Elementos de zoología · Capítulo real 18 de 49

CAPITULO XXVI

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 3 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

CAPITULO XXVI

Movimiento. — La voz, salvo en el hombre, es un modo de comunicación bastante limitado, y pai a Ja mayor parte de sus relaciones los animales necesitan de una facultad que les permite trasladar su cuerpo ó hacer uso voluntario de alguna de sus partes: el movi¬ miento les es indispensable. Él depende de la contrac¬ tilidad, facultad que no podemos definir, pues es tanto como decir que la facultad de ver depende de la visua¬ lidad ó la atracción de la atractibilidad: ello es que a sustancia viva, sarcodes ó músculo ó celdilla, posee esta propiedad de contraerse, de moveise, como se pi de observar en los espermatozoides, los leucocitos, las morieras, las cejas vibrátiles de ciertas célula, etc pero generalmente los órganos de movimiento músculos, lo que se conoce con el nombre de carne, que existen en los cuatro entroncamientos El elementó morfológico de un músculo es una fibrila com¬ puesta de discos encimados (sarcous éléments de Bowman); pero estas celdillas no son uniformes: según Renaut, hay discos delgados semitrasparentes; en le éstos se intercala un disco grueso, oscuro que único contráctil, y está separado de los delgados por otros dos discos claros, separados entre si poi o 10 ac cesorio; de manera que tendríamos para qn e emento los discos siguientes: l9, uno delgado; 2-, dos claros

divididos por uno accesorio; 39, uno oscuro, grueso, ordinariamente separado en dos por una faja más cla¬ ra; 49, dos claros divididos por uno accesorio; ó9, otro delgado. Estos cuerpecitos se ordenan en un cordon ó fibrila, y la reunión de varias fibrilas envueltas en un miolema ó sarcolema forman un haz primitivo; éstos se agrupan para dar lugar á haces secundarios rodeados de un perimisium; en fin, el conjunto de todos los ha¬ ces secundarios envueltos en una aponeurosis común constituye un músculo: es muy probable que la cubier¬ ta de los haces primitivos y el perimisium son depen¬ dencias de la aponeurosis exterior. Generalmente los músculos tienen un cuerpo ó vientre que es la parte carnosa, activa, y dos tendones de tejido libro-clástico, que continúan la porción muscular sin confundirse con ella, y sirven para las inserciones sobre las partes solidas. Eos músculos reciben nervios de movimiento que ya conocemos, y cuando so cortan estos nervios las conti acciones voluntarias se hacen imposibles: en este caso todavía se suelen observar por algún tiempo movimientos espontáneos ó producidos por el galva¬ nismo, lo que prueba que hay en estos órganos la pro¬ piedad especial de que hablamos y es independiente de los centros nerviosos: lo mismo se deduce de expe¬ riencias en que se paraliza por un veneno especial el sistema neivioso, sin que por esto el muscular pierda sus propiedades.

Hay dos clases de músculos: los rojos ó estriados que acabamos de describir, y están sometidos á la vo¬ luntad; los blancos ó lisos, formados por celdillas fusi¬ formes unidas en manojos ó en láminas y provistas de un núcleo alargado; estos están animados por el siste-

ma nervioso ganglionar y por la médula alargada. Segun Flourens, el cerebelo es el órgano de coordinación de los movimientos voluntarios. Cada esfuerzo mus¬ cular se acompaña de un desprendimiento de electri¬ cidad apreciable al galvanómetro: hay, pues, desper¬ dicio de calor trasformado en movimiento, y al cabo de algún tiempo so manifiesta la fatiga que indica la falta del influjo vital y la necesidad de reposo miéntras se repone la fuente de calórico: es sabido también que el músculo en acción respira, es decir, exhala áci¬ do carbónico y absorbe oxigeno.

En los invertebrados, los músculos de movimiento voluntario se insertan principalmente sobre los tegu¬ mentos, pero en los vertebrados hay un esqueleto in¬ terior generalmente óseo, que puede ser cartilaginoso, y aun simplemente fibroso. Los huesos se componen de una porción ternillosa, y (1c otra mineral: tratándo¬ los por un ácido diluido so disuelven las sales terrosas, y queda la parto orgánica, blanda, flexible, conserr an¬ do su figura primera: la combustión, por e con la j destruye el cartílago y no deja mas que las sales, „ . - dando todavía una forma que la menor presión puede destruir. En el feto, las piezas del esqueleto son puia mente cartilaginosas, es decir, compuestas de un tejido amorfo, conteniendo condroplastos; pero mas tarde el núcleo de los condroplastos adquiere canalículos en su ’ periferia, se carga de sales calcáreas, miéntras su en¬ voltura se destruye, y finalmente, se encuentia com ei tido en un osteoplasto: los canalículos de este comu¬ nican con unos tubillos longitudinales o canales de Havcrs, que contienen una arteriola gummis íac a por las arterias que vienen á nutrir el hueso: una mem-

brana fibrosa llamada periósteo, reviste los huesos al exterior. En 100 por 100 de hueso seco se encuentran: osseina (sustancia orgánica) 24; fosfato de cal, 64; car¬ bonato de cal, 10; fosfato de magnesia, 2; fluoruro de calcio y fosfato amoniaco magnético, trazas. (Seliützenberger.)

Estos órganos sólidos crecen en diámetro por la osi¬ ficación sucesiva de las capas profundas del periósteo, y en longitud por la osificación- de sus extremidades; al mismo tiempo, las capas profundas del hueso se van trasformando en grasa ó tuétano. Según Bruns, pare¬ ce que este último puede producir sustancia ósea en ciertas circunstancias, v. gr. cuando está inserido de¬ bajo de la piel; y este hecho conduce á creer que en las fracturas el tuétano puede concurrir á la regenera¬ ción del hueso. Para probar las aserciones anteriores, Elourens colocaba un anillo metálico debajo del pe¬ riósteo, y en varias experiencias notó que el anillo se iba metiendo más y más en el hueso, hasta quedar li¬ bre en su centro; supuesto que el diámetro del círculo metálico no cambiaba, era preciso que su progresión de afuera hácia adentro fuera verificada por el modo de crecimiento del hueso que indicamos. Este célebre fisiologista hacia comer á unos animales rubia v esta sustancia tema de rojo los huesos; pero cuando después de un mes se suspendía la rubia por algún tiempo, al sacrificar el animal, se veía el hueso blanco: seccionan¬ do el hueso se volvía á ver debajo de la superficie blan¬ ca, la capa roja que había depositado ántes la sustan¬ cia tintoreal: esta segunda serie de hechos se explica como la primera. Para demostrar que el crecimiento longitudinal tenia lugar por las extremidades, se colo-

caban dos clavitos en la diáfisis de un hueso, y des¬ pués de un tiempo largo se notaba que estos dos cla¬ vos habian quedado siempre á su respectiva distancia primitiva, mientras el hueso se habia alargado: es cla¬ ro que la porción media no habia participado de este fenómeno.

Se distinguen tres clases de huesos: los largos (bra¬ zo), los planos (hombro) y los cortos (choquezuela). Los primeros tienen una diáfisis ó cuerpo y dos cabe¬ zas: el interior de la diálisis esta coirt ertido en canal,

ocupado por el tuétano o grasa medular, las extiemi dades compuestas por un tejido esponjoso, están pro¬ tegidas por un cartílago. Los huesos planos y los cor¬ tos constan de puro tejido diplóico esponjoso, cubierto por una capa ósea compacta, y tienen también cartíla¬ go en las superficies de articulaciones movibles. Con frecuencia se ven en algunas partes de los huesos emi¬ nencias particulares, á las que se da el nombre de apó¬ fisis. . , ,

Las piezas del esqueleto se articulan entre si de di¬ ferentes modos: no cabiendo aquí la descripción de es¬ tas articulaciones, daremos solamente un cuadro sinoptico de ellas con unos ejemplos:

í Dentadas: Sutura biparietal.

Sinartrosis j Escamosas: Tempero parietal, ó Suturas. 1 Harmónicas: Occipito esfenoidal.

( Engranadas: Maxilo frontal.

' Enartrosis: Coxofemoral. ,

Engastamiento reciproco: Externo clavicula.- ¡ Condilcas: Temporo maxilar.

Diartrosis. -( Tl>ócjeas. Humero cubital.

' Trocoides: Eadio cubital: atloido odonto.dea. Artrodias: Costo vertebrales.

Anfiartrosis . Vertebro vertebrales: Pubis-

Los huesos en sus puntos de contacto están mante¬ nidos por ligamentos sólidos de tejido fibroso: entre ellos se observan unas bolsas membranosas, cuyo in¬ terior está ocupado por un líquido viscoso llamado si¬ novia, que facilita el resbalamiento de las superficies articulares: en cuanto al cartílago que los cubre, tiene por objeto evitar el rozamiento de extremidades óseas, que acabarían por destruirse mutuamente.

Los músculos obran sobre los huesos según las leyes de la mecánica ordinaria: miéntras más oblicua sea su inserción, más débil será su acción, y se volvería nula si el músculo todo estuviese paralelo con el hueso. Es el caso casi siempre, considerando la porción carnosa, pero al llegar á su punto de inserción, las cabezas ar¬ ticulares de los huesos obligan al tendón á desviarse de su trayecto recto, y lo hacen tomar otro más ó me¬ nos oblicuo, y más favorable á su acción: de manera que si el músculo tira hácia arriba, v. gr., un hueso, y su tendón viene á encontrar esta vara rígida en ángulo recto, tendiendo á llevarlo directamente hácia afue¬ ra, el movimiento final se ejecutará en un sentido me¬ dio, es decir, según la resultante de las dos fuerzas reunidas, lo que se puede determinar fácilmente cons¬ truyendo el paralelógramo de estas potencias. Citare¬ mos algunos ejemplos de las tres clases de palancas conocidas en mecánica: primero, articulación de la ca¬ beza con el cuello, palanca de primer género, punto de apoyo en los cóndilos occipitales, potencia en los mús¬ culos posteriores del cuello, resistencia representada por el peso de la cara; segundo, articulación del pié con la pierna, palanca de segundo género, punto de apoyo en el suelo por la extremidad del pié, potencia

en los músculos de la pantorrilla, resistencia represen¬ tada por el peso del cuerpo sobre la articulación; ter¬ cero, articulación del antebrazo con el brazo, palanca de tercer género, punto de apoyo en la articulación,

potencia en los músculos flexores, resistencia represen¬ tada por el peso del antebrazo y la mano: el acto de masticar pone en juego una palanca de tercer genero.

Como ejemplos de músculos principales, citaremos los siguientes: El gran pectoral, que llera el brazo Ini¬ cia adentro y liácia adelante, y ayuda á bajar el brazo levantado: el bíceps que dobla el antebrazo sobre el brazo: el deltoides que eleva el brazo horizontalmente, y concurre á dirigirlo hacia adelante ó hacia ati as con otros músculos sinérgicos (se llaman antagonistas los que tienen acciones opuestas, como los flexoies y os extensores): el maséter y el temporal que levantan el maxilar inferior, el glúteo mayor que extiende y vol¬ tea el muslo Inicia afuera, los gemelos o gastrocnemios que extienden el pié. Todos estos órganos pueden ener otras funciones si el cuerpo está suspendido pm los brazos ó las piernas, y en otros movimientos me¬

nos ordinarios.

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CAPITULO XXYI1

Esqueleto. — Se llama esqueleto al armazón hueso¬ so del cuerpo. Para estudiarlo cómodamente se le di¬ vide en cabeza, tronco y miembros. Consta de doscien¬ tos quince huesos, contando con el hióides y los osículos del oído que hemos visto ya.

La cabeza se subdivide en cráneo y cara. El cráneo ó caja ósea del encéfalo tiene ocho huesos: un frontal, dos parietales, dos temporales, un occipital, un esfenóidesy un etmoides. El frontal doble en el hombre joven, como en los mamíferos, es convexo hácia adelante, y hacia abajo forma un plano horizontal: se articula con los na¬ sales, los maxilares superiores, el unguis, el otmóides, el esfenóides y los parietales. Los parietales son cuadra¬ dos y convexos hácia afuera; se articulan entre sí for¬ mando la sutura sagital, con el occipital formando la sutura lambdóidea, con el frontal y con los temporales. El occipital, colocado en la parte posterior y replegado por debajo, se articula con los parietales, los tempora¬ les y el esfenóides. El esfenóides, cuya forma irregulai i emeda la de una mariposa, se une con el occipital, los temporales, los parietales (en general) , el frontal y el etmóides, de cuya unión resulta la base del cráneo. En fin, el etmóides, masa cúbica con dos láminas per¬ pendiculares, se engasta entre el esfenóides, el frontal el unguis, el maxilar superior y el vomer: su lámina

superior es el apófisis crista-galli, y la inferior consti¬ tuye en parte la división de las fosas nasales: su por¬ ción intra-nasal suministra las conchas superiores y las medias. Considerado en su conjunto y exterior-

mente el cráneo, ofrece arriba una superficie esferoidal muy propia para repartir y amortiguar el efecto de los golpes directos, y desviar los oblicuos; hacia abajo y atrás se ve el agujero occipital por donde pasa la me¬ dula, y á sus lados los cóndilos occipitales que sirven para la articulación de la cabeza con el cuello; á los la¬ dos, en el temporal, notamos el agujero auditivo ex¬ terno, la foseta glenoidal que recibe el extremo articu¬ lar de la mandíbula, el apófisis mastóides y otro que forma parte del arco zigomático. Interiormente obser¬ vamos lrácia adelante el apófisis crista-galli, y á sus dos lados las perforaciones para el paso de los nervios olfativos; más atrás la silla turca y los agüeros de los nervios ópticos; las fosas que alojan los lóbulos ce¬ rebrales; los surcos de los senos venosos; la roca o par¬ te del temporal que contiene el oído medro y el no, y deja ver la entrada del nervio auditivo o

conducto auditivo interno. .

La cara tiene catorce huesos, que vamos a » 1», los dos nasales que forman ol caballete clelanan^ se articulan entre sí con el frontal, el etnro des el maxilar superior; 2?, los pequeños ungms esta enca¬ jados entre el frontal, el etmóides y el maxi “ uperior; 30, los yugales ó malares, huesos de los pomuloe,

' se articulan con el maxilar supcuoi, .

apófisis que hemos visto en el temporal, para t, a a s somático; 40, los palatinos están en conexión principalmente con el maxilar superior, con el que

contribuyen á formar la bóveda del paladar, y con el esfenóides; 59, las conchas inferiores están en contacto con el etmóides, maxilar superior, unguis y palatino; 69, los maxilares superiores, más voluminosos que los otros huesos mencionados, se articulan entre sí sobre la línea média del paladar con los nasales, el frontal, el unguis, el malar v los palatinos: en los mamíferos en general, hay dos huesos colocados entre los maxi¬ lares abajo de la abertura nasal y destinados á soste¬ ner los dientes incisivos; 79, el vómer, lámina vertical que completa el tabique nasal óseo, y se articula con el etnóides y los maxilares inferiores; <S9, en fin, el maxilar inferior (doble en el hombre joven y los mamífeios) que forma como una herradura horizontal, cuj os extiemos se tuercen hacia arriba y terminan por una cabeza ó cóndilo articulada con el temporal. En la cara se ven las cuencas ú órbitas formadas por el frontal, el unguis, el maxilar superior, el yugal y el etmóides sobre todo; en el unguis el orificio superior del canal nasal; la entrada de las fosas nasales; la bo¬ ca con sus dientes. Para completar los huesos de la cabeza, recordaremos los del oído y el hióides.

El tronco se compone de 33 vértebras, de las costi¬ llas y del esternón. En una vértebra ordinaria se distmguen el cueipo ó centro, las láminas laterales con sus respectivos apófisis y el apófisis espinoso: el agu¬ jero circunscrito por estas tres porciones hace parte del canal en donde se aloja la médula espinal. Sepa¬ raremos la columna vertebral en cinco regiones- P las piezas del cuello ó cervicales, normalmente en nú¬ mero de siete, se distinguen por un agujero de los apó¬ lisis trasversos en donde pasa la arteria vertebral: la

primera vértebra ó atlas es circular, no tiene cuerpo, y presenta (.los anchas superficies ele articulación para los cóndilos occi pilares; la segunda, ó axis, está pro¬ vista en su cuerpo de un apófisis odontóides que se aplica en la cara interna de la porción anterior del atlas á la que está firmemente unida por unos liga¬ mentos; d:-, las doce dorsales que siguen se reconocen por unas caras articulares a los lados de su cuerpo pa¬ ra la articulación de la cabeza de las costillas, y otra en la parte anterior de los apófisis transversos donde se apoyan las tuberosidades de estos mismos arcos óseos; 3?, las cinco lumbares, ó de los lomos, carecen de los caracteres que diferencian las anteriores: su cuerpo es más grueso y su apófisis espinoso es ancho y plano- 4?, las cinco sacras se reúnen en el adulto pa¬ ra formar el hueso sacro, triangular, articulado por su base con la última lumbar, por su vértice con la pil¬ me™ coccigia, y por sus lados con los huesos de < caderas á los que está unido por ligamentos ioitisim„s- en fin el cóccix consta de cuatro . hueseados

de forma de vertebras, en los pn

el hombre: son las vértebras caudales de lo ¬ ros ordinarios. Las vértebras se artreulan u«a cenrotra mediante un disco fibro-cartilagmoso ndervertebraL el atlas sostiene el cráneo, y las dorsales estopar¬ en los costillas. A los lados de la columna e obs r van unos orificios formados por las escotaduras de las

láminas vertebrales y que se — 'mécUüa

iuo-acion por donde salen los neivios cíe _

J 1 .-i i una curvatura de

espinal La columna vertebral tiene una espmai. ^ ntra ele convexidad

convexidad anterior en el cuello,

. 1 ,, . ritm de convexidad anterior en

posterior en el tórax, otra cíe cum

ICO

los lomos, y el sacro, cuya concavidad mira Inicia ade¬ lante; la conformación de las porciones dorsal y sacra agranda las cavidades en donde se alojan las visceras de estas regiones, y las diferentes curvaturas combi¬ nadas dan al espinazo la forma de un tallo flexible, mientras sus resultantes ofrecen las ventajas de una línea recta. '

Las costillas, en número de doce de cada lado, se dividen en verdaderas y falsas: las primeras son siete y se unen con el esternón por medio de un cartílago; las otras cinco quedan libres, flotantes, ó se adhieren por sus cartílagos con el de la última costilla verdadera. Estos arcos planos presentan hacia atrás una cabeza y un poco afuera de ella y posteriormente una tube¬ rosidad, que son los puntos de articulación con las vér¬ tebras, como lo hemos dicho.

El esternón es un hueso' impar colocado en la parte média anterior del pecho, y constituido normalmente por tres partes: arriba un manubrio, mango ó proster¬ no, en medio una hoja ó mesosterno, y abajo un apén¬ dice xifoideo cartilaginoso ó xifisterno. El esternón se articula con las dos clavículas y las costillas verdade¬ ras; junto con éstas y las vértebras dorsales forma la caja torácica, que contiene los pulmones y el corazón.

Los miembros superiores constan de hombro, bra¬ zo, antebrazo, muñeca y mano. El hombro está compmesto de dos huesos: un omóplato, triangular, plano, que presenta hácia atrás y arriba una cresta termina¬ da arriba y afuera por el acromion que se articula con la extremidad externa de la clavícula, y á su ángulo superior externo la cavidad glenoidal en donde se en¬ caja el hueso del brazo, y otro apófisis en forma do pi-

co curvo llamado apófisis coracóides. El otro hueso del hombro es la clavícula, en forma de S, articulada con el esternón y el acromion. El brazo no tiene más que un hueso, el húmero, fácil de conocer por una ca¬ beza hemisférica casi continua con la diálisis, y por su extremidad inferior que presenta una especie de polea y Inicia atrás una cavidad olecránea: se articula con el hombro y el antebrazo. Este último está constituido por dos huesos: el externo (se supone la mano con la palma Inicia adelante) es el radio, delgado y termina¬ do arriba por una cúpula circular; el interno es el cu¬ bito cuya parte superior ofrece el apófisis olecráneo que se encaja en la cavidad postero-inferior del húme¬ ro, para limitar la extensión del antebrazo: estos hue¬ sos se articulan con el húmero y con la muñeca ó car¬ po. El carpo consta de ocho huesitos en dos hileras de á cuatro (seria preferible, con Ant. Dugés, considerar el fusiforme como un sesamoides); los tres primeros entran en la bisagra formada por las extremidades in¬ feriores del radio y cúbito, y los otros cuatro se- articulan con loo cinco metacarpianos que comienzan la mano A los huesos del metacarpo siguen los dedos: cada uno, menos el pulgar, lleva tres falanges: la pri¬ mera se articula con el carpo, y la tercera ó talangeta lleva la uña, siendo intermedia la falangina que falta en el primer dedo. El miembro torácico del hombre

alcanza la mitad del muslo.

Los miembros inferiores ó pelvianos se componen de muslo, piorna, pió y pélvis. El muslo consta de un solo hueso, el más grande del cuerpo, el fémur: su extremidad superior presenta una cabeza sepaiada déla diálisis por un cuello oblicuo, y la inferid dos cóndi-

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los redondeados: la cabeza engrana con la pelvis y los cóndilos con la pierna y un hueso lenticular colocado delante de la rodilla y llamado rótula ó choquezuela. Los dos huesos de la pierna son: el externo, el peroné, delgado, terminado abajo por una porción gruesa que forma el tobillo externo; y el interno, la tibia, cuya extremidad superior tiene caras cóncavas para recibir los cóndilos del fémur, con el cual se articula con ex¬ clusión del peroné, mientras la inferior constituye el tobillo interno. El tarso se compone de siete huesos: uno de ellos, el astrágalo, se encaja entre los dos to¬ billos, y otro, el calcáneo, forma el talón; los cuatro últimos se articulan con los metatarsianos; éstos y los dedos ofrecen la misma disposición que los do la ma¬ no. La pélvis consiste en la reunión del sacro con dos huesos anchos, torcidos sobre si mismos y llamados huesos iliacos: en el feto cada uno está dividido en tres porciones, el íleon hacia arriba, el pubis hacia adelan¬ te y el isquion hácia abajo: los tres se reúnen para for¬ mar una oquedad en la parte externa llamada cavidad cotilóides, que recibe la cabeza del fémur. Los dos ilia¬ cos se articulan entre sí por delante, mediante un car¬ tílago para describir el arco del púbis, y con el sacro por detrás: la cavidad pelviana así constituida contie¬ ne la vejiga y recto en el hombre, y en la mujer, estos órganos y el útero. El íleon parece el homólogo del omÓ2)lato, el púbis de la clavícula y el isquion de los coracóides.

En anatomía general algunos autores han propues¬ to la sinonimia siguiente:

Húmero y Fémur . Propodial.

Antebrazo y pierna . Epipodial.

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Carpo y tarso . Mesopodial.

Metacarpo y Metatarso . Metapodial .

Dedos de la mano y pié . Falangial.

También á las dos hileras del carpo y tarso las lla¬ man procarpo y mesocarpo, ó protarso y mesotarso.

Cuando se considera una vértebra completa como la de la cola de un pez ó de un armadillo (fig. 33), se puede idear un tipo compuesto de las partes siguien¬ tes: un centro ó cicleal, un arco superior ó neural com¬

puesto de dos periales y un epial, y un aico infeiioi ó hemal formado por dos paraales y un cataal. el aico superior abriga los centros nerviosos, y el inferior los de la nutrición. Aplicando esta teoría á una vértebra dorsal humana, vcrémos en el centro el cueipo, las pe ríales en las láminas con sus apófisis trasversos, el epial en el apófisis espinoso, el arco neural en el agu¬ jero que contiene la médula espinal; el arco hemal, donde están colocados los órganos principales de la nutrición, está representado por las costillas o paraa¬ les, y el esternón ó cataal. El cráneo se puede com¬ prender de la misma manera, y dividir en cuatro osteadesmos (P. Corváis) : l9, el nasal u olfativo: centro, etmóides; arco neural, nasales; arco liemal, incisivos (distintos en los mamíferos y feto humano, como lo demostró Goethe) ; parte nerviosa, ganglio esfeno pa¬ latino y nervios olfativos; 2o, el frontal ú oftálmico: centro, el esfenóides anterior; arco neural, los fronta¬ les; arco hemal, el maxilar superior; parte nerviosa, el ganglio oftálmico y el nervio óptico; 39, el parietal ó auditivo: centro, esfenóides posterior; arco neuial, los parietales ; arco inferior, el temporal con la mandí-

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bula como apéndice; parte nerviosa, el ganglio ótico y el aparato del oído; 49, el occipital ó gustativo: centro, el occipito basilar; arco superior, el resto del occipital; arco inferior, el liióides; parte nerviosa, los ganglios submaxilar y sublingual, y el nacimiento de los ner¬ vios del gusto. En esta misma teoría se consideran co¬ mo pertenecientes al cuello los miembros superiores, mientras los inferiores son dependientes tic la región lumbar jior sus conexiones nerviosas.

CAPITULO XXVIII

Actitudes y movimientos.— Conocidos son ya los órganos de la acción voluntaria; podemos hacer un estudio somero de los movimientos y actitudes deter¬ minados por ellos.

Estación. — Consiste en la inmovilidad del cuer¬ po en una posición cualquiera ; pero para que el equi¬ librio sea estable, ademas do contracciones musculares más ó menos intensas, es preciso que la normal tirada del centro de gravedad del animal caiga en la área de la base de sustentación : de manera que mientras más ancha sea esta última, menos esfuerzo so necesitará pa¬ ra mantener el equilibrio, que no podrá perderse sin alejarse mucho de la perpendicular el centro de grave-

clacl. En la estación parada el hombre tiene que poner en acción muchos músculos: los posteriores del cuello y la masa de los que cubren por detrás la columna ver¬ tebral, enderezan la cabeza y el tronco: los de las nalgas, insertados en la pelvis y el fémur, mantienen la pelvis : los anteriores del muslo impiden que este hue¬ so se doble hacia atrás, y extienden la pierna sobre él: los de la pantorrilla, en fin, tienen la tibia recta sobre el pié apoyado en el suelo ; de este antagonismo mutuo de masas musculares posteriores y anteriores, nace una resultante común que determina el erguimiento de to¬ do el cuerpo : como se ve, la estación es activa, y de consiguiente no puede mantenerse un tiempo indefini¬ do sin cansancio ; lo mismo sucede en todas las actitu¬ des, menos en el decúbito horizontal. La estación pue¬ de ser unipedal en el hombre y las aves, y siendo más angosta la base de sustentación, se comprende que será menos segura y más cansada que la bipedal: se ha di¬ cho que las aves zancudas la conservaban largo tiempo sin fatigarse, porque existe en la rodilla una especie de bisagra que al cerrarse mantiene los huesos en la po¬ sición adquirida, sin esfuerzo muscular; no hay tal cosa y esta actitud no es puramente pasiva o mecánica; cuando la pierna y tarso están en la extensión, el mus¬ lo replegado, los músculos extensores del tarso y de los dedos, que por su volúmen son superiores á los flexores, los mantienen en esta posición por su tonici¬ dad, y no se relajan sino cuando el ave pone en juego voluntariamente los flexores; la conformación anató¬ mica de la articulación tibio-társea facilita la conser¬ vación de la actitud, mas no la hace del todo pasiva: ■observaremos también que ayuda mucho lo largo de

los decios que circunscriben un espacio mayor de te¬ rreno. La estación bipedal (hombre, aves), la tripedal (kan gurú), la cuadrupedal (caballo, lagarto), la multipedal (mosca, cientopiés), la sentada (hombre, mono, perro, ardilla, culebra medio enroscada), son más estables que la anterior, porque la base de sustenta¬ ción es mucho más ancha. En la suspensión de los mur¬ ciélagos, de los perezosos, del tlacuache, de los boas, el equilibrio es perfecto, porque el centro de gravedad colocado debajo del punto de apoyo no puede cambiar de lugar espontáneamente.

Marcha. — Un pié ó varios forman el punto de apo¬ yo; pero como el centro de gravedad so desaloja á cada paso, el equilibrio es poco estable, sobre todo en los bípedos. Casi todos los mamíferos terrestres avanzan diagonalmente sus remos, de manera que la pata pos¬ terior derecha se mueve al mismo tiempo que la an¬ terior izquierda, verificándose asi cada movimiento completo en dos tiempos ; pero algunos cuadrúpedos, como la girafa, el hipopótamo, el elefante, el camello y los caballos de sobrepaso, levantan á un tiempo los dos miembros de un mismo lado, circunstancia que desequilibra la marcha obligando al animal á balan¬ cearse de izquierda á derecha, para colocar su centro de gravedad alternativamente sobre los puntos que to¬ can el suelo ; y mientras mas ancho sea el cuerpo, ma¬ yor será la oscilación, como se nota bien en los patos y aun en las mujeres de pélvis muy ancha. Los insec¬ tos y otros animales multípedos adelantan sucesiva¬ mente sus patas á manera de los cuadrúpedos.

Trote y galope. — El equilibrio es instable en estas andaduras, en las cuales el cuerpo está en un momento

ícr

dado completamente separado del suelo. Son una com¬ binación de la marcha y del salto: en el trote el animal se desprende del terreno y mueve sus extremidades como en la marcha; en el galope tendido ó en dos tiem¬ pos, el cuerpo es lanzado hacia adelante y arriba por los miembros posteriores, y los anteriores caen juntos para recibirlo, mientras los posteriores se repliegan debajo del vientre para volver a tomar la iniciativa de la impulsión. El hombre, el avestruz, el caballo, el perro, trotan ; los équidos, cérvidos y animales análo¬ gos, galopan.

Salto. — La teoría es la de los resortes : aquí los miem¬ bros posteriores son los que hacen veces de potencia elástica. Pueden saltar el hombre, el kangurú, el gerboa, las aves, las ranas, las langostas, y saltaran mejor miéntras más ligeros sean: la pulga franquea mas de cien veces la longitud de su cueipo. según as ~1 ^ riendas de Platean, en los insectos la tala®»» está en razón inversa del peso del cuerpo, leí sectas (cardióforo y otros) volteados boca arnba, - tan verticalmente por un mecanismo particulai de s tórax, y vuelven á caer generalmente en «na pos.eion normal. Los monos gibones se suspenden a una rama con las manos, y después de varias oscilaciones de columpio se lanzan á otra rama basta cuarenta pies distancia; lo más notable es que en el camino parece que pueden torcer la dirección primitiva de su mi-

Natacion. — El equilibrio de los peces pioi istos de vejiga natatoria y suspendidos en el agua, es m- a e, porque la parte superior de su cuerpo es mas pesada que la inferior, y para mantenerse derechos necesitan

mover constantemente sus aletas: al hablar de estos vertebrados explicaremos más este punto. Los otros animales tienen que obrar más enérgicamente para na¬ dar, y se cansan pronto, á menos que tengan una or¬ ganización especial : el hombre y las ranas se proyectan bácia adelante por medio de los miembros pelvianos; los perros ejecutan los movimientas del trote; las focas usan principalmente sus miembros torácicos y lo mis¬ mo la ballena, aunque estos mamíferos empleen tam¬ bién la cola ó los miembros posteriores para ciertas modificaciones en su natación ; los peces retroceden con las aletas y adelantan por los vaivenes laterales de su

cola; las tortugas acuáticas, las aves palmípedas, los insectos del agua, marchan ó saltan en este elemento, y algunos de los últimos (notonecta mexicana) se co¬ locan boca arriba; ciertas conchas bivalvas vuelan por decirlo así en el líquido; las serpientes nadan por me¬ dio de las ondulaciones de todo su cuerpo; las medusas imprimen á su aparato hidrostático movimientos de expansión y de contracción.

Vuelo.— El equilibrio es instable á causa de la gra¬ vedad que tiende siempre á hacer caer el cuerpo. Al¬ gunos mamíferos, como la ardilla voladora, el galeopiteco, y reptiles como el dragón, se ayudan para saltar de una rama á otra con unos repliegues de la piel de los flancos ; pero las aves, cuyo vuelo vamos á tomar por tipo, los murciélagos y ciertos peces vuelan con sus miembros anteriores: los insectos tienen alas espe¬ ciales y las mueven con rapidez; así es que una mos¬ ca ejecuta 000 vibraciones alares por segundo para re¬ correr cinco piés en este tiempo, y 3,600 para salvar treinta piés cuando precipita su vuelo. Volvamos á las

aves. El ave pesa (sin esto flotaría en el aire sin di¬ rección posible) : la fuerza de gravedad que la atrae hacia abajo está vencida ó compensada por la compre¬ sión del aire inferior cuando la ala, al abatirse, tiende á ponerse horizontal y el animal se sostiene en el aire: si la energía de este movimiento es superior á la que se necesita para impedir la caída, el exceso de fuerza hace subir al ave: pero al mismo tiempo, cuando la punta de la ala levantada comienza a bajarse, se apoya sobre el aire posterior, y todo el cuerpo recibe una propulsión que tiende á proyectarlo horizontalmente hacia adelante: hágase el paialelógiamo de la fuerza que levanta con la que impele, y la resultante será una línea más ó menos oblicua, según la prepon¬ derancia de una de las dos impulsiones ó su igual po¬ tencia; esta linca es la de la dirección del vuelo. Su¬ pongamos ahora que haya viento } el na o r ucle contia él; tendremos una fuerza que tiende á hacer retrocec er el animal ■ si la que lo hace caminar Inicia arriba y ade¬ lante es superior, el vuelo se hará más perpendicular pero todavía oblicuo; si las dos tuerzas son iguales el ave tendrá que ascender vertical mente ; en hn, retro¬ cederá si el viento es tempestuoso; de todas maneras la rapidez del vuelo disminuirá en razón directa del

obstáculo. ^

Las aves q ue tienen el ala redonda (águila, gavilán)

vuelan bien en todos sentidos en una atmósfera tran¬ quila: las que la tienen aguda (halcón, cernícalo) ten¬ drán que ir en contra del viento para evitar una caída de cabeza, debida á que el punto do apoyo sobre el ai¬ re lo toman con la punta de la ala que es mas resis¬ tente, y bucearían si el viento no las detuviera, pero

cuando no hace aire, estas aves verifican una serie de zig—z ags para poder golpear la capa atmosférica inme¬ diata con lo plano de la ala que oponen al lado contra¬ rio al que sigue su vuelo, y caminan así por movimien¬ tos oblicuos sucesivos, cuya resultante común viene á ser una línea recta si todos los movimientos parciales son iguales entre sí. Las aves de ala redonda vuelan con más facilidad, pero con ménos rapidez que las de ala aguda, porque la anchura de estos miembros opo¬ ne siempre al levantarse más resistencia al aire. Cuan¬ do una ave se cierne, lo hace por medio de oposiciones alternativas de las alas al viento, y trepidaciones cor¬ tas que no se pueden percibir, porque generalmente la vemos á una distancia demasiado grande. La cola no sirve casi de nada para el vuelo, pero sí para el equi¬ librio del cuerpo; al posarse la ave, abre la cola para amortiguar el golpe, y algunas veces al volar la incli¬ na hácia abajo para moderar la rapidez de la progre¬ sión, pero no para dirigirse.