Escritos científicos: ciencias naturales argentinas · Capítulo real 6 de 7
V. Paleontología argentina
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 2 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
Hannos faltado ojos durante tres siglos o más, para ver las .cosas que nos rodean en América, a donde vinieron nuestros padres mal preparados para el estudio de la naturaleza nueva que se les presentaba con foi*mas extrañas, grandiosas o bellas, Linneo y Buffon no habían todavía dado forma científica la la masa de conocimientos que otras naciones que la nuestra habían venido acumulando. Así es que Azara, al querer poner orden a la enorme colección de animales que había cazado en el Paraguay y las Misiones, tuvo que inventar un método de clasificación, que por fortuna se acercaba al de Linneo. Al fin, abierta la América por la independenicia de las antes colonias a todas las investigaciones y expuesta a todas las miradas, el sabio más grande de los tiempos modernos, Humboldt, recorriéndola, descubrió un mundo viejo, en el mundo nuevo, lo que le indujo a escribir el ''Cosmos", la Historia de la creación del Universo, que hoy se cree es el Evangelio de luia nueva teoría o idea de la existencia, que aun no muestra todavía sus consecuencias en la moral, la política y la filosofía.
A este nuevo Colón han seguido, por lo que hace a estos países, descubridores parciales cual Gabotos, Pizarros y Corteses, fundando reinos nuevos
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en la ciencia o ensancliando los anfibios hasta tener que reconocerlos imperio. Este es el gi'an rol de la América en la reconstrucción genesiaca que se viene operando. El día que se exhumó del río de Lujan el gigantesco Megatherium, puestos de pie sus huesos casi completamente en el Gabinete de Historia Natural de Madrid, se abrió un nuevo capítulo a la Historia de la creación, como se recuperaron, aunque medio borradas, muchas páginas de la Historia Humana, cuando se descubrieron los pedernales labrados que sinderon de armas a los pueblos que han cubierto toda la tierra, aun el hoy desierto de Sahara, donde encontráronse amontonadas astillas de pedernales de las fábricas de útiles y desechos, como se encontrarían depósitos de recortes de latas, indicando la vecindad de hojalateros, si el hien-o no cediese tan pronto a la naturaleza sus elementos, para otros trabajos y combinaciones, porque el pedei-nal es materia más duradera para dar testimonio que los oxidables metales. Mediante aquellas exhumaciones es que el doctor Muñiz ha sido iniciado desde temprano en el secreto de los grandes acontecimientos científicos; la existencia de distintos animales fonnados, flotan en la atmósfera de una época sin condensarse una creación pampeana que ha dejado sembradas sus osamentas en la dilatada extensión de las llanuras. En 1825 descubre en Chascomús huesos fósiles de varios animales; y más tarde, trasladando su residencia a Lujan, em-iquece al mundo con repetidos ejemplares de la fauna que él llama antidiluviana. El viaje, hoy tan célebre de Danvin en la Beagle que da origen a una teoría que intenta sei'\dr de vínculo entre las faunas antiguas y modernas, abraza un período desde 1832 a 1837. Muñiz siguiendo sus huellas redobla de actividad en busca de fósiles, anunciando en 1842 que ha vuelto a trabajar en este campo.
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Parece- pues, ique su interés por aquellos restos lo despertó la abundancia de fósiles que encierra el río Lujan, cuyas barranjcas parecen un osario de las razas extintas, y donde aún se consei-van las hondas exciarvac iones practicadas para desenterrar el megaterium enviado a Madrid en 1789. La acción de Danvin debió reavivar su celo, emprendiendo con sus escasos recursos, y debemos en su honor decirlo, con incompletos conocimientos en ciencia tan nueva, enriquece el museo de Buenos Aires con varias especies, y más que todo con un esqueleto casi completo del caballo fósil, de que Darwin había eneontrado un ¡diente en Patagonia, y después de Darwin un felix gigantesco, con cuchillos de cortar a más de incisivos y de muelas. Con estos trabajos ]\Iuñiz es el primer americano que se alista en el cuerpo de exploradores, obrando por su propio impulso, y con el propósito de contribuir al progreso de las ciencias modernas. E.ste es a mi juicio un hecho considerable.
No es fácil para hombres instruidos, a la manera y para los fines que se educó nuestra juventud, recibiendo gradas de doctores en derecho o teología, emprender después de llegados a la edad adulta, rehacer su educación, y aprender desde la cartilla, digámoslo así, los diversos ramos de las ciencias naturales ; pero en estos liltimos tiempos se han abierto nuevos senderos a la inteligencia humana, que no requieren por de pronto gran bagaje, pudiendo el \aprendizaje principiar por el fin. La antropología pertenece a este género, en lo que respecta a esta parte de América: la antigüedad del hombre en la tierra sin historia, se ha deducido del hallazgo de pedernales labrados de cierto todo en diversos países del mundo. Los menos aptos para reconocerlos eran los sabios, que con Cuvier hasta su muerte, y con Lyell veinte años, sólo opusieron resistencia y menosprecio, en cuaínto pruebas de
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ima existencia humana antes del uso de metales, esto es antes de la Historia, y la del hombre fósil, como muchos otros animales, cuyos restos se encontrabtan por todas partes. El vuelco operado en la ciencia- en estos últimos años, este comenzar de nuevo la cuenta, digámoslo así, ha peinnitido que la juventud sudamericana tan mal preparada para los estudios científicos que parecía no importarle nada, se haya agregado a la caravana de los exploradores cuando no más sea que para reunir materiales, como .conocedores del terreno y atildar a la gran obra. La antropología por ejemplo, suscita ya en toda la América, estudios y descubrimientos originales, con el hallazgo y colección de cráneos hiimanos. de tiestos de barro o hachas de pedernal bruto o pulido que revelan los diversos grados de civilización y las razas de los pueblos primitivos transformados en Europa, sobreviviendo en América. Las huacas peruanas y los túmulos mejicanos suministran documentos que no se tuvieron presente para formar la Ilistoria de la civilización antigua; pues Palenque y las construcciones piramidales, la última de las que medidas ha dado mil doscientos pies de costado y setecientos de alto, amenazan dejar modernas relativamente a las pirámides de Egipto.
• Cuanto no deberá, pues, el progreso a los infatigables coleccionistas, ya sea de fósiles, ya de restos de arte y construcciones primitivas del hombre, que suministrian al sabio materia para sus investigaciones, o pábulo a su curiosidad! El doctor j\Iuñiz figura en primera línea en esta nueva generación de adeptos, y sus esfuerzos han tenido el más cumplido éxito, como lo muestra el catálogo de las piezas que suministra con abundaoicia a los museos de Historia Natural de varias naciones. / Prueba de su celo fué la rica colección de fósiles que contenidos en once cajas puso en 1842 a
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disposición del Gobierno de la Provincia, el cual estaba ocupado por entonces de preferencia en exterminar salvajes unitarios, lejos de dar importancia a esta especie de chafalonía de huesos, cuyo vtalor y significado el público de entonces no comprendía. Apresuróse don Juan Manuel de Rosas a deshacerse de ellos, haciendo donación al almirante Dupotel del embarazo, no quedándole al país sino la factunai publicada entonces en la ''Gaceta", sin que el donador primitivo que veía representado en aquellos huesos fósiles el trabajo personal de años en catear, husmear y desenterrar huesos a veces por una especie de adivinación que poseen los exploradores, haya podido averiguar si fueron depositados en el Museo del Jardín Botánico de París, según se vé en muchas de sus cartas posteriores, ofreciendo a M. Geoffroy Saint Hilaire, o al secretario del Gabinete de Historia Natural de Madrid y al de cirujanos de Londres, continuar los envíos, si le instruyen del paradero de aquel primero valiosísimo .
En carta al señor don M. R. Trelles, secretario en 1857 de la Comisión del Museo, remitiéndole una rica colección de fósiles, que encuentra diminuta la muestra "a causa del largo tiempo en que cesa.ron sus pesquisas en busca de fósiles", y lamenta aquella primera "que circunsiancms azarosas apartaron de su poder, y Uevnron fuera del país colecciones valiosas que destinaba al Museo de su patria."
Esta pérdida- que no lo fué para la ciencia sin iduda, fué sucesivamente subsanada por donaciones valiosísimas, de cuyo valor da testimonio el Doctor Burmeister. que reparando el desfalco traído por la ignorancia de Rosas, ha logrado liacer del Museo Nacional de Buenos Aires, el más rico MiLseo paleontológico del mundo.
Y para no apartamos de los doK^umentos, ya que
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poco importa el catálogo de los once cajones enviados a Francia, tomaremos de la carta dirigida al señor Trelles la lista de fósiles que envía al Museo en 1857 : ' ' Figuran, dice, entre los fósiles orgánicos que he puesto e-n el Museo, la magnífica cabeza del Toxoctón platense, y otros huesos de este mamífero. Una de las extremidades posteriores del Clyptodón y va^rias de sus vértebras caudales. Otra extremidad semejante 'del pesado Maghaterium: el brazo poderoso y la terrible mano unguicolada de aquel gigante de nuestros antiguos terrenos, con algunas de sus vértebras y costillas; el esternón, clavícula e istillar, etc. etc. Una mandíbula del Mastodonte, cuyas muelas conservau el esmalte. Un colmillo o canino del Mah)amouth, especie de elefante, que aunque deficiente en su extremidad mandibular, mide no obstante, cuatro pies seis pulgadas de largo, reteniendo fliasta la punta el esmalte natural. Un pie de Milodou^ animal de formas tan extraordinarias, como lo son las de aquellas otras especies. Varias huesos del caballo fósil, etc.
El icaballo fósil, de paso noimlbrado aquí, ocupa lugar muy prominente <exi la distribución de los seres icreados. Como se vé, es contemporáneo del Megatheriura y con él extinguido-, mientras que en Asia y Europa sobrevivió a las catástrofes que lo sepultaron en América, sirviendo alllá al hombre del Asia central «on los centauros, los eisicita's, para unir a las tribus humanas, 'destruir y rehacer naciones con Genjiskan, Atila, Artigas y las bárbaras de a 'eaballo-.
El Dr.. Burmeister para hacer figurar dignamente el Museo Palleontológico de Buenos Aires en la Exposición Univeraal de Fila'delfia obtuvo dd Gobierno provincial, imprimir una monografía sTiya De los caballos fósiles de la República Argentina, ilustrada con ocho láminas, en gran
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folio, en castellano y alemán, sietndo el estudio más completo que se hubiese liasta entonces hecho soibre el caballo fósil de América, a que referimos aJí lector icuriosio.
Para los fines de este trabajo, bástenos repetir que isegún el Dr. Burmieisiter, "la primera vista del eisqueileto armado dell fósil, demuestra ya evidentemente, que el animal ha sido un caballo de figura particular, acea'cánidose más al Burro y la Zeíbra, que al Calballo doméstico. Pertenecen a estas particularidades principalmente, la construcción más fina del tronco y los miembros más cortos, que se relacionan mucho a las dimensiones del burro, len 'comiparación con la cabeza, no solo relativamente más grande que la del caballo, sino también a bs ahitamente. ' '
Y haciendo la historia del caballo fósil, se expresa así más adeKaute :
"Entrando en la administración del Museo Público de Buenos Aires, al principio del año 1862, encontré en este establecimiento restos de un caballo fósil, recogidos por el doctor D. Francisco X. Muñíz, 20 años antes cerca de la Villa de. Tjuján, en sociedad con el esqueleto del Megatherium — igualmente cousei'vados sus restos en el Museo Público. Desgraciadamente por la obra inmensa de sacar estos dos esqueletos enteros de la tierra, con prontitud, sin asistencia de ayudantes útiles, el hábil descubridor se vio obligado a trabajar sin la precaución necesaria, rompiéndose por esto los dos cráneos y conservlaindo completos solamente los fuertes huesos de los miembros; los que son aún actualmente adorno de nuestro Museo. Del cráneo del caballo el doctor Muñiz me mostró un hueso delgado de 23 centímetros de largo, por solo 2 centímetros de ancho al extremo superior y con un centímetro al extremo inferior.
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que él me señaló como una porción del hueso de la nariz. Compailaindo este hueso con los huesos nasales del caballo actual, encontré una diferencia tan grande, que me he visto obligado a dudar de la exjaictitud de la observación y por esta razón no he hablado del hueso particular, cuando describí los restos del caballo fósil, conservados en el Museo Público (véase : Anales del Museo Pii~ Mico de Buenos Aires' tomo I, página 238 siguiente, 1867. 4o.) , Hoy sé que la determinación del doctor Muñ,iz ha sido exacta; el caballo fósil de la Piampa Argentina ha tenido un hueso nasal con punta libre sobresaliente, no solamente de 23 centímetros sino de 28, cuyo hueso ha medido en su base libre 2.5 centímetros de largo y se prolongaba hacia atrás en una porción más ancha de 5 centímetros de largo y 10 centímetros de ancho, uniéndose con los huesos de llai frente, de la mandíbula superior y con el hueso intermaxilar en un modo correspondiente como en el caballo doméstico. Esta configuración particular del hueso de la nariz distingue claramente el caballo fósil de la pampa del caballo doméstico, como género aparte a primeitai vista . He dado entonces solamente una descripción de los huesos de las extremidades, fundando en la diferencia de las muelas dos especies, que he clasificado, no muy bien, en este modo :
1. Equus curvidens. Owen.
— principalis. Lund.
— neogaevs. Gervais.
2. Equus neogaeus. Lund.
— Devülei. Gervais.
Para más abundamiento en la página 13, repite Kai misma observación :
''Fué esta porción delgada, que me mostral)a ya el doctor don Francisco X. Muñiz como» el hueso nasal del caballo fósil, 23 centímetros de largo^
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deponiéndolla en el Museo Público : pero la figura completamente singular de este objeto me hizo dudar de la exactitud de su interpretación, aunque no podía imaginarme la colocación que hubiera tenido un hueso tan singular en el esqueleto de un caballo", yiaún página 20: "Tenemos en el Museo Público un segundo ejemplar del atlas (vértebra del cuello), perteneciente al esqueleto recogido por el doctor don Francisco X. Muñiz".
Por la contestación dada por el Presidente de la Academia de Ciencias de Stokolmo al señor Profesor Muñiz de Buenos Aires, puede juzg-farse de su conato en difundir por el mundo sabio los elementos de las nuevas ideas sobre la naturaleza :
"La Academia de Cietncias, de Stokolmo, a la cual ha querido usted liiaicer, por el intermedio de M. Bellberg, el precioso obsequio de una colección de osamentas fósiles de esos países, ha oído en su Asamblea General el Informe sobre el gran valor de este don, hecho por el abajo firmado director del Museo de Geología. Los miembros de la A(ía.demia, igualmente interesados en la Paleontología han tenido ocasión de admirar el estado de perfecta conservación en que se encuentra la. cabeza de su muñifelis honaerensis que hace parte de ella . Felicitándose de ver enriquecido el Museo con tan preciosa colección, la Academia ha desuardo manifestar a usted su alta consideración y su vivo reconocimiento, presentándole la adjunta medalla de Berzelius.
En nombre de la Academia. — Stokolmo, Abril 5 de 1861. — CAPdi SwundealIí, Director. — Doctores Magnus Huss, W . Berg, Inspectores del Museo de Zoología".
Lejos de darse pretensiosamente los aires de un consumado naturalista- hace valer solo como lo escribe a M. Geoffroy de Saint Hilaire "el empeño con que a dos mil leguas del centro de la civüiza-
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ción, ha procurado, sim estímulo, sin direoeióii, aún sin los conocimientos teóricos, y el gusto que comunican los buenos- autores a recoger aquellos restos para encaminarlos >al emporio del saber. . ,
"Faltando escuelas donde estudiar la diversa organización de los animales, y donde adquirir instrucció'n sobre anatomía comparada, estoy lejos de trazar una descripción ilustrada y provechosa de los esqueletos o huesos fósiles que enouentrt)."
Ante tal franqueza y tan levantados propósitos se desanna la crítica, si alguna vez cometiese error en las denominaciones dadas a las especies atribuidas a los fósiles que iba encontrando. El sabio Burmeister, se complace en repetir que era uno de los hombres más sinceramente estudiosos ; y Darwin en su carta que insertamos a continuación se asombra de que persevere en sus trabajos, sin recursos, y sin el apoyo de la opinión pública. Una cairta de Darwin como un testimonio de Burmeister son icredenciales bastantes para -asegurar el título de sabio colaborador, a aquellos a quien benévolamente van dirigidos.
Preocupóle mucho durante sus últimos años la idea de haber descubierto una fiera fósil, a la cual llamó muñifelis honaerensis, dando cueoita de tan valioso hallazgo a los sabios de la época, a Darwin, a Geoffroy Saint Hilaire y a los secretarios de varios museos, notando que su hallazgo era posterior a la expedición de Darwin y de los demás geólogos que visitaron el país, inquiriendo después del señor Trelles si M. Brafvard, que sólo poseía urua cabeza del fósil felino, se daba por descubridor. Sin necesidad de ayudar al testimonio requerido, podemos decir que M, Bravard nos mostró aquella cabeza, haciendo valer su importancia, con decir que hacía falta encontrar un carnívoro, porque toda fauna reclaimaba un moderador que pusiese
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coto a la excesiva multiplicación de las especies individuales que se mantienen de vegetales.
El felino encontrado se consei-va en el Museo Nacional de Buenos Aires, y es una de sus más importantes adquisiciones. Darv^dn, a quieni Muñiz describía las terribles annas de que venía dotado, sugiere que debe ser un Machaerodo de que ya se habían encontrado dientes y muelas. El doctor Muñiz, ya más versado en la clasificación de los fósiles, y con el auxilio de la famosa obra de Cuvier sobre Anatomki comparada que sobre una muela hallada permite reconstruir el animal entero, determinando su .género, especie, alimentación, emprendió dar la descripción de su halla2;go favorito.
«Pueblo Bajo de Farnborougth, Febrero 26 de 1847 Condado de Kent
"8r. Dr. D. Francisco Xavier Muñiz. '
' ' Respetable señor :
"La carta del 30 de Agosto, con los papeles que tuvo usted la bondad de maoidarme, llegó a mis manos hace muy poco tiempo, debido a la enfermedad y ausencia de Londres de Mr. Morris, por quien fueron dirigidos.
"He oído recientemente a Mr. Morris que usted deseaba deshacerse de sus irestos fósiles por medio de algún arreglo pecuniario, lo cual no he podido comprender bien en la carta que usted me escribió. He dado a Mr. Morris mi opinión sobre este punto, así es que no la repetiré aquí.
"Pero diré solamente que el único plan practicable creo sería el que usted mandase sus fósiles aquí a algún agente para que disponga de ellos.
"Su specimen sobre el Muñiz-felis debe ser horrible. Sospecho que será un Machaerodus, del
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cual hay algunas fragmentos en el Museo Británico, procediendo de las Pampas.
"Procuraré hacer traducir su escrito y publicarlo en aJgún periódico científico.
"La relación de usted sobre el terremoto en la*s Pampas me sorprendió; nunca había oído de ninguno, en parte alguna al Este de la Cordillera, a no ser en Córdoba.
"Si usted quiere informarme si lee el inglés, seré feliz en mandarle una copia de mis observaciones geológicas en Sur América, recientemente publicadas, indicándome un conducto para hacerlo. Creo que no valdría la pena de mandárselo sin saber si usted lee el inglés.
"Presentaré su trabajo sobre la Fiebre Escarlatina al Real Cuei"po Médico de Cirujanos.
"No puedo adecuadamente expresar cuánto admiro el continuado celo de usted, colocado, como lo está, sin los medios de proseguir sus estudios científicos y sin que nadie simpatice con usted en los progresos de la Historia Natural.
' ' Confío que .el gusto de seguir sus tareas le proporcione algún premio para tantos esfuerzos.
' ' Hace algún tiempo que usted tuvo la fineza de mandaiTiLe por Mr. E. Lumb algunos informes nmy curiosos, y para mí de mucho valor sobre la vaca Ñata.
"Agradeceré cualquiera otra información sobre cualquiera de los animales domésticos de la Plata, como el origen de algunas razas de aves, chanchos, perros, ganados, etc. etc.
"También estoy muy interesado en tener una breve descripción de las costumbres y formas o hechuras de los chanchos, perros, etc., etc., en su estado silvestre, y particularmente sobre las crías silvestres, cuando se toman los animales jóvenes para criarlos.
"¿Será tan manso un cachorro de perro cima-
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rrón si es criado iCon leuidado, como cualquier otro perro doméstico?
''Algunas informaciones sobre todos estos puntos me serían muy útiles ; y siempre que usted tenga tiempo de escribirme, se servirá usted dirigir sus earta-s a donde indica el encabezamiento de ésta.
''Sinceramente deseo a usted prosperidad en sus admirables labores, y si en algún tiempo puedo servir a usted 'de algo, me será grato haberlo.
"Con el mayor respeto quedo de usted S. S. Charles Darwin."
"P. S. — Había omitido mencionar que el profesor Owen ha oído decir que una colección de huesos ha llegado a París, hace algún tiempo, de Buenos Aires".
Igual novedad que la del Machaerodus causó al dootor Muñiz haber encontrado un árbol fósil en la Pampa, aniuiciando por cartas la feliz nueva a varios naturalistas y Museos como acontecimiento muy raro y de que no tenía antecedente. Darwin había encontrado en Villavicencio, montaña escarpada enfrente de Mendoza, camino de Uspallata, a siete mil pies sobre el nivel del mar, un grupo de árboles petrificados, once convertidos en sílice y treinta o más en espato calcáreo groseramente caracterizado.
La impresión de la cascara en la roca los coloca entre las araucarias que existen al Sud e» las faldas andinas.
Para suministrar un punto de comparación, a fin de computar la antigüedad relativa del terreno de los fósiles que se encuentran en la Pampa, tomaremos del célebre geólogo el pasaje de sus viajes que habla de la materia.
"No se necesitan, dice, profundos conocimientos
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en geología para comprender los lieehos maravillosos que indica esta escena; y sin embargo, lo confieso, tal fué la sorpresa que desde luego experimenté, que no quería creer a lals piiiebas más e\identes. Encontrá))ame en un lugar en donde un grupo de bellos árboles extendieron sus ramas sobre las costas del Atlántico, cuando aquel océano, recliazado hoy a 700 millas de distancia, venía a bañar los pies de la Cordillera. Estos árboles habían brotado sobre un suelo volcánico levantado sobre el nivel del mar : después, esta tierra, con los arboleas que en ella crecían, se había hundido en las profundidades del océano. En estas profundidades del mar, aquella tierra que antes estuvo seca se había cubierto de una capa de sedimentos, después éstos, a su turno, lo habían sido por enonnes derrames de lavas submarinas: uno de ellos tiene mil pies de espesor; ahora estos diluvios de piedras en fusión y aquellos depósitos aeu(«os se habían reproducido cinco veces consecutivamente. El océano que se había tragado masas tan colosales debía ser profundo ; en seguida las fuerzas subterráneas habían ejercido su potencia nuevamente, y yo veía ahora el lecho de este océano formando una cadena de montañas que tienen más de 7.000 pies de alto. Por otra parte, las fuerzas siempre en acción que modifican constantemente la superfií-ie de la tierra, habían también ejercido su imperio, porque aquellas inmensas acimiulaciones de capas se encuentran al presente cortadas por valles profundos, y los árboles petrificados salen hoy día del siielo cambiado en roca, allí donde en otro tiempo elevaban sus verdes copas (familia araucarias según Mr. Robert Bro^uii que los analizó). Ahora todo está desierto en este lugar; los liqúenes mismos no pueden adherirse a est-as petrificaciones que representan árboles de otros tiempos. Y sin embargo, por inmensos, por incomprensibles
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que estos cambios hayan- de parecer, todos se han producido ein un período reciente, si se le comipara con la Historia de la Cordillera, y la Cordillera misma es absolutamente moderna comparativamente a. muchas capas fosUíferas de la Europa y de la América ' '.
Según esta modernísima cronología, los Megaterios a superficie de tierra casa son creación de ayer, relativamente a nosotros mismos, y el pequeño crustáceo y el molusco encontrados en el terreno laurenciano en Norte América y Canadá por donde corre el San liOrenzo, precede a las araucarias de Villavicencio de unos pocos millones de años. Ocasión es de repetir la exelamación del estanciero: " ¡ las cosas de don Carlos ! ' '
No es ocioso prevenir aquí, ya que de aquellas famosas petrificaciones se habla, que el señor Moreno, director del Museo de La Plata, ha tenido la excelente idea de subir a la montaña de Uspallata, al lugar designado por Darwin, y desprender de la rooa, troncos y cortezas de aquellos testigos de los movimientos terrestres, como si hubiera intentado traerlos al lugar ideal que ocuparon antes a las márgenes del mar que ha dejado la corchilla, o en el qu? antes dejó las ,.:ítras del Paraná. Podemos, pues, sin ir a Villavicencio, ver estos prodigios de la geología.
Tiene para mí lui particular interés el Machaerodo. De las fábulas griegas, entre ellas las doce hazañas de Hércules, no es la menor haber extii^pado el león que asolaba las campañas de Nemea, y entre los fósiles eiiicontrados en Grecia, a más de seis variedades de monos, fótsiles cuya posibilidad negaba Cuvier años antes, se encon.tró un terrible carnívoro fósil con dientes, incisivos, muelas y uñas; formidables, dotado además de cuchillos tajantes a guisa de espadas de dos filos que debieron servirle para hacer tajadas de la carne que los otros
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instrumentos de aquel araenal le procuraban. Este debió ser el espantable león Ñemeo, extirpado por Hércules, acaso por haber dado, como Muñiz, con sus buesos fósiles más tarde.
El doctor Burmeister ha consignado en el primer tomo de los "Anales del Museo de Buenos Aires", a cuya formación contribuyó mucho el doctor Muñiz, enriqueciéndolo sucesivamente con sus más (valiosas adquisiciones, el recuerdo de varias de las donaciones hechas por este grande aficionado ; y si le iniega ser el primer descubridor del Machaerodo en el mundo, es porque Cuvier ya había errado confundiendo restos de este animal con los de otro, y sucesivamente encontrádose dientes u otros fragmentos en diversas partes del mundo : pero ninguno tan completo como el que ostenta el Museo de Buenos Aires, y cuyos cuchillos son los más grandes que se conservan. Pero Muñiz ha sido el descubridor del Machaerodo en el Río de la Plata, y él tenía derecho a reclamar el honor de su hallazgo.
Recientemente ha montado el doctor Burmeister una cabeza de mastodonte que había obsequiado al Museo el doctor Muñiz y de cuya posesión se engríe el geólogo, que una vez nos anunciaba, de regreso de Córdoba, como el descubrimiento más feliz de su viaje, y un verdadero progreso para la ciencia el hallazgo ¡ oh, rara fortuna ! de una novena variedad de glyptodon. — ¡Lo trae usted todo entero? — ^No, es una vértebra de la cola lo que he encontrado; pero eso basta para caracterizarlo!
"El terreno, dice el doctor Burmeister, entre las' dos villas de Lujan y de Mercedes, es probablemente el depósito más rico de huesos fósiles en nuestra provincia ; es el mismo, lugar en donde se encontró el año 1789 el esqueleto entero del Megaterio, lioy el objeto más valioso del Museo de Madrid, y que ha llamado tanto la atención de los
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sabios naturalistas, después de su descubrimiento, hasta nuestros días; como también el esqueleto completo del Mylodon Gracilis, que se presenta en nuestro Museo. Forma aquí el suelo un bajío muy insensiblemente inclinado, en el centro del cual corre el riachuelo del mismo nombre en una dirección general del Oeste al Este, cambiando bajo la Vüla de Lujan el curso directamente al Norte, para unirse al río Paraná, pero no le alcanza; ,1a barranca alta del terreno más elevado, que acompaña al río Paraná del lado Sudoeste, se retira de este punto más al Sud y da lugar al río de Lujan para adquirir su camino propio hasta la boca ancha del Río de la Plata, en la cual entra /Como siete leguas al Norte de Buenos Aires.
"Es allí donde se forman entre los dos ríos; esas islas fértiles, provistas de una vegetación rica de sauces de todos tamaños, que la fantasía poética de algunos escritores del país ha comparado con el célebre Valle de Tempe en Tesalia.
"Parece que la desviación del Riadiuelo de su curso en el paraje cerca de la Villa de Lujan, indica un impedimento en la icontinuación de su marcha directa, algunos obstáculos naturales, y que estos obstáculos han causado antes una gran acumulación de agua en la hondura de las Villas de Lujan y Mercedes, en la que han muerto y han quedado sepultados animales innumerables, cuyos esqueletos se encuentran hoy bajo las tierras depositadas por las mismas aguas. Los i'estos de carnívoros son muy escasos entre los huesos fósiles de dielio terreno. Tenemos en el Museo Público sola mente huesos fósiles de cuatro clases de icaimívoros que pronto describiremos, después del Machaerodus.
"Respecto al conocimiento primero del animal, del cual vamos a dar razón, no fué el doctor Muñiz su primer descubridor, porque largo tiempo
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antas de su publicación en la "Gaceta Mercantil" ya se hatean encontrado restos de animales muy parecidos en otros países. Fué ei doctor Kaup quien, en el año 1833, fundó sobre el colmillo largo en forma de hoz, su género Machaerodus, y en este género debe entrar por su naturaleza totalmente igual también el Muñifelis honaere)isis. El célebre Cuvier ya había conocido ese diente y da'do una dascripción corta en su obra del año 1824; pero ,eomo ese diente se ha encontrado con el Oso, M. Cuvier ha identificado los dos diferentes animales, llamándoles Ursus Cultridens . Bravard (1828) fué el primero que encontró, cuatro años después, un cráneo completo que manifestaba una grande similitud del animal con los gatos, cambiándole, entonces, su nombre en Felis CuUriden.
"Pero el dootor Kaup, cinco años después (183'3), probaba que no es un verdadero gato aquel animal, sino un género particular por la construcción diferente de su colmillo, llamándole Machaerodus. El autor ha conocido de este animal solamente tres dientes : el colmillo largo superior, otro colmillo mucho más chico inferior y el diente molar inferior. No sospechando que estos dos dientes fueran del mismo animal, ha fundado en ellos otro nuevo género, llamándole Agnotherium.
"Algunos años después (1846) el célebre Owen describió un colmillo muy semejante con el nombre Machaerodus latidens en su obra sobre los euadriípedos antidiluvianos de Inglaterra, avisando al mismo tiempo al lector que había visto dientes de un animal semejante, también en la colección de huesos fósiles, mandada por los señores Falconer y Cautley 'de la gran India. Así ha sucedido, que casi contemporáneamente con la publicación del doctor Muñiz ya fueron conocidas cuatro especies del género Machaerodus del antiguo mundo. En el nuevo numdo, el primer descu])ridor de una es^
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pecie del mismo igénero fué el doctor Lund, que ha examinado con tanto éxito las cuevas naturales ide Minas Geraes en el Braisil, para encontrar en ellas huesos fósilesi. Este hábil naturalista encontró algunos dientes chicos y huesos del pie, pertenecientes al Machaerodus; pero sin conocimiento del animal entero, los aplicó a una especie de Hyaena, llamando el animal //. neogaea (L'Institut, VII, 125, 1889). Sin embargo, después, como ha encontrado también el colmillo largo en forma de hoz, ha comprendido fácilmente que el animal no había sido una Hyaena, llamándole entoinces Smilodon populato7\ (Act. Acad. Dinam. de Copenhague, Class. física, IX, 1842). No hay que dudar que el autor, fundando este nuevo género, no conoció la obra de Kaup (Ossem fóssüe, Darms^ tadt, 1833, 4.°), en la cual se ven las formas del colmillo de Machaerodus muy parecidas a las del doctor Luud en dichas actas de la Academia de Copenhague ; pero como su primera publicación es seis años anterior a la descripción del doctor Muñiz, ino puede conservarse en la ciencia el nombre Muñifelis honacrensis con preferencia a la primera denominación del doctor Lund con el nombre del doctor Kaup, es deeir, Machaerodus neogaeus. Se conocían de este animal, que aquí describiré sumariamente, antes de la publicación del doctor Muñiz, solamente las partes descriptas por el doctor Lund, pero prueba su descripción, como las figuras acompañadas, que es idéntica su especie con la nuestra. Más tarde ha dado Blainville, el sucesor de Cuvier, en la cátedra del Jardín de las Plantas en París, una figura de un cráneo casi completo en su ol)ra Ostéographie géner. Felis, pl, 20"; bajo el nombre de F. Smilodoii (Smüodon Blainville, Desmarest, expl. de la planche).
"Tenemos en el establecimiento un esqueleto imperfecto que el doctor don Francisco Javier Mu-
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ñiz ha recogido en el año 1837, cerca de la Villa de Líuján, y regalado al Museo. Desgraciadamente, faltan algunas partes muy necesarias para su reconstrucción, y por esta razón no se puede ejecutar su exhibicióm. Esperamos que nuevos descubrimientos vengan a completar pronto los restos ya obtenidos para dar al público la vista sorprendente del esqueleto de este animal maravilloso.
"De la cabeza tenemos en el Museo la mandíbula inferior y el huaso incisivo superior con algunos otros pedazos del cráneo. Las siete vértebras del cuello, aunque muy rotas, también se poseen.
"De las diez y seis dorsales tenemos once, y entre ellas la primera y última. Es muy digno de notar que la diferencia en el tamaño del cuerpo vertebral de la primera y la última vértebra dorsal es muy grande y mayor que en ningún otro animal conocido.
"Tenemos em el Museo Público muchos huesos de un esqueleto de caballo fósil que el doctor Francisco Javier Muñiz ha encontrado cerca de la Villa de Lujan, bajo el esqueleto de un Megaterio, también recogido por él mismo. Los dos esqueletos estuvieron íntegros, pero la grande obra de sacarlos, sobrepasando la fuerza de una sola persona, ha impedido la conservacióai perfecta de las dos. Así, falta del esqueleto del caballo como del Megaterio, el cráneo, los omóplatos, la pelvis y muchos huesos del tronco, conservándose completo solamente los de los miembros.
"Por la pérdida del cráneo con todos los dientes, no es posible saber a cuál de las dos especies ha pertenecido el esqueleto; pero como todos los huesos son más pequeños y finos que los del caba-
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lio actual de tamaño regular, no puede haber duda de que aquel caballo fósil argentino fué de tamaño inferior en su cuerpo, pero probablemente de cabeza más grande y gruesa que el caballo doméstico. ' '