Fábulas en verso castellano y en variedad de metros · Unidad 91 de 136

Unidad de lectura 91

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pero fuera de estos y otros casos análogos, cuya oportunidad pueden decidir solamente la sensibilidad y el Buen Gusto, debe ser siempre la variedad la -que reine como soberana en los sonidos constitutivos de cada verso, reser^ vándose la asonancia para el solo final de los versos pares del romance, y la consonancia para el final también délos demás, ó para sus cesuras en ocasienes, según más adelante veremos, en los términos que la exijan las distiritas combinaciones métricas. Por lo demás, entre esos casos análogos, puede, por ejemplo, contarse el verso ya citado: Lloraba la tardanza amarga y fiera, y el repetido juego del eja de esta quintilla de Campoamor, Poeta en verdad de los que más honran nuestro Parnaso con temporáneo:

¡Qué regaladas dulzuras La queja en el alma deja De aquellas tórtolas puras. Pues se dicen mil ternuras Para decirse una queja (1)!

(1) A ese juego se da el nombre de retruécano, y donde suele sentar mejor es en la Poesía festiva; pero se necesita no abusar de él, si ha de producir buen efecto. En el siguiente epigrama de Villergas, Poeta de gran chispa sin duda, pero cuyos ataques al prójimo no deberán servirle á V. de norma, si algún día por mal de sus pecados se lanza á Poeta satírico, está usado con oportunidad el retruécano de que se trata:

Tu tez, Geroma, es carcoma; No tienes (líenles ni muelas; Eres calva, tuerta y roma, V Iiny le h;in nacido viruelas: ¡Buena quedarás, Geroma!

Pero ya se descubre más el artificio, y por lo tanto no es tan aceptable en

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J. — Bonita quintilla on verdad! ¿Hay algunos otros sonidos que deban» evitarse en la versificación, no siendo en casos excepcionales como los a

que V. -ical, a de referirse?

A. — Como el verso es tan delicado, ofende en él cuanto de cualquier manera quesea haga descuidado al Poeta en lo relativo á la música que tomo Canto unte MUS C08ÜSt debe siempre caracterizarle. Sé que habrá quien le llameé V. clásico en tono de irrisión y «le mofa, si es V. muy rígido en esto; pero no haga V*. easo de tales ladridos, y tributando muy en buen hura el culto debido á la idea, ríndalo V. también no menor á la forma que debe revestirla, pues solo adunando ambas cosas escomo el Poeta es Poeta. Hoy exije de él nuestro siglo más saber y más fondo que antes, y con rozOD á mi modo de ver, porque el siglo también sabe más, aunque mucho demalopor desgracia, y porque la barquilla de la imaginación se expone á perderse en las nubes, si no lleva algún peso por lastre; pero no por eso le impone el sacrificio de la belleza como medio d-e llegar á su fin. La Poesía no es Poesía sino cercada desús encantos todos pues como dice muy bien Arriaz A.,

Ostentar la veraz filosofía Tan severa cual es, no está á su cargo, Sino sus puntas revestir de ¡lores, Y ron la miel disimular lo amargo.

Fu su consecuencia, si V. me cree, procurará evitaren sus versos los defectos de que ahora voy á hablar, compensándolos con grandes bellezas cuando á pesar de su esmero en este punto, no le sea posible alguna vez emanciparse de algunos de ellos.

l.° Emplear muchos monosílabos ó bisílabos seguidos, entendiéndose estos últimos cuando estén todos acentuados en la primera ó en la segunda sílaba, como sucede en los ejemplos siguientes:

Tal sed, gran Dios, me das, que desfallezco.

Múndo trhte, ¡cómo sabes Darnos siempre penas gráves!

este otro fjue al autor se Je ocurre ahora, á falla de otro ejemplo mejor: Compró un gato el pobre Bato, Para que le hicieran plato Sus ratones á millones; Y una noche los ratones Se le comieron el gato.

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Aquí no hay semejanza de sonidos inmediatos, sino elevaciones y depresiones de voz muy próximas y enteramente ati ti-musicales, como ya sabe V. por lo dicho al hablar del compás y de la cadencia. Los casos en que puede ser belleza ese anhélito ó especie de anhélito que producen tales, elevaciones y depresiones, también los sabe V. por lo que allí se ha dicho, ó por lo menos se halla en camino de poder adivinarlos por sí.

2.° Reunir palabras cuyas vocales coincidan las unas con las otras de un modo que produzca el kiatus á que también nos hemos referido al ha"' blar del silabeo métrico. De ese vicio esencialmente anti-melódico adolecen ios tres versos siguientes:

Hablaré, aunque auguréis mi triste muerte.

Siempre serás ingrata é inconstante.

A Abraham llamaba Agar; á Abraham llamaba.

En lo tocante á este verso último, horrible por suaaa no interrumpido* salvo solo por las letras consonantes, no cabe ni por sueños la excepción á que antes me he referido al hablar del uo y del 00 de Herrera, aun cuando se quiera suponer que Agar abría un palmo de boca cuando estaba liamanda á su esposo.

3.° Convertir en diptongos los vocales que no lo son ni lo pueden ser sino á expensas de la fluidez que á nuestro idioma caracteriza, vicio de que también se habló ya al tratar del silabéo indicado, pero que hoy se generaliza mucho, aun cuando viene de tiempos anteriores. Dígalo, sino, Bernardo de Balbuena, cuyos son los cuatro versos que siguen, entre otros mil de no mejor calaña que de él se podrían citar:

Pelearon con crueldad ambos corsarios. Las islas Eolias donde el raudo viento. Deseo, pues ya como solía, no puedo. D¿ humana ambrosia celestial tesoro.

Si fuera permitido chancearse cuando de tales cosas se trata, diría ya que aun haciendo gracia de los bisílabos cruel-dad y EÓ-Ua$ y del trisílabo pe-lea-ron, que solamente porque quiere el P0e-/a(noel Vo-c-la como Dios manda) figuran como tales en los dos primeros versos, noes posible

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sufrir en el tercero ni cide-se) ni el so-lia que lo afrentan, diga lo que quiera después la Doña Ambrosia del verso último, en quien el Versificador ha venido :\ convertirla ambrosia ó manjar de los Dioses, por no poder ñamarla am-bro- lid, acentuándolo en la última sílaba (1).

I. — Kstá v. cáustico ' "in.) un demonio siempre que habla de esas violentai contraeeiones.

A — Me dan muy mal rato los que las usan, sobre todo cuando por otra parte son Poetas dignos «l»1 tal nombro, y necesito desahogarme un poco. Por 1" demás, aun hay Otros muchos sonidos que todo buen oído reprueba cuando de los versos so trata; y por lo tanto deberá V. evitar también:

Hacer uso de sinalefas en que la unión de dos ó mas vocales haga duro y Aspero al verso, 6 afecte de tal modo á su consonancia, que le dé mido distinto del que deba tener, como si dijéramos (y no falta quien «liga cosa análoga):

(1) Balbi i . n \ es un Poeta descuidadísimo; pero en medio de sus grandes aberraciones en iodos sentidos, tiene bellezas de primer orden, sembradas como otros tantos diamantes de superior valia en la harto inferior urdimbre y contentura de su Epopeya. Rara vez se citarán de él tres ó cuatro octavas seguidas queno ofrezcan graves motivos de censum; pero acaso tea mas raro no hallar en ellas alguna expresión, algún giro, algún rasgo de Ingenio de los que mas pueden honrar á un Poeta, lié aquí seis magníficos versos que constituyen casi toda una octava de las primeras de su Bernardo; versos que expresan de un modo admirable todo el estro en que entonces hervía su alma, exhuberante de inspiración: ¿Por dónde abriré senda á los portentos

Que estos siglos sembraron por el mundo?

¿En cuáles casos, sobre cuáles cuentos

Mi estéril verso volveré fecundo?

De esta antigua preñez de pensamientos,

¿Cuál el primero haré? ¿cuál el segundo? Si Balblewa hubiera escrito siempre asi, ¿qué Poeta podría contraponérsele? Oigamos ahora la conclusión de esa octava, y se nos caerá el alma a los piés, al ver tan mal sostenido por el Gusto aun hombre ¿an dolado de Génio:

¿Qué empresa, qué valor, qué brio, qué saña ti discurso guiará de esta hazaña?

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Fui al balcón y grité: «falso, mentira!» Lleno de enojo, de furor y de ira.

Aquí es tan dura la sinalefa fui al, que no puede soportarla el oido, ■mientras la consistente en el de ira no ofrece dificultad ciertamente; pero en cambio desnaturaliza el sonido del ira en términos de convertirlo casi en eirá, más apropósito para rimado con Beira ó Labandeira, por ejemplo, que no con la palabra mentira. Para ser, pues, un poco pasables esos versos, deberian desaparecer de ellos tanto la una como la otra sinalefa, diciendo v. gr. de este modo:

Lleno de enojo, de furor, de ira, Grité desde el balcón: falso, mentira!

Otras observaciones podria hacer yo aquí sobre ese mismo particular, así como sobre el vicio consistente en la mala colocación de ciertos acentos; pero eso corresponde á otro lugar, y así concluiré esta materia, diciendo á V. que es también, defecto imperdonable en el Versificador bajo el punto de vista musical,

6.° y último. Todo lo que de cualquier manera que sea constituya cacofonía, ó sea encuentro ó repetición frecuente de unas mismas sílabas y aun letras, si no hay por otra parte alguna causa que justifique la tal repetición. El gran Quintana que entre todos nuestros Poetas es indudablemente el más rítmico y el que más armoniosos sonidos ha sacado de la •lira española; Quintana á quien por esa razón deberá V. leer dia y noche, al modo que los Poetas romanos leian sin cesar á los griegos; Quintana, •digo, encuentra reprensible el fa, fe, /idel siguiente verso, último de un soneto debido á Lupercio Leonardo de Argensola:

Que todo es fácil si en la fé se fia.

Tal vez haya quien ¿rea demasiado rígido semejante modo de ver, puesto que aun el mismo Quintana no ha pjdiclo evitar el ma mo men ni el to tu que se encuentran en este otro verso con que empieza su magnífica composición al Mar:

Calma un momento tus soberbias ondas;

pero no obstante, nunca será sobrado el esmero que se ponga en evitará todo trance semejantes sonidos cacofónicos, toda vez que si desagradan aunen la prosa, mucho más han de ofender en el verso. ¿ Quién soportará «n consecuencia ni uno solo de lo. siguientes renglones?

Sabi r ipierin su suprema suerte

Aun antes de mirarte te temía.

Con constancia háeia Uva caminando.

fio lante el carro rechinando choca.

De coraje rugió ronco Rncjicro.

.1 — Sin embargo, yo he visto citar como ejemplo de armonía imitativa olma varaos que se parecen á esos dos últimos, v. gr.:

La abeja susurrando.

El trueno horrisonante retumbando.

A. — l's verdad; pero si V. lo observa bien, las ss y las rr de esos dos versos, aunque algo rebuscadas, no se hallan tan intencionalmente repetidas como las rr, las jj y las ch ch de los otros á que V. alude. Todo exceso es reprensible siempre, y además los grandes Poetas no necesitan recurrir á esos medios, en que tan transparentemente sedescubre el arte, para producir sus efectos. Velándolo un poco no más, ha dicho Herrera, pongo por ejemplo:

Rompa él cielo en mil rayos encendido, y con pavor horrísono cayendo, Se despedace en hórrido estampido;

por » por notables que sean esos versos, y lo son mucho sin duda alguna, no lo son tanto á mi m atiera de ver, como estos otros de Qcintana, el más rítmico, como ya he dicho á V, de todos nuestros Poetas:

Y truena al fin con la espantable saña

De nube que se rompe

Con estruendo fragoso en la montaña.

J. — Notable ejemplo verdaderamente! En él se escucha rodar el trueno, cual si el Poeta lo trasportára desde los espacios celestes á esos tres versos que lo reproducen de la manera más admirable.

A —Y del modo más espontáneo alparecer, podriaV. añadir, puesto que on ellos no se vé al Poeta afanado en buscar rr fuertes para conseguir su pr «pósito. El primer secreto del arte, es ocultarlo todo lo posible.

J.— No lo olvid iré por mí parle; mas ya que de sonidos hablamos, ¿no le

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parece á V. que deberían desaparecer de nuestro bellísimo idioma ciertas letras desabridas y ásperas, entre ellas la / y la G fuerte, por su sonido gutural é ingrato?

A. — Yo no soy de ese modo de ver. Esas dos letras que en realidad son una sola, aunque pintada de dos maneras, constituyen con otras fuertes ^odó el brío y energía de nuestra lengua, sin que por e o nos veamos precisados á usarlas sino de vez en cuancft), y aun así para dar vida y alma tanto á nuestra prosa como á nuestros versos, los cuales pecarían de afeminados por la dulzura de las demás voces, sin ese indispensable auxiliar. Asi tuviéramos menos monosílabos y menos ss de las que por precisión tenemos que usar casi constantemente, so pona de no poder escribir sino alguno que otro renglón en que no entren los unos ó las otras; y nada tendríamos que envidiar entonces á ninguna lengua del mundo bajo elpun- "¿o de vista musical. Aun así, ¿dónde está el idioma que entre los vivos exceda al castellano ni en esa cualidad envidiable , ni en magestad ni en magnificencia? El italiano es mucho más dulce, pero también más empalagoso, distando mucho, aun en su mayor flexibilidad, de rivalizar con la pompa y con el tono augusto del nuestro. Oh! si la Zarzuela algún dia lie— gi á dar su último fruto produciéndola Ópera española, entonces verá V. hasta qué punto es afrentoso para nosotros consentir que, además de su música, nos imponga la Italia su lengua para servir de intérprete al canto, cual si no hubiera en nuestra Poesía medios de hacer lo mismo y aun n ás que con la italiana se hace. Para obtener ese resultado, se necesita, es cierto, estudiar el mecanismo de nuestra versificación en sus aplicaciones a la Música, con más empeño del que generalmcnty han empleado nuestros Poetas, los cuales han escrito sus versos para ser recitados á compás métrico, más bien que no para ser cantados á compás músico, siendo muy raras en consecuencia aun las composiciones de versos cortos en que se observe la acentuación que el Arle musical exije de ellos para atraérselos y asimilárselos. Empecemos, pues, ya nosotros á analizar ese mecanismo en cada especie ó clase de versos, puesto que lo dicho hasta aquí está relacionado con la generalidad de los mismos, más bien que con las naturales exigencias de cada metro en particular.

J. — Gracias á Dios! Por fin hemos llegado á eso que tanto anhelaba yo <lesde el principio de nuestro diálogo.

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