Estados Unidos · Unidad 11 de 22
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_La Sociedad americana de templanza_ data desde 1826 y ya en 1835 había en el país ocho mil sociedades, con millón y medio de miembros. La caridad por los borrachos no se limita a buenos ejemplos. Cuatro mil destiladores de aguardientes desmontaron sus alambiques, ocho mil comerciantes se abstuvieron de vender licores, y mil doscientos buques se hicieron a la vela sin provisión de aguardiente. La legislatura de Massachusetts prohibió la venta de líquidos alcohólicos por menos de 15 galones. _The tract society_, que tiene por objeto moralizar las clases ambulantes, como los marineros y otros, publicó en 1835 cincuenta y tres millones de páginas. _La Sociedad americana de escuelas dominicales_, formada en 1824, recolectaba diez años después 136.855 pesos en un año, había hecho 600 publicaciones diversas, y estaba en contacto con 16.000 escuelas, 115.000 maestros, cerca de 800.000 discípulos.
La _Sociedad bíblica americana_ ha recibido desde su fundación hasta ahora poco, dos millones y medio de pesos, y abandonado a la circulación cerca de cuatro millones de ejemplares de la Biblia. Omito hablar a Vd. de las misiones en el Occidente, en cuyos países una sola de ellas mantiene 308 misioneros, 478 escuelas, 17 imprentas, 4 fundiciones de tipos para imprimir libros en idiomas ignorados aun de nombre en Europa. Los resultados de las misiones americanas en Sandwich los conocemos todos para que haya de detenerme sobre ellos, pues mi ánimo al recordar todas estas sociedades es sólo hacer sensible una de las muchas fuerzas civilizadoras que están en continua acción para mejorar moral, religiosa y políticamente la condición del pueblo. No es raro ver un banquero como Girard, que deja millón y medio de duros para que se funde un colegio en que se eduquen jóvenes bajo ciertas condiciones por él prescriptas, y otros filántropos que, como Franklin, dejen un fondo para que dentro de dos siglos se disponga de los intereses capitalizados. En todo este enorme y complicado trabajo nacional, verá Vd. predominar una grande idea, la igualdad; un sentimiento, el religioso, depurado de las formas exteriores; un medio, la asociación, que es el alma y la base de toda la existencia nacional e individual de aquel pueblo.
[4] _History of the United States_, by George Bancroft.
ELECCIONES
Dos cosas me habían hecho desear inspeccionar personalmente los Estados Unidos. La colonización y la práctica del sistema electoral; el modo de poblar el desierto, y la manera de proveer al gobierno de la sociedad. Sobre lo primero mis deseos quedaron satisfechos, y pude ver claro, y darme cuenta de todo el mecanismo. Un hecho al parecer tan espontáneo, tan irregular, encierra, sin embargo, una teoría, una ciencia y un arte. Hay un sistema de principios, de leyes y de reglas para colonizar prósperamente, de cuya infracción u olvido han resultado todas las poblaciones raquíticas de nuestros países. Río de Janeiro, Montevideo, Buenos Aires, Valparaíso, son ciudades posteriores a la formación de las colonias españolas. Toda la ocupación de la América del Sur está montada en los errores más garrafales en el arte de poblar; y la mitad de los desastres de nuestras repúblicas estaban ya preparados por el sistema de colonización española. Era esta una mina que debió reventar con el fuego de la independencia. Mis aserciones las justificaré en un trabajo especial sobre los sistemas y medios de población y ocupación del territorio. Creo con esto haber llenado un vacío en nuestros conocimientos americanos.
No anduve tan feliz en materia de elecciones. Es cosa ésta para vista, pues por lo que hace a principios generales, cada Estado, y la constitución de los Estados Unidos en general, dan idea insuficiente. Durante mis rápidas excursiones en aquel país, no me cupo en suerte ver elecciones sino una, en Baltimore, de mayor autoridad, equivalente a la de lord mayor de Londres, a lo que creo. Era preciso haber presenciado muchas elecciones, en distintos lugares y con diversos objetos, para penetrar en la práctica de las instituciones norteamericanas, el juego de las pasiones políticas, y las combinaciones de los partidos. ¿Puede haber materia de estudio político más grande que la del medio preciso, exacto, de hacer llegar a los destinos públicos el hombre más apto para desempeñarlos? Podemos estar seguros de haber confiado la ejecución de un cuadro, de un palacio, de una nave al primer artista o constructor de la tierra; pero, ¿podremos acercarnos siquiera a la verdad cuando se trata en un Estado de confiar a un individuo, diputado, presidente o corregidor, el encargo de producir el mayor bien posible para toda una sociedad, y, acaso, para generaciones y para la humanidad entera? El sistema electoral es, todavía, un caos por desembrollar; un germen apenas fecundado, y sólo en los Estados Unidos se ha desenvuelto lo bastante por una práctica comparativamente larga.
El único incidente electoral que presencié fué el empeño de los diarios demócratas en exaltar a los irlandeses emigrantes contra el candidato del partido _whig_, invitándolos a que se reuniesen con los demócratas en la elección. Este espectáculo no era por cierto muy edificante. La chusma irlandesa, apenas llegada de Europa, es allá lo que en Chile son los rotos, y al juicio de uno y otros, echado en la balanza en cuanto conocimiento de la conveniencia pública, no le da, sin duda, mucha importancia.
No pudiendo de propia experiencia transmitirle mi juicio sobre lo que no vi en materia de elecciones, lo suplo extractando de los viajes del frenologista Combe, cuanto a este respecto ha dejado escrito. Es un buen testigo, y su saber, el ser inglés, amar la república, y una imparcialidad y franqueza sincera, lo hacen un juez competente y una autoridad. Lo que sigue es una traducción de este autor:
“A lo que he podido comprender, los candidatos para los empleos del Estado no van de puerta en puerta a solicitar votos en Massachussetts, como lo he visto en Escocia. Estamos en vísperas de una elección anual, y se han convocado _meetings_ preparatorios por cada uno de los partidos de la ciudad. Estos eligen para representante delegados preparatorios de todas las asambleas, y preparan una lista de candidatos para ser propuestos a su partido, como personas competentes para llenar el empleo vacante. Llámanse estas listas _tickets_. El _ticket whig_ como el _ticket_ democrático se anuncian por los diarios de los respectivos partidos, siendo el uno sostenido, y atacado el otro con todos los hechos, argumentos, agudezas y aun me temo que por todas las invenciones, falsedades, que el talento y la malicia de cada partido puede aducir en sostén de sus propios candidatos y en desdoro de los contrarios. Debemos deplorar el olvido de la verdad, cortesía y delicadeza que estas luchas traen en la prensa pública, sin embargo de que todos los que se han mezclado en la vida pública saben que prácticas semejantes deshonran en una grande extensión la prensa británica.
“Los votantes están registrados en un libro y la ciudad y condados divididos en distritos de convenientes dimensiones, en cada uno de los cuales se establece una mesa y se anuncia públicamente. Los electores acuden a estas estaciones el día de las elecciones; cada uno anuncia su nombre al empleado encargado del registro; y si está, en efecto, registrado, el votante pasa a la urna y deposita en ella su lista impresa y se retira. Numerosos partidarios de cada bando asisten para impedir las tentativas de votar bajo un nombre falso. Ningún hombre puede votar dos veces, porque es borrado en el registro desde que aparece la primera vez. El voto no está firmado por el votante, porque esto traicionaría el secreto de su voto; pero le miran prolijamente la mano, para que no introduzca dos o más _tickets_ en la urna. Al fin de la elección los _tickets_ son examinados, y después de una comprobación de los votos, hecha por empleados nombrados al efecto, quedan electos los candidatos que tienen mayoría absoluta sobre el número total de votantes. Si un individuo no está satisfecho con el _ticket_ de su partido, puede borrar algunos nombres y substituirlos con otros de su elección. Como, por lo general, no hay concierto entre los que tales alteraciones hacen, rara vez ven electos a sus candidatos, no consiguiendo otra cosa que debilitar a su propio partido. Estos votos son mirados como separados, y técnicamente se les llama extraviados. Alguna vez acontece que haya dos o más _tickets_, conteniendo cada uno de ellos listas de diferentes candidatos, y si cada una de estas listas se presenta en número igual, el resultado es que no hay elección. Cada lista puede ser sostenida por un tercio o menos de votantes; y como por la ley es esencial para que haya elección una mayoría sobre todos los votantes, ningún candidato es electo. Entonces se señala día para proceder a nueva elección. Me he asegurado de que la _intimidación_ en el sentido inglés de la palabra, es desconocida. Si se intentase causaría mucha alarma y sería resistida con buen éxito. El voto de cada hombre es conocido de su partido, y aunque cada individuo tiene en su poder medio de ocultarlo, pocos o nadie lo hacen. No hay conmoción ni excitación hostil en las elecciones.
“He hecho repetidas investigaciones sobre el mecanismo interno puesto en operación antes de las elecciones, y me han informado que es el siguiente: cada partido nombra comisiones en cada distrito para solicitar votantes. Conversan con ellos con respecto al mérito de los candidatos presentados en su _ticket_, a fin de persuadirlos a que vayan a votar por ellos. Los miembros ricos subscriben una suma de dinero para pagar los gastos de discursos, impresos, avisos, salones para los _meetings_, y aun carruajes para traer los enfermos a las mesas en cada elección. El número de votantes son la mitad o los dos tercios de todos los que tienen derecho de votar, a no ser en ciertas ocasiones de grande excitación, en que casi todos toman parte. Los abogados toman una gran parte en las elecciones; pero el clero y los médicos casi no se ocupan de esto. Pueden algunos individuos de entre aquellas profesiones hacerlo, pero éstas son excepciones de la regla general. Los que conocen los movimientos del mecanismo político en Inglaterra, reconocerán a este respecto la semejanza entre uno y otro país. Me han asegurado que en los Estados Unidos la urna no ofrece protección ninguna al votante. Sábese perfectamente por quién vota cada individuo; y no hay intimidación, porque el hombre que amenazase a otro con las consecuencias de votar en tal sentido, sería deshonrado públicamente. Los políticos consideran que nosotros, los ingleses, damos mucha importancia a la urna en Inglaterra, y me aseguran que ella no protege al votante como esperamos. Pero no conocen la condición de abyecta dependencia de muchos de los votantes ingleses, ni la violencia que se practica sobre sus conciencias; no comprendiendo la indulgencia con que son mirados en Inglaterra los intimidadores”.
_Elección en el Estado de Nueva York._ Hoy llegó a Boston la noticia de las elecciones de los miembros de la legislatura, gobernador, etc., de Nueva York:
“El partido _whig_ sacó a la plaza dos piezas de artillería de bronce pertenecientes al Estado, e hiciéronse salvas. Con tanta simultaneidad y presteza fueron disparados ambos cañones, que por lo pronto creí que era todo un parque de artillería. Preguntando cómo los cañones del Estado podían ser prestados para celebrar un triunfo de partido, se me dijo que estaban igualmente al servicio del partido opuesto cuando tenía alguna victoria que celebrar.
“Hoy visitamos a Salem, una ciudad marítima a cosa de 14 millas de distancia de Boston, más abajo de la bahía de la costa del Norte. Era día de elecciones en el Estado. Yo visité una de las mesas y encontré hombres a la puerta teniendo las listas de los candidatos rivales, y ofreciéndolas a cada votante en el acto de entrar. No sin dificultad pude persuadirles de que yo no era votante. El votante se presenta al secretario de la mesa y anuncia su nombre; búscase éste en el registro, se marca, echa el voto en la urna y se va. Todo se hallaba tranquilo, y sólo unos cuantos individuos estaban estacionados en el lugar de la votación, conversando y calculando las probabilidades.
“Las elecciones de Boston han sido publicadas, y a consecuencia de una escisión del partido _whig_ con motivo de la _licence-law_, aquel partido ha perdido por una gran diferencia. Por la ley, debe concurrir mayoría sobre el número de electores para que haya elección. Tres listas de candidatos se presentaron en las mesas. Una por los candidatos democráticos; otra por los _whigs_ que eran contra la _licence-law_ (ley prohibiendo vender aguardiente por menos cantidad de quince galones) y otra por los _whigs_, sin expresión de opinión alguna sobre aquella cuestión. Sólo aquellos individuos cuyos nombres se hallaban en ambas listas _whigs_ tuvieron mayoría sobre el número de votantes y fueron electos. Debe haber una nueva elección para los que tenían menos, y que no son electos por tanto.
“Espero con toda confianza que como el partido _whig_ ha triunfado en el Estado de Nueva York, propondrá y sancionará un _bill_ para que se establezca un registro de votantes en aquel Estado, en donde actualmente no sólo prevalece el sufragio universal (excluyendo pobres de solemnidad y difamados), sino que la calificación se hace en las mesas, circunstancia que ha conducido a las más groseras falsificaciones, y dado lugar a prácticas vergonzosas en la última elección, particularmente en la ciudad de Nueva York”.
“_Alborotos en Harrisburg._ Harrisburg, una villa a orillas del Susquehannah, cerca de ciento cinco millas de Filadelfia, es la capital política de la Pensilvania, en donde tiene sus sesiones la legislatura del Estado. La legislatura se reunió a principios de Diciembre; pero, a consecuencia de una disputa con respecto a un informe, dos _speakers_ fueron elegidos, y se organizaron dos cámaras de diputados. Esto se hizo tranquilamente. Sin embargo, cuando comenzó la sesión anual del Senado en la tarde del mismo día, estaba reunido un atropamiento con el intento de imponer a aquel cuerpo la marcha que había de seguir. El Senado postergó sus sesiones, y el atropamiento organizó una _comisión de salvación_, que dirigía sus procedimientos. El desorden reinó por algunos días sin que ninguna de las dos cámaras de la legislatura pudiese celebrar sesiones con regularidad. “La cámara ejecutiva, y el departamento de Estado fueron cerrados, dice el gobernador Ritner, y la confusión y la alarma prevalecieron en el asiento del gobierno”. La milicia fué convocada, y obedeció a la intimación. Su presencia sin derramar sangre, disipó todo lo que mostraba síntomas de violencia declarada, y bajo su protección los miembros de la legislatura quedaron en libertad de arreglar a su modo sus propias diferencias.
“Grande era la excitación, no sólo en Harrisburg, pues el asunto despertó por toda la Unión un vivísimo interés. Quien no esté habituado con el pueblo y las instituciones, se habría imaginado al recorrer los informes de los diarios, que había comenzado en Pensilvania una nueva revolución y una guerra civil; mas estas impresiones se desvanecen viendo las cosas de cerca. En cuanto me fué posible entenderlo, los motivos de la disputa eran los siguientes: Una enmienda importantísima a la Constitución del Estado había sido últimamente adoptada por el pueblo, la cual debía tener efecto el 1 de Enero de 1839. Debe tenerse presente que las recientes elecciones acababan de dar preponderancia al partido democrático en los tres ramos de la legislatura; y cuando el gobernador democrático Porter entró en funciones en Enero, hubo muchos cambios de empleados _whigs_ para instalar en su lugar a sus oponentes. Los partidos, sin embargo, están de tal manera contrabalanceados, que la lucha por el poder es de vida o de muerte, y no hay resorte legal y político que no se toque por el partido _whig_ para mantenerse en los empleos, y por los demócratas para expulsarlos. La sala de representantes se compone de cien miembros. De éstos hay electos sin disputa:
Miembros democráticos 48 Id. _whig_ 44 Mientras hay ocho asientos del condado de Filadelfia disputados y pretendidos por ambos 8 --- 100
“El condado (sin la ciudad) está dividido en diez y siete distritos, y cada distrito nombra una persona, en todo diez y siete individuos, cuyo deber es hacer el escrutinio de los votos. Los diez y siete jueces reunidos examinaron los votos, recibieron pruebas, oyeron consejos de ambas partes, y por una mayoría de diez votos contra siete desecharon los votos de los liberales del Norte, y prefirieron los ocho candidatos democráticos. Pasaron al secretario de Estado estos miembros, como debidamente electos. Según ellos, la forma legal de pasar el informe estaba llenada; a saber, dieron certificado de que las personas nombradas tenían el mayor número de votos para sus respectivos oficios, y que ellos, los jueces, los declaraban estar debidamente electos. La minoría, sin embargo, era de opinión que conforme a la ley, la mayoría de los diez y siete jueces había excedido sus poderes constitucionales, declarando quiénes eran los electos. Según su interpretación de la ley, los diez y siete eran meros oficiales ministeriales, cuyos deberes eran sólo de escribanos, y consistían en sumar el total de votos sufragados por cada candidato en su distrito, e informar de ello a los oficiales correspondientes. La ley no les da poder para desechar el voto de un distrito o de parte de un distrito. La minoría _whig_, por tanto, dió un certificado a los siete candidatos suyos, de conformidad a su manera de ver la ley, y lo despacharon inmediatamente al secretario de Estado, que era también _whig_. Este certificado llegó antes del de los demócratas, y cuando el último llegó, se negó aquél a recibirlo alegando que ya había recibido un informe, que era su deber presentar a la Sala, dejándole a ésta la incumbencia de obrar según lo creyese conveniente. Según la ley, los individuos que traen certificado de los oficiales que extienden el informe, toman sus asientos y votan hasta que sean desposeídos por un voto de la Sala, a petición de sus oponentes. Si estos siete _whig_ hubiesen entrado en la Sala de representantes y votado, habrían dado a su propio partido una mayoría temporal por lo menos, y bajo su ascendiente nombrado un _speaker_ (presidente), un secretario, y acaso un tesorero de Estado y un auditor, además de un senador del Estado de Pensilvania al Congreso de los Estados Unidos.
“El partido democrático, considerándose en posesión _bona fide_ de la mayoría de votos, y de haberse hecho un informe legal, no quería someterse a ser desposeído de sus ventajas, por lo que él designaba como un fraude _whig_; mientras que los _whig_, creyéndose tener certificados en regla, insistían por ocupar sus asientos hasta que sus oponentes obtuviesen una decisión de la Sala rechazando sus pretensiones.