Ensayo sobre la filosofía médica · Sección preliminar

Preliminares

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 3 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

SOBRE LA

FILOSOFÍA Mm^lGAj

y SOBRR LAS GE5ERALIDADES

DE LA CLÍNICA MÉDICA,

PRECEDIDO

t>K UN RESUMEN FILOSÓFICO DE LOS PRINCIPALES PROGRESOS DE LA MEDICINA ,

y ¿ea¿¿úlo

Ds un examen comparativo de los resultados de las sangrías repetidas sm cesar, y délos del antiguo método en el tratamiento de las iíiflamacioneg «goda*.

ESCRITO EN FRANCÉS

soa í. 8GÜX££Atf3>,

eatebrático be (Clñtira mébifii be la faeultüb be mebifina be jpart?. TRADUCIDO At. CASTELLANO

POR DON ANTONIO CODORNll,

íiceueiadtf eu mejicana u etttiita, efe.

1841,

Majar mihi rerum na su tur ordo,

Majus opus moveo, ...

(Virg. seneid.lib. VII).

ar al estudio de la medicina aquel carácter de exactitud sin el cual do existe ninguna verdadera ciencia, é imprimirle, la dirección que generalmente se siguen en las físicas propiamente dichas , ha sido el principal objeto que me he propuesto en el Ensayo que someto al examen del público. Sé muy bien que no soy el primero en esta empresa ; pero también sé que los esfuerzos de los que me han precedido en ella no han sido tales que no dejasen un campo vastísimo á la laboriosidad de sus sucesores. ¿Mas qué digo ? ¿ Existe alguno entre ellos que haya desenvuelto formalmente la gran cuestión de la aplicación bien entendida de las ciencias exactas á la medicina? ¿Existe uno solo que haya tratado en todos sus pormenores los puntos fundamentales de la Glosofía médica? No, ciertamente : esta materia está casi virgen ; y yo he querido dejar aqui consignada esta circunstancia , porque creo que me dá fundado derecho para contar con la indulgencia de los lectores.

Nadie , por otra parte , desconoce en el dia la necesidad de un tratado áe Filosofía médica, falta notable en la literatura de la ciencia , y que nuestro siglo debe reparar.

La obra que doy al público no pasa de ser un ensayo, como su mismo título lo indica. Dejo á personas mas entendidas la resolución completa de las cuestiones que me he limitado á tratar someramente; pero tal cual es mi trabajo me ha parecido que pudiera ser útil á los que se dedican á la carrera de la medicina, y nada menos que esta convicción se necesitaba para que yo me resolviese á entregarla á la prensa , porque no ignoro la triste suerte reservada á las obras en que es preciso remontarse hasta los principios mismos de la medicina, y asentar , por decirlo asi , las bases de su constitución : materia harto inflamable por sí misma , y que se hace aun raa9 delicada por

tiii

las cuestiones personales que surgen necesariamente si se la ha de tratar con libertad y franqueza : inctdoper ignes.

Es cierto qu* no han faltado hombres generosos , que en medicina como en otras ciencias han levantado una bandera de conciliación; pero ¿ cómo pueden concillarse por mucho tiempo principios esencialmente contrarios, y que, semejantes á aquellas nubes cargadas de diferente especie de electricidad, no se atraen ni se acercan masque para estallar? Diráseme, sin embargo, que no debo negar que la verdad debe encontrarse en el ju$.to medio entro dos opiniones estremas ; y yo contestaré que realmente se encuentra algunas veces, aunque no siempre; pero esto en nada se opone á la proposición precedente, porque sea cual fuere el lugar que ocupe un principio verdadero, ya esté á te derecha , ya á la izquierda , ya en el centro; como principio existirá siempre del mismo modo, y será absolutamente imposible que guarde armonía con otros que le son opuestos. Lo repetimos: los. principios demostrados no capitulan , no hacen concesiones , no se rinden jamás, y sin demostración no hay ciencia. Convengo no obstante en que tratándose de ciertas proposiciones médicas es difícil la demostración ; y hasta que la verdad haya brillado en todo su esplendor , no habrá nadie mas partidario que yo de la duda filosófica y de la tolerancia científica. Por lo demás veremos oportunamente en este Ensayo.los caracteres que distinguen la verdad en medicina , asi como en las, demás ciencias de observación.

Creo haber probado claramente en esta obra las relaciones que existen entre una parte de los hechos de que se compone la medicina , y los que hacen el objeto de las ciencias físicas pro-. píamente dichas ; y, bajo este punto de vista, aquella, como he dicho en otra parte , no es mas que la mecánica , la {(sica y la química del cuerpo viviente. En efecto , en el estudio de los hechos de la clase indicada , los médicos verdaderamente ol?ser* vadoreS proceden por los mismos métodos que los físicos y Io»t químicos (1). Observan los fenómenos , indagan las leyes, y se

(i) Hasta el mismo cálculo ó el método numérico debe contarse , asi como, los métodos físicos y químicos, entre los que emplea la medicina tracta. He tratado con bastante estension en mi Ensayo e*te importante a«unto , y siento

esfuerzan á remontarse desde los fenómenos y las leyes que los rigen hasta la concepción de las fuerzas generales que animan los cuerpos de la naturaleza (1), y que se designan también bajo los nombres de causas ó propiedades generales ,'de causas primeras, etc. Convengo en que estas fuerzas ó estas causas, tales como el principio de la gravitación universal, el de la afinidad, etc., son únicamente una concepción de nuestra alma, unos entes d$ razón , como antiguamente se les ljamaba , cuya esencia es un secreto impenetrable para nosotros. Aun hay ciertos sabios que niegan la existencia de semejantes causas como sustancias ó seres reales; y, según ellos, debían estudiarse únicamente los fenómenos y las leyes de su producción.

Pero si el hombre bajo el punto de vista de su vida orgánica , hablando el lenguage de Bichat , no presenta al observador mas que condiciones materiales y dinámicas, cuya analogía y semejanza se encuentra hasta en los cuerpos brutos en el estado de movimiento ó de actividad, ¿sucede lo mismo bajo el punto de vista de la vida animal ó de relación, que se compone de fenómenos tan diferentes de los de la trida orgánica^ Aquí á la ciencia del hombre físico se une la ciencialdel hombre moral , la fisiología se hace inseparable de la metafísica ó de la psicología. Asi , pues, dejando á un lado y respetando profundamente todo lo que tiene relación con la fé propiamente dicha, todo lo que concierne á los misterios de la psicología pura , es cierto que reconocemos en nosotros mismos la existencia de los fenómenos de esta segunda vida, poruña forma particular de observación , á saber i la observación interior , la conciencia, el sentido interno; al paso que para estudiar estos mismos fenómenos y sus modificaciones en los otros, tenemos necesidad de

no haberme podido aprovechar entonces de la interesante discusión promovida en la academia de las ciencias sobre el cálculo de las probabilidades, con posterioridad á la composición de mi obra. Solo imponiendo de este modo á lo medicina el freno de los métodos exactos , se la preservará de los errores e» que ha incurrido tantas veces , y adquirirá la dignidad de que es susceptible.

(i) El método que con mas seguridad puede guiarnos en la indagación d« 1* verdad consiste en elevarse por inducción de los fenómenos á las leyes . y de las leyes á las fuertas. (Laplace, Essai philosophique sur les probabilite*, páj. 23.S.)

valemos de diversos medios de espresion , y de la interrogación propiamente dicha (1).

Por diferentes que sean los fenómenos morales ó intelectuales de los primeros físicos , sea cual fuere la causa primera cuya intervención se suponga en ellos, y cualquiera que sea en fin el elemento espiritual ó psicológico á que puodan atribuirse, es evi^ dente que por otra parte están sujetos á condiciones orgánicas., apreciantes por nuestros medios de observación directa , y que están al alcance del fisiologista y del médico.

Vemos , pues , que al mismo tiempo que hacemos entrar plenamente la medicina en la categoría de las ciencias de observación , opinamos que no se vale de los mismos medios espiradores para con los fenómenos físicos propiamente dichos, que para con los psicológicos ; y que al paso que estudiamos estos últimos como funciones, como actos de un aparato orgánico (aparato nervioso), no atacamos en manera alguna las creencias morales, porque es materia sobre la cual todos tienen el derecho de profesar la opinión que mejor les parezca. En una palabra , no nos ocupamos especialmente mas que en problemas que están al alcance de la esperiencia y de la observación , y no en cuestiones de fe, que son y serán eternamente irrsolubles, por el método esperimeotal. De manera , que limitándonos aquí á estudiar los fenómenos, sin profundizar hasta sus causas primeras , podremos , como ha dicho con mucha razón La place, «trasladar á la teoría del entendimiento humano la misma exactitud que existe en los demás ramos de la filosofía natural.»

Ciertamente que , aun con las restricciones que preceden,

(<) Como la sensibilidad, la voluntad y el pensamiento son fenómenos, que no se pueden ver, ni tocar, ni oir; y el sentido interno que nos clá á conocer aquellas cualidades en nosotros mismos no puede hacérnoslas percibir directamente en los demás , se lia preguntado con qué derecho se las atribuimos , y aunque esta pregunta parece pueril á primera vista, es en su fondo muy fundada. En efecto , está generalmente admitido que la observación es el origen de todos nuestros conocimientos de hecho , y damos como seguro que nuestros semejantes sienten , quieren y piensan , aunque este hecho no se nos haya revelado por ningún método de observación. No lo admitimos, pues , en realidad mas que por inducción, y sin embargo no parece menos cierto que si tuviésemos noticia de él por medio de la observación directa.

no esperamos encontrar un asentimiento unánime á todos los principios de filosofía médica que hemos desenvuelto en este Ensayo ; pero no es , sin embargo , esta parte de la obra la que nos ha de traer mayor oposición , porque contiene otras tres partes que versan sobre objetos mas fecundos todavía en discusiones acaloradas , á saber s 1.a Un bosquejo sobre las principales revoluciones de la medicina : 2.a Generalidades sobre las causas, naturaleza, clasificación y tratamiento de las enfermedades : y 3.a un paralelo estadístico entre los resultados que hemos obtenido con el uso de las sangrías repetidas en el tratamiento de las principales flegmasías agudas, y los que se obtienen por los métodos generalmente adoptados hasta el dia.

No se remueven sin riesgo cuestiones de reformas y de revoluciones médicas , ni se agitan impunemente los intereses y las pasiones de los que han tomado una parte cualquiera en las innovaciones más recientes, He aquí un punto de la teoría ó de la filosofía del progreso , de que me he ocupado en la primera parte de esta obra. •

Sea como quiera , declaro á mis lectores que al escribir cuanto contienen las cuatro partes de este ensayo , me ha guiado tan solo un sincero amor á la verdad y á la justicia , y que no estoy animado de odio ni prevención alguna contra las personas cuyas opiniones me he visto en la necesidad de com«- batir algunas veces , atendiendo al interés de las sanas doctrinas.

No faltará quien me acu9e de haber atacado con demasiado calor ciertos principios , cierta oposición á las grandes reformas con que se ha enriquecido la medicina en los últimos veinte años ; pero á esto contestaré que he mitigado muchas veces el ímpetu de mis ataques , y que hubiera querido mitigarlos mas todavía ; pero que no podía hacerlo sin esponerme á dejar de realizar el objeto que me habia propuesto.

En una época en que el ruido confuso de mil opuestas voces domina el mundo médico , es indispensable hablar alto para ser oído ; y en circunstancias en que tantos partidos contrarios se disputan el imperio de la ciencia , seria inútil buscar el triunfo de algunas convicciones sin despertar un tanto los ánimos , y escitarlos suficientemente para que las pruebas positivas en que

estriban aquellas puedan producir todo su efecto. No ignoro que también hay aquí unos límites de que no es lícito pasar , y por eso he procurado conformarme con aquel precepto delpoeta.

Est modas in rebus ; sunt certi denique fines ; Quós ultra citraque nequii consistiré rectum.

Yo no sé si los hombres ilustrados é imparciales , á quienes ruego se pongan por un momento en mi lugar , desaprobarán el modo con que he procedido en el examen de las doctrinas de algunos autores ; pero puedo asegurar que la franqueza , la buena fe y la lealtad han presidido siempre á estas discusiones, y que no me quejaré jamás de los que traten del mismo modo acerca de mis opiniones (1).

(i) ^Vergüenza y baldón á los que tergiversan los hechos y las opiniones para combatir á sus adversarios! Me es muy sensible tener que decir, que aK guuos escritores han atacado con esta especie de armas los resultados que he obtenido por medio de las sangrías repetidas. Para convencerse de ello no hay mas que leer un artículo que acaba de publicarse en un periódico (fíulletin de thérapeutique. Abril, i83i6.) Seria preciso ppseer la pluma de Pascal para hacer completa justicia á esta obra maestra del arte de argumentar por medio de la mala fe y de la calumuia , si el desprecio no fuera la mejoc respuesta á ciertas agresiones.

JA niOfOíU Y £AS G12ÍSEJ.HBABSS

DE LA CLÍNICA MEDICA.

$)nrte primera.

RESUMEN FILOSÓFICO DE LAS PRINCIPALES ÉPOCAS DE LA

MEDICINA , SEGUIDO DE IVA RÁPIDA OJEADA SOBRE LA HISTORIA

DE LAS INSTITUCIONES CLÍNICAS.

SECCIOIV PRIMERA.

BOSQUEJO FíLOSOElCO DE LOS PROGRESOS DE LA MEDICINA (1).

Estado de la medicina desde Hipócrates hasta los árabes.

g5£2 l origen de la medicina, como el de todos los demás co-

EJjJpL* nocimientos humanos , se pierde en la noche de los si-

S¿c¿á §los : corresponde á una época anterior á la del mismo

Esculapio. Semejante al nacimiento del Nilo , la cuna de la cien-

(l) Si los lectores desean ver esle asunto tratado con mas estension , pu«« den consultar la tercera edición de la obra de M. Broussais , titulada Examen des doctrines medítales.

cia que conserva la vida del hombre y mitiga sus padecimientos se oculta misteriosamente á todas nuestras investigaciones. Trasladaremos á continuación lo que sobre esta materia han opinado Sydenham y Baglivio , empezando por lo que dice el primero de estos observadores célebres : Quemadmodum á natura ita comparata est humani corporis fabrica , ut nec prw jugi particularum fluxu sibi semper constet , nec pro? extcrnarum rerum vi sui juris ubique permaneat , unde multiplex wgritudinum cohors terris ab omni ceno incubuit ; sic procul omni dubio á multis jam sa;culis ante natumnon Groecum modo, sed fquimüle annis hunc anteceditj wgiptium cesculapium , hominun ingenia investiganda medelce neccssitas exercuit. Et profecto , ut quis primus wdificiorum aut vestimentorum usum ad depellendam coeli inclementiam instituit , ncmo facile dixerit, ita et Artis medica} natales , mí Nili fontem, indigitare nequimus (1).

Veamos ahora lo que dice Baglivio :

Necessitas medicinam invenit , experiencia perfecit; qum quidem prima átate rudis erat , ac stupida , progresa vero temporis , accidentibus in dies novis observationibus , sibique mutuo facem quasi prceferentibus , cuneta prmsertim regente ac moderante rationis lumine , liberalis facta est et erudita.

Gomo dice muy acertadamente el médico de Roma, la ciencia de curar, hija del tiempo, de la observación , de la esperiencia y de la razón , ha pasado como los individuos por diferentes edades, ha sufrido numerosas vicisitudes, y en una palabra, no ha podido llegar á desarrollarse completamente sin haber pasado por un verdadero estado de infancia; cuya verdad ha adquirido tal grado de evidencia en nuestros dias , y aun pudiera decirse de trivialidad , que seria supérfluo insistir mas sobre este particular. Sea de esto lo que fuere , y dejando á parte el pretendido origen divino y los tiempos fabulosos de la medicina , pasaremos á bosquejar rápidamente las eras mas notables de su historia.

Existen pocos monumentos que puedan darnos una idea exacta del estado de la medicina entre los egipcios , aunque parece que estos primeros maestros de las naciones la cultivaron con ardor; y si hemos de dar crédito á Plinio, los mismos reyes hacían la disección de los cadáveres para indagar las causas de la enfermedad , ó los efectos por ella producidos. Ab regibus quoque corpora mortuorum ad scrutandos morbos insecabantur.

Los griegos transportaron á su país , y se apropiaron los conocimientos médicos del Egipto , como lo hicieron con todas

(i) H. Sydenham opera omnia pr»f.

las domas ciencias que existían entonces esparcidas en aquel Toco primitivo de las luces y de la civilización.

Generalmente se considera á Hipócrates como el verdadero creador de la medicina , medicorum Romulus, para servirnos de una espresion favorita de Sydenham. Aquel grande observador, á quien la posteridad añadió, como á Platón su contemporáneo y compatriota, el sobrenombre de divino (divus Uippocrates), es el representante mas augusto de la ciencia de curar en los tiempos antiguos ; y su reinado ha durado hasta la época célebre , en que se realizó el gran fenómeno de la caida del imperio romano. En el renacimiento de las ciencias y de las artes fué restaurada , por decirlo asi, la medicina hipocrática , y durante algún tiempo dominó de nuevo en las escuelas ; pero no anticipemos los sucesos de que hemos de hablar mas adelante.

Desgraciadamente era estrecho por demás el campo en que el divino anciano podia poner en ejercicio su genio profundo y observador. Privado de la antorcha de la anatomía y de !a fisiología positivas , y desprovisto de los conocimientos físicos y químicos mas indispensables , tuvo que limitar el ejercicio de su asombroso talento á la observación de ciertos fenómenos estertores de las enfermedades, y á la determinación del influjo que ejercen en su producción algunos modificantes. Sabido es que las preocupaciones religiosas de su época no le permitían abrir los cadáveres ; que por consiguiente el cuerpo de las enfermedades interiores se le ocultó completamente , y que no pudo en cierto modo estudiar otra cosa que el reflejo ó la sombra de las mismas.

Hipócrates daba por otra parte grandísima importancia á los métodos de esploracion ; y esplorar , decía , es en mi concepto una parte muy esencial del arte : tal era su inclinación á ello , que ya habia ensayado (no me atrevo á decir descubierto) el método de la percusión y aun el de la auscultación para el diagnóstico de las enfermedades del pecho. El mismo Laénnec es quien nos ha traido á la memoria los textos ya olvidados en que propone estos dos métodos de esploracion. Copiaremos aquí lo que dice en el tratado de morbis respecto de la auscultación, hablando de los signos distintivos entre el hidrotorax simple y los derrames purulentos : « De este modo conoceréis que lo que el pecho contiene es agua y no pus ; y también si aplicando el oido á los costados durante algún tiempo sentís un ruido semejante al que produce el vinagre hirviendo.»

Veinte siglos debían transcurrir antes de que esta idea de Hipócrates fuese inventada segunda vez , por decirlo asi , y fecundada maravillosamente por el genio de Laénnec.

El padre de la medicina nos ha dejado un gran número dtí obras en que brilla un talento superior en el arte de describir los fenómenos que e6tan bajo la inspección inmediata de los sentidos, y en el de analizar la influencia de algunos agentes esteriores, como el aire , los alimentos , etc. , en el desarrollo de las enfermedades. Sus observaciones sobre la potencia médica de la naturaleza , sobre los dias críticos y sobre los signos pronósticos , han escitado la admiración de los verdaderos observadores de todos los siglos. Sus aforismos han sido citados en su mayor parte como artículos de le médica , aunque están ya muy distantes de nosotros los tiempos en que podían considerarse todas las sentencias de Hipócrates como otros tantos oráculos. « Profesar á Hipócrates un profundo respeto 9 prestarle el «homenage debido á su superioridad , y mirarlo como el verda- »dero fundador de la medicina de observación , no es lo mismo »que creer que él lo vio y observó todo , ni adoptar servilmente cuanto se ha publicado en su nombre, ni admitir á ojos cercados todas sus opiniones y principios con respecto á la curación de las enfermedades. ¡Cuántos obgetos se han ocultado á »su sagacidad! ¡Cuántas proposiciones suyas hay que modificar »y restringir por demasiado generales! ¡Cuánto no se ha enriquecido la medicina con los trabajos sucesivos de los que la han ^ejercido en todos los siglos , y que han estado dotados de un ajuicio sano y sólidos principios! »

Estas espresiones del autor de la Nosografía filosófica merecen meditarse , y pueden servir de respuesta á los modernoi hifocratistas , para quienes el progreso consiste en caminar hacia atrás, y que quisieran hacer retrogradar la medicina veinte siglos.

De todos modos , las mejores y legítimas obras de Hipócrates tienen los títulos siguientes: Aphorismi ¡ líber Ptamationum ; liber primus et tertius Epidemiorum; de Aere, Locis et Aqüis,

Pasemos á los sucesores de este sabio.

Asclepiades procuró aplicar á la ciencia la física y la mecánica de su tiempo, y fué el creador de la medicina atomística.

Cerca de un siglo después fundó Temison su famoso sistema del strictum et laxum, verdadero brownismo de aquellos remotos tiempos.

En la época en que Celso escribió su tratado de re medicaf es decir, medio siglo después del nacimiento de Jesucristo , ya estaban los médicos divididos eomo en el dia en tres sectas bien distintas , cuyas encontradas opiniones expone este elegante escritor con notable precisión y claridad.

Los individuos que componen una de estas seetas son conocidos con el nombre de dogmáticos ; los cuales, sin negarse á admitir la necesidad de la observación hipocrática, sostienen que los médicos deben tener conocimiento de los principios de nuestros cuerpos, de la estructura de sus partes, y de las causas de las enfermedades, ya sean ocultas, ó ya manifiestas. Esta escuela era la continuación del sistema del strictum et la.vum. La segunda secta es la de los empíricos; los cuales, para evitar el abuso que se ha hecho del raciocinio, pecan por el estremo contrario, sosteniendo que únicamente debe atenderse á los simples resultados de la observación y de la esperiencia. Por último, la tercera, que fué una especie de justo medio ó de eclectismo de aquellos tiempos, es la de los metódicos. « Las divisiones entre los dogmáticos y los empíricos , dice Pi- »nel, dan lugar á la secta de los metódicos, que han adoptado »el medio entre los dos partidos rivales , pero que á fin de distinguirse por una innovación notable , reducen las enfermeda- »des á tres clases generales , según el estado de constricción ó »de relajación de los sólidos, á saber: strictum , laxum et mix- »tum.» Serano de Efeso dio la última mano á este sistema, y todos los críticos creen que este médico es el verdadero autor de los escritos publicados bajo el nombre de Ccelio Aureliano.

Areteo de Capadocia ha sido clasificado entre el número de los eclécticos , y se ha asemejado á Hipócrates mas que nadie; en sus obras se descubre el observador profundo y metódico, y su descripción de la tisis se ha citado de siglo en siglo como un modelo ú obra maestra de nosografía propiamente dicha. En efecto, en ella se deja ver la mano ejercitada de un gran pintor , y si se considera la época en que apareció (1) , se hallará que es realmente digna de los elogios que se le han prodigado.

Quinientos años después de Hipócrates apareció Galeno, quien participó con él de la gloria de reinar por muchos siglos en todas las escuelas de medicina. Dotado de una capacidad estraordinaria y de una imaginación brillante, discutió y comentó las doctrinas de sus predecesores, especialmente las del primero, y se hizo distinguir como práctico por un lujo de fórmulas tal , que galenismo y polifarmacia vinieron con eí tiempo á hacerse sinónimos.

Son muchos los escritos de Galeno, y algunos de ellos prueban que este médico ilustre poseía los conocimientos anatómi-

(i) :\o se sabe con seguridad el siglo en que vivió Areteo, ni aun hay noticia exacta del lugar en donde ejerció la medicina.

eos de que careció Hipócrates ; por lo demás léese en sus obras una infinidad de espiraciones estériles, originadas en gran parte por una malhadada aplicación de la filosofía de Aristóteles á la medicina.

Cailio Aureliano, Oribasio, Alejandro de Tralles y Pablo de Egina sostuvieron el honor de la medicina hipocrática y galénica , pero no la desenvolvieron ni la ensancharon en términos que merezcan otro título que el de compiladores.

Ya el horizonte de la medicina empieza á oscurecerse en estos tiempos , y en breve dominándolo todo las tinieblas, queda como las demás ciencias naturales , suspendida en cierto modo en medio de su carrera , reducida á un puro empirismo, y se encargó el clero de su ejercicio.

Estado de la medicina desde el siglo VIH hasta el XVII.

La dilatada época de barbarie, que con el nombre de edad media dominó toda la Europa después de la caida del imperio romano , con el cual se desplomó , por decirlo asi , todo el edificio de la antigua civilización, impidió naturalmente que se enriqueciese la medicina con nuevos descubrimientos.

Sin embargo, del seno de esta misma edad media , juzgada con tanta severidad por algunos autores , habia de nacer una sociedad nueva muy superior, bajo el aspecto científico á lo menos , á la que acababa de desaparecer. En efecto, en su fecundo seno germinaron , y de él nacieron después , esas generaciones -vigorosas á quienes la providencia reservaba la invención de la imprenta, los descubrimientos de la brújula, del movimiento de la tierra , del sistema de la gravitación , de la circulación de la sangre, y de todo un nuevo mundo físico ; y que regenerando el mundo moral habían de reformar al mismo tiempo la ciencia, la política y la religión. Verdad es que para que se cumpliese esta grande incubación de una civilización nueva , tuvo la sociedad que atravesar una era terrible de sangrientas discusiones y convulsiones espantosas ; pero cesemos de acusar una época de que somos descendientes, y no olvidemos que las generaciones , lo mismo que los individuos , no deben infamar nunca la memoria de sus padres. Cuanto mas se estudie filosóficamente el periodo de la edad media, mayor será el convencimiento de que cumplió su misión tan dignamente como han cumplido la suya los que le han subseguido , y que no difiere en realidad de estos en otra cosa que en haberlos precedido.

El astro de la medicina que habia estado eclipsado demasiado tiempo, volvió á aparecer hacia el siglo VIH; los árabes fundaron en Córdoba una escuela que debía dar origen mas adelante á la célebre de Salerno (á principios del siglo XI) , y á la de Montpellier (á fines del siglo XII). Ali-Abbas , Rasis , Avicena , Avenzoar, Averroes y Albucasis deben ser considerados como los padres ó representantes de la medicina arábiga. Sus obras no son por lo demás otra cosa que indigestas compilaciones de los antiguos, llenas de esplicaciones galénicas y peripatéticas. Debemos hacer no obstante una escepcion honrosa en favor de algunas páginas de Rasis , en que trata de las viruelas , y en que se vé brillar con gusto el espíritu de sana observación.

De todos modos, el honor de la restauración definitiva de la medicina griega corresponde á la facultad de esta ciencia de París. Va en el siglo XII fué á examinar en la biblioteca de la escuela de Córdoba los autores originales, restos preciosos que, habiéndose salvado del incendio de la de Alejandría., ocurrido á mediados del siglo VII , fueron probablemente trasladados á España por los árabes.

En los siglos XIV y XV calmaron algún tanto las tempestades que presidieron á la constitución de la nueva civilización; y la Europa vio brillar sobre su horizonte con nuevos resplandores el astro de la ciencia, y al espíritu de observación salir desembarazado de entre la densa oscuridad en que habia yacido tan largo tiempo. — Por todas partes nacian y se multiplicaban los descubrimientos; y libres ya de absurdas preocupaciones los médicos de algunos países, pudieron al fin registrar los cadáveres ; y un nuevo mundo, por decirlo asi, se descubrió á los ojos de los observadores, organizándose la anatomía y la fisiología.

Ya entonces no fué solo el arte de observar el que hizo nuevas conquistas , sino también el de esparcir , el de estender, el de propagar los libros en que estaban consignados los resultados de las observaciones. Porque en efecto, á fines del siglo XV fué cuando se verificó la invención del arte divino de la imprenta , de este arte que da en cierto modo alas al comercio sublime de los productos del pensamiento , y que animando hasta la misma materia, la enseña á escribir, por decirlo asi. Del mismo modo llegará un dia en que el empleo de la fuerza elástica del vapor y el uso de los caminos de hierro darán también alas á los productos materiales de la industria , y estrecharán en cierto modo el tiempo y el espacio , aumentando la rapidez del movimiento.

Restaurada en la universidad de París la medicina griega ó de observación , solo hizo por de pronto progresos muy insignificantes ; porque no había Regado todavía el tiempo en que aquella debia lanzarse en el anchuroso y fecundo camino de los descubrimientos, y de rehacer hasta cierto punto las ciencias que enseñaba. « Las obras de los.antiguos empezaban á hacerse «comunes , dice d' Alembert , y era creencia general que bas- »taba leerlas para convertirse en sabios ; de suerte que se devoraba sin distinción todo lo que aquellos nos dejaron , y se tra- »ducia y se comentaba, llegando hasta á adorarlo por una es- »pecie de reconocimiento , aunque sin poder apreciar ni apro- «ximadamente lo que en realidad valia.» (Discurso preliminar de la Enciclopedia. J

A principios del siglo XVI reinaba todavía bastante despóticamente el galenismo en todas las escuelas, cuando apareció en el mundo médico el astro famoso de Paracelso. Dotado de una impetuosidad de alma poco común , de una imaginación estramadamente ardiente, y de nn instinto irresistible de reforma, desplegó desde luego una nueva bandera que en breve se vio rodeada de numerosos secuaces, quedando declarada la guerra á la antigua medicina, de quien el galenismo se habia constituido representante.

No permita Dios que nosotros tratemos de resucitar ni aun de escusar completamente los sueños de los paraeelsistas (1) y con ellos la astrclogía , los talismanes y la cabala ; pero creemos que por haber promovido una revolución médica, Paracelso no ha dejado un nombre sin gloria. Por otra parte , ni fué esta la primera vez ni será la última > en que no se haya edificado nada sólido sobre las ruinas de lo que se lia destruido justa y legítimamente.

Montaigne, filósofo á quien nadie acusará de exaltación , ha dicho formalmente que Paracelso cambió y derribó la medicina griega, aunque es cierto que Pinel sostiene que esta aserción no reposa sobre ningún fundamento rea!. No hay duda en que Paracelso no destruyó los dogmas de la observación; pero á nuestro modo de ver no es de este modo como debe entenderse

(i) Paracelso se hizo notable suhre lodo por la aplicación de la tísica y química groseras de su tiempo á la medicina. Dividió todas las enfermedades en cinco clases: l.o cris clei, enfermedades que Dios envía. 2.° ens as!ra!e, enfermedades que vienen de los asiros. 3.° ens natura/e, enfermedades que provienen del vicio de la naturaleza. 4." ens pngoicum , enfermedades de imaginación y por encantamiento. 5. o ens veneni, enfermedades originadas por una materia venenosa , sea esterna ó interna.

el dicho de Montaigne , que signiGca solamente que desde el tiempo de aquel data una nueva era para la ciencia, y bajo este punto de vista es de una exactitud rigorosa. Por lo demás , los que quieran contemplar , por decirlo asi , esta lucha entre la es» cuela de los Paracelsistas , Galenistas y Aristotélicos , pueden leer la obra de Sennert titulada de chimicorum cum Aristotelicis et Galcnicis consensu ct disensu ', publicada en Wurtemberg en 1629.

En 1617 se inmortalizó Horvey con el descubrimiento de la circulación de la sangre, y se introdujo generalmente el método esperimental en las ciencias naturales.

A mediados de este siglo apareció Van Helmont , autor de un sistema de medicina conocido con el nombre de arqueismo. El arqueo es, en su concepto, un principio inmaterial distinto del alma , al cual están sujetos todos los fenómenos de la vid3 , tanto en el estado de salud como en el de enfermedad. No solo todos los seres vivientes tenían , según Van Helmont , su arqueo ó genio propio, sino que cada uno de los órganos poseía también el suyo particular , el cual era no obstante de un orden inferior al principal ó supremo, especie de Júpiter Olímpico que desde el orificio cardiaco , en donde habia establecido el trono de su imperio , gobernaba la totalidad del pequeño mundo (1).

El arqueo está dotado de voluntad é inteligencia : tiene miedo , espcrimenta accesos de cólera , etc. ; y en sus emociones y padecimientos encuentra Van Helmont la causa próxima de las enfermedades. Tomando la calentura por ejemplo, hace observar que las causas de esta enfermedad son mas propias para ofender al arqueo que para desordenar la estructura de las partes. El periodo del frió proviene del miedo del arqueo, etc.

En cuanto á la infiamaeion ln atribuye á una irritación que atrae la sangre, y que este autor designa metafóricamente con e¡ nombre de espina: de aquí se ha originado el célebre dicho de la espina de Van Uelmo'nt,

A a iieUas de estas consideraciones místicas sobre el arqueo, mezcló ( I mismo, como hemos indicado, las groseras nociones de física , química y anatomía que estaban en voga en su tiempo.

La terapéutica de Van Helmont, acomodada á su teoría fisiológica , es, como fácilmente se creerá, en estremo original. Redúcese el fondo de las indicaciones á calmar el arqueo ¿á es-

(i) Paracelso usó de la palabra arqueó antes que Van Helmont, y con antelación á aquel fué creada por Basilio Valentino, Arqueo significa á la ve* principio . origen ¡ mondo r primado,

timularlo , y á regularizar sus movimientos ; y como aquel era un ser inteligente , es ¡claro que se le podia dominar por medio de la imaginación y de ciertas palabras en algún modo sacramentales. Asi es como del misticismo fisiológico se pasa inevitablemente al misticismo terapéutico.

Van Helmont tenia una repugnancia histórica hacia las sanarías, medio que, según decia , disminuye la masa del espíritu vital, cuyo depósito es la sangre. Pagó caro su horror á estas evacuaciones , si hemos de creer á Guy-Patin , que asegura que murió frenético por no Iwbcr querido consentir que le sangrasen hallándose atacado de una pleuresía violenta (1).

No duró mucho tiempo la creencia (si es que existió alguna vez) en la fábula ó verdadera mitología fisiológica de Van Helmont. A esta especie de paganismo sustituyó Stalh la teoría del animismo , que en el fondo no vale mas que él j de manera que esta nueva creencia , de que hablaremos mas adelante, no subsistió mucho tiempo, y cedió el puesto al vitalismo propiamente dicho, tal cual Barthez , Chaussier, y aun el mismo Bichat lo desenvolvieron posteriormente.