Ensayo sobre la filosofía médica · Capítulo real 3 de 27
ARTICULO IV
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 5 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
ARTICULO IV.
Escuelas de Bichat y de Pinel.
Examinaremos con alguna estension los principios de los dos ilustres médicos que acabamos de nombrar, empezando por los trabajos de Bichat , á pesar de que la primera edición de la Nosografía filosófica de Pinel se publicó dos años antes que la Anatomía general de aquel. Esta observación no carece de importancia , porque Pinel habia tomado ya por fundamento de los órdenes de la clase de las flegmasías la circunstancia de su lugar ó sitio en tal ó cual sistema. Veremos mas adelante que Bichat felicita al autor de la Nosografía por haber adoptado esta base de clasificación.
Escuela de Bichat.
A Bichat pertenece verdaderamente la gloria de haber sido el primero en concebir , y sobre todo vn ejecutar el plan de una anatomía nueva , á saber , la de ciertos elementos inmediatos de los órganos compuestos , y á la cual dio el nombre de anatomía general, ó de los sistemas generales ó generadores de los órganos.
Antes de esponer sus propias opiniones sobre los principios de la fisiología y de la medicina , echa este autor una ojeada sobre las de sus antecesores ; y, como ya lo hemos indicado , se alista en las filas de los autores que siguieron las huellas de Stahl, modificando no obstante su doctrina como hombre de talento.
Trasladaremos aquitestualmente muchos párrafos de la Ana-
fomla general que darán á conocer completamente el sistema fisiológico y patológico de Bichat. Después de elogiar á Stahl de un modo general, como hemos visto antes, le acusa sin embarco de haber referido á un principio único todos los fenómenos vitales. Este principio único llamado vital por Barthez , arqueo por Van Helmont , fuerza vital por Chaussier etc., es , según Bichat , una abstracción que no tiene mas realidad que cualquier otro principio igualmente único q:ie se supusiese presidir á !os fenómenos físicos.
«El arte debe mucho, dice, á varios médicos de Montpeller »por haber abandonado las teorhs de Boerhaave siguiendo mas «bien el impulso dado por Stahl; pero al apartarse de un mal carmino han tomado otro tan tortuoso, que dudo mucho puedan «llegar á su fin.»
Por lo demás j cree Bichat qiiQ «su doctrina general no «lleva precisamente el sello de ninguna de las que reinan en «medicina y en fisiología. Opuesta á la de Boerhaave, difiere «de la de Stahl y de la de todos los demás autores que, como «este , lo han referido todo en la economía viviente á un prin- «cipio único, abstracto , ideal y puramente imaginario, ya se «Je haya designado con el nembre de alma , ya se le haya 11a- «mado principio vital , arqueo, etc. Analizar con precisión «las propiedades délos cuerpos vivientes; manifestar que todo «fenómeno fisiológico se refiere en último análisis á estas propiedades, consideradas en su estado natural; que todo fenó- »meno patológico se deriva de su aumento , disminución ó alteiracion , y que todo fenómeno terapéutico tiene por principio «su vuelta al tipo natural de que se habían separado ; fijar con «exactitud los casos en que cada una de ellas se pone en fjego; «distinguir bien tanto en fisiología como en medicina lo que «proviene de la una , de lo que emana de las demás ; determinar por consiguiente de un modo riguroso aquellos fenómenos «naturales y morbosos á que presiden las propiedades animales, «y aquellos que producen las orgánicas; indicar , por último, «cuándo se ponen en juego la sensibilidad animal y la contrae- »tibilidad de la misma especie , y la sensibilidad orgánica y lo* ^contractibilidades sensibles ó insensibles que le corresponden:» he aquí la doctrina ó la teoría general de Bichat.
« Gomo las ciencias físicas se han perfeccionado antes que «Íes fisiológicas, dice este autor, se ha creído ilustrar á estas asociándoles aquellas , con lo cual se han embrollado inevitable- »mente; porque aplicar las primeras á las úiüiuas es esplicar «por las leyes de los cuerpos inertes los fenómenos de los cuereóos vivientes: principio falso, cuvas consecuencias todas
»han de llevar precisamente el mismo sello. Dejemos á la quí- »n»¡ca su afinidad, y á la física su elasticidad y su gravedad , y »no consideremos en la fisiología mas que la sensibilidad y la «contractibilidad , esceptuuridc sin embargo los casos en que el y mismo órgano esperimenla fenómenos vitales y físicos , como *el ojo y eloi'Io , por ejemplo.»
« Loa espíritus vulgares se detienen en los hechos aislados «que presentan los libros , sin abrazar de una ojeada el conjunto de los principios según los cuales se han escrito. Muchas * veces hasta el mismo autor signe, sin saberlo, el impulso d;u!o »á la ciencia en la época en que escribe. Pero el hombre de ta- «lento observa y contempla con preferencia este impulso, que «de Ida ser enteramente distinto en los libros fisiológicos que «en los físicos. Sería preciso, por decirlo 3si, un idioma dife- » rente...»
A pesar de todo , Bichat se declara partidario y admirador de Newton : « démosle gracias , esclama , porque ha sido el pri- »mero que ha encontrado el secreto del Criador ; á saber , la "simplicidad de las causas reunidas á la multiplicidad de los «efectos! Fué uno de los primeros que observaron que por variables que fuesen los fenómenos físicos., todos se refieren sin «embargo á un corto número de principios ; y analizando estos «principios, probó sobre todo que la facultad de la atracción es «Ja esencial en ellos.»
«Las ciencias físicas, prosigue, asi como las fisiológicas, «se componen de dos partes: 1.° del estatuó de los fenómenos, «qtie son los efectos ; 2.° de la investigación de las conexiones «que existen entre ellos y las propiedades físicas ó vitales que «son fcs causas.»
« Estas propiedades son de tal modo inherentes á los cuer- «pos inertes y á los cuerpos vivientes, que no pueden concernirse sin ellas, pues que constituyen tanto su esencia como «su atributo. Supóngaseles pribados repentinamente de ellas, y >>el instante cesarán todos los fenómenos de la naturaleza, queriendo solo existente la materia. E! caos no era otra cosa mas «que la materia sin propiedades (I) ; y Dios para crear el universo la dotó de gravedad , elasticidad , afinidad, etc. , y con- «cedió ademas á una porción de ella La sensibilidad y la contractibilidad.»
« Esta manera de enunciar las propiedades vitales y físicas
(i) La idea de la materia sin propiedades do ninguna especie es por lo méitps bastante singular. En cnanto á h cosmogonía de Bicliat, no puado de- (- :iit (¡r.e esté mas conforme á la rigorosa íilosoíía que al Cc>us,s.
»dá bastantemente á entender, que re deten remontarse mas nallá nuestras espiraciones ; y que acftM !!as representan los «principios que han de deducirse de dichas espiraciones come «otras tantas consecuencias-»
El autor se recrea con pasión , por decirlo asi , en esta su idea favorita , en tales términos que no tome repetirla. Veamos otro párrafo en que vuelve á hablar del mismo punto.
« ka relación de las propiedades como causas ¡ con los fenómenos como efectos , es una verdad que dá hastío repetir en »el dia , asi en física como en química , astronomía , etc.; y si «esta ohra logra establecer un axioma análogo en las ciencias «fisiológicas , habrá llenado cumplidamente su objeto. E! quí- «mioo refiere todos los fenómenos que observa á la afinidad , y »el físico vé por donde quiera en sus estudio? la grd vedada la «elasticidad , etc. j pero en los materias fisiológicas , por el «contrario, nadie se ha remontado, de una manera general al «menos, desde los fenómenos hasta las propiedades de que se «derivan. La digestión, la circulación y las sensaciones no recuerdan al fisiólogo la idea de ¡a sensibilidad ó de la contractibilidad, como el movimiento de un reló recuerda si maquinista que la elasticidad es su primer móvil, ó como la rueda de »un molino ó de cualquiera otra máquina movida por el agua, «recuerda al físico la gravedad**
La sensibilidad y la contractibilidad , que Bichat divide en muchas especies, son pues en último análisis las causas de todos los fenómenos que se observan en los cuerpos organizados. Veamos ahora como aplica su teoría á los fenómenos patológicos este iiustre é ingenioso fisiologista.
Deja sentado como un hecho que todas las enfermedades consisten en una lesión de bis propiedades vitales, esto es, de la sensibilidad ó de la contractibilidad : de manera , dice , que las enfermedades son mas numerosas cuanto mayor es el número de propiedades vitales de que están dotados los cuerpos organizados. Por esta razón , añade , la lista de las enfermedades de los vegetales es mucho menor que la de las que padeces los ani« males , como que en efecto aquellos carecen de la sensibilidad animal que preside cí las sensaciones y de la contractibilidad animal mcesaria d la voz } á la locomoción , etc. que estos poseen.
«En las enfermedades nerviosas desemneña el papel principal la sensibilidad animal; las convulsiones y ja parálisis «consisten en el aumento ó disminución de la contractibilidad •animal. Toda especie de calentura , todas las afecciones gas- «tricas etc., son una alteración manifiesta de la contractibilidad
yorgdnica; los tumores de distinta especie, las exhalaciones "aumentadas, el marasmo , etc., suponen siempre el desarreglo »do la sensibilidad orgánica y de la contractibilidad insensible » correspondiente.»
Considerando por una parto que las propiedades vitales existen esencialmente en les sólidos, y por otra que los fenómenos patológicos no son mas quo alteraciones de las propiedades vitales, es cosa evidente |u«ra liichat , que esto» residen también esencialmente en los sólidos , y que los fluidos le son hasta cierto punto estraños.... « No se crea sin embargo, dice , que los »fluidos no significan nada en las enfermedades, puesto que » frecuentemente tienen en sí el germen funesto, y son el vehículo de la materia morbosa. Los Huidos destinados á la compo- »sicion de los órganos son principalmente los que conducen Ja «enfermedad á los sóüdos ; y al contrario, los que hacen la «descomposición mas bien se la llevan consigo, y por su me- »dio tienen efecto las crisis. Los médicos han exagerado extraordinariamente la influencia de los humores morbosos espulgados al estei ior, aunque es sumamente dudoso que semejante » doctrina tenga muchss veces fundamento; porque si estos llui- »dos son en ocasiones el vehículo de la enfermedad , es cuando »eon!rael orden natural vuelven á entrar en la economía, como »cuaodo la bilis pasa á la masa de la sangre, y cuando la orina >¡absorvida se reúne á este fluido.»
« Es evidente la necesidad de distinguir bien las enferme- »dadcs , ó mas bien el conjunto de síntomas que las caracteri- »zan , de los principies que las producen ó que las sostienen. »Cas¡ todos los síntomas se presentan en los sólidos, pero la »causa puede estar asi en ellos como en los fluidos. En todos »los casos son aquellos los que están principalmente en acción; «pero la causa de esta tan pronto está en los mismos como fuc- »ra de ellos. Sería muy esencial sin duda el indagar la distinción »de los dos casos.»
No seguiremos al autor en las consideraciones qae presenta sobre la solución de este problema , pero copiaremos la conclusión de su discurso, que es como sigue-, toda teoría esclusiva de solidismo ó de humorismo, es un absurdo en patología > como lo sería en fisiología mineUa en que se atendiese únicamente á los sólidos ó d los ¡laidos.
Admirando Bichat el influjo que ejercen los fluidos en los fenómenos fisiológicos y patológicos , pero fascinado y arrastrado , como á pesar suyo , por su teoría de las propiedades vitales, no pudo resolverse á reconocer que hay fenómenos cuya f aplicación no puede hacerse por ella , y prefirió vitalizar
los Huidos, por decirlo asi , antea que admitir enfermedades independientes de las propiedades vitales , como él las había analizado. Veamos lo que dice sobre el particular.
a Aunque las propiedades vitales residen especialmente en «los sólidos, no por eso han de considerarse los fluidos como ■pora meóte inertes.... Sería un objeto de muy curiosas investigaciones el fijar romo plgunas moléculas Huidas que no gozan •absoluta mente mas que propiedades físicas, se penetran poco «á poco de lus rudimentos de las primeras.... Decir en qué consiste esta vitalidad de los fluidos , es evidentemente imposi- «ble; pero su existencia no por eso es menos real ; y el químico que quiera analizarlos no puede hacerlo mas que con su •cadáver j del mismo modo que el anatómico solo tiene el de los «sólidos que trata de disecar. Obsérvense en efecto, que en el «momento que ha abandonado el principio de vida á los tlni- »doSi tienden estos á la putrefacción, y se descomponen como Ioj «sólidos privados de sus fuerzas \itales. Solo dicho principio «impedia este movimiento intestino que tiene sin duda una par- »te muy principal en las alteraciones de que son su-ceptibles «los fluidos.»
El autor concluye refiriendo un hecho que le parece concluyen te para desmentir' cuanto se había dicho en los últimos tiempos acerca de la «corruptibilidad de la sangre en las enferme - dades. «Poco hace , dice, hemos hallado en lugar de sangre ab- «dominal una verdadera sanies de color gris, que llenaba tudas »ias divisiones de la vena splenica , el tronco de la vena porta «y todos sus ramos hepáticos.» Bichat tiene buen cuidado de no • tar que «esta sanies no era un efecto cadavérico, y que la sj tingre había circulado y si no alterada, al menos en un esatado, muy diferente del natural , y verdaderamente descomapuesta.»
J)e estas consideraciones sobre los elemento* organizados de nuestras partes, sobre los tegidos simples , y los sistemas generales ó generadores, entre los cuales la naturaleza y no la ciencia, como lo dice él mismo, ha tirado una línea de demarcación ; de esta grande concepción de la anatomía general que, como él esperaba , ha ejercido una poderosa influencia , asi sobre la fisiología como sobre la práctica de la medicina , pasa Bichat á las consecuencias del análisis anatómico, con relación á las analogías y á las diferencias de las enfermedades entre sí.
»Lo que acabo de esponer nos conduce á deducir consecuen- »cias con relación á las enfermedades agudas ó crónicas locales^ «porque las que, como muchas calenturas, atacan casi si-
«multáneamcnte todas nuestras partes , no pueden ilustrarse «bastante por la anatomía de los sistemas (1).»
»Ya que las enfermedades no son mas que alteraciones de «las propiedades vitales , y que cada tegido es diferente de los «demás con relación á estas, es evidente que debe diferir tam- »bien con relación á las primeras ; luego en todo órgano com- «pucsto de diversos tegidos, el uno puede hallarse enfermo , y toados los demás intactos : estoes cabalmente lo que sucede en «el mayor número de casos.
«Va que cada tegido organizado tiene en todas partes una «disposición uniforme, y ya que , sea cual fuere su situación, «tiene la misma estructura y las mismas propiedades , es evi- «denle que dichas enfermedades deben ser siempre las mismas. «Sea que el tegido seroso perlenezca al cerebro por la aragnoi- »des, al pulmón por la pleura , al corazón por el pericardio , a »!as visceras gástricas por el peritoneo , etc. , en todas partes »se inflama igualmente, en todas partes ocurren las hidrope- «sías del mismo modo etc., y en todas partes está sujeto á una «especie de erupción de pequeños tubérculos blanquecinos como «granos de mijo, de que creo no se ha hablado hasta ahora. Sea «cuol fuere también el órgano que reviste el tegido mucoso, sus «afecciones presentan en general el mismo carácter, y no ofre- «ceo otras variedades que las que provienen de su diferente es- «tructura... «El autor de la JS osografía filosófica ha hecho mu- «cho en mi concepto en favor del arte, con ser el primero que ha «presentado las inflamaciones por orden de sistema... «La anatomía de los sistemas no solo ilustrará la historia de las en- «fermedades, sino que mudará en parte la manera de conside- «rar la anatomía patológica , paes es cierto que siguiendo el an- «tigúo método no puede formarse una idea general de las alte- » raciones comunes á todos los tegidos. Yo. divido , pues , en «dos graneles partes la anatomía patológica : la primera encier- »ra ia historia do las alteraciones comunes á cada sistema , sea «cual fuere e! órgano á cuya estructura concurre, y sea la que «quiera la región que ocupe. En seguida es preciso volver al «examen de las enfermedades propias á cada región , á tal ó »cual órgano , etc.
«Me parece que estamos en una época en que la anatomía
(!) ¿ Qué dina Bicha l si viviésehoy entre nosotros en vista de la localizacion de las calenturas, obra inmortal de lino de sus discípulos? Ciertamente que la membrana ioliculosa del tubo digestivo y el tegido seroso del sistema circulatorio no tienen relación alguna con el sitio y asiento de estas enfermedades que lian estado por tanto tiempo envueltas en el \ek> de la esenciahdad.
«patológica debe remontar nuevamente su vuelo, Si se es-
sccptuan ciertas clases de calenturas y de afecciones nerviosas, «todo lo que queda en patología pertenece al dominio de aquella «ciencia (l).»
En lin , como para coronar su obra, y como para confirmar con un nuevo ejemplo la verdad de una" de sus aserciones , á saber , que todos los sismas que han dominado alternativamente en medicina han refluido sobre la mataría médica 6 la terapéutica , aplica Bichat á esta parte de la ciencia del hombre enfermo su teoría de las propiedades vitales, y establece como ley que ningún medicamento , aunque sea una cataplasma, oLra de una manera física , autes bien modifica las propiedades > ¡tales ^ esencialmente diferentes de las físicas en su opinión. Citemos otra vez algunos párrafos de este gran fisiólogo.
«¡ A cuántos errores no se ha dado lugnr en ¡a aplicación y »en la denominación de los medicamentos I Creáronse desobs- »truentes cuando estaba en voga la teoría de la obstrucción , y «salieron á luz los atenuantes cuando se asoció a esta la de la «condensación de les humores. Quísose después embotar los «acres, y se inventaron Los in viseantes, los incrasantes, etc. Los »que no vieron en las tnfermedades otra cosa mas que la ten- »sion ó el relajamiento de las fibras , el laxum y striclum, emplearon los astringentes y los laxantes, mientras que los que «paraban mas la atención en el esceso ó defecto de calórico usa - «bau los refrigerantes y calefacientes.
«Dícese que la práctica de la medicina es repugnante , y yo «añadiré que bajo ciertos conceptos no es propia de un hombre «racional, cuando se siguen los principios de la mayor parte de «nuestras materias médicas.
«Es sin duda sumamente difícil el clasificar también los medicamentos tegua su manera de obrar; pero ciertamente es in* ^contestable que el objeto de todos ellos e¡ volver tas fuerzas vivíales al tipo natural de que se habían separado en ¿as enfermé- *dades. Va que los fenómenos morbosos se reducen Vjúoá en úí- «timo análisis á diversas alteraciones de estas fuerzas, la acación de los remedios debe reducirse también evidentemente á y>volver estas alteraciones al orden natural; y nejua eslo . cada »nna de las espresadas projí ¿edades tiene su especio de remedio s » apropiados.
(i) E>aa íéílexioi es ana mas exacla en el Jia que ca los tiempos de Tnch-at , péetto que se kaa Hkmtitouk admiraMeinente h^sta las ca!c:;Sii;as llama düs esenriak's.
»En las inflamaciones hay exaltación de la sensibilidad or-
r.r.nií'a , y de la contractilidad insensible; pues bien , disminu- »y(lS6 esta exaltación con lus cataplasmas , fomentos , baños lo- »cales , etc. , etc.»
Bichat declara , sin embargo, que no es su ánimo presentar un nuevo plan de materia médica , confesando que no ha meditado aun lo bastante para someter los medicamentos á una distribución diferente de la actual ; y de paso tacha de demasiado. general, aunque exacta por otra parte, la idea de los que no hi-n visto en las enfermedades mas que vigor ó debilidad , y que no han usado por consiguiente masque tónicos 6 debilitantes.
La doctrina de este a-^tor , como lo demuestra la fiel esposicion que acabamos de hacer, abraza la ciencia del hombre bajo el dublé punto de vista de su estado normal y anormal.
Adoptada al principio con entusiasmo casi general esta seductora doctrina , como ocurre con la mayor parte de las producciones de los hombres de talento, y seguida como una especie ile religión , no tardó mucho en envejecer , y en nuestros uias lia sufrido la misma suerte que todas las demás formas, bajo las cuales habia aparecido el vitalismo puro y esclusivo.
De todos modos la forma en que ha presentado Biche t el vitalismo es un progreso incontestablt ; porque en efecto , al despedazar , descomponer y analizar ese principio complejo designado alternativamente con los nombres de naturaleza, cnormqn y vis ínsita , impectum faciois , arqueo ¿ alma j fuerza vital # principio vital, etc. , se ha conformado, como él mismo iodice, a la sana filosofía de Newton y Bacon.
Pero su análisis es vicioso bajo diversos puntos de vista , y muchas veces su lenguaje lo es todavía mas que su misma doctrina. ¿Qué significa, si. no, la sensibilidad orgáñical ¿Qué se entiende por contractilidad orgánica dividida en sensible é insensible ele. ?
- Pero !o que verdaderamente es un error increíble en un hombre cómo el que nos ocupa, es el no haber comprendido en su análisis de las propiedades ó de las fuerzas que presiden á los fenómenos de los cuerpos orgánicos , las propiedades ó las fuerzas que rigen los de Sos cuerpos inorgánicos ; y digo que este error es verdaderamente increíble , porque cmlquiera lo percibe por poco inteligente que sea. ¡ Pues qué! ¿ No estará sujeta á las eternas leyes de la estática y de Ja mecánica esta máquina admirable en cuya construcción ha desplegado la naturaleza un lujo tal de condiciones estáticas y mecánicas, de que son inr completas imágenes las obras mas complicadas en que el
arto y la ciencia han agotado todos sus esfuerzos? ¿Será que los Borrelli , los Barthez y hasta el mismo Biclict no habrán hecho aplicación á la economía viviente de las leyes de la estática, de la mecánica y de ¡a hidráulica en sus trabajos sobre el reposo , el movimiento , el salto , la natación , el vuelo , la reptacion , la circulación de la sangre, etc., etc. ? ¿No funciona el corazón lo mismo que una bomba aspirante y de presión , y no so altera en su ejercicio tan luego como se alteran sus condiciones físicas y mecánicas, como cuando, por ejemplo , se ponen rígidas é inmóviles las válvulas de este órgano, que son verdaderos sopapos organizados , ó cuando se estrechan sus orificios , etc? Les hechos contenidos en el Tratado clínico de las enfermedades del corazón demuestran del modo mas palpable la importantísima paite que tienen en ellas en general las condiciones físicas y mecánicas ; y lo que decimos del corazón puede aplicarse igualmente á otra multitud de órganos. ¡Qué! ¿No obedecerán los cuerpos organizados ni aun á las supremas leyes de la gravitación á que están sujetos les inertes ? ¿Nos faltan acaso hechos y esperimentus para probar que la sangre y los ♦lemas líquidos se dirigen siempre hacia las partes mas bájasete? Es cierto que en los cuerpos vivientes existen fuerzas ó condiciones por medio de las cuales se neutralizan mas ó mecos en algunos casos los efectos de la gravedad ; pero ¿qué prueba esto contra la doctrina que defendemos? ¿ No se pueden lambien en el mundo inorgánico vencer los esfuerzos de la gravedad poniendo en juego ciertas máquinas ?
¿ No estamos viendo á cada instante , asi eú los cuerpos orgánicos como inorgánicos , cambios frecuentes de estado y fenómenos de cristalización, de capiloridad , de hígrometricidad , de inhibición , de endosmose y de exosmose? ¿No se operan incesantemente en el laboratorio de lus cuerpos orgánicos repetidos fenómenos químicos? ¿ No se hacen en él frecuentes descomposiciones y combinaciones, análisis y síntesis, y reacciones de todas clases, como las que se ejecutan en nuestros laboratorios de química propiamente dichos? ¿ Podrían espücarse con la sensibilidad y contractilidad los fenómenos químicos de la respiración y la digestión? Las mismas secreciones ¿podrían realizarse sin la intervención cíe algunas de las leyes químicas? Los primeros rudimentos del acto secretorio, y perdóneseme la comparación, ¿no aparecen en cierto modo en la descomposición del agua por medio ele la pila de VoSta ? En efecto , del mismo modo que en las secreciones vemos á cada órgano segregar ó separar de la sangre principios determinados , asi en la descomposición del agua observamos, y séanos permitido esplicaí'-
nos asi J que uno de los polos de la pila segrega el oxigeno , y el otro segrega el hidrógeno.
Se nos objetará tal vez que es imposible esplicar completamente, por los principios do la química, las funciones de que acabamos de hablar; y conviniendo en ello, preguntaremos ¿qué se infiere de aquí? Nada mas sino que el estado de la química orgánica ó viviente es todavía muy imperfecto. Confesaremos también que las operaciones químicas que se realizan en los cuerpos vivos son tan complicadas, y obran en ellas tantos elementos., que ha de transcurrir mucho tiempo antes de que podamos esplicarlas de una manera completamente satisfactoria,. y que tal vez existan misterios químicos que jamás puedan comprenderse.
¿Creeremos siempre haber dado la última mano ala fisiología con referir todos los fenómenos de que se compone á dos propiedades esencialmente diferentes de las físicas , á saber , á la contractilidad y á la sensibilidad , ó con repetir al 6a del estudio de cada función : esta función no es mecánica > ni física > ni química , y de consiguiente es orgánica y vital?
Seria sin duda un error el empeñarse en esplicar por la gravedad ó la afinidad y etc. , los fenómenos de ía sensibilidad , de la inteligencia, de la voluntad , etc.; pero ¿no se cometería otro no menos grosero si se quisiesen esplicar por la sensibilidad ó la contractilidad animal y voluntaria los fenómenos físicos y químicos de que hablamos poco ha ? Pues de este modo se procede cuando no se quiere admitir en fisiología mas que la sensibilidad ó la contractilidad.
Ha llegado, pues, el tiempo en que es preciso renunciar á esa doctrina bárbara que nos représenla las leyes llamadas vitales como constituidas , bajo todos conceptos , en guerra perpetua con las leyes físicas. Acúsese enhorabuena de heregía á los que defiendan esta nueva revolución fisiológica: vendrá el tiempo , no muy lejano ya , en que quedarán por verdaderos heresiarcas los que hayan luchado en vano contra esta inevitable regeneración.
No se deduzca de estas reflexiones que Bichat no merece la profunda admiración que á todos nos ha inspirado, no; porque nunca será bastante ensalzado el autor del Tratado de las membranas , de la Anatomía general; de las Investigaciones sobre la vida y la muerte y etc. En electo, si este escritor cometió un grave error , prescindiendo de las condiciones físico-químicas en su Análisis de los fenómenos fisiológicos , debe á lo menos hacérsele ia justicia de conocer que en el estudio de los fenómenos propiamente vitales, y en el de los animales en particular, ha
desplegado un espíritu de análisis y de generalización, de que solo son capaces los hombres de genio. Bajo este punto de vista ha seguido, y de ello se jacta el mismo, las huellas del inmortal Newton , tratando , dice, de hacer en las ciencias fisiológicas lo que aquel hizo en las físicas. [Ardua empresa por cierto, y que solo un líichatera digno de concebir! Si este Newton de la fisiología se ha estra viado alguna vez , si su obra ha quedado incompleta , no olvidemos que solo tenia treinta años cuando una muerte prematura vino á poner fin á sus vastos proyectos de una reforma radical de las ciencias médicas (1). Murió Bichat, pero no se estinguió por eso el movimiento tan rápido como inteligente que habia dado á la medicina. Entre los numerosos rivales que se disputaban la rica hereucia de gloria que habia legado á sus sucesores , descollaba un hombre de gigantescos talentos , y que debía empuñar muy en breve el cetro de la cirujía moderna (2). Al colocar á I)u¡ uytren entre los sabios que lian prestado los mas importantes servicios á los di tersos ramos de la medicina 3 á principios del siglo XIX , no hago mas que reproducir una verdad proclamada en las obras que se publicaron en dicha época, entre las cuales me será permitido citar el precioso Ensayo sobre las irritaciones , en que Marandel, uno de sus mas aventajados discípulos , desenvolvió las ideas de aquel hombre ilustre. Este joven médico, que la ciencia perdió de-
(1; Algunos creen erradamente que la ejoria de Newtpa consiste s^ío en haber descubierto la gravedad ó la grcui.'acit.n universal] y decimos erradamente, porque ya antes de este grande hombre era conocida. Lo que no se sabia, y lo que él demostró es, que la atracción está en razón directa del volumen, é inversa del cuadrado de las distancias. Tampoco se sabia que una multitud de fenómenos, que se bahiáa atribuido á distintas causas imaginarias , pertenecían á la clase de los que dependen de la atracción: por consiguiente ¿o' hallan mu'tip'icado las fuerzas ó tris causas sin necesidad' lo que es tan contrario á la sana filosofía, como no admitir las suficientes, y hacer depender á su pesar, y como por violencia , de una causa ó fuerza hechos ó fenómenos que dependen de otra. Por lo que hace al principio mismo de la gravedad, ó á la naturaleza de la atracción, Newton la ignoraba del mismo modo que nosotros ignoramos el principio de la sensibilidad, ó de Ja naturaleza íntima de las funciones que Bichat atribuía a esla causa. Sobre este punto no se pueden hacer mas que hipótesis, y bien puede recurrirse á ellas, como lo diromos en la segunda parle de este Ensayo, con tal que no se confundan con las verdades demos iradas.
(2) Esto se escribía en (83 1 , y de entonces acá ha perdido la cirujía su ilustre gel'e , su Napoleón, si me es permitido hablar asi. Algunos han desaprobado (jue yo, por mi propia autoridad, haya dado á Dupuylreri, cuva reciente y prematura muerte lamenta el mundo literario , el cetro de aquella ciencia ; pero yo creo que no he hecho mas que juslicia á cate gran maestre en todo lo (|ee he dicho ccc-rca ¿e él.
masiado pronto , se espresa con respecto á Dupuyfcren del modo siguiente, al tratar de una nueva división de las enfermedades : « En el dia se puede establecer la coordinación de »las afecciones morbosas sobre consideraciones fundadas en »la sana filosofía, en la observación clínica, y en el estudio de » los efectos de dichas ¿ficciones, comprobado por la abertura »de los cadáveres. Tal es el obgeto á (jue se dirigen los esfuer- »zos de muchos médicos , y en particular de M. Dnpuytren, •que ha tenido á bien asociarme á lus trabajos que hace muchos nanos le ocupan , sobre la anatomía patológica , y cuyos grandes ¡¡resultados quedarán consignados en una obra que se espera con y> impaciencia.»
El Ensayo sobre la anatomía patológica , publicado por otro discípulo de Dupuytren (Cruvtilhier) diez añas después que el Ensayo sobre las irritaciones ,. contiene , á lo menos en parte, los resultados anunciados en este.
La fisiología de Rícherand , que es la obra clásica sobre estas materias , de que mayor número de ediciones se han publicado, está escrita con arreglo á los principios de la escuela de Richat.
Alibert hizo refluir (sirviéndome de la espresion de este último autor ) la teoría de las propiedades vitales sobre la terapéutica de la materia médica.
Rroussais, por último , en su hermosa Historia de las ¡leg~ masías crónicas se aprovechó , como se complace en declararlo, de los grandes pensamientos de Biche t sobre diversos puntos de la medicina.
Creemos haber dicho bastante con respecto á la escuela de Bichat -T pasemos á la del autor de la Nosografía filosófica.
$■ ii.
Escuela de Pinel.
En 1798 publicó Pinel la primera edición de aquella Nosografía que durante quince ó veinte años fué , por decirlo así, el código ó el evanjelio de la Europa médica. Digno era por cierto de qué se proclamase legislador y príncipe de su época á un hombre, que á la nobleza de su carácter reunía una elevación de miras filosóficas poco comunes, y á la profundidad de su genio observador un talento superior como escritor científico , y vastísimos conocimientos en todas las ciencias (1).
(i) Veamos los títulos que el mismo Pinel alegó para emprender la reforma que meditaba. «El vastó plan que abraza semejante obra, la sana crítica
Sí , lo reconocemos con orgullo : la Nosografía filosofea , de que se agotaron seis ediciones en el corto espacio de veinte años, es , á pesar de sus defectos , el mas bello monumento que hasta entonces se había erigido á la medicina ; y esta grande obra rs acreedora á nuestra admiración , ya se la considero bajo el punto de vista filosófico y sistemático , ya se la examine bajo el aspecto gráfico ó descriptivo.
Era Pinel hombre de verdadere progreso y movimiento ; y í^si es que, sin dejar de tributar á los antiguos , y al divino viejo en particular, una estimación sincera y un profundo respeto, no se olvidó , por esceso de estos sentimientos , de adopt.ir todos los descubrimientos con que los trabajos de los modernos habían enriquecido la ciencia ; y apro\ echando para su obra los adelantamientos hechos en el intervalo de sus diferentes ediciones , esceptuando la última , le conservó el privilegio de r< presentar , reasumir , y espresar fielmente el estado de la medicina durante muy cerca de la cuarta parte de un siglo , lo que es cc.si una eternidad en obras de este género.
«Los métodos de enseñanza , tanto en medicina como en las »demas ciencias, son , dice este autor , el resultado lento del "tiempo y de la esperiencia ; nacen y crecen sucesivamente, y «ocurre con frecuencia que lo que es admisible en cierta éi>o- »ca, no puede serlo en otra , á causa del progreso de las luces y *Je los conocimientos sucesivamente adquiridos, ya en patología, ya en anatomía , ya en otras ciencias accesorias.» (Nosograph. phil. Introd. , sesta edición.)
Compárese la Nosografía filosófica , no digo con las obras de los antiguos, porque no compusieron ninguna bajo el mismo plan, sino con las de los Hoffman , los Boérhaave , los Stoll , los Sauvages, lo& Cullen , los Brovvn , y se verá cnan inmensa es la
■ que ha requerido su desempeño, ^ las iim^íighcimies que lia lieebo indispensables, tí uto en materias que e.\Jgeu una -erudición escogida , como en las > que suponen el" ejercicio ilustrado d¿ la medicina en los hospitales, no lian «podido menos de ser el resultado del trabajo de í.rxhos años. Estas circunstancias suponen también el estudio sucesivo y temprano de las ciencias físicas y aun de las matemáticas para acostumbrarse á la exactitud y al rigor »del raciocinio, y <pie se ha unido desde luego á los estudios ordinarios de la »medicma, en las escuelas célebres, la asistencia asidua á los hospitales. »A todos estos antecedentes puede añadirse el que una feliz combinación «de circunstancias ha llamado al aulor á desempeñar grandes destinos, sea »;en la enseñanza pública de la medicina , sea en la dirección médica de algún «grande ho>pi:&l . ó lo que es mejor, que se haya >islo precisado á dar lecciones de clinica d:¡rante muchos años, y en presencia de un gran número de «discípulos.»;
superioridad de aquella. Pero entremos en algunos pormenores sobre el particular.
Quiere PiBél que para regenerar la medicina y darle nueva forma , se le aplique un método de enseñanza análogo al de las demás ciencias físicas ; pero nos ha dejado ignorar el secreto de las bases de su sistema nosológico y, si me es lícito decirlo , de la razón primera de su clasificación. Se descubre sin embargo fácilmente y á primera vista, que este sistema carece de unidad, lo cual era ciertamente inevitable en la época de su creación. Sea como quiera, este autor divide en cinco grandes clases lodas las enfermedades conocidas en su tiempo , á saber:
las CALENTURAS, INFLAMACIONES, HEMORK AGÍAS , NEUROSES, y LESIONES ORGÁNICAS.
Sería preciso estendernos demasiado para manifestarlos órdenes , los géneros , las especies y las variedades que componen estas cinco clases, no siendo por otra parte nuestro obgelo el indicar aquí los vicies de esta clasificación , atendiendo á que trataremos de ella cuando mas adelante entremos en materia sobre la revolución médica de 131G. No se habían ocultado tampoco aquellos al mismo Pinel, que en diferentes lugares de su obra se complace, en cierto modo, en hacer conocer todas las dificultades de una clasificación médica , aun en materia de piretologia. Por ejemplo , en una nota de la última edición , publicada en 1818, se espresa asi: « La división nosológica de las «calenturas me ha parecido mas dificultosa mientras mayores «han sido mis esfuerzos para haceria mas exacta y completa. »Si se quiere juzgar con severidad la doctrina de las calenturas «tal como aquí la he presentado, se hallará sin duda que es sus- »ceptible de algunas variaciones en las actuales circunstancias, «ó que debería enunciarse, en algunos puntos por lo menos, en «términos dudosos, si los hechos particulares en que se fundan «las aserciones generales fuesen mas exactos, y estuviese mas «perfeccionado su método descriptivo.»
Después añade, no sin malicia. « E! doctor Aiibert ha crei- »do mas espedito el hacer desaparecer esta clase de su Nosolo- »gia , aunque tal vez se comprendan en ella las tres cuartas «partes de las enfermedades de la especie humana. De eonsi- «guiente, su apreciable obra sobre las calenturas perniciosas, «cuyo profundo conocimiento es de tanta importancia , no debe «considerarse mas que como una simple variedad , lo cual es «digno de notarse.»
En otro lugar dice: «Es tai la dispariedad que presentan «las lesiones orgánicas , que casi no debe esperarse que puedan «someterse á un orden regular de distribución.»
Este autor reconoce sin difici>Uad el estado precario de la terapéutica de su ¿poca , y manifiesta la necesidad de reformar esta parte capital de la ciencia: he aquí sus propias palabras: « La terapéutica ó tratamiento metódico de las enfermedades es «una de las partes de la medicina , que deben sufrir una refor- »ma general ; y nunca serán supérfluas las escitaciones que se «dirijan á los verdaderos observadores para que la hagan objeto «do sus mas serias investigaciones.»
El objeto principa! de Pinel era presentar las descripciones puramente históricas de todo el período de las enfermedades y las nociones abstractas de la patología general , que es lo que constituye la ciencia médi:a, propiamente hablando, según su opinión (introd. pág. II.)
Opina que el problema que Pitcarn enunció diciendo : dada
UNA ENFERMEDAD II VLLAR SU REMEDIO, indicaba C)l SU autor
mas presunción que ilustración y cordura, y propone que se le reemplace con otro que es mucho mas comedido y circunscrito^ como él dice, pero que no es muy satisfactorio para los enfermos, á saber: dada una enfermedad, determinar su verdadero CARÁCTER Y EL LUGAR C>UE DEBE OCUPAR EN UN CUADRO NOSOLÓGICO 'l).
Ya cuando se publicó Ir. primera edición de la Xosografa filosófica debia haberse conocido la parte débil de la primera clase de esta obra, en virtud de las investigaciones de Roederer y Wagier eobre laeaJeótura mucosa, de las de Sarcone sobre la glutinosa , y aun de las mismas opiniones de Pinel acerca del sitio de las fiebres gástricas y de las adeno-meníngeas ; porque en efecto, era muy difícil conciliar la eseneialidad de estos dos órdenes de calenturas con las alteraciones que aquellos autores habían encontrado.
Por lo demás, Pinel no estaba muy convencido de la esencialidad de las calenturas , si hemos de dar crédito al pasage siguiente del Curso de mnlicina clínica de Piostan.
« E! célebre autor de la Xosografa filosofea fué el primero »que conoció la vaguedad que existia en la historia de las calenturas continuas ; y asi es que en sus primeros trabajos (las pri- »meras inspiraciones de los hombres de genio son casi siempre »!as mejores) habia puesto en duda la existencia de aquellas ; y *si vencido después por los consejos de los tímidos , ó temero-
(I) No lió y necesidad de observar que este problema comprende solamente la mitad de la obligación de un medíro , v que una vez hallada su reso!::ricn, es prcróo bucear la del de Pilcan, ea el cual está compren I plícitsmenla ei anterior.
«so de la animosidad de los médicos , creyó que debía hacer su ^descripción en las obras que publicó, hizo por lo menos Jos «mayores esfuerzos con el fin de localizarla.»
Según Rostan , el librero Brossott fué quien puso el mayor empeño en que Pinol escribiese sobre las calenturas esenciales, como lo bacian los médicos antiguos , indicándole que tendría mal éxito su obra , y haciéndole temer el odio de sus colegas. « Este grande hombre, prosigue ¡ tuvo la debilidad de ceder á •estos consejos pusilánimes.» Dignas son de tomarse en cuenta por la historia estas indicaciones ; pero si son exactas , ¿por qué no convino Pinel con la doctrina de Broussais?
Muchas obras publicadas en los intervalos de las numerosas ediciones de la Nosografía atacaron sus doctrinas } y conmovieron sus fundamentos algo ruinosos de por sí. Las observaciones de Prost , consignadas en la Medicina ilusl rada por la abertura de los cadáveres ¿ y la memorable monografía de Petit y Serres sobre la calentura entero-mesent erica , minaban mas cada vez las mal seguras bases dé su primera clase; mientras que por otro lado sufría un ataque semejante la quinta, esto es, la de las enfermedades orgánicas (1), con las recomendables investigaciones de Rroussais sobre las flegmasías crónicas.
Sin embargo , hasta el año 181 G no fulminó el autor de esta última obra su formal declaración de guerra, por decirlo asi, contra la doctrina mas generalmente adoptada. Ella fué la que inspiró á Pinel los siguientes párrafos de la última edición de su Nosografía (1818).
«Sabido es, que después de publicada la anterior edición de la Nosografía se ha tratado de poner en voga una nue- »va teoría médica , en cuya discusión estoy muy lejos de que- «rer entrar ; pi'ro haré observar solamente cuan penoso es p;¡ra «ciertos autores efervescentes el contenerse en los justos lími- »tes. Perciben primero con sutileza algunos objetos particulares, «van después exaltándose por grados su imaginación, y acaban «por fascinarse hasta el punto de creer que están en estado de «derribar el sistema general de los conocimientos médicos. Las «personas superficiales, ó que ignoran hasta la marcha pruden- »te y comedida de las ciencias, ceden fácilmente á la seducción; «y de este modo se han convertido en flegmasías las calenturas
(!) Pujol de ("asiros publicó también á principios de osle siglo sus interesantes obsen aciones sobre las flegmasías crónicas; pero llamaron poto la atención, y conviene decir que se habían olvidado generalmente, ó quizás nadie tenia \a noticia de ellas cuando se pjiblíeó la obra de iiroussm*.
«primitivas, creyendo poder por medio de estas ilusiones descerrar lo que ahora se llama adinamia y atoxia. ¿Podrá interpretarse de otro modo una obra que se titula ¡ Examen de nía doctrina médica adoptada generalmente ?»
Mas adelante dice, refiriéndose á la misma obra : « Estoy muy lejos de entrar á discutir las opiniones de «aquellos cuya imaginación se alimenta de teorías frivolas , y «que se burlan , por decirlo asi, del lector, queriendo reunir «cosas incompatibles, ó que desesperados al contemplar el bri- »llo de una doctrina generalmente adoptada 3 descubren su medianía en sus imprudentes ataques : dejo al tiempo y á la es- «periencia el encargo de reducirlas á su verdadero valor.»
No es tiempo todavía de que nos ocupemos en esta notable controversia. Expondremos antes algunas investigaciones que aparecieron durante el reinado de Pinel, empezando desde luego por las que militaban contra las doctrinas de la Nosografía , y especialmente contra la escuela piretológica.
$.'m.
Decadencia del sistema de Pinel
I. Daremos principio por la obra de Prost , titulada : La medicina ilustrada por la abertura de los cadáveres. Léese en elía lo que sigue ¡
1.° « Las causas que originan la calentura inflamatoria
vsimple obran mas especialmente sobre las arterias El
«desarreglo particular que la causa se comunica con prefei>rencia á la sangre, á las arterias, y al corazón.» En otra parte dice que a el sitio de la calentura angioténica ó iuflama- «toria es el tegido celular, las membranas serosas, los miem- «brosy las visceras pectorales.» Añade que «la calentura es infla» amatoria , simple ó angioténica , cuando los desórdenes esenciaales que ocurren durante su curso afectan principalmente las «visceras torácicas.» En resolución, las opiniones de Prost acerca de este orden de la nosografía no eran todavía bastante exactas ni bien determinadas.
2.° Las alteraciones que se notan en los cadáveres de personas que han fallecido á consecuencia de una calentura biliosa, consisten , según este observador , « en la abundancia de san- «gre en todos los vasos del abdomen , sobre todo en los intes- «tinales y en las ramificaciones de la vena porta. El hígado to- »ma un color rogizo y presenta poca consistencia ; la bilis es »mas ó menos abundante, muy fluida, amarilla ó verde. El duo-
«deno , el yeyuno y el ileon están llenos de sustancias bilio- »sas y claras ; un moco muy abundante no glutinoso, blanque- »cino y semejante á la clara de huevo poco cocida , cubre su «túnica interna , y obstruye estas visceras ; esta membrana está «llena de vasos sanguíneos que abundan mas en proporción «que las materias biliosas tienen mas color, y existen en ma- «yor cantidad. Algunas veces se encuentran en el estómago «materias biliosas, y su túnica mucosa presenta varios surcos »ó especie de puntos rojos.... En la calentura biliosa se desar- «rolla el sistema arterial, pero en menos grado que en la lio- «gosis. Desde el momento en que se aumenta este desarrollo y »se verifica la inflamación , se presentan los síntomas atáxicos y «después los ataxo-adinámicos.... Los primeros son efecto de la «flogosis intestinal.... Los últimos indican la terminación de la «inflamación de la túnica mucosa de los intestinos en gangrena, »y la separación mas ó menos rápida de la sangre de los vasos »en que abundaba primeramente.»
Los órganos abdominales, y los intestinos sobretodo, son, según Prost, el sitio en que se verifican las alteraciones que Jan lugar á la calentura biliosa. Las causas de esta calentura, dice, obran sobre los intestinos , y la irritación de estos órganos es su resultado.
3.° El párrafo siguiente relativo á la calentura atáxicu es uno de los mas notables.
«Sin duda que el cerebro puede sufrir trastornos originados «por las flogosis que se verifiquen, tanto en su sustancia , como »eu sus membranas ; pero no son estas afecciones las que dan «lugar á las calenturas atáxicas : la alteración orgánica que «las causa consiste en la inflamación de la membrana interna de «los intestinos con escoriaciones ó sin ellas. Esta inflamación «resulta de la presencia en dichas visceras de una cantidad mas «ó menos considerable de bilis , que puede afectarlas en una o «muchas partes con mas ó menos estension.... Las inflama- «ciones que se observan en los intestinos de los que han «muerlo de estas calenturas están siempre en proporción «de los diversos síntomas que se han notado antes de la muerte «del enfermo, puesto que son mas vivas y mas generales en ra- »zop de la intensidad del delirio de la mayor agitación de tas «miembros, del ardor de las me gi lias y de la sed, del calor de «la lengua , de su color y sequedad, del calor vivo y particu- «lar del vientre, del encendimiento de la orina, de Ja mavor «cantidad de materias biliosas despedidas por el ano , y de si »olor mas picante.»
El autor añade en una nota « que ha hecho la abertura cíe
»mas de doscientos cadáveres de personas muertas de calenturas atáxicas., y que ha observado que la inflamación de la men- «brana mucosa intestinal era muy viva en los que habían «presentado síntomas violentos , sencilla en los temperamentos «delicados , etc.» Después continúa del modo siguiente :
«La manera con que están dispuestas las inflamaciones de la »superQcie interna de los intestinos, nos dá á conocer los cam- «bios súbitos y frecuentes que se verifican en estas calenturas; «dichas inflamaciones que son relativas á la cantidad y á la ca- »lidad de las materias irritantes , sobre todo de la bilis , son «mas frecuentes en las partes de las visceras en que se depositan estas materias. El duodeno, la conclusión del ileon y el ciego, «son los mas espuestos á sufrir aquel depósito, singularmente es- »te último, que es, por decirlo asi, el centro de ios desarreglos in- «testinales, porque suposición y adherencia á la fosa iliaca favorecen la estancación en él de las indicadas materias...» Siguen muchas reflexiones hipotéticas y completamente falsas sobre la influencia de la bilis, de las lombrices, etc. , y termina diciendo
QUE JAMAS SE ABREN CADÁVERES DE PERSONAS QUE HAN MUERTO DE LA CALENTURA ATAXICA , SIN ENCONTRAR INFLAMADA LA MEMBRANA MUCOSA INTESTINAL.
4.° Veamos ahora la doctrioa de Prost acerca de la calentura adinámica.
«El sistema arterial puede debilitarse , asi como desarrollar- »se la membrana mucosa de los intestinos: la inflamación de es- «tas visceras está sometida á las leyes generales de las flogosis, «que tiene un término fijo para su crecimiento , después del «cual sobreviene la adinamia cuando no se ha restablecido el «orden natural... Si el desarrollo arterial es débil , como se ob- «serva en algunas calenturas mucosas y gástricas, la adinamia «que sucede es simplemente consecutiva , siendo por el contra- «rio consecutivo-gangrenosa ó pútrida cuando sobreviene en la «inflamación : esta es la terminación de una flogosis por gan- «grena , terminación frecuente en las calenturas atáxicas del se* Mgundo y tercer grado.»
Copiaremos lo que se lee en la advertencia que precede á la medicina ilustrada por la abertura de los cadáveres, con respecto al método seguido por el autor y á sus inmensas indagaciones.
«El objeto de mis investigaciones es, mucho tiempo há , el conocimiento de las alteraciones orgánicas en" las enfermedades... Lejos de buscar la causa de estas en las partes en que »s'e presume deben residir, he tratado de conocer todos los «trastornos que sufren en ellas los órganos , y las diferencias «que se pueden observar en los fluidos y los sólidos durante su
» curso. Este trabajo exigía una voluntad muy decidida, un va- »lor incontrastable , y mas amor tal vez á la vida de los demás «que á la propia.
«Antes de publicar mis observaciones be hecho mas de cuatrocientas autopsias, de las cuales muchas me han detenido »un dia entero, y ninguna ha dejado de ocuparme varias »horas.
«He creído que las membranas mucosas de los intestinos «merecían grandísima atención , ,y me he dedicado á observar «constantemente y con estremada aplicación las de todos los óranos digestivos ; trabajo por cierto estraordinariamente re- »pugnante , pero que algún dia hará que se apoye la medicina »en indestructibles .cimientos1. Difícil seria espresar , é imposible describir con precisión, el sinnúmero de alteraciones que »se verifican en estos órganos , y que se coordinan con los síntomas del mayor número de las enfermedades.»
La obra cuyos puntos capitales acabamos de recorrer , merecía , como hemos dicho , haber llamado grandemente la atención del mundo médico , porque aunque es cierto que es defectuosa si se considera bajo el punto di! vista de la forma , del método y de la redacción, es en el fondo verdaderamente admirable , si se atiende á la época en que se publicó. Sin embargo , este brillante principio de una revolución que había de hacer estremecer diez años después hasta los últimos cimientos del edificio de la medicina, pasó sin que se le percibiese, por decirlo asi ; de manera que Prost podia haber dicho con razón de su época lo que Tácito dijo de otra : nostra cetas obiima stwrum.
Incurriría yo en un. error, no obstante , si dijese que no fué citada dicha obra por ningún contemporáneo , porque debemos hacer unaescepcion , por lo menos, en favor de Brous-» sais ; y por cierto que la cita que hace en la primera edición de la historia de las flegmasías crónicas es muy digna de que la traslademos á continuación. Después de referirla opinon de Prost con respecto á la influencia déla flegmasía de la membrana mucosa de las vias digestivas sobre la producción de la calentura atáxica , ,añade Broussais: «he encontrado esta mem- »brana muchas veces en bu<in estado después de los tifus mas «maÜgtios, y he visto mejorarse un número demasiado gran- »de de enfermos con el uso de los mas enérgicos estimulantes, »para que pueda convenir con la opinión de este médico acerca »de las! causas de las calenturas atáxicas.» Mas adelante debia mudar de opinión el autor del examen , pues en la tercera edición de esta obra se lee la noble declaración «obre este particu-
lar , que copiamos á continuación : «El respeto que todavía me •inspira batí las opiniones del catedrático Pine! , y el temor de «esponerme á la critica , me arrancaron la frase siguiente (la »que acabamos de ver): El hecho es que yo estaba equivocado... »Mi primer cuidado lia sido refutarme á mí mismo , y lejos de «avergonzarme, me glorío de ello... ¡Desgraciado el hombre »que haga punto de honor el no confesar jamás las faltas que *ha cometido!» Pero volvamos á nuestro asunto.
¿ Quién creería que Pinel no hizo mención alguna de las investigaciones de Prost en el tomo de su Nosografía dedicado á las calenturas esenciales ? Sin embargo, no ignoraba este ilustre autor los trabajos y doctrinas del indicado Prost, puesto que este declara positivamente en otra obra aque las cosas habían «llegado entonces á tal punto , que se ponían en ridículo sus ob- «servaciones , y que había hecho ver á los catedráticos Corvi- »sart y Pinel algunas inílamaciones y alteraciones de la mem- «brana interna de los intestinos , de que estaban ellos tan ageanos , que los cadáveres en que se las manifestó habían salido «de sus manos sin que abriesen los intestinos, aunque estos ea- «dáveres provenían de las salas en quedaban sus lecciones de «clínica (1).»
La obra de Prost no hubiera tal vez salido jamás del profundo olvido en que yacía , si diez ó doce años después de su publicación no se hubiese tenido por conveniente hacer uso de ella contra un reformador mas poderoso y mas feliz que el autor de la medicina ilustrada ¡mr la abertura de los cadáveres.
Por lo demás hay en este libro muchas hipótesis gratuitas y aun enteramente erróneas, y el autor, por ejemplo , dá á la bilis una influencia estraordinaria en la producción de las ulceraciones intestinales. Debemos confesar que hay mucha distancia entre la doctrina incierta ., confusa y mal digerida de Prost acerca de las calenturas, y la- que sobre este punto profesa Broussais ; y aun hay mas , el primero no habla en parte algu- >na de la desencializacion de aquellas dolencias , que es uno de los dogmas fundamentales del autor del Examen. De todos modos es justo reconocer que los trabajos de Prost fueron dignos precursores de esta obra , y que le aseguran uno de los primeros lugares entre todos los que al principio de este siglo han hecho servicios importantes á la medicina progresiva (2).
(1) Prost, tratado del Cólera-morbo, pág. 3o.
(2) Prost corresponde á la escuela de Bicha t , y tomó por epígrafe de 311 libro este bello pensamiento del Tratado de las membranas. « Creo que se harria mucho en favor de la ciencia si se demostrase en lodos sus ramos el si-
II. En la misma época en que Prost bosquejaba del mudo que hemos visto una importante reforma piretológica , Laennec atacaba por su parte en su tesis inaugural (1) la división de las calenturas. Después de haber dicho que casi todos los autores que han dividido aquellas afecciones con arreglo á sus síntomas, re* conocen cinco conjuntos principales de signos febriles , y de recordar que Pinel habia creído con veniente mudar los nombres de esta especie de pentateuco piretológico , añade lo que sigue:
«La calentura mucosa ó pituitosa es una afección inflamato- »ria particular de la membrana mucosa intestinal.., Si se admitiesen como diferencias específicas en las fiebres todas las que «nacen por la influencia de las afecciones que existen con ellas, «seria preciso no solo admitir como ciertos autores las calentu^ »ras catarrales y verminosas, sino llamar con Hoílman calenturas del estómago , del hígado y de los intestinos á las infla- »maciones de estos órganos.»
Asi, pues, ya en 1804 reconocía Laennec que la calentura mucosa ó adeno-meningea era la fiebre complicada con una afección inflamatoria particular déla membrana mucosa intestinal, y no obstante , cuando mas tarde dio á luz Broussais su sistema delocalizacion, fué aquel uno de sus mas ardientes adversarios!
Propone Laennec que se considere á la calentura , estudiada en general , como u«ja afección esencial, que puede complU carse con todas las enfermedades, ó complicar á estas. Añade que esta opinión quedará demostrada muy en breve por los hechos, puesto que su amigo Fizeau le ha comunicado la observación que habia hecho en muchos enfermos , en quienes solo existia una calentura verdaderamente simple, sin ninguna complicación gástrica , mucosa , etc., observación que él mismo ha tenido ocasión de hacer posteriormente en dos casos de esta na-» turaleza.
«De este modo, dice, no se reconocerían mas que dos es- «pecies de calenturas continuas, aguda la una y lenta la otra, »y aun en rigor podría reconocerse una sola especie. Las ca-r «lenturas hécticas sin desorganización de las visceras son en «realidad lentas simples.» (Aquí Laennec remite á sus lectores á las investigaciones sobre las calenturas hécticas sin desorganización de las visceras j por Broussais , París , año X).
»guiente principio que reposa ya sobre una multitud de hechos, á saber: (juc la » naturaleza , avara de medios, es pródiga en resultados; <|i¡e un pequeño numero de causas preside en todas partes á una multitud de hechos, y que «aquellos con respecto á los cuales ha) incerlidumhrc , dependen de los mis- »mos principios que otros muchos que nos parecen evidentes.»
(i) Disertación sobre la doctrina de Hipócrates, «te. , París, 1804.
Vemos , pues , que esta doctrina áv Laennec está muy dis* tante de la de Pinid : por lo mismo no es estraíko que el célebre nosógrafo le dirigiese sus ataques.
III. En 1805 sostuvo Gariel una tesis en que combatió también las doctrinas piretológicas que reinaban entonces. «Lo «que prueba, dice, cuan poco exactas son las ideas que se tie- »nen acerca de las calenturas es la nomenclatura adoptada para «estas afecciones sobre las cuales se ha profundizado muy po- »co; porque en efecto una calentura inflamatoria no es el re- »sultado de la inflamación , sino que la determina. ¿Qué significan los términos de biliosa y pituitosa, puesto que en toados los casos se atiende á los órganos y no á la bilis ni á la p¡- «tuita? ¿No son menos oscuras todavía las espresiones de^ií- »trida y maligna sobre cuya significación se ha desvariado tan- »to?... La nueva nomenclatura (calenturas angioténicas , me- «ningo-gástricas, etc.)., muy preferible bajo ciertos puntos de »vista á la antigua, tampoco me parece exacta todavía... Se «debería haber dicho angiotenia febril , enfermedad meningo- ^gástrica febril, ó cualquiera cosa anáU)ga que hubiese espre- »sado con mas brevedad la misma idea... >o se debe hablar
»DE LA CALENTURA 6INO COMO DE USA AFECCIÓN SINTO- « M ÁTICA.»
IV. En 1813 apareció el célebre Tratado de la calentura entero-mesentérica por Petit y Serres, en el cual se propone el primero como principal objeto el dejar asentado que la enfermedad de que trata constituye una afección sui generis, distinta de todas las descritas hasta entonces por los autores. Los párrafos siguientes de esta importante monografía darán á conocer su doctrina.
»Se ha presentado á nuestras observaciones una enfermedad nueva quizás y pasagera , aunque es probable que haya si- »do constante y desconocida hasta nuestros días , pero de la «cual no existe en ninguna parte una descripción completa: es «tan grave como frecuente, y ataca con especialidad á la clase «de jornaleros en la flor de sus años... Por un error de que participaban sin duda todos los prácticos , había yo confundido «hasta ahora esta afección con la numerosa y variada clase de «las calenturas adinámicas y atáxicas , con las cuales tiene mu- »chos puntos de semejanza.
«Los síntomas que deben excitar naturalmente la solicitud «del médico en el curso de esta enfermedad, no son los que «emauan de los órganos abdominales ; pues estos últimos son «mas comunmente bastante oscuros y fuera de toda proporción «aparente con los que presentan la mayor parte de las flegma-
«sías intestinales..., Bebe , pues , parecer menos digno de admiración que en las autopsias que se han hecho hasta ahora des~ »pues de esta dolencia se haya desatendido ó interpretado mal «el estado de los intestinos y del mesenterio... (1) El examen «de las visceras abdominales nos presenta alteraciones del tu- »bo intestinal exactamente semejantes , ocupando de conti- »nuo el mismo lugar en la estension de esta viscera , y siem- «pre simultáneamente las glándulas del mesenterio , que corresponden á la porción dañada del intestino , en un estado mas «ó menos adelantado de desorganización. Una semejanza tan «notable como constante en la naturaleza y el lugar de estas «alteraciones no podia permitirme ya el referirlas á las anomalías variadas y fortuitas que presentan frecuentemente las calenturas adinámicas y atáxicas comunes ; puesto que les imprimía desde luego un carácter especial que ya no era posible «desconocer.»
«Observando que la primera lesión de función apreciabte «que se manifestaba era siempre la del canal intestinal , y que •los síntomas generalés-tto aparecían sino á consecuencia de «etla, podia yo deducir con bastatrte fundamento que este ór- «gano era el sitio primitivo de la afección y el origen común «de todos los demás accidentes ; pero esta congetura adquirí.! »mucha fuerza cuando consideraba la armonía que reina entre «dicha afección , la autopsia de los cadáveres y las nociones de «la fisiología. En efecto, la causa, sea cual fuere, que obraba sobre «el intestino era ciertamente de una naturaleza deletérea... Lue- »go semejante agente transmitido por la absorción á las glándulas «del mesenterio debia producir en él una alteración profunda... «En fin, este mismo principio diseminado por una absorción «ulterior en la totalidad del sistema no pódia menos de causar «efecto, de notable gravedad... Asi se esplicaba este aparato de «síntomas generales, tan imponentes en su conjunto, y tan fre- «cuentemente funestos en sus resultados...
«Podia yo, pues, admitir con fundamento que la afección «intestinal era la enfermedad primitiva (2).»
(i) Sin duda al escribir esto el autor no tenia presente la monografía de Roederer y Waglcr sobre la calentura 6 enfermedad mucosa, asi como la de Sarcone sobre la epidemia de Ñapóles. Se vé también una prueba convincente de lo que be dicbo antes acerca del completo olvido en que habia quedado la obra de Prost , anterior solo en nueve años á la de Pelit. Este en efecto no dice una palabra acerca de sus trabajos, y sin embargo aquel infatigable observador habia encontrado en mas de doscientos cadáveres las alteraciones que caracterizan á las calenturas entero mesen/ericas.
(a) «Habiéndonos parecido la afección de lo$ intestinos y del mesenterio
El autor hace en seguida las preguntas siguientes :
Esta lesión de la membrana mucosa ¿era efecto de a'gun agente esterior introducido en el canal intestinal ?... ¿ O provenia de una acción morbosa anterior, análoga á las quedan orígen á ciertas erupciones cutáneas , á las cuales parecían algo semejantes las manchas que se notaban en ella ? En uno y otro caso ¿ por qué era el sitio de aquella la estremidad del intestino delgado mas bien que otra parte del canal intestinal? ¿Era esta enfermedad propia solamente de la ciudad de París?... ¿Tenia alguna analogía con la diarrea que padecen la mayor parte de los individuos recien llegados á la capital? ¿Por qué ataca á los hombres, especialmente á los jóvenes, con mas frecuencia que á las mujeres ? ¿ Están igualmente espuestas á ella todas las clases de la sociedad? ¿Osera peculiar de la que se ha presentado á nuestras observaciones en los hospitales ?...
Según Petit nada decian los hechos con relación á muchas de estas cuestiones ; con respecto á otras daban una luz tan escasa como incierta , y sobre ninguna se podían reunir dato9 suficientes para fundar la opinión con alguna solidez (1).
Esto supuesto , diserta el autor sobre la naturaleza de las calenturas entero-mesentéricas , y trata de determinar su método curativo. Partiendo de una idea reproducida en parte á lo menos en estos últimos tiempos, á saber: que la lesión de la membrana mucosa del fin del intestino delgado no era una enteritis ; y no juzgando que las alteraciones locales debiesen ser el objeto principal del -tratamiento , sino que por el contrario se debia dirigir el método curativo contra los síntomas generales, como la postración de las fuerzas , la alteración de las facciones, la debilidad del pulso .,1a disposición gangrenosa universal , etc.; recomienda un tratamiento tónico escitante. (Tintura de quina vinosa , ó esta sustancia en infusión acuosa vigorizada con el licor de Hoííman , de alcohol ó de acetato de amoniaco ; pociones aromáticas etéreas fortificadas con estracto de quina; fricciones de alcohol alcanforado en toda la estension del cuerpo , etc.)
»en esta enfermedad tan constantemente semejante á sí misma como las pústulas variolosas, etc., etc., hemos creído conveniente, dice Petit, acompasar á esta obra un grabado iluminado en que está representada fielmente en -sus diversos grados, empezando desde el .infarto hasta la ulceración y la supuración.»
(r) Si Petit hubiera podido dedicarse á todas las investigaciones que exigía la materia, habría hallado sin duda la solución de algunas de las cuestiones que se habia propuesto. Se habría convencido , por ejemplo, de que las calenturas entero-mesentéricas no son peculiares de la ciudad de París, ni de la clase de jornaleros, aunque se ceba con preferencia en ellas, etc.
Petit continua del modo siguiente. «Después de haber adoptado este método , todo parece que ha contribuido a confir- »marme en su continuación ; de dia en dia obtenía yo resulta- »dos favorables mas evidentes y numerosos si seguía aplicán- »dolo con firmeza y perseverancia , al paso que el termino de »la enfermedad era muchas veces funesto si alguna complica- »cion me obligaba á separarme de él ; á todo esto se añade la certidumbre en que nos hallamos de la ineficacia de los demás mé- »todos, singularmente Guando tienen por fundamento los debilitantes y SOBRE TODO LOS PURGANTES.»
Trasladarse , como suele decirse , de la teoría á la práctica^ y sobre todo en una ciencia como la nuestra , es un negocio demasiado serio , y al pasar esta especie de Rubicon ¿ qué práctico no habrá esperimentado un momento de temor ó de perplegidad al menos? Así sucedió al recomendable Petit , quien después de haber espresado que el medio de alcanzar mas directamente y con mayor brevedad el objeto principal 'del método curativo consiste en valerse de un tratamiento tónico y escitante , añade : «Pero al llegar aquí debo esperimentar algunos momentos »de duda y perplegidad... Es cierto que la lesión del intestino »y del mesenterio no era inflamatoria (1), pero tampoco pura- «mente pasiva.... ¿No debía yo temer que los medicamentos «estimulantes aplicados inmediatamente á unos órganos tan sen- »síbles y en semejante disposición exasperasen la enfermedad »en uno de sus principales elementos?... Detenido por esta con- «sideracion empleé al principio estos medios con tímida circunspección , siendo entonces mas escasos y dudosos los bue- »nos resultados.»
Veamos ahora cuales fueron las nuevas consideraciones que afirmaron al autor en sus opiniones acerca de este tratamiento, y cómo acomodó su método á ciertas circunstancias de la enfermedad. «Observando, dice, que el sitio de la afección á »que dehia atender era invariable y esclusivamente la estremi- »dad del intestino delgado inmediata á la bálbula ilio-cecal , me «ocurrió que podia sacar partido de esta notable disposición pa- »ra dar al tratamiento la dirección fija y la marcha euérgica »que exigía la urgencia de las circunstancias. Juzgué, pues, »que si se administraban los tónicos modificados de tal modo • que el estómago y la parte inmediata del canal intestinal , síem-
(i) Ya m el dia ni el mismo Chomel considera como inflamatoria la íe- «ion del intestino del mesenterio ; pero con todo , esta inflamación toma un carácter particular, ya de la parte que afecta, ya de las diversas circunstancia» en que se desarrolla.
o9 »pre intactos en la enfermedad (1), sufrir sen solo su acción in- «mediata, aunque las partes afectadas se resintiesen ¡ndirecta- «mente, no seria tamo que se ofendiesen demasiado , y que lie— »narian este objeto las medicinas si se administrasen bajo una «forma soluble, difusible y de fácil absorción... Creí en fin que »no era imposible ni inverosímil que la afección del intestino «fuese aquí de tal naturaleza que no se irritase con la acción de » los escitantes, aunque fuese inmediata y directa, como seob- »serva en las úlceras escrofulosas , atónicas , gangrenosas, escorbúticas , etc.
Esta es, en toda su pureza , la doctrina de Petit , acerca de las calenturas entero-mesentéricas , considerada bajo el doble punto de \ista de sus caracteres nosográlicos y de su tratamiento.
No hay duda que las investigaciones de este profundo obgervador quedarán como uno de los monumentos mas preciosos de la época en que se hicieron , y que van marcadas con el sello de las buenas doctrinas una multitud de consideraciones contenidas en el tratado de la calentura entero-mesentérica ; pero es preciso decir francamente que cometió un error gravísimo en materia de nosogenia en el hecho de desconocer , hasta cierto
(i) No se puede asegurar con exactitud, ó á lo menos de un modo general y absoluto que siempre está intacto el estómago en la enfermedad llamada por Pétit calenturas entero- mesen/ericas , y calenturas ó afección tifAdei por otros. Lejos de ello, este es un error gravísimo, porque ha dado lugar desde luego á la adopción del tratamiento tónico* y escitante que en una multitud de casos ha sido la causa principal de la transformación de la especie llamada cilen'uras bi ios ¡s ó gástricas en las conocidas con la denominación de pú tridas , tifoideos v gns'ro-dinámic js , y porque al localizar por otra paite esclusivamente la enfermedad en las manchas de Peyer , ha podido hacerse creer á las gentes sencillas y á los principantes que no habia ninguna analogía entre esta enfermedad y la gastro-enteritis propiamente dicha. El mismo respetable y escelente colega, cuyas ideas estamos esponiendo, ha caido en este ú'limo error. Después de haber dicho que «la membrana mucosa del intestino solo se afectaba parcial y tan esclusivamente , que aun cuando la des- -truyese la ulceración, dejaba ver intactas y desnudas las fibras musculares y >la membrana peritoneal... y que la afección de las glándulas mesentéricas - ( ra de la misma naturaleza y no se estendia en general mas allá de su pro- »pia sustancia,» añade: «Todo, por otra parle, distaba poco del estado natu- »ral en la cavidad abdominal, y no encontramos en ella ninguno de los vestigios ordinarios de las verdaderas flegmasías intestinales... Hemos visto un ca- •>so en que las calenturas entero-meseutéricas estaban complicadas con la en- •>teritis. La inflamación residía en el yeyuno; y el ileon, que es el lugar de la "enfermedad esencial, se hallaba libre." Es decir, que la ulceración y la supuración de la mentira na mucosa (son los propios términos de Petit) no son caracteres de la inflamación.
Gí)
punto, el carácter eminentemente inflamatorio de la lesión de la membrana mucosa al fin del intestino ileon. Y digo que este error es gravísimo 3 porque ha sido el principio de un método curativo esencialmente vicioso en lo concerniente al elemento deque se trata. Por otra parte, después de dejar sentado como un hecho que la alteración intestinal es primitiva., y el foco de los síntomas generales, piensa no obstante que sin prescindir enteramente de la alteración deque se trata , debe dirigirse el método curativo principalmente contra los síntomas generales ; efe manera que en lugar de atacar el mal en su raiz, en su origen mismo, le combate con preferencia en sus efectos , que es como si se tratase de apagar un incendio sin estinguir el fuego de Sa hoguera que lo produce. ¿Y piensa Petit que satisface las indicaciones fundamentales que presenta la enfermedad con un método esclusivamente tónico y escitante? Verdad es que nuestro distinguido colega se jacta con la mayor buena fe de sus curaciones ; pero desgraciadamente eran ilusorias. En aquella época en que no estaba aun en uso el verdadero método estadístico, se decidían las cuestiones de tratamiento sin poseer los elementos necesarios para ello. En otra parte de este Ensayo demostraré cuál es el método que produce hasta ahora mejores resultados en la curación déla calentura entero-mesentérica , y se verá cuánto difiere del que dejamos indicado.
Sea como quiera , es digna de nota la opinión de Pinel acerca de la naturaleza de la enfermedad descrita por Petit y Serres, que copiamos en seguida :
«Según la descripción de esta enfermedad , no se puede desconocer en ella una verdadera enteritis, ó una inflamación «violenta de la membrana mucosa de los intestinos delgados há- »cia su terminación.... La calentura sintomática que se observa »squí no es desde su principio , y por sí misma , adinámica ó »atáxica, pues toma uno ú otro de estos caractáres , y singularmente el primero , cuando la enfermedad llega á su mas al- »to grado. No hay , pues , razón suficiente para formar de semejante afección un nuevo orden de calenturas ; y hallándose »en el dia convenidos la mayor parte de los médicos en mirar la «calentura llamada jwcrperal como una inflamación del peritoneo »ó de los diversos órganos abdominales , creo que no admitirán »las cutero mesentéricas sino como una inflamación de los intestinos. Por lo demás , esta variedad de la enteritis aguda es » verdaderamente notable por la poca intensidad de los síntomas «locales , por la marcha constante y regular de la mayor parte »de los fenómenos generales, y por el carácter y sitio fijo de la «alteración que se ha encontrado después de la muerte. »
El párrafo que acabamos de citar se halla en ¡a sc-sia edición de la Nosografía publicada en 1818 : con él termina e¡ volumen destinado á tratar de la clase de las calenturas esenciales.
No conocía el autor que en el hecho de escribir estas palabras favorecía la doctrina de Broussais que habia rechazado en tíos partes del mismo tomo , ni preveía entonces que llegaría un dia en que sus discípulos y partidarios , aquellos mismos que se sublevaban contra los nuevos principios piretológicos pioclamados en 1816, reconociesen que las calenturas esenciales, que él admitía , se reducían todas á la fiebre ó afección tifoidea, ó lo que es lo mismo , á la calentura entero-mesentérica , ó á la violenta inflamación de los intestinos delgados de Pinel , ó por último á la gastro-enteritis de Broussais (1). De este modo Pinel y sus defensores , arrastrados por la fuerza irresistible de la verdad, y en cierto modo sin echarlo de ver , han prestado homenage á la reforma piretológica , de que en breve volveremos á hablar. ¡Triunfo magnífico es el de una doctrina que vence á sus adversarios con sus propias armas !
V. Los trabajos que acabamos de examinar no fueron los únicos que se dieron á luz durante el reinado de la nosografía filosóGca, Haremos mención de algunos otros dignos de nota, y que no hemos dado á conocer , según el orden cronológico , por no interrumpir la esposicion de los que giraban especialmente sobre el sistema piretológico de Pinel.
En 1806 llenó Corvisart uno de los vacíos de la ciencia con la publicación de su precioso Ensaya sobre las enfermedades orgánicas del corazón , derramando nueva luz sobre el diagnóstico de estas afecciones , que á p?sar de los trabajos de Senac y de Morgagny se desconocían continuamente designándolas muy á menudo con el vago nombre de asma esencial (2).
En 1807 echó Rasori los cimientos de su célebre sistema del contra- estimulismo.
En 1808 se publicó la Historia de las flegmasías crónicas de Broussais.
Bayle dio á luz en 1810 su Tratado.de la tisis pulmonar, en que desenvuelve una doctrina contraria á la de Broussais sobre la influencia de la inflamación crónica en la producción de los tubérculos.
Los hechos lian decidido entre Bayle y Broussais, v á pesar
(i) Yéanse las lecciones de Chomel sobre la fiebre tifoidea. rS34. (2) Aübesot publicó en la misma época su magnifica obra sobre las enfermedades cutáneas.
del apoyo que encuentra en nuestros dias la teoría del primero, no deja de ser uno de los mas insignes errores en que puede haber incurrido un observador.
Siento mucho que el estrecho círculo á que tengo precisión delimitarme, no me permita analizar aquí todos los trabajos que acabo de indicar, y otros muchos que vieron la luz pública en la misma época , tanto en Francia como en Inglaterra , Alemania é Italia.