Fábulas · Unidad 6 de 24

LIBRO TERCERO

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

FÁBULA PRIMERA

El Águila y el Cuervo.

Á DON TOMÁS DE IRIARTE

En mis versos, Iriarte, Ya no quiero más arte, Que poner á los tuyos por modelo. Á competir anhelo Con tu numen, que el sabio mundo admira, Si me prestas tu lira, Aquella en que tocaron dulcemente _Música_[143] y _poesía juntamente_. Esto no puede ser: ordena Apolo Que digno solo tú[144], la pulses solo. ¿Y por qué solo tú? ¿Pues cuando menos No he de hacer versos fáciles, amenos, Sin ambicioso ornato? ¿Gastas otro poético aparato? Si tú sobre el Parnaso[145] te empinases, Y desde allí cantases: _Risco tramonto de época altanera_, Góngora[146] que te siga, te dijera; Pero si vas marchando por el llano, Cantándonos en verso castellano Cosas claras, sencillas, naturales, Y todas ellas tales, Que aun aquel que no entiende poesía Dice: _Eso yo también me lo diría_[147]; ¿Por qué no he de imitarte, y aun acaso Antes que tú trepar por el Parnaso? No imploras las Sirenas, ni las Musas Ni de númenes usas, Ni aun siquiera confías en Apolo. Á la naturaleza imploras sólo: Y ella sabia te dicta sus verdades. Yo te imito: no invoco á las deidades; Y por mejor consejo, Sea mi sacro numen cierto viejo; Esopo digo. Díctame, machucho[148], Una de tus patrañas, que te escucho. Una Águila rapante, Con vista perspicaz, rápido vuelo, Descendiendo veloz de junto al cielo, Arrebató un Cordero en un instante. Quiere un Cuervo imitarla: de un Carnero En el vellón sus uñas hacen presa: Queda enredado entre la lana espesa, Como pájaro en liga prisionero. Hacen de él los pastores vil juguete[149], Para castigo de su intento necio. Bien merece la burla y el desprecio El Cuervo que á ser Águila se mete. El Viejo me ha dictado esta patraña, Y astutamente así me desengaña. Esa facilidad, esa destreza Con que arrebató el Águila su pieza, Fué la que engañó al Cuervo, pues creía Que otro tanto, á lo menos, él haría. Mas ¿qué logró? servirle[150] de escarmiento. _Ojalá que sirviese á más de ciento Poetas de mal gusto inficionados_: Y _dijesen_, _cual yo desengañados, El Águila eres tú, divino IRIARTE; Yo no pretendo más sino admirarte: Sea tuyo el laurel, tuya la gloria, Y no sea yo el Cuervo de la historia_.

FÁBULA II

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Los Animales con peste.

En los montes, los valles y collados[151] De animales poblados, Se introdujo la peste[152] de tal modo, Que en un momento lo inficiona todo. Allí donde su corte el León tenía, Mirando cada día Las cacerías, luchas y carreras De mansos brutos y de bestias fieras, Se veían los campos ya cubiertos De enfermos miserables y de muertos. --Mis amados hermanos, Exclamó el triste rey, mis cortesanos, Ya véis que el justo cielo nos obliga Á implorar su piedad, pues nos castiga Con tan horrenda plaga: Tal vez se aplacará con que se le haga Sacrificio de aquel más delincuente, Y muera el pecador, no el inocente. Confiese todo el mundo su pecado: Yo cruel, sanguinario, he devorado Inocentes corderos[153]; Ya vacas, ya terneros; Y he sido á fuerza de delito tanto[154] De la selva terror, del bosque espanto. --Señor, dijo la Zorra, en todo eso No se halla más exceso Que el de vuestra bondad, pues que se digna De teñir en la sangre ruin, indigna De los viles cornudos animales, Los sacros dientes, y las uñas reales.-- Trató la corte al rey de escrupuloso: Allí del Tigre, de la Onza y Oso Se oyeron confesiones De robos y de muerte á millones; Mas entre la grandeza, sin lisonja, Pasaron por escrúpulos de monja[155]. El Asno, sin embargo, muy confuso Prorrumpió:--Yo me acuso Que al pasar por un trigo este verano, Yo hambriento y él lozano, Sin guarda, ni testigo, Caí en la tentación, comí del trigo. --¡Del trigo! y ¡un Jumento! Gritó la Zorra, ¡horrible atrevimiento! Los cortesanos claman:--Éste, éste Irrita al cielo, que nos da la peste. Pronuncia el rey de muerte la sentencia, Y ejecutóla el Lobo á su presencia. _Te juzgarán virtuoso, Si eres, aunque perverso, poderoso;_ _Y aunque bueno, por malo detestable_ _Cuando te miran pobre y miserable._[156] _Esto hallará en la corte[157], quien la vea;_ _Y aun el mundo todo ¡Pobre Astrea!_

FÁBULA III

El Milano enfermo.

Un Milano, después de haber vivido Con la conciencia peor que un forajido, Enfermó gravemente. Supuesto que[158] el paciente Ni á Galeno ni á Hipócrates leía, Á bulto conoció que se moría. Á los dioses desea ver[159] propicios, Y ofrecerles entonces sacrificios Por medio de su madre, que afligida Rogaría sin duda por su vida. Mas ésta le responde:--Desdichado, ¿Cómo podré alcanzar para un malvado De los dioses clemencia, Si, en vez de darles culto y reverencia, Ni aun perdonaste á víctima sagrada En las aras divinas inmolada? _Así queremos, irritando al cielo, Que en la tribulación nos dé consuelo._

FÁBULA IV

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El León envejecido.

Al miserable estado De una cercana muerte reducido, Estaba ya postrado Un viejo León del tiempo consumido: Tanto más infeliz y lastimoso, Cuanto había vivido más dichoso[160]. Los que cuando valiente, Humildes le rendían vasallaje, Al verlo decadente, Acuden á tratarle con ultraje; Que, como la experiencia nos enseña, Del árbol caído todos hacen leña. Cebados á porfía, Le sitiaban sangrientos y feroces. El Lobo le mordía; Tirábale el Caballo fuertes coces; Luego le daba el Toro una cornada[161]; Después el Jabalí su dentellada. Sufrió constantemente Estos insultos; pero reparando Que hasta el Asno insolente Iba á ultrajarle, falleció clamando: --Esto es doble morir: no hay sufrimiento, Porque muero injuriado de un Jumento[162]. _Si en su mudable vida_ _Al hombre la Fortuna ha derribado_ _Con misera caída_ _Desde donde lo había ella encumbrado;_[163] _¿Qué ventura en el mundo se promete,_ _Si aun de los viles llega á ser juguete?_

FÁBULA V

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La Zorra y la Gallina.

Una Zorra cazando, De corral en corral iba saltando Á favor de la noche en una aldea. Oye al Gallo cantar: «¡maldito sea!» Agachada, y sin ruido, Á merced del olfato y del oído, Marcha, llega, y oliendo á un agujero[164], «Éste es», dice; y se cuela al gallinero[165]. Las aves se alborotan, menos una, Que estaba en cesta como niño en cuna, Enferma gravemente. Mirándola la Zorra astutamente, La pregunta:--¿Qué es eso, pobrecita? ¿Cuál es tu enfermedad? ¿tienes pepita[166]? Habla: ¿cómo lo pasas, desdichada? La enferma le responde apresurada: --Muy mal me va, señora, en este instante; Muy bien, si usted se quita de delante. _¡Cuántas veces se vende un enemigo,_ _Como gato por liebre,_[167] _por amigo!_ _Al oír su fingido cumplimiento,_ _Respondiérale yo para escarmiento:_ _Muy mal me va, señor, en este instante;_ _Muy bien, si usted se quita de delante._

FÁBULA VI

La Cierva y el León.

Más ligera que el viento[168] Precipitada huía Una inocente Cierva De un cazador seguida. En una obscura gruta, Entre espesas encinas, Atropelladamente Entró la fugitiva. Mas ¡ay! que un León sañudo, Que allí mismo tenía Su albergue, y era susto[169] De la selva vecina, Cogiendo entre sus garras Á la res fugitiva, Dió con cruel fiereza Fin sangriento á su vida. _Si al evitar los riesgos La razón no nos guía, Por huir de un tropiezo Damos mortal caída._

FÁBULA VII

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El León enamorado.

Amaba un León á una Zagala hermosa: Pidióla por esposa Á su padre pastor urbanamente. El hombre temeroso, mas prudente, Le respondió:--Señor, en mi conciencia[170], Que la muchacha logra conveniencia; Pero la pobrecita[171], acostumbrada Á no salir del prado y la majada, Entre la mansa oveja y el cordero, Recelará tal vez, que seas fiero. No obstante, bien podremos, si consientes, Cortar tus uñas, y limar tus dientes; Y así verá que tiene tu grandeza Cosas de majestad, no de fiereza. Consiente el manso León enamorado, Y el buen hombre le deja desarmado. Da luego su silbido: Llegan el _Matalobos_ y _Atrevido_, Perros de su cabaña; de esta suerte Al indefenso León dieron la muerte. _Un cuarto[172] apostaré á que en este instante_ _Dice, hablando del León, algún amante,_ _Que de la misma muerte haría gala,_ _Con tal que se la diese la zagala._ _Deja, Fabio, el amor, déjalo luego;_ _Mas hablo en vano, porque siempre ciego,_ _No ves el desengaño,_ _Y así te entregas á tu propio daño._

FÁBULA VIII

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Congreso de los Ratones[173].

Desde el gran _Zapirón, el blanco y rubio, Que, después de las aguas del diluvio, Fué padre universal de todo gato_, Ha sido _Miauragato_[174] Quien más sangrientamente Persiguió á la infeliz ratona gente[175]. Lo cierto es, que obligada De su persecución la desdichada, En _Ratópolis_[176] tuvo su congreso. Propuso el elocuente _Roequeso_[177] Echarle un cascabel, y de esa suerte Al ruido escaparían de la muerte. El proyecto aprobaron uno á uno. ¿Quién lo ha de ejecutar? eso ninguno. --Yo soy corto de vista, yo muy viejo, Yo gotoso, decían. El consejo Se acabó como muchos en el mundo. _Proponen un proyecto sin segundo:_ _Lo aprueban. Hacen otro: ¡qué portento!_ _¿Pero la ejecución? ahí está el cuento._

FÁBULA IX

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El Lobo y la Oveja.

Cruzando montes y trepando cerros, Aquí mato, allí robo, Andaba cierto Lobo, Hasta que dió en las manos de los perros. Mordido y arrastrado Fué de sus enemigos cruelmente: Quedó con vida milagrosamente, Mas inválido al fin y derrotado. Iba el tiempo curando su dolencia, El hambre al mismo paso le afligía; Pero, como cazar aun no podía, Con las hierbas hacía penitencia. Una Oveja pasaba, y él la[178] dice: --Amiga, ven acá: llega al momento: Enfermo estoy, y muero de sediento[179]: Socorre con el agua á este infelice[180]. --¿Agua quieres que yo vaya á llevarte? Le responde la Oveja recelosa; Díme pues una cosa: ¿Sin duda que será para enjuagarte, Limpiar bien el garguero, Abrir el apetito, Y tragarme después como á un pollito? ¡Anda, que te conozco, marrullero! Así dijo, y se fué; si no, la mata. _¡Cuánto importa saber con quien se trata!_

FÁBULA X

El Hombre y la Pulga.

--Oye, Júpiter sumo[181], mis querellas, Y haz, disparando rayos y centellas, Que muera este animal vil y tirano, Plaga fatal para el linaje humano; Y si vos no lo hacéis, Hércules sea Quien acabe con él y su ralea[182]. Éste es un Hombre que á los dioses clama, Porque una Pulga le picó en la cama, Y es justo, ya que el pobre se fatiga, Que de Júpiter y Hércules consiga, De éste, que viva despulgando sayos; De aquél, matando pulgas con sus rayos. _Tenemos en el cielo los mortales Recurso en las desdichas y los males; Mas se suele abusar frecuentemente, Por lograr un antojo impertinente._

FÁBULA XI

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El Cuervo y la Serpiente.

Pilló el Cuervo dormida á la Serpiente, Y al quererse cebar en ella hambriento, Le mordió venenosa. _Sepa el cuento Quien sigue á su apetito[183] incautamente._

FÁBULA XII

El Asno y las Ranas.

Muy cargado de leña un Burro viejo, Triste armazón de huesos y pellejo, Pensativo, según lo cabizbajo, Caminaba, llevando con trabajo Su débil fuerza la pesada carga. El paso tardo, la carrera larga, Todo al fin contra el mísero se empeña, El camino, los años y la leña. Entra en una laguna el desdichado, Queda profundamente empantanado[184]. Viéndose de aquel modo, Cubierto de agua y lodo, Trocando lo sufrido[185] en impaciente, Contra el destino dijo neciamente Expresiones ajenas de sus canas. Mas las vecinas Ranas, Al oír sus lamentos y quejidos[186], Las unas se tapaban los oídos, Las otras, que prudentes lo escuchaban, Reprendíanle así, y aconsejaban: «--Aprenda el mal Jumento Á tener sufrimiento, Que entre las que habitamos la laguna, Ha de encontrar lección muy oportuna. Por Júpiter estamos condenadas Á vivir sin remedio encenagadas En agua detenida[187], lodo espeso; Y á más de todo eso, Aquí perpetuamente nos encierra, Sin esperanza de correr la tierra, Cruzar el anchuroso mar profundo, Ni aun saber lo que pasa por el mundo. Mas llevamos á bien nuestro destino, Y así nos premia Júpiter divino, Repartiendo entre todas cada día La salud, el sustento y alegría.» _Es de suma importancia Tener en los trabajos tolerancia; Pues la impaciencia, en la contraria suerte, Es un mal más amargo que la muerte._

FÁBULA XIII

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El Asno y el Perro.

Un Perro y un Borrico caminaban Sirviendo á un mismo dueño. Rendido éste del sueño, Se tendió sobre[188] el prado que pasaban. El Borrico entre tanto aprovechado, Descansa y pace; mas el Perro hambriento, --Bájate, le decía, buen Jumento, Pillaré de la alforja algún bocado. El Asno se le aparta como en chanza: El Perro sigue al lado del Borrico, Levantando las manos y el hocico, Como perro de ciego cuando danza. --No seas bobo, el Asno le decía: Espera á que nuestro amo se despierte, Y será de esa suerte El hambre más, mejor la compañía. Desde el bosque entre tanto sale un lobo: Pide el Asno favor al compañero: En lugar de ladrar el marrullero, Con fisga respondió:--_No seas bobo_[189], _Espera á que nuestro amo se despierte_, Que pues me aconsejaste la paciencia, Yo la sabré tener en mi conciencia, Al ver al Lobo que te da la muerte. _El Pollino murió: no hay que dudarlo; Mas si resucitara, Corriendo el mundo á todos predicara: Prestad auxilio, si queréis hallarlo._

FÁBULA XIV

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El León y el Asno cazando.

Su Majestad leonesa, en compañía De un Borrico, se sale á montería[190]. En la parte al intento acomodada, Formando el mismo León una enramada, Mandó al Asno que en ella se ocultase, Y que de tiempo en tiempo rebuznase Como trompa de caza en el ojeo. Logró el rey su deseo; Pues apenas se vió bien apostado, Cuando al son del rebuzno destemplado, Que los montes y valles repetían, su selvoso albergue se volvían Precipitadamente Las fieras enemigas juntamente; Y en su cobarde huída En las garras del León pierden la vida. Cuando el Asno sé halló con los despojos De devoradas fieras á sus ojos, Dijo:--Pardiez[191], si llego más temprano, Á ningún muerto dejo hueso sano. Á tal fanfarronada Soltó el rey una grande carcajada: _Y es que jamás convino Hacer del andaluz[192] al vizcaíno_.

FÁBULA XV

El Charlatán y el Rústico.

--Lo que jamás se ha visto, ni se ha oído Verán ustedes: atención les pido. Así decía un Charlatán famoso, Cercado de un concurso numeroso. En efecto: quedando todo el mundo En silencio profundo, Remedó á un cochinillo de tal modo, Que el auditorio todo, Creyendo que le tiene y que le tapa, Atumultuado grita--_¡fuera capa!_ Descubrióse, y al ver que nada había, Con vítores le aclaman á porfía. --Pardiez, dijo un Patán, que yo prometo Para mañana, hablando con respeto, Hacer el puerco[193] más perfectamente; Si no, que me lo claven en la frente. Con risa prometió la concurrencia, Á burlarse del Payo, su asistencia. Llegó la hora, todos acudieron: No bien al Charlatán gruñir oyeron Gentes á su favor preocupadas, ¡Viva! dicen, al son de las palmadas. Sube después el Rústico al tablado Con un bulto en la capa, y embozado, Imita al Charlatán en la postura De fingir que un lechón tapar procura; Mas estaba la gracia en que era el bulto Un marranillo que tenía oculto. Tírale callandito de la oreja: Gruñendo en tiple, el animal se queja; Pero, al creer que es remedo el tal gruñido, Aquí se oía un _¡fuera!_ allí un silbido, Y todo el mundo queda En que es el otro quien mejor remeda. El Rústico descubre su marrano; Al público lo enseña, y dice ufano[194]: --¿Así juzgan ustedes? _¡Oh preocupación, y cuánto puedes[195]!_

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