Elementos de hacienda pública · Unidad 4 de 97
Unidad 4 · CAPITULO III
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CAPITULO III
La comparación en asuntos fiscales.
En el estudio y análisis de las cuestiones fiscales se ocurre frecuentemente á la comparación, ya sea de un Estado con otro, ó de datos relativos á épocas diferentes de un mismo Estado. Con facilidad se incurre en errores al hacer comparaciones, y es importante precaverse del abuso de ellas, porque generalmente los datos que se comparan se obtienen por medios que no son uniformes, en virtud de disposiciones legislativas diferentes, y en situaciones y condiciones distintas. La regla es y debe ser que no se comparen sino datos homogéneos y uniformes. Si se trata de comparar datos relativos á dos lugares diferentes en una misma unidad de tiempo Ó durante una sucesión de períodos idénticos, es necesario que entre los datos que se ponen en paralelo haya homogeneidad intrínseca (calidad y medida), y extrínseca (lugar y tiempo); se requiere además que se tengan en cuenta todas las causas de va-
riación á fin de dar á los datós su justo valor. Sea que la comparación se haga de objeto á objeto, de fecha 4 fecha, ó de lugar á lugar, debe practicarse con gran precaución, teniendo en consideración las variaciones producidas por las leyes Ó las condiciones particulares de cada país.
En primer lugar, los datos deben ser obtenidos por el ¡mismo medio. Así no se puede, en una estadistica inter. nacional, sin incurrir en una falta de método, examinar para un país los presupuestos de previsión y para otro los de consumo; ni tampoco se puede comparar un presupuesto antiguo, en que generalmente no se incluían los gastos de administración y recaudación, con un presupuesto moderno, en que sí están comprendidos.
En segundo lugar, los datos deben expresar el mismo fenómeno. Quien quiera, por ejemplo, calcular qué porción de riqueza suministran los ciudadanos de un país para la satisfacción de necesidades de orden colectivo, no puede limitarse á comparar los presupuestos generales de un Estado con los de otro. Partiendo de este equivocado procedimiento, se ha dicho siempre, con evidente exageración, que en Inglaterra el Estado deja á la iniciativa individual más campo de acción que en otros países; y basta examinar los gastos de los poderes locales para ver que allí éstos gastan casi tanto como el Estado. Como al contribuyente le importa poco pagar al Estado ó á las autoridades locales, es preciso tener en cuenta los sacrificios que hace en servicio del uno y de las otras cuando se trate de saber con exactitud la carga que soporta.
Es evidente también que se deben comparar datos lo más uniformes y homogéneos que sea posible; y que la comparación debe hacerse, además, de modo que las causas de variación sean indicadas con precisión. La comparación del presupuesto de un Estado federal con el de un Estado unitario es absurda. Absurda es también la comparación, si no se hace con la necesaria exactitud, del pre-
supuesto de un Estado en que hay cuantiosos gastos de gestión y administración causados por grandes servicios públicos ó por alguna industria, con el de un Estado que no hace semejantes gastos, ó los hace en escala reducida. Tal sería el caso, por ejemplo, si se comparara el presupuesto de previsión prusiano, en qué figuran gastos de explotación de una gfan red de caminos de hierro, de minas, salinas, bosques etc., que allí son de cargo del Estado, con el presupuesto de los Estados Unidos de América, donde semejantes gastos son de cargo de empresas industriales privadas, porque el Estado no tiene allí caminos de hierro, bosques, salinas ni minas en explotación.
Por último, es necesario que los datos sean adecuados á la importancia del hecho que se quiere demostrar. Para comprobar la carga que soportan los contribuyentes de un país, por comparación con los de otro, es demasiado simple el procedimiento que consiste en dividir las sumas de los ingresos en las cajas del Erario-por el número de habitantes. En primer lugar, se necesita examinar la naturaleza de los ingresos: una cosa son las:rentas de los bienes del Estado, otra el producto de Jos servicios públicos, y otra el de las contribuciones. Pero, aun haciendo esta separación, siempre es difícil la comparación. Para medir el peso de los impuestos importa poco saber cuánto da cada contribuyente en diferentes países ó en un solo país en épocas distintas. Lo que interesa saber es cuánto da, en relación con sus medios de subsistencia, tanto al Estado como á los poderes locales. Así, para fijar cuánto gasta un país en instrucción pública en relación con otro, no puede hacerse simplemente la comparación de sus presupuestos generales de gastos. En Francia, por ejemplo, los gastos de educación elemental corren por cuenta del Estado, en tanto que en Italia son de Cargo de los comunés; y así respecto de este rato de administración como de otros muchos, hay diferencias múy grandes entre las naciones.
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