llamar de cantidad, como el que se halla en el derecho, en la historia natural, en la medicina, en la ingeniería, en las ciencias jurídicas, en la astronomía, efcc, y que se reduce á conocer la infinidad de nombres, empleados para designar partes de las cosas, las cosas mismas ó sus funciones y relaciones. Este tecnicismo, es simple asunto de memoria, y basta para adquirirlo, la lectura y el examen directo de los diversos tipos ó sus representaciones. Sin embargo, esa terminología puede hacerse muy pesada, por lo interminable de las nóminas, como pasa con la historia natural y muy especialmente en anatomía, tal como la estudian los médicos. En esta clase de tecnicismo de cantidad, los programas pueden también reducirse á solo lo esencial, dejando siempre para la acción libre del profesional, el cuidado de ampliar y completar esa educación según sus necesidaaes en cada caso.

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14:6 EL PROBLEMA

Después del tecnicismo vienen los métodos ó modos de proceder, propios á cada ciencia. En esta parte, los hay reducibles á reglas generales y que forman verdaderamente un arte al alcance de todos, y los hay también no reducibles á esa forma sencilla, y por consiguiente sólo al alcance de las inteligencias más desarrolladas. Los programas deben, pues, incluir únicamente aquellos métodos generales que son los aplicables á la industria; dejando los otros, que suponen espíritu superior y en los que reside el nervio de cada ciencia, únicamente para la educación clásica. Todo lo que, en materia de métodos no esté al alcance de cualquiera inteligencia cultivada y no tenga aplicación bastante frecuente, debe ser proscrito de los programas de educación técnica; pues, esta debe ser eminentemente industrial, es decir, lucrativa y abordable por las inteligencias ordinarias; lo demás, es para los sabios y los espíritub superiores.

Por último debemos considerar el tercer aspecto de las ciencias, es decir, las verdades adquiridas, los conocimientos que las forman; la doctrina acumulada, en una palabra. De esta doctrina, hay mucho que carece de gran aplicación á la industria y que no es tampoco base de otras verdades que tuvieran esa aplicación; son verdades curiosas ó de significación puramente especulativa. En geometría, por ejemplo, quitando todo lo relativo á direcciones, áreas y volúmenes de cuerpos regulares conocidos, se halla lo demás en esa condición. En f í-

DE LA EDUCACIÓN PUBLICA 147

sica y en química, participan de ese carácter los fenómenos muy especiales, los cuerpos y las reacciones muy raros; y, en general, cuanto sea consultable aisladamente por diccionarios y monogrofías, que no sea el fundamento obligado de otras verdades de aplicación industrial; todo esto, debe ser proscrito de los programas, sin la menor vacilación, y la doctrina acumulada en oada curso debe limitarse lo más posible.

Es evidente, pues, que, para poder seleccionar en el tecnicismo, en los métodos y en la doctrina acumulada, de cada ramo del saber y en cada profesión, respecto de los principios, las reglas y los modos que la constituyen; serán necesarios, por parte de los que dirigen la educación, verdadera competencia en esas materias y propósito firme de acertar. Esto supone, además, cierta independencia de carácter y cierta superioridad de espíritu, que no es fácil encontrar; pero que, se logrará siempre por el ejemplo que dan los países más adelantados, por los textos adecuados á este objeto, que, felizmente, existen en todas las lenguas, y finalmente, por que ''el mundo marcha '^ y el progreso se impone necesariamente.

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148 EL PROBLEMA

CAPITULO V

LA EDUCACIÓN LIBRE

La educación libre, es decir, la que cada cual se procura buscando por sí mismo los medios de aprender y educarse, se hace larga y penosa para las personas que carecen completamente de los primeros rudimentos, como son: la lectura, la escritura y la cuenta; pero cuando estos rudimentos se han logrado, todo lo demás de la educación elemental y la técnica, así como la educación social y aún en parte la clásica, todo, todo, puede adquirirse sin más esfuerzo que un poco de voluntad y confianza en sí mismo. Algo más todavía, cuando la educación elemental y la técnica son cultivadas por personas que han dejado de ser niños, su adquisición se hace más rápida, y no aventuramos en afirmar que un hombre que sepa leer y escribir y se proponga hacer por sí mismo su educación profesional, logrará su objeto por la lectura y su asistencia á Academias y Universidades, sin que le sea necesario emplear diariamente más de las tres horas que hemos visto, tiene disponibles todo hombre para su educación libre. Cierto es que según los casos, le será necesario diez, doce ó catorce años para alcanzar, siguiendo este sistema, un diploma profesional de médico por ejemplo, pero no exigiéndosele para ello sino el empleo de sus horas libres, nada le importaría al obrero, empleado ó quien sea el que se lance por este camino, durar en él seis á catorce ó más años, si al término de ellos había de cambiar radicalmente de condición.

DE LA EDUCACIÓN PÚBLICA 149

Ahora, si sólo se trata de la educación elemental, apenas serán necesarios tres años para lo técnico y dos para lo artístico, y esto aún puede relegai^se para después. En una palabra, sabiendo emplear bien las tres horas diarias, que todos tenemos disponibles para emplearlas en el ocio ó en la educación; todo hombre hallará á su alcance la adquisición de los conocimientos propios á cualquiera profesión, y con mayor razón todavía la simple educación. Los que no se coloquen á esa altura será pues, únicamente por su desidia ó poca voluntad, y nada más.

Partiendo ahora del supuesto que todos se hallen en posesión de la educación elemental y de la profesional que hubiesen elegido; veamos como harían, para emplear su tiempo en la educación libre.

En la distribución del tiempo que antes hemos considerado, hicimos ver que todo hombre, además de sus ocho horas para ganar la vida

f>or el trabajo y otras ocho para reponer sus uerzas por el sueño y cinco para su alimentación y descanso, higiene y baño, etc., tiene disponibles tres horas todavía para el cultivo de su educación. Ahora, sólo debemos agregar que, si se emplea una de esas horas en la lectura de los diarios y noticias del día, otra en la lectura sistemada de libros adecuados que amplíen los conocimientos científicos ó literarios que ya se tengan, y la última en el sport, la música, el dibujo y las bellas artes en general; con solo seguir ese sistema, durante la vida , se irá poco á poco é indefinidamente, en cierto modo perfeccionando y ampliando la educación social, profesional y artística, y sin darse cuenta, se encon-

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150 EL PROBLEMA

trará dueño de un grado de cultura que no tendría por que ceder el paso al que pudiese dar la meior Escuela para las clases más acomodadas. Todo se reduce á saber emplear aquellas tres horas diarias de que todos pueden disponer.

Y todavía quedará tiempo, para el cultivo del espíritu y el arte, aún en lo clásico, si es ^ue para el caso se posee las facultades necesarias; y de esto difícilmente se carece de un modo absoluto, pues es lo cierto, que los que no pueden sobresalir en la pintura, por ejemplo, no es raro que puedan brillar en la poesía, en la música, en la filosofía ó en la ciencia, y así en este orden; resultando que, generalmente, hay para todo hombre algún ramo artístico ó clásico en que puede sobresalir por la educación.

Difícilmente habrá hombre que escape á esta ley de las compensaciones, que hace de modo que nunca falte alguna facultad en que el individuo puede tener ventajas sobre los demás y hacerse especialidad, que es en último análisis, el secreto de los éxitos de la vida en todo orden.

Debe pues el individuo saber distribuir su tiempo, dándose lugar para seguir sus propias inclinaciones; y el Estado debe preocuparse de que no falten en el país ninguna de las instituciones necesarias para el cultivo y desarrollo de todas las clases de energías educábles en los habitantes.

La lectura de los periódicos del día y de otras publicaciones de actualidad es indispensable para formarse una educación política, como ciudadano. Esa lectura basta, para formar poco á poco, el espíritu de la cosa pública y acostumbrar á cada uno á juzgar por sí mismo de las cosas políticas, de los hombres dirigentes, y del

DE LA EDUCACIÓN PUBLICA 151

modo como andan esas cosas y esos hombres en los demás países de la tierra. Esa lectura de diarios es la que ha hecho práctica y efectiva la libertad política, y la que va moderando más y más los atropellos de las clases dirigentes contra la justicia y el derecho. Esa lectura de los periódicos es la única manera de hacer buenos á los gobiernos y poner atajo á todos los abusos. De nada vale que hayan periódicos si no hay la posibilidad de control para la opinión pública (jue esos periódicos contribuyen a fijar y que es indispensable depurar en el crisol déla conciencia nacional. La opinión pública se forma así con el concurso de todos, pero si no hay lectores, resultan dogmáticos los artículos que escriben los dueños de periódicos, y al servicio de los intereses de cada círculo son sacrificados los intereses generales de la sociedad.

Pero, si todos tienen el hábito de consultar los periódicos y formar su juicio, bueno ó malo soore lo q^ue leen; entonces, es seguro que nace la oposición de pareceres y la lucha de ideas, y nada ni nadie puede impedir que la verdad se abra paso en las conciencias y la mayoría imponga la justicia y la verdad, pese á quien pesare. Entonces es la opinión pública verdaderamente la que se impone, y no hay talento caf)az de torcer las cosas y hacer ver como blanco o que es negro, ni presentar el vicio como tipo de la virtud. No importa por lo demás, cuando hay suficientes lectores, que cada círculo haga su periódico para sostener sus intereses, por dañosos que sean á la vida social; el equilibrio viene solo, y la verdad resulta de esa misma lucha, y al fin se impone de tal modo, que se hacen posibles y aparecen, periódicos que merecen ese nombre, que se cuidan mucho de faltar á la verdad, y mucho menos de propagar el error; porque están seguros que el favor público los aban-

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152 EL PROBLEMA

donaría y daría apoyo á otro periódico que llenase la necesidad social olvidada por aquel. En la vida humana, cuando funcionan todos los resortes libremente, la verdad y la virtud resultan necesariamente de los esfuerzos que cada uno hace, cualquiera que sea el propósito y las tendencias individuales de sus energías. Por eso, el mundo marcha á despecho de bribones y malvados; y por eso, para favorecer ese movimiento es indispensable que cada hombre cultive su educación cívica, ocupándose siempre de la lectura de periódicos y aocumentos de actualidad. Presta con ello un gran servicio á su patria, á la causa de la justicia y al bien de la humanidad.

Los ejercicios de sport, en el desarrollo de la fuerza y la agilidad, el tiro al blanco, el manejo de armas y demás que conducen a nuestra propia defensa y á la defensa del país, completan la educación política del ciudaaano; con una ó dos horas por semana que se destine á este objeto se logrará el éxito más completo.

La educación social puede también atenderse perfectamente, con la otra hora diaria de que se dispone para la lectura. La Historia, la Filosofía y sus aplicaciones más inmediatas, la Sociología y la Religión, son ramos de lectura, entretenida é ilustrativa, que dan además cierta cultura y distinción, muy apreciadas en sociedad y que se adquieren fácilmente, destinándole media hora diaria, quedando todavía la otra media hora para la lectura profesional y seria. Así también de la hora diaria destinada al sport y al arte, se pueden aplicar por semana dos al spo7't y cuatro al cultivo de la música, la pintu-

DE LA EDUCACIÓN PUBLICA 153

ra, el canto, el baile, etc., etc., cosas todas que dan mucho atractivo en sociedad, proporcionan distracción y placer y dulcifican el carácter. Cualquiera que sea la fortuna, la edad y el grado de cultura de una persona, debe siempre cultivar su educación social. Nunca es tarde para ello, ni está de más en la vida, proveerse de los medios necesarios para ganarse las simpatías y la estimación de nuestros semejantes; y mucho más, cuando, como lo indicamos, se puede lograr ese mismo beneficio, sin gran esfuerzo ni trabajo y más bien, al contrario, distrayéndose con la lectura de trabajos interesantes, el sport, el trato social, el arte, etc., etc. Las sociedades filarmónicas, las reuniones sociales, los periódicos especiales, ofrecen muchos recursos y ocasiones para el objeto. Cuando hay academias para el cultivo de las artes y campos de sport para el debido desarrollo de las energías del organismo, se favorece mucho la educación nacional.

En los tiempos modernos, no se quiere que los hombres sean animales montaraces ni ángeles tampoco; se les desea hombres simplemente; pero sí, lo más perfectos posible, es decir, lo más llenos de aptitudes con que hacerse agradables á sus semejantes y útiles en el mayor grado á sí mismos, á su familia, á su patria y á la humanidad toda.

Por último, los estudios clásicos, la poesía y el arte, pueden y deben ser cultivados en la educación libre, siempre que la naturaleza haya favorecido con facultades intelectivas ó artísticas notables, y de otro lado no se tengan los

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154 EL PROBLEMA

recursos de fortuna suficiente para consagrar á esa sola educación clásica todo su tiempo y toda su actividad. Es así como la educación clásica cuenta entre sus legiones con muchos espíritus superiores, que sólo cultivan uno aue otro ramo, por serles indispensable dar todo su tiempo al trabajo remunerado para las necesidades de la vida económica.

Conspiran con poder enorme contra la educación libre el monopolio que ejercen las instituciones oficiales, para la expedición de certificados y títulos de suficiencia profesional, año por año, respecto de las materias de examen. Conspira igualmente contra la educación libre, el espíritu de cuerpo que se desarrolla en esas instituciones y que excluye á todo el que no entra en la condición de discípulo y pasa por todas las trabas y reglamentaciones del establecimiento sobre condiciones de admisión, matrícula, examen, sumisión disciplinaria, etc., etc.

Es preciso, si se quiere lograr los incalculables beneficios de la educación libre, que los títulos de suficiencia sean dados á quien compruebe ser suficiente, haya ó no sido alumno de Escuela determinada; y es preciso que el personal de las Instituciones oficiales de enseñanza no tengan otro campo de infiuencia en la sociedad que el que venga de su competencia intilectiva y del prestigio conquistado por sus trabajos en favoi* del saber humano. Cuando se hayan roto las barreras puestas al estudiante libre y se hayan quitado á los sabios oficiales todos los oropeles de artificio que les permite ser cotizados en plaza con un precio superior al que realmente tienen por su valor intrínseco; enton-

DE LA EDUCACIÓN PUBLICA 155

ees, se irá muy lejos y muy rápido en la senda del saber.

Concretando más nuestro pensamiento, diremos, que es indispensable para dar á la educación liore todo su impulso natural, que se declaren, por la ley, incompatibles con la ocupación de enseñar, estas tres ocupaciones:

1.*" — La de examinar, calificar y expedir diplomas profesionales, ó de suficiencia simplemente.

2.° — La de manejar los fondos destinados al fomento de la enseñanza, en cualquiera forma ó manera.

3.° — La de ejercer cargos públicos rentados ó concejiles relacionados con los establecimientos de instrucción ó vinculados á ellos, de manera que de algún modo pudiera traducirse en poder ó influencia que pudiera sustituir al prestigio de competencia, único de que debe gozar el que enseña, con exclusión absoluta de todo otro elemento de poder ó de influencia que á ser considerado contribuiría necesariamente á apocar aquel y también á falsificarlo.

CAPITULO VI

LA EDUCACIÓN CLASICA

La educación elemental industrial^ indispensable como es para el sustento mismo de la vida, por los recursos que permite ganar; por eso mismo, y como antídoto contra el pauperismo y la miseria, debe ser impuesta por la ley á todos los habitantes de un país, sin excepción alguna.

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156 EL PROBLEMA

Debe ser pues, de carácter obligatorio esa educación elemental, que con la técnica y la práctica, completa la educación industrial.

La educación libre, en sus tres faces, política, social y clásica, resulta también digna de especial cuidado y posible de adquirir. Por ella se aseguran distracciones y goces á la vida y satisfacciones morales de todo orden que no sería razonable desatender; por lo mismo que, toda esta educación es fácil de adquirir, está al alcance de todas las edades, fortunas y condiciones sociales, y no son menester para procurarla, ni facultades especiales, ni nada que sobrepase el nivel común y generalmente alcanzado por todos los individuos de la especie humana. Justo es pues, que todos atiendan á su educación libre y le destinen las tres horas diarias de que es posible disponer para objeto tan provechoso.

Salvando, pues, casos muy excepcionales de cretinismo, y defectos orgánicos ó enfermedades especiales, podemos afirmar que todo hombre es capaz de adquirir una perfecta educación industrial y social, sin esfuerzo alguno extraordinario; ó, mejor dicho, sin otro esfuerzo que un poco de voluntad para lograrla y un poco de constancia para ejercicios y lecturas, metódicamente seguidos.

El que desde niño haya de recibir su educación, podrá encontrarse á la edad de veinte y tres años hecho un hombre, dueño de una profesión distinguida, las más penosa si así lo ha querido, y con una educación política y social completa. Si las aspiraciones del candidato se han limitado á una profesión más sencilla ó á un simple oficio, le bastarán menos años, diez y seis en el caso último, serán suficientes para lograr su empeño. Si se trata de persona que no tuvo la suerte de hacer su educación desde ni-

DE LA EDUCACIÓN PUBLICA 157

ño, y deba procurársela atenido únicamente á sus tres horas libres, tantas veces mencionadas, también en ese caso, será posible que haga su educación, si tiene la suerte de quererlo deveras así ó hay quien le procure ese benéfico deseo. Sea de 10 años ó de 20 ó 30, lo mismo será para el caso, si deveras hay voluntad de reparar el tiempo perdido. La constancia en la lectura, siguiendo cierto orden de selección en los libros que se revisan, y la asistencia á conferencias y lecciones de academia, bastarán infaliblemente para lograr, en 6 ú 8 años de constancia, sin la menor alteración de las ocupaciones ordinarias remuneradas, una educación tan amplia como la que, en el niño, demanda 14 años de concurrencia á escuelas y colegios. En cuanto á la parte profesional ó técnica, una vez lograda aquella, no será ésta sino cuestión de unos pocos años más de estudio libre ó sistemado, según los recursos y propósitos de cada uno.

Para todos hay, pues, la seguridad de adquirir educación industrial y social suficiente para las exigencias ordinarias de la vida. No sucede lo propio con la educación clásica; supone esta educación cualidades especiales, fortuna ó gor lo menos cierta holgura de recurso, talento intelectivo ó artístico no común, amor apasionado por el estudio, y cierto espíritu filosófico, científico ó artístico; cualidades todas y cada una de ellas, que sólo son dadas por la naturaleza á sus hijos más predilectos. Sin estar en esa condición, sin poseer por lo menos alguna de esas cualidades, sería locura pretender en forma la educación clásica. No es, esa educación, para todos, ni tiene objeto en la vida or-

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158 EL PROBLEMA

dinaria. Sólo deben ir á ella los que, desde lo alto vinieron al mundo para revelar las grandes verdades, para señalar los nuevos rumbos, para dirigir las grandes evoluciones sociales, para descubrir los secretos del arte y las leyes de la naturaleza; en una palabra, para conducir al través de tiempos y lugares, el desarrollo evolutivo de las humanas energías.

Esa educación, es necesaria para alumbrar el sendero y encaminar la acción de los hombres dirigentes: los jjolíticos, los legisladores, los estadistas, los jurisconsultos y publicistas, los sabios y los filósofos, y en fin todos los que ocupan en la sociedad, ó deben ocupar, puesto de consejo ó de comando, ó ambos á la vez.

La educación clásica no puede pues, ser obligatoria, como sucede con la industrial, porque la superioridad psíquica entre los hombres no está en las leyes, ni se impone, ni se fabrica; sólo la naturaleza sabe producirla y sólo en las regiones de lo elevado y de lo libre puede desarrollarse. A la educación clásica debe proporcionársele todo, pero no debe exigírsele nada. — Allí donde haya buena cimiente que vaya el riego y los cuidados del hortelano, pero que el aire y el sol ejerzan libremente su acción.

Un hombre educado en lo industrial y social debe conocer la música y el canto, la pintura, etc. y debe tener cierta instrucción filosófica y literaria y conocimientos científicos y prácticos de su profesión, pero nada más. El ingeniero, en matemáticas y algunas de sus aplicaciones; el médico en anatomía y fisiología; el abogado en la legislación y el derecho, deben fundar sus conocimientos especiales, profesionales; pero eso

DE LA UDUCACION PUBLICA 159

sólo les basta: su ramo no es científico ni filosófico, es industrial únicamente, y por consiguiente, le están de más las verdades puramente especulativas por importantes que sean, y todo lo que no conduzca al servicio de la respectiva profesión.

Del ingeniero al geómetra y al analista, así como al sabio, químico ó físico, hay un mundo de distancia; lo hay también del médico al naturalista, al fisiólogo, etc.. del abogado al jurisconsulto, del político al estadista, al financista, al sociólogo, etc. , etc. ; entre esas clases media un abismo; sólo el talento ó el genio, en el crisol del estudio y la experimentación, puede llenarlo. Una cosa es ganar la vida, empleando los recursos de la ciencia y aprendiendo á hacer uso de estos recursos, y otra cosa es crear esos recursos.

En todos los pueblos y en todos loa tiempos nacen hombres superiores, y cuando la nación á que pertenecen se halla bien gobernada, hay en sus instituciones, en sus leyes y en sus costumbres, los medios necesarios para que esos hombres superiores desarrollen sus facultades y produzcan los frutos á que están llamados. Es así como los grandes países mantienen vivas sus energías dirigentes y las aprovechan en todos sus efectos.

En la educación clásica, ya lo hemos dicho, la libertad es lo esencial para su desarrollo. Allí no debe haber, sino como simple dato estadístico, eso que llaman matrícula anual de alumno en los establecimientos de educación. Tampoco debe haber en la educación clásica, ni años de estudio, ni programas de enseñanza prefijados de antemano, ni exigencias para la inscripción de los que sigan un curso, ni exámenes, ni lecciones, ni nada en fin que signifique coerción al estudiante, ni limitaciones ni cortapizas al

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160 EL PROBLEMA

maestro. En la educación clásica todo es espontáneo y todo vive al calor del amor por la verdad que brilla á la vez en maestros y en discípulos.

En la educación clásica, profesores y alumnos son hombres formados, que van al estudio por el saber mismo, ajenos por entero á toda idea utilitaria. Allí se enseña toda materia que sea nueva ó poco conocida, siempre que haya profesor capaz de enseñarla y alumnos que quieran estudiarla, y también se cultiva un ramo sin que hayan alumnos, con tal que haya persona que lo domine y se haya hecho una especialidad notable, capaz de descubrir nuevas verdades y abrir nuevos horizontes al saber humano, en ese ramo. Cuando hay algún hombre de esa importancia, es un deber impulsar sus trabajos y rodearlo de todas las condiciones fa vorables á sus investigaciones. Al lado de estos hombres eminentes tienen cabida también, en la educación clásica los talentos de segundo orden cuya erudición y competencia se deba aprovechar, en la enseñanza universitaria, para los ramos que sirven de complemepto á lo técnico y de base á los estudios clásicos que forman el primer grado de su educación.

En la educación clásica hay pues dos grados: lo universitario superior, y lo que pudiéramos llamar altos estudios, en que sólo se enseñan verdaderas ciencias nuevas. Además, podría considerarse la parte de experimentación, que es inseparable en las ciencias físicas y se aplica también alas ciencias psíquicas, en cierto modo.

Hay también ciertas materias que se cultivan siempre en las universidades, como son los idiomas antiguos, la gramática y la literatura generales, las matemáticas, las ciencias físicas y naturales, la filosofía y la historia, la legislación, el derecho, la sociología, etc., etc. ; en tan-

DE LA EDUCACIÓN PÚBLICA 161

to qae hay otras materias (jue se enseñan como especialidades en academias é institutos especiales, donde los sabios de cada país son congregados y sostenidos por la munificencia de la nación, según su grado de civilización y la estima que tienen sus clases dirigentes por la ciencia y por sus hombres. Al rededor de los sabios, se forman otros muchos que reciben el impulso de sus enseñanzas y continúa después la senda de progreso que aquellos iniciaron.

En la educación clásica no hay ramo inútil; todos son interesantes, si hay especialidad que los cultive y saque á luz nuevas verdades. El menor beneficio que de este sistema resulte es que el especialista se perfecciona y amplía sus conocimientos, descubriendo nuevas verdades importantes para la ciencia y contribuyendo así al adelanto de la civilización.

La educación clásica tiene sus centros propios en la sección superior de la enseñanza universitaria é institutos especiales y en sus laboratorios y gabinetes destinados á la experimentación científica. Para el cultivo del arte clásico hay además las academias y los conservatorios. En esos centros se reúne el personal más selecto de -sabios y artistas de un país, y cuando no los hay en número suficieute se contratan del extranjero, y todos se hallan rodeados de comodidades y consideraciones, dotados con renta suficiente y en posesión de todo el instrumental y los medios de estudio necesarios para el cultivo de las ciencias y el arte. En algunos países, esas diversas instituciones sabias se centralizan en un instituto nacional de estudios especiales, y las que procuran el cultivo de las bellas artes se centralizan en un conservatorio nacional de bellas artes. Los trabajos se distribuyen por academias, y no faltan generalmente las de Ciencias y de Filosofía así como la de La Lengua. Nin-

102 EL PROBLEMA

guno de esos centros falta en un país donde se tiene por el saber y el talento el respeto y la estima debidos. En esas naciones la educación clásica tiene todos los elementos para vivir y vive efectivamente.

CAPirULO VII

LOS TRES MODOS DIRECTOS DE APRENDER

§ I — La imitación

La facultad de imitación, en la escala de las que conducen al conocimiento, parece ser la elemental. En los animales superiores se halla tan desarrollada, que por su medio se logra domesticarlos y enseñarles á practicar multitud de actos coordinados y en relación con las órdenes que se les imparte al efecto. En la especie humana, la existencia de esta facultad, basta para explicar, el cómo aprenden las criaturas el idioma materno, principiando á hacer uso de él generalmente, antes Je cumplir su primer año de edad. Debemos atribuir á la misma facultad el aprendizaje de toda clase de idiomas; que como es sabido, se hallan al alcance de cualquier persona, con tal que vivan entre los individuos que los hablan. Cierto es, que hay quienes jamás hablan bien su propio idioma; pero, dejando á un lado ese grado de perfección, el hecho es que, nadie carece del intelecto suficiente, por escaso que sea, para no aprender el idioma que hablan los que constantemente lo rodean.

La facultad de imitar ó reproducir un sonido, un movimiento, un modo, etc., etc., que se hace en nuestra presencia, es natural y espontáneo en todo hombre. Sucede, sin embargo,

DE LA EDUCACIÓN PUBLICA 163

que el organismo no ayuda, sea por falta de ejercicio^ sea por falta de delicadeza suficiente en su estructura y constitución; defecto, este último particularmente, que no siempre se podrá subsanar por entero. Con todo, el ejercicio y la repetición del acto imitativo, asegurará el éxito en el mayor número de los casos, aún en los rebeldes; pues hasta en los provenientes de imperfecciones orgánicas se logrará mucho con el ejercicio y la educación.

Los idiomas, bien lo sabemos, se aprenden por la voz viva, sin más que oir siempre y repetir lo que se oye. La escritura se funda, igualmente, en el constante ejercicio de imitar los rasgos, las formas y las líneas trazadas en el papel; el dibujo tiene igual fundamento, si bien exige más aptitudes, y ciertas dotes de artista, caso de pretender algo más que lo corriente; el baile, la música, el canto obedecen al mismo resorte. El todo está en imitar; y esto, se logra con atención y ejercicio, en un tiempo más ó menos largo; pero se consigue seguramente en todo caso.

La educación de los niños, fundada en el uso de esta facultad es de incalculables ventajas, muy especialmente sobre la que se funda en la disciplina y la memoria. Con el ejercicio y buen uso de la facultad imitativa, no hay lección perdida ni aptitud atrofiada. Para los niños de 4 á 6 años, este sistema es el único que debe permitirse: la naturaleza misma lo tiene indicado al mostrarnos cómo los niños aprenden su idioma sin dificultad, en tanto que esa misma lengua no puede aprenderla un hombre, por el estudio, sino después de grandes trabajos y venciendo muchísimos tropiezos. Aquel emplea la facultad imitativa que es la que debe usarse, en tanto que éste hace uso del estudio y de la gramática, que nada tienen de apropiado á esos fines.

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1G4 EL PROBLEMA

La facultad imitativa, no sólo es favorable á los niños; lo es también para los hombres, y en toda época de la vida, es facultad de conocimiento, grandemente útil. No comprendemos como esta facultad ha podido pasar desapercibida antes de ahora. En ningún libro de los que hemos leído, la hemos visto ni siquiera mencionada. En nuestro concepto, esta facultad es fundamental y de la más alta importancia.

En un adulto, cuando se ejercita la facultad imitativa, no hay conocimiento que se resista. Podemos citar en nuestro apoyo dos casos bien conocidos y universalmente realizados:

El aprendizaje del idioma de un país extranjero, cuando se vive en él uno ó dos años á lo más; y el aprendizaje de toda clase de juegos de entretenimiento, cuando se practican cierto tiempo.

Apliqúese este método, en la educación libre, para escribir, para dibujar, para modelar, y para la pintura, la música, etc., etc., y se verá que sus recursos son de lo más fecundos, y que con su auxilio, se hacen verdaderos milagros, si hay la voluntad de lograr por su medio una aptitud determinada.

§ II — La lectura

Muy pocas personas saben que la lectura es un poderoso factor de conocimientos. Se cree, generalmente, que la lectura sólo es buena para cuentos y novelas, para periódicos del día y para la revisión de las publicaciones especiales que se hacen periódicamente y que es útil consultar, para saber dónde podría encontrarse tratada cuestión determinada, por si alguna vez fuese necesario conocerla. En todo lo demás.

BE LA EDUCACIÓN PUBLICA 165

se cree que la lectura de nida, sirve sino el estudio, es decir, la repetición de la lectura muchas veces, en una ó más páginas, hasta lograr su fijación en la memoria, no pasando á otras páginas, sino después de fijadas las anteriores. En los colegios se va más allá todavía, y se entiende por saber, saber de memoria; habiendo resultado, de este absurdo modo de ver las cosas, la mayor parte de los vicios ó inconvenientes que tienen todos los planteles de educación.

Sin embargo de aquellas doctrinas que acabamos de citar, es lo cierto que, la lectura es un gran medio de aprendizaje y sabiéndolo, emplear, da resultados admirables. Algo más, nosotros creemos que es el único medio racional de estudio; es decir, el que da el máximum de conocimientos, con el mínimum de esfuerzos intelectivos.

Aprender, es realizar un acto psíquico que tiene mucho de parecido con el acto material de pintar sobre una superficie. Todos sabemos que no es posible pintar en madera, una tabla, por ejemplo, sino pasando sobre ella una serie de capas de pintura, muy delgadas cada una, y solamente colocadas, cada capa, después que se halle seca la anterior. Se sabe que, generalmente, bastan tres manos de pintura para dejar la superficie perfectamente cubierta y hermoseada, gastando en pintura el mínimo necesario úni(»amente.

Se sabe también que, si se intentara, en una sola mano echar una capa de pintura bastante gruesa para dejar la obra acabada, resultaría una superficie desigual, llena de rugosidades y rayas al secarse, y con manchas y claros en varios puntos, por falta de adherencia de la pintura en ellos, como pasa en la madera con los nudos; en una palabra, resultaría una obra monstruosa y un consumo enorme de pintura.

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16G EL PROBLEMA

Cosa análoga pasaría si pintando por manos sucesivas, se quisiese aplicar éstas, una tras otra sin (Je jar secarse la anterior: cada capa solo serviría para borrar el efecto de la precedente, y el resultado sería no poder pintar la tabla y haber perdido tiempo y trabajo en una operación de suyo absurda.

En los tres casos ha habido una tabla, un pintor y un poco de pintura; pero la conexión de estos tres elementos, sólo ha sido racional y sólo ha dado resultado, cuando se han seguido ciertos principios, ciertas reglas y ciertos modos que han enseñado á pintar por capas sucesivas y esperando siempre que se seque la anterior para aplicar la siguiente. En el aprendizaje resulta, con el cerebro, cosa análoga respecto de las imágenes, recuerdos, intuiciones, conceptos é ideas que, deben grabarse en sus circunvoluciones: no se pinta allí tampoco sino por capas sucesivas, aplicadas sucesivamente, unas después de otras,y solamente cuando aquellas hanadquirido su lugar y se han fijado bien, para servir de apoyo á las nuevas que deben venir, y así en adelante. Sólo la lectura conduce á ese resultado: el estudio no produce sino impresiones rugosas y quebradas, con manchas y con claros en unos casos, sirviendo en otros únicamente para fatigar sin objeto las energías del espíritu y para borrar en cada impresión, la huella débil que dejara la impresión anterior.

La comparación que hacemos nos ayudará en mucho para hacernos entender; pero hay algo más aún, que puede particularizarse en la lectura. Una larga experiencia personal nos permite entrar en estos detalles. La masa cerebral es evidentemente algo más que una simple tabla para pintar; es una masa viva, en que las ideas y conceptos se traducen en vibraciones y organismos celulares, que necesitan para producirse

DE LA EDUCACIÓN PUBLICA 167

cierto tiempo y cierto orden de prelación. Sin esos factores, el trabajo intelectivo se gasta en pura pérdida, no traduciéndose sino en nociones confusas ó en absurdos y en tendencias al error, tanto más fuertes cuanto mayor fué el desorden que las produjo y más numerosas las violencias á que fué sometida la masa cerebral, por el estudio y por el trabajo de la memoria.

La naturaleza tiene sus caminos, y en cada cosa, ese camino es único: el de la menor resistencia ó lo que es igual, el del mínimo esfuer-. zo. De ese orden no se sale nunca y todo lo que es inconsciente lo sigue siempre; el rayo mismo, al atravesar la atmósfera y los cuerpos, sigue esa línea y no la equivoca jamás; sólo el nombre desconoce esa línea, porque justamente, la razón de su existencia estriba en descubrirla por su propio esfuerzo,y seguirla entonces conscientemente.

Pues bien, esa línea de menor acción, no la marca el estudio sino la lectura; el estudio aleja de ella, tanto más, cuanto más empeñosamente se le practica. La razón es clara: la lectura presenta al intelecto una serie de impresiones, para que él elija la que sea más asimilable, y le deja libertad de hacerlo, sin presionarlo en manera alguna. Resulta de allí, que las impresiones que se fijan son las que naturalmente deben fijarse; y las demás, que no alcanzan á esa intensidad, dejan únicamente una tendencia, por el momento en la región de lo inconsciente, pero que va trabajando en su vibración y en su distribución celular, y preparando así el terreno que harán fructífero otras huevas lecturas á favor de ese abono y de las fijaciones anteriores, y que, con aquellas y éstas, vendrán en cierto momento conscientes, claras y distintas, como las anteriores y como ellas, servirán de base á otras nuevas y se perpetuarán en el inte-

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168 EL PROBLEMA

lecto, organizándose en sistemas celulares adecuados, sobre los cuales nuevas vibraciones y nuevos sistemas seguirán formándose, y así sucesivamente. Se eleva así el nivel del intelecto y el horizonte de sus aptitudes para pasar después á los descendientes y repartirse en las generaciones siguientes y sucesivas, que llevarán á la especie los beneficios y las ventajas de los perfeccionamientos elaborados en el individuo, por la sola actividad de su educación.

Si se hubiese empleado el estudio en lugar de la lectura, el esfuerzo de voluntad y de memoria que el estudio trae, obligaría al intelecto á tomar, no lo que puede y debe tomar, sino lo que se le obliga á tomar; y así, vibraciones y organismos celulares, obedecerían al error del sistema, no á la sabiduría de la naturaleza.

Las ideas y todo, se desviarán de ese camino natural que el cerebro inconsciente no hubiera equivocado, como no equivoca el rayo su camino ni lo abandona sino cuando se interrumpe su línea de acción, con alguna resistencia nueva destinada á ese objeto.

Pero, no sólo es la lectura el camino más natural para fijar en el cerebro las impresiones intelectivas, sino que es el más eficaz, para que esas impresiones sean claras y queden profundamente arraigadas. Para convencerse de esta gran verdad, bastará fijarse en la facilidad con que todos entienden y se apropian el contenido de las lecturas ligeras, como son las de cuentos, novelas y periódicos; y, lo que la lectura atrae y absorbe, cuando se entiende lo que se lee, como pasa en los casos indicados. Si los libros de ciencias estuviesen redactados en vista de que sirvieran para la lectura, como pasa ya felizmente con las obras de este género que actualmente se publican sobre algunas materias, como astronomía, ciencias naturales, etc., en

DE LA EDUCACIÓN PUBLICA 169

Eocos años, se vería, como ya se ve por los liros de Flamarión y otros ae esa clase, cuanto es la lectura superior al estudio y cuanto es fecunda, para adquirir un mundo de conocimientos vasto y sólido, como no puede jamás proporcionarlos el estudio.

En otros capítulos de esta obra, hemos tratado algo de esta cuestión y hemos hecho ver cómo, con el solo empleo de las tres horas diarias de que todo hombre puede disponer libremente, puede hallarse á los treinta años de esa práctica, en posesión del título académico más difícil de adquirir; y esto, sin que deba cambiarse en lo menor el régimen de las ocupaciones y aspiraciones ordinarias y sin ejercer el oficio de estudiante tan perjudicial á la familia y á la sociedad.

§ 3. — El estudio

Hemos tenido ocasión de manifestar, antes de ahora, que si se lee un libro, de principio á fin, sin preocuparse de fijar en la memoria, sino lo que naturalmente quede en ella, á consecuencia de esa lectura : es un hecho,f ácil de comprobar por la experiencia de cada uno, que una segunda lectura, fija más y aumenta la claridad de lo adquirido en la primera lectura y descubre y grava nuevas ideas que en la primera lectura habían pasado desapercibidas; y finalmente, con la segunda lectura resulta que se entiende más de un punto de los que en la primera leqtura parecían ininteligibles. También hemos dicho, antes de ahora que difícilmente hay libro cuya completa inteligencia y fijación en la memoria, no se logre después de la sétima lectura, hecha en el orden y sistema que acabamos de recordar. Pues bien, cuando esa sétima lectura se ha hecho, lo

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que se llama estudio, puede ser de muy útil aplicación.

El estudio como ya lo hemos definido es la repetición inmediata de una lectura, tantas veces como sea necesario, para que la memoria fije por entero toda la materia que se estudia. Esta repetición, hecha como lo verifican los estudiantes en materia cuya índole no es conocida y cuyo método no es comprendido, lejos de {)roducir adelanto causa entorpecimiento al adeanto intelectual, pero, si se aplica al caso que indicamos habiéndose antes por la lectura, aominado la índole y el método de la materia de que se trata, y habiéndose fijado, también, en la memoria, sin esfuerzo especial de ésta, la mayor parte de la doctrina; el estudio, decimos, viene á ser muy conveniente para cerrar ese trabajo, retocando los últimos puntos que aún han quedado un poco oscuros ó inseguros en la memoria, y que han menester una repetición singular y solo concretada á esos puntos.

En estos casos pues, el estudio es recomendable; pero aún en ellos, hade hacerse con cierto sistema, que lo acerque á la lectura cuanto sea posible. Al efecto, bastará hacer con el punto objeto de estudio, lo propio que se ha hecho con todo el libro; leer seguidamente una, dos, tres ó más veces las páginas que á ese punto se contraen, y leer con calma y con reflexión, fijando particularmente la atención, en lo que más se resista á ser admitido en la memoria. Es seguro que procediendo así, con el menor esfuerzo se obtendrá el resultado apetecido.

El estudio, en estas condiciones únicamente es aceptable,y así constituye un complemento de la lectura, que convenientemente aplicado es verdaderamente útil. En ciertas materias, como en matemáticas.y ciencias naturales, hay necesidad, además de la lectura y del estudio, de

DE LA EDUCACIÓN PUBLICA 171

un cierto trabajo complementario de investigación propia, qué se hace: en matemáticas puras, por medio de desarrollo de fórmulas; y en matemáticas mixtns, como en ciencias físicas y naturales, por medio de experimentos y manipulaciones, que suponen aptitudes para su ejecución y material y medios adecuados, de que ya nos hemos ocupado en capítulos anteriores.

Lo expuesto, creemos será suficiente para dejar anotados los modos directos del conocimiento, cuyo empleo conduce á la solución final del problema de la educación.

CONCLUSIONES GENERALES

I."" Los pueblos son lo que quieren ser, cualesquiera que sean la raza ó razas de que provengan. El secreto de su porvenir así como el de su pasado y su presente, estriba únicamente en su educación,

2/" La educación, en todas sus faces, no es exclusiva de edad, de sexo, ni de clase social determinada. Toda edad y toda época de la vida, son aparentes para educarse; sólo la muerte debe poner término á la educación, así como al trabajo.

3.*' Más diferencias se producen entre los hombres por la educación que por los grados de sus energías, sean estas psíquicas, orgánicas ó situacionales.

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172 EL PROBLEMA

4.® No es sabio el que conoce verdades y leyes; sólo lo es el que asimila esas verdades y leyes, prestándoles asentimiento consciente, firme, amplio; y haciéndose capaz de aplicarlas en la práctica y conformar todos sus actos habitualmente á lo que esas verdades establecen.

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índice

LIBRO I

Naturaleza de la educación

Capítulo I — El porqué de la educación 5

Ídem II — Las cuatro unidades educables . 9

§ I — La personalidad humana 10

€ II — La Familia 19

« III — La Patria 23

« IV — La Humanidad 27

Capítulo III — Las tres energías psíquicas que

deben educarse 29

§ I — Energías intelectivas 31

« II — ídem afectivas 39

« III — ídem volitivas 45

Capítulo IV — Las tres energías orgánicas que

deben educarse 51

§ I — Energías biológicas 51

< II — ídem dinámicas 57

< III — ídem artísticas 60

Capítulo V — Las tres energías situacionales

que deben educarse 63

§ I — Consideraciones generales 63

« II — Energías industriales 63

« III — ídem políticas 69

« IV — ídem sociales 76

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— II —

Capítulo VI — Las tres clases de educación 78

Conclusiones generales 81