Ensayo sobre la filosofía médica · Capítulo real 2 de 27

ARTICULO III

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 2 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

ARTICULO III.

Estado de la medicina d fines del siglo XVII y durante el

XV III.

Hacia la conclusión del siglo diez y siete y á principio del diez y ocho aparecen como dos nuevas lumbreras de la medicina de observación , Sydenham , el Hipócrates inglés , y Baglivio, el Hipócrates romano. Dejando á un lado las teorías prematuras de Paracelso y Van Helmont, imprimieron un nuevo movimiento á la descripción de los síntomas de las enfermedades , y perfeccionaron la etiología asi como el tratamiento de muchas de aquellas.

JE1 primero de estos dos célebres observadores , muy digno por cierto de que se le conociese con el sobrenombre del Hipócrates inglés , es uno de los mas grandes pintores que posee la medicina , y al mismo tiempo uno de los primeros que han recomendado el uso de los sistemas ó de las clasificaciones metódicas en medicina. Dice espresamente : 1.° que los mé-

(j) lN"o se puede dar entero crédito al aserto de Guy-Patin, en atención á que Francisco Mercurlus, hijo de Van Helmont, declara que su padre murió en pleno conocimiento, después de haberle recomendado que publicase sus escritos.

dicos deben tener en la clasificación de las enfermedades el mismo esmero que los botánicos en la de las plantas : 2.° que al escribir la historia de las enfermedades debe hacerse abstracción de toda hipótesis filosófica, y aootar con la mayor fidelidad los fenómenos evidentes y naturales de las mismas , aun los mas pequeños, como aquellos pintores que conservan en sus retratos los lunares y señales mas, insignificantes del original: 3.° que importa mucho observar las estaciones del año que favorecen mas la aparición de cada clase de enfermedades (1). Y por último añade :

«Sentio autem nostrce artis incrementum in his consistere, »ut habeatur historia , sivc omnium morborum déscriptio, quoad nfíeri potest , graphica et naturalis; praxis, sen metliodus cir- »ca eosdem stabilis ac consummata....»

Durante quince años consecutivos se entrego Sydenham sin descanso á la mas atenta observación de las enfermedades , tanto estacionarias como ihtercurrentes , é hizo sufrir una verdadera revolución al tratamiento de algunas afecciones agudas. ; Cosa rara! después de haber dicho que. nunca será bastante admirado Sydenham, considerado como simple historiador de las enfermedades, e! ilustre autor de la y orografía filosófica continua : «Su práctica está muy lejos de ser digna de los misamos elogios, y ¿cómo puede concillarse con los principios «eternos déla fuerza medicatriz de ¡a naturaleza , lo que dice »con respecto al tratamiento de la pleuresía que, según él, no «puede curarse en un adulto, sino haciéndole perder cuarenta «onzas de sangre por medio de sangrías sucesivas (2)?» En la época médica en que esto se escribía , época en que el método especiante estaba en gran voga , ignoraba Pinel que lo que condenaba en la práctica de Sydenham, era tal vez su titulo mas valedero para reclamar el reconocimiento de la humanidad , y que vendria un dia en que su método llevado aun mas alia de lo que él se atrevió en su tiempo , habia de dar tales resultados que disminuyese mucho la mortandad de resultas de enfermedades agudas de la clase de la pleuresía, como lo hemos demostrado numéricamente en otra parte, y lo demostraremos de nuevo en este Ensayo.

(i) Hoá injicior, dice, nunnuUos morbos esse omnium lurarum ; al ii tomen, nee pulidores , occullo quádan natura; instinctu annorum témpora, non tecus quum quatdam ai-es allí plantee , sequnlur , etc.

(a) Le reconviene sobre todo durameute por haber adoptado las ideas de Botal con respecto á las abundantes emisiones sanguíneas hasta en el tratamiento de la peste. En último resultado la memoria de Sydeuhara no padecerá por esta especie de responsabilidad in soliduni.

Lástima es que Sydenham se haya visto privado completamonto de los preciosos datos que suministra la disección de los cadáveres, y que este ilustre observador no haya tedido un hospital por teatro de sus observaciones.

Puédesele reconvenir de haber emitido algunas ¡deas poco exactas en sus consideraciones sobre las constituciones médicas, tan magníficas por otra parte, y de haber exagerado , por ejemplo , la influencia que egercen ciertas condiciones ocultas en el tratamiento de las enfermedades epidémicas que llama estacionarias (stationaria?) (1). Sin embargo se ha quedado muy atraes de ciertos modernos que han aplicado hasta á las mismas enfermedades intercurrentes, y no sin exageración, lo que dijo el autor de que hablamos sobre la necesidad de modificar la práctica según las constituciones. Este es no obstante un verdadero contraprincipio, puesto que Sydenham reconoce positivamente que las enfermedades epidémicas estacionarias no dependen , como las intercurrentes, de una constitución caracterizada por tal ó cual proximidad del aire , sino de una constitución debida d cierta especie de alteración oculta é inesplicable ocurrida en las entrañas mismas de la tierra (2).

La doctrina de Baglivio no difiere esencialmente de la de Sydenham, pues se declara como este último, discípulo de la es» cuela hipocrática. Proclama que la observación y la razón son

(i) «tíoc sahem pro comperto kabeo ex multiplici aecuratissimanan o!j- »servaúonum fide , prcedictas morborum species, prcesertim febres continuas »ita loto , ut aiunt, cáelo differre , ut qua methodo cúrrente atino agrotcs »libcravcris, eadem ipsajam vertente forsitanne medio tolles : quodque , ubi «semel ingenuinam medendi rationem , quam hoec vel illa febris species vin- »dicat , auspicato inciderini, ad eundem scopum collimans (favente, ut fit, »optimo numinej metam quasi semper attingam..., doñee extincta illa specie »novoque gliscente malo, anceps rursum hocreo , qua mihi via i'.'sisfcndum »ut cegris subveniam , ac proinde nisi ingenti adhibita cautela , inten is ¡ue ^ómnibus animi nervis vix ac ne vix quidem possum efQcere ne unus qui al- •>ter eorum, qui se primi me curse commisserint, vita periclietur, doñee in- » vestiga/o jugíter tandemque perspecto morbi genio , ad eundem peni >m¡¡- »dum recto pede ct intrepidus denuo procedam.»

(2) «Varice sunt nempe annorum constitutiones, quee ñeque calori , ne- »que frigori , non sicco humidove ortum suum debent , sed ab oculta pot'ms »et inexplicabili quadam alteratione in ipsís térra; visceribus pendent.»

Veamos ahora lo que dice Sydenham de las causas de las enfermedades intercurrentes. «Prce cceteris lamen ejusmodi febres , qua; ómnibus in ttnií-er- »sum annis competum (quas ideo iutercurrentes vocp^, ab hoc illave maní- "festo aeris temperamento ortum ducunt; verbi gratia , pleuritis, angina, »et reliquee ejusdem farínce , qiw a súbito calore, intcnsius ac djutumun> nfrifm itatim excipiente, plerunque wadimt.

los dos eges sobre los que gira la medicina entera ¿ habiendo también vislumbrado la influencia que la inflamación de los mtestinos y del mesenterio egerce en el desarrollo de ciertas fiebres que él llama mensentéricas , y hecho curiosos esperimentos para probar que la calentura , considerada en sí misma , reside en el sistema sauguíneo. Por último, se declaró con Sydenham contra el método escitante en las calenturas llamadas malignas.

Al principio del tiiismo siglo XVIII apareció Boerhaave, cuya escuela se estendió por todos los países de Europa.

« Dotado de brillantes talentos, se dejó deslumhrar por un «sistema que deslumhró también á todos los entendidos de su singlo , y que hizo en las ciencias fisiológicas una revolución se- «mejante, en mi opinión , á la que produjeron en las físicas I03 «torbellinos de Descartes. El nombre celebre del autor , y el «conjunto seductor de las formas esteriores aseguraron á esta «revolución un imperio que se arruinó con lentitud , aunque sus «mal seguras bases estuviesen minadas en todas direcciones.»

Asi se esplica el autor de la Anatomía general, hablando de Boerhaave, y mas adelante tendremos ocasión de ver loque sustituyó el mismo á las teorías de este.

Pinel dice que se ha acusado con justicia á Boerhaave de haber abusado en patología de los raciocinios tomados de la mecánica (1).

Corvisart juzga con menos severidad , ó mejor diremos, con mas justicia , al gran profesor de la escuela de Leyden.

aLos errores del inmortal Boerhaave, dice , son los de un «gran genio, á pesar de sus detractores.» En otra parte añade que « la medicina ha hecho sin duda alguna grandes progre- »sos desde el principio del siglo XVIII , en que Boerhaave go-

(1) Pinel dirige la misma acusación á Sauvages, cuya nosología es un verdadero caos, mas bien que un sistema metódico, aunque su autor le haya dado este título.

Añade, sin razón, que !os principios de las ciencias exactas no pueden aplicarse de ninguna manera á la historia y al tratamiento de las enfermedades, apoyándose en la autoridad de d' Alembert. Reconoce, no obstante, la utilidad de las investigaciones de Borelli sóbrela mecánica animal (de rnotu nnini'iium) , y de las teorías físico-matemáticas de la visión y el oído- Por lo demas, al mismo tiempo que pone en duda si Boerhaave debe ocupar un lugar dis'i/iguido en fa medicino, y ser colocado en la Unen de os inventores, recoa, ce en e'.' uní capacidad vastísima para la observación, designando 'e como mode'o de método descriptivo , y de una escrupu'osa exactitud en la ¿sposicion de les hechos. Eii esto alud:- Pinel á la descripción detallada de do¿ casos , hecha por Botihaave ¡ ?¡er>dq ujjp. d? ellos , ij no me eugaüü , una rotura del fsófefo,

»zaba de una celebridad sin límites hasta fines del mismo ; pero »que no por eso se ha de echar en cara á aquel , como lo hacen «algunos , el no haber adivinado hace setenta años lo que ahora creemos saber.» (Trad. de los Afor. de Stoll.)

Este juicio de Gorvisart nos parece tan conforme á la equidad, como á lasaña filosofía. Acusará Boerhaave por haber aplicado las ciencias físicas y matemáticas á la medicina, es, en principios , un acto de malísima lógica, pues el ataque no debía ciertamente fundarse en esta aplicación , sino en su mal desempeño. No hay duda en que su teoría mecánica de la inflamación, el famoso sistema de la obstrucción , estaba fundada en hipótesis; y si los esperimentos y la observación lo desmentían , debía desecharse ; mas no por eso se había de desterrar la mecánica de Una manera absoluta del campo de la medicina. Por lo demás no es ahora ocasión de dilucidar este punto , y lo dejaremos para hablar de otro médico célebre, cuya escuela disputó á la de Boerhaave el imperio de la medicina; es decir, de Stahl, inventor del animismo.

He aquí lo que dice de él Bichat en el prólogo de su Anatomía gene, al.

« Menos brillante que profundo , rico en medios de convenncimiento, aunque escaso de los de seducción , Stahl formó para «las ciencias fisiológicas una época mas notable que la de Boer- »haave. Percibió la discordancia de las leyes físicas con las funciones de los animales, dando el primer paso para el descubri- »m¡ento de las leyes vitales, que á pesar de esto no descubrió. »E1 alma lo fué todo para él en los fenómenos de la vida , y era «por cierto descartar demasiado el solo hecho de prescindir de »la atracción, la impulsión, etc. Conoció lo que no era verdadero; mas no por eso pudo encontrarlo. Sus obras ofrecen ciertamente la ventaja real de no atender á todos aquellos recursos acce- »sorios (los que suministran las ciencias físicas) que abruman á »la ciencia en vez de sostenerla ; pero como este gran médico »no había analizado las propiedades vitales, no pudo presentar »los fenómenos bajo su verdadero punto de vista.»

Pinel admira también la arrogancia del ingenio de Stahl, que le lanzó fuera de las sendas trilladas hasta entonces , y se lamenta solo de la aspereza de su estilo tudesco. Creemos que hay mucho que rebajar en los elogios prodigados al sistema del autor de la verdadera teoría de la medicina (theoría medica vera); porque en este libro tan encomiado hay una multitud de proposiciones que están en fragante contradicción con los principios de la sana filosofía de la ciencia.

Era Stahl catedrático de medicina , de química y de anato*

mía , y se propuso desterrar de la primera como inútiles y aun peligrosas la física ; la química y hasta la misma anatomía. La verdadera teoría médica , dice , se ocupa en el estudio de los movimientos vitales, y se cuida muy poco de la teoría física, de la Ogura de los átomos , de la proporción de los elementos inertes, y de la estructura de los órganos.

Tara conformarse con aquella regla de la filosofía neutoniana , que se opone á la multiplicación de las fuerzas hasta lo infinito , cree Stahl que todos los fenómenos de la economía del ser viviente deben referirse á un solo principio, á un solo móvil que designa bajo el nombre de alma. El alma es la que preside á la generación, la que se construye en cierto modo su propio cuerpo, la que lo alimenta , y la que repara y regenera todas sus partes, quedando bajo su imperio supremo hasta los movimientos llamados tónicos.

El principio fundamental en que reposa todo este sistema y el eje sobre que gira , fué tomado de la filosofía de Descartes y Malebranche , entonces muy en voga , y según las cuales el estado de la materia es esencialmente pasivo. El cuerpo , como tal cuerpo , dice Stahl, no tiene la propiedad 6 la potestad de moverse, y debe siempre ser puesto en movimiento por sustancias inmateriales: todo movimiento es un acto inmaierialy espiritual.

Aplicando su fisiología á la medicina , define la enfermedad del modo siguiente: rerum generalissimum subjectum wgritudinum est perturbata idea regiminis ipsius economice animalis. Del combate que se origina entre los esfuerzos de las causas morbosas y la resistencia del alma, nacen los fenómenos patológicos.

Gomo tenia gran confianza en la autocracia del alma , fué un práctico poco activo , un médico contemporizador, y escribió un libro sobre la medicina espectante (ars sanandi cum espectatione). No fué como Van Helmont enemigo acérrimo de la sangría , aunque recomienda que se use de ella con grande sobriedad , aconsejándola con todo para las calenturas, atendiendo á que, según opina, el objeto del alma en estas enfermedades es descargar al cuerpo de la sangre supérflua.

El sistema de Stahl no es mas que la reproducción del de Van Helmont bajo otra forma; y halló desde su origen numerosos antagonistas, distinguiéndose entre ellos Hoffman , catedrático de la misma universidad que el primero (1).

Hijo el animismo del naturalismo de Hipócrates y del arqueismo de Van Helmont , engendró á su vez el vitalismo de que

(1) Como la teoría de Hoffman es casi igual á la de Boerhaave , no me ha parecido necesario hacer mención de ella.

vamos á ocuparnos muy en breve. De aquí proviene el pomposo elogio que Bichat hizo de Stahl : elogio que nos causará mayor sorpresa si reflexionamos que al paso que este último proscribió la anatomía del estudio de la medicina , el primero ha tenido la felicidad de secundar y ensanchar la ciencia admirablemente por medio de su aplicación. En lo que diremos mas adelante acerca del vitalismo quedará refutada la parte exajerada y falsa de que adolece el sistema de Stahl.

Bueno será, no obstante y que hagamos notar una grave contradicción en que este incurrió. Hemos visto que dejó sentado que la materia es pasiva , y que no se puede poner en movimiento el cuerpo sino por la intervención de sustancias inmateriales, entre las que designa el principio que admite bajo el nombre de alma. Pues bien; acosado mas adelante por las objeciones de Leibnitz , declaró , haciéndose infiel á sus principios, que concedía la existencia de la estension y de la materia en el alma , y que solo esperaba de la gracia divina la inmortalidad. De manera que destruyó con una mano el edificio que habia levantado con la otra , y materializó , por decirlo asi, la psicología después de haber espiritualizado la fisiología. Pero ya nos hemos detenido demasiado en estas discusiones tan estériles como ociosas.

Ya es tiempo de ver como el siglo XVIII , tan célebre en la historia de los progresos del entendimiento humano , dilató y perfeccionó los conocimientos médicos que le habían legado los anteriores. Stahl nos ofrece una transición natural del siglo XVII al XVIII , pues que corresponde al mismo tiempo á la terminación del primero , y al principio del segundo.

Haller y Morgagni son , sin disputa , dos de los mas grandes médicos de la época que vamos á recorrer. Aquel fué el primero que dio á la fisiología la forma esperimental adoptada en el estudio de las demás ciencias físicas ; y harto conocidos son los trabajos de este sabio ilustre sobre la sensibilidad y la irritabilidad. « Al circunscribir este grande hombre, dice Bichat, la »una al sistema nervioso y la otra al sistema muscular , no las «consideró bajo su verdadero punto de vista, convirtiéndolas »easi en dos propiedades aisladas.» Mucho habría que decir sobre este punto ; pero nos estenderíamos demasiado si lo intentásemos , y por otra parte veremos después la teoría de Bichat sobre las propiedades vitales.

Puede decirse que Morgagni fué el fundador de la* anatomía patológica, y de consiguiente el de una nueva era médica (1).

(I) E$ cieno cjue aales de Morgagni §e hajiia cultivado va la gaatomía

Su inmortal tratado Be sedibus et causis morborum per anatomen indagatis es uno de los mas grandiosos monumentos, erigidos á la medicina de observación , y ha contribuido poderosamente á la localizacion de un gran número de enfermedades consignadas hasta entonces como esenciales , ó sin materia, gt'M materie: tales son entre otras la parálisis, el asma, etc. Esta obra admirable pone de manifiesto el error de aquellos uitra-vitaiistas que afectaban un profundo desprecio hacia la anatomía aplicada á la medicina, y es al mismo tiempo una brillante refutación , en particular de la teoría de Stahl tan pomposa como falsamente publicada con el título de Theoria medica vera.

Bichat ha sabido hacer justicia á Morgagni en sus observaciones sobre la anatomía patológica , y lo mismo debe decirse del célebre autor de la nosografía filosófica , de quien tomamos el párrafo siguiente:

«La justa admiración que merecen los antiguos no debe «hacernos olvidar que tuvieron poquísimos conocimientos acer- »ca de los vicios orgánicos ó enfermedades de las visceras, cu- »yo diagnóstico está apoyado en la comparación de los síntomas «con el resultado de las autopsias. Este nuevo género de inda- «gaciones, que estaba reservado á los modernos, supone por «otra parte una época en que estuviese perfeccionada la anaío- «mía.... El Sepulchretum de Bonet no pasa de ser un imper- «fectísimo bosquejo por la inexactitud y mala elección de las «observaciones, por la superfluidad de los detalles, y por la «falta de sana crítica que en él se nota. La gloria de esta gran- »de é inmortal empresa estaba reservada toda entera á Morgag- »«/, que á las ventajas de una erudición escogida y de un discernimiento esquisito reunía un profundo conocimiento de la «anatomía patológica.... Tuvo el arte de reunir , con estraor- »dinaria sagacidad, muchos casos particulares análogos, dedu- «ciendo de ellos verdades ó principios generales. Su escelente «libro será apreciado y meditado siempre que el buen gusto y la «sana razón presidan al ejercicio de la medicina , sean cuales «fueren los progresos que desde aquella época se hayan hecho «en la auatomía patológica.»

Entre los mejores trabajos de nosografía anatómico-patológica que vieron la luz pública en la época en que floreció Morgagni , debe hacerse mención del tratado de la calentura mucopatológica , y que existia el Sepu'dtretum de Bonet: pero hasta que aquel trató esta parte fundamental de la mediana , no recibió una forma realmente positiva.

sa de Gotinga porRoederer y Wagler, y la historia de la epidemia de la calentura glutinosa de Ñapóles por Sarcone. Estas dos monografías que se publicaron por los años de 1761 á 1764 son de un \alor inmenso , en atención á que contienen las primeras observaciones relativas á las lesiones del tubo digestido*, en los casos de calenturas esenciales, tal cual fueron clasificadas mas adelante por Pinel.

Veamos las alteraciones que Roederer y Wagler encontraron en trece personas que habían muerto de la calentara mucosa, enfermedad en que observaron los síntomas de la afección tifoidea de Chomel y Louis , y de la liebre entero-mesentérica de Petit , etc.

»Un desarrollo de los folículos mucosos del estómago y de los ^intestinos.... escoriaciones j ulceraciones y escaras gangreno- »$as de la túnica vellosa del intestino , con denudación de la ^membrana muscular. Veíanse en el canal intestinal de muchos »sugetos algunas lombrices y tricocéfalos. También se notaban ^algunas veces invaginaciones , hinchazón en los ganglios me- »sentéricos , etc. , etc.

No puede desconocerse , repito , que la enfermedad, cuya descripción nos ha dejado Miguel Sarcone , es la misma que mas delante fué designada con el nombre de calentura tifoidea, entero-mesentérica , etc. Pero citaremos las siguientes alteraciones entre las demás que refiere este hábil observador: «La membrana mucilaginosa (mucosa) de los intestinos delgados estaba destruida en muchos puntos , y faltaba absolutamente en otros. En ciertos sitios asi desnudos y ulcerados trasudaba una materia sanguinolenta ; bajo un gluten luciente y denso se encontraban comunmente las membranas encendidas _, ó llenas de pequeñas pústulas blancas á manera de aftas. Las glándulas mesentéricas mas próximas á los intestinos habian aumentado su volumen, y se hallaban en un estado de nutrición viciosa. El estómago aparecía erisipelatoso ó manchado de irradiaciones sanguíneas , etc.

JEn la misma época , con poca diferencia , en que vivieron los célebres observadores que acabamos de citar, un modesto práctico de Yiena , llamado Avenbrugger , enriqueció la ciencia con el importante descubrimiento de la percusión que no supieron apreciar sus contemporáneos , y que en breve fué olvidado casi enteramente hasta en la misma patria del autor ; de suerte que cuando nuestro ilustre Corvisart lo sacó del increíble olvido en que yacía , tuvo en cierto modo la gloria de ser su segundo inventor.

Aqui debemos hacer la mas honorífica mención de Dehaen y

Stoll, aunque este último observador , tan profundo y juicioso por otra parte , haya fundado sobre una de las mas falsas teorías cierta práctica que no está siempre agena de inconvenientes, á saber: el uso de los vomitivos en las enfermedades inflamatorias con síntomas biliosos.

Al mismo tiempo que el espíritu de observación engendraba asi nuevas obras, el espíritu filosófico, semejante al soplo de la divinidad , se dedicaba á desembrollar el caos de los hechos esparcidos y confusamente amontonados. Sauvages, Liaeo, Vogel y Sagar publicaban sus sistemas de nosología ; y Brown proponía su famoso sistema fundado en la escitabilidad ó la irritabilidad , cuya propiedad había sido ya objeto délas numerosas indagaciones* de Haller.

El brownismo ó la división de todas las enfermedades en esténicas y asténicas , verdadera segunda edición del strictam y el laxum de Temison , fué sin duda una alta concepción del espíritu filosófico ; pero esta generalización era demasiado estrecha para comprender la totalidad de las indisposiciones del cuerpo humano ; y el autor por otra parte no había visto en ellas masque las condiciones vitales, sin haber estudiado las físicas y anatómicas. De consiguiente era preciso que sucumbiese este sistema , particularmente en una época en que el cultivo de la anatomía patológica habia hecho una verdadera revolución en la medicina ; pero por desgracia se sostuvo demasiado tiempo en boga , y la práctica verdaderamente asesina de su autor infestó durante muchos años la Europa entera.

Digo que esta práctica fué verdaderamente asesina , porque en efecto , Brown que consideraba como asténicas las enfermedades de un carácter esencialmente inflamatorio , prodigaba á los desventurados que las padecían aquellos tónicos y escitantes cuyo aparato fué designado mas adelante con el nombre de metodo incendiario. Para citar algún ejemplo diremos que la medicina browniana ha sido fatal á millares de individuos que, ata* cados de aquellas enfermedades asténicas llamadas calenturas adinámicas , tifoideas , etc. , es decir , de afecciones en que el elemento fundamental es una inflamación de la membrana folicular del tubo digestivo , tomaron con profusión la quina, el alcanfor , |el espíritu de ininderero , el éter , y los vinos mas generosos que se pudiesen eucontrar. Pero prosigamos.

En 1793 apareció en Inglaterra el primer ensayo de un tratado sistemático de anatomía patológica por Baillie.

Jenner hizo en 1796 su inmortal descubrimiento de la vacuna , colocándose al mismo tiempo entre los grandes observadores., y entre los bienhechores de la humanidad,

Dejando ahora aparte una multitud de autores de segundo orden , apresurémonos á hablar de dos hombres que á fines del siglo XV11I y principios del XIX. han ilustrado la Francia médica, y fundado una escuela de medicina y de fisiología, que contó á toda la Europa por discípula. Estos dos reformadores aparecieron poco tiempo después de la esplosion de la inmortal revolución francesa, que iba , según sus enemigos, á hacer desaparecer las ciencias y las artes , y que ejerció por el contrario una influencia tan poderosa como feliz en los inmensos adelantamientos que han enriquecido al mundo intelectual en todas materias.

Bichat y Pinel van por fin á fijar nuestra atención.