Fábulas · Unidad 7 de 24

LIBRO CUARTO — parte 1

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

Esta unidad sigue disponible para lectura, pero no se incluye en el índice de búsqueda porque forma parte de una continuación técnica, contiene metadatos editoriales, repite un título o no alcanza entidad suficiente como página independiente.

FÁBULA PRIMERA.

La Mona corrida.

EL AUTOR Á SUS VERSOS.

Fieras, aves y peces Corren, vuelan y nadan, Porque Júpiter sumo[196] Á general congreso á todos llama. Con sus hijos se acercan, Y es que un premio señala Para aquel, cuya prole En hermosura lleve la ventaja. El alto regio trono La multitud cercaba, Cuando en la concurrencia Se sentía decir:--_La mona falta._ --Ya llega, dijo entonces Una habladora Urraca, Que como centinela, En la alta punta de un ciprés estaba. Entra rompiendo filas, Con su cachorro[197] ufana, Y ante el excelso trono El premio pide de hermosura tanta. El dios Júpiter quiso, Al ver tan fea traza, Disimular la risa, Pero se le soltó la carcajada. Armóse en el concurso Tal bulla y algazara, Que corrida la Mona Á Tetuán se volvió desengañada. _¿Es creíble, señores, Que yo mismo pensara En consagrar á Apolo Mis versos, como dignos de su gracia? Cuando por mi fortuna Me encontré esta mañana, Continuando mi obrilla, Este cuento moral, esta patraña, Yo dije á mi capote[198]: ¡Con qué chiste, qué gracia, Y qué vivos colores El jorobado Esopo me retrata! Mas ya mis producciones Miro con desconfianza, Porque aprendo en la Mona Cuánto el ciego amor propio nos engaña._

FÁBULA II

[imagen]

El Asno y Júpiter.

«--No sé como hay jumento, Que teniendo un adarme[199] de talento, Quiera meterse á burro de hortelano. Llevo á la plaza desde muy temprano Cada día cien cargas de verdura: Vuelvo con otras tantas de basura; Y para minorar mi pesadumbre, Un criado me azota por costumbre. Mi vida es ésta: ¿qué será mi muerte, Como no mude Júpiter mi suerte?» Un Asno de este modo se quejaba. El dios, que sus lamentos escuchaba, Al dominio lo entrega de un tejero. --Esta vida, decía, no la quiero: Del peso de las tejas oprimido, Bien azotado, pero mal comido. Á Júpiter me voy con el empeño De lograr nuevo dueño. Envióle á un curtidor. Entonces dice: --Aun con este amo soy más infelice[200]: Cargado de pellejos de difunto, Me hace correr sin sosegar un punto, Para matarme sin llegar á viejo, Y curtir al instante mi pellejo. Júpiter, por no oir tan largas quejas, Se tapó lindamente las orejas, Y á nadie escucha desde el tal Pollino, Si le habla de mudanza de destino. _Sólo en verso se encuentran los dichosos, Que viven ni envidiados, ni envidiosos. La espada por feliz tiene al arado, Como el remo á la pluma y al cayado; Mas se tienen por míseros en suma Remo, espada, cayado, esteva y pluma[201]. ¿Pues á qué estado el hombre llama bueno? Al propio nunca, pero sí al ajeno[202]._

FÁBULA III

El Cazador y la Perdiz.

Una Perdiz, en celo reclamada, Vino á ser en la red aprisionada. Al Cazador la mísera decía: --Si me das libertad, en este día Te he de proporcionar un gran consuelo; Por ese campo extenderé mi vuelo: Juntaré á mis amigas en bandada, Que guiaré á tus redes engañada, Y tendrás, sin costarte dos ochavos[203], Doce perdices como doce pavos. --¡Engañar y vender á tus amigas! ¿Y así crees que me obligas? Respondió el Cazador; pues no, señora: Muere y paga la pena de traidora. _La perdiz fué bien muerta, no es dudable: La traición, aun soñada, es detestable._

FÁBULA IV

[imagen]

El Viejo y la Muerte.

Entre montes por áspero camino, Tropezando con una y otra peña, Iba un Viejo cargado con su leña[204] Maldiciendo su mísero destino.

Al fin cayó, y viéndose de suerte Que apenas levantarse ya podía, Llamaba con colérica porfia Una, dos y tres veces á la muerte. Armada de guadaña en esqueleto, La Parca se le ofrece en aquel punto; Pero el Viejo, temiendo ser difunto, Lleno más de terror que de respeto, Trémulo la decía, y balbuciente: --Yo... señora... os llamé desesperado; Pero...--Acaba: ¿qué quieres desdichado? --Que me carguéis[205] la leña solamente. _Tenga paciencia quien se cree infelice,_ _Que aun en la situación más lamentable,_ _Es la vida del hombre siempre amable:_ _El Viejo de la leña nos lo dice._

FÁBULA V

[imagen]

El Enfermo y el Médico.

Un miserable enfermo se moría, Y el Médico importuno le decía: --Usted se muere, yo se lo confieso, Pero por la alta ciencia que profeso, Conozco, y le aseguro firmemente, Que ya estuviera sano, Si se hubiese acudido más temprano Con el benigno clíster[206] detergente. El triste enfermo, que lo estaba oyendo, Volvió la espalda al Médico diciendo: --Señor Galeno[207], su consejo alabo: Al asno muerto la cebada al rabo[208]. _Todo varón prudente Aconseja en el tiempo conveniente; Que es hacer de la ciencia vano alarde, Dar el consejo cuando llega tarde._

FÁBULA VI

La Zorra y las Uvas.

Es voz común que á más del medio día En ayunas la Zorra iba cazando: Halla una parra, quédase mirando De la alta vid el fruto que pendía[209]. Causábale mil ansias y congojas No alcanzar á las uvas con la garra, Al mostrar á sus dientes la alta parra Negros racimos entre verdes hojas. Miró, saltó, y anduvo en probaduras; Pero vió el imposible ya de fijo. Entonces fué cuando la Zorra dijo: «No las quiero comer; no están maduras». _No por eso te muestres impaciente,_ _Si se te_[210] _frustra, Fabio, algún intento._ _Aplica bien el cuento,_ _Y dí, No están maduras, frescamente._[211]

FÁBULA VII

[imagen]

La Cierva y la Viña.

Huyendo de enemigos cazadores Una Cierva ligera Siente, ya fatigada en la carrera, Más cercanos los perros y ojeadores. No viendo la infeliz algún seguro Y vecino paraje De gruta ó de ramaje, Crece su timidez, crece su apuro. Al fin, sacando fuerzas de flaqueza, Continúa la fuga presurosa: Halla al paso una Viña muy frondosa, Y en lo espeso se oculta con presteza. Cambia el susto y pesar en alegría, Viéndose á paz y salvo[212] en tan buen hora; Olvida el bien, y de su defensora Los frescos verdes pámpanos comía. Mas ¡ay! que de esta suerte, Quitando ella las hojas de delante, Abrió puerta á la flecha penetrante, Y el listo[213] cazador le dió la muerte. Castigó con la pena merecida El justo cielo á la Cierva ingrata. _Mas ¿qué puede esperar el que maltrata Al mismo que le está dando la vida?_

FÁBULA VIII

El Asno cargado de Reliquias[214].

De reliquias cargado Un Asno recibía adoraciones, Como si á él se hubiesen consagrado Reverencias, inciensos y oraciones. En lo vano, lo grave y lo severo Que se manifestaba, Hubo quien conoció que se engañaba, Y le dijo:--Yo infiero De vuestra vanidad vuestra locura. El reverente culto que procura[215] Tributar cada cual este momento[216], No es dirigido á vos, señor Jumento; Que sólo va en honor, aunque lo sientas, De la sagrada carga que sustentas. _Cuando un hombre sin mérito estuviere_ _En elevado empleo ó gran riqueza,_ _Y se ensoberbeciere_ _Porque todos le bajan la cabeza;_ _Para que su locura no prosiga,_ _Tema encontrar tal vez con quien le diga:_ _--Señor jumento, no se engría tanto,_ _Que si besan la peana, es por el santo._

FÁBULA IX

Los dos Machos[217].

Dos Machos caminaban: el primero, Cargado de dinero, Mostrando su penacho envanecido, Iba marchando erguido Al son de los redondos cascabeles. El segundo, desnudo de oropeles, Con un pobre aparejo solamente, Alargando el pescuezo eternamente, Seguía de reata su jornada Cargado de costales de cebada. Salen unos ladrones, y al instante Asieron de la rienda al arrogante: Él se defiende, ellos le maltratan; Y después que el dinero le arrebatan, Huyen, y dice entonces el segundo: --_Si á estos riesgos exponen en el mundo Las riquezas, no quiero, á fe de Macho, Dinero, cascabeles ni penacho._

FÁBULA X

[imagen]

El Cazador y el Perro.

Mustafá (Perro viejo, Lebrel en montería[218] ejercitado, Y de antiguas heridas señalado Á colmillo y á cuerno su pellejo) Seguía á un Jabalí sin esperanza De poderle alcanzar; pero no obstante, Azuzándole su amo á cada instante, Á duras penas Mustafá le alcanza. El cerdoso valiente No escuchaba recados á la oreja; Y así su resistencia no le deja Cebar al Perro su cansado diente: Con airado colmillo le rechaza, Y bufando se marcha victorioso. El cazador furioso Reniega del Lebrel y de su raza. --Viejo estoy, le responde, ya lo veo; Mas dí, sin Mustafá ¿cuándo tuvieras Las pieles y cabezas de las fieras En tu casa de abrigo y de trofeo? Miras á lo que soy, no á lo que he sido. ¡Oh suerte desgraciada! Presente tienes mi vejez cansada, Y mis robustos años en olvido. Mas ¿para que me mato[219], Si no he de conseguir cosa ninguna? _Es ladrar á la luna El alegar servicios al ingrato._

FÁBULA XI

La Tortuga y el Águila.

Una Tortuga á una Águila rogaba La enseñase á volar; así la hablaba: --Con sólo que me des cuatro lecciones, Ligera volaré por las regiones: Ya remontado el vuelo, Por medio de los aires, hasta el cielo, Veré cercano al sol y las estrellas, Y otras cien cosas bellas: Ya rápida bajando, De ciudad en ciudad iré pasando; Y de este fácil delicioso modo Lograré en pocos días verlo todo. El Águila se rió del desatino: La[1] aconseja que siga su destino, Cazando torpemente con paciencia, Pues lo dispuso así la Providencia. Ella insiste en su antojo ciegamente: La reina de las aves prontamente La arrebata, la lleva por las nubes: --Mira, la[220] dice, mira cómo subes. Y al remontarla[221], dijo--¿Vas contenta? Se la deja caer, y se revienta. _Para que así escarmiente Quien desprecia el consejo del prudente._

FÁBULA XII

El León y el Ratón.

Estaba un Ratoncillo aprisionado En las garras de un León: el desdichado En la tal ratonera no fué preso Por ladrón de tocino ni de queso, Sino porque con otros molestaba Al León que en su retiro descansaba. Pide perdón llorando su insolencia; Al oír implorar la real clemencia, Responde el rey en majestuoso tono: (No dijera más Tito)--Te perdono. Poco después, cazando el León, tropieza En una red oculta en la maleza; Quiere salir, mas queda prisionero: Atronando la selva, ruge fiero. El libre Ratoncillo, que lo siente, Corriendo llega, roe[222] diligente Los nudos de la red, de tal manera, Que al fin rompió los grillos de la fiera. _Conviene al poderoso Para[223] los infelices ser piadoso: Tal vez se puede[224] ver necesitado Del auxilio de aquel más desdichado._

FÁBULA XIII

[imagen]

Las Liebres y las Ranas.

Asustadas las Liebres de un estruendo, Echaron á correr todas diciendo: «Á quien la vida cuesta tanto susto, La muerte causará menos disgusto.» Llegan á una laguna de esta suerte Á dar en lo profundo con la muerte. Al ver á tanta Rana, que asustada Á las aguas se arroja á su llegada: «--¡Hola! dijo una Liebre[225] ¿con que hay otras Tan tímidas que aun tiemblan de nosotras? Pues suframos como ellas el destino»: Conocieron sin más su desatino. _Así la suerte adversa es tolerable, Comparada con otra miserable[226]._

FÁBULA XIV

[imagen]

El Gallo y el Zorro.

Un Gallo muy maduro De edad provecta, duros espolones, Pacífico y seguro, Sobre un árbol oía las razones De un Zorro muy cortés y muy atento, Más elocuente cuanto más hambriento. --Hermano, le decía, Ya cesó entre nosotros una guerra, Que cruel repartía Sangre y plumas al viento y á la tierra: Baja, daré para perpetuo sello Mis amorosos brazos á tu cuello. --Amigo de mi alma, Responde el Gallo, ¡qué placer inmenso En deliciosa calma Deja esta vez mi espíritu suspenso! Allá bajo, allá voy tierno y ansioso Á gozar en tu seno mi reposo; Pero aguarda un instante Porque vienen ligeros como el viento[227], Y ya están adelante Dos correos que llegan al momento, De esta noticia portadores fieles, Y son, según la traza, dos lebreles. --Á Dios, á Dios, amigo, Dijo el Zorro, que estoy muy ocupado; Luego hablaré contigo Para finalizar este tratado. El Gallo se quedó lleno de gloria, Cantando en esta letra su victoria: _Siempre trabaja en su daño El astuto engañador: Á un engaño hay otro engaño, Á un pícaro otro mayor[228]._

FÁBULA XV

[imagen]

El León y la Cabra.

Un señor León andaba como un perro Del valle al monte, de la selva al cerro, Á caza, sin hallar pelo ni lana[229], Perdiendo la paciencia y la mañana. Por un risco escarpado Ve trepar á una Cabra á lo encumbrado, De modo que parece que se empeña En hacer creer al León que se despeña. El pretender seguirla fuera en vano: El cazador entonces cortesano[230] La dice:--Baja, baja, mi querida, No busques precipicios á tu vida: En el valle frondoso Pacerás á mi lado con reposo. --¿Desde cuándo, señor, la real persona Cuida con tanto amor de la barbona[231]? Esos halagos tiernos No son por bien, apostaré los cuernos. Así le respondió la astuta Cabra; Y él se fué sin replicar palabra. _Lo paga la infeliz con el pellejo, Si toma sin examen el consejo._

FÁBULA XVI

[imagen]

La Hacha y el Mango.

Un hombre, que en el bosque se miraba[232] Con una Hacha sin Mango, suplicaba Á los árboles diesen la madera[233] Que más sólida fuera, Para hacerle uno fuerte y muy durable. Al punto la arboleda[234] innumerable Le cedió el acebuche. Y él contento, Perfeccionando luego su instrumento, De rama en rama va cortando á gusto Del alto roble el brazo más robusto. Ya los árboles todos recorría, Y mientras los mejores elegía, Dijo la triste Encina al Fresno: «_Amigo, ¡Infeliz del que ayuda á su enemigo!_»

FÁBULA XVII

La Onza y los Pastores.

En una trampa una Onza inadvertida Dió mísera caída. Al verla sin defensa, Corrieron á la ofensa Los vecinos Pastores, No valerosos, pero sí traidores. Cada cual por su lado La maltrataba airado, Hasta dejar sus fuerzas desmayadas, Unos á palos, otros á pedradas: Al fin la abandonaron por perdida. Pero viéndola dar muestras de vida, Cierto Pastor, dolido de su suerte, Por evitar su muerte, Le arrojó la mitad de su alimento, Con que pudiese recobrar aliento. Llega la noche, témplase la saña, Marchan á descansar á la cabaña, Todos con esperanza muy fundada De hallarla muerta por la madrugada[235]. Mas la fiera entre tanto, Volviendo poco á poco del quebranto, Toma nuevo valor y fuerza nueva; Salta, deja la trampa, va á su cueva, Y al sentirse del todo reforzada, Sale ligera, pero más airada. Ya destruye ganados, Ya deja á los Pastores destrozados; Nada aplaca su cólera violenta, Todo lo tala, en todo se ensangrienta; El buen Pastor, por quien tal vez vivía, Lleno de horror, la vida le pedía. --No serás maltratado, Dijo la Onza, vive descuidado; Que yo sólo persigo á los traidores Que me ofendieron, no á mis bienhechores. _Quien hace agravios, tema la venganza: Quien hace bien, al fin el premio alcanza._

FÁBULA XVIII

[imagen]

El Grajo vano[236].

Con las plumas de un Pavo Un Grajo se vistió: pomposo y bravo[237] En medio de los pavos se pasea. La manada lo advierte, lo rodea, Todos le pican, burlan y lo envían, ¿Dónde, si ni los grajos lo querían? _¿Cuánto ha que repetimos este cuento, Sin que haya en los plagiarios escarmiento[238]?_

FÁBULA XIX

El Hombre y la Comadreja.

Así decía cierta Comadreja Á un Hombre que la había aprisionado: --¿Por qué no me dejáis[239]? ¿Os he yo dado Motivo de disgusto ni de queja? ¿No soy la que desvanes y rincones, Tu casa toda, cual si fuese mía, Cuidadosa registro noche y día, Para que vivas libre de ratones?-- --¡Gran fineza por cierto! El Hombre respondió: pues di, ladrona, Si tu glotonería no perdona Ni á ratón vivo, ni á cochino muerto, Ni á cuanto guardan ruines despenseras, ¿Cómo he de creer que tu cuidado apura Por mi bien los ratones? ¡Qué locura! No tendría yo malas tragaderas[240]: Morirás. _Y el astuto que pretenda Vender como fineza lo que ha hecho Sin mirar á más fin que á su provecho, Sabra que hay en el mundo quien lo entienda._

FÁBULA XX

Batalla de las Comadrejas y los Ratones.

Vencidos los Ratones, Huían con presteza De una atroz, enemiga Tropa de Comadrejas. Marchaban con desorden, Que, cuando el miedo reina, Es la confusión sola El jefe que gobierna. Llegaron presurosos Á sus angostas cuevas, Logrando los soldados Entrar á duras penas; Pero los capitanes[241], Que en las estrechas puertas Quedaron atascados Sin ninguna defensa, Á causa de unos cuernos Puestos en las cabezas, Para ser de sus tropas Vistos en la refriega, Fueron las desdichadas Víctimas de la guerra; Haciendo de sus cuerpos Pasto las Comadrejas. _¡Cuántas veces los hombres Distinciones anhelan, Y suelen ser la causa De sus desdichas ellas[242]! Si Júpiter dispara Sus rayos á la tierra, Antes que á las cabañas, Á los palacios y á las torres llegan._

FÁBULA XXI

El León y la Rana.

Una lóbrega noche silenciosa, Iba un León horroroso, Con mesurado paso majestuoso Por una selva: oyó una voz ruidosa, Que con tono molesto y continuado Llamaba la atención, y aun el cuidado Del reinante[243] animal, que no sabía De qué bestia feroz quizá saldría Aquella voz, que tanto más sonaba Cuanto más en silencio todo estaba. Su Majestad leonesa La selva toda registrar procura; Mas nada encuentra con la noche obscura, Hasta que pudo ver, ¡oh qué sorpresa! Que sale de un estanque, á la mañana, La tal bestia feroz, y era una Rana. _Llamará la atención de mucha gente El charlatán con su manía loca; Mas ¿qué logra, si al fin verá el prudente Que no es sino una Rana, todo boca[244]?_

FÁBULA XXII

El Ciervo y los Bueyes.

Con inminente riesgo de la vida Un ciervo se escapó de la batida, Y en la quinta cercana de repente Se metió en el establo incautamente. Dícele un Buey:--¿Ignoras, desdichado, Que aquí viven los hombres? ¡ah cuidado! Detente, y hallarás tanto reposo, Como perdiz en boca de raposo. El Ciervo respondió:--Pero, no obstante, Dejadme descansar algún instante, Y en la ocasión primera Al bosque espeso emprendo mi carrera. Oculto en el ramaje permanece: Á la noche el boyero se aparece, Al ganado reparte el alimento: Nada divisa; sálese al momento. El mayoral y los criados entran, Y tampoco lo encuentran. Libre de aquel apuro, El Ciervo se contaba por seguro; Pero el Buey más anciano Le dice:--Qué ¿te alegras tan temprano? Si el amo llega, lo perdiste todo: Yo le llamo _Cienojos_[245] por apodo; Mas chitón, que ya viene.-- Entra _Cienojos_, todo lo previene; Á los rústicos dice:--No hay consuelo: Las colleras tiradas por el suelo, Limpio el pesebre, pero muy de paso, El ramaje muy seco y más escaso; Seor[246] mayoral, ¿es éste buen gobierno? En esto mira al enramado cuerno Del triste Ciervo: grita, acuden todos Contra el pobre animal de varios modos; Y á la rústica usanza Se celebró la fiesta de matanza. _Esto quiere decir que el amo bueno No se debe fiar del ojo ajeno[247]._

FÁBULA XXIII

Los Navegantes.

Lloraban unos tristes pasajeros, Viendo su pobre nave combatida De recias olas y de vientos fieros, Ya casi sumergida; Cuando súbitamente El viento calma, el cielo se serena, Y la afligida gente Convierte en risa la pasada pena. Mas el piloto estuvo muy sereno, Tanto en la tempestad como en bonanza; _Pues sabe que lo malo y que lo bueno Está sujeto á súbita mudanza_[248].

FÁBULA XXIV

[imagen]

El Torrente y el Río.