Elementos de zoología · Capítulo real 9 de 49
CAPITULO XV
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 2 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
CAPITULO XV
ÓRGANOS GENITALES FEMENINOS EN LA SERIE ANIMAL _ En los mamíferos (mujer como tipo) se obser¬
van dos cuerpos ovoides glanduliform.es situados en la cavidad abdominal y llamados ovarios: contienen enmcdio de su cstroma fibroso, principalmente Inicia la periferie, unas bolsitas particulares (vesículas de Graaf ú ovisacos) que abrigan un óvulo ó celdilla destinado á suministrar los elementos del ser nuevo cuando esté colocado en circunstancias favorables. Muy cer^de^
1 Andróginos.
aeoreDUNACION ®( ciencias
los ovarios comienzan unos canales vectores (trompas de Falopio ú oviductos) que sirven para conducir el óvulo á la cavidad del útero ó matriz, órgano simple ó doble colocado en la pelvis, y donde el óvulo fecun¬ dado se detiene para acabar su desarrollo, en la mayor parte de los mamíferos: el tránsito de los óvulos en la trompa se verifica por los movimientos de las pestañas vibrátiles del epitelio que tapiza el interior de este conducto. Al útero está abocado un canal ancho, la vagina, que termina en las partes externas de la gene¬ ración y sirve para guiar el órgano masculino y de consiguiente encaminar con seguridad el líquido se¬ minal al hocico de tenca, que es la entrada del cuello del útero. En los monotremos los oviductos (lo mismo que los canales deferentes) desembocan en una verda¬ dera cloaca.
Aves y Bate actos. — Un racimo de vesículas de Graaf, sueltas, constituye el ovario; la trompa ú ovi¬ ducto abro su pabellón cerca de los ovisacos v los óvu¬ los están acarreados en este canal por pestañas vibráti¬ les del peritoneo (Wiet y Mathias I) uval): el oviducto concluye en la cloaca. La misma disposición general se observa en los reptiles. Los peces tienen ordinaria¬ mente dos ovarios y uno ó dos oviductos queso abren en el uretero ó en un poro genital situado entre la ure¬ tra y el ano (detrás del ano y delante de la uretra)- ciertos serranos (Serranos cabrilla y S. Scriba) pare¬ cen ser hermafroditas (Desfossés).
Insectos. — Dos ovarios (v. fig. 15) formados por una reunión de tubos ó de saquillos llenos de óvulos vienen á abrirse en la vagina: en el fondo de este canal ./ se ve una vegiguilla conocida con el nombre de bolsa
copulatriz ó espermátiea, en la cual el semen del ma¬ cho se i Hiedo conservar sin alteración por mucho tiempo.
Aiíaxkidos. — A continuación de los ovarios se ven unos oviductos cuya abertura exterior se observa en una bolsa de la parte anterior é inferior del abdomen, de manera que exteriormente los dos sexos no se dife¬ rencian más que por el volumen de su vientre y la forma de sus palpos.
Los moluscos y gusanos possen ovarios muy sim¬ ples; en los bermafroditas la glándula sexual contiene á veces los dos elementos, masculino y femenino, uni¬ dos. Los actiuozoarios son ordinariamente asexuados: se suelen encontrar los óvulos sueltos y no contenidos en ovarios, pero ordinariamente se reproducen por un modo ágamo.
Hemos visto que cada sexo está provisto de órganos especiales y cuya función es diferente; pero en el em¬ brión los dos sexos no se pueden reconocer y los ele¬ mentos masculinos y femeninos so forman jior diferen¬ ciación á expensas de unos órganos llamados cuerpos de Wolff y de unas glándulas genitales: al estado adul¬ to podemos establecer la comparación anatómica si¬ guiente:
ÓRGANOS MASCULINOS. ÓRGANOS FEMENINOS..
Testículo . Ovario.
Esperma . Óvulo.
Canal deferente . Oviducto-
Vesícula seminal . Útero.
Su canal excretor . Vagina.
Efectivamente, vemos en el testículo un producto fecundante segregado por los tubitos y que es el anᬠlogo del producto destinado á ser fecundado y segre¬ gado por los ovisacos; el canal deferente conduce el semen como la trompa de Falopio el óvulo; la vesícula seminal recibe y guarda el esperma como el fdero ad¬ mite y conserva el lluevo en la mayoría de los mamí¬ feros: en fin, el canal cyaculador y la vagina son con¬ ductos excretores de los productos ovárico y testieular.
Ahora que conocemos de un modo general los órga¬ nos de la generación sexual, echemos una ojeada rápi¬ da sobre la parte fisiológica.
El primer acto es la cópula ó coito. En los animales provistos de pene hay intromisión de esta parte en la vagina de la hembra: en los que carecen de este ór<mno, se verifica una simple aplicación de las dos cloacas una sobre otra, y aun hace falta esta yuxtaposición en la mayoría de los peces, cuyo macho fertiliza los hue¬ vos cuando ya la hembra los ha arrojado y casi sienipre abandonado. La particularidad de organización que hemos señalado en las arañas, da lugar á un modo especial de coito entre estos articulados: el macho se desliza debajo de la hembra, y después de haber im¬ pregnado de semen la extremidad de sus palpos, los introduce en la bolsa preabdominal de la hembra, en donde deposita el licor fecundante que es absorbido por la abertura de los oviductos. En los insectos la cópula es normal y el semen queda en la espermateca en reserva para salir de ella y derramarse sobre los huevos á medida que la hembra los pone: haremos observar que en las moscas, la hembra tiene un largo oviducto ú ovipositor protractil y que lo introduce en
la cavidad genital del macho, al revés de los otros in¬ sectos.
Sigue después la eyeculación del fluido prolílico: és¬ te penetra en el útero ó en los oviductos para ir á po¬ nerse cu contacto con los óvulos, para impregnarlos y verificar así su fecundación: según parece, los esper¬ matozoides vienen á perderse en el vitelo pasando al través de la envoltura del óvulo ó por algún poro de ella: 1 solamente entonces el óvulo comienza la evolu¬ ción y á no ser fecundado, él sale del cuerpo de la ma¬ dre y se pierde.2 Casi todos los animales tienen en el año una ó dos épocas en las que se verifica en ellos una excitación sexual llamada brama y que con fre¬ cuencia so acompaña con fenómenos notables en el macho. En la especie humana y en algunos animales, al momento del desprendimiento del óvulo, sobreviene una congestión uterina que se manifiesta por un escurrimiento de sangre conocido con el nombre de mens¬ truación; raras veces deja do haber coincidencia entre estos dos fenómenos, y ya Caio Plinio Secundo decía que era tradición que al comenzar ó acabar la mens¬ truación, la concepción era más fácil, punto que las observaciones modernas han puesto fuera de duda.
Después de la fecundación acaba la misión del ma¬ cho, y en varias especies él se muere luego. La hem¬ bra guarda el producto en su útero en la mayor parte de los mamíferos, y este estado es el de preñez ó ges¬ tación que dura un tiempo variable: tres semanas en el ratón, cuatro semanas en la coneja, sesenta dias en
1 Micropilo.
2 Ménos en los casos de partenogénesis de que hablaremos al estudiar los insectos.
la perra, veintiuna semanas en la oveja, doscientos se¬ tenta dias en la mujer, cuarenta y una semanas en la vaca, 444 dias en la gírala, y en la elefanta cien sema¬ nas (exactamente 629 dias según Mr. llrown). Las aves y otros animales sin útero conservan raras veces en el cuerpo el producto de concepción: generalmente es arrojado bajo la forma de huevo, y cuando él tiene un cascaron duro como en las aves, tortugas, etc., esta cubierta se forma en el trayecto del oviducto que se¬ grega por algún punto de su mucosa los elementos te¬ rrosos del putámen ó cáscara.
En fin, viene la expulsión del producto do la fecun¬ dación, la puesta, si el animal es ovíparo, el parto si el animal es vivíparo. Este último presenta una par¬ ticularidad. notable en ciertos mamíferos, como el Tlacuache (Didelphis Californica), y que ha motivado la separación de estos seres en una división llamada do didelfos ó marsupiales: en estos mamíferos el hijo na¬ ce en un estado muy imperfecto, embrionario, y la madre lo coloca dentro de una bolsa que tiene debajo del vientre: el pequeño didelfo se adhiere á una délas tetas que contiene la bolsa y permanece en esta cavi¬ dad protectora hasta que su desarrollo le permita na¬ cer de nuevo, por decii’lo así, y salir al aire libre; esta especie de parto doble ó en dos tiempos, ocasionado por la falta de verdadero útero en la hembra (v. fig. 16), ha hecho imponer á estos animales el nombre de didelfos. Algo de semejante se observa en ciertos ba¬ tracios. El sapo partero (Alytes obstetricans) ayuda á la hembra á desprenderse desús huevos envueltos en una sustancia glutinosa, y él se los enlaza en las patas posteriores, llevándolos consigo hasta el momen-
to en que está bastante avanzado su desarrollo y pue¬ den nacer los atepocates en el agua, en donde los suel¬ ta. El sapo pipa (Pipa americana) maclio, coloca los huevos en el dorso de la hembra y los fecunda ahí mismo, de modo que se alojan en unas cavidades for¬ madas por el hinchamiento de la piel irritada por su presencia, y los renacuajos nacen en estos alvéolos temporarios V acaban allí sus metamorfosis. Los gé¬ neros Nototrcma y jNTotodelpliis tienen una bolsa post¬ dorsal que les sirve también para conservar sus huevos.
Con la expulsión de los hijos ó de los huevos se re¬ lacionan ciertos actos quo no haremos mas que men¬ cionar de paso. Las aves, unos cuantos mamíferos y algunos peces, construyen nidos para recibir los hue¬ vos ó los pequeños; muchos insectos fabrican panales ó tejen abrigos do seda o de otras sustancias para el mismo objeto; algunos animales se echan sobre los huevos y los empollan durante un tiempo determina¬ do: pero uno de los actos más notables de la educación materna es el que se conoce con el nombre de ama¬ mantamiento ó lactancia y se observa en los mamífe¬ ros. Este es el modo de alimentará los pequeños hasta que puedan ellos mismos buscar su subsistencia de otra manera; y el alimento proporcionado por la ma¬ dre es la leche. Este líquido es el producto de una glándula (también una secreción como las otras que intervienen en la generación) que se llama glándula mamaria: está cubierta por la piel y tiene ordinaria¬ mente una punta libre ó pezón adonde vienen á des¬ embocar los canales galactóforos ó conductos excreto¬ res de las celdillas que componen los lóbulos de la
mama ó ubre; las mamas varían en número y coloca¬ ción según las especies, como lo veremos más adelan¬ te. La leche de vaca contiene, término medio, por mil partes de líquido: 885 de agua; 35 tic cáseo (sustancia azoada); 30 de mantequilla (producto ternario) bajo la forma de pequeños glóbulos; 40 de azúcar de leche; al&o do albúmina )y a aiias sales : reúne, pues, cuatro órdenes do sustancias alimenticias, y viene á ser un alimento completo susceptible de nutrir perfectamente por sí solo, y á la a'cz muy á propósito para el tubo digesthm aún delicado del recien nacido. La leche de mujer contiene menos caseína y más azúcar; pero es¬ tas cantidades relativas están expuestas á variaciones frecuentes. .Expuesto al aire, este líquido so coagula porque la lactosa ó azúcar de leche pasa al estado de ácido láctico que determina el fenómeno. Diremos de una vez que los elementos del huevo de las aves están formados también de materias análogas y son un ali¬ mento conrpleto para el poli líelo que los Ara absor vien¬ do paulatinamente para desarrollarse ántes de salir del cascaron.
Terminamos la historia de la reproducción por me¬ dio de los sexos, pero muchos animales inferiores tie¬ nen un modo de multiplicación asexuada, ágama ó monogónica, por gemación ó blastogéncsis y por divi¬ sión ó dieresigénesis. La endoblastogénesis de los volvoces que crian en su interior nuevos individuos, no es más que una modificación de la última. Las hidras, los corales producen espontáneamente una especie de yema ó protuberancia en algún punto exterior de su cuerpo: ésta se alarga, adquiere tentáculos y se aseme¬ ja luego al actinozoario que lo lleva; bien pronto se
forma una cintura en el punto do contacto de los dos individuos y, finalmente, el pequeño se separa para vivir solo; lió aquí un ejemplo de reproducción blastogenética.
Las vorticelas se dividen longitudinalmente en dos y las paramccias trasversa luiente, y cuando la escisura es completa, da lugar á dos infusorios semejantes; esto es un caso de dicresigónesis.
Otros zoófitos se reproducen por generación alter¬ nante ó metagénesis que estudiaremos al hablar de los celenterados (v. fig. 18).
En fin, tendríamos que hablar aquí de la generación ó, mejor dicho, reproducción espontánea: ésta se llama autogonia cuando los infusorios nacen en un líquido inorgánico y plasmogonia cuando aparecen en un lí¬ quido que contiene sustancias orgánicas: también se le da el nombre de heterogénesis. Los panspermistas (ch. Bonnct, Pastear) pretenden que la atmósfera con¬ tiene gérmenes (pie se desarrollan cuando encuentran circunstancias favorables para su evolución; los heterogenistas, como Pouchet, creen que los infusorios se forman á expensas de las sustancias que contiene el líquido puesto en experiencia, sin haber tenido padres. Ciertamente que si reflexionamos en que la mayor parte de los animales provienen de otros, deberemos considerar como más probable la panspermia aunque hasta ahora no se ha podido demostrar la existencia en la atmósfera de estos innumerables gérmenes; pero por otra parte el mismo Pasteur confiesa que no es absurdo creer en la posibilidad de la generación es¬ pontánea. Como se ve, el problema no está aún re¬ suelto.
En resúmen, vemos que la reproducción se verifica generalmente por medio de un óvulo fecundado, y podemos repetir con Ilarvey y Lineo el famoso axio¬ ma: Omne vivum ex ovo , que con cortas excepciones, expresa lo que pasa en el acto de la generación ordi¬ naria. 1