Entremeses selectos · Unidad 9 de 10

Unidad 9 · DICHOS, INÉS

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

DICHOS, INÉS

Inés.— ¿Convidados tenemos? Aquí está la mesa.

Roldán.— ¿Quién es esta señora?

Sarmiento.—E s criada de casa.

Roldán.— Una criada que se llama en Valencia fadrína, en Italia masara, en Francia gazpirria, en Alemania filimoquia, en la corte sirvienta, en Vizcaya moscorra y entre picaros daifa. Venga la comida alegremente, que quiero que vuesas mercedes me vean comer al uso de la Gran Bretaña.

Beatriz.— Aquí no hay que hacer sino perder el juicio, ma¬ rido: que reviento por hablar.

Roldan.— ¿Hablar dijo vuestra merced? Dijo muy bien: ha¬ blando se entienden los conceptos; éstos se forman en el entendimiento: quien no entiende no siente: quien no siente no vive: el que no vive es muerto: un muerto echalle en un huerto. '

Beatriz.— ¡Marido, marido!

Sarmiento.— ¿Qué queréis, mujer?

Beatriz.—E chadme de aquí este hombre con los diablos; que reviento por hablar.

Sarmiento.— Mujer, tened paciencia: que hasta cumplidos los dichos siete años no puede salir de aquí; porque he dado mi palabra y estoy obligado á cumplirla, ó no seré quien soy.

Beatriz.— ¿Siete años? ¡Primero veré yo mi muerte! ¡Ay, ay, ay!

Inés.— Desmayóse. ¿Esto quiere vuestra merced delante de sus ojos? Vela ^^¿nuerta.

Roldan.—J esús, le ha dado este mal?

Sarmiento.—D e/ t'jVtblar.

(Dentro lajií $;&•)

Alguacil.— Ab|^ f g ^ .juí á la justicia, abran á la justicia.

Roldán.— ¡La /iL q ¿'.i! ¡Ay, triste de mí! Que yo ando hui¬ do, y si me cgU P m me han de llevar á la cárcel.

Sarmiento.— Pufc^VVbr, el remedio es meterse en esta es¬ tera vuestra rí'^ jj/Q; que las habían quitado para lim¬ piarlas, y así sé p'íidrá librar, que yo no hallo otro.

(Métese en la estera Roldán, y salen alguacil, escribano y corchete,) ^

- 29 —

Escena V

DICHOS, ALGUACIL, ESCRIBANO y CORCHETES

Alguacil.-¿E ra para hoy el abrir esta puerta?

SARMiENTo.-¿Qué es lo que vuestra merced manda, que

AlguaSl!—E 1 V señor gobernador manda que, no obstante que vuestra merced ha pagado los doscientos ducados de la cuchillada, venga vuestra merced á darle la mano á este hombre, y se abracen y sean amigos.

Sarmiento.— Querría comer agora.

Escribano.— El hombre está aquí junto, y luego se volverá vuestra merced á comer despacio.

Sarmiento.— Vamos en buen hora. (Vase con el alguacil, escribano y corchetes).

Escena VI