Filosofía de la Eucaristía · Unidad 3 de 48

Unidad 3 · P. MIGUÉLEZ

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

P. MIGUÉLEZ

Escorial, 18 de junio de 1927.

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DECLARACIÓN DEL AUTOR

Al ofrecer, como un humilde tributo, este escrito al grandioso Congreso Eucarístico de Chicago, que puede comunicar vida celeste a esta sociedad enferma, me creo obligado a hacer estas declaraciones : Este trabajo formaba parte incompleta de un libro que se titulará Filosofía de la Teología, dirigido principalmente a los que dudan y a los que no creen. Aunque la obra está adelantada, me apresuré a terminar esta sección, en muy pocos días, titulándola Filosofía de la Eucaristia. Suprimí notas y citas que no fuesen necesarias, para que la lectura sea más fácil y para evitar toda sombra de polémica, pues su fin es esencialmente apologético. No quiero dividir, sino unir, y en ninguna parte suenan peor las disputas de los fieles que al pie del altar, donde la oración no debe dejarles sitio.

Y aunque doctos teólogos le han aprobado y cuenta con la censura de un religioso eminente,

hago mías, con la más rendida sumisión, estas

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FILOSOF1A DE LA EUCARISTÍA

palabras del gran poeta y escritor D. Francisco de

Quevedo, puestas como una profesión de fe en uno de sus libros :

«Lo que se leyere en este libro que no sea conforme cree y enseña la Santa Iglesia de Roma, sola y verdadera iglesia, confieso por error, y desde luego, conociendo mi ignorancia, lo retracto; y protesto que todo lo he escrito con pureza de ánimo, para que aproveche y no escandalice; y si alguno lo entendiere de otra manera, tenga la culpa su malicia y no mi intención».

Quiero, además, declarar que las razones aducidas en el libro no son una demostración puramente filosófica del misterio, sino congruencias o armonías, que la razón, ilustrada por la fe, descubre a posteriori, y que las expresiones que pudieran interpretarse por necesidad y, por lo tanto, como opuestas a la libertad divina en orden a los misterios de la Encarnación y la Eucaristía, deben

entenderse en el sentido de suma conveniencia.

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LA APROBACIÓN Y FELICITACIÓN DEL CARDENAL PRIMADO ARZOBISPO DE TOLEDO

Un ejemplar impreso en maquinilla le fué entregado al Eminentísimo Cardenal Reig el mismo día de su salida al frente de la delegación española para Nueva York. El trabajo fué leído por los Prelados que viajaban en el Aquitania.

Al llegar a Nueva York, el Cardenal Primado se apresuró a escribir al Sr. Vázquez de Mella una carta cariñosísima, de la que nos atrevemos a reproducir este párrafo por la autoridad del Purpurado y el afecto y la modestia que revelaba en el insigne Prelado que, al imprimirse estas páginas, acaba de arrebatarnos la muerte.

«Dios le pagará, dice, mi querido D. Juan, la gloria que a El y a España ha de dar con su excelente trabajo, que en el Congreso daremos a co-

nocer en cuantas ocasiones se ofrezcan o se pro-

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; | «En este libro'no hay erratas de importancia, STÍA l ió b la sexta

E DE LA EUCARI j Salvo una negación que sobra en la E AA línea de la página 18, donde debe decir: todo ¡ cambio supone algo que cambia y, por

ó | lo tanto, que permanezca. Al

curen. La mayor representación de España en el

Congreso será su trabajo». Las múltiples manifestaciones y ceremonias

de la memorable Asamblea no id ad cal E más que un fragmento ; pero en la sección eeusiO la-americana, donde se le dió a conocer más extensamente, un ilustre Prelado de Colombia propuso que se hiciera una edición para todas las repúblicas hispano-americanas, cosa que hasta ahora no se hizo por dificultades editoriales.

Nos consta que el Sr. Mella, por la premura

del tiempo (dos capítulos los escribía la víspera