Estudios sobre el amor · Unidad 40 de 49

Unidad 40 · Ei^TUDIOS SOBRE Eh AMOR TI

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

Ei^TUDIOS SOBRE Eh AMOR TI

inmediato, sin equivocarse nunca. Así se comprende la fábula de las "Mil y tres", que estfl muy lejos de ser exagerada.

Los que han nacido con el temperamento de Werthcr no comprenden a Don Juan. Los maridos burlados, por su parte, han inventado que el "miserable" no ama a sus "víctimas", a las mismas que siguen adorándole. Ese vocabulario es hipócrita y gira en torno de un falso distingo cualitativo entre el deseo y el amor, el sentimiento y la pasión, como si fuese nomlal amor sin deseo, pasión sin sentimiento, o viceversa. Hay diferencia, sin duda; pero no son de calidad, sino de duración. Don Juan ama al amor, y es por eso la antítesis del mujeriego vulgar, que ama a la mujer; Don Juan desea conquistar, el mujeriego gusta de poseer. El simple esclavo de los sentidos es un vicioso y está fuera del amor; basta reflexionar un minuto para comprender que por cada mil viciosos que gustan de poseer, sólo hay un seductor que se compromete por conquistar. Don Juan ama siempre, juega su vida a cada instante por el objeto de su amor ; éste cambia con f recuerfcia, es verdad, pero todos sus amores son apasionados y sinceros, aunque duren una hora. Don Juan, generoso con todas, no miente nunca cuando dice "te amo" son sus adoradoras, las que, por egoísmo, le invitan a mentir, preguntándole: "¿Jne amarás siempre?" ¿Siempre? ¿Por qué"? ¿Acaso la recíproca tendría sentido?

Don Juan es un amante voluble, pero es un amante. Su ensueño no es convertir el mundo en un serrallo y hacer de todas las mujeres sus odaliscas; anhela, cosa muy distinta, ser amado por todas las mujeres que ama, en el momento en que las ama. Su volubilidad podría ser una forma de galantería que le impide ser descortés con todas las mujeres para complacer el egoísmo de una sola. . .-

Los moralistas atartufados le critican mucho; en el fondo, no lo dudéis, más le envidian que le desprecian. Los que han contribuido a fijar su carácter en la literatura, lo han concebido como un hombre superior; por su ingenio y por su astucia, por su clase y por su fortuna, por su rebeldía moral, por su valor. Todas las cualidades que son llamadas vicios por los que no las poseen, están sumadas en el; de ellas depende en alto grado la irresistible fascinación que ejerce sobre las mujeres. A pesar de las convenciones morales y de la educación simuladora de cada cien mujeres ilustradas hay noventa y nueve que se sienten atraídas con violencia por el hombre expe-