Fábulas en verso castellano y en variedad de metros · Unidad 92 de 136

Unidad 92 · CAPITULO VIII.

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CAPITULO VIII.

DE l kS DISTINÍAS ESPECIES DE VERSOS, Y DE SUS VÁHIAK COMBINACIONES MÉTRICAS.

MICCION PRIMERA.

De los versos bisílabo, trisílabo y cuadrisílabo.

\ — por deferir al misto de V., ya que tonto he tardado en complacerle,, comenzaré á hablar de cada una de nuestras distintas especies de verso» comenzando por los más cortos.

J. — Y así en realidad debe hacerse, puesto que exije siempre el buen método dar principio por lo más sencillo, para ir después gradualmente intrincándonos en lo más complicado.

\ — S;n embargo, no deja de ser raro comenzará analizar versos dando principio por los que no lo son, aunque tengan el nombre de tales.

j. — ¿pues de qué versos va á hablarme V?

A — Ante todo del que V. queria que me sirviera para ese comienzo; es decir, del

VERSO BISILABO.

j — pues ó yo estoy muy equivocado, ó está escrita en ese género de metro la Fábula de V. Flacos y Gordos.

A. — Con efecto: en ese metro está escrita, salvo solo en su parte final; pero yo mismo me he reido de él, como V. observará allí, puesto que no merece la pena de ensayarse sino como cosa de juego. Para las observaciones que tenemos que hacer sobre él, copiaré aquí la primera estrofa do la Fábula á que V. alude, marcando en ella, ademas délos acentos, las comas métricas que necesitaría para ser un conjunto de ocho versos;

¿Cómo* Vive' Gordo* Paco' Mientras' Boque' Se halla Flaco'!

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J. — Ahora veo que no ha sido inútil el trabajo que V. se ha tomado en predicarme sobre el compás y sobre todas las demás cosas que están relacionadas con él, puesto que esas comas y acentos me indican que yo puedo ahora dividir esos versos de este modo, para llevarlos á compás uniforme, y a dobles tiempos como V. dijo, empleando como una mitad y un poquito más en cada dos sílabas, y como otra mitad menos otro poquito en cada silencio (1):

¿Cómo ' i Vive' I Gordo * \ Páco, \ Mientras" | Roque' \ Sehálla' | Flaco*! |

A. — Así es como V. lo dice, pues solamente de esa manera podrá convencerse el oido de que es verso cada renglón, si es que pueden dos solassílabas constituir ni aun renglón siquiera. Por lo demás, obsérvelo V. bieni todos esos pretendidos versos cumplen de la manera que pueden con las. condiciones de tales, en cuanto siendo todos ellos llanos y constando de dos sílabas solas, tienen siempre su acento en la primera, ya natural como en la mayor parte de las casillas, ya artificial como en el mien de mientras. Eso indica por consiguiente que la frase música de cada uno termina en dicha primera sílaba; ¿pero qué frase puede ser esa, cuando lo más que hace es empezar allí mismo donde da fin?

J. — En efecto: no se concibe que haya frase musical en un verso con un solo acento y no más, cuando ese acento precisamente viene á afectar á su primera sílaba.

A. — Pues vea V. ahí ya una razón para no dar el nombre de verso al bisílabo de que se trata, debiendo V. agregarle ahora otra que no es menos decisiva, yes su completa falta de cadencia, pues mal puede tenerla con un solo acento, cuando esta exije por lo menos dos.

J. — En cuanto á eso, perdone V.: yo hallo alguna cadencia en esos versos, aunque amanerada y monótona, puesto que juegan de dos en dos sílabas el acento agudo y el grave, al menos en los cuatro primeros.

A. — Es verdad; mas para que eso suceda, necesita siempre cada uno de ellos el auxilio de otro ú otros que inmediatamente le sigan, y eso mismo le prueba á V. que el verso en cuestión no es tal verso, sino hemistiquio

(1) En su ignorancia del arte filarmónico, tiene el joven det dialogo que expresarse con vaguedad relativamente á este punto; y es preciso dejarle hablar asi pues, nada hará el autor con decirle loque no ha de poder entender y in saber antes en toda regla el valor de los signos músicos.

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l$¡ cuñdriiilúbo\ ei decir, Bienio verso de cuatro silabas, puesto que solo i uní. ni. los,* de ellos, puedo lew c cada verso que resulte condiciones de cadencia en si propio.

J. — G invengo con V, en que es así; pero entonces, ¿porqué ha escrito V en ose sendo metro lo Fábula á que m° he referido?

\ — Porque ;d rabo lisura cuno verso en la Metrificación castellana, y no debi i yo desdeñarme de hacer lo que otros lian hecho, no rallando como no lailán Poetas de gran nombradla, y muy merecida por cierto, que han pecurrido á él en ciertos rases, aunque solo inciden tal miente, como nuestro Z »kriu, \. \ . gr., c uando dice en Un testigo de bronce

Parda {

¡Silbo * Tarda 1 Sübc.

Sin embargo, se cansa luego de él, como con menos justificado motivo le sucede otras veces al insigne Poeta de que se trata, cuando en ocasiones Be entrega a* su sistema de variar los metros según su cnpricho le dicta; nuda que se generalizó entre nosotros cuando nos invadió completamente la calen lú ra del romanticismo. La escuela conocida con este nombre nos ha á decir verdad, un gran número de cosas buenas; mas también nos las trajo muy malas, entre ellas una más que mediana perversión en ciertas ideas, un desden injustificable en lo que hace relación á ciertas 5, y una muy regular anarquía en maleria de versificación. Por lo demás, volviendo al verso bisílabo, no ha sido usado generalmente por los Poetas que han echado mano de él, sino como pié puramente; y pié es solo si V lo mira bien, y como tal lo volveré á citar cuando les llegue su turno .i las coplas que se llaman do pié quebrado.

J. — Entonces no habrá en ese metro ni sonó- finales ni esdrújulos.

A. — Puede haberlos si el Poeta se empeña en hacer pasar por verso al bisílabo; ¿pero qué diablos ha de poder hacer con una triste sílaba, único v pelado recurso que le ofrece el sono-fmaU Prorumpir á lo sumo en alguna exclamación como esta:

¡Áy < Dios! ¡Qué ' Tosí

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-ó dirigirse á un objeto cualquiera, tal, por ejemplo, como una campana y apostrofarla por este estilo:

Din' Dan, Din ' Don: Tal '

J. — Dice V. bien: muy pobre cosa es eso; y aun así se necesita inventar una porción de silencios i'alsos para hacer de cada monosílabo un menos que Tom-Pouce de verso. ¿Porqué no le hace V. creer un poco, recitando algún bisílabo esdrújulo? Tal vez con él pueda hacerse más.

A. — ¡Ay amigo, y qué poco sabe V. que por alejarnos de Scila, vamos ahora á dar en Caríbdis! ¿De qué ha de poder servirnos el tal trisílabo esdrújulo (caso de haber tal verso, que no le hay), si las tres sílabas que nos presente no han de darnos completa una sola oración, salvo cuando haciendo uso del verbo recurramos á los afijos? Solamente de esa manera podría v. gr., decirse:

Pégale, Brígida: Muéstrate ' Rígida.

J. — rúes mire V., sin que yo le niegue que sea en efecto difícil esdrujuIcar en metro tan corto, creo al menos no haberme engañado al augurar que esas tres silabitas darían algo parecido á verso.

A. — Y versos hay efectivamente en esos cuatro cuasi-renglones; mas no -cuatro bisílabos esdrújulos, como V. se está figurando, sino dos pentasílabos de la misma clase, según tendré ocasión de demostrarle cuando lleguemos á esa otra especie de metro. Por lo demás, convenga V. conmigo en que solo el bisílabo llano se nos presta un poco hasta ahora á poder hacer algo con él-, y aun así á costa de alguna cacofonía, tal como el cómo comen que verá V. en la segunda estrofa de mi tentativa de Fábula, ó de algún ripio tal como el tacos en que tropezara más adelante, con otras cosas por el estilo.

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J. — Tal ves Rubiera sido más acortado hacer jugar on olla ol verso llano* combinado con <-i tono-final á fin «lo hacerla un pooo más variada. ¿Cabo rato on al vano bisílabo, merezca »'» no merezca tal nombro?

A. — ¿Pues no ha ti*1 caber? Oiga V.:

Muchos i Gatos 1 Tiene ' Jilas: Pero ' Halas, Tiene < Mas.

Esto, empero, es perder el tiempo entreteniéndonos en fruslerías; y así tonga V. la bondad de no hacerme nuevas preguntas en lo que á ese metro, concierno, no soa que si imprimo este Diálogo (como sin duda lo imprimir.'-, puos nos I.» está tomando un Taquígrafo), tire alguno de nuestros lecKores esta Métrica por la ventana, diciendo en seudo-versos bisílabos liauo-emlrüjnlo-sono finales'

Libros *

Uliles£ Leo ' Yo:

Obras 1 Fútiles, Éso ' ATó.

.1. — Pues miro V.: á mí se me figura que si no hubiera de vez en cuando algnna que otra cosa ligerita en una materia tan árida y tan pesada como I- es esta, correría más riesgo aún el Tratadilo que nos ocupa.

A. — Tratadilo quería hacerlo yo; pero vino á ayudarme V., y me lo ha convertido en Tratadazo. — Pasemos al